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sábado, 5 de diciembre de 2015

La Biblia: Los Libros Apócrifos


“mi palabra… será prosperada en aquello para que la envié”.
Isaías 55:11

INTRODUCCIÓN


            Por todo lo que hemos visto podemos decir que no hay libro u obra literaria que iguales la singularidad, continuidad en sus temas y poder de la Biblia. Una evidencia incuestionable de su autoridad divina es el testimonio de miles de vidas que ha cambiado a lo largo de la historia, su mensaje es poderoso, más que cualquier otro que jamás se allá escrito o dicho. Por eso el profeta decía: “Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”, (Isaías 55:10-11). Sin embargo, con el tiempo han surgido otros libros que han querido igualar a los 66 canónicos, queriendo aludir a que estos también son inspirados por Dios y por ende merecen incluirse en la Biblia. Estos libros son conocidos como los Apócrifos, Deuterocanónicos o Pseudoepígrafos.

                El término Apócrifo significa escondido, y es utilizado para designar a los libros que no han sido considerados canónicos por los judíos y los protestantes por tener contener errores o herejías, o simplemente porque su calidad literaria no llega a la altura de los inspirados. Estos últimos hacen referencia a ellos como Deuterocanónicos, que literalmente significan segundos canónicos. En otras ocasiones oímos hablar de libro Pseudoepígrafos, para hacer referencia a aquellos que fueron escritos por otra persona que no es el aparente autor.

apocrifos
Libros Apócrifos

LOS APÓCRIFOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO


                  De acuerdo a la tradición, Jerónimo llego a clasificar alrededor de 14 a 15 libros apócrifos, los cuales surgieron en el periodo Intertestamentario que va del siglo II a.C., al I d.C. Estos fueron escritos en su mayoría en hebreo o arameo, a excepción de Sabiduría, la Oración de Manasés y 2 de Macabeos. La mayor parte de estos fueron incluidos en la versión de la Septuaginta y más tarde en la Vulgata Latina de Jerónimo. Sin embargo, los rabinos que se reunieron en el concilio de Jamnia en el 90 d.C. al momento de ratificar la canonicidad de los libros del Antiguo Testamento no los consideraron dignos de entrar en esta clasificación por las razones siguientes:

1.       Contienen inexactitudes históricas y anacronismos históricos y geográficos.
2.       Enseñan prácticas que están en desacuerdo con la Biblia.
3.       Su calidad literaria es inferior al no guardar una armonía con los escritos inspirados y carecer del poder profético y autoritativo.

Sin embargo, con todo no todos estos libros han sido desechados por completo. Hay algunos que ven en algunos que ven la influencia de estos libros en el Nuevo Testamento, aunque Jesús jamás cito textualmente uno de ellos, pero algunos padres de la iglesia primitiva tuvieron la costumbre de citarlos sin elevarlos a la calidad de inspirados por Dios. El erudito en idiomas bíblicos, Jerónimo, llego a incluirlos en su traducción al latino haciendo referencia en su prólogo que dichos libros podían leerse, pero jamás servirían para establecer doctrina. Durante la reforma Lutero llego a juntar los apócrifos en una sección aparte al final del Antiguo Testamento en su versión alemana de la Biblia y los encabezo con las palabras: “Apócrifos. Libros que no son tenidos por iguales a la Sagrada Escritura, pero cuya lectura es útil y buena”. También Casiodoro de Reina en su Versión del Oso introdujo algunos de estos libros aclarando que no eran inspirados por Dios y estos han sido llamados entre los protestantes como Deuteronomio. Frente a esta actitud, la Iglesia Católica Apostólica y Romana llego a considerarlos canónicos en el Concilio de Trento en el 1546 condenando a todos aquellos que lo negaran. En general, la iglesia evangélica en sus diferentes enunciados y artículos de fe no reconocen la autoridad divina de los libros apócrifos, por no alcanzar las características literarias, por errores en sus escritos y hasta herejías, no obstante, muchos de ellos nos dan una buena descripción histórica de los acontecimientos Intertestamentario que ayuda en gran manera a los estudiosos bíblicos. Veamos algunos de ellos.

Primer Libro de Esdras (3 Esdras en la Vulgata).


                Es una traducción y compilación de 2 Crónicas 35:1-36 donde se relata como Zorobabel obtuvo de Darío, el rey persa, la autorización y fondos necesarios para reanudar la reconstrucción del Templo. Se dice que fue escrito alrededor del 150 a.C.

Segundo Libro de Esdras (4 Esdras en la Vulgata).


                Es un libro apocalíptico que contiene una mezcla de dos secciones de autores diferentes. El primero de ellos es un judío desconocido que escribió en arameo y se piensa que escribió a fines del siglo I y presenta siete visiones que Esdras tuvo en Babilonia. Los capítulos 1, 2, 15 y 16 son adiciones tardías realizadas según se cree por autores cristianos.

Tobías.


                Es un relato muy popular fechado alrededor del siglo II a.C. El Libro de Tobit analiza la presencia de Dios en las relaciones familiares, expresadas en el acompañamiento que el arcángel Rafael hace a Tobías, un joven lleno de fe que va a buscar esposa y finalmente se casa con ella tras sortear enormes dificultades con la ayuda del ángel enviado por Dios. Tobit es un judío de la tribu de Neftalí deportado a Nínive. El anciano, de gran sabiduría, sufre un accidente cuando le caen en los ojos unos excrementos de ave. Los remedios de los diferentes médicos no hacen sino agravar su enfermedad, hasta que acaba por perder totalmente la vista. Por otro lado, Sara, hija de unos parientes lejanos de Tobit, trata de suicidarse a causa de los insultos de su criada, que la acusa de asesina; ello se debe a que la joven, que ha contraído matrimonio siete veces, ha enviudado de todos sus maridos y sigue siendo virgen porque está poseída por un demonio, Asmodeo; este demonio está perdidamente enamorado de Sara y se llena de celos cada vez que ella se casa, por lo que el demonio mata a sus esposos en la noche de bodas antes de que puedan unirse a ella. Sin embargo, Sara se arrepiente de sus planes de suicidio en el último momento y pide ayuda a Dios, que envía al arcángel Rafael. Tras la muerte de los siete maridos de Sara, Tobías, hijo de Tobit, se convierte en el pariente más cercano de la joven, y debe desposarla siguiendo la ley del levirato, por lo que sale de viaje a visitar a sus parientes y tomar por esposa a Sara. Por el camino, se le aparece el arcángel Rafael en forma humana y bajo el nombre de Azarías y los dos se hacen amigos. Azarías le cuenta toda la historia de Sara a Tobías, quien se enamora de ella antes de conocerla por la descripción que le da el arcángel: "Es inteligente, valiente y muy bonita y su padre es honrado" (6:12). Asimismo, le da un remedio tanto para salvar a Sara como para curar a Tobit: Tobías debe pescar un pez y quemar el corazón y el hígado delante de Sara; el humo espantará a Asmodeo, que irá para no volver. Para curar la ceguera de Tobit, deberá conservar la hiel del pez. En casa de sus parientes, Tobías desposa a Sara ante la tristeza de los padres de ella, que creen que el joven morirá igual que los otros maridos; en la noche de bodas, cuando Asmodeo va a atacar a Tobías, él sigue el consejo de Azarías y logra ahuyentar al demonio. A la mañana siguiente, los padres de ella se alegran de verle con vida y les dejan marchar a ellos y a Azarías. De vuelta en casa, Tobías logra curar la ceguera de su padre untándole sobre los ojos la hiel del pez. Cuando se efectúa el milagro, Azarías desvela su verdadera identidad ante todos, que dan gloria a Dios. Comúnmente es aceptado como parte del canon de los escritos bíblicos por las comunidades judías de la Diáspora, por todas las iglesias cristianas ortodoxas, y también por la iglesia católica romana. Ha sido rechazado como parte del canon por los judíos rabínicos y los protestantes.

Judit.


                Libro escrito en hebreo alrededor del 100 a.C. y cuenta la historia de una viuda hebrea, Judit hija de Merari, en plena guerra de Israel contra el ejército babilónico, erróneamente denominado asirio. De bellas facciones, alta educación, enorme piedad, celo religioso y pasión patriótica, Judit descubre que el general invasor, Holofernes, se ha enamorado de ella. Acompañada de su criada, la viuda desciende de su ciudad amurallada y sitiada por el ejército extranjero —Bethulia— y, engañando al militar para hacerle creer que estaba realmente enamorada de él, consigue ingresar a su tienda de campaña. Una vez allí, en lugar de ceder a sus reclamos galantes, lo hace beber hasta emborracharlo. Cuando Holofernes cae dormido, Judit lo decapita y siembra de esta forma la confusión en el ejército de Babilonia y obtiene de este modo la victoria para Israel. El relato está lleno de errores históricos y geográficos.

Adiciones a Ester.


                Entre el siglo I y II a.C., un hombre llamado Lisímaco tradujo el texto hebreo del libro de Ester al griego, pero al hacerlo introdujo pasajes que no se hallan en el original, donde todos a excepción de una mencionan el nombre de Dios (ya que si recordamos, ninguna vez aparece el nombre de Dios en este libro). En la Vulgata estas adiciones se agregaron al final del texto canónico y en la Biblia de Jerusalén se incluyeron diferenciándolas con letra cursiva.

Eclesiástico.


                El Libro de la Sabiduría de Jesús ben Sirac, la tradición latina lo ha llamado Libro del Eclesiástico. No debe confundirse con el Eclesiastés, el cual es otro libro sapiencial del Antiguo Testamento. El original fue escrito en hebreo y la traducción griega se considera obra de un nieto de Ben Sirac unos 60 o 70 años después. Hoy se dispone de copias del texto hebreo manuscritas por los judíos caraítas en el Siglo IX, encontrado en el depósito de una sinagoga en El Cairo. Tal como el mismo nieto de Sirácides señala en el Prólogo, el Libro se dirige a los judíos piadosos, deseosos de regir su propia vida de acuerdo con la Ley, sin olvidar a los paganos que deseen saber qué les espera al asumir al Dios, la fe y las tradiciones propias de los judíos. Sirácides intenta mantener la integridad de la fe religiosa yahvista, y poder contribuir a la depuración y purificación de usos y costumbres, que cada vez se iban tiñendo más de infiltraciones helenísticas. El Sirácida contiene sobre todo máximas éticas, por lo que se asemeja considerablemente a los Proverbios. Se ignora si Sirácides fue el autor original o sólo se trató de un compilador. Aunque el estilo uniforme mostrado por el libro parece indicar lo primero. Trata temas diversos, desde sencillas reglas de cortesía, humanidad y urbanidad, preceptos sobre el culto, superación de pruebas y el temor del Señor, hasta las normas respecto de los deberes para con el estado, la sociedad y el prójimo.

El libro de Baruc.


El libro de Baruc existió primeramente como tres partes separadas e independientes que más tarde fueron reunidas y resultaron en el libro actual. La pieza más antigua (dos poemas, Baruc 3:9-5:9) pertenecen al siglo III a. C. Ya en tiempos de los Macabeos, un último redactor añadió el prólogo y la parte final y atribuyó el todo Baruc amanuense de Jeremías. La Septuaginta muestra separado el capítulo 6 de Baruc, que se llama "Carta de Jeremías" y en las Biblias de ciertas religiones se encuentra como libro separado. La Vulgata, en cambio, la junta con el libro de Baruc y la numera como un capítulo más. La Carta de Jeremías es un discurso apologético contra la idolatría, y desarrolla aún más los conceptos estudiados por Jeremías e Isaías.

La oración de Azarías y el cantico de los 3 jóvenes.


Es una adición al texto canónico de Daniel colocada entre 3:23-24 que se encuentra en la Vulgata y versiones católicas. Se cree que se escribió en hebreo alrededor del siglo II y II a.C. y destaca la oración de Zacarías y el cantico expresado por los tres jóvenes cuando fueron echados al horno de fuego por Nabucodonosor.

Susana.


Es otra adición al libro canónico de Daniel  que aparece al final cuyo autor es desconocido y data aproximadamente del II siglo a.C. Susana, una bella mujer, esposa de Joaquín, un rico e influyente judío en el Exilio Babilónico, es vista y deseada por dos ancianos que habían sido nombrados jueces entre los judíos en el exilio en Babilonia. Los dos viejecillos se ponen de acuerdo para sorprender a solas a Susana y así abusar de ella. Ante la importancia y la "credibilidad" de sus acusadores, Susana es condenada a morir apedreada. Mas, cuando es llevada por la congregación para ser lapidada, el profeta Daniel, que por aquel entonces, es sólo un adolescente, aprendiz de las artes de la consejería, con miras a ejercerla al servicio del rey Nabucodonosor, detiene el cortejo del pueblo que lleva a Susana hacia el sitio de su lapidación, reprende a la gente por estar actuando sin conocimiento pleno de la causa, y pide separar a los dos viejecillos para interrogarlos con inteligencia. Y, tal como sucede en los procesos en los que se implementa dicho procedimiento, los dos falsos testigos incurren en tremenda inconsistencia o contradicción en sus declaraciones cuando el jovencillo les pregunta bajo qué árbol vieron a Susana recostada con su supuesto amante. Uno de ellos dice: "Debajo de un lentisco." Y el otro de ellos dice: "Debajo de una encina." Ante la evidencia del falso testimonio de los jueces, la bella y noble dama es exonerada de todos los cargos que habían sido afincados en su contra, y los dos viejecillos mueren ejecutados en lugar de Susana.

Bel y el Dragón.


Aparece como una adición en el capítulo 14 de Daniel, su autor y fecha son desconocidas y  desarrolla el drama donde el profeta demuestra que Bel, patrono y protector de Babilonia, no es un dios verdadero. Un rey de Babilonia ofrendaba diariamente delante de su estatua enormes cantidades de alimentos, que eran "devorados" por la estatua de Bel. Daniel demuestra al rey que todos los manjares y alimentos ofrendados al dios, eran, en realidad, consumidos por los sacerdotes de dicho ídolo, sus niños y mujeres. En la segunda parte, el profeta destruye un animal al cual los babilonios adoraban en virtud de su aspecto imponente. La voz griega drakón (δρακων), traducido dragón, fue empleada con frecuencia en la Biblia Septuaginta para hacer referencia a todo tipo de seres que se suelen desplazar o propulsar por medio del arrastre, o del deslizamiento de sus cuerpos de esta acepción a dicho término, es de donde se infiere que pudiese tratarse de un enorme reptil.

La oración de Manasés.


Presenta la oración que Manasés realizo confesando sus pecados y pidiendo perdón a Dios. Se escribió en griego ya comenzada la era cristina posiblemente para introducirse en 2 Crónicas 33:12-18.

Primer libro de los Macabeos.


Este libro apócrifo destaca la resistencia de los judíos contra los ataques de Antíoco Epífanes IV de Siria por erradicar la fe judía y helenizarlos, resaltando las hazañas de los hermanos Judas Macabeo, Jonatán y Simón. Es de gran valor histórico. Fue escrito en hebreo por un judío de Palestina alrededor del 100 a.C., aunque en la actualidad no se tiene ninguna copia en este idioma.

Segundo libro de los Macabeos.


Fue escrito por Jasón de Cirene en el idioma griego  y posee un resumen de una obra de cinco tomos donde se trata la historia de los judíos entre el 175 al 160 a.C. fue dirigido a los judíos de Alejandría con el fin de exhortarles a reconstruir el templo de Jerusalén y da por sentado la fe en la resurrección de los justos así como recomienda la oración y el sacrificio de expiación por los muertos.

Libro de Enoc


El libro que hoy se conoce fue editado tal vez en el siglo I de nuestra era, y consta de varias partes escritas entre los siglos III a.C. y I d.C. en el estilo literario apocalíptico. Entre las partes o capítulos que lo dividen tenemos: el Libro del Juicio, donde da una profecía del juicio venidero, el Libro de los Vigilantes o Caída de los ángeles, donde describe como algunos de ellos descendieron del cielo para tener relaciones sexuales con las mujeres, el Libro de las parábolas o El mesías y el reino, cuyo contenido es meramente mesiánico, entre otros.

LOS APÓCRIFOS DEL NUEVO TESTAMENTO


A parte de los escritos del Nuevo Testamento, se escribieron otras obras que hablaban acerca de Jesús y los apóstoles, algunas escritas por los mismos apóstoles, otras no, pero todas estas fueron excluidas del canon bíblico. A parte de los apócrifos del Nuevo Testamento, también se tienen otras obras que no son consideradas como tales, tampoco son inspiradas por Dios, pero que gozaron de gran aceptación entre los cristianos de los primeros siglos y son conocidas como literatura patrística.

Literatura patrística.


Fueron escritos utilizados por los padres de la iglesia primitiva para la enseñanza de los dichos de Jesús y las virtudes cristianas las cuales no alcanzaron el nivel de los canónicos del Nuevo Testamente, pero que gozaron de gran aceptación por muchos años entre la comunidad cristiana. Entre ellos están el Pastor de Hermas, una obra cristiana del siglo II y se compone de cinco visiones de género apocalíptico, doce mandatos y diez parábolas. La Didaché (pronunciada en el latín como Didajé), contiene la enseñanza de los doce apóstoles referente a su vida en comunidad, culto y principios cristianos. Algunos fechan la obra a mediados del siglo I, por lo que sería contemporánea de las epístolas de Pablo y algo anterior a los Evangelios. La Epístola de Bernabé, es un tratado cristiano de 22 capítulos, escrito en griego, con algunas características de epístola, y se divide en dos secciones, la primera es teórica y trata de la interpretación de la Ley, del Antiguo Testamento y de cuestiones dogmáticas mientras que la segunda sección, denominada los Dos Caminos, se refiere a la vida cristina, la ética y la moral. Aparte de eso se tienen los escritos y homilías de Clemente de Roma, Ignacio de Antioquia, discípulos de Pedro,  y Policarpo de Esmirna, el discípulo de Juan el apóstol.

Evangelios Apócrifos.


Entre el siglo II y siglo IV surgieron algunos escritores, la mayoría herejes, que quisieron llenar algunos vacíos de las narraciones bíblicas, surgiendo así varios evangelios que se consideran apócrifos. Entre ellos se encontraba el Evangelio de los hebreos, se conserva en fragmentos citados o resumidos por varios Padres de la Iglesia y consistía en una narración de la vida de Jesús, que incluía su bautismo, la tentación, su transfiguración, su última cena, su crucifixión y su resurrección. El Evangelio de los Egipcios, el cual incluye dialogo entre Cristo y Salome sobre el repudio de la relación sexual. El Evangelio de Tomas, contiene 114 dichos atribuidos a Jesús de Nazaret. Se ha conservado en un papiro manuscrito en copto, descubierto en 1945 en la localidad egipcia de Nag Hammadi. Existen dudas acerca de su fecha de composición. Algunos de los dichos de este evangelio se asemejan a los de los evangelios canónicos de Marcos, Mateo, Lucas y Juan; otros eran desconocidos hasta su descubrimiento. También existen evangelios apócrifos que describen la pasión de Cristo, como el Evangelio de Pedro y el de Nicodemo, exagerando un tanto los milagros, otros como el evangelio de Matías, Judas, Felipe, Bartolomé, etc., así como los que hablan de la infancia de Jesús como el Proto-evangelio (o primer evangelio) de Santiago.

Hechos Apócrifos.


Como una forma de darle continuidad a la vida de los apóstoles, y especialmente darle énfasis a sus últimos días, algunos llegaron a escribir referentes a ellos, donde algunos de ellos brindan una buena referencia histórica, y otros por el contrario son heréticos. Entre ellos están los Hechos de Pedro, de Andrés, de Pablo, de Tomas, etc.

Epístolas Apócrifas.


Durante los siglos II y III las falsificaciones que hacían de cartas supuestamente de Pablo (lo cual se conocen como Epístolas Pseudoepígrafos) se volvieron populares especialmente en Siria y Egipto. Entre estas están Tercera a los Corintios, Epístola a los Laodicenses, y Correspondencia entre Pablo y Séneca.

Apocalipsis Apócrifos.



La literatura apocalíptica, propia de la cultura judía del post exilio se volvió muy popular entre los hombres a tal punto que se escribieron libros que querían asemejarse al Apocalipsis de Juan el apóstol, pero sin el respaldo divino. Entre estos se tiene el Apocalipsis de Pedro, de Pablo, de Juan (no canónico), el de Tomas, de Esteban y María.

¿Hay otro como Jesús? (Lucas 7:18-22)


“Los discípulos de Juan le dieron las nuevas de todas estas cosas. Y llamó Juan a dos de sus discípulos, y los envió a Jesús, para preguntarle: ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro? Cuando, pues, los hombres vinieron a él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado a ti, para preguntarte: ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro? En esa misma hora sanó a muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos, y a muchos ciegos les dio la vista. Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio”.
Lucas 7:18-22

INTRODUCCIÓN


En ocasiones podemos ver revisitas o documentales donde se nos presentan a los grandes líderes políticos, militares o religiosos, y es curioso que algunos incluyan a Jesús entre ellos. Sin embargo, ninguno de estos puede igualar la grandeza de nuestro Señor. En estos versículos queda claro que no hay otro como Jesús.

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¿Hay otro como Jesús?

                               I.            LA INQUIETUD DE JUAN EL BAUTISTA.


“Los discípulos de Juan le dieron las nuevas de todas estas cosas. Y llamó Juan a dos de sus discípulos, y los envió a Jesús, para preguntarle: ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro? Cuando, pues, los hombres vinieron a él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado a ti, para preguntarte: ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?”.

            De acuerdo al pasaje paralelo de Mateo 11, para este momento Juan el Bautista se encontraba encarcelado por órdenes de Herodes tetrarca, y es ahí donde sus discípulos le llevaron las noticias acerca de las obras de Jesús, quien él había anunciado y preparado su camino. Sin embargo, estando en su prisión la duda asalto a Juan y se preguntó si realmente Jesús era el Mesías, el Salvador del mundo, o solo un profeta más y tendrán que esperar por otro.

            Hoy en día vivimos en un mundo plagado de religiones y creencias, cada una con sus diferentes profetas y falsos cristos, donde cada persona puede escoger en que creer de acuerdo a sus principios y conveniencias. Muchos líderes religiosos, políticos y militares se han levantado afirmando traer la cura para una sociedad desesperada, pero, ¿acaso Jesús se puede comparar a ellos? ¿Cómo podemos estar seguros que Jesús es el verdadero Salvador y Señor? Por este motivo, Juan le envio mensajeros a Jesús para preguntarle: ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro? , y a continuación Jesús le da una respuesta muy contundente.

                            II.            LAS OBRAS QUE TESTIFICAN QUE JESÚS ES EL SALVADOR Y DIOS DEL MUNDO.


“En esa misma hora sanó a muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos, y a muchos ciegos les dio la vista. Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio”.

            Es interesante la forma de como Jesús responde a los mensajeros de Juan el Bautista. En lugar de palabras, Jesús realizo una serie de obras que testificaban que verdaderamente Él era el Mesías: En esa misma hora sanó a muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos, y a muchos ciegos les dio la vista.

                         III.            NO HAY OTRO COMO JESÚS.


Al considerar estas obras nos damos cuenta que verdaderamente no puede haber otro como Jesús:

1.      Solo Jesús puede sanar cualquier enfermedad, aun las terminales: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen.
2.      Tiene el poder para sujetar aun a los mismos demonios: En esa misma hora sanó a muchos… de espíritus malos.
3.      Solo Jesús tiene el poder sobre la muerte: los muertos son resucitados.
4.      Sobre todo, el mensaje llega hasta a los pobres: y a los pobres es anunciado el evangelio.

Si consideramos todas sus obras nos daremos cuenta que no hay nadie que iguales sus obras, ningún hombre de esta tierra u organización es capaz de igualarlo. Ni Buda, ni Mahoma, ni Confucio, ni los lamas del Tíbet han podido igualar  la excelencia de las enseñanza y las obras de Jesús, todas sus tumban existen, y afirman ser lugares sagrados, pero Cristo no tiene tumba porque solamente El venció la muerte.

Nadie se ha atrevido a hacer las afirmaciones que el mismo Jesús realizo, por ejemplo Lenin afirmo a la Unión Soviética que el comunismo haría que en ninguna casa faltase el pan, pero jamás se atrevió a decir: “Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás”, (Juan 6:35). Buda enseño acerca de la iluminación, y toda su vida busco la luz hasta el día de su muerte, pero jamás dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”, (Juan 8:12). Los iluminados de la nueva era y el hinduismo enseñan que a través de muchas penitencias y reencarnaciones el ser humano puede alcanzar la perfección y una mejor vida, pero ninguno de ellos a dicho: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”, (Juan 11:25). Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, enseño que la psicología trataría las perturbaciones mentales de los hombres, pero jamás dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”, (Juan 15:27).  Mahoma afirmo ser el descendiente directo de Ismael, hijo de Abraham, pero jamás dijo: “De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy”, (Juan 8:58). Adolfo Hitler les prometió a los alemanes que los conduciría al tercer Reich, a un nuevo milenio, pero jamás dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”, (Juan 14:6).

CONCLUSIÓN.

En general, no hay nadie que se iguales a nuestro Señor Jesucristo, nadie ha recibido tanto títulos de honor y grandeza como nuestro Señor, Él es nuestro Salvador, Señor, el Cristo o Mesías esperado, el Consolador, Rey de reyes y Señor de señores, Príncipe de Paz, Dios eterno, el Verbo divino, el Cordero de Dios, el León de la tribu de Judá, la Cabeza de la iglesia, nuestro Sumo Sacerdote, el Apóstol de apóstoles, entre otros.

La peor tragedia (Apocalipsis 20:15)


“Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego”.
Apocalipsis 20:15

INTRODUCCIÓN


            En Abril del 2014 se publicó en los noticieros de todo el mundo la noticia catalogada como la peor tragedia del Monde Everest al causar no menos de 12 muertes y tres desaparecidos. Así, como esta noticia, muchas otras pueden ser definidas como grandes tragedia, ya sea a nivel mundial, nacional o personal, pero hay una que se puede definir como la peor de todas: ser condenado por toda la eternidad en el infierno. En el libro de Apocalipsis nos describe el trágico final que tendrán todos los impíos, un destino inexorable del cual no se podrá escapar. En la Biblia encontramos las razones por la cueles esto constituye una verdadera tragedia y también nos enseña como escapar de ello.

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El lago de fuego

I.                   LA PEOR TRAGEDIA ES NO ENCONTRARSE INSCRITO EN EL LIBRO DE LA VIDA.



La peor tragedia que puede acontecer en la vida de un ser humano es no encontrarse inscrito en el libro de la vida. El concepto del libro de la vida aparece 6 veces en el Nuevo Testamento, una en Filipenses y 5 en Apocalipsis, y se refiere a aquel libro donde Dios ha escrito los nombres de todos los salvos: “Asimismo te ruego también a ti, compañero fiel, que ayudes a éstas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida”, (Filipenses 4:3). Por tanto, solamente los cristianos estaremos inscritos en este libro, y todo aquel que no lo esté será condenado a una eternidad de terribles tormentos: Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego. Si hay algo que podemos definir como la peor de las tragedias es el no encontrarse inscrito en el libro de la vida y ser arrojado al lago de fuego.

II.                JESÚS ADVIRTIÓ LO TERRIBLE QUE ES LA CONDENACIÓN ETERNA.


Durante su ministerio Jesús enseño la terrible realidad del infierno a tal punto que fue el tema que más toco, y esto fue así porque quería que tuviéramos conciencia de la existencia de este horrible lugar. En la Biblia este lugar se describe como un lugar donde la llama no se apaga: “Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado”, (Marcos 9:43). Como un lugar de densa oscuridad: “Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes”, (Mateo 25:30). Como un horno de fuego: “y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes”, (Mateo 13:42). También lo describe como un lugar de tormentos: “Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno” (Lucas 16:23). Un lugar de fuego y azufre que no da descanso a sus habitantes: “Él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos.  Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre”, (Apocalipsis 14:10, 11). Un lugar lejos de la presencia de Dios: “Los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder” (2 Tesalonicenses 1:9). En conclusión es la peor tragedia que le puede pasar al ser humano.

En Lucas aparece una historia muy descriptiva del tipo de tormentos que se experimentan en este lugar de tinieblas conocida como la historia del rico y Lázaro, donde se nos dice que el rico descendió al Hades, termino griego que literalmente significa lugar de los muertos y cuyo equivalente hebreo es Seol, otros sinónimos para el infierno.

“Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. El entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán.  Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos”.
Lucas 16:23-31

            En estos versículos podemos observar algunos de los tormentos que le esperan a los que terminen en este terrible lugar.

1.      Las necesidades físicas continúan en ese lugar: el hambre, cansancio, sed, entre otras, sin poder satisfacerse: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua.
2.      El dolor físico de las quemaduras se experimentara sin descanso: porque estoy atormentado en esta llama.
3.      Los recuerdos de nuestra vida nos atormentaran: Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado.
4.      La sensación de no poder escapar: Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.
5.      La angustia por los familiares y amigos que aún no han muerto y no son salvos: Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento.
6.      La terrible sensación de fracaso al saber que en vida se pudo obedecer la palabra de Dios y escapar de esta tragedia y no se hizo y ahora es demasiado tarde: Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. El entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán.  Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos.

III.             LA ÚNICA SALIDA PARA ESCAPAR DE ESTA TRAGEDIA ETERNA.


“Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas”.
Juan 3:16-19

La única manera de escapar de esta terrible tragedia es a través de la fe en Jesucristo, si lo negamos no tendremos ninguna oportunidad de escapar de las llamas del infierno. El amar el pecado y rechazar a Jesús nos conducirá directamente a la condenación eterna.

CONCLUSIÓN.



La peor tragedia que le puede pasar a alguien es ser condenado en el infierno por toda la eternidad, la única forma de escapar a este inexorable destino es arrepentirnos de nuestros pecados y creer en la obra salvífica de Cristo.

Nuestra pasión por la obra de Dios (Esdras 9:1-3)


“Acabadas estas cosas, los príncipes vinieron a mí, diciendo: El pueblo de Israel y los sacerdotes y levitas no se han separado de los pueblos de las tierras, de los cananeos, heteos, ferezeos, jebuseos, amonitas, moabitas, egipcios y amorreos, y hacen conforme a sus abominaciones. Porque han tomado de las hijas de ellos para sí y para sus hijos, y el linaje santo ha sido mezclado con los pueblos de las tierras; y la mano de los príncipes y de los gobernadores ha sido la primera en cometer este pecado. Cuando oí esto, rasgué mi vestido y mi manto, y arranqué pelo de mi cabeza y de mi barba, y me senté angustiado en extremo”.
Esdras 9:1-3

INTRODUCCIÓN


Alguien dijo en cierta ocasión que la pasión es el combustible del alma, ya que solo aquellas cosas que nos apasionen  en nuestra vida son por las que peleamos. Todos tenemos diferentes cosas que nos apasionan, pero a cuantos les apasiona verdaderamente la obra de Dios. Hoy vemos a un hombre que verdaderamente le apasiono la misión que Dios le había encomendado, misión que todos deberíamos retomar para transformar a los perdidos al presentarle el mensaje del evangelio.

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Nuestra pasión por la obra de Dios

 I.            EL DESAFÍO PERSONAL DE ESDRAS.


Para esta época Israel estaba regresando a su tierra natal, y entre los que regresaban se encontraba Esdras, pero, quién era Esdras. El capítulo 7 de Esdras lo describe como un descendiente directo de Aarón, el primer sumo sacerdote de Israel, y como un escriba diligente en la ley de Jehová que había consagrado su vida al estudio, cumplimiento y enseñanza de la palabra de Dios. Muchas personas contribuyeron con la reconstrucción de Jerusalén después del cautiverio, figuran entre los más conocidos Zorobabel que se encargó de la reconstrucción del Templo, Nehemías quien reconstruyo los muro y Esdras, quien fue el encargado de restaurar el culto a Dios.

Si uno considera el encargo personal de Esdras puede comprender que representaba un verdadero desafío personal, ya que tenía que ser capaz de reconstruir los muros espirituales que el pecado de Israel había destruido, y esto no era una tarea fácil. Si hay algo que es verdaderamente difícil y requiere una gran lucha es restaurar las almas de los perdidos y establecer su reino en esta tierra, lo cual solo se logra a través de la predicación del evangelio. Los grandes avivamientos han surgido como resultado de la proclamación de la palabra de Dios, lo vemos en los libros de los Reyes y Crónicas donde aquellos reyes que volvieron su corazón a Dios para obedecer su palabra fueron prosperados y este mismo enfoque lo tuvo la iglesia primitiva cuya principal preocupación era la oración y la predicación del evangelio.

II.            LOS OBSTÁCULOS PARA CUMPLIR CON ESTE RETO.


Ahora bien, esta tarea no es fácil ya que demanda primeramente del que la va a predicar una buena preparación para estar capacitado tanto en el área académica como espiritual para tan noble tarea, tal y como Esdras lo hizo: “Porque Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos”, (Esdras 7:10). El predicador de esta palabra debe esforzase por preparar su corazón para estudiar, cumplir y enseñar esta palabra, si un elemento de esta receta falta, la tarea no será muy exitosa.

En segundo lugar este reto es difícil de completar porque las dificultades son grandes y la disposición de las personas para sujetarse a la palabra son pocas.  Lo vemos en este pasaje donde después de hacer todos los preparativos para establecer el culto a Dios entre los judíos, Esdras se enteró de todos los obstáculos que enfrentaba: El pueblo de Israel y los sacerdotes y levitas no se han separado de los pueblos de las tierras, de los cananeos, heteos, ferezeos, jebuseos, amonitas, moabitas, egipcios y amorreos, y hacen conforme a sus abominaciones. Porque han tomado de las hijas de ellos para sí y para sus hijos, y el linaje santo ha sido mezclado con los pueblos de las tierras; y la mano de los príncipes y de los gobernadores ha sido la primera en cometer este pecado.

La situación era muy crítica ya que no solo el pueblo se había corrompido en las costumbres paganas sino hasta los dirigentes y sacerdotes lo cual ponía la misión de Esdras en gran dificultad y hasta cierto punto imposible de cumplir. Muchas veces podemos experimentar situaciones similares, por un lado la indiferencia de la gente y del mismo pueblo de Dios a la obediencia de su palabra. Prácticamente las personas se negaban a someterse a la restauración de su alma a tal punto que habían hechos lasos fuertes con los paganos casándose con sus hijas  y teniendo hijos con ellas.  Por otro lado la sensación de soledad y la indiferencia a  la obra de Dios puede hacer desistir a muchos. A Esdras le dolió mucho el hecho de que Israel estuviera fallando en este sentido a tal punto que rasgo sus vestidos, se arrancó los pelos de la barba y la cabeza y se angustio en extremo: Cuando oí esto, rasgué mi vestido y mi manto, y arranqué pelo de mi cabeza y de mi barba, y me senté angustiado en extremo. Hoy muchos ven la necesidad que se vive en el servicio a Dios pero a muy pocos les interesa verdaderamente, algunos solo sirven medio tiempo u otros son completamente descuidados sin saber el gran sacrilegio que comenten.

III.            LA NECESIDAD DE ANGUSTIAR NUESTRA ALMA POR LA OBRA DE DIOS.


Para todos la obra de Dios debería convertirse en nuestra principal responsabilidad y administrar nuestro tiempo para cumplir con responsabilidad todas nuestras funciones. Muchas veces se necesita de un hombre o una mujer que esté dispuesto a angustiar su alma por Dios. De hecho los grandes avivamiento y ministerios han nacido de en medio de la angustia.

            Si revisamos la Biblia nos podemos dar cuenta de ello, por ejemplo Moisés tuvo que ser formado por 40 años en la dureza del desierto antes de convertirse en el gran profeta que Israel jamás ha tenido. David tuvo que experimentar peligros de muerte, vituperios y hasta vivir como extranjero en tierra enemiga por causa de las persecuciones de Saúl antes de convertirse en el rey de Israel, el hombre conforme al corazón de Dios. Pablo, después de su conversión tuvo que pasar 3 días en ayuno y oración antes de recibir la sanidad de sus ojos  y luego paso 3 años en Arabia antes de convertirse en el apóstol de los gentiles. Nehemías angustio se alma en ayuno y oración antes de hallar el favor del rey quien lo comisiono a reconstruir los muros de Jerusalén. Y en general, antes de una gran bendición y avivamiento siempre existe un bautismo de angustia, el problema es quien está dispuesto a pasar por él.

 IV.            EL LEGADO DE ESDRAS, SU RECOMPENSA POR SU PASIÓN Y PERSEVERANCIA.


A pesar de las dificultades, Esdras no renuncio a lo que Dios le había encomendado. A pesar que desmayo por un momento, pero pronto se volvió a Dios en oración para buscar la ayuda divina: “Y a la hora del sacrificio de la tarde me levanté de mi aflicción, y habiendo rasgado mi vestido y mi manto, me postré de rodillas, y extendí mis manos a Jehová mi Dios”, (Esdras 9:5). Si estamos seguros que es Dios quien nos ha llamado a esa área, cuando vengan las dificultades y parezca que la situación no tiene solución debemos imitar la actitud de Esdras antes de renunciar.

Al final, la oración de Esdras conmovió tanto al pueblo y sus dirigentes que abandonaron a sus mujeres y se volvieron a Dios, y su labor fue tan loable que Israel lo recuerda por sus grandes contribuciones en conservar y predicar la palabra de Dios. De acuerdo a la tradición judía el es el autor de este libro, el salmo 119  y los de Crónicas, también fue el que ordeno el canon hebreo e impulso el oficio de escriba para esta tarea. De igual forma, Dios nos ha llamado a cada uno de nosotros para realizar una misión especial, es nuestra responsabilidad completarla pese a las dificultades.

CONCLUSIÓN.


            Como Esdras hoy enfrentamos el reto de predicar su palabra, y engrandecer el reino de Dios en esta tierra, sin embargo, no siempre es fácil. Nos enfrentamos a serios problemas, oposiciones y la indiferencia de muchos que no se unen a este esfuerza. Pero nosotros debemos  imitar la actitud de Esdras.    Desde siempre Dios ha buscado hombre y mujeres que estén dispuestos a ver más allá de lo que este mundo ofrece, y que estén dispuestos a llevar su mensaje a los perdidos, quiera el Señor que todos seamos estas personas.

“Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé”.
Ezequiel 22:30

“No me importaba donde o como vivía, o cuantas dificultades tenía que soportar, con tal de poder ganar almas para Cristo”
David Brainerd

La Predicación de la Cruz (1 Corintios 1.18-25)


“Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.  Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios. Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres”.
1 Corintios 1.18-25

INTRODUCCIÓN


                 Después de tratar con el problema de la división entre la iglesia de Corinto y los diferentes partidos que se habían creado, en el versículo 17 de este capítulo Pablo dejo claro que la misión que Dios le había encomendado no fue la de hacer seguidores para sí mismo sino la de predicar su evangelio, y en esta sección nos aclara el mensaje central de éste, la Cruz de Cristo. La predicación de la Cruz se refiere al acto vicario de Cristo al morir en el Calvario crucificado por causa de nuestros pecados y resucitado al tercer día, venciendo así la muerte para que todo aquel que cree en Él sea salvo. Este es el mensaje que ha salvado y reconfortado a millones de personas alrededor del mundo a lo largo de la historia de la humanidad; pero al mismo tiempo ha causado un impacto negativo en muchos más por considerarlo una verdadera locura. Se contrasta en estos versículos la sabiduría del mundo con la de Dios, donde lo más insensato de Dios es muchísimo más sabio que lo que dice ser lo más sabio del hombre; además, lo común de la sabiduría del hombre es lo necio, por lo que es incapaz de comprender la grandeza del mensaje del evangelio. Por eso ahora Pablo nos habla de la locura de la predicación de la Cruz.

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La predicación de la Cruz

EL SIGNIFICADO DE LA CRUZ


“Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios”.
1 Corintios 1:18

                 El apóstol Pablo comienza su exposición en esta nueva sección contrastando el significado que la predicación de la Cruz tiene para las personas. Para los que se condenan, el evangelio constituye una verdadera locura, un mensaje que no se adapta a sus principios y sabiduría humana: Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden. No obstante, para todos aquellos que creen este es un mensaje poderoso capaz salvar hasta el peor de los pecadores: pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Aquí Pablo utiliza la palabra griega dúnamis (δύναμις), de donde deriva la palabra española dinamita, para referirse al poder de Dios. Esta palabra griega denota una poderosa potencia eficaz que estremece, y en este sentido, la predicación del evangelio constituye una poderosa fuerza eficaz que transforma hasta el peor de los pecadores y tiene la potencia necesaria para salvar el alma, algo que ni las buenas obras o las religiones del mundo pueden hacer. Esto es así, porque su contenido es la cruz de Cristo, es decir su muerte y resurrección por medio de las cueles se le otorgó a Jesús la autoridad de otorgar el don de la salvación a todo aquel que crea en su mensaje: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego”, (Romanos 1:16).

UN CONTRASTE ENTRE LA SABIDURÍA HUMANA Y LA DIVINA


“Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación”.
1 Corintios 1:19-21

                En estos versículos se denota el contraste entre la sabiduría del hombre y la de Dios. La palabra griega exclusiva para sabiduría es sofía (σοφία) y esta hace referencia a una cualidad de buen juicio desarrollada a partir de la experiencia, la observación y la reflexión.  La Biblia enseña que la sabiduría es mucho más preciosa que los tesoros terrenales: “La sabiduría es mejor que las piedras preciosas”, (Job 28:18), y que esta proviene únicamente de Dios y no del mundo: “Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia”, (Proverbios 2:6). La verdadera sabiduría se fundamenta en el temor del Señor y esta se adquiere a través de conocer y practicar sus mandamientos: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos; su loor permanece para siempre”, (Salmo 111:10). El mundo también alega tener sabiduría; pero esta no se compara con la divina y está solamente al alcance de aquellos que reciben el mensaje del evangelio. Por eso, Dios mismo ha desechado la sabiduría de aquellos hombres que afirman ser los más sabios de esta tierra Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos. Este texto es extraído directamente del profeta Isaías donde el Señor recrimina la confianza que su pueblo tenía en sus sabios en lugar de confiar en Él: “por tanto, he aquí que nuevamente excitaré yo la admiración de este pueblo con un prodigio grande y espantoso; porque perecerá la sabiduría de sus sabios, y se desvanecerá la inteligencia de sus entendidos”, (Isaías 29:14). Definitivamente es Dios el que confunde y avergüenza la supuesta sabiduría del mundo y por ello pregunta: ¿Dónde está el sabio?, es decir el erudito griego de su tiempo. Los griegos se jactaban mucho de su supuesta sabiduría y generalmente siempre se interesaban en escuchar cualquier doctrina o filosofía que se le pudiese presentar, tal y como lo presenta el libro de Hechos cuando Pablo llego a Atenas, la cuna del conocimiento griego: “Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí, en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo”, (Hechos 17:21). De hecho fue delante de lo epicúreos y estoicos, dos corrientes filosóficas del primer siglo que Pablo expuso el evangelio en el Areópago (Hechos 17:17-18). También pregunta, ¿Dónde está el escriba?, es decir, el erudito judío que dedicaba su vida al estudio de las Sagradas Escrituras. Aunque los judíos aseguraban tener el conocimiento de la palabra de Dios fueron incapaces de discernir al Mesías en la persona de Jesús. Finalmente pregunta, ¿Dónde está el disputador de este siglo?, es decir cualquier filósofo griego o judío que alegue tener la sabiduría. Al realizar esta serie de preguntas, posiblemente el apóstol tenía en mente el pasaje de Isaías que dice: “Tu corazón imaginará el espanto, y dirá: ¿Qué es del escriba? ¿Qué del pesador del tributo? ¿Qué del que pone en lista las casas más insignes?”, (Isaías 33:18) donde el Señor avergüenza a la fuerza invasora asiria que pensaba que su escriba y pesador de tributo contarían los escombros y tesoros de Jerusalén en tiempos del rey Ezequías. Así como el Señor se burló de Senaquerib rey de Asiria quien aseguraba que nadie salvaría a Jerusalén de su fuerza invasora, así Dios se burla de los hombres que con su supuesta sabiduría quieren ver de menos el mensaje del evangelio: ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Cuantas veces la supuesta sabiduría del hombre ha querido hacer ver de menos el mensaje de Dios. En la década de los 80’s los precursores de la alta critica afirmaron que la Biblia estaba condenada a desaparecer y que la ciencia se encargaría de negarla; pero lejos de eso, la ciencia la ha confinado muchas veces. Mucha de su supuesta sabiduría es tan absurda que para creer en ella se necesita mucha fe. Por ejemplo, la sabiduría del hombre enseña la teoría del big bang, la cual enseña que el universo es el resultado de una explosión cósmica que termino en lo que hoy conocemos. Creer esto, es creer que un diccionario puede resultar de la explosión de una imprenta. Hoy en día hay muchos científicos que han pasado toda su vida estudiando para alcanzar uno de los títulos más grandes que existen en el mundo académico que es el PhD, pero irónicamente muchos creen que somos el resultado de una mutación extraterrestre que se plantó en esta tierra y un día vendrán por nosotros. Otros enseñan en todas las escuelas la teoría de la selectividad de la especies postuladas por Charles Darwin, la cual enseña entre otras cosas que somos el resultado de la evolución de una especie de primate. Todas estas cosas que el hombre llama sabiduría es ridículo y risible, y por eso Pablo recalca a través de una pregunta cuya respuesta es afirmativa que Dios ha enloquecido la sabiduría de los hombres, sin embargo, le ha placido revelarla a través de su santo evangelio: Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación.

LA PREDICACIÓN DE LA CRUZ, LOCURA, TROPEZADERO O SALVACIÓN


“Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios. Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres”.
1 Corintios 1:22-25

                  En estos versículos Pablo nos explica por qué la predicación del evangelio es difícil de ser recibida tanto por judíos como griegos. Primeramente nos dice que los judíos piden señales para creer. Durante el ministerio de Jesucristo, en una ocasión los líderes religiosos judíos le pidieron señales como prueba de su autoridad mesiánica: “Entonces respondieron algunos de los escribas y de los fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal”, (Mateo 12.38). En otra vez, le pidieron una señal del cielo para tentarle: “Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo”, (Mateo 16:1). Y estando en Jerusalén, le pidieron una señal que respaldaran sus obras: “Y los judíos respondieron y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto?”, (Juan 2:18). Por tanto, los judíos religiosos siempre demandaron señales para creer, aunque paradójicamente Jesús realizo muchas en medio de ellos; pero jamás creyeron porque su corazón era duro. Por otro lado, los griegos buscan sabiduría. Ellos estaban acostumbrados a aprender nuevas filosofías o doctrinas de dioses extraños y si las cosas no estaban en armonía con lo que conocían, difícilmente creían. Sin embargo, independientemente de lo que puedan pedir el mensaje es sencillo: pero nosotros predicamos a Cristo crucificado. La predicación del evangelio gira alrededor de lo que Jesús hizo en la cruz del Calvario, su sacrificio perfecto que puede dar salvación a todo aquel que crea.

                Es curioso ver los efectos que la predicación de la cruz tiene en las personas. Para los judíos el mensaje de la cruz es tropezadero. Los judíos esperaban un Mesías poderoso que los guiara en la lucha por la liberación de la opresión de los romanos, pero en lugar de eso vino un humilde carpintero de Nazaret, una aldea despreciable de Galilea el cual murió en un madero. Ahora bien, para los judíos era una aberración el que les dijeran que su glorioso Mesías había muerto en un madero, ya que la misma palabra de Dios declaraba maldito a todo aquel que tuviese este tipo de muerte: “Si alguno hubiere cometido algún crimen digno de muerte, y lo hiciereis morir, y lo colgareis en un madero, no dejaréis que su cuerpo pase la noche sobre el madero; sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldito por Dios es el colgado; y no contaminarás tu tierra que Jehová tu Dios te da por heredad”, (Deuteronomio 21:22-23). Por tanto, oír que el Mesías había muerto colgado en un madero les era un tropezadero ya que se negaban en creerlo. Por otro lado, la sabiduría filosófica de los griegos consideraba el conocimiento de muchos dioses, y de acuerdo a la concepción de ellos, un dios jamás se rebajaría a morir en una cruz por la humanidad, consideraban una locura el pesar que un dios muriese como esclavo de esta forma. Por tanto, el mensaje de la cruz era tropezadero para los judíos y locura para los griegos, pero para los que creían, era poder y sabiduría de Dios: más para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios. Finalmente, Pablo recalca que lo más insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo más débil de Dios es más fuerte que los hombres: Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. El verdadero poder y sabiduría se encuentra contenido en el mensaje del evangelio, y la base de este es la predicación de la cruz.