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domingo, 18 de abril de 2021

La historia de los orígenes de Abraham (Génesis 11:27-32)

 

“Estas son las generaciones de Taré: Taré engendró a Abram, a Nacor y a Harán; y Harán engendró a Lot. Y murió Harán antes que su padre Taré en la tierra de su nacimiento, en Ur de los caldeos. Y tomaron Abram y Nacor para sí mujeres; el nombre de la mujer de Abram era Sarai, y el nombre de la mujer de Nacor, Milca, hija de Harán, padre de Milca y de Isca. Mas Sarai era estéril, y no tenía hijo. Y tomó Taré a Abram su hijo, y a Lot hijo de Harán, hijo de su hijo, y a Sarai su nuera, mujer de Abram su hijo, y salió con ellos de Ur de los caldeos, para ir a la tierra de Canaán; y vinieron hasta Harán, y se quedaron allí. Y fueron los días de Taré doscientos cinco años; y murió Taré en Harán”.

 

Génesis 11:27-32

INTRODUCCIÓN

                 Con estos versículos no solo termina el capítulo 11 del libro de Génesis, sino da paso a la segunda sección del mismo libro que inicia desde el capítulo 12 y se enfoca en Abraham y sus descendientes. El capítulo 11 nos presenta la descendencia de Taré: “Taré vivió setenta años, y engendró a Abram, a Nacor y a Harán”, (Génesis 11:26). A diferencia de las otras genealogías, los acontecimientos referentes a los eventos que aquí se narran y la historia de estos personajes es situada por la mayoría de teólogos en el año 2000 a.C., de tal forma que a partir de este momento Dios iniciaría un nuevo plan que apuntaría a 2000 años en el futuro con el nacimiento de un descendiente que aparece en esta genealogía, Abraham.

 

Taré-descendientes
Los descendientes de Taré

LOS HIJOS DE TARÉ

“Estas son las generaciones de Taré: Taré engendró a Abram, a Nacor y a Harán; y Harán engendró a Lot. Y murió Harán antes que su padre Taré en la tierra de su nacimiento, en Ur de los caldeos”.

Génesis 11:27-28

                  Aquí se nos presentan a los tres hijos de Taré: Taré engendró a Abram, a Nacor y a Harán y Harán engendró a Lot. Y murió Harán antes que su padre Taré en la tierra de su nacimiento, en Ur de los caldeos. Taré tuvo tres hijos, Abram, quien llegaría a llamarse Abraham, Nacor y Harán. Ahora, Harán engendró a Lot, el sobrino de Abraham, y luego de esto murió antes que su padre Taré. Esta es la primera vez que el libro de Génesis menciona que uno de los hijos muere antes que su padre, a acepción de Abel que murió asesinado por Caín. Aquí se nos dice que Taré vivía en Ur de los caldeos y en cuanto su ubicación no hay un consenso definitivo sino opiniones diferentes. Por ejemplo, algunos opinan que Ur de los caldeos estaba ubicada en Mesopotamia, considerando lo que le libro de los Hechos dice: “Y él dijo: Varones hermanos y padres, oíd: El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia, antes que morase en Harán”, (Hechos 7:2). Si fuese así, esta Ur de los caldeos estaba ubicada a unos 233 km al sudeste del sitio de la antigua Babilonia. Otros han identificado otra Ur en Sumeria, la cual se hallaba a orillas del Éufrates, a unos 260 km del golfo Pérsico. Lo que sí se sabe por los descubrimientos arqueológicos de la zona donde se cree que estuvo ubicada Ur es que fue un centro importante de la civilización antigua, de hecho, entre las excavaciones hechas han encontrado allí una escuela con su colección de tabletas de arcilla, con la primera escritura cuneiforme que llegarían a influenciar los alfabetos arameos, hebreos y griegos. Esta escritura tenía propósitos comerciales en su principio ya que registraba transacciones de bienes y una finalidad principalmente contable. Por tanto, podemos entender que Ur llego a ser un centro comercial muy importante en sus tiempos. Además de esto, en Ur se habían establecido escuelas con el propósito de enseñar a leer, escribir y diversas formas de aritmética. También Ur era un centro religioso politeísta, es decir, adoraban a muchos dioses, entre estos uno de los mas importante llego a ser Nanna (llamado Sin en otras regiones), el dios luna y relacionados a este se han encontrado templos y zigurat que testifican de su culto en este lugar. Esto significa que Taré y toda su familia fue idolatra y tuvieron que haber adorado a esta deidad pagana, por ello Josué declara que sus antepasados habían adorado dioses falsos: “Y dijo Josué a todo el pueblo: Así dice Jehová, Dios de Israel: Vuestros padres habitaron antiguamente al otro lado del río, esto es, Taré, padre de Abraham y de Nacor; y servían a dioses extraños”, (Josué 24:2). Fue en este lugar donde Taré y sus hijos se criaron. Ahora bien, si revisamos otras versiones de la Biblia como la Nueva Versión Internacional, encontraremos una diferencia notable en los nombres de estos personajes: “Ésta es la historia de Téraj, el padre de Abram, Najor y Jarán. Jarán fue el padre de Lot”, (Génesis 11:17, NVI). a qué se debe esta diferencia. Bueno, la razón de que esta versión, así como otras lo traducen de esta forma se debe a que escriben sus nombres, así como se pronuncian en el hebreo. Por ejemplo, la Traducción de la Universidad de Jerusalén lo traduce muy similar a la NVI: “Estos, son los descendientes de Téraj: Téraj engendró a Abram, a Najor y a Harán. Harán engendró a Lot”, (Génesis 11:27, SBVUJ).

                En cuanto a cuál fue el primogénito de Taré, las personas tienden a creer que fue Abraham, porque es el primero que aparece, pero aparece por ser el más conocido de todos y la persona a la cual Dios llamo para hacer de él una gran nación. Posiblemente Harán fue el primer hijo en nacer ya que este fue el padre de Milca, la cual llego a ser esposa de su hermano Nacor, y para este momento, Milca debió tener la edad suficiente para casarse con Nacor, ya que su padre Harán fue el primero en nacer. Al final, el relato nos dice que Harán murió en la tierra de Ur de los caldeos.

 

LAS RELACIONES FAMILIARES DE LA DESCENDENCIA DE TARÉ

“Y tomaron Abram y Nacor para sí mujeres; el nombre de la mujer de Abram era Sarai, y el nombre de la mujer de Nacor, Milca, hija de Harán, padre de Milca y de Isca. Mas Sarai era estéril, y no tenía hijo”.

Génesis 11:29-30

                  Estos dos versículos nos dicen mucho de como era la vida familiar en estos tiempos. Podemos ver que para este momento la vida de las personas era en especies de clanes, de tal forma que ellos se organizaban y permanecían unidos por sus lazos de parentesco, donde existía un patriarca principal de donde descendían todos. En este sentido, los matrimonios se realizaban entre la misma parentela, lo cual nos puede parecer incestuoso, pero en este tiempo, la humanidad estaba iniciando su vida en la tierra y aun Dios no había prohibido esto porque la ley aun no había sido dada a Moisés. En este sentido, Harán, el primogénito tuvo dos hijas, Milca e Isca, y luego de esto murió. Luego Nacor, posiblemente el segundo hijo de Taré, tomo para si a Milca como su mujer, luego de Isca, la otra hija de Harán, no se nos dice nada. Algunos han llegado a decir que Isca es la misma Saraí, sin embargo, no todos están de acuerdo con esta afirmación ya que en otras Abraham reconoce que Saraí era su hermana, muy posiblemente solo de parte de su padre, más no de su madre (Génesis 12:11-20). Ahora, vemos aquí un problema posiblemente de familia ya que Saraí era estéril. A parte de ella, también Rebeca, la esposa de Isaac y de la línea de Nacor fue estéril, así como lo fue Raquel, una de las mujeres de Jacob la cual provenía del mismo linaje. A pesar de todo esto, Dios manifestó su poder dándoles la capacidad de dar a luz hijos.

 

TARÉ ABANDONA UR Y SE DIRIGE A HARÁN

“Y tomó Taré a Abram su hijo, y a Lot hijo de Harán, hijo de su hijo, y a Sarai su nuera, mujer de Abram su hijo, y salió con ellos de Ur de los caldeos, para ir a la tierra de Canaán; y vinieron hasta Harán, y se quedaron allí. Y fueron los días de Taré doscientos cinco años; y murió Taré en Harán”.

Génesis 11:31-32


viajes-Taré
Viajes de Taré y su familia de Ur de los caldeos a Harán

                 Por alguna razón Taré se decide por abandonar Ur de los caldeos y toma a Abram su hijo, a su esposa Saraí y su sobrino Lot: “Y tomó Taré a Abram su hijo, y a Lot hijo de Harán, hijo de su hijo, y a Sarai su nuera, mujer de Abram su hijo, y salió con ellos de Ur de los caldeos, para ir a la tierra de Canaán; y vinieron hasta Harán, y se quedaron allí. Con esto que pasa aquí algunos han llegado a opinar que a lo mejor Dios llamó en primer lugar a Taré para ir a la tierra de Canaán, pero al no obedecer al 100% el llamado, a su muerte, decide llamar a Abram, sin embargo, no todos creemos así. En cuanto al llamamiento de Abram, no sabemos cómo ocurrió, lo cierto es que toda esta familia era idólatra, pero en determinado momento Dios se le revela a Abram y lo llama para ir a Canaán. Quizás este llamamiento ocurrió cuando él todavía estaba en Ur de los caldeos y al compartir su experiencia con el resto de su familia, Taré, su padre decidido seguirlo y fue así como todos ellos salieron a excepción de Nacor y su familia, ellos se quedaron en Ur de los caldeos. Como sea, Taré tomo a parte de su familia, pero no se fue a Canaán, sino que se quedó en Harán, una ciudad situada en la Mesopotamia del norte y otro de los centros de la civilización antigua cuya vida era muy parecida a la de Ur y que mantenía una estrecha comunicación de comercio con esta. Posiblemente, Taré no podía vivir sin abandonar todas las costumbres religiosas y cotidianas de Ur y por ello se quedo a vivir en esta tierra. Al final, fue en esta ciudad que Taré murió: Y fueron los días de Taré doscientos cinco años; y murió Taré en Harán. De esta forma, Taré muere y Abram se convierte en el líder principal de toda la parentela y a partir del siguiente capítulo inicia la segunda parte de este libro que narra la historia del pueblo de Israel el cual no solo finaliza en este libro de Génesis, sino se extenderá en todo el Antiguo Testamento.


domingo, 4 de abril de 2021

Sinopsis de Éxodo (Parte II)

 

“Jehová dijo a Moisés: Mira, yo te he constituido dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta. Tú dirás todas las cosas que yo te mande, y Aarón tu hermano hablará a Faraón, para que deje ir de su tierra a los hijos de Israel. Y yo endureceré el corazón de Faraón, y multiplicaré en la tierra de Egipto mis señales y mis maravillas”.

Éxodo 7:1-3

INTRODUCCIÓN

                 Continuamos con el estudio de la sinopsis del libro de Éxodo en su segunda parte. En la última oportunidad consideramos las generalidades de este libro en cuanto a su autoría, fechas y lugar donde se dio el éxodo. También consideramos el llamamiento de Moisés y sus 40 años en el desierto. Ahora vamos a estudiar dos temas importantes en el libro de Éxodo, las 10 plagas de Egipto y la institución de la pascua. La parte de las plagas de Egipto están descritas en Éxodo 7-11; 12:29-36, y la celebración de la pascua aparece en Éxodo 12:1-28. Prácticamente el tema de las 10 plagas abre con estos versículos: “Jehová dijo a Moisés: Mira, yo te he constituido dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta. Tú dirás todas las cosas que yo te mande, y Aarón tu hermano hablará a Faraón, para que deje ir de su tierra a los hijos de Israel. Y yo endureceré el corazón de Faraón, y multiplicaré en la tierra de Egipto mis señales y mis maravillas”. Dios había escogido a Moisés para liberar a su pueblo de Egipto, pero faraón habían endurecido su corazón para no hacerlo, por ello, el Señor multiplicaría sus señales y maravillas para demostrar que realmente Él es Dios.


10-plagas
Las 10 plagas

LAS 10 PLAGAS, UNA RESPUESTA A FARAÓN DE: ¿QUIÉN ES DIOS?

“Después Moisés y Aarón entraron a la presencia de Faraón y le dijeron: Jehová el Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto. Y Faraón respondió: ¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel”.

Éxodo 5:1-2

              Cuando Moisés y Aaron se presentaron por primera vez ante faraón con la petición de que dejara en libertad a su pueblo, este pregunto: ¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel?. Ante la pregunta de faraón, quién es Dios, el Señor despliega todo su poder en contra de Egipto a través de las 10 plagas. Las 10 plagas son milagros extraordinarios que Dios realizó en Egipto como señales indiscutibles de su soberanía sobre cualquier dios y prácticamente estas tenían los siguientes propósitos: (a) Demostrarle a faraón y sus súbditos, que Jehová es Dios soberano y Todopoderoso. (b) Dejar en ridículo a cada dios egipcio. (c) Endurecer el corazón de faraón hasta llevarlo a su mismo fin. (d) Castigar a los egipcios por haber oprimido como esclavos a los hebreos. (e) Lograr que Egipto se rinda y dejen libres a los hebreos. Veamos entonces en qué consistió cada una de las 10 plagas.

 

            La primera plaga: El Nilo se convierte en sangre.

“Así ha dicho Jehová: En esto conocerás que yo soy Jehová: he aquí, yo golpearé con la vara que tengo en mi mano el agua que está en el río, y se convertirá en sangre. Y los peces que hay en el río morirán, y hederá el río, y los egipcios tendrán asco de beber el agua del río. Y Jehová dijo a Moisés: Dí a Aarón: Toma tu vara, y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus ríos, sobre sus arroyos y sobre sus estanques, y sobre todos sus depósitos de aguas, para que se conviertan en sangre, y haya sangre por toda la región de Egipto, así en los vasos de madera como en los de piedra. Y Moisés y Aarón hicieron como Jehová lo mandó; y alzando la vara golpeó las aguas que había en el río, en presencia de Faraón y de sus siervos; y todas las aguas que había en el río se convirtieron en sangre. Asimismo, los peces que había en el río murieron; y el río se corrompió, tanto que los egipcios no podían beber de él. Y hubo sangre por toda la tierra de Egipto. Y los hechiceros de Egipto hicieron lo mismo con sus encantamientos; y el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó; como Jehová lo había dicho. Y Faraón se volvió y fue a su casa, y no dio atención tampoco a esto”.

Éxodo 7:17-22

La primera plaga consistió en convertir las aguas del rio Nilo en sangre, prácticamente este juicio consistió en volver en sangre no solo las aguas del río, sino también toda fuente de agua como sus arroyos, estanques y depósitos de agua. Dios le ordenó a Moisés que con su vara golpeara las aguas del Nilo y al hacerlo se convirtieron en sangre, y la palabra hebrea que se traduce como sangre es dam (דָּם). El Nilo era una fuente de abastecimiento de agua y vida para los egipcios y de hecho creían que Hapi, el dios del Nilo, provocaba una vez al año provocaba inundaciones que a su vez traía la fertilidad sobre todo Egipto, sin embargo, aquí Dios está derrotando a Hapi, el dios del Nilo, destruyendo esta fertilidad, provocando la mortandad de los peces y contaminando toda fuente de agua al convertirse en sangre. Aun así, la misericordia de Dios se deja ver en que las aguas subterráneas no fueron contaminadas y les permitió a los egipcios beber agua, con todo, faraón no se arrepintió: “Y Faraón se volvió y fue a su casa, y no dio atención tampoco a esto. Y en todo Egipto hicieron pozos alrededor del río para beber, porque no podían beber de las aguas del río”, (Éxodo 7:23-24).

 

            La segunda plaga: Las ranas invaden Egipto.

“Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón: Extiende tu mano con tu vara sobre los ríos, arroyos y estanques, para que haga subir ranas sobre la tierra de Egipto. Entonces Aarón extendió su mano sobre las aguas de Egipto, y subieron ranas que cubrieron la tierra de Egipto. Y los hechiceros hicieron lo mismo con sus encantamientos, e hicieron venir ranas sobre la tierra de Egipto”.

Éxodo 8:5-7 

La segunda plaga es la de ranas. La palabra hebrea que se traduce como rana es tsefardéa (צְפַרְדֵּעַ), la cual, literalmente significa “saltador del pantano”, por lo que las diferentes traducciones de la Biblia la presentan como ranas. Esta plaga consistió en una invasión de ranas que literalmente saltaron de la orilla del rio a la tierra y cubrieron todo Egipto. Esta plaga fue un ataque directo en contra de la diosa Heket, la cual era diosa con cabeza de rana la cual creían que favorecía los partos y la fertilidad. En esta ocasión, faraón clama a Moisés para que el azote provocado por la invasión de las ranas le sea quitado: “Entonces Faraón llamó a Moisés y a Aarón, y les dijo: Orad a Jehová para que quite las ranas de mí y de mi pueblo, y dejaré ir a tu pueblo para que ofrezca sacrificios a Jehová”, (Éxodo 8:8). Moisés escucho la petición de faraón, pero cuando Dios quitó la plaga, el corazón de faraón volvió a endurecerse: “E hizo Jehová conforme a la palabra de Moisés, y murieron las ranas de las casas, de los cortijos y de los campos. Y las juntaron en montones, y apestaba la tierra. Pero viendo Faraón que le habían dado reposo, endureció su corazón y no los escuchó, como Jehová lo había dicho”, (Éxodo 8:13-15).

 

            La tercera plaga: Los piojos.

“Y ellos lo hicieron así; y Aarón extendió su mano con su vara, y golpeó el polvo de la tierra, el cual se volvió piojos, así en los hombres como en las bestias; todo el polvo de la tierra se volvió piojos en todo el país de Egipto. Y los hechiceros hicieron así también, para sacar piojos con sus encantamientos; pero no pudieron. Y hubo piojos tanto en los hombres como en las bestias. Entonces los hechiceros dijeron a Faraón: Dedo de Dios es éste. Mas el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó, como Jehová lo había dicho”.

Éxodo 8:17-19 

De acuerdo a la RV60, la tercera plaga fue la de piojos. Sin embargo, encontramos una diferencia en otras versiones de la Biblia, ya que suelen traducir esta palabra no como piojo, sino como zancudo o mosquito, por ejemplo, de acuerdo a la Nueva Versión Internacional de la Biblia, se hace la afirmación que la tercera plaga fue la de mosquitos o zancudos: “Así lo hizo. Y Aarón extendió su brazo, golpeó el suelo con la vara, y del polvo salieron mosquitos que picaban a hombres y animales. En todo Egipto el polvo se convirtió en mosquitos”, (Éxodo 8:17, NVI). Entonces, ¿la tercera plaga fue de mosquitos o piojos? Para comprenderlo mejor consideremos la palabra hebreo de donde se está traduciendo piojo o mosquito, esta es ken (כֵּן), y literalmente esta palabra significa “animal que pica”. Entonces, ¿qué clase de animal que pica era, ¿zancudo? o ¿piojo? Bueno, ambos animales entran en esa categoría. Quizás, el hebreo por ser un idioma que llaman pobre por utilizar una sola palabra para describir muchas cosas vuelve muy difícil la traducción exacta de la palabra. Algunos dicen que cuando Casiodoro de Reina tradujo su versión, la Biblia del Oso, de donde vendría la RV60, tradujo esta palabra como piojo, porque en España existían terribles plagas de piojos con los cuales las personas estaban familiarizados. Sin embargo, cuando elaboraron la Septuaginta, tradujeron esta palabra del hebreo al griego como mosquito, porque en el área en donde hicieron dicha traducción, Alejandría, los mosquitos abundaban y por ello, algunos traductores modernos de la Biblia, como la Nueva Versión Internacional, entre otros, lo traducen como mosquito o zancudo. Hoy por hoy, nadie podría aseverar si fueron piojos o mosquitos u otro insecto que pica, los que azotaron a los egipcios, sin embargo, estos se levantaron del polvo de la tierra para atormentar con sus picaduras, no solo a hombres, sino a los animales. Podemos ver como progresivamente las plagas fueron ampliando su nivel de azote ya que hasta el momento no habían tocado a las personas, pero ahora, a través de las picaduras, eran afectados. Tan dura fue esta plaga que los hechiceros no pudieron imitarla y reconocieron que era obra de Dios. Los egipcios tenían un dios al cual adoraban como el benefactor de la fertilidad de la tierra, Geb, sin embargo, ante esta plaga que surgía directamente del polvo de la tierra, Geb, no pudo hacer nada y aquello que era tan sagrado para ellos se volvió un azote, tanto que hasta los mismos hechiceros reconocieron la mano de Dios en este portento. Aun con este terrible azote que afecto tanto a hombres como animales que sufrieron de muchas picaduras, faraón no se arrepintió.

 

            La cuarta plaga: El enjambre de moscas.

“Y Jehová lo hizo así, y vino toda clase de moscas molestísimas sobre la casa de Faraón, sobre las casas de sus siervos, y sobre todo el país de Egipto; y la tierra fue corrompida a causa de ellas”.

Éxodo 8:24

De acuerdo a la RV60 y muchas otras traducciones, la cuarta plaga fue una densa nube molestísima de moscas las cuales invadieron todo Egipto. Sin embargo, hay otras traducciones como la Nueva Versión Internacional de la Biblia que al traducir de los textos hebreos afirman que la cuarta plaga fue una densa nube de tábanos: “Y así lo hizo el Señor. Densas nubes de tábanos irrumpieron en el palacio del faraón y en las casas de sus funcionarios, y por todo Egipto. Por causa de los tábanos, el país quedó arruinado”, (Éxodo 8:24. NVI). Si se considera el texto hebreo nos damos cuenta que en este no se encuentra el nombre específico del insecto, sino solo se dice que Dios levantó una arób (עָריב), la cual, literalmente significa enjambre o multitud de insectos. Por tanto, aquel día Dios levantó una densa nube de insectos que fueron molestísimos en gran manera a los egipcios. ¿Qué clase de insecto fue? ¿El texto hebreo no lo dice? Lo que si nos sugiere esta palabra hebrea es que eran enjambres grandes de insectos que zumbaban al volar y al ser así, podrían ser moscas que serian una consecuencia directa de la putrefacción que se había esparcido en toda la tierra debido a los peces muertos y los miles de ranas muertas. Por otro lado, los judíos que elaboraron al Septuaginta tradujeron del hebreo al griego como “mosca”, pero según se cree no se referían a la mosca común sino a una especie de insecto conocido como tábano, el cual, al igual que el zancudo, se alimenta de sangre, con la diferencia que su mordedura es dolorosa y provoca enrojecimiento, tan fuerte es su mordedura que es capaz de atravesar la piel de burros y caballos. Como sea, ambos insectos zumban al volar en enjambre y la palabra hebrea sugiere que el cielo se lleno de estos animales oscureciendo posiblemente el sol. Los egipcios tenían un dios llamado Jepri, el cual era representado como un enorme escarabajo que empujaba el disco solar y ahora Dios con sus enjambres de insectos derrotaba a este dios y a todas aquellas deidades relacionadas con el sol y la mañana. A partir de aquí, las plagas atacan únicamente a los egipcios y mantiene a la tierra de gocen a salvo que era donde los hebreos estaban establecidos: “Y aquel día yo apartaré la tierra de Gosén, en la cual habita mi pueblo, para que ninguna clase de moscas haya en ella, a fin de que sepas que yo soy Jehová en medio de la tierra”, (Éxodo 8:22). Una vez más, faraón pide a Moisés que ore por él para que la plaga le sea quitada: “Dijo Faraón: Yo os dejaré ir para que ofrezcáis sacrificios a Jehová vuestro Dios en el desierto, con tal que no vayáis más lejos; orad por mí”, (Éxodo 8:28). Sin embargo, cuando la plaga cesó, el corazón de faraón volvió a endurecerse.

 

            La quinta plaga: La enfermedad en el ganado.

“He aquí la mano de Jehová estará sobre tus ganados que están en el campo, caballos, asnos, camellos, vacas y ovejas, con plaga gravísima… Al día siguiente Jehová hizo aquello, y murió todo el ganado de Egipto; más del ganado de los hijos de Israel no murió uno”.

Éxodo 9:3, 6 

La quinta plaga que vino sobre la tierra de Egipto fue la enfermedad sobre el ganado. La palabra de donde se traduce ganado es la palabra hebrea micné (מִקְנֶה), y se refiere a todo animal domesticado y usado en el comercio, trabajo y transportación, como los caballos, asnos, camellos, vacas y ovejas, sobre estos calló una plaga gravísima que mato a todo el ganado. La palabra hebrea que se traduce como plaga es deber (דֶּבֶר), la cual hace referencia a una pestilencia mortal capaz de matar de un día para otra a todo el ganado. Hasta el momento, las plagas solo habían sido una molestia para la vida de los egipcios, pero no les había tocado la parte material o económica, pero a partir de aquí comienzan a experimentar pérdidas económicas al ver su ganado muerto. En este caso, solo el ganado egipcio murió, más no el de los israelitas. En Egipto existía una deidad llamada Apís, un dios en forma de toro que era muy reverenciado en esta tierra, además, existían otras deidades en forma de vacas sagradas, a todos estos Dios dirige su quita plaga y ningún dios pagano fue capaz de evitar esta plaga. Con todo, el corazón de faraón se endureció aun más y no dejó ir libre a su pueblo.

 

La sexta plaga: Las úlceras sobre hombres y animales.

“Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Tomad puñados de ceniza de un horno, y la esparcirá Moisés hacia el cielo delante de Faraón; y vendrá a ser polvo sobre toda la tierra de Egipto, y producirá sarpullido con úlceras en los hombres y en las bestias, por todo el país de Egipto. Y tomaron ceniza del horno, y se pusieron delante de Faraón, y la esparció Moisés hacia el cielo; y hubo sarpullido que produjo úlceras tanto en los hombres como en las bestias. Y los hechiceros no podían estar delante de Moisés a causa del sarpullido, porque hubo sarpullido en los hechiceros y en todos los egipcios”.

Éxodo 9:8-11

Después, el Señor les ordenó tomar ceniza del horno y esparcirla hacia el cielo y esto produjo la sexta plaga, la de las úlceras en hombres y animales. De acuerdo al texto bíblico, la ceniza de horno arrojada al cielo produjo un polvo sobre todo el territorio de Egipto, lo cual produjo un sarpullido que provocó las úlceras. La Nueva Versión Internacional de la Biblia dice que las úlceras eran llagas purulentas: “La ceniza se esparcirá como polvo fino sobre toda la tierra de Egipto y provocará llagas purulentas en las personas y en los animales por todo el territorio”, (Éxodo 9:9, NVI). No se sabe que clase de enfermedad fue la que produjo las úlceras, de hecho, la palabra hebrea de donde se traduce úlcera es ababbúa (אֲבַעְבֻּעָה), la cual hace referencia a una erupción inflamatoria en la piel. Con la sexta plaga, Dios comienza a tocar la salud de los egipcios, incluyendo los hechiceros que entraron en desesperación por causa de este azote, así, ya no solo la economía del país estaba en crisis, sino también la parte religiosa de la nación. Los egipcios consideraban a Imhotep como el dios de la medicina y a Sejmet como la diosa de la guerra, venganza y curación, aun con todos sus dioses, ninguno pudo ayudarlos para evitar esta plaga que toco su salud. Con todo, el corazón de faraón se endureció aún más y no dejó libre al pueblo de Dios.

 

La séptima plaga: La lluvia de granizo. 

“He aquí que mañana a estas horas yo haré llover granizo muy pesado, cual nunca hubo en Egipto, desde el día que se fundó hasta ahora. Envía, pues, a recoger tu ganado, y todo lo que tienes en el campo; porque todo hombre o animal que se halle en el campo, y no sea recogido a casa, el granizo caerá sobre él, y morirá”.

Éxodo 9:18-19

El nivel de angustia va incrementando conforme las plagas continúan y esto lo vemos en la séptima plaga, la lluvia de granizo. Para este momento los egipcios estaban gravemente golpeados por las plagas anteriores, la primera había hecho no potable el agua del Nilo y los peces habían muertos, la de ranas, piojos y moscas habían causado gran incomodidad en ellos, la plaga sobre el ganado había afectado la parte económica y su fuerza de trabajos, y la de úlceras la salud y estabilidad religiosa de los egipcios. Ahora, la séptima plaga no solo mataría a los hombres y animales que no estuvieran bajo techo, sino agotaría parte del recurso alimenticio de la nación: “Hubo, pues, granizo, y fuego mezclado con el granizo, tan grande, cual nunca hubo en toda la tierra de Egipto desde que fue habitada. Y aquel granizo hirió en toda la tierra de Egipto todo lo que estaba en el campo, así hombres como bestias; asimismo destrozó el granizo toda la hierba del campo, y desgajó todos los árboles del país. Solamente en la tierra de Gosén, donde estaban los hijos de Israel, no hubo granizo”, (Éxodo 9:24-26). Esta plaga debió atemorizar a todo Egipto y ninguno de sus dioses pudo evitarlo, ni Shu, la diosa de los fenómenos atmosféricos no violentos; ni Neper, el dios protector de las cosechas; ni Nepit, diosa del grano, ni ningún otro dios egipcio fue capaz de impedir esta plaga. El temor llego a faraón quien pidió a Moisés que orara por él: “Entonces Faraón envió a llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: He pecado esta vez; Jehová es justo, y yo y mi pueblo impíos. Orad a Jehová para que cesen los truenos de Dios y el granizo, y yo os dejaré ir, y no os detendréis más”, (Éxodo 9:27-28). Sin embargo, después que la plaga cesó, el corazón de faraón volvió a endurecerse, sin embargo, se perdió la cebada, recurso alimenticio, y el lino, recurso para elaborar su ropa, pero el trigo y el centeno permanecieron intactos: “El lino, pues, y la cebada fueron destrozados, porque la cebada estaba ya espigada, y el lino en caña. Mas el trigo y el centeno no fueron destrozados, porque eran tardíos”, (Éxodo 9:31-32).

 

La octava plaga: Las langostas.

“Y extendió Moisés su vara sobre la tierra de Egipto, y Jehová trajo un viento oriental sobre el país todo aquel día y toda aquella noche; y al venir la mañana el viento oriental trajo la langosta. Y subió la langosta sobre toda la tierra de Egipto, y se asentó en todo el país de Egipto en tan gran cantidad como no la hubo antes ni la habrá después; y cubrió la faz de todo el país, y oscureció la tierra; y consumió toda la hierba de la tierra, y todo el fruto de los árboles que había dejado el granizo; no quedó cosa verde en árboles ni en hierba del campo, en toda la tierra de Egipto”.

Éxodo 10:13-15

                Con el hecho de haber dejado intacta el trigo y el centeno, Dios mostraba su misericordia a un pueblo idolátrico y al mismo faraón, por ello en esta ocasión sus funcionarios van y le ruegan a faraón que deje ir a los hebreos para que cesen las plagas, ya que prácticamente la nación estaba colapsando: “Entonces los siervos de Faraón le dijeron: ¿Hasta cuándo será este hombre un lazo para nosotros? Deja ir a estos hombres, para que sirvan a Jehová su Dios. ¿Acaso no sabes todavía que Egipto está ya destruido?”, (Éxodo 10:7). Sin embargo, faraón no llega a ningún acuerdo con Moisés y como consecuencia viene la octava plaga, la invasión de las langostas, las cuales consumieron la hierba de la tierra, el fruto de los arboles y todo aquello que el granizo no había destruido, las langostas lo consumieron, provocando una verdadera crisis alimenticia en el país de Egipto. Una vez más, los dioses protectores de las cosechas, Neper y Nepit, no lograron ayudar a los egipcios en esta oportunidad, quedando claro la soberanía y poder de Dios. Ante esto, faraón volvió a clamar a Moisés para que oraran por él, pero una vez la plaga le fue quitada, su corazón volvió a endurecerse: “Entonces Faraón se apresuró a llamar a Moisés y a Aarón, y dijo: He pecado contra Jehová vuestro Dios, y contra vosotros. Mas os ruego ahora que perdonéis mi pecado solamente esta vez, y que oréis a Jehová vuestro Dios que quite de mí al menos esta plaga mortal. Y salió Moisés de delante de Faraón, y oró a Jehová. Entonces Jehová trajo un fortísimo viento occidental, y quitó la langosta y la arrojó en el Mar Rojo; ni una langosta quedó en todo el país de Egipto. Pero Jehová endureció el corazón de Faraón, y éste no dejó ir a los hijos de Israel”, (Éxodo 10:16-20).

La novena plaga: Las tinieblas.

“Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo, para que haya tinieblas sobre la tierra de Egipto, tanto que cualquiera las palpe. Y extendió Moisés su mano hacia el cielo, y hubo densas tinieblas sobre toda la tierra de Egipto, por tres días. Ninguno vio a su prójimo, ni nadie se levantó de su lugar en tres días; mas todos los hijos de Israel tenían luz en sus habitaciones”.

Éxodo 10:21-23

                Después de esto, la novena plaga fue la de las tinieblas. En este caso vendrían sobre Egipto una densa oscuridad que impediría la visión alrededor y duraría 3 días, sin embargo, como las 5 plagas anteriores, esta no toco la tierra de Gosén donde se encontraban los hijos de Israel. La palabra hebrea que se traduce como tinieblas es kjoshék (חשֶׁךְ), y describen una densa oscuridad tenebrosa, así que podemos imaginarnos el terror que los egipcios experimentaron durante estos tres días ya que ninguno de sus dioses fue capaz de salvarlos de esta plaga, ni siquiera Ra, el dios del sol y del origen de la vida pudo evitar que la mano soberana de Dios se moviera. Al final, faraón vuelve a llamar a Moisés, pero no logra ponerse de acuerdo para dejarlos libres y le amenaza de que si lo vuelve a ver moriría, presagiando la siguiente plaga que vendría: “Pero Jehová endureció el corazón de Faraón, y no quiso dejarlos ir. Y le dijo Faraón: Retírate de mí; guárdate que no veas más mi rostro, porque en cualquier día que vieres mi rostro, morirás. Y Moisés respondió: Bien has dicho; no veré más tu rostro”, (Éxodo 10:27-29).

 

La décima plaga: La muerte de los primogénitos.

“Dijo, pues, Moisés: Jehová ha dicho así: A la medianoche yo saldré por en medio de Egipto, y morirá todo primogénito en tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la sierva que está tras el molino, y todo primogénito de las bestias. Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca hubo, ni jamás habrá. Pero contra todos los hijos de Israel, desde el hombre hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua, para que sepáis que Jehová hace diferencia entre los egipcios y los israelitas”.

Éxodo 11.4-7

                Con esta plaga, la décima, la muerte de los primogénitos, Dios daría el último azote sobre los egipcios que los dejaría desbastados. Esta plaga atacaría principalmente a faraón, el cual era considerado como un dios, y esta plaga le arrebataría la vida de su primogénito. En este caso, el Señor les da instrucciones claras a los israelitas para protegerse de la plaga que venia sobre los egipcios: “Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová. Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto”, (Éxodo 12:12-13). Dios es claro al declarar que esta plaga juzgaría tanto a los hombres, como a las bestias, como a los dioses de Egipto. Lo cierto es que esta plaga fue terrible en gran manera, tanto, que al final, faraón dejó en libertad a Israel: “Y aconteció que a la medianoche Jehová hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sentaba sobre su trono hasta el primogénito del cautivo que estaba en la cárcel, y todo primogénito de los animales. Y se levantó aquella noche Faraón, él y todos sus siervos, y todos los egipcios; y hubo un gran clamor en Egipto, porque no había casa donde no hubiese un muerto. E hizo llamar a Moisés y a Aarón de noche, y les dijo: Salid de en medio de mi pueblo vosotros y los hijos de Israel, e id, servid a Jehová, como habéis dicho”, (Éxodo 12:29-31).

 

LA PASCUA

“Y Moisés convocó a todos los ancianos de Israel, y les dijo: Sacad y tomaos corderos por vuestras familias, y sacrificad la pascua”.

Éxodo 12:21

                 

pascua
La pascua



                Después de anunciar la plaga número 10 al final del capítulo 11, el libro de Éxodo hace un paréntesis para anunciar la institución de una de las fiestas más antiguas e importantes de los israelitas, la pascua. La palabra pascua se traduce del hebreo Pésakj (פֶּסַח), y literalmente significa “pasar de largo”, pues hace referencia al hecho de que cuando el destructor pasara y viera la sangre aplicada en los dos postes y en el dintel de las casas, este pasaría de largo: “Porque Jehová pasará hiriendo a los egipcios; y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará Jehová aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir”, (Éxodo 12:23). La palabra hebrea que la RV60 traducen como “heridor” es shakját (שָׁחַת), la cual ha sido traducido por otras versiones de la Biblia como el destructor, ángel de la muerte o el exterminador. La pascua es una fiesta anual, de carácter religioso, que se celebra por los israelitas como conmemoración a su salida de la esclavitud Egipto y donde recuerdan las señales y portentos milagrosos que Dios realizo para liberarlos. Se ha dicho que la pascua es para Israel como lo es el día de la independencia que se celebra en algunos países del mundo. Consideremos los aspectos importantes de esta celebración:


1.       La pascua determino el primer mes en el calendario hebreo: “Este mes os será principio de los meses; para vosotros será éste el primero en los meses del año”, (Éxodo 12:2). Dios estableció que ese mes en el cual serian liberados de su esclavitud sería el primer mes del año de su calendario, este mes fue llamado en su principio Abib (Éxodo 13:4; 23:15; Deuteronomio 16:1). Sin embargo, después del cautiverio babilónico se cambio el nombre a Nisán, el nombre arameo que se le daba (Nehemías 2:1). El calendario hebreo es lunar, a diferencia del calendario gregoriano que hoy usamos y que es solar, por eso, el año de ellos consta de 360 días y no de 365. De hecho, la palabra mes en Éxodo 12:2 se traduce del hebreo kjódesh (חידֶשׁ), significa, “contar desde la luna nueva”.

2.       Durante la pascua se sacrificaría un cordero por familia: “Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia. Mas si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer el cordero, entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán uno según el número de las personas; conforme al comer de cada hombre, haréis la cuenta sobre el cordero”, (Éxodo 12:3-4). A diferencia de las otras fiestas, la pascue es una fiesta para celebrar solo con la familia.

3.       Se tendría que sacrificar un cordero perfecto, macho de un año, siendo esto una figura de Cristo: “El animal será sin defecto, macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras. Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes”, (Éxodo 12:5-6). Este tendría que ser sacrificado en el atardecer, que es el principio del nuevo día para los israelitas.

4.       El cordero fue sacrificado como un sustituto del primogénito de Israel, esto es otra figura de Cristo: “Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer”, (Éxodo 12:7).

5.       Durante la pascua se tendría que comer la carne asada al fuego, panes sin levadura y hierbas amargas: “Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán. Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus entrañas”, (Éxodo 12:8-9).

6.       Los israelitas tendrían que comer vestidos como viajeros apresurados ya que estaban conmemorando su pronta partida de Egipto: “Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová”, (Éxodo 12:11).

7.       La pascua fue instituida como una fiesta anual que los israelitas tenían que celebrar por perpetuidad y a esta se le agrego la fiesta de los panes sin levadura: “Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis. Siete días comeréis panes sin levadura; y así el primer día haréis que no haya levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado desde el primer día hasta el séptimo, será cortado de Israel. El primer día habrá santa convocación, y asimismo en el séptimo día tendréis una santa convocación; ninguna obra se hará en ellos, excepto solamente que preparéis lo que cada cual haya de comer”, (Éxodo 12:14-16).

 


jueves, 1 de abril de 2021

Jesús se les aparece a los discípulos (Juan 20:19-23)

 

“Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros. Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor. Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío. Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos”.

Juan 20:19-23

INTRODUCCIÓN

                 Después que Jesús resucitó, se le apareció a María Magdalena y otras mujeres, estas tuvieron la oportunidad de ser las primeras personas en ver a Jesús resucitado, especialmente María Magdalena, la cual corrió a los discípulos a contarles todo lo que había visto, pero estos lamentablemente no le creyeron: “Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios. Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando. Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron”, (Marcos 16:9-11). Ahora, Jesús se les presentará a sus discípulos, a 10 de ellas, ya que Tomás en ese momento no se encontraba y allí confirmaría las palabras que ya anteriormente les había anunciado cuando les dijo que el Hijo del Hombre seria entregado en manos de pecadores, pero al tercer día resucitaría.

 

Jesús-aparece-discípulos

JESÚS SE LES APARECE A LOS DISCÍPULOS

“Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros. Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor”.

Juan 20:19-20

              El día en el que el Señor se les apareció a los discípulos fue el mismo primer día de la semana, es decir, el domingo, ya en la mañana se les había aparecido a las mujeres, y ahora que el día terminaba se les aparece a los discípulos: Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros. Podemos ver como los discípulos estaban aun temerosos de lo que las autoridades judías les pudiesen hacer ya que estaban con las puertas cerradas y es curioso considerar el hecho de que Jesús se les apareció repentinamente, o sea, no se nos dice que tocó la puerta, sino que simple y sencillamente se les apareció, diciéndoles: Paz a vosotros, esto con el fin de tranquilizarlos. Lucas nos narra este suceso agregando otros elementos importantes: “Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos”, (Lucas 24:36-43). Por los relatos de Juan y Lucas podemos inferir algunas cosas. La primera es que ellos no habían creído el anuncio de la resurrección de Cristo que las mujeres les habían testificado en la mañana. Además, no esperaban que Jesús se les iba a aparecer y por el temor que sentían hacia las autoridades judías, habían decidido refugiarse en una casa con las puertas cerradas. Por Lucas entendemos que cuando Jesús se les apareció, se espantaron y atemorizaron, lo cual nos enseña que aun así les costó asimilar el hecho de la resurrección ya que pensaban que se trataba de un espíritu. Si su actitud fue de temor, ahora podemos entender por qué el Señor les dijo: Paz a vosotros. Podemos imaginarnos el impacto emocional de los discípulos ya que no entendían muy bien lo que estaba pasando, pero Jesús les dice por qué sus corazones se turbaban y venían a ellos toda clase de pensamientos. Para demostrarles que era cuerpo y no solo espíritu Jesús les invita a que toque sus heridas. En Juan vemos que les muestra sus heridas con el fin de que entiendan que realmente es Él: Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. En Lucas vemos que los invita a tocar sus heridas: Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Al ver esto, los discípulos se regocijaron de gozo al volver a ver a su Maestro, pero Lucas dice que aun así estaban con cierta incredulidad al considerar todo lo que estaba pasando, por ello, Lucas dice que para demostrarles una vez más que era un cuerpo de carne y hueso les pidió de algo de que comer: Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos. Con esto, los evangelios demostraban la resurrección de carne y hueso de nuestro Señor Jesucristo, contradiciendo a aquellas doctrinas que niegan su resurrección corporal.

 

LA VERSIÓN DE JUAN DE LA GRAN COMISIÓN

“Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío”.

Juan 20:21

            Una vez más Jesús les declara paz, esto con el fin de confirmar sus corazones en fe y esperanza, les comisiona para ir a hacer la obra para la cual los había preparado: Como me envió el Padre, así también yo os envío. De alguna manera cada uno de los evangelios presenta a su forma la comisión de Jesús a sus discípulos para predicar su palabra. De acuerdo a Mateo, Jesús les da la gran comisión a sus discípulos en un monte: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”, (Mateo 28:19-20). Luego en Marco, se nos presenta esta misma gran comisión con otras palabras: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; más el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán”, (Marcos 16:15-18). Y Lucas, al igual que Juan, presenta una versión parecida a la gran comisión en el momento que Jesús se les apareció por primera vez a los discípulos donde les convide a ser testigos de las cosas que han presenciado: “Y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas”, (Lucas 24:46-48). En Juan les dice que, así como el Padre lo había enviado a Él, ahora Él les estaba enviando, y esta palabra “enviar” es apostélo (ἀποστέλλω), de donde proviene el término apóstol, lo cual no es más que una persona que ha sido enviada por Cristo para dar testimonio del evangelio de Dios. De esta forma, Jesús continuaría su ministerio a través de estos hombres y de su iglesia.

 

RECIBIR EL ESPÍRITU SANTO

“Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo”.

Juan 20:22

          Ahora bien, esta comisión que les da a sus discípulos a dar testimonio de su resurrección no la harían en sus propias fuerzas, ya que de lo contrario esta no perseveraría, sino que seria en el poder del Espíritu Santo y aquí el Señor sopla en ellos el Espíritu Santo: Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. Ahora bien, ¿significa esto que hasta este momento el Espíritu Santo no moraba en sus corazones? Al parecer sí. El Espíritu Santo, según vemos en el Antiguo Testamento solo venia a ciertos hombres y mujeres, como una investidura de poder sobre sus ungidos, pero no vemos evidencia de que habitara en sus corazones, pero ahora era diferente, el Espíritu Santo venia a sus corazones para dar testimonio del poder de Cristo y por ello Jesús sopló para que estos lo recibiesen. Es curioso ver que en el principio Dios sopló aliento de vida en el cuerpo del hombre al momento de crearlo: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente”, (Génesis 2:7). Para que aquel cuerpo hecho del polvo de la tierra fuera un ser viviente, el Señor tuvo que soplar en él aliento de vida, y ahora, para que el ser humano, muerto en sus delitos y pecados, pudiese pasar a vida, Jesús sopla para que reciban al Espíritu Santo. no cabe duda que el respaldo del Espíritu Santo sería indispensable para tener éxito en la tarea que les esperaba: “Entonces respondió y me habló diciendo: Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos”, (Zacarías 4:6). En cuanto a este versículo hay una pequeña controversia respecto a lo que algunos llaman la morada del Espíritu Santo y el bautismo del Espíritu Santo. Para algunos, es en Juan 20:22 donde los discípulos reciben la morada del Espíritu Santo, pero no el bautismo del Espíritu Santo que es una unción o la envestidura del Espíritu Santo que da una capacitación sobrenatural para ser mejores testigos de su gracia. Si revisamos Lucas, vemos que esta envestidura de poder se les daría posteriormente: “Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas. He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto, (Lucas 24:45-49). Esta misma referencia a la envestidura de poder aparece en Hechos: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”, (Hechos 1:8). Y esta promesa se cumple hasta el día de pentecostés: “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen”, (Hechos 2:1-4). Si es esto así y le damos una secuencia a los acontecimientos basado en Juan y Lucas, primero, Jesús soplo la morada del Espíritu Santo, y luego recibieron la envestidura de poder del Espíritu Santo, la cual algunos llaman el bautismo con el Espíritu Santo. sin embargo, algunos no hacen diferencia entre ambas cosas y piensan que la morada y bautismo con el Espíritu Santo es lo mismo. Como sea, lo importante de resaltar aquí es que el creyente necesita el respaldo y autoridad que solo el Espíritu Santo puede darle para vencer las pruebas y tentaciones, para testificar su evangelio y obtener la victoria en todo.

 

¿REMITIR Y RETENER SUS PECADOS?

“A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos”.

Juan 20:23

             Este versículo del evangelio según Juan es algo controversial en cuanto a su interpretación: A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos ¿Qué significan estas palabras? ¿Qué significa que le remitiremos sus pecados? ¿Qué significa que le retendremos sus pecados? ¿Será acaso que el ministro puede perdonar pecados? La palabra griega de donde se traduce “remitir” es afíemi (ἀφίημι), y esta palabra puede traducirse como: perdonar, permitir, quedar, salir, abandonar, consentir, dejar, despedir, entregar, remitir. La palabra “retener” se traduce de la palabra griega kratéo (κρατέω), y se puede traducir como: echar mano, guardar, abrazar, aferrar, asir, detener, prender, retener, tener, tomar. Ahora consideremos cómo otras versiones traducen este versículo. La Biblia al Día lo traduce: “A quienes perdonéis sus pecados, les serán perdonados; a quienes no se los perdonéis, no les serán perdonados”, (Juan 20:23, BAD). La Nueva Versión Internacional de la Biblia lo traduce: “A quienes les perdonen sus pecados, les serán perdonados; a quienes no se los perdonen, no les serán perdonados”, (Juan 20:23, NVI). La Nueva Traducción Viviente de la Biblia dice: “Si ustedes perdonan los pecados de alguien, esos pecados son perdonados; si ustedes no los perdonan, esos pecados no son perdonados”, (Juan 20:23, NTV). La Biblia del Jubileo lo traduce: “A los que soltaréis los pecados, les son sueltos; a los que los retuviereis, serán retenidos”, (Juan 20:23, JBS). En ingles, algunas versiones traducen estas palabras como perdonar, es decir, “forgiven”, así lo vemos en la Common English Bible: “If you forgive anyone’s sins, they are forgiven; if you don’t forgive them, they aren’t forgiven”, (John 20:23, CEB). Y la King James Version la traduce como retener: “Whose soever sins ye remit, they are remitted unto them; and whose soever sins ye retain, they are retained”, (John 20:23, KJV). Ahora, si revisamos versiones de la Biblia en otros idiomas vemos que la traducción de estas palabras anda entre retener y perdonar, siendo la última traducción, perdonar, la que más se usa para traducir, tal y como aparece en las diferentes traducciones españolas. Entonces, ¿qué significa este pasaje?

                Como cristianos y de acuerdo a las Escrituras podemos estar de acuerdo que solo Dios puede perdonar pecados. Los judíos entendían esto perfectamente: “¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?”, (Mateo 2:7). Y la iglesia primitiva entendió muy bien que ningún hombre podía perdonar pecados, solo Jesús: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”, (Hechos 4:12). Por tanto, el pasaje no puede referirse a que Jesús les estaba dando la autoridad a sus apóstoles de perdonar pecados, ya que solamente Él puede hacerlo: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”, (1 Juan 1:9). Entonces, ¿cómo deberíamos interpretar este pasaje? Bueno, algunos comentaristas enseñan que la interpretación más razonable es aquella que afirma que mediante la acción de predicar el mensaje del evangelio, la iglesia podía remitir o retener sus pecados. Si lo vemos así, entonces si la iglesia predica el mensaje de salvación a través de la fe en Cristo y las personas creen, los pecados de estos pueden ser remitidos a Cordero sustituto que murió por nuestras maldades, que es Jesús; pero si la iglesia se niega a realizar esta función, estaría reteniéndoles sus pecados, ya que no tendrían la oportunidad de conocer el camino de la salvación: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!”, (Romanos 10:14-15). Considerando que el método de salvación que Dios utiliza es la predicación de su palabra para que a través de esta las personas escuchen y crean, entonces la iglesia juega un papel muy importante ya que, si no hay predicadores, el evangelio no se escucharía, por ello el Señor llama a sus siervos para esta loable labor.