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viernes, 31 de marzo de 2017

¿Quién dices tú que es Jesús? (Mateo 16:13-16)


“Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”.
Mateo 16:13-16

INTRODUCCIÓN


            Hoy en día escuchamos muchas opiniones en cuanto a quien es Jesús, y muchos no lo conocen sin saber lo importante que es conocerlo verdaderamente para alcanzar la vida eterna. En estos versículos Jesús les pregunta a sus discípulos quien decía la gente que era El, y vemos que también habían muchas ideas errores en cuanto a su persona, pero luego les pregunta a ellos si realmente lo conocían ya que de eso dependía su vida eterna y es aquí donde encontramos la gran declaración de Pedro en cuanto a la persona de Jesús.

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¿Quién dices tú que es Jesús?

                               I.            LAS OPINIONES ERRÓNEAS ACERCA DE JESÚS.


“Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas”.

Desde el principio de su ministerio la gente ha tendido a tener una opinión errada acerca de Jesús y por ello les pregunto a sus discípulos qué es lo que la gente decía acerca de su persona: Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. Hoy en día muchos han oído hablar acerca de Jesús pero no saben quién es realmente Él. Para unos solo fue un comunista, otros dicen que fue solo un gran profeta creado por Dios, otros lo consideran un charlatán que ha engañado a muchos, otros opinan que fue uno de los grandes iluminados que no murió en la cruz sino se fue a la India a estudiar con los lamas, y así sucesivamente hay muchas opiniones acerca de ellos. Pero, ¿Quién es realmente Jesús?

                            II.            ¿QUIÉN ES REALMENTE JESÚS?


“Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”.

La respuesta a esta pregunta la encontramos en la aseveración de Pedro: ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Dos títulos son los que declaran la identidad de nuestro Señor Jesús, Cristo y el Hijo de Dios.

1.      Jesús es el Cristo.


En primer lugar el hombre necesita saber que Jesús es el Cristo. La palabra Cristo es de origen griego la cual tiene su equivalente en hebreo en la palabra Mesías, y significa Ungido. Este título hace referencia a la obra expiatoria que Jesús haría en la cruz del Calvario para redimirnos de todos nuestros pecados. Por eso cuando Jesús entro a una sinagoga cito una profecía que hablaba acerca de la misión del ungido de Dios: “Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor”, (Lucas 4:16-19). Por tanto, su título de Cristo está relacionado con su obra restauradora en el hombre, y si hay algo por lo cual debemos conocerlo es porque Él es el Salvador del mundo, y el único a través del cual el ser humano puede llegar a ser salvo: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”, (Hechos 4:12).

El conocer a Jesús como el Cristo, es decir, el Salvador del mundo es importante ya que de eso depende nuestra salvación y por eso Pablo nos dice que el que se somete a su señorío y cree en su obra expiatoria es salvo: “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo”, (Romanos 10:9).

2.      Jesús es el Hijo de Dios.


En segundo lugar, debemos conocer a Jesús como Dios. Pedro aquel día exclamo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. El entender que Jesús es Dios es sumamente importante porque cualquiera que niega al Hijo niega al Padre. Algunas religiones del mundo niegan esta verdad espiritual afirmando que solo el Padre es Dios y que Jesús es solo un ser creado, pero lo cierto es que Juan lo desmiente al principio de su evangelio: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”, (Juan 1:1). La salvación depende de estas dos verdades elementales, en que Cristo es nuestro Salvador y que es el único Dios a quien debemos rendirnos, cualquiera que rechaza a Jesús no heredara la vida eterna: “Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero. Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho”, (Juan 12:47-50).

CONCLUSIÓN.


¿Quién es realmente Jesús? Conocer a Jesús realmente es vital para alcanzar vida eterna ya que muchos aunque han escuchado de Él, no lo conocen. Algunos piensan que solo fue un profeta más, otros dicen que es el primer ser creado, otros que fue un comunista, otros que estudio con los Dalai lamas del Tíbet, y así hay otras opiniones más blasfemas que estas. Es importante entender que Jesús es:

1.      El Cristo, porque puede salvarnos a través de su obra expiatoria.
2.      El Hijo de Dios, el único y verdadero Dios e intercesor que existe.



lunes, 20 de marzo de 2017

Debemos Glorificar a Dios con nuestro Cuerpo (1 Corintios 6:12-20)


“Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna. Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo. ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne. Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él. Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; más el que fornica, contra su propio cuerpo peca. ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”.
1 Corintios 6:12-20

INTRODUCCIÓN


               Con estos versículos finalizamos el capítulo 5 de 1 Corintios y en ellos el apóstol Pablo toca el pecado de la fornicación. De alguna manera ya el apóstol hablo en el capítulo 5 del caso del hombre que se estaba acostando con la mujer de su padre, aun allí el énfasis del apóstol estaba más en la tolerancia que los líderes cristianos de Corinto tenían contra tal persona que en enfatizar en lo terrible que es la fornicación, aun por la misma molestia de Pablo uno intuye lo desagradable que este pecado es a los ojos de Dios  a tal punto que les pide que el tal fornicador sea echado de la iglesia para evitar que su conducta pecaminosa contagie a los demás creyentes. En los versículos anteriores de este capítulo 6 también enfatizo que los que practican el pecado no heredaran el reino de Dios, entre los cuales menciona la fornicación y ahora ocupa esta parte de su carta para pedirles a los creyentes que no caigan en este pecado y les explica lo desagradable que es a los ojos de Dios porque comenten un sacrilegio al entregar su cuerpo a una ramera ya que su cuerpo es el templo del Espíritu Santo. Con estos últimos versículos Pablo se estará introduciendo a los problemas que provoca la fornicación que será el tema del capítulo 7 de esta carta.

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Debemos Glorificar a Dios con nuestro Cuerpo

EL BUEN USO DE NUESTRA LIBERTAD EN CRISTO

“Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna”.
1 Corintios 6:12

               En tiempos de los corintios había un dicho posiblemente de origen filosófico que exhortaba a las personas a complacer todos los deseos de su cuerpo y por ello cita: Todas las cosas me son lícitas. El Hedonismo era una forma de pensamiento filosófico que afirmaba que el cuerpo era malo y el alma buena, y que todo lo que se hacía con el cuerpo no importaba porque de todos modos el cuerpo era malo y el alma permanecía siendo buena. En este sentido todas las cosas le eran licitas, siempre y cuando era para satisfacer las necesidades del cuerpo como el sexo, aunque esto implicara acostarse con una ramera. Lo más seguro es que este pensamiento se había introducido en la iglesia de Corinto y bajo una mala percepción de la libertad en Cristo algunos cristianos caían en el pecado de la fornicación bajo este dicho: Todas las cosas me son lícitas. Pablo contradice este dicho con dos respuestas. En primer lugar dice: Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen, es decir, hemos sido llamados a libertad y no libertinaje, libres del pecado por la gracia de Dios y no para seguir bajo la esclavitud del pecado: “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?  En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?”, (Romanos 6:1-2). También dice: todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna, ya que obviamente no todas las cosas son malas, pero su exceso nos puede dañar: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”, (2 Timoteo 1:7). En este sentido debemos comprender que hemos sido llamados a una vida de libertad, libres de la esclavitud del pecado, libres para servir a nuestro Señor y libres para escoger todo lo que nos convenga y beneficie nuestra vida en Cristo.

EL CUERPO ES PARA CRISTO Y NO PARA LA FORNICACIÓN


“Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo. ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne. Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él. Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; más el que fornica, contra su propio cuerpo peca”.
1 Corintios 6:12-18

               Contrario al pensamiento del Hedonismo que decía que solo el espíritu era bueno y el cuerpo malo, Pablo les dice a los corintios que tanto como el alma el cuerpo es bueno porque a ambos Jesús los salvo y los restaurara en su segunda venida. En esta vida hay cosas perecederas como las viandas o la comida las cuales son para el estómago, y el estómago es para la comida por lo que ambos se corresponden entre sí: Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Ambos son perecederos, pero el cuerpo no, por lo que entregarlo a una ramera constituye un verdadero sacrilegio ya que así como los alimentos son para el estómago y viceversa, así el cuerpo es para el Señor y el Señor para el cuerpo: Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder. Este cuerpo le pertenece a Dios a tal punto que un día el Señor lo resucitara con su poder de en medio del polvo por tanto no debe ser deshonrado entregado a una ramera ya que es un miembro de Cristo: ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo. Pablo alude al ejemplo del matrimonio donde Dios hace de dos una sola carne, de tal forma que cuando venimos a Cristo venimos a ser uno con Él y de igual forma cuando alguien se une con una ramera se hace una con ella y es participante de su inmundicia, por lo que el apóstol les dice a los creyentes de Corinto que huyan de este terrible pecado que contamina el cuerpo que Jesús ha salvado y purificado: ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne. Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él. Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; más el que fornica, contra su propio cuerpo peca.

NUESTRO CUERPO ES PARA GLORIFICAR A DIOS


“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”.
1 Corintios 6:19-20


                 Pablo nos dice que debemos huir de este pecado, porque cualquier otro es cometido fuera del cuerpo, pero este en particular contamina el cuerpo que por Dios ha sido santificado y hecho templo y morada del Espíritu Santo: ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Si nuestro cuerpo es el templo de Dios eso significa que el entregarlo a una ramera constituye un terrible sacrilegio equivalente a lo que Israel hizo cuando introdujo ídolos falsos en el Templo de Jerusalén: “Me dijo entonces: Hijo de hombre, ¿no ves lo que éstos hacen, las grandes abominaciones que la casa de Israel hace aquí para alejarme de mi santuario? Pero vuélvete aún, y verás abominaciones mayores”, (Ezequiel 8:6). Si ignoramos las palabras de Dios lo que haremos será ahuyentar al Espíritu Santo, tal y como los judíos hicieron cuando introdujeron ídolos inmundos en su Templo, por el contrario, debemos esforzarnos por glorificar a Dios con nuestro cuerpos ya que no nos pertenecen porque junto con nuestra alma y todo nuestro ser hemos sido comprados por precio de la sangre de nuestro Señor Jesucristo: Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. Nuestro cuerpo, alma y espíritu le pertenecen a Dios y debemos ponerlo a servidumbre para honrar al que dio su vida por nosotros en la cruz del Calvario convirtiéndonos así en siervos de justicia y no esclavos del pecado: “Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia. ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte. Más ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna”, (Romanos 6:20-22).


¿Somos trigo o solo cizaña? (Mateo 13:24-30)

“Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? Él les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero”.
Mateo 13:24-30

Introducción


             A continuación el apóstol Mateo nos presenta la segunda parábola de 7 que se relatan en este capítulo 13. Una vez más nuestro Señor Jesucristo utiliza otro acontecimiento cotidiano de la vida en palestina para enseñar en forma de parábola las verdades de la palabra de Dios. Las siguientes seis parábolas nos hablan acerca de cómo es el Reino de Dios ya que las mismas palabras que Jesús utiliza nos lo sugiere: Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante…, (Mateo 13:24, 31, 33, 44, 45, 47). Además esta parábola es semejante en cuanto a su temática a la parábola de la red, que es la séptima en relatarse por Mateo en este capítulo, ya que ambas nos hablan del juicio venidero y de cómo Dios separara los justos de los injustos. Veamos entonces en esta oportunidad la parábola del trigo y la cizaña.

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¿Somo trigo o solo cizaña?

El Reino de Dios en medio de este Mundo


“Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue”.
Mateo 13:24-25

                     El reino de Dios o reino de los cielos es un concepto que aparece en el Nuevo Testamento, y mayormente en los evangelios sinópticos de Mateo, Lucas y Marcos. Por ejemplo, la palabra reino de Dios aparece 71 veces en el Nuevo Testamento de las cuales 53 se encuentran en los evangelios sinópticos; mientras que la palabra reino de los cielos aparece 33 veces únicamente en el evangelio según Mateo, y no en otra parte de la Biblia. Pero, ¿qué significado tiene el reino de Dios o de los cielos en la Biblia? El reino de Dios o reino de los cielos son términos intercambiables que nos hablan del gobierno absoluto de Dios sobre su reino, lo cual nos indica que tiene un reino, es decir fronteras dentro de las cuales ejerce su soberanía. En el Antiguo Testamento estas palabras no aparecen pero a través de sus títulos Dios se presenta como el gran Rey que tiene su soberanía sobre todo el mundo: “De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan… ¿Quién es este Rey de gloria? Jehová de los ejércitos, él es el Rey de la gloria.”, (Salmo 24:1, 10). Desde y desde el principio de la humanidad el Señor se constituyó como el Rey de toda la creación y estableció al hombre como el encargado de reinar como segundo en este mundo: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”, (Génesis 1:27-28). Lamentablemente todos sabemos que el hombre perdió su derecho de reinar en este mundo por causa del pecado y así Satanás tomo ventaja apoderándose temporalmente del reino terrenal de esta tierra: “Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno”, (1 Juan 5:19). Por eso cuando Jesús fue tentado le ofreció los reinos de esta tierra porque a él se le han entregado temporalmente: “Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos. Respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás”, (Lucas 4:5-8). Sin embargo, este reino de Satanás es limitado únicamente por la voluntad de Dios y un día lo perderá porque en el Antiguo Testamento se anunciaba por los profetas: “Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa de Jehová será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él los pueblos. Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. Y él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra”, (Miqueas 4:1-3). Lo cual es una clara alusión al reino milenial que nuestro Señor Jesús establecerá: “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años”, (Apocalipsis 20:4). Por tanto, un día el reino de Dios se extenderá y tomara control de todo este mundo y Jesús será su Rey, pero mientras tanto, el reino de Dios es mas de carácter espiritual que material, pero se extiende a lo largo de este mundo por medio del anuncio del evangelio que transforma al hombre y lo hace heredero del mismo: “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”, (Mateo 4:17). Solo cuando el hombre es liberado de las cadenas de su pecado puede convertirse en heredero del reino de Dios: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”, (1 Pedro 2:9).

                Ahora bien, en estas seis parábolas encontramos más información acerca de cómo es el reino de Dios y en la parábola del trigo y la cizaña Jesús hace una comparación diciendo que es semejante a un hombre que sembró buena semilla pero luego vino un hombre malo y sembró la cizaña: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. De alguna manera esta parábola del trigo y la cizaña guarda alguna relación con la del sembrador. Si recordamos un poco la parábola del sembrador nos enseña que el reino de Dios avanza en la medida que la palabra de Dios tiene su efecto transformador en los corazones de los hombres, y aquí en esta parábola estamos viendo que el reino de los cielos es consecuencia de la efectividad de esta buena semilla, que es la palabra de Dios: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Sin embargo, se nos dice que un enemigo, que es el diablo, vino y sembró entre esta buena semilla cizaña. Más adelante el mismo Jesús explica el significado de cado uno de los elementos de esta parábola: “Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre. El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo. El enemigo que la sembró es el diablo”, (Mateo 13:37-39). Esto nos enseña algunas cosas importantes. La primera es que por la obra de Cristo muchos hemos venido a ser hijos del reino de Dios: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”, (Juan 1:12-13). La segunda es que estos han sido plantados temporalmente en este mundo como la iglesia del Señor la cual ha sido llamada a testificar del amor de Cristo. Esto significa que es imposible que la iglesia se aislé del mundo pero debe aprender a vivir separada de sus tradiciones y practicas pecaminosas, en completa santidad: “Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.  Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo”, (Juan 17:14-18). Finalmente, podemos aprender también que los hijos del reino viven en medio de los hijos del malo. Estos hijos del malo no son en sí aquellos que públicamente aceptan que son incrédulos, sino son los que encubiertamente se mueven en medio de los verdaderos cristianos y se hacen pasar por hijos de Dios pero realmente son usados por Satanás como piedras de tropiezo.

¿Cómo Reconocer el Trigo de la cizaña?


“Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? Él les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo.”
Mateo 13:26-28

                Los últimos versículos de esta parábola nos enseñan más acerca de cómo la iglesia ha sido sembrada en medio de la cizaña. La cizaña es una de las plagas que los agricultores están tratando de combatir constantemente la cual no se reconoce sino hasta que el tiempo de la siega llega. Por eso los siervos del padre la reconocieron: Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? Era tan grande la cantidad de cizaña que creció en el campo que los siervos del padre se admiraron y se preguntaron de donde había salido esta mala semilla, pero el padre de familia les dijo que esto había sido una obra de un hombre malo: Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Ante esto los siervos le pidieron al padre de familia que los dejase arrancarla pero no se los permitió ya que en este proceso podían arrancar el verdadero trigo junto con la cizaña: Y los 
siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? Él les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. El problema con la cizaña es que difícilmente se reconoce cuando está creciendo junto con el trigo, aparte que tiende a enrollarse alrededor del verdadero trigo de tal forma que si no se tiene cuidado puede arrancarse junto con el trigo. No es hasta que el trigo crece que se puede diferenciar de la cizaña. En primer lugar el trigo produce granos que son utilizados para hacer pan, pero la cizaña es estéril, solo producen un 10% de granos que son de color negro y si se comen tienen un sabor amargo, da náuseas y vómitos, y si se consume en grandes cantidades produce la muerte ya que es venenosa. Por tanto, la forma de reconocer la cizaña es porque después de cierto tiempo no da frutos comestibles y los que da son dañinos a la salud del ser humano. Si nos damos cuenta esta cizaña representa a hombres inicuos que han sido plantados por el diablo con el fin de hacerse pasar por cristianos y la única forma de reconocerlos es después de cierto tiempo que sus malas obras los sacan a la luz. Estas son personas que nunca se sujetan a las autoridades eclesiásticas: “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso”, (Hebreos 13:17). Muchos de estos solo causan daño a la iglesia con sus palabras y acciones: “Alejandro el calderero me ha causado muchos males; el Señor le pague conforme a sus hechos. Guárdate tú también de él, pues en gran manera se ha opuesto a nuestras palabras”, (2 Timoteo 4:14-15). También estos se mezclan entre los verdaderos creyentes con el fin de obtener lucro, crear contradicciones o pleitos entre hermanos de los cuales Judas advierte el terrible fin que les espera: “¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré. Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados; fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza; estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas”, (Judas 11-13). Y en general se reconocen porque no dan frutos, es más sus obras son dañinas para la iglesia ya que han sido plantados por el mismo diablo para ser piedra de tropiezo.

El Destino de la Cizaña


“Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? Él les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero”.
Mateo 13:28-30

                   En estos versículos encontramos el destino que la cizaña tendrá. Cuando los siervos del padre de familia le pidieron que los dejara arrancar la cizaña se los prohibió ya que corría el peligro que arrancaran el trigo junto con la cizaña: Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero. Todo esto significa que la cizaña que es plantada directamente por el diablo se confundirá en medio de la iglesia del Señor por un tiempo, pero se reconocerá el uno del otro con el tiempo a través de los frutos que cada uno dé. Será imposible que los que no han nacido de nuevo den el fruto agradable para el Señor porque no tienen al Espíritu Santo. El mejor momento de retirar la cizaña es cuando el tiempo de la siega llega ya que a través de sus frutos es fácil reconocer la una de la otra: Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero. Según esto el tiempo de la siega corresponde al final de los tiempos cuando Cristo venga en su segunda venida a dar el castigo por sus obras a todos los impíos entre los cuales estarán aquellos que durante toda su vida fingieron ser miembros de una iglesia y solo sirvieron de piedra de tropiezo: “De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga”, (Mateo 13:40-43). Cada uno recibirá su recompensa y por eso debemos asegurarnos de ser verdadero trigo y no cizaña ya que solamente el verdadero trigo heredara la vida eterna.


La Cosecha del Pecado (Jueces 1:4-7)


“Y subió Judá, y Jehová entregó en sus manos al cananeo y al ferezeo; e hirieron de ellos en Bezec a diez mil hombres. Y hallaron a Adoni-bezec en Bezec, y pelearon contra él; y derrotaron al cananeo y al ferezeo. Más Adoni-bezec huyó; y le siguieron y le prendieron, y le cortaron los pulgares de las manos y de los pies. Entonces dijo Adoni-bezec: Setenta reyes, cortados los pulgares de sus manos y de sus pies, recogían las migajas debajo de mi mesa; como yo hice, así me ha pagado Dios. Y le llevaron a Jerusalén, donde murió”.
Jueces 1:4-7

INTRODUCCIÓN


            En estos versículos encontramos un perfecto ejemplo de la ley de la siembra y la cosecha. Para esta época Israel estaba terminando de ubicarse en la tierra de Canaán y se nos relata como Judá subió a pelear contra el cananeo y ferezeo derrotándolos y capturando a su rey llamado Adoni-bezec al cual le cortaron los pulgares de sus manos y de sus pies. Lo interesante de este trato de los de Judá le dieron a este hombre es que anteriormente él había hecho exactamente lo mismo con otros reyes por lo que su mal se le devolvió como un bumerán: Entonces dijo Adoni-bezec: Setenta reyes, cortados los pulgares de sus manos y de sus pies, recogían las migajas debajo de mi mesa; como yo hice, así me ha pagado Dios. Y le llevaron a Jerusalén, donde murió. Esto nos muestra que este hombre recibió la cosecha de su pecado ya que así como hizo el mal a otros, este mismo mal se revirtió y lo alcanzo para su ruina.

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La Cosecha del Pecado

                               I.            LA LEY DE LA SIEMBRA Y LA COSECHA.


La Biblia nos advierte que nadie se confié pensando que podrá evadir las consecuencias del pecado. Así como en la naturaleza existen leyes que rigen el crecimiento de todo lo que se siembra, así en el campo espiritual se dan las mismas leyes las cuales no debemos ignorar. Veamos las principales leyes de la siembra y cosecha.

1.      Lo que se siembra, eso exactamente se cosecha.


“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna”.
Gálatas 6:7-8

Si se siembran frijoles, el agricultor va esperar cosecha frijoles, y no maíz. Así funciona también en lo espiritual. Por eso Pablo les advierte a los gálatas que nadie debe engañarse pensando que podrá escapar de su pecado, ya que lo que siembra cosechara. Si siembra para el pecado del pecado cosechara su ruina y condenación eterna, pero si siembra para Dios y su justicia, cosechara para la vida eterna.

2.      El tiempo de la cosecha lleva su tiempo.


“Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y cuando amanecía, el mar se volvió en toda su fuerza, y los egipcios al huir se encontraban con el mar; y Jehová derribó a los egipcios en medio del mar. Y volvieron las aguas, y cubrieron los carros y la caballería, y todo el ejército de Faraón que había entrado tras ellos en el mar; no quedó de ellos ni uno”.
Éxodo 14:27-28

            La segunda ley de la siembra y la cosecha que debemos considerar es que el tiempo de la cosecha lleva su tiempo. Cuando el agricultor arroja la semilla esta no produce su fruto al instante, sino lleva su tiempo. Primero se siembra, luego se abona y cuida, posteriormente comienza a crecer un pequeño brote que crece en una pequeña planta hasta extenderse a su tamaño ordinario y producir su fruto. En todo este proceso pasan varias semanas.  Lo mismo es el campo espiritual. Uno de los mejores ejemplos que tenemos en la Biblia son los egipcios que tenían esclavizados a Israel. Durante mucho tiempo los egipcios trataron de disminuir el crecimiento de los israelitas por lo que decretaron que todos sus bebes fueran arrojados al rio Nilo y muriesen ahogado, y así paso: “Entonces Faraón mandó a todo su pueblo, diciendo: Echad al río a todo hijo que nazca, y a toda hija preservad la vida”, (Éxodo 1:22). Sin embargo, años mas tarde cuando Dios libero a Israel de la esclavitud, el Señor les devolvió a los egipcios la misma maldad que habían cometido y así cuando intentaron cruzar el mar Rojo perecieron todos ahogados: Y volvieron las aguas, y cubrieron los carros y la caballería, y todo el ejército de Faraón que había entrado tras ellos en el mar; no quedó de ellos ni uno. Si nos damos cuenta cuando esto ocurrió ya habían pasado más de 80 años desde que Egipto había hecho el mal e incluso para esta época había un nuevo faraón, pero habían sembrado en maldad para con el pueblo de Israel y por eso años mas tarde ese mismo mal los alcanzo y cosecharon el mismo mal que habían cometido. Así como ellos mataron ahogado a los hijos de Israel, así los egipcios murieron ahogados. Así podemos encontrar otros ejemplos donde vemos como algunos hombres vivieron en pecado pero no recibieron el pago de sus malas acciones sino algún tiempo después tal y como Ofni y Finees que pecaban en el sacerdocio contra Dios, o el rey Acab quien se vendió para hacer lo malo, o incluso Judas que paso muchos tiempo robando de la bolsa de los discípulos y al final recibió la paga por su codicia. Por tanto, no debemos creer que por el simple hecho de no recibir de inmediato la paga de nuestros pecados, no pagaremos por ellos en el futuro. Obviamente lo mismo ocurre cuando se cosecha para la justicia ya que aunque no veamos rápidamente la recompensa por nuestras buenas obras en el futuro Dios nos recompensara.

3.      Se cosecha en mayor proporción de lo que se siembra.


“Entonces Jacob rasgó sus vestidos, y puso cilicio sobre sus lomos, y guardó luto por su hijo muchos días. Y se levantaron todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo; mas él no quiso recibir consuelo, y dijo: Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol. Y lo lloró su padre”.
Génesis 37:34-35

 Esta historia nos ejemplifica muy bien la tercera ley de la siembra y la cosecha. Es increíble como una semilla sembrada puede producir muchos frutos, y lo mismo ocurre en lo espiritual. La vida de Jacob es un buen ejemplo de esto. Cuando estaba joven engañó a su padre Isaac con tal de obtener la bendición de la primogenitura, sin saber que ese pecado del engaño traería a su vida una cosecha terrible. Jacob engañó una vez a su padre, pero como consecuencia ese pecado se le devolvió multiplicado ya que durante sus 20 años de trabajo con su suegro Labán sufrió el engaño en repetidas ocasiones, ya que primero no le dio la mujer que él amaba, sino su hermana por la cual había trabajado 7 años, luego lo engañó para que trabajara otros 7 años por la que si quería y así se quedara con las dos hermanas, además lo engañó cambiándoles el salario 10 veces: “Estos veinte años he estado contigo; tus ovejas y tus cabras nunca abortaron, ni yo comí carnero de tus ovejas. Nunca te traje lo arrebatado por las fieras: yo pagaba el daño; lo hurtado así de día como de noche, a mí me lo cobrabas. De día me consumía el calor, y de noche la helada, y el sueño huía de mis ojos. Así he estado veinte años en tu casa; catorce años te serví por tus dos hijas, y seis años por tu ganado, y has cambiado mi salario diez veces. Si el Dios de mi padre,  Dios de Abraham y temor de Isaac, no estuviera conmigo, de cierto me enviarías ahora con las manos vacías; pero Dios vio mi aflicción y el trabajo de mis manos, y te reprendió anoche”,   (Génesis 31:38-42), y finalmente sufre el engaño más doloroso de parte de sus propios hijos cuando estos le dijeron que su hijo José había muerto despedazado por alguna fiera del desierto. Su engaño se multiplico y sufrió las terribles consecuencias del pecado. Este es un ejemplo de como la maldad que sembramos se puede multiplicar en contra de nosotros.

                            II.            UNA ADVERTENCIA A VER QUE ESTAMOS SEMBRANDO.


“Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja. Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán”.
Mateo 25:51-52

Estas palabras de Jesús nos pueden ayudar a reflexionar acerca de lo que realmente estamos cosechando. Cuando los judíos llegaron a arrestar a Jesús para llevarlo al sumo sacerdote, uno de sus discípulos saco una espada y le cortó la oreja a uno de los captores, pero allí Jesús lo reprendió diciéndole: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. Jesús no quería que sus discípulos cometieran actos que les traerían en el futuro consecuencias terribles ya que todo el mal que sembramos, ese mismo cosecharemos. El que mata a espada a espada morirá, el que engaña, será engañado, el que siembra terror, discordia y pleitos, eso también cosechara, y así sucesivamente. Lo importante es que revisemos que es lo que estamos sembrando, porque si es malo solo sembraremos para nuestra propia condenación eterna, pero si sembramos en justicia y fe, cosecharemos la vida eterna.

CONCLUSIÓN.


Por esto mismo es importante sembrar en justicia y el primer paso es creer en Jesús y renunciar a nuestros pecados porque solo así cosecharemos para vida eterna y escaparemos del infierno.


lunes, 13 de marzo de 2017

Razones por las cuales muchos se condenan (Hebreos 3:7-11)


“Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, donde me tentaron vuestros padres; me probaron, y vieron mis obras cuarenta años. A causa de lo cual me disgusté contra esa generación, y dije: Siempre andan vagando en su corazón, y no han conocido mis caminos. Por tanto, juré en mi ira: no entrarán en mi reposo”.
Hebreos 3:7-11

INTRODUCCIÓN


La historia de Israel en el desierto nos brinda muchas enseñanzas espirituales ya que podemos encontrar en ella un tipo de nuestra peregrinación en este mundo. Así como Dios libero a Israel de la esclavitud en Egipto y los condujo a la tierra prometida, también nuestro Señor nos salva de la esclavitud del pecado y la condenación eterna a través de Cristo y nos conduce a la vida eterna. Sin embargo, como en aquel entonces muchos no entraron a la tierra prometida, así hoy muchos más no entraran a la vida eterna ya que comenten los mismos errores de estos israelitas. Veamos al menos tres razones por las cuales ellos no entraron a la tierra prometida las cuales son las misma por las cuales la gente de nuestro tiempo se condenan.

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Israel y sus 40 años en el desierto

                               I.            POR SU DUREZA DE CORAZÓN E INCREDULIDAD.


“Dijo más Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz. Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; y de ti yo haré una nación grande”.
Éxodo 32:9-10

La primera razón por la cual el hombre se condena es por la dureza de su corazón. Una de las razones por las cuales los israelitas de los tiempos del Éxodo no entraron en la tierra prometida fue porque eran de dura cerviz y por eso en algunas ocasiones estuvieron a punto de ser destruidos por la ira de Dios: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz. Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma. A pesar de que habían visto con sus propios ojos las maravillas del Señor al ser liberados del yugo en Egipto, sus corazones duros seguían incrédulos en cada problema que se les aparecía en el desierto.  Se quejaban de no encontrar agua, del alimento, y en general de haber dejado la supuesta seguridad de Egipto. Preferían murmurar en contra de Moisés que ser humildes y depositar toda su confianza en Dios. Si hay algo que Dios no tolera es al altivo de corazón, al soberbio que no desea aceptar su error en el pecado y humillarse delante de Dios: “Abominación es a Jehová todo altivo de corazón; ciertamente no quedará impune”, (Proverbios 16:5). Muchas personas hoy rechazan el evangelio ya que se creen superiores, dicen no necesitar nada pero ignoran que la dureza de su corazón los llevara a la condenación eterna: “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios”, (Romanos 2:4-5).

                            II.            PORQUE NO VALORAN LOS DONES DE DIOS.


“Y la gente extranjera que se mezcló con ellos tuvo un vivo deseo, y los hijos de Israel también volvieron a llorar y dijeron: ¡Quién nos diera a comer carne! Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos”.
Números 11:4-6

La segunda razón por la cual las personas se condenan es porque no saben valorar los dones de Dios. A Israel le paso esto durante su estadía en el desierto a tal punto que llegaron a decir que la comida de Egipto era mucho mejor que la provisión de maná que Dios les daba a diario. Cuantas personas han llegado a despreciar los dones de Dios por las cosas de este mundo. Muchos desprecian el mensaje del evangelio y a Cristo mismo porque creen que lo que el mundo les ofrece tiene más valor. Algunos creen que el evangelio es una religión anticuada sin saber que es más que eso, es una vida con propósito que nos ofrece la vida eterna a través de Jesús. Los israelitas de este tiempo no valoraban lo que el Señor hacía por ellos y por ello Dios los castigo no haciéndolos entrar en la tierra prometida, así todos aquellos que amen más el mundo no tendrán entrada en la vida eterna porque despreciaron el sacrificio de Cristo: “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”, (Santiago 4:4).

                         III.            PORQUE TIENEN MIEDO DE CONVERTIRSE A DIOS.


“Más los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura. También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos”.
Números 13:31-33

La tercera razón que presentamos aquí por la cual las personas se condenan es porque tienen miedo de intentar convertirse a Dios y luego fracasar. A Israel le paso esto. Cuando estaban a punto de entrar a la tierra prometida sus corazones se llenaron de temor porque vieron los gigantes que vivían en la tierra que tenían que conquistar y pensaron que no los iban a poder vencer por lo que comenzaron una vez más a murmurar a tal punto que volvieron a enojar al Señor. Si bien es cierto, la tierra estaba habitada por otras naciones expertas en la guerra, se les olvido que Dios es poderoso y les podía dar la victoria. Así hoy muchas personas dice “mejor no me convierto porque no quiero fallarle a Dios”, o “tengo miedo de convertirme porque el evangelio es muy difícil, mejor seguiré esperando”. El problema con esto es que por sus aparente temores un día morirán en sus pecados e irán a la condenación eterna. Por esta razón el autor de la carta a los Hebreos exhorta a sus lectores a ser diligente en buscar la salvación porque Dios no perdonara a aquellos que por miedo a las pruebas de la vida cristiana no se convirtieron: “Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron”, (Hebreos 2:1-3).

Por eso Jesús dijo en cierta ocasión que desde tiempos de Juan el bautista el evangelio sufre violencia y solo los violentos se aferran al reino de Dios: “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan”, (Mateo 11:12). En este caso se ha sugerido una mejor traducción para la palabra violentos es ser esforzado y valiente. Sabemos que la vida cristiana no es fácil, pero con la ayuda de Dios podemos vencer ya que nos dará la victoria en todas nuestras batallas si permanecemos fieles a Él, pero para eso se necesita valentía y perseverancia. Pero si nos acobardamos y decidimos que los más fácil es seguir en el pecado, este camino nos conducirá a la condenación eterna: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”, (Mateo 7:13-14).

CONCLUSIÓN.


Los israelitas del tiempo de Moisés no lograron entrar a la tierra prometida sino fueron castigados vagando 40 años en el desierto hasta que todos perecieron. De igual forma hoy muchos cometen los mismos errores de estos israelitas al no aprovechar la oportunidad de vida eterna que Cristo les ofrece debido a:

1.      La dureza de su corazón.
2.      El no saber valorar los dones de Dios.
3.      Por el miedo a las pruebas de la vida cristiana.

Por tanto, no cometamos estos errores, humillémonos delante de Dios, aceptemos la provisión que se nos ofrece para ser salvos a través de Cristo y seamos valientes y esforzados en nuestra vida cristiana.