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sábado, 5 de septiembre de 2015

Cuidándonos de no caer (1 Corintios 10:12-13)


“Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”.
1 Corintios 10:12-13

INTRODUCCIÓN


            Entre los cristianos que habían en Corinto existía un grupo que por sus conocimientos habían logrado una comprensión más amplia del evangelio, sin embargo, esto había provocado un exceso de confianza que los hacia cometer varios errores. Para ellos estaba claro que los ídolos no eran nada, y que por tanto la carne que se ofrecía en los ritos paganos podía comerse. Sin embargo, existía un grupo de débil conciencia los cuales al observarlo comer de esta carne tropezaban de su fe. Y no solo esto, también algunos se confiaban tanto de su conocimiento que se atrevían a entrar en sus templos paganos lo cual los hacia participar de la mesa de los paganos en sus fiestas paganas las cuales estaban acompañadas de borracheras y actos lujuriosos, exponiéndose no solo a contaminarse, sino a caer en estos pecados. Pablo les acaba de advertir que su exceso de confianza les puede costar su fe, y les puso el ejemplo del pueblo de Israel en el desierto, los cuales a pesar de haber gozado de grades bendiciones y del conocimiento del Dios vivos cayeron en pecados muy parecidos a los que se practicaban en Corinto.

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Cuidándonos de no caer

LA VIGILANCIA DE NUESTRA VIDA

“Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga”.
1 Corintios 10:12

          Si bien es cierto, la obra salvífica de Cristo es perfecta y la seguridad de nuestra salvación es un hecho irrefutable en nuestra vida: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”, (Juan 5:24). Pero esto es cierto, si es que realmente nos hemos rendido a Cristo. La arrogancia y el orgullo es un problema que puede llegar a engañarnos pensando que por participar de las actividades diarias de una iglesia nos dan el derecho de entrar al reino de los cielos. Podemos llegar a conocer y manejar a la perfección toda la doctrina de la salvación y creer que somos inmunes a este mundo, sin darnos cuenta lo lejos que estamos de Dios. El exceso de confianza y el mal uso de la libertad cristiana pueden exponernos demasiado a la tentación y hacernos partícipes de terribles pecados. Este error le paso a Israel al creer que por el pacto que Dios había hecho con su antepasado Abraham les daba el derecho automáticamente de heredar todas sus promesas: “Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti”, (Génesis 17:7). Sin embargo, ni por todo esto Dios pasó en alto su desobediencia: “Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme”, (Romanos 11:20). Como cristianos debemos vigilar constantemente nuestra vida para asegurarnos que nos encontramos en el verdadero camino de la fe: Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.

RESISTIENDO LA TENTACIÓN

“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”.
1 Corintios 10:12-13

                   Aquí aparece una palabra que en el idioma griego puede tener dos significados diferentes dependiendo de su aplicación. La palabra es peirasmós (πειρασμός), la cual aquí se traduce como tentación, pero puede ser traducida como prueba. Si se usa en relación al trato de Dios con sus escogidos se usa esta palabra como prueba. Por ejemplo, Dios uso las calamidades que vinieron sobre Job para probar su fidelidad y bendecirlo aún más. Generalmente, las pruebas tienen el objetivo de formar nuestro carácter y dependencia de Dios para prepararnos para un futuro brillante.  En contraste, cuando se usa con referencia al diablo significa tentar, y somos seducidos por el enemigo para romper nuestra comunión con el Padre celestial, nos hace peores personas y tiene como único fin destruirnos. Sin embargo, Pablo nos alienta a no dejarnos seducir por la tentación, ya que la fidelidad de Dios nos ayudara a soportarla y escapar de ella: pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.

                Definitivamente, como seres humanos imperfectos en la carne estamos expuestos a caer en el lazo de la tentación y esto es algo que no podremos evadir. Siempre que esta se presenta debemos estar conscientes que detrás de cada tentación, también está la oportunidad de honrar el nombre de Dios. La Biblia nos habla de la fe de Moisés, el cual tuvo la oportunidad de ceder ante la tentación de los placeres temporales de Egipto, o someterse a la prueba del oprobio que lo llevo a disfrutar de los tesoros de Cristo: “Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón”, (Hebreos 11:24-26). La tentación siempre tratara de alejarnos de Dios, pero la prueba nos aprobara delante de su presencia. El Señor también nos ha proporcionado salidas que podemos usar para no caer en la tentación del diablo, estas son:

1.       Debemos evitar la tentación cuanto nos sea posible: “No entres por la vereda de los impíos, ni vayas por el camino de los malos. Déjala, no pases por ella; apártate de ella, pasa”, (Proverbios 4:14-15). Los corintios debían abstenerse de ir a las fiestas paganas de la ciudad ya que allí no solo comían de lo sacrificado a los ídolos, sino participaban en borracheras y fornicaciones.
2.   Si la tentación se presenta imprevistamente, debemos huir de ella: Pablo exhorto a los corintios a huir de la fornicación: “Huid de la fornicación”, (1 Corintios 6:18); a huir de la idolatría: “huid de la idolatría”, (1 Corintios 10:14); a Timoteo le dice que huya de la codicia: “Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores”, (1 Timoteo 6:9-10); y también de la pasiones juveniles: “Huye también de las pasiones juveniles”, (2 Timoteo 2:22). En general, debemos huir de la tentación.
3.       Debemos guardar una actitud de oración constante en nuestra vida para mantenernos puros de la contaminación de este mundo: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí”, (Salmo 51:10). El mismo Señor Jesús pidió ser librado del mal en la oración modelo del Padre nuestro: “…Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal”, (Lucas 11.4).
4.       Debemos enfocar nuestras fuerzas y talentos en cosas de provecho que nos mantengan ocupados no dando lugar al ocio y pensamientos impuros: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”, (Filipenses 4:8).
5.       Debemos confesar nuestros pecados a Dios: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”, (1 Juan 2:1).
6.       Si se tratan de tentaciones fuertes que nos hacen tropezar debemos busca ayuda ministerial sabiendo que están para el cuidado de la grey de Dios: “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”, (Efesios 4:12).

Como hijos de Dios debemos cuidar nuestra vida cristiana entendiendo que vivimos en un mundo de maldad, es nuestra responsabilidad guardar nuestra alma y cuerpo de toda contaminación y resistir valerosamente la tentación sabiendo que al final seremos recompensados por nuestra fidelidad: “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman”, (Santiago 1:12).


Razones por las cuales perdemos nuestro primer amor (Apocalipsis 2:2-4)


“Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos;  y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado.   Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor”.
Apocalipsis 2:2-4

INTRODUCCIÓN


El primer amor se refiere a aquella pasión y sentimientos que nos impulsaban en todas nuestras actitudes ha honrar, servir y adorar a Dios. Generalmente este es fuerte al principio de nuestros días como cristianos, pero con el tiempo este puede menguar hasta volverse indiferente y pobre. Dios elogia a la iglesia de Éfeso por su gran trabajo y dedicación a su obra, sin embargo, los recrimina por haber abandonado su primer amor. Esta misma historia se repite hoy en día y puede pasarnos a nosotros si no vigilamos responsablemente nuestra vida. Veamos algunas razones por las cuales este amor puede desaparecer.

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Cuando perdemos nuestro primer amor

I.            EL DESAFÍO DE PONER A DIOS EN EL PRIMER LUGAR.


“Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.
Mateo 6:33

La Biblia es clara al enseñarnos que toda nuestra confianza debe estar puesta siempre en Dios. Jesús dijo que nuestra prioridad tenía que ser Dios y su justicia, y no los afanes o compromisos de este mundo; lamentablemente esto no sucede así. El ponerlo en primer lugar y amarlo sobre todas las cosas representa un verdadero desafío para los cristianos. Si no nos damos cuenta poco a poco nuestra relación con Él puede ir decayendo hasta delegarlo a los últimos lugares de prioridad en nuestra vida. Pero, ¿qué puede provocar esto? Veámoslo a la luz de la palabra de Dios.

  II.            RAZONES POR LAS CUALES PERDEMOS NUESTRO PRIMER AMOR.


Al menos podemos identificar tres razones por las cuales podemos perder nuestro primer amor y que Dios deje de ser nuestro primer lugar en la vida.

1.      Por pecados ocultos.


“Pero el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres extranjeras; a las de Moab, a las de Amón, a las de Edom, a las de Sidón, y a las heteas; gentes de las cuales Jehová había dicho a los hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A éstas, pues, se juntó Salomón con amor. Y tuvo setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas; y sus mujeres desviaron su corazón.  Y cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David”.
1 Reyes 11:1-4

            Una de las razones por las cuales nuestro amor por Dios puede menguar es tener pecados ocultos. Salomón fue una persona a quien Dios bendijo en gran manera y tuvo su respaldo para hacer grandes maravillas, pero su amor comenzó a decaer cuando su amor por las mujeres extranjeras fue más grande a tal punto que lo arrastraron a la idolatría. Muchos cristianos hoy en día han permitido que el pecado ingrese sigilosamente en su vida destruyendo su pasión por Cristo. Como creyentes debemos ser celosos con nuestra vida piadosa no permitiendo que nada dañe nuestra relación con Dios, razón por la cual Pablo decía: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga”, (1 Corintios 10:12).

2.      Por los periodos de duras pruebas.


“Yo os he amado, dice Jehová; y dijisteis: ¿En qué nos amaste?...”
Malaquías 1:2

            Otra de las razones por las cuales nuestro amor por Dios puede menguar es el efecto negativo de las pruebas en nuestra vida. A Israel le paso esto. Después que volvieron del cautiverio y comenzaron a reconstruir la ciudad de Jerusalén y sus muros las cosas no volvieron a ser las mismas.  Con gran dificultad reconstruyeron el Templo, pero la opresión de sus enemigos no paro y no obtuvieron su completa independencia del imperio Medo-Persa, por lo que las duras pruebas endurecieron tanto su corazón que le dijeron a Dios: ¿En qué nos amaste? Como cristianos debemos tener cuidado que las duras pruebas no nos impulsen a dudar del amor de Dios, por el contrario, es el tiempo en cual debemos estar más cerca. El apóstol Pedro exhorta a los cristianos a no perder su gloria al momento de padecer por causa de la justicia y a considerar la actitud que hubo en Jesús al momento de enfrentarse a la muerte.

“Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Más si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas”.
1 Pedro 2:20-21

            Debemos comprender que como cristianos estaremos expuestos a tentaciones y duras pruebas, pero el propósito de ellas es hacernos crecer. Como hijos de Dios nuestra fe tiene que ser probada así como fue probada la fe de aquellos héroes de la Biblia que alcanzaron buen testimonio. Por esto Pedro dice:

“En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo”.
1 Pedro 1:6-7

3.      Por los afanes de mundo.


“Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas.  Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”.
Lucas 10:38-42

            Otra causa por la cual se puede perder el primer amor hacia Dios es por los afanes de este mundo. De hecho, quizás esta es una de las razones que más se da entre el pueblo cristiano, la cual entra silenciosamente y sin considerarlo pecado, podemos dejarnos llevar por los afanes del trabajo, los estudios o proyectos especiales que nos consuma mucho tiempo y energía, a tal punto que nuestro tiempo devocional y servicio a Dios se ve ahogado. La historia de Marta y María nos retrata muy bien este hecho. Mientras que María gozaba de la presencia de Cristo y sus enseñanzas, Marta no tenía tiempo para esto ya que se encontraba muy ocupada con la preparación de la comida. Cuantas personas hoy en día alegan que no tienen tiempo para servirle a Dios, ni siquiera para congregarse y cuidar su vida espiritual porque están muy ocupados con sus quehaceres del hogar, trabajo o estudio. Lo cierto es que como Marta perdieron el enfoque y esto puede provocar un enfriamiento en nuestras vidas y hacernos perder el amor por nuestro Señor.

            La clave para no perdernos en esto es saber priorizar nuestra vida en función de nuestra devoción a Dios y no viceversa recordando las palabras de Cristo: Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. El reto está en creerle a Jesús estas palabras, confiar en que en su divina providencia solventara todas nuestras y en esta confianza estaremos completos.

            CONCLUSIÓN.


            Algunas razones por la cuales nuestro amor por Dios puede menguar son:

1.      Por pecados ocultos.
2.      Por las duras pruebas.
3.      Por los afanes de este mundo.

            Si esto ha pasado en nuestra vida debemos recordar las palabras del mismo Jesús en Apocalipsis:

“Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido”.

Apocalipsis 2:5



Tres necesidades en la vida del hombre (Ezequiel 36:25-27)

“Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré.  Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.  Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra”.
Ezequiel 36:25-27

INTRODUCCIÓN

La ciencia ha llegado a descubrir que para que el ser humano sea feliz, necesita satisfacer ciertas necesidades indispensables en su vida. Abraham Maslow, un psicólogo estadounidense  llego a jerarquizar estas necesidades, comenzando con las fisiológicas como el alimento, el agua, la respiración o descanso, siguiendo con las necesidades de seguridad, afiliación y reconocimiento hasta llegar a la autorrealización. De igual forma, en el mundo espiritual hay otras necesidades mucho más importantes que el hombre tiene que satisfacer y son las que vamos a ver.

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Tres necesidades en la vida del hombre

       I.            LA NECESIDAD DE SER LIMPIO DE NUESTROS PECADOS.


“Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré”.

            La primera necesidad que el ser humano tiene es la de ser limpio de sus pecados.  Como seres humanos descendientes de Adán somos pecadores tal y como las escrituras lo declaran. La Biblia define el pecado como la infracción de la ley: “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley”, (1 Juan 3:4). De tal forma que cualquier violación de su ley eterna es considerada como pecado. En la Biblia también se utilizan otros términos para referirse al pecado, como por ejemplo, la obras de la carne, transgresión, rebelión, etc. En Gálatas aparece un listado de estas obras y las consecuencias de vivir en ellas: “Manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,  envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”, (Gálatas 5:19-21).

            Por tanto, si el hombre no es limpio de su pecado, su alma está condenada al infierno, de aquí que se desprende la primera necesidad en la vida del ser humano y para ello debe arrepentirse de todos sus pecados y hacer al Jesús el Señor de su vida: “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”, (Romanos 10:9-10).

    II.            LA NECESIDAD DE UN NUEVO CORAZÓN.


“Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne”.

            La Biblia nos enseña que el lugar donde se generan todos nuestros sentimientos e intenciones las cuales se traducen en acción es el corazón, así como lo engañoso que es: Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?  Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón,  para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras”, (Jeremías 17:9-10). Es el corazón quien engaña al hombre para no obedecer a Dios a tal punto que la palabra de Dios no tiene efecto en la vida de las personas: “Y no oyeron ni inclinaron su oído; antes caminaron en sus propios consejos, en la dureza de su corazón malvado, y fueron hacia atrás y no hacia adelante”, (Jeremías  7:24). El mismo Jesús lo enseño en su parábola del Sembrado donde compara la semilla que cayo junto al camino con la palabra de Dios que llega a un corazón duro: “Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino”, (Mateo 13:19). También nos enseñó que es del corazón de donde nacen todas las intenciones que se convierten en acciones, y si este es malo, sus obras serán malas: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias”, (Mateo 15:19).

            Por tanto, la segunda necesidad que el hombre tiene es la de un nuevo corazón. El Señor promete en este pasaje de Ezequiel otorgar un nuevo corazón a los hombres, uno que lo haga sensible a su palabra y lo convierta a Él.

 III.            LA NECESIDAD DEL ESPÍRITU SANTO.


“Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra”.

            Finalmente, la tercera necesidad que el hombre necesita en su vida es la ayuda del Espíritu Santo en sus vidas. Solamente la presencia del Espíritu Santo puede ayudar al ser humano a vencer su naturaleza carnal, el mundo y Satanás. En las Escrituras podemos ver como el Espíritu Santo ha ayudado a los hombres de Dios. Ayudo a Bezaleel y de Aholiab a construir el tabernáculo de reunión y utensilios en el desierto (Éxodo 31:3),  fue por el Espíritu de Dios que Eldad, Medad y 70 ancianos profetizaron en el desierto en medio de Israel (Números 11:24-26); fue después que el Espíritu vino sobre algunos hombres que pudieron hacer grandes proezas y vencer a sus enemigos, tal y como paso con Otoniel (Jueces 3:10), Gedeón (Jueces 6:34), Jefté (Jueces 11:29), Sansón (Jueces 13:25), Saúl (1 Samuel 11:6), David (1 Samuel 16:13). Fue el Espíritu Santo que ungió a Jesús antes de iniciar su ministerio y estuvo con Él para respaldarlo en su obra redentora: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor”, (Lucas 4:18-19).  Y fue en el día de Pentecostés que el Espíritu Santo vino a la iglesia del Señor cumpliéndose la profecía de Joel 2:28-29: “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.  Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;  y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen”, (Hechos 2:1-4).

            Es solo el Espíritu Santo el que puede ayudar al creyente a sostenerse de pie victorioso en esta tierra, y le ayuda a perseverar en sus caminos, por eso el profeta decía: Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra. Hoy en día, el Espíritu de Dios habita en el corazón de cada creyente, y Él es la causa de la renovación de todo nuestro corazón.


            CONCLUSIÓN


            Por causa del pecado el hombre se encuentra completamente alejado de Dios y rumbo al infierno, en su estado original es completamente imposible que se salve y por eso necesita tres cosas en su vida:

1.      Ser limpio de sus pecados.
2.      Cambiar su corazón malo.
3.      La ayuda del Espíritu Santo en su vida.






Tres cosas en las que no podemos confiar (Jeremías 44:15-17)


“Entonces todos los que sabían que sus mujeres habían ofrecido incienso a dioses ajenos, y todas las mujeres que estaban presentes, una gran concurrencia, y todo el pueblo que habitaba en tierra de Egipto, en Patros, respondieron a Jeremías, diciendo:  La palabra que nos has hablado en nombre de Jehová, no la oiremos de ti; sino que ciertamente pondremos por obra toda palabra que ha salido de nuestra boca, para ofrecer incienso a la reina del cielo, derramándole libaciones, como hemos hecho nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes, en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén, y tuvimos abundancia de pan, y estuvimos alegres, y no vimos mal alguno”.
Jeremías 44:15-17

INTRODUCCIÓN


Estudios realizados han demostrado que la confianza en “algo” es fundamental para la felicidad del ser humano. Es este sentido, todas las personas tienen algo o alguien en quien confían, y en función de eso basan la seguridad y felicidad de su vida. Sin  embargo, muchas de las cosas en las cuales el hombre confía son vanas y conducen a la perdición eterna. Veremos tres cosas en las que no podemos poner nuestra confianza.

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I.            EN LOS ÍDOLOS.


Una de las cosas en las cuales no debemos poner nuestra confianza es en los ídolos. Un ídolo es una obra artística tallada en piedra, metal, madera o cualquier otro elemento que representa a un dios falso, o incluso, al verdadero Dios y que se hace con fines de adoración.  En las Biblia Dios es muy enfático al prohibirle esta práctica a su pueblo:

“No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen,  y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis  mandamientos”.
Éxodo 20:3-6

            Fue el pecado de la idolatría que arrastro a Jerusalén a su destrucción total. Para esta época que Jeremías les  exhorta a poner su confianza únicamente en Dios, pero en lugar de eso el pueblo prefirió adorar a la reina del cielo pensando que ese ídolo los iba a proteger y ayudar en los momentos difíciles: “La palabra que nos has hablado en nombre de Jehová, no la oiremos de ti; sino que ciertamente pondremos por obra toda palabra que ha salido de nuestra boca, para ofrecer incienso a la reina del cielo, derramándole libaciones, como hemos hecho nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes, en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén, y tuvimos abundancia de pan, y estuvimos alegres, y no vimos mal alguno”. Cuantas personas hoy en día han puesto su confianza en un ídolo, pensando que los ayudara, pero lo cierto es que solamente hay un solo Dios, y un solo intercesor, y ese es Jesucrito.

“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”.
1 Timoteo 2:5

                    II.            EN LOS HOMBRES.


“En el año treinta y seis del reinado de Asa, subió Baasa rey de Israel contra Judá, y fortificó a Ramá, para no dejar salir ni entrar a ninguno al rey Asa, rey de Judá.  Entonces sacó Asa la plata y el oro de los tesoros de la casa de Jehová y de la casa real y envió a Ben-adad rey de Siria, que estaba en Damasco, diciendo: Haya alianza entre tú y yo, como la hubo entre tu padre y mi padre; he aquí yo te he enviado plata y oro, para que vengas y deshagas la alianza que tienes con Baasa rey de Israel, a fin de que se retire de mí. Y consintió Ben-adad con el rey Asa, y envió los capitanes de sus ejércitos contra las ciudades de Israel; y conquistaron Ijón, Dan, Abel-maim y todas las ciudades de aprovisionamiento de Neftalí”.
2 Crónicas 16:1-4

            Otra de las cosas en las cuales los hombres ponen su confianza es en otros hombres, ya sea amigos, familiares o personas con mayor influencia o poder en esta tierra, sin embargo, esto no es aprobado por Dios. La historia bíblica nos narra la ocasión cuando Baasa rey de Israel invadió Judá y su rey busco la ayuda de Den-adad rey de Siria para que le ayudara.  Como consecuencia Dios lo reprendió por ello: “En aquel tiempo vino el vidente Hanani a Asa rey de Judá, y le dijo: Por cuanto te has apoyado en el rey de Siria, y no te apoyaste en Jehová tu Dios, por eso el ejército del rey de Siria ha escapado de tus manos. Los etíopes y los libios, ¿no eran un ejército numerosísimo, con carros y mucha gente de a caballo? Con todo, porque te apoyaste en Jehová, él los entregó en tus manos. Porque los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él. Locamente has hecho en esto; porque de aquí en adelante habrá más guerra contra ti”, (2 Crónicas 16:7-9). Muchas personas hoy en día deciden confiar primero en otras personas que en el propio Señor sin saber que hasta hay una maldición para los que tal hacen: “Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová.  Será como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada”, (Jeremías 17:5-6).

                     III.            EN LAS RIQUEZAS.


“También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho.  Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos?  Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate.  Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios”.
Lucas 12:16-21
Finalmente el hombre tiende a poner su confianza en las riquezas. Aquí vemos una parábola donde un hombre creía que tenía su futuro asegurado pensando que no tenia de que preocuparse, olvidando que nuestro futuro depende únicamente de Dios.  

             CONCLUSIÓN.


            El único en quien podemos confiar es Dios. La Biblia nos exhorta a poner toda nuestra confianza en Él, ya que el confiar en los ídolos, o en los hombres, o en las riquezas o cualquier otra cosa es un gran error que nos conduce al fracaso eterno.
“Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.  Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto”.
Jeremías 17:7-8