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viernes, 28 de julio de 2017

La admiración de los sencillos (Juan 7:45-53)


“Los alguaciles vinieron a los principales sacerdotes y a los fariseos; y éstos les dijeron: ¿Por qué no le habéis traído? Los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre! Entonces los fariseos les respondieron: ¿También vosotros habéis sido engañados? ¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes, o de los fariseos? Mas esta gente que no sabe la ley, maldita es. Les dijo Nicodemo, el que vino a él de noche, el cual era uno de ellos: ¿Juzga acaso nuestra ley a un hombre si primero no le oye, y sabe lo que ha hecho? Respondieron y le dijeron: ¿Eres tú también galileo? Escudriña y ve que de Galilea nunca se ha levantado profeta.  Cada uno se fue a su casa”.
Juan 7:45-53

INTRODUCCIÓN


                  Finalmente, llegamos a los últimos versículos del capítulo 7 del evangelio según Juan y con estos se cierra esta sección donde vimos como la oposición hacia Jesús había crecido tanto que llego a despertar diferentes reacciones en las personas que lo oyeron durante la realización de la fiesta de los tabernáculos, incluyendo el deseo de matarlo de parte de los principales líderes religiosos de Jerusalén. En este caso los líderes del Sanedrín habían enviado a unos alguaciles a buscar a Jesús para capturarlo y encerarlo en alguna cárcel, pero aquellos regresaron maravillados de haber escuchado las enseñanzas del gran Maestro, lo cual despertara un desprecio de parte de los principales sacerdotes y fariseos hacia la gente sencilla que creen en las palabras de Jesús.


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La admiración de los sencillos

 

LA ADMIRACIÓN DE LOS ALGUACILES


“Los alguaciles vinieron a los principales sacerdotes y a los fariseos; y éstos les dijeron: ¿Por qué no le habéis traído? Los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!”.
Juan 7:45-46

                 Como lo vimos en versículos anteriores cuando los líderes judíos se enteraron que Jesús había subido a la fiesta y estaba enseñando estos decidieron enviar alguaciles con el fin de capturarlo: “Los fariseos oyeron a la gente que murmuraba de él estas cosas; y los principales sacerdotes y los fariseos enviaron alguaciles para que le prendiesen”, (Juan 7:32). Sin embargo, ahora estos regresaban a sus líderes impresionados de las palabras de Jesús: Los alguaciles vinieron a los principales sacerdotes y a los fariseos; y éstos les dijeron: ¿Por qué no le habéis traído? Los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre! Al leer este versículo unos puede ver cómo su odio hacia Jesús había logrado que dos facciones que habían sido rivales se uniesen para destruir a Jesús, y estas eran, las sectas de los fariseos y los saduceos. Los fariseos eran la secta mayoritaria y sus seguidores eran conservadores de las tradiciones de Israel, basaban sus vidas en la observancia de la ley de Moisés, aunque también reconocían los profetas y los otros escritos del Antiguo Testamento como Escrituras. Creían en los ángeles y en la resurrección de los muertos. En contraste, los saduceos eran la secta minoritaria, los cuales son llamados en ocasiones como los principales sacerdotes, provenían de una clase aristocrática y en los tiempos de Jesús uno de ellos estaba fungiendo como el sumo sacerdote: “Y siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás…”, (Lucas 3:2). Simpatizaban bastante con las autoridades romanas a diferencia de los fariseos de detestaban a los gentiles, aparte de esto, solo creían en la ley de Moisés y rechazaban la autoridad divina de los profetas y demás Escritos del Antiguo Testamento, la teología de los ángeles y la resurrección de los muertos. Tan grandes eran las diferencias de estos dos grupos sectarios que Pablo tomo ventajas de ellas para libarse en una audiencia de juicio que le hicieron: “Entonces Pablo, notando que una parte era de saduceos y otra de fariseos, alzó la voz en el concilio: Varones hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo; acerca de la esperanza y de la resurrección de los muertos se me juzga. Cuando dijo esto, se produjo disensión entre los fariseos y los saduceos, y la asamblea se dividió. Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; pero los fariseos afirman estas cosas. Y hubo un gran vocerío; y levantándose los escribas de la parte de los fariseos, contendían, diciendo: Ningún mal hallamos en este hombre; que si un espíritu le ha hablado, o un ángel, no resistamos a Dios”, (Hechos 23:6-9). No obstante, a pesar de sus grandes diferencias ahora los vemos unidos en su único fin de destruir a nuestro Señor Jesucristo. Por otro lado, vemos la actitud que tomaron los alguaciles. La palabra alguacil se traduce directamente del griego juperétes (ὑπηρέτης), la cual era el termino bajo el cual se designaban los servidores de los miembros del sanedrín. Estos alguaciles fueron a apresar a Jesús por órdenes de los principales sacerdotes y fariseos, pero estos no pudieron cuando escucharon las enseñanzas del reino de Dios que Jesús exponía con gran maestría: ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!

EL DESPRECIO DE LOS PRINCIPALES SACERDOTES HACIA LA GENTE SENCILLA


“Entonces los fariseos les respondieron: ¿También vosotros habéis sido engañados? ¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes, o de los fariseos? Mas esta gente que no sabe la ley, maldita es”.
Juan 7:47-48

                Ante tal respuesta de los alguaciles, los fariseos responden: ¿También vosotros habéis sido engañados? ¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes, o de los fariseos? Mas esta gente que no sabe la ley, maldita es. Estas palabras son muy insultantes y reflejan el desprecio que estos tenían hacia la gente común y corriente. En primer lugar, afirman que son tan ignorantes por el hecho de haber sido engañados por las palabras de Jesús: ¿También vosotros habéis sido engañados? Estos hombres eran incapaces de dar crédito a las palabras de Jesús y lo único que hicieron fue hacerlos ver como verdaderos ignorantes. En segundo lugar, les dicen que ningunos de sus gobernantes o de los fariseos habían creído en Jesús, y cómo era posible que ellos se dejaran engañar, ya que se esperaba que todas las personas siguieran su ejemplo sin cuestionar nada: ¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes, o de los fariseos? Obviamente, ellos se consideraban superiores a todos los demás y se jactaban de comprender las verdades espirituales de Dios; pero lo cierto es que eran los más ignorantes de todos. Finalmente, encontramos la mayor expresión de desprecio hacia la gente común: Mas esta gente que no sabe la ley, maldita es. Para ellos todas las personas fuera de su círculo exclusivista era tan insignificantes que se atrevían a decir que eran malditos. Esto es lo peor que uno puede encontrar, un grupo de religiosos que se consideran superiores a los demás y ven con desprecia a la gente común. Para los fariseos y saduceos la gente común eran personas ignorantes con los que no se juntaban, pero para Jesús eran personas muy valiosas, necesitadas de la verdad del evangelio y del perdón de pecados.


UNA DEFENSA TÍMIDA


“Les dijo Nicodemo, el que vino a él de noche, el cual era uno de ellos: ¿Juzga acaso nuestra ley a un hombre si primero no le oye, y sabe lo que ha hecho? Respondieron y le dijeron: ¿Eres tú también galileo? Escudriña y ve que de Galilea nunca se ha levantado profeta. Cada uno se fue a su casa”.
Juan 7:50-53

                  Aquí podemos ver que no todos los fariseos estaban en contra de Jesús, y que no solo la gente común habían creído sino que también algunos de ellos como Nicodemo el cual fue de noche a visitar a Jesús (Juan 3:1), y también José de Arimatea que enterró el cuerdo de Jesús en una de sus tumbas: “Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo”, (Lucas 23:50). En estos versículos vemos a Nicodemo tratando de defender a Jesús, pero sin levantar sospechas de su verdadera vocación de fe: Les dijo Nicodemo, el que vino a él de noche, el cual era uno de ellos: ¿Juzga acaso nuestra ley a un hombre si primero no le oye, y sabe lo que ha hecho? Obviamente la defensa no fue tan eficaz ya que Nicodemo no quería levantar sospechas acerca de su fe. Cuando las personas, ya sea por temor o vergüenza esconden su verdadera fe no logran exponer y defender con eficacia el evangelio de Cristo. Nadie debe avergonzarse del evangelio ya que es poder para salvar las almas: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego”, (Romanos 1:16). Nicodemo apelo a una de las leyes levíticas que exigían la presencia del acusado antes de juzgarlo con el fin de no admitir falso testimonio y no cometer ninguna injusticia: “No admitirás falso rumor. No te concertarás con el impío para ser testigo falso”, (Éxodo 23:1). Lamentablemente, la defensa tímida de Nicodemo termino rápidamente ante la clara molestia de la mayoría de los miembros del sanedrín: ¿Eres tú también galileo? Escudriña y ve que de Galilea nunca se ha levantado profeta. Cada uno se fue a su casaLo cierto es que la fe requiere valentía y determinación de cada uno de nosotros, ya que habrán momentos donde los hijos de las tinieblas trataran de ridiculizar el evangelio, pero jamás debemos intimidarnos, sino que con la ayuda del Espíritu Santo debemos presentar defensa, tal y como Pedro lo dice, debemos santificarnos delante de Dios y estar listos para presentar defensa de nuestra fe con toda humildad: “sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros”, (1 Pedro 3:15). Estar preparado implica estar en comunión con Dios y un conocimiento acertado de su palabra para que con ayuda del Espíritu Santo podamos dar razón de la fe.



El fracaso de la salvación por obras (Hechos 15:10-11)



“Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?  Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos”.
Hechos 15:10-11

INTRODUCCIÓN


            Cuando uno estudia las diferentes religiones alrededor del mundo estas enseñan la necesidad del hombre de hacer buenas obras, de purgar por sus pecados y cumplir sus reglamentos para agradar a Dios. No obstante, todo esto es inútil ya que el hombre jamás será capaz de salvarse por sus buenas obras. Veamos lo inútil que son las buenas obras para salvarnos y cómo podemos escapar de la condenación eterna.

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El fracaso de la salvación por medio de obras

                                I.            EL HOMBRE JAMÁS LOGRARA AGRADAR A DIOS A TRAVÉS DE SUS OBRAS.


“Saliste al encuentro del que con alegría hacía justicia, de los que se acordaban de ti en tus caminos; he aquí, tú te enojaste porque pecamos; en los pecados hemos perseverado por largo tiempo; ¿podremos acaso ser salvos? Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento”.
Isaías 64:5-6

El primer fracaso de la religión es que enseña al hombre a agradar a Dios a través de hacer muchas buenas obras, pero la realidad es que nadie es capaz de cumplir este requisito. Isaías nos dice: Saliste al encuentro del que con alegría hacía justicia, de los que se acordaban de ti en tus caminos; he aquí, tú te enojaste porque pecamos; en los pecados hemos perseverado por largo tiempo; ¿podremos acaso ser salvos? Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento. Esto es así porque somos seres imperfectos, propensos a cometer pecado ya sea consciente o inconscientemente, de tal forma que mil obras de justicia quedan anuladas por un pecado que cometamos. Santiago nos lo dice de esta forma: “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos”, (Santiago 2:10).

                             II.            EL MISMO ISRAEL FALLO EN OBEDECER LA LEY.


“Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?  Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos”.
Hechos 15:10-11

Israel es un buen ejemplo de la incapacidad del hombre para salvarse a través de las obras. Durante el concilio en Jerusalén, los discípulos discutieron acerca de qué ordenarles a los gentiles que estaban convirtiéndose a la fe en Jesús. Unos opinaban que era necesario enseñarles a obedecer la ley de Dios, pero después de disertar ampliamente llegaron a la conclusión de que no podían exigir algo que ni ellos, ni sus antepasados habían logrado y que lo mejor era creer en la salvación por medio de la fe: Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?  Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos. Durante años Israel intento cumplir los mandamientos de Dios, pero fracaso una y otra vez, por eso es imposible que algún hombre pueda cumplir con este requisito. Muchos fariseos y escribas del tiempo de Jesús creían que guardaban la ley, pero nuestro Señor les mostró que no era así, porque la misma ley se extiende aun a juzgar nuestros pensamientos e intenciones del corazón. Jesús les dijo que no solo era culpable aquel que cometiera homicidio, sino también aquel que guardara rencor contra su hermano: “Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego”, (Mateo 5:21-22). También enseño que tanto el que comete el acto de adulterio como el que codicia a una mujer es culpable delante de Dios: “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón”, (Mateo 5:27-28). En general, Jesús dejo bien claro la impotencia del hombre para cumplir la ley y salvase a través de las buenas obras.

                          III.            SOLAMENTE CRISTO PUEDE SALVAR A LOS PECADORES.


“Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado”.
Gálatas 2:16

Por tanto, el hombre jamás podrá salvarse por medio de las buenas obras tal y como lo declara Pablo en su carta a los Gálatas, la única forma de ser salvo es a través de la fe en Jesús. Pero ¿por que la fe en Jesús es capaz de salvarnos sin obra? ¿Cómo podemos estar seguros de que realmente la fe nos salvara?

1.       La fe descansa en lo que ya Cristo hizo por nosotros en la cruz.


En primer lugar, la fe descansa no en las obras que nosotros podemos hacer, sino en las obras que ya Cristo hizo por nosotros. A diferencia de nosotros Jesús vino a esta tierra y cumplió la ley perfectamente: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido”, (Mateo 5:17-18). Nuestra fe descansa en un Salvador que cumplió la ley y agrado en todo al Padre y por esta razón debemos obedecerle: “Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd”, (Mateo 17:5). Todas las religiones del mundo le piden al hombre realizar buenas obras, pero en el cristianismo es diferente, ya que nuestra fe descansa en lo que Cristo ya hizo por nosotros en la cruz del Calvario.

2.       La verdadera fe nos somete al señorío de Cristo y nos hace salvos por su sacrificio.


   En segundo lugar, la verdadera fe es aquella que reconoce sus pecados, la incapacidad de salvarse por sus propias obras y acude a Cristo en completo arrepentimiento para que lo salve. Pablo lo dice así: “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”, (Romanos 10:9-10).

3.       La verdadera fe nos transforma para ser capaces de hacer buenas obras.


              Finalmente, una vez salvos por su misericordia, somos transformados en nuevas criaturas y preparados por el mismo Dios para la realización de toda buena obra: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”, (Efesios 2:8-10). Si nos damos cuenta, somos salvos por fe, sin nuestras buenas obras, pero esto no significa que no debemos hacer buenas obras, al contrario, la renovación en Cristo Jesús nos capacita para esta noble tarea la cual es una evidencia palpable de la obra que Jesús ha hecho en cada uno de nosotros.

CONCLUSIÓN.


                 El hombre jamás podrá ser salva por las buenas obras, Israel trato durante años el vivir por la ley, pero lamentablemente fracaso, así hoy en día ninguna religión podrá salvar al hombre, solamente la fe en Cristo puede hacerlo ya que:

1.       La fe descansa en lo que Cristo ya hizo por nosotros en la cruz.
2.       La fe nos somete al señorío de Cristo y nos hace salvos.
3.       La fe nos perfecciona para buenas obras como una evidencia visible de nuestra salvación.




Cegados por el enemigo (2 Corintios 4:3-4)



“Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”.
2 Corintios 4:3-4

INTRODUCCIÓN


            Luis XVI solía tener un diario donde registraba los acontecimientos más relevantes que le pasaban, sin embargo, un día no hallo que escribir y puso: “NADA”. Ese día fue el martes 14 de julio de 1789. Para él no había nada importante que destacar. Lo malo es que ese fue el día en que los revolucionarios de Francia tomaron la Bastilla y el reinado de Luis XVI termino con su decapitación. Luis XVI estaba ciego ante la decadencia moral, el despilfarro y debilitamiento de su reino a tal punto que no fue capaz de advertir la ruina que le venía. Cuantas personas son como Luis XVI y están ciegos ante la realidad espiritual de su alma, y por eso Pablo nos dice que el dios de este siglo los ha enceguecido para que no vean la verdad y alcancen la salvación de Cristo. Veamos cómo el diablo a cegado a algunas personas.

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Cegados por el enemigo


                                I.            CEGADOS DE LA NECESIDAD DE SER REDIMIDOS DE SU PECADO.


Lo primero en lo que el diablo ha cegado al hombre es en la necesidad que este tiene de ser redimido de sus pecados. Actualmente vivimos en un mundo que no tiene conciencia de la gravedad de su pecado. La Biblia nos exhorta a alejarnos del pecado ya que trae como consecuencia la muerte: “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte”, (Santiago 1:13-15). Tal y como lo describe Santiago, cada uno es seducido por su propia concupiscencia la cual impulsa al hombre a pecar, y cuando este peca da a luz a la muerte. Es por esto que el hombre necesita con urgencia la redención que solamente Cristo puede darles, lamentablemente muchos están cegados por Satanás a tal punto que rechaza la única verdad que los puede liberar de este terrible mal y se aferran a las tinieblas: “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas”, (Juan 3:19).

                             II.            CEGADOS DE LA NECESIDAD DE HUIR DE LA GRAN TRIBULACIÓN.


En segundo lugar, Satanás ha cegado el entendimiento del hombre a tal punto que no le permite entender que se acerca un periodo de gran tribulación para este mundo y del cual debería huir. La Biblia enseña claramente que viene un tiempo de gran tribulación que durara 7 años y durante los cuales la ira de Dios se derramara sobre sobre este mundo como juicio por todos sus pecados a tal punto que ni siquiera los más poderos podrán escapar: “Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?”, (Apocalipsis 6:15-17). Es por esto que el hombre necesita escapar de este periodo de gran tribulación y para eso la Biblia nos ofrece una esperanza a todos los cristianos, y esta es la promesa del arrebatamiento de la iglesia: “Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”, (1 Tesalonicenses 4:15-17). Qué triste es saber que el diablo ha cegado el entendimiento de muchos hombres para no creer en esta gloriosa promesa.

                          III.            CEGADOS DE LA NECESIDAD DE HUIR DEL INFIERNO.


Finalmente, el diablo ha cegado el entendimiento de los hombres al no permitirles que se den cuenta de que el camino que llevan los conduce al infierno. El mismo apóstol Pablo lo dijo en los primeros versículos que leímos: Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. Para muchas personas el evangelio que presenta a Cristo como el Salvador de este mundo es un mensaje sin importancia, no creen que necesiten ser salvados de sus pecados y sin darse cuenta sus pasos los conducen al mismo infierno.

CONCLUSIÓN.


Por tanto, concluimos que muchas son las personas cuyos entendimientos están cegados para que no comprendan la importancia del mensaje del evangelio el cual le advierte al hombre acerca de las terribles consecuencias del pecado, del tiempo de gran tribulación que viene para este mundo y de la realidad del infierno. Cristo desea salvarnos de todas estas cosas y por ello es importante reconocer nuestro pecado y huir del juicio que vienen para este mundo pecador.



jueves, 20 de julio de 2017

La muerte de Juan el Bautista (Mateo 14:1-12)



“En aquel tiempo Herodes el tetrarca oyó la fama de Jesús, y dijo a sus criados: Este es Juan el Bautista; ha resucitado de los muertos, y por eso actúan en él estos poderes. Porque Herodes había prendido a Juan, y le había encadenado y metido en la cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; porque Juan le decía: No te es lícito tenerla. Y Herodes quería matarle, pero temía al pueblo; porque tenían a Juan por profeta. Pero cuando se celebraba el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio, y agradó a Herodes, por lo cual éste le prometió con juramento darle todo lo que pidiese. Ella, instruida primero por su madre, dijo: Dame aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista. Entonces el rey se entristeció; pero a causa del juramento, y de los que estaban con él a la mesa, mandó que se la diesen, y ordenó decapitar a Juan en la cárcel. Y fue traída su cabeza en un plato, y dada a la muchacha; y ella la presentó a su madre. Entonces llegaron sus discípulos, y tomaron el cuerpo y lo enterraron; y fueron y dieron las nuevas a Jesús”.
Mateo 14:1-12

Introducción



            Hoy iniciamos un nuevo capítulo en este evangelio donde los relatos de los acontecimientos de Mateo 14 y capítulos siguientes coinciden casi de forma idéntica con los relatos de los acontecimientos de Marcos capítulo 6 y capítulos sucesivos. Esta nueva sección pareciera recordar un hecho ya ocurrido en el tiempo pasado, la muerte de Juan el bautista, así como nos muestra la inmoral condición de un hombre corrompido por sus bajos deseos y falta de carácter para hacer lo justo. En estos versículos veremos el final que un hombre justo tuvo, pero sin duda fue recompensado por su fidelidad en la eternidad. En contraste, veremos el triste final que tuvo este inmoral hombre llamado Herodes, lo que nos muestra la clara diferencia entre el final de un hombre justo y uno que es injusto.

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La muerte de Juan el Bautista

Una Familia incestuosa


“En aquel tiempo Herodes el tetrarca oyó la fama de Jesús, y dijo a sus criados: Este es Juan el Bautista; ha resucitado de los muertos, y por eso actúan en él estos poderes. Porque Herodes había prendido a Juan, y le había encadenado y metido en la cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; porque Juan le decía: No te es lícito tenerla. Y Herodes quería matarle, pero temía al pueblo; porque tenían a Juan por profeta”.
Mateo 14:1-5

                Aquí vemos un acontecimiento que recordará un hecho pasado: el martirio de Juan el bautista. Conforme la fama de Jesús fue creciendo muchas personas llegaron a oír de Él, y entre ellos estaba Herodes el tetrarca, el cual era hijo del déspota, lunático y tirano rey, Herodes el grande, el cual a su muerte su reino fue repartido entre sus tres hijos, Arquelao quien fue tetrarca de Judea y Samaria (quien posteriormente fue depuesto por los romanos por el gobernador Poncio Pilato); Felipe, quien fue tetrarca del territorio septentrional de Traconítide e Iturea, y Herodes Antipas quien fue tetrarca de Galilea y Perea, el cual es el personaje que aparece en este relato. De acuerdo a la historia esta familia estuvo envuelta en una serie de relaciones inmorales e incestuosas. Para empezar Herodías era hija de Aristóbulo, que era hijo de Herodes el grande y Mariamna I. Luego ella se había casado con su medio tío (el medio hermano de su padre) Felipe, hijo de Herodes el grande y Mariamna II. Con Felipe, Herodías dio a luz una hija, a la cual en Mateo y Marcos se le llama simplemente la “hija de Herodías”, pero el historiador judío Josefo la llama Salomé (Antigüedades XVIII. 136). Posteriormente, Herodes Antipas y Herodías se conocieron estando ambos casados, pero se enamoraron locamente y decidieron dejar a sus cónyuges para unirse en su ilícita pasión, y así Herodes Antipas se divorció de su primera esposa, hija de Aretas, rey de Arabia, para casarse con Herodías, quien se divorció de Felipe para dar legalidad a su nueva unión matrimonial. Con esta unión, Herodes Antipas gano el desfavor del pueblo judío ya que por un lado estaba unida con una parienta cercana, algo prohibido por las leyes levíticas, y por otro, había cometido adulterio al abandonar a su primera esposa para unirse con otra mujer sin ninguna razón licita.

                Cuando Herodes escucho la fama de Jesús su conciencia lo acuso a tal punto que pensó que Juan el bautista había resucitado: En aquel tiempo Herodes el tetrarca oyó la fama de Jesús, y dijo a sus criados: Este es Juan el Bautista; ha resucitado de los muertos, y por eso actúan en él estos poderes. Al parecer no había olvidado al bautista, y de hecho, por mucho tiempo lo había confrontado por el pecado de adulterio que estaba cometiendo: Porque Herodes había prendido a Juan, y le había encadenado y metido en la cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; porque Juan le decía: No te es lícito tenerla. Debido a estas acusaciones Hedores decidió echarlo en la cárcel con el fin de callarlo, pero obviamente esto fue inútil a tal punto que Mateo nos dice que quería silenciarlo matándolo: Y Herodes quería matarle, pero temía al pueblo; porque tenían a Juan por profeta. Marcos nos explica un poco mejor el temor de Herodes para matar al bautista, ya que no solo temía al pueblo que lo tenía en gran estima, sino también temía las consecuencias de matar a un hombre justo y santo: “Porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era varón justo y santo, y le guardaba a salvo; y oyéndole, se quedaba muy perplejo, pero le escuchaba de buena gana”, (Marcos 6:20). Al parecer Herodes Antipas no era un hombre que gozaba de ser un tirano, como lo fueron su padre Herodes el Grande o su hermano Arqueleo, ya que, si bien es cierto tenia prisionero a Juan el bautista, no lo mataba, sino que su sucia conciencia le decía que era un hombre justo y santo al cual no le tenía que tocar un solo cabello. Pero por otro lado era un hombre corrompido por sus bajas pasiones y dominado por su relación ilícita de tal forma que no dejaba en libertad a Juan el bautista.

El Débil Carácter de un Hombre


“Pero cuando se celebraba el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio, y agradó a Herodes, por lo cual éste le prometió con juramento darle todo lo que pidiese. Ella, instruida primero por su madre, dijo: Dame aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista. Entonces el rey se entristeció; pero a causa del juramento, y de los que estaban con él a la mesa, mandó que se la diesen, y ordenó decapitar a Juan en la cárcel. Y fue traída su cabeza en un plato, y dada a la muchacha; y ella la presentó a su madre”.
Mateo 14:6-11

               Aquí vemos el débil carácter que Herodes Antipas tenía. Durante uno de sus cumpleaños, Herodes realizo una fiesta donde invito a príncipes y gente de prestigio de la región de Galilea: “Pero venido un día oportuno, en que Herodes, en la fiesta de su cumpleaños, daba una cena a sus príncipes y tribunos y a los principales de Galilea”, (Marco 6:21), y fue precisamente en esa fiesta que la hija de Herodías entro a la fiesta y bailo de forma indecente para todos los presentes: “Entrando la hija de Herodías, danzó, y agradó a Herodes y a los que estaban con él a la mesa; y el rey dijo a la muchacha: Pídeme lo que quieras, y yo te lo daré. Y le juró: Todo lo que me pidas te daré, hasta la mitad de mi reino”, (Marcos 6:22-23). Si nos damos cuenta Marcos explica de forma más detallada los acontecimiento, y al observar el texto nos damos cuenta que ante la sensual danza de la hija de Herodías, Herodes quedo tan complacido que le ofreció que le pidiera un deseo, a tal punto que estaba dispuesto a darle hasta la mitad de su reino, y esto lo juró en medio de todos sus invitados. Obviamente Herodes no pensó en sus palabras, sino fue movido por la euforia del momento y las muchas copas de vino. En cuanto al deseo de la hija de Herodías le pidió a Herodes, Mateo nos dice que había sido instruida por su madre: Ella, instruida primero por su madre, y Marcos nos dice que después de la propuesta de Herodes esta corrió a su madre a consultarle lo que le podía pedir y su madre la influencio con una diabólica petición: “Saliendo ella, dijo a su madre: ¿Qué pediré? Y ella le dijo: La cabeza de Juan el Bautista.  Entonces ella entró prontamente al rey, y pidió diciendo: Quiero que ahora mismo me des en un plato la cabeza de Juan el Bautista”, (Marcos 6:24-25). La petición de la hija de Herodías entristeció a Herodes, porque sabía que Juan era un hombre justo y santo, pero no tenía el carácter para reconocer públicamente de su error y retractarse delante de sus invitados de su imprudente juramento, así que simplemente accedió a cometer este terrible pecado: Entonces el rey se entristeció; pero a causa del juramento, y de los que estaban con él a la mesa, mandó que se la diesen, y ordenó decapitar a Juan en la cárcel. Y fue traída su cabeza en un plato, y dada a la muchacha; y ella la presentó a su madre.

                Uno puede ver la diabólica actitud de Herodías, quien era el instrumento que Satanás utilizo para usar a su hija en una danza inmoral, y la falta de carácter de un hombre vicioso como lo era Herodes Antipas. No cabe duda que estas mujeres estaban influenciada por demonios a tal punto que se complacieron al contemplar la cabeza de un hombre justo y santo como lo era Juan el bautista: Y fue traída su cabeza en un plato, y dada a la muchacha; y ella la presentó a su madre. De esta forma terminaron los días de un gran hombre de Dios en esta tierra.

El Destino de un Hombre Justo y uno Injusto


“Entonces llegaron sus discípulos, y tomaron el cuerpo y lo enterraron; y fueron y dieron las nuevas a Jesús”.
Mateo 14:12

              El final de este hombre de Dios es a nuestros ojos injusto, y parece aún más injusto que personas como Herodes Antipas y su mujer Herodías no recibieran su justo pago por sus malas obras, pero lo cierto es que nadie escapa de la justicia divina. Al final, Juan el bautista fue un hombre bienaventurado porque sufrió martirio por la justicia y definitivamente ha recibido su galardón en el reino de los cielos: “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros”, (Mateo 5:10-12). Juan el bautista recibió su gran galardón en el reino de los cielos y dejo un gran precedente en esta tierra a tal punto que el mismo Jesús lo afirmo: “Mientras ellos se iban, comenzó Jesús a decir de Juan a la gente: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los que llevan vestiduras delicadas, en las casas de los reyes están. Pero ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Porque éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti. De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él”, (Mateo 11:7-11). Aquel día que fue decapitado sus discípulos llegaron a recoger su cuerpo y lo enterraron, informando a Jesús de su triste muerte, pero que bueno es saber que este hombre cumplió valerosamente la misión que Dios le había otorgado y ahora había pasado a descasar a la presencia del Señor.

                En contraste uno puede ver el final que Herodes Antipas y Herodías tuvieron, porque de acuerdo a los relatos del historiador judío Josefo registra en su libro Antigüedades, la decisión de divorciarse de su primera mujer trajo el enojo de su padre Aretas rey de Arabia al ver que su hija había sido abandonada desdorosamente. Durante este conflicto Aretas destruyo todo el ejército de Herodes Antipas quien escapo a duras penas de la muerte por la intervención de los romanos. Años después Felipe murió y debido a esto el emperador romano Calígula puso a Herodes Agripa I, el hermano de Herodías, no como tetrarca sino como rey de las provincias que Felipe gobernaba. Esto despertó la envidia de Herodías quien convenció a su esposo Herodes Antipas que fuera a Roma para convencer a Calígula que lo invistiera de rey para gozar del mismo prestigio de Agripa I. Sin embargo, al oír esto, Herodes Agripa I envió a Fortunato, uno de sus libertos, a Roma, llevando cartas que mostraban que aun ahora Herodes Antipas estaba aliado con los partos en una conspiración contra el emperador. Al mismo tiempo que el emperador saludaba a Herodes Antipas, también leía estas cartas de Herodes Agripa. Puesto que el tetrarca no pudo refutar las evidencias que esas cartas tenían en su contra, fue privado de todo su poder y fue condenado a un exilio perpetuo en Lyon de Galia. Su tetrarquía fue anexada al reino sobre el cual gobernaba Agripa. Ahora bien, cuando el emperador supo que Herodías era la hermana de Agripa I, por consideración a su hermano no la desterró y le permitió conservar todas sus propiedades personales, no obstante, esta mujer mostro un poco de virtud al rechazar la oferta del emperador y decidió sufrir con su esposo la misma sentencia y así ambos fueron desterrados y murieron en el exilio, en alguna parte olvidada de Lyon de Galia. Así la justicia divina alcanzo a estos injustos. Al final, Juan el Bautista sufrió el martirio a mano de estas personas injustas, pero no dudamos que ha recibido el galardón de parte de Dios y hoy es recordado entre los grandes hombres de la fe; en contraste, Herodes Antipas y Herodías cometieron grandes injusticias y murieron en el destierro completamente olvidados y sin honores y hoy, si no se arrepintieron, reciben su castigo en el infierno. Esta es la clara diferencia entre el final de un hombre justo y uno injusto.



Formas inadecuadas de buscar a Dios (1 Reyes 1:51)



“Y se lo hicieron saber a Salomón, diciendo: He aquí que Adonías tiene miedo del rey Salomón, pues se ha asido de los cuernos del altar, diciendo: Júreme hoy el rey Salomón que no matará a espada a su siervo”.
1 Reyes 1:51

INTRODUCCIÓN


            Desde la misma creación de hombre Dios ha buscado la forma de que acercarse a él, sin embargo, por causa del pecado, esto se ha vuelto muy difícil. A pesar de esto sus heraldos han hecho la invitación para que el hombre se reconcilie con Dios, a buscarlo y ponerse a cuentas con Él. Lamentablemente e ocasiones el hombre adopta formas diferentes de buscar a Dios, formas que son desaprobadas por Él. Veamos en esta oportunidad las formas incorrectas de buscar a Dios, y cuál, según la Biblia, es la correcta.

buscar-a-Dios
Buscar a Dios

                                I.            FORMAS INCORRECTAS DE BUSCAR A DIOS.


El hombre ha tergiversado completamente la forma de acercarse a Dios ya que guiados por supersticiones, motivaciones incorrectas y gran ignorancia se acercan al Señor, pero de una manera que no le agrada. En la Biblia podemos encontrar algunas formas incorrectas de acero.

1.       Buscar a Dios solo para escapar de los problemas.


En el texto original que leímos observamos a la típica persona que busco a Dios solo para escapar de sus problemas: Y se lo hicieron saber a Salomón, diciendo: He aquí que Adonías tiene miedo del rey Salomón, pues se ha asido de los cuernos del altar, diciendo: Júreme hoy el rey Salomón que no matará a espada a su siervo. Adonías era uno de los hijos del rey David y debido a que su padre ya era viejo estaba organizando para que su hermano Salomón no heredara el reino; pero antes de morir David declaro rey a Salomón y cuando Adonías se enteró que su padre se le había adelantado en este asunto tuvo miedo y corrió al lugar donde estaba el altar de bronce, donde se le ofrecían sacrificios a Dios, y se alzó de ellos pidiendo que se le respetara la vida. Cuantas personas son como este Adonías que solo corren a Dios por auxilio, para escapar de la muerte, de enfermedades o terribles crisis, pero cuando Dios lo libera se olvidan de Él.

2.       Buscar a Dios solo para recibir un milagro.


“Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá? Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis”.
Juan 6:25-26

Aquí encontramos al tipo de personas que buscan a Dios no porque están dispuestas a someterse a Él, sino porque anhelan beneficiarse de sus milagros. Estas personas buscaban a Jesús, no porque estuvieran dispuestas a abandonar sus pecados, sino porque el día anterior habían comido hasta saciarse porque les había multiplicado los panes y los peces. Hoy en día son muchas las personas que busca a Dios en una iglesia porque lo único que desean es recibir algún tipo de milagro, o que responda alguna petición, pero no están dispuestos a convertirse a Él y abandonar su vida de pecado. Esta es una forma incorrecta de acercarse a Dios.

3.       Buscar a Dios solo para aprovecharse de sus promesas de prosperidad.


“Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios”,
Hechos 8:19-21

Aquí vemos a Simón, un hombre que antes de la llegada del evangelio en Samaria tenia gran ganancia engañando con sus artes mágicas a la gente: “Pero había un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad, y había engañado a la gente de Samaria, haciéndose pasar por algún grande. A éste oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es el gran poder de Dios. Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas les había engañado mucho tiempo”, (Hechos 8:9-11). Cuando Simón vio cómo los apóstoles ponían manos sobre los nuevos creyentes de Samaria y estos recibían el bautismo con el Espíritu Santo, quiso comprarles este don para luego comerciar con él, como lo había hecho anteriormente con sus artes mágicas, pero los apóstoles lo reprendieron por su maldad. Cuántas personas hoy en día están en la iglesia solo por las promesas de prosperidad que Dios promete, o cuántas personas comercializan con sus supuestos dones, pero lo cierto es que esta es una forma incorrecta de acercarse a Dios.

4.       Buscar a Dios solo como un acto religioso.


“Aborrecí, abominé vuestras solemnidades, y no me complaceré en vuestras asambleas. Y si me ofreciereis vuestros holocaustos y vuestras ofrendas, no los recibiré, ni miraré a las ofrendas de paz de vuestros animales  engordados.  Quita de mí la multitud de tus cantares, pues no escucharé las salmodias de tus instrumentos”.
Amós 5:21-23

Finalmente, la otra forma incorrecta de acercarse a Dios es solamente como un acto religioso, no con un corazón sincero que expresa su necesidad espiritual, sino como alguien que cumple fielmente los ritos y exigencias de su religión pero ha experimentado un verdadero arrepentimiento en su vida. Vemos en Amós como Israel realizaba sus ceremonias y cánticos a Dios, pero éste no se agradaba de ellos porque había pecado en sus vidas. Esta es una forma incorrecta de buscar a Dios.

                             II.            LA FORMA ADECUADA DE ACERCARNOS A DIOS.


“Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar”.
Isaías 55:6-7

El deseo de Dios es que nos acerquemos a su presencia: Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano, pero ¿cuál es la forma correcta de hacerlo? Isaías nos lo dice: Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. El hombre que busque a Dios debe primeramente dejar su pecado y para ello necesita arrepentirse de todas sus maldades. Solo cuando el hombre se vuelve de su maldad y corre a Dios para que le perdone sus pecados y le salve de la condenación eterna es acepto delante de su presencia ya que al corazón contrito y humillado jamás lo desprecia: “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”, (Salmo 51:17).

CONCLUSIÓN.


Actualmente existen muchas formas incorrectas de acercarse a Dios, unos lo buscan solo cuando tienen problemas, otros porque quieren que les haga un milagro, otros porque quieren beneficiarse de sus promesas de prosperidad, otros a través de una falsa religión que solo calma su culpable conciencia; pero lo cierto es que todos estos métodos son ineficaces. La forma correcta de acercarse a Dios es a través del arrepentimiento porque solo un corazón contrito y humillado halla gracia delante de sus ojos y el perdón de todos sus pecados.