domingo, 31 de marzo de 2019

¿Quienes heredaran el reino de los cielos? (Mateo 5:3)



“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”.
Mateo 5:3

INTRODUCCIÓN


Unos de los discursos más maravillosos que nuestro Señor Jesucristo dirigió a las multitudes lo encontramos en el evangelio según Mateo y este comienza con las bienaventuranzas las cuales nos ensenan mucho acerca del carácter que debe reflejar aquella persona que heredaran el reino de los cielos. Jesús dijo que los pobres en espíritu serian aquellos que heredarían el reino de los cielos y a estos llamo bienaventurados, pero ¿qué es un pobre en espíritu? Veamos en esta ocasión el significado de esta palabra.

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¿Quienes heredaran el reino de los cielos? 

 

                        I.         JESÚS DIJO QUE DE LOS POBRES EN ESPÍRITU ES EL REINO DE LOS CIELOS.


En esta vida hay muchos sufrimientos que proviene de un mundo injusto y pecaminoso, pero en medio de él, nuestro Señor Jesucristo dijo: Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. La palabra bienaventurado significa doblemente feliz, y cuan grande es el gozo de saber que lejos de este mundo existe un lugar totalmente diferente, donde no hay sufrimiento ni injusticias, donde se vive en completa paz y regocijos delante de la presencia de Dios. Dios nos ha prometido un reino celestial donde descansaremos de todas nuestras enfermedades e injusticias, el reino de los cielos, pero ¿quiénes lo heredaran? Jesús lo dice: los pobres en espíritu.

                      II.         ¿QUIÉNES SON LOS POBRES EN ESPÍRITU?


Si queremos heredar la vida eterna debemos convertirnos en pobres en espíritu, pero ¿qué es un pobre en espíritu? Si consideramos el significado etimológico de la palabra griega de donde se traduce pobre, ser pobre se refiere a una persona totalmente desposeída, que no cuenta con los recursos necesarios para llevar una vida digna, se trata de un verdadero indigente. Por tanto, un pobre en espíritu es una persona que se encuentra en banca rota espiritual, es decir, una persona que reconoce su gran necesidad e incapacidad de salvarse así mismo. El primer paso para heredar el reino de los cielos es reconocer nuestra baca rota espiritual la cual es producto de nuestros pecados y que por esa causa estamos lejos de Dios. Mientras las personas no reconozcan eso jamás alcanzaran la vida eterna, por ello Jesús dijo, bienaventurados los pobres en espíritu. Una persona que es pobre en espíritu se reconoce por algunas características que queremos mencionar:

1.     Una persona pobre en espíritu es alguien que se hace como a un niño: “En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que, si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos. Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe”, (Mateo 18:1-5). Ser como niño significa convertirse en una persona humilde, que no busca gloria para si mismo, sino que cree sin mayores prejuicios.
2.     Una persona pobre en espíritu es alguien que renuncia a sus pecados y prejuicios y recibe con mansedumbre la palabra de Dios: “Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas”, (Santiago 1:21).
3.     Una persona pobre en espíritu es alguien que procede al arrepentimiento de sus pecados: “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”, (Mateo 4:17). Mientras las personas no procedan al arrepintiendo jamás podrán heredar el reino de Dios, tienen que reconocer su maldad y apartarse de ella.
4.     Finalmente, una persona pobre en espíritu es alguien que reconoce que no puede salvarse a si mismo y necesita a Jesús para ser salvo: “ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe”, (Filipenses 3:9).

                    III.         SIN ARREPENTIMIENTO JAMÁS VEREMOS EL REINO DE LOS CIELOS.



“Porque tú salvas al pueblo afligido, más tus ojos están sobre los altivos para abatirlos”.
2 Samuel 22:28

            Lo contrario a un pobre en espíritu es un altivo y debemos entender que un altivo es una persona que se cree autosuficiente, piensa que no necesita a nadie para vivir, cree que el poder de su vida proviene de su interior, o que sus buenas obras o religión lo salvaran, pero esto no es así, Dios aborrece a los altivos de corazón y a estos abate.

         CONCLUSIÓN.


            Para poder heredar el reino de los cielos debemos reconocer nuestra banca rota espiritual, es decir, que por causa de nuestros pecados estamos totalmente alejados de Dios y somos unos mendigos espirituales. Por eso Jesús decía: Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Pero que es un pobre en espíritu:

1.     Una persona pobre en espíritu es alguien que se hace como a un niño.
2.     Una persona pobre en espíritu es alguien que renuncia a sus pecados y prejuicios y recibe con mansedumbre la palabra de Dios.
3.     Una persona pobre en espíritu es alguien que procede al arrepentimiento de sus pecados.
4.     Finalmente, una persona pobre en espíritu es alguien que reconoce que no puede salvarse a sí mismo y necesita a Jesús para ser salvo.


miércoles, 27 de marzo de 2019

La Increíble Paradoja (Juan 12:23-26)



“Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará”.
Juan 12:23-26

INTRODUCCIÓN


               Ya casi en sus últimos días de su muerte, en su última semana, encontramos otra de las grandes enseñanzas referente al reino de Dios, y en esta ocasión el Señor la presenta en forma de una paradoja. Una paradoja es un dicho que parece contrario a la lógica, y aquí hay una paradoja increíble: morir para poder vivir, eso es ilógico al pensamiento racional humano, más no para Dios. Si recordamos los versículos anteriores, habíamos visto como unos griegos habían llegado buscando a Jesús y fue Andrés el cual los llevo a Él, y posiblemente estos griegos junto con sus discípulos y todos los judíos que estaban allí tuvieron la oportunidad de escuchar esta gran enseñanza que ahora nosotros examinaremos.

paradoja
La Increíble Paradoja

SU MOMENTO DE GLORIA SE ACERCA CADA VEZ MÁS



“Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado”.
Juan 12:23

               El momento de Jesús cada día estaba más cerca, y de hecho ya nos encontramos en la última semana de vida de nuestro Señor Jesucristo y por ello dijo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. Solo podemos imaginar los sentimiento de Jesús al saber que ya el día de su muerte estaba muy cercano, Él sabía desde que inició su ministerio, y aun desde antes, que para morir por todos nuestros pecados había venido a esta tierra, pero ahora el saber esa verdad era diferente porque para este momento no faltaban años para su muerte, sino menos de una semana. Ahora bien, Jesús está anunciando que pronta estaba la hora en la que el Hijo del Hombre seria glorificado, y esta expresión: “Hijo del Hombre” era muy conocida por los judíos ya estaba relacionada con la persona del Mesías. Los judíos relacionaban el término “el Hijo del Hombre” con el establecimiento del reino del Mesías sobre esta tierra. Allá e el libro de Daniel se relata la visión de las cuatro bestias, las cuales son la representación del surgimientos de 4 gobiernos humanos, el babilónico, el Medo-Persa, el griego y el romano: “Y cuatro bestias grandes, diferentes la una de la otra, subían del mar. La primera era como león, y tenía alas de águila. Yo estaba mirando hasta que sus alas fueron arrancadas, y fue levantada del suelo y se puso enhiesta sobre los pies a manera de hombre, y le fue dado corazón de hombre. Y he aquí otra segunda bestia, semejante a un oso, la cual se alzaba de un costado más que del otro, y tenía en su boca tres costillas entre los dientes; y le fue dicho así: Levántate, devora mucha carne. Después de esto miré, y he aquí otra, semejante a un leopardo, con cuatro alas de ave en sus espaldas; tenía también esta bestia cuatro cabezas; y le fue dado dominio. Después de esto miraba yo en las visiones de la noche, y he aquí la cuarta bestia, espantosa y terrible y en gran manera fuerte, la cual tenía unos dientes grandes de hierro; devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies, y era muy diferente de todas las bestias que vi antes de ella, y tenía diez cuernos”, (Daniel 7:3-7). Estos eran vistos como bestias, porque realmente gobernaron como verdaderas bestias, sin compasión y humanidad; pero los judíos sabían que se levantaría un reino el cual el Mesías establecería por voluntad de Dios y este sería un gobierno justo y humano: “Habían también quitado a las otras bestias su dominio, pero les había sido prolongada la vida hasta cierto tiempo. Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido”, (Daniel 7:12-14). Por tanto, la figura del Hijo del Hombre que aparece en estos versículos era visto como una profecía de la venida del Mesías el cual establecería su reino justo y santo y ellos lo esperaban. Ahora bien, Jesús nos dice que la hora en la que el Hijo del Hombre seria glorificado se acercaba, pero su gloria no estaba en establecer su reino sobre esta tierra, porque aún faltaba mucho para eso, más bien su gloria estaba en morir en la cruz del Calvario.

UNA INCREÍBLE PARADOJA


“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará”.
Juan 12:24-25

              Ciertamente en el reino de Dios hay algunas paradojas, es decir, hay algunas cosas que van en contra de la razón humana. Allá en el sermón del monte nuestro Señor pronuncio algunas de estas: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”, (Mateo 5:3). ¿Cómo pueden ser felicísimos los pobres si la pobreza es vista como algo malo en este mundo? Pablo decía que Dios se ha placido en elegir a los débiles, necios y menospreciados de este mundo: “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia”, (1 Corintios 1:26-29). ¿Cómo puede Dios elegir a los necios, débiles y menospreciados de este mundo cuando el hombre tiende a escoger a los más fuertes, sabios y prestigiosos de ellos? Jesús decía que se acercaba el día de su glorificación, pero se refería a la muerte, pero, ¿cómo la muerte sangrienta y violenta que le esperaba podía verse como una gloria? Bueno pues, lo cierto es que así es el reino de los cielos, y gracias a Dios que sea así, un lugar donde los más débiles y humildes pueden alcanzar grandes promesas. Ahora aquí tenemos lo que algunos han llamado una de las más increíbles paradojas: De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Si el grano de trigo no se cae de la verde rama que lo mantiene vivo jamás dará fruto, tiene que morir, caer en tierra y enterrarse para que después de su muerte pueda producir vida nuevamente. Si no muere el grano no da paso a nueva vida. Jesús conocía este principio espiritual, Él sabía que antes de ver la gloria tenía que morir en la cruz del Calvario, tenía que enfrentar la noche de tinieblas que le esperaba, sufrir a manos de sus enemigos, ser torturado de manera cruel para finalmente ser crucificado. Su cuerpo débil y lacerado colgaba de un madero y alguien podía preguntarse, ¿qué gloria hay en eso? Lo cierto es que el camino hacia la gloria pasaba por la cruz, ya que es cierto que Jesús murió en la cruz y fue sepultado, pero al tercer día resucito, totalmente glorificado y como vencedor, y en esto consiste su verdadera gloria. Por medio de su muerte conquisto a sus enemigos y recibió del Padre toda gloria y potestad, y no solo eso sino conquisto el imperio de la muerte de tal manera que ahora tenemos en Él la esperanza de la vida eterna. Ahora bien, este mismo principio aplica para nosotros, debemos morir a nuestras pasiones y deseos egoístas, debemos morir a nosotros mismos y renunciar al mundo para poder vivir: El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Muchas personas hoy en día no aceptan el evangelio porque no quieren perder aquellas cosas del mundo que tanto aman, pero lo cierto es que si no lo hacen, por el amor a esas cosas perecerán. Piensan que perderán su vida al recibir al convertirse a Cristo, que desaprovecharan las oportunidades de este mundo, que no disfrutaran de la vida que este mundo de pecado les ofrece; pero se equivocan, porque por esas cosas su alma perecerá. Pero aquel que renuncia a su egoísmo y a todo lo que el mundo le ofrece, muere para sí mismo, pero renace para una nueva vida: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados”, (Efesios 2:1).

NUESTRA PROPIA GLORIOSA RECOMPENSA


“Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará”.
Juan 12:26

                Jesús lo dejo claro, tenemos que morir a nuestra vieja vida para guardar nuestra vida, y no solo aquí lo dijo sino en otras ocasiones: “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará”, (Lucas 9:24). A esto, Jesús nos dice cuál será la gloria que nos espera: Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará. Jesús nos dice que aquel que le sirve estará donde Él este y su Padre le honrara. ¡Que gloria más grande nos espera! ¡Solo imaginémonos! Estar juntos a Cristo en el reino de los cielos, heredar todas sus promesas y bendito reino, salvarnos de la condenación eterna, ciertamente ninguna cosa que este mundo nos ofrezca es superior a estas gloriosas promesas, por ello debemos morir a nosotros mismos, a nuestros pecados, para seguir a Cristo y heredar la vida eterna.



lunes, 25 de marzo de 2019

Los Primeros Habitantes en la Tierra _ Parte II (Génesis 5)


“Este es el libro de las generaciones de Adán. El día en que creó Dios al hombre, a semejanza de Dios lo hizo. Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán, el día en que fueron creados. Y vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set. Y fueron los días de Adán después que engendró a Set, ochocientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días que vivió Adán novecientos treinta años; y murió. Vivió Set ciento cinco años, y engendró a Enós. Y vivió Set, después que engendró a Enós, ochocientos siete años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Set novecientos doce años; y murió. Vivió Enós noventa años, y engendró a Cainán. Y vivió Enós, después que engendró a Cainán, ochocientos quince años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Enós novecientos cinco años; y murió. Vivió Cainán setenta años, y engendró a Mahalaleel. Y vivió Cainán, después que engendró a Mahalaleel, ochocientos cuarenta años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Cainán novecientos diez años; y murió. Vivió Mahalaleel sesenta y cinco años, y engendró a Jared. Y vivió Mahalaleel, después que engendró a Jared, ochocientos treinta años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Mahalaleel ochocientos noventa y cinco años; y murió. Vivió Jared ciento sesenta y dos años, y engendró a Enoc. Y vivió Jared, después que engendró a Enoc, ochocientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Jared novecientos sesenta y dos años; y murió. Vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén. Y caminó Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años. Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios. Vivió Matusalén ciento ochenta y siete años, y engendró a Lamec. Y vivió Matusalén, después que engendró a Lamec, setecientos ochenta y dos años, y engendró hijos e hijas. Fueron, pues, todos los días de Matusalén novecientos sesenta y nueve años; y murió. Vivió Lamec ciento ochenta y dos años, y engendró un hijo; y llamó su nombre Noé, diciendo: Este nos aliviará de nuestras obras y del trabajo de nuestras manos, a causa de la tierra que Jehová maldijo. Y vivió Lamec, después que engendró a Noé, quinientos noventa y cinco años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Lamec setecientos setenta y siete años; y murió. Y siendo Noé de quinientos años, engendró a Sem, a Cam y a Jafet”.
Génesis 5:1-32

INTRODUCCIÓN


Enoc-camino-con-Dios
Enoc camino con Dios

              Al llegar al capítulo 5 del libro de Génesis encontramos la segunda genealogía, y en este caso nos muestra la descendencia de Adán por la línea de Set, la cual llegaría a ser la descendencia de donde vendrían dos personajes importantes de la línea mesiánica, el patriarca Abraham y el rey David. Algunas personas han tratado de determinar la fecha en la cual la tierra fue creada basándose en los años que vivió Adán, el primer hombre sobre la tierra, y consecuentemente, siguiendo la descendencia de personajes que aquí se presentan y sus años de vida, sin embargo, hacer esto es un error, ya que si hay algo que debemos tener en cuenta de las genealogías judías es que estas no siempre presentaban todos sus descendientes en estas, solo los personajes más prominentes, los jefes de familia o patriarcas, y por ello son selectivas y a veces con un nombre se cubren varias generaciones. Si nos damos cuenta esta genealogía es un poco más larga, a diferencia de la del capítulo 4 que consideramos la última vez, ya que esta presenta la descendencia del hijo de donde vendría la simiente que le aplastaría la cabeza a la serpiente. La genealogía desde Adán por la línea de Set menciona a diez patriarcas o jefes de generaciones, algunos han calculado cerca de 1, 656 años de historia en estas generaciones presentando muchos detalles acerca de estos primeros hombres y que son muy diferentes a los descendientes de malvados de Caín.

Nombres
Edad al nacer el primogénito

Resto de vida
Vida total
Adán
130
800
930
Set
105
807
912
Enós
90
815
905
Cainán
70
840
910
Mahalaleel
65
830
895
Jared
162
800
962
Enoc
65
300
365
Matusalén
187
782
969
Lamec
182
595
777
Noé
500
450
950

LAS PRIMERAS 7 GENERACIONES


“Este es el libro de las generaciones de Adán. El día en que creó Dios al hombre, a semejanza de Dios lo hizo. Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán, el día en que fueron creados. Y vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set. Y fueron los días de Adán después que engendró a Set, ochocientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días que vivió Adán novecientos treinta años; y murió. Vivió Set ciento cinco años, y engendró a Enós. Y vivió Set, después que engendró a Enós, ochocientos siete años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Set novecientos doce años; y murió. Vivió Enós noventa años, y engendró a Cainán. Y vivió Enós, después que engendró a Cainán, ochocientos quince años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Enós novecientos cinco años; y murió. Vivió Cainán setenta años, y engendró a Mahalaleel. Y vivió Cainán, después que engendró a Mahalaleel, ochocientos cuarenta años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Cainán novecientos diez años; y murió. Vivió Mahalaleel sesenta y cinco años, y engendró a Jared. Y vivió Mahalaleel, después que engendró a Jared, ochocientos treinta años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Mahalaleel ochocientos noventa y cinco años; y murió. Vivió Jared ciento sesenta y dos años, y engendró a Enoc. Y vivió Jared, después que engendró a Enoc, ochocientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Jared novecientos sesenta y dos años; y murió”.
Génesis 5:1-20

                   Aquí vemos las primera 7 generaciones desde Adán, una descendencia diferente a la de Caín, ya que eran hombres y mujeres temerosos de Dios, posiblemente debido a la influencia de sus padres Adán y Eva los cuales les transmitieron esta maravillosa fe y así estos aprendieron a invocar el nombre del Señor: “Y a Set también le nació un hijo, y llamó su nombre Enós. Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová”, (Génesis 4:26). En estas primeras 7 generaciones podemos encontrar 4 cosas que podemos resaltar. La primera es que en estos versículos hacen referencia al hecho de que el hombre y la mujer han sido creados por Dios a su semejanza: Este es el libro de las generaciones de Adán. El día en que creó Dios al hombre, a semejanza de Dios lo hizo. Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán, el día en que fueron creados. La razón por la cual el ser humano existe es porque Dios lo creo, no es producto de la evolución o de la intervención de algunos extraterrestres o de cualquier otra causa, y fue creado a imagen y semejanza de Él, lo cual es un verdadero privilegio ya que ningún otro ser creado tiene esta característica que es única del género humano. También el texto hace notar que varón y hembra los creó, es decir, el ser humano fue creado con dos géneros, hombre y mujer, no existe un intermedio. En la Nueva Versión Internacional de la Biblia se traduce de una manera más clara este versículo: “Los creó hombre y mujer, y los bendijo. El día que fueron creados los llamó «seres humanos»”, (Génesis 5:2, NVI). Así creo Dios al ser humano, varón y hembra creó, y por tanto no existe otro género, lamentablemente el ser humano se ha pervertido en este mandato original y todo es debido a que ha olvidado glorificar al único y verdadero Dios: “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican”, (Romanos 1:20-32). En estos versículos el apóstol Pablo nos explica lo que sucede cuando el hombre olvida que Dios es su Creador y que debe adorarlo. Hoy en día cuanta falta hace que el hombre reconozca esta verdad sencilla, que Dios es su Creador y que debe adorarlo, y que varón y hembra los creó al principio. Lo segundo que vemos en estos versículos es que a pesar de que el pecado había entrado al mundo, Dios bendijo a esta descendencia y los hizo fructíferos de tal forma que tuvieron muchos hijos e hijas. A Adán se le dio el hijo de donde vendría la descendencia del Mesías, Set, y aparte de eso lo hizo fructífero dándole hijos e hijas: y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán, el día en que fueron creados. Y vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set. Y fueron los días de Adán después que engendró a Set, ochocientos años, y engendró hijos e hijas. No sabemos cuántos hijos e hijas más tuvieron Adán y Eva pero lo cierto es Dios cumplió su promesa de hacerlos fructíferos en la tierra, y no solo a ellos, sino a todos sus descendientes: Vivió Set…  y engendró a Enós… y engendró hijos e hijas... Vivió Enós… y engendró a Cainán. … y engendró hijos e hijas… Vivió Cainán… y engendró a Mahalaleel… y engendró hijos e hijas… Vivió Mahalaleel… y engendró a Jared… y engendró hijos e hijas…. Vivió Jared… y engendró a Enoc… y engendró hijos e hijas… Definitivamente Dios bendijo esta descendencia con muchos hijos e hijas de tal forma que se estaba cumpliendo la ordenanza que les dio en el huerto del Edén al decirles: “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”, (Génesis 1:28).  Lo tercero que notamos en estos versículos es la longevidad de esta descendencia. Es algo notable el ver la cantidad de años que estos hombres vivían: Y fueron todos los días que vivió Adán novecientos treinta años; y murió… Y fueron todos los días de Set novecientos doce años; y murió… Y fueron todos los días de Enós novecientos cinco años; y murió… Y fueron todos los días de Cainán novecientos diez años; y murió… Y fueron todos los días de Mahalaleel ochocientos noventa y cinco años; y murió… Y fueron todos los días de Jared novecientos sesenta y dos años; y murió. Si observamos esta lista el que menos vivió fue Mahalaleel, 895 años, aunque más adelante aparece Lamec con 777 años, y Matusalén es el que más años vivió y estos fueron 969 años. Mucho se ha hablado acerca de las razones por las cuales el hombre vivía tantos años en esta época. Recordemos que cuando Dios creó al hombre lo hizo perfecto y la muerte no tenía potestad de él, pero después que pecó, la muerte entro al mundo. Sin embargo, el hombre aun no había pagado los efectos terribles del pecado y su cuerpo a lo mejor aún gozaba parte de su antigua condición de perfección y eso le permitía vivir más años. A parte de todo esto recordemos que el hombre tenía una dieta totalmente vegetariana lo cual algunos sugieren que les ayudaba a tener una mejor salud, esto aunado al hecho de una mayor presión atmosférica que aumentaba el oxígeno que les permitía a sus cuerpos humanos regenerarse más rápido de sus heridas y prevenían muchas enfermedades, el medio ambiente no se encontraba contaminado y las condiciones climáticas eran tan diferentes a las que hoy tenemos, todo gracias a la bóveda de agua que existía arriba de la tierra: “E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así. Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo”, (Génesis 1:7-8). Es cierto que las aguas de arriba pueden ser consideradas con las nubes, pero también se hacer notar que eran grandes cantidades que se encontraban sobre el planeta tierra que casi fungía como una protección que mantenía al planeta con un ambiente fresco y junto con la capa de ozono impedían que los rayos ultravioleta del sol penetraran y causaran los daños en la piel que acelera la vejez, tal y como hoy sucede. De esta forma la tierra se rociaba a sí misma: “y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese; porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra, sino que subía de la tierra un vapor, el cual regaba toda la faz de la tierra”, (Génesis 2:5-6). Todo esto le permitía al ser humano vivir por muchos años. No obstante, observamos que después del diluvio las fuentes de agua que estaban arriba se abrieron y las enormes inundaciones cambiaron drásticamente las condiciones geológicas y ambientales del planeta de tal forma que los años de vida del hombre comenzaron a disminuir: “El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo, a los diecisiete días del mes, aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas”, (Génesis 7:11). Lo cuarto que queremos hacer notar en estos versículos es que el hombre comenzó a morir. Podemos ver como la muerte llego a todos estos hombres, a excepción de Enoc, como veremos más adelante, lo cual era un recordatoria del pecado cometido y las consecuencias con las cuales ahora las nuevas generaciones tenían que lidiar.

UNA DESCENDENCIA QUE BUSCABA A DIOS


“Vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén. Y caminó Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años. Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios. Vivió Matusalén ciento ochenta y siete años, y engendró a Lamec. Y vivió Matusalén, después que engendró a Lamec, setecientos ochenta y dos años, y engendró hijos e hijas. Fueron, pues, todos los días de Matusalén novecientos sesenta y nueve años; y murió. Vivió Lamec ciento ochenta y dos años, y engendró un hijo; y llamó su nombre Noé, diciendo: Este nos aliviará de nuestras obras y del trabajo de nuestras manos, a causa de la tierra que Jehová maldijo. Y vivió Lamec, después que engendró a Noé, quinientos noventa y cinco años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Lamec setecientos setenta y siete años; y murió. Y siendo Noé de quinientos años, engendró a Sem, a Cam y a Jafet”.
Génesis 5:21-32

              Algo que podemos hacer notar de esta descendencia es que temían a Dios, muy al contrario de los descendientes de Caín. Así como los nombres de aquellos descendientes de Caín nos reflejaban su carácter impío, el de estos nos muestran lo cerca que estaban de Dios. Ya vimos el significado de los nombres de Set y Enós, pero aquí aparecen otros personajes como Mahalaleel cuyo nombre en hebreo es Majalaleel (מַהֲלַלְאֵל), y significa “alabanza de Dios”, lo cual nos enseña lo mucho que esta descendencia se acercaba a su Creador. También veremos mas a delante el significado de otros como Matusalén y Noé cuyos significados expresaban de alguna manera el juicio que venia sobre esta tierra por el pecado del hombre y su anhelo de ser redimidos. Veremos en sus historias como estas generaciones procuraron caminar con Dios y como uno de ellos junto con su familia lograron escapar del diluvio.

El hombre que camino con Dios.


“Vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén. Y caminó Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años. Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios”.
Génesis 5:21-24

Aquí tenemos a uno de los primeros descendientes de Adán, el séptimo de acuerdo con esta genealogía, un uno de los mas conocidos, tanto en la cultura judía como en la cristiana, su nombre fue Enoc. El nombre de Enoc proviene del hebreo Kjanoc (חֲנוֹךְ) que podría traducirse como “Dedicado” o Consagrado”, y se llama igual que el primogénito de Caín, con la diferencia que este proviene de la línea de Set. Fue hijo de Jared y es conocido como el hombre que camino con Dios y fue traspuesto para no ver muerte. En el pasaje de Génesis 5:21-24 aparece dos veces la palabra caminar y esta proviene del hebreo jalák (הָלַךְ) y se refiere a alguien que transita o se guía por una senda que conduce hacia un objetivo determinado. En este sentido uno puede entender este versículo como alguien que no solo camina con Dios, sino también en pos de Dios. No es lo mismo caminar con alguien y caminar siguiendo a alguien y buscando un objetivo específico. Por ello el autor a los Hebreos nos enseña de manera más detallada lo que significa el caminar con Dios: “Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios”, (Hebreos 11:5). El caminar con Dios significa tener un testimonio tal que agrada completamente a Dios. Es importante entender que Enoc camino en pos de Dios en una época donde a lo mejor la mezcla de descendencias, la de Set con Caín, ya había ocurrido y por tanto la maldad había crecido en gran manera. Esto se estudiará en el siguiente capítulo. La mayoría de las personas en este tiempo vivían en pecados que ofendían mucho a Dios de tal forma que esto lo llevo al punto de decidir enviar el juicio del diluvio universal, por tanto, caminar con Dios en una época de extrema maldad es algo que vale la pena resaltar, ya que Enoc lo hizo. No obstante, si leemos el texto hay algo que nos llama la atención: Vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén. Y caminó Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años. Si nos damos cuenta, Enoc comenzó a caminar con Dios después que engendro a Matusalén, a sus 75 años, es decir, antes de esta edad su vida no era agradable delante de Dios. ¿Por qué? No lo sabemos. ¿Qué fue lo que paso para que el cambiara radicalmente y se volviera a Dios? No lo sabemos tampoco. Uno puede suponer que de alguna manera la vida perversa de las personas del mundo antediluviano influyó sobre el por 75 años: pero algo paso que se arrepintió de su mal camino y a partir de allí comenzó a seguir a Dios. Esto nos enseña el cuidado que debemos tener que como cristianos no seamos influenciados por la maldad que nos rodea y estamos caminando no conforme a su voluntad. Por ello Pablo nos exhorta a caminar por este mundo como es digno de los hijos de Dios: “Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios”, (Colosenses 1:10).

En cuanto a la vida de este hombre los judíos durante la época del exilio escribieron un libro apócrifo que es conocido como el libro de Enoc y en él se habla de cómo este recibió visiones del juicio que vendría sobre esta tierra por causa del pecado de los hombres, de hecho Judas nos dice parte de estas profecías: “De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él”, (Judas 14-15). Por Judas podemos entender que Enoc recibió estas revelaciones de lo que seria el juicio futuro por todas las maldades de los hombres y de alguna manera estaba cercano el diluvio universal que seria el juicio sobre toda esa generación perversa. Ahora bien, en su caminar recto llego a gradar tanto a Dios que este decidió librarlo del juicio que venía sobre esa generación antediluviana: Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios. Dios derramaría su terrible juicio sobre estas generaciones perversas, pero libraría a su justo para que no lo experimentara en carne propia, por eso lo traspuso, es decir, se lo llevo para que no viera muerte. De alguna manera esto nos recuerda a la promesa del rapto, donde Jesús ha prometido librarnos del periodo de gran tribulación que viene sobre esta tierra: “Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra”, (Apocalipsis 4:10).

Su nombre era un testimonio del juicio que venía.


“Y vivió Matusalén, después que engendró a Lamec, setecientos ochenta y dos años, y engendró hijos e hijas. Fueron, pues, todos los días de Matusalén novecientos sesenta y nueve años; y murió”.
Génesis 5:25-27

Enoc tuvo a sus 75 años a Matusalén y de alguna manera su nombre sugiere el juicio que vendría sobre la generación perversa de su tiempo. Matusalén, su nombre proviene del hebreo Metushélakj (מְתוּשֶׁלַח), y su nombre algunos traducen como hombre de jabalina, pero hay otros expertos que afirman que Metushélakj (מְתוּשֶׁלַח) es un nombre compuesto que puede traducirse como: “su muerte traerá” o “cuando el muera vendrá”. ¿Qué traería su muerte? ¿Qué vendría después de su muerte? El diluvio. Es curioso ver como al hacer la cuenta de los años que vivió Matusalén versus la fecha en la cual vino el diluvio (a los 600 años de la vida de Noé según Génesis 7:6) coinciden. De tal forma que cuando su padre le puso Matusalén a su hijo, hacia un presagio del juicio que venia sobre la tierra para juzgar a todos los impíos.

Vida-Matusalén
Años que vivió Matusalén versus la fecha en la cual vino el diluvio


La esperanza de esta generación de escapar del juicio.


“Vivió Lamec ciento ochenta y dos años, y engendró un hijo; y llamó su nombre Noé, diciendo: Este nos aliviará de nuestras obras y del trabajo de nuestras manos, a causa de la tierra que Jehová maldijo. Y vivió Lamec, después que engendró a Noé, quinientos noventa y cinco años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Lamec setecientos setenta y siete años; y murió. Y siendo Noé de quinientos años, engendró a Sem, a Cam y a Jafet”.
Génesis 5:28-32

Hay muchas cosas que uno puede aprender de esta generación. Vemos como Enoc camino con Dios en medio de una generación perversa y como profetizo del juicio divino que venia sobre esta tierra por causa del pecado. También vemos como Dios libro a Enoc de este terrible juicio trasponiéndolo a los cielos para que no viera muerte. Sus descendientes Matusalén y Lamec murieron antes de sufrir este terrible juicio, y Lamec tenía la esperanza de que Dios salvara su generación que llamo a su primogénito Noé, cuyo nombre hebreo es Nóakj (נֹחַ), que significa “consuelo” o “traer alivio”, por ello el texto dice: Vivió Lamec ciento ochenta y dos años, y engendró un hijo; y llamó su nombre Noé, diciendo: Este nos aliviará de nuestras obras y del trabajo de nuestras manos, a causa de la tierra que Jehová maldijo. Como veremos mas adelante Noé fue un hombre que hallo gracia ante los ojos de Dios en medio de tanta maldad y es un ejemplo para nosotros de vivir santa y justamente en una sociedad perversa.

A lo largo de estas 10 generaciones uno puede ver como su esperanza siempre estuvo en Dios y a pesar de la maldad que los rodeaba, hubo hombres que esperaron en su Señor la restauración de sus vidas a tal punto que uno de sus descendientes, Noé, alcanzo esa misericordia y tanto él como sus hijos se salvaron del terrible juicio que venia sobre la tierra. De igual manera, nosotros los cristianos tenemos que mantener nuestra integridad, caminando con Dios, sin contaminarnos del pecado y agradando a nuestro Señor en todo, esperando un día el ser librados de día de la ira que viene para este mundo.