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domingo, 30 de mayo de 2021

La pesca milagrosa (Juan 21:1-14)

 

“Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos junto al mar de Tiberias; y se manifestó de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dijo: Voy a pescar. Ellos le dijeron: Vamos nosotros también contigo. Fueron, y entraron en una barca; y aquella noche no pescaron nada. Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; más los discípulos no sabían que era Jesús. Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No. Él les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces. Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se había despojado de ella), y se echó al mar. Y los otros discípulos vinieron con la barca, arrastrando la red de peces, pues no distaban de tierra sino como doscientos codos. Al descender a tierra, vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pan. Jesús les dijo: Traed de los peces que acabáis de pescar. Subió Simón Pedro, y sacó la red a tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres; y aun siendo tantos, la red no se rompió. Les dijo Jesús: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor. Vino, pues, Jesús, y tomó el pan y les dio, y asimismo del pescado. Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos, después de haber resucitado de los muertos”.

Juan 21:1-14

INTRODUCCIÓN

              Hemos llegado al último capítulo del evangelio según Juan, después de todo un recorrido a través de la paginas de este glorioso evangelio, Juan hace un epilogo en este último capítulo que nos prepara para comprender y concluir con el propósito principal de todo lo que se ha escrito. Por muchos es considerado este capítulo 21 de Juan como un epílogo, aunque no todos están de acuerdo, pero la verdad es que hace que el lector de este evangelio reflexione y vea en los acontecimientos de este capítulo cómo el autor deja por sentando la ultima evidencia contundente de la resurrección del Señor, ya que este no solo se les vuelve a aparecer a sus discípulos después de haberles mostrado sus heridas, sino que esta vez come con ellos para demostrarles que no es un espíritu o espectro fantasmal. Además, reafirma los ánimos de sus discípulos y reafirma el llamamiento de Pedro con el cual lo restaura de toda culpa que este pudiese sentir. Hay algunos que opinan que este ultimo capitulo no fue escrito por Juan, sino que se incluyo por otras personas años después, sin embargo, no todos apoyan esta noción, como sea, el capitulo 21 de Juan nos ayuda a finalizar el estudio y comprensión de este evangelio.

 

pesca-milgrosa
La pesca milagrosa

¿HABÍA TODO TERMINADO?

“Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos junto al mar de Tiberias; y se manifestó de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dijo: Voy a pescar. Ellos le dijeron: Vamos nosotros también contigo. Fueron, y entraron en una barca; y aquella noche no pescaron nada”.

Juan 21:1-3

              De alguna manera este capítulo nos enseña el rumbo que la vida de los discípulos estaba tomando después de la resurrección de Jesús. A lo mejor ellos creían que después de todo esto, ya no había más para ellos y tratan de volver a su antigua vida y considerando que algunos de ellos eran pescadores, deciden ir en busca de peces: Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos junto al mar de Tiberias; y se manifestó de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dijo: Voy a pescar. Ellos le dijeron: Vamos nosotros también contigo. Esta vez Jesús decide aparecerle junto al mar de Tiberias, que no es más que el mar de Galilea (Marcos 1:16) o lago de Genezaret (Lucas 5:1) como también se le conocía. Este lago es llamado así por estar cerca de la ciudad de Tiberiades, construida en honor a Cesar Tiberio por Herodes Antipas. Entre los discípulos que deciden ir a pescar tenemos a Simón Pedro, que es el que les sugiere esta idea a la que los demás acceden, también esta Tomás, Natanael, los hijos de Zebedeo, que eran Jacobo y Juan y otros dos discípulos cuyos nombres no se nos revela en este evangelio. Posiblemente, después de la resurrección de Jesús los discípulos no sabían que hacer o cual seria el siguiente paso ya que durante tres años lo único que había hecho era seguir a su Maestro, pero ahora ya no estaba y dudando de lo que vendría en el futuro, pensaron que era buena idea el volver a sus oficios pasados. Juan era un pescador y parece que de alguna manera ese conocimiento queda resaltando aquí ya que hace énfasis que estos discípulos realizaron la pesca de noche, un momento muy adecuando cuando muchos pescadores deciden embarcarse aguas adentro y con paciencia observan las tranquilas aguas para que al escuchar movimientos lanzan su red la cual posee en sus extremos pequeñas pesas que se hunden rápidamente atrapando así a los peces. Sin embargo, en esta oportunidad los pobres discípulos no pescan nada: Fueron, y entraron en una barca; y aquella noche no pescaron nada.

 

LA PESCA MILAGROSA

Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; más los discípulos no sabían que era Jesús. Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No. Él les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces”.

Juan 21:4-6

          Si bien es cierto que Juan presenta 7 señales que comprueban su divinidad las cuales ya hemos considerado anteriormente, aquí tenemos un milagro más que nuestro Señor realiza y es la pesca milagrosa: Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; más los discípulos no sabían que era Jesús. Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No. Él les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces. Es importante no confundir esta pesca milagrosa con la de Lucas que se realizo antes de la resurrección de Jesús: “Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; más en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía. Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían. Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él, y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres”, (Lucas 5:1-10). Las diferencias entre ambos relatos son claros, por tanto, no podemos afirmar que se tratan del mismo evento, sin embargo, este evento debió haberles recordado a los discípulos el día cuando Jesús realizo este milagro y de esta forma llamó su atención hacia su persona ya que hasta el momento no lo habían reconocido. Probablemente por ser muy temprano había neblina lo cual dificultaba la visibilidad y por eso no reconocieron a Jesús de inmediato, o quizás por la distancia que había entre la barca y la orilla de la playa o simple y sencillamente, Jesús no les había abierto el entendimiento para que lo reconocieran, así como paso con los discípulos que iban camino a Emaús (Lucas 24:13-32). Como haya sido, esta pesca milagrosa llamó su atención porque les recordó a los milagros que su Maestro solía hacer cuando estaba con ellos.

 

LAS REACCIONES DE SUS DISCÍPULOS

“Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se había despojado de ella), y se echó al mar. Y los otros discípulos vinieron con la barca, arrastrando la red de peces, pues no distaban de tierra sino como doscientos codos…  Subió Simón Pedro, y sacó la red a tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres; y aun siendo tantos, la red no se rompió”.

Juan 21:7-8, 11

             Podemos ver aquí las reacciones de asombro y alegría de los discípulos al considerar no solo el milagro sorprendente de la pesca, sino que su Maestro esta allí con ellos nuevamente. En primer lugar, podemos ver la reacción de Juan, el discípulo amado, el cual exclamo con gran alegría a Pedro que Jesús estaba con ellos nuevamente: Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor! A esto, el impulsivo Pedro, no lo piensa mucho, sino que se ciñe con sus ropas ya que al parecer estaba solo con su ropa interior y se lanza al agua para nadar a la orilla y encontrarse lo mas pronto posible con su Señor: Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se había despojado de ella), y se echó al mar. Mientras tanto, el resto de los discípulos se sorprendieron enormemente ante la cantidad de peces que habían atrapado en la red, estos tuvieron que arrastrar la red a través del agua por aproximadamente 91 metros, de hecho, Juan da el dato exacto de esa cantidad, 153 grandes peces e increíblemente la red no se rompió. En cuanto al número de peces que los discípulos atraparon se ha especulado mucho. Por ejemplo, Cirilo de Alejandría dividió el 153 en 100 + 50 + 3, según él, el 100 representa la plenitud de los gentiles, el 50 representa el remante de Israel que regreso a su tierra y el 3 representa a la trinidad divina. Jerónimo, el traductor de la Vulgata Latina afirmo que el 153 se debía a que en Israel existían 153 clases de especies de pescados y esto era un símbolo de que todas las naciones vendrían a Cristo y serian atrapados por la red del evangelio. Luego, Agustín de Hipona afirmo que el 153 era resultado de la suma del 1 al 17, es decir, 1 + 2 + 3 + 4 + 5 + 6 + … + 17, y el 17 es resultado de la suma del 10 + 7, donde el 10 representa el decálogo o 10 mandamientos y 7 es el numero de la perfección. Al final, toda esta aplicación de numerología es pura suposición, sin ninguna base bíblica, al final interpretarlo así seria caer en un abuso del uso de la alegoría bíblica. De este milagro podemos aprender un par de cosas, por un lado, realizo un milagro parecido al que hizo durante el tiempo de su ministerio (Lucas 5:1-10), esto debió traer recuerdos a sus discípulos que le fueron gratos en gran manera. Luego, el gran numero de peces, 153 grandes peces, le agrega un toque de mayor sobrenaturalidad al milagro y finalmente, el milagro volvió a dirigir la mirada de los discípulos a Cristo, a la misión para la cual los había preparado. Después de su resurrección quizás ellos pensaban que todo para ellos se había terminado ya que su Maestro ya no estaba con ellos, pero la verdad es que todo apenas comenzaba y les esperaba cumplir con la gran comisión de llevar el evangelio a todo el mundo.


JESÚS COME DESPUÉS DE SU RESURRECCIÓN

“Al descender a tierra, vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pan. Jesús les dijo: Traed de los peces que acabáis de pescar…  Les dijo Jesús: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor. Vino, pues, Jesús, y tomó el pan y les dio, y asimismo del pescado. Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos, después de haber resucitado de los muertos”.

Juan 21:9-10, 12-14

               Como una evidencia más de su resurrección, el Señor se les aparece a los discípulos. Según Juan, dice que esta es la tercera vez que se les aparece a ellos, la ultima vez cuando estuvo Tomás presente, le pidió a este que tocara con sus propias manos sus heridas: “Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente”, (Juan 20:27). Ahora, Jesús les dará una prueba más de su resurrección y es que comió con todos ellos. Para este tiempo que el evangelio fue escrito, algunas sectas gnósticas negaban el hecho de que Jesús hubiese resucitado en cuerpo, y afirmaban que solo era un espíritu, pero con estos casos donde les invitaba a tocar sus heridas o comer con ellos se daban más evidencias de que después de su resurrección poseía un cuerpo. Aquel día sus discípulos estaban tratando de volver a su vida cotidiana, pensaban que ya no había más que hacer ya que su Maestro ya no estaba con ellos, pero Jesús se les volvió a aparecer para compartir con ellos y recordarle que la misión aún no había terminado.

 

sábado, 29 de mayo de 2021

No seas incrédulo, sino creyente (Juan 20:24-31)

 

“Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron. Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre”.

Juan 20:24-31

INTRODUCCIÓN

               Llegamos al final del penúltimo capítulo del evangelio según Juan y este cierra con una exhortación a no se un incrédulo, sino a ser creyente, por ello, en esta ocasión nos presenta la historia de uno de los discípulos que es conocido por las personas por su incredulidad, este es Tomás, hoy aprenderemos mucho de él ya que Jesús decidió aparecérsele y mostrarle las evidencias de su resurrección. Además, en los dos últimos versículos de este evangelio, el apóstol Juan nos presenta el propósito principal por el cual se escribió este evangelio, creer que Jesús es Dios y heredar la vida eterna. Iniciemos entonces el estudio de estos versículos.

 

Tomás
Jesús se le aparece a Tomás

TOMÁS, ¿UN DISCÍPULO INCRÉDULO?

Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré”.

Juan 20:24-25

               Cuando Jesús se les apareció a sus discípulos, Tomás no se encontraba presente: “Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros… Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino”, (Juan 20:19, 24). El nombre de este discípulo se presenta en dos idiomas que significan exactamente lo mismo, Tomás, es hebreo, Dídimo, es griego, y literalmente significa mellizo. Por alguna razón, Tomás no se encontraba presente la noche en la que Jesús se les apareció a sus discípulos, estos tuvieron que haberle testificado acerca de su encuentro, pero él no lo creyó, ¿por qué? Tomás se caracterizaba por ser una persona que al principio le costaba creer, porque siempre fue alguien cauteloso que consideraba el costo de todo antes de emprender cualquier cosa, pero cuando lo hacía, se entregaba totalmente. Si bien es cierto, Tomás era alguien que le tomaba tiempo creer, pero también era sincero al expresar sus dudas y aquí les dice a sus compañeros que a menos que vea con sus propios ojos las heridas de su Maestro no creería que ha resucitado. Así, Tomás nunca temió hacer públicas sus inquietudes: “Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”, (Juan 14:5-6). En esta ocasión, Tomás quería estar seguro cuál era el camino que tenia que tomar, porque no lo entendía muy bien, él nunca temió preguntarle a Jesús todas sus dudas, porque se trataba de una persona que siempre consideraba todo lo que iba a hacer antes de intentarlo, pero cuando lo hacía, estaba dispuesto a entregarse totalmente, aunque esto le diera miedo y pudiese significar la muerte: “Dijo entonces Tomás, llamado Dídimo, a sus condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con él”, (Juan 11:16). Así era Tomás, una persona demasiada cautelosa, que no creía a la primera, que siempre pensaba y consideraba todo lo que iba a hacer, pero una vez creía, se entregaba a la causa con fidelidad. En esta ocasión, Tomás no se encontraba cuando Jesús se les apareció a los discípulos, realmente no sabemos por qué él no se encontraba presente ese día, algunos opinan que, considerando el carácter cauteloso de Tomás, se retiro a parte para considerar a solas todo lo que había pasado. Como haya sido, aquel día Tomás no estaba y aunque sus compañeros le dieron la nuevas buenas, él pidió evidencias para creer: Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.

 

JESÚS SE LE APARECE A TOMÁS PARA QUE CREA

“Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente”.

Juan 20:26-27

             Increíblemente Jesús le presenta todas las evidencias de su resurrección a Tomás para que este se vuelva un creyente: Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Prácticamente Jesús volvió a hacer otra aparición a la siguiente semana, al siguiente domingo, después de habérsele aparecido a los otros discípulos un domingo anterior. Curiosamente, Jesús sigue apareciendo el domingo, y no el sábado, que era el día de reposo de los judíos, así, fue un domingo que resucitó, luego, ese mismo domingo al atardecer se les apareció a sus discípulos y ahora, se le aparece a los discípulos y a Tomás el siguiente domingo. Tomás insistió en que no creería a menos que: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. Y Jesús lo complació, mostrándole exactamente lo que él quería ver: Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Esta historia donde alguien pide evidencias para creer nos recuerda a la ocasión cuando Gedeón pidió también una comprobación para creer que Dios lo respaldaría en su incursión en contra de sus enemigos: “Y Gedeón dijo a Dios: Si has de salvar a Israel por mi mano, como has dicho, he aquí que yo pondré un vellón de lana en la era; y si el rocío estuviere en el vellón solamente, quedando seca toda la otra tierra, entonces entenderé que salvarás a Israel por mi mano, como lo has dicho. Y aconteció así, pues cuando se levantó de mañana, exprimió el vellón y sacó de él el rocío, un tazón lleno de agua. Mas Gedeón dijo a Dios: No se encienda tu ira contra mí, si aún hablare esta vez; solamente probaré ahora otra vez con el vellón. Te ruego que solamente el vellón quede seco, y el rocío sobre la tierra. Y aquella noche lo hizo Dios así; sólo el vellón quedó seco, y en toda la tierra hubo rocío”, (Jueces 6:36-40). Gedeón quería que Dios le confirmara que realmente él era el hombre que había elegido para liberar a Israel y en ese sentido, de manera quizás algo atrevida, pidió pruebas o señales para confirmar tal cosa y lo interesante de todo esto es que Dios accedió a complacerlo, y después de eso, la confianza de Gedeón se afirmó. Así, Tomás estaba en un punto donde todavía le costaba creer y a menos que viera las heridas de Jesús y metiera su mano en su costado, este creería, y por ello nuestro Señor se le apareció.

TOMÁS CREE

“Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron”.

Juan 20:28-29

            Aquí vemos la reacción final de una persona que siempre consideraba y pensaba mucho lo que iba a hacer, pero cuando entendía el costo de todo, se entregaba de todo corazón a la causa, porque al final, reconoció a Jesús como su Señor y Dios y lo adoro como tal: Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Desde este momento, aquel hombre incrédulo, no dudo más, sino se convirtió en un fiel creyente y según la tradición basado en un libro apócrifo llamado Los Hechos de Tomas, se dice que fue el encargado de viajar a la India donde predico el evangelio y murió, no sin antes haber plantado la semilla de la palabra en el corazón de las personas de eso lugar. Hoy en día en la India existe una comunidad cristiana llamada “La iglesia de Santo Tomás”, que de algún modo trata de verificar esta tradición como verídica. Como haya sido, aquel día Tomas creyó que Jesús era el Señor y Dios. Nosotros debemos creer en la palabra de Dios, porque si bien es cierto a Tomás se le dio el privilegio de ver para creer, pero nuestro Señor nos dice que son más bienaventurados aquellos que creen si ver: Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.

 

TODO ESTO ESTÁ ESCRITO PARA QUE CREÁIS

“Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre”.

Juan 20:30-31

               El detalle de Jesús de aparecérsele a Tomás y mostrarle sus heridas nos hace pensar en el deseo de Dios de que creamos en su Hijo amado y por ello el apóstol Juan nos dice que por esta razón Jesus hizo muchas señales y algunas de estas se escribieron en este evangelio para que todo aquel que la lea, crea en Jesús como el Hijo de Dios y tenga vida eterna: Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre. Es por medio del evangelio que Dios transmite su mensaje de salvación al hombre para que este crea en él y bienaventurado todo aquel que cree porque tendrá vida eterna.


sábado, 22 de mayo de 2021

Sinopsis de Éxodo (Parte IV)

 

“Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos”.

Éxodo 25:8

INTRODUCCIÓN

               Terminaremos la sinopsis del libro de Éxodo con los detalles referentes a la construcción del Tabernáculo de reunión y los utensilios del mismo. Hasta el momento hemos hecho un breve recorrido a través de este maravilloso libro del Antiguo Testamento, hemos considerado sus antecedentes generales, así como la vida de Moisés y sus años en la corte de faraón, en Madián como pastor de ovejas y como el libertador de Israel. También hicimos una sinopsis del recorrido de Israel, desde que llego salió de Egipto y llego al Sinaí, hasta su travesía por el desierto durante 40 años, de lo cual, lo ultimo está narrado en el libro de Números. Además, se han estudiado las 10 plagas de Egipto, la pascua y el decálogo, ahora, finalizaremos el resumen de este libro estudiando otro de los temas importantes que se encuentran comprendidos a partir del capítulo 25, el Tabernáculo de reunión y sus utensilios.

 

Tabernaculo
El Tabernáculo de Reunión

 

DIOS ORDENA LA CONSTRUCCIÓN DEL TABERNÁCULO

“Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos. Conforme a todo lo que yo te muestre, el diseño del tabernáculo, y el diseño de todos sus utensilios, así lo haréis”.

Éxodo 25:8-9

              A lo largo de la historia primitiva las naciones acostumbraban a edificar monumentos y templos dedicados a sus dioses, sin embargo, los israelitas no tenían nada semejante, hasta este momento: Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos. Conforme a todo lo que yo te muestre, el diseño del tabernáculo, y el diseño de todos sus utensilios, así lo haréis. Aquí Dios les da instrucciones especificas a los israelitas para construir un lugar donde ellos podrían reunirse para adorar a Dios el cual sería llamado tabernáculo, aparte de los utensilios y las vestiduras de los sacerdotes que servirían en él. La construcción del tabernáculo y utensilios se fundamentó en:

 1.      Instrucciones especificas dadas directamente de Dios y no la imaginación de un hombre: “Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos. Conforme a todo lo que yo te muestre, el diseño del tabernáculo, y el diseño de todos sus utensilios, así lo haréis”, (Éxodo 25:8-9).

2.      El Espíritu Santo doto de sabiduría y talento a Bezaleel y Aholiab para que hiciesen todo conforme las instrucciones del Señor: “Y dijo Moisés a los hijos de Israel: Mirad, Jehová ha nombrado a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; y lo ha llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría, en inteligencia, en ciencia y en todo arte, para proyectar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, y en la talla de piedras de engaste, y en obra de madera, para trabajar en toda labor ingeniosa. Y ha puesto en su corazón el que pueda enseñar, así él como Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan; y los ha llenado de sabiduría de corazón, para que hagan toda obra de arte y de invención, y de bordado en azul, en púrpura, en carmesí, en lino fino y en telar, para que hagan toda labor, e inventen todo diseño”, (Éxodo 35:30-35).

3.      Fueron convocados a la construcción otros artesanos para apoyar a Bezaleel y Aholiab: “Todo sabio de corazón de entre vosotros vendrá y hará todas las cosas que Jehová ha mandado”, (Éxodo 35:10).

4.      Las mujeres colaboraron en tejer las cortinas: “Además todas las mujeres sabias de corazón hilaban con sus manos, y traían lo que habían hilado: azul, púrpura, carmesí o lino fino. Y todas las mujeres cuyo corazón las impulsó en sabiduría hilaron pelo de cabra”, (Éxodo 35:25-26).

5.      Todo israelita trajo sus ofrendas con las cueles elaboraron el tabernáculo y utensilios: “Y vino todo varón a quien su corazón estimuló, y todo aquel a quien su espíritu le dio voluntad, con ofrenda a Jehová para la obra del tabernáculo de reunión y para toda su obra, y para las sagradas vestiduras. Vinieron así hombres como mujeres, todos los voluntarios de corazón, y trajeron cadenas y zarcillos, anillos y brazaletes y toda clase de joyas de oro; y todos presentaban ofrenda de oro a Jehová”, (Éxodo 35.21-22).


EL TABERNÁCULO DE REUNIÓN

“Esto será el holocausto continuo por vuestras generaciones, a la puerta del tabernáculo de reunión, delante de Jehová, en el cual me reuniré con vosotros, para hablaros allí.  Allí me reuniré con los hijos de Israel; y el lugar será santificado con mi gloria.  Y santificaré el tabernáculo de reunión y el altar; santificaré asimismo a Aarón y a sus hijos, para que sean mis sacerdotes. Y habitaré entre los hijos de Israel, y seré su Dios. Y conocerán que yo soy Jehová su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto, para habitar en medio de ellos. Yo Jehová su Dios”.

Éxodo 29:42-46

                   La construcción del tabernáculo fue inspirada a Moisés por Dios, de tal forma que las instrucciones precisas de su construcción le fueron dadas a Moisés en el monte Sinaí y están descritas desde el capítulo 25 al 27: “Mira y hazlos conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte”, (Éxodo 25:40). La palabra tabernáculo se traduce de la palabra hebrea ojél (איהֶל), que literalmente significa tienda de campaña y realmente era eso, una tienda de campaña que fungía como santuario portátil para adorar a Dios durante su vida nómada. Era el tabernáculo de reunión donde los israelitas tendrían que congregarse para adorar a Dios: Esto será el holocausto continuo por vuestras generaciones, a la puerta del tabernáculo de reunión, delante de Jehová, en el cual me reuniré con vosotros, para hablaros allí.  Allí me reuniré con los hijos de Israel; y el lugar será santificado con mi gloria. Y santificaré el tabernáculo de reunión y el altar; santificaré asimismo a Aarón y a sus hijos, para que sean mis sacerdotes. Y habitaré entre los hijos de Israel, y seré su Dios.  Y conocerán que yo soy Jehová su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto, para habitar en medio de ellos. Yo Jehová su Dios. El tabernáculo de reunión estaba construido de una serie de tablas de acacia cubiertas con oro, colocadas de pie en bases de plata y firmemente fijadas juntas por barras cubiertas de oro de la misma madera. Este tabernáculo media 15 pies de ancho, 15 pies de alto y 45 pies de largo. El tabernáculo estaba dividido en dos partes, el lugar santo y el lugar santísimo, y todo el tabernáculo estaba rodeado del atrio. Consideremos cada una de estas partes.

 

divisiones-tabernáculo
Divisiones del tabernáculo

      El Atrio.

La palabra atrio se traduce del hebreo kjatsér (חָצֵר), el cual literalmente significa lugar cerrado o patio, y eso era el atrio un patio exterior donde se encontraban el altar de broce y el lavacro, el cual media 150 pies de largo, 75 pies de ancho y 7.5 pies de alto: “Haz un atrio para el santuario. El lado sur debe medir cuarenta y cinco metros de largo, y tener cortinas de lino fino, veinte postes y veinte bases de bronce. Los postes deben contar con empalmes y ganchos de plata. También el lado norte debe medir cuarenta y cinco metros de largo y tener cortinas, veinte postes y veinte bases de bronce. Los postes deben también contar con empalmes y ganchos de plata… El atrio medirá cuarenta y cinco metros de largo por veintidós metros y medio de ancho, con cortinas de lino fino de dos metros con treinta centímetros de alto, y con bases de bronce. Todas las estacas y los demás utensilios para el servicio del santuario serán de bronce, incluyendo las estacas del atrio”, (Éxodo 27:9-11, 18-19, NVI). El atrio estaba cercado por cortinas de lino finamente tejido, veinte postes y veinte bases de bronce en los dos lados más largos posicionados hacia el norte y el sur. La entrada debía estar al este, a la salida del sol: “A todo lo ancho del lado occidental del atrio, que debe medir veintidós metros y medio, habrá cortinas, diez postes y diez bases. El lado oriental del atrio, que da hacia la salida del sol, también deberá medir veintidós metros y medio. Habrá cortinas de siete metros de largo, y tres postes y tres bases a un lado de la entrada, lo mismo que del otro lado”, (Éxodo 27:12-15, NVI). Esta entrada tenía una cortina la cual estaba hecha de púrpura, carmesí, escarlata y lino fino, recamada artísticamente y sostenían por cuatro postes y cuatro bases: “A la entrada del atrio habrá una cortina de nueve metros de largo, de púrpura, carmesí, escarlata y lino fino, recamada artísticamente, y además cuatro postes y cuatro bases”, (Éxodo 27:16, NVI).

              Dentro del atrio se encontraban los siguientes utensilios: El altar de bronce y el lavacro.

 

1.      El altar de bronce.

“Haz un altar de madera de acacia, cuadrado, de dos metros con treinta centímetros por lado, y de un metro con treinta centímetros de alto. Ponle un cuerno en cada una de sus cuatro esquinas, de manera que los cuernos y el altar formen una sola pieza, y recubre de bronce el altar. Haz de bronce todos sus utensilios, es decir, sus portacenizas, sus tenazas, sus aspersorios, sus tridentes y sus braseros. Hazle también un enrejado de bronce, con un anillo del mismo metal en cada una de sus cuatro esquinas. El anillo irá bajo el reborde del altar, de modo que quede a media altura del mismo. Prepara para el altar varas de madera de acacia, y recúbrelas de bronce. Las varas deberán pasar por los anillos, de modo que sobresalgan en los dos extremos del altar para que este pueda ser transportado. El altar lo harás hueco y de tablas, exactamente como el que se te mostró en el monte.”.

Éxodo 27:1-8 (NVI)

 

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El altar de bronce


              Frente a la entrada del atrio se encontraba el altar de bronce, donde cualquier israelita podía entrar y ofrecer en él un sacrificio a Dios. La palabra altar se traduce de la palabra hebrea misbéakj (מִזְבֵּחַ), la cual literalmente significa, lugar de sacrificios. Este altar era de madera, cubierto con bronce, y era de 7.5 pies cuadrados y 4.5 pies de altura, en sus esquinas tenía cuernos salientes conocidos como los cuernos del altar y un fuego ardía de continuo sobre el altar el cual era atendido por los sacerdotes y tenía cuatro anillos por los que pasaban las varas con que se portaba en el desierto. Relacionados al altar de bronce existían otros utensilios que eran los portacenizas, sus tenazas, aspersorios, tridentes y braceros. El hecho de que justo a la entrada del atrio se encontrase el altar de bronce donde los israelitas ofrecían sus sacrificios como ofrendas por causa de sus pecados nos recuerda la necesidad que el hombre tiene de acercarse a Dios a través del sacrificio del Cordero de Dios, Jesucristo: “Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?”, (Hebreos 9:13-14).

 

2.      El lavacro.

 

“También hizo la fuente de bronce y su base de bronce, de los espejos de las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión”.

Éxodo 38:8

 

              El lavacro, se traduce de la palabra hebrea kiór (כִּיּויר), y hace referencia a algo redondo como un plato profundo, y en palabras sencillas este era una gran fuente de agua hecha de bronce, la cual estaba en el atrio, entre el altar de bronce y la entrada al lugar santo, y allí, los sacerdotes se lavaban antes de entrar a ministrar al tabernáculo: “Habló más Jehová a Moisés, diciendo: Harás también una fuente de bronce, con su base de bronce, para lavar; y la colocarás entre el tabernáculo de reunión y el altar, y pondrás en ella agua. Y de ella se lavarán Aarón y sus hijos las manos y los pies. Cuando entren en el tabernáculo de reunión, se lavarán con agua, para que no mueran; y cuando se acerquen al altar para ministrar, para quemar la ofrenda encendida para Jehová, se lavarán las manos y los pies, para que no mueran. Y lo tendrán por estatuto perpetuo él y su descendencia por sus generaciones”, (Éxodo 30:18-21). De alguna manera, esta acción que los sacerdotes realizaban antes de entrar en el tabernáculo de lavarse las manos y los pies es un símbolo de la necesidad que el hombre tiene de ser limpio de su pecado. Hoy en día, los cristianos hemos sido lavados de nuestros pecados por la sangre de Cristo, pero a diario necesitamos estar purificándonos de los pecados que pudiésemos cometer, por ello debemos limpiarnos a través de su palabra: “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado”, (Juan 15:3).


      El Lugar Santo. 

“Cuelga de los ganchos la cortina, la cual separará el Lugar Santo…”

Éxodo 26:33 (NVI)

              El tabernáculo de reunión estaba en medio del atrio y estaba constituido de dos partes, el lugar santo y el lugar santísimo: “Porque el tabernáculo estaba dispuesto así: en la primera parte, llamada el Lugar Santo, estaban el candelabro, la mesa y los panes de la proposición. Tras el segundo velo estaba la parte del tabernáculo llamada el Lugar Santísimo”, (Hebreos 9:2-3). La primera división del tabernáculo era conocida como el lugar santo, y en el texto hebreo no aparece el término “lugar santo”, sino solo se le llama códesh (קידֶשׁ), es decir, se le llama el santo. A diferencia del atrio, en donde podían entrar todos los israelitas, al lugar santo solo entraban los sacerdotes y este lugar media 30 pies de largo por 15 pies de ancho, y en él se encontraban el candelabro de oro, la mesa de los panes de la proposición y justo delante del velo que marcaba la entrada al lugar santísimo estaba el altar del incienso. El hecho de que solo los sacerdotes podían entrar al lugar santo nos habla del sacerdocio que hoy todos los cristianos tenemos y que nos capacita para ministrar delante de Dios: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”, (1 Pedro 2:9).


 1.      La mesa de los panes de la proposición.

“Haz una mesa de madera de acacia, de noventa centímetros de largo por cuarenta y cinco de ancho y setenta de alto. Recúbrela de oro puro, y ponle en su derredor una moldura de oro. Haz también un reborde de veinte centímetros de ancho, y una moldura de oro para ponerla alrededor del reborde”.

Éxodo 25:23 (NVI)

 

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Mesa de los panes de la proposición

              Al lado norte del lugar santo estaba ubicada la mesa de los panes de la proposición, la cual estaba hecha de madera de acacia y cubierta de oro, sobre esta se colocaban los panes de la presencia del Señor y además contaba con otros utensilios: “Haz cuatro anillos de oro para la mesa, y sujétalos a sus cuatro esquinas, donde van las cuatro patas. Los anillos deben quedar junto al reborde, a fin de que por ellos pasen las varas para transportar la mesa. Esas varas deben ser de madera de acacia, y estar recubiertas de oro. También deben ser de oro puro sus platos y sus bandejas, así como sus jarras y tazones para verter las ofrendas. Sobre la mesa pondrás el pan de la Presencia, para que esté ante mí siempre”, (Éxodo 25:26-30, NVI). Como vemos, los panes de la presencia de Dios debían colocarse cada sábado sobre la mesa de los panes de la proposición, estos panes eran elaborados de harina sin levadura, se colocaban dos hileras de seis panes, representando la provisión divina y constante de Dios a las 12 tribus: “Toma flor de harina y hornea doce tortas de pan. Cada torta debe pesar cuatro kilos. Ponlas ante el Señor sobre la mesa de oro puro, en dos hileras de seis tortas cada una. En cada hilera pondrás incienso puro. Así el pan será una ofrenda memorial presentada por fuego al Señor. Este pan se dispondrá regularmente ante el Señor todos los sábados. Este es un pacto perpetuo de los israelitas”, (Levítico 24:5-8, NVI). Esta mesa le recordaba a Israel la provisión divina que Dios les dio en el desierto durante 40 años y de igual forma nos recuerda a nosotros los cristianos la provisión que recibimos de nuestro Señor siendo este pan que colocaban sobre la mesa un símbolo de nuestro Señor Jesucristo: “Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás”, (Juan 6:35).

 

2.      El candelabro de oro.

“Haz un candelabro de oro puro labrado a martillo. Su base, su tallo y sus copas, cálices y flores formarán una sola pieza. Seis de sus brazos se abrirán a los costados, tres de un lado y tres del otro. Cada uno de los seis brazos del candelabro tendrá tres copas en forma de flor de almendro, con cálices y pétalos. El candelabro mismo tendrá cuatro copas en forma de flor de almendro, con cálices y pétalos. Cada uno de los tres pares de brazos tendrá un cáliz en la parte inferior, donde se unen con el tallo del candelabro. Los cálices y los brazos deben formar una sola pieza con el candelabro, y ser de oro puro labrado a martillo. Hazle también sus siete lámparas, y colócalas de tal modo que alumbren hacia el frente”.

Éxodo 25:31-32 (NVI)

Candelabro
Candelabro de oro

 

              Al lado sur del lugar santo estaba ubicado el candelabro de oro. La palabra candelabro se traduce del hebreo menorá (מְנוירָה) y este tenía siete lámparas en las cuales había tres copas a modo de flor de almendro, con sus cálices y pétalos. Remataban los siete brazos en siete lámparas que debían arder día y noche: “Manda a los israelitas que te traigan aceite puro de olivas prensadas, para la iluminación del santuario. Así las lámparas se mantendrán siempre encendidas”, (Levítico 24:2, NVI). Su constante luz al interior de la tienda recordaba a Israel la constante gloria de Dios sobre ellos y al mismo tiempo es un símbolo de nuestro Señor Jesucristo, el cual es la luz que este mundo de tinieblas necesita: “Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”, (Juan 8:12). Además, es un recordatorio de la palabra de Dios que es luz en nuestro sendero: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino”, (Salmo 119:105).

 

3.      El altar del incienso.

 “Haz un altar de madera de acacia para quemar incienso. Hazlo cuadrado, de cuarenta y cinco centímetros de largo por cuarenta y cinco centímetros de ancho y noventa centímetros de alto. Sus cuernos deben formar una pieza con el altar. Recubre de oro puro su parte superior, sus cuatro costados y los cuernos, y ponle una moldura de oro alrededor. Ponle también dos anillos de oro en cada uno de sus costados, debajo de la moldura, para que pasen por ellos las varas para transportarlo. Prepara las varas de madera de acacia, y recúbrelas de oro. Pon el altar frente a la cortina que está ante el arca del pacto, es decir, ante el propiciatorio que está sobre el arca, que es donde me reuniré contigo”.

Éxodo 30:1-6 (NVI)

 

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El altar del incienso

              Justo al lado de la cortina que separaba el lugar santo del lugar santísimo estaba ubicado el altar del incienso. El altar del incienso estaba hecho de madera de acacia y recubierto de oro, sobre este se quemaba incienso aromático dos veces al día: “Cada mañana, cuando Aarón prepare las lámparas, quemará incienso aromático sobre el altar, y también al caer la tarde, cuando las encienda. Las generaciones futuras deberán quemar siempre incienso ante el Señor”, (Éxodo 30:7-8, NVI). Sobre este altar del incienso el sumo sacerdote ofrecía sus oraciones y alabanzas a Dios y esto es un símbolo de nuestras constantes oraciones delante de Dios la cuales suben al trono de su presencia como aroma de incienso: “Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos”, (Apocalipsis 5:8).

 

      El Lugar Santísimo.

“Cuelga de los ganchos la cortina, la cual separará el Lugar Santo del Lugar Santísimo, y coloca el arca del pacto detrás de la cortina. Pon el propiciatorio sobre el arca del pacto, dentro del Lugar Santísimo”.

Éxodo 26:33-34 (NVI)

              Finalmente, tenemos el lugar Santísimo, el cual era el lugar más sagrado del tabernáculo de reunión el cual tenía 15 pies de largo por 15 pies de ancho. Era en el lugar santísimo que la presencia de Dios se manifestaba a tal punto que nadie podía entrar, solo el sumo sacerdote una vez al año para hacer expiación por los pecados del pueblo en el día de jubileo: “Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón tu hermano, que no en todo tiempo entre en el santuario detrás del velo, delante del propiciatorio que está sobre el arca, para que no muera; porque yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio”, (Levítico 16:2). En hebreo este lugar es llamado códesh códesh (קידֶשׁ קידֶשׁ), que literalmente significa, el santo de los santos, esto es así porque en hebreo no existe superlativos. En el lugar santísimo solo había un mueble que era el arca del testimonio y sobre esta se colocaba el propiciatorio. Antes solamente el sumo sacerdote podía entrar al lugar santísimo una vez al año, durante el día de la expiación, donde ofrecía un sacrificio a Dios por los pecados de todo el pueblo, sin embargo, hoy en día nosotros tenemos acceso directo a la misma presencia del Señor por medio del sacrificio de Jesucristo: “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo”, (Hebreos 10:19).

 

1.      El arca del testimonio.

 

“Haz un arca de madera de acacia, de un metro con diez centímetros de largo, setenta centímetros de ancho y setenta centímetros de alto. Recúbrela de oro puro por dentro y por fuera, y ponle en su derredor una moldura de oro. Funde cuatro anillos de oro para colocarlos en sus cuatro patas, dos en cada costado. Prepara luego unas varas de madera de acacia, y recúbrelas de oro. Introduce las varas en los anillos que van a los costados del arca, para transportarla. Deja las varas en los anillos del arca, y no las saques de allí, y pon dentro del arca la ley que voy a entregarte”.

Éxodo 25:10-16 (NVI)

 

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El arca del testimonio

              En el lugar santísimo estaba el arca del testimonio, la cual era una caja rectangular de madera de acacia recubierta de oro cubierta de oro por dentro y por fuera, y tenía cuatro anillos colocados en los ángulos, por los cuales pasaban dos varas de madera de acacia (también cubiertas de oro) con que se transportaba. La palabra arca se traduce del hebreo arón (אָרוין), la cual literalmente significa caja. Sobre esta se colocaba el propiciatorio que era una plancha o tapadera de oro rodeada de dos querubines con sus alas extendidas.: “Haz un propiciatorio de oro puro, de un metro con diez centímetros de largo por setenta centímetros de ancho, y también dos querubines de oro labrado a martillo, para los dos extremos del propiciatorio. En cada uno de los extremos irá un querubín. Hazlos de modo que formen una sola pieza con el propiciatorio. Los querubines deberán tener las alas extendidas por encima del propiciatorio, y cubrirlo con ellas. Quedarán el uno frente al otro, mirando hacia el propiciatorio”, (Éxodo 25:17-20, NVI). Se dice que sobre el propiciatorio aparecía una luz sobrenatural, brillando entre los querubines lo cual representaba la presencia de Dios: “Coloca el propiciatorio encima del arca, y pon dentro de ella la ley que voy a entregarte. Yo me reuniré allí contigo en medio de los dos querubines que están sobre el arca del pacto. Desde la parte superior del propiciatorio te daré todas las instrucciones que habrás de comunicarles a los israelitas”, (Éxodo 25:21-22, NVI). Dentro del arca del testimonio se encontraban las tablas de la ley o decálogo (Éxodo 24:12), una vasija con un gomer de maná (Éxodo 16:33-35) y la vara de Aaron que reverdeció (Números 17:10).

 

LAS VESTIDURAS SACERDOTALES

 

“Harás llegar delante de ti a Aarón tu hermano, y a sus hijos consigo, de entre los hijos de Israel, para que sean mis sacerdotes; a Aarón y a Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar hijos de Aarón. Y harás vestiduras sagradas a Aarón tu hermano, para honra y hermosura”.

Éxodo 28:1-2

                Los capítulos 28 y 29 nos detallan muchas cosas en cuanto a los sacerdotes. Dios había elegido a la tribu de Leví para que fuese la tribu sacerdotal y escogió a Aarón y sus futuros descendientes para que uno de ellos fuese el sumo sacerdote. La función principal del sacerdote consistía en ministrar delante del Señor, representando al pueblo, ofreciendo sacrificios y holocaustos, así como cuidando del santuario. El capítulo 29 se nos detalla la consagración de los sacerdotes donde se les da instrucciones específicas de cómo tenían que consagrarse al servicio de Jehová: “Esto es lo que les harás para consagrarlos, para que sean mis sacerdotes…”, (Éxodo 29:1). De igual forma, en Éxodo 28, el Señor da instrucciones precisas de cómo debían ser las vestiduras del sumo sacerdotes y prácticamente estas consistían en las siguientes partes: “Las vestiduras que harán son estas: el pectoral, el efod, el manto, la túnica bordada, la mitra y el cinturón. Hagan, pues, las vestiduras sagradas para Aarón tu hermano, y para sus hijos, para que sean mis sacerdotes”, (Éxodo 28:4).

 

Vestiduras
Vestiduras del Sacerdote

1.      El efod. Estaba hecho oro, púrpura, carmesí, escarlata y lino fino, teniendo sobre las hombreras dos piedras de ónice, en las que estaban grabados los nombres de las doce tribus de Israel seis nombres en una piedra, y seis en la otra: “…y harán el efod de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido, de obra primorosa. Tendrá dos hombreras que se junten a sus dos extremos, y así se juntará... Y tomarás dos piedras de ónice, y grabarás en ellas los nombres de los hijos de Israel; seis de sus nombres en una piedra, y los otros seis nombres en la otra piedra, conforme al orden de nacimiento de ellos” (Éxodo 28:6-7, 9-10).

2.      El cinto. Este era un cinturón que estaba hecho de los mismos materiales de los tejidos que el efod: “Y su cinto de obra primorosa que estará sobre él, será de la misma obra, parte del mismo; de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido”, (Éxodo 28:8).

3.      El Pectoral iba colocado sobre el pecho, y era cuadrado y doble, conteniendo doce piedras preciosas, cada una de ellas diferente a las demás y estaba unido por cordones a las hombreras del efod: “Harás asimismo el pectoral del juicio de obra primorosa, lo harás conforme a la obra del efod, de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido. Será cuadrado y doble, de un palmo de largo y un palmo de ancho; y lo llenarás de pedrería en cuatro hileras de piedras; una hilera de una piedra sárdica, un topacio y un carbunclo; la segunda hilera, una esmeralda, un zafiro y un diamante; la tercera hilera, un jacinto, una ágata y una amatista; la cuarta hilera, un berilo, un ónice y un jaspe. Todas estarán montadas en engastes de oro. Y las piedras serán según los nombres de los hijos de Israel, doce según sus nombres; como grabaduras de sello cada una con su nombre, serán según las doce tribus”, (Éxodo 28:15-21).

4.      El Manto era de azul y en sus bordes tenía alternativamente granadas de azul, púrpura y carmesí y campanillas de oro, que sonaban cuando el sumo sacerdote andaba: “Harás el manto del efod todo de azul; y en medio de él por arriba habrá una abertura, la cual tendrá un borde alrededor de obra tejida, como el cuello de un coselete, para que no se rompa. Y en sus orlas harás granadas de azul, púrpura y carmesí alrededor, y entre ellas campanillas de oro alrededor”, (Éxodo 28:31-33).

5.      La Mitra era una especie de turbante tenía que una lámina de oro con la inscripción santidad al Señor, que estaba sobre la frente del sumo sacerdote: “Harás además una lámina de oro fino, y grabarás en ella como grabadura de sello, SANTIDAD A JEHOVÁ. Y la pondrás con un cordón de azul, y estará sobre la mitra; por la parte delantera de la mitra estará”, (Éxodo 28:36-37).

6.      La Túnica y los Calzoncillos, eran la ropa interior del sumo sacerdote, hecha de lino, símbolo de justicia perfecta: “Y para los hijos de Aarón harás túnicas; también les harás cintos, y les harás tiaras para honra y hermosura. Y con ellos vestirás a Aarón tu hermano, y a sus hijos con él; y los ungirás, y los consagrarás y santificarás, para que sean mis sacerdotes. Y les harás calzoncillos de lino para cubrir su desnudez; serán desde los lomos hasta los muslos”, (Éxodo 28:40-42).