viernes, 30 de junio de 2017

La verdadera inversión en la vida (Salmo 39:4-6)



“Hazme saber, Jehová, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuán frágil soy. he aquí, diste a mis días término corto, y mi edad es como nada delante de ti; ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive. Ciertamente como una sombra es el hombre; ciertamente en vano se afana; amontona riquezas, y no sabe quién las recogerá”.
Salmo 39:4-6

INTRODUCCIÓN


Como lo dice el salmista, la vida es demasiada corta como para desaprovecharla en cosas vanas que no van a contribuir a nuestro bien en esta vida y en la venidera. Por eso decía: Hazme saber, Jehová, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuán frágil soy. he aquí, diste a mis días término corto, y mi edad es como nada delante de ti; ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive. Ciertamente como una sombra es el hombre; ciertamente en vano se afana; amontona riquezas, y no sabe quién las recogerá. Todos debemos estar conscientes que nuestra vida es efímera y frágil, y debemos ser sabios en la forma de cómo la vamos a vivir, lamentablemente muchos viven sus días desperdiciando la oportunidad que Dios les ha dado y sin considerar esta realidad.

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La verdadera inversión en la vida


                                I.            LAS COSAS EN LAS CUALES EL MUNDO DESPERDICIA SU VIDA.


Este mundo pierde su vida yendo tras varias cosas temporales y muchas veces inservibles. Veamos al menos tres de ellas.

1.       En los deseos temporales de este mundo.


“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”.
Gálatas 5:16-21

Generalmente el ser humano desperdicia su vida en satisfacer los deseos de su carne. Debido a que el pecado produce una satisfacción temporal muchas personas viven deleitándose en él. Muchos siguen la corriente desenfrenada de este mundo practicando el adulterio, las borracheras, los pecados sexuales, la idolatría, la brujería, son esclavos de sus pasiones bajas, su ira, egoísmo, odio, celos, avaricia y toda clase de sentimiento impuro sin saber que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Por eso Pablo nos dice que no debemos proveer para los deseos de la carne ya que al hacerlo estamos desperdiciando nuestra vida.

2.       En recibir reconocimientos y grandeza de este mundo.


“Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos. Respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás”.
Lucas 4:5-8

Una de las tres tentaciones que el diablo uso contra Jesús durante sus 40 días de ayuno fue el ofrecerle toda la vanagloria y grandezas de este mundo: Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Satanás y este mundo le ofrece al hombre todas sus vanaglorias, reconocimientos y grandezas, pero todas estas son vanas porque conducen a la condenación eterna. Juan Buyan en su inmortal obra el progreso del peregrino narra en su pictórica y alegórica historia el momento cuando Cristiano llego a la feria de la vanidad, un lugar donde los habitantes de esa ciudad le ofrecían a todos sus visitantes toda clase de deleites, atracciones y supuestos reconocimiento con el objetivo de alejarlos del camino de la salvación. Así este mundo nos ofrece sus vanaglorias desde el mismo principio de la raza humana ya que el diablo le prometió a la mujer que sería como Dios y el fruto era codiciable para alcanzar dicho fin: “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió, así como ella”, (Génesis 3:6). Sin embargo, todo lo que hay en este mundo es vano y no tiene provecho para la vida del ser humano:

“Dije yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes. Mas he aquí esto también era vanidad. A la risa dije: Enloqueces; y al placer: ¿De qué sirve esto? Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino, y que anduviese mi corazón en sabiduría, con retención de la necedad, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de los hombres, en el cual se ocuparan debajo del cielo todos los días de su vida. Engrandecí mis obras, edifiqué para mí casas, planté para mí viñas; me hice huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todo fruto. Me hice estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde crecían los árboles. Compré siervos y siervas, y tuve siervos nacidos en casa; también tuve posesión grande de vacas y de ovejas, más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén. Me amontoné también plata y oro, y tesoros preciados de reyes y de provincias; me hice de cantores y cantoras, de los deleites de los hijos de los hombres, y de toda clase de instrumentos de música. Y fui engrandecido y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; a más de esto, conservé conmigo mi sabiduría. No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte de toda mi faena. Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol.”.
Eclesiastés 2:1-11

Podemos ver la conclusión de Salomón, al final en vano es afanarse en tantas cosas en este mundo ya que si Dios no ha sido considerado en ellas todo es un desperdicio de vida.

3.       En hacer dinero.


Finalmente, el hombre desperdicia su vida en querer hacer dinero. La necesidad de dinero es una de las principales causas por las cuales los hombres se alejan de Dios. La mayoría de ellos viven endeudados, con tarjetas sobregiradas, con préstamos, gastando más de lo que ganan con tal de mantener un estilo de vida que este mundo de consumismo le ha enseñado a tener, todo con el fin de ser supuestamente feliz. En su parábola del sembrador nuestro Señor nos ilustra este hecho: “El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa”, (Mateo 13:22). Así vemos a la gran mayoría de personas atrapadas en sus deudas y trabajando día y noche para conseguir dinero y como consecuencia no tienen tiempo para Dios. Por otro lado, también están los insensatos que confían en demasía en el dinero y no se preocupan en buscar a Dios porque viven acumulando riquezas para si mismos, pero el mismo Jesús nos advirtió a no caer en este error: “También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios”, (Lucas 12:16-21).

                             II.            LA VERDADERA INVERSIÓN EN LA VIDA.


Ahora bien, considerando que la vida es efímera y frágil, debemos buscar la forma de invertir en aquellas cosas que verdaderamente son importantes para nosotros y en esta ocasión podemos mencionar al menos 3 de ellas.

1.       Conocer a Dios.


“Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová”.
Jeremías 9:23-24

En primer lugar, debemos enfocar nuestra vida en conocer a Dios. Sin Dios en nuestras vidas nuestros pasos nos conducen al fracaso, pero a través de su Hijo Jesucristo podemos llegar a tener el mayor placer de todos, conocerlo a Él a través de su palabra: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”, (Juan 5:39).

2.       Heredar la vida eterna.


“Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño”.
Salmo 32:2

Definitivamente aquel cuyas transgresiones han sido perdonadas es bienaventurado ya que puede vivir con toda la seguridad que al morir pasará a la presencia de Dios y no ira a condenación eterna. Esto se logra a través de la fe en Cristo Jesús: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”, (Romanos 3:23-24). De nada sirve que el hombre alcance grandes éxitos en esta vida si su alma se pierde: “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?”, (Mateo 19:26). Por tanto, la mayor inversión que el hombre puede hacer es salvar su alma a través de la fe en Jesús.

3.       Encajar en el plan de Dios para mi vida.


Finalmente, nuestra vida para que sea provechosa y feliz debe encajar perfectamente en la voluntad de Dios. Una de las mayores inversiones que podemos hacer en esta tierra es enfocarnos en buscar las cosas del reino de Dios: “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra”, (Colosenses 3:1-2). Cuando Dios es nuestro primer lugar todo cambia en la vida, ya que no solo tenemos éxito en el área espiritual, sino en todos los aspectos de la vida: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”, (Mateo 7:33).

CONCLUSIÓN.


La vida es efímera y tarde o temprano podemos pasar a la eternidad y por esa razón debemos asegurarnos de no desperdiciar nuestros pocos días en los placeres temporales que el pecado ofrece y en la vanagloria de este mundo. La mayor inversión que podemos hacer en nuestra vida es dedicarle nuestro ser a Cristo, conocer a Dios y el propósito para nuestra vida, y heredar la vida eterna.



viernes, 23 de junio de 2017

Un Mundo que Agoniza (Romanos 8:22)


“Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora”.
Romanos 8:22

INTRODUCCIÓN


Hoy en día es común ver series, programas televisivos y hasta películas cuya temática gira alrededor del mundo. De alguna manera esta sociedad sabe que este mundo no será eterno, y de allí que uno puede ver cómo este mundo agoniza tal y como Pablo lo dice: Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora. Este mundo agoniza, desde su creación ha perdido su esplendidez, aunque aún hay cosas hermosas que apreciar, pero lo cierto es que está gimiendo como consecuencia de la decadencia que experimenta. Pero veamos por qué decimos que este mundo agoniza.


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Un Mundo que Agoniza

                                I.            ESTE MUNDO AGONIZA PORQUE ESTÁ BAJO LA INFLUENCIA DE SATANÁS.


“Sabemos que somos hijos de Dios, y que el mundo entero está bajo el control del maligno”.
1 Juan 5:19

En primer lugar, este mundo agoniza porque está bajo el control de Satanás. Si bien es cierto cuando Dios creo al hombre, lo comisionó para que gobernase sobre toda la creación: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”, (Génesis 1:27-28). Lamentablemente por causa de su desobediencia el pecado entro al mundo y por consecuencia la influencia maligna de Satanás. Desde la caída del hombre Satanás ha estado influenciando la vida del hombre para alejarlo de Dios, y ha establecido un sistema mundial que lejos de horrar a Dios los aparta. Por eso en una de las tres tentaciones del desierto, el diablo le ofreció a Jesús los reinos de este mundo, porque él los tenía bajo su dominio temporalmente: “Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos. Respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás”, (Lucas 4:5-8). Obviamente este dominio es temporal, pero por el momento Satanás influye en los principios filosóficos, científicos o religiosos de los hombres a tal punto que corrompe toda la creación del Señor ante esta influencia corruptora este mundo agoniza.

                             II.            ESTE MUNDO AGONIZA PORQUE LA MALDAD CRECE CADA DÍA.


“Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio”.
2 Tesalonicenses 2:7

En segundo lugar, decimos que este mundo agoniza porque la maldad crece día a día. Es increíble ver como la maldad ha crecido en los últimos años. La decadencia moral, los homicidios, la legalización de matrimonios gays en algunos países, los abortos, los miles de hogares destruidos por la infidelidad conyugal, la expansión de las drogas, el surgimiento de enfermedades sexuales incurables como el SIDA, los altos índices de criminalidad y la idolatría son algunos indicadores que nos muestra como la maldad en este mundo va creciendo. Todo esto es así porque este mundo tiene que ir de mal en peor hasta el la maldad tenga su máxima expresión en el surgimiento del anticristo, y a esto el apóstol Pablo le llama el misterio de la iniquidad ya que este hombre inicuo a quien la Biblia llama la bestia será un verdadero engendro de Satanás donde toda la maldad tendrá su máxima expresión. El mismo Jesús dijo que antes que la gran tribulación venga sobre este mundo surgirán muchos falsos profetas y la maldad crecerá en sobremanera enfriando el amor de muchos: “Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará”, (Mateo 24:11-12). Por eso este mundo está agonizando, porque el misterio de la iniquidad ya está en acción y la maldad crece destruyendo la vida de los seres humanos.

                          III.            ESTE MUNDO AGONIZA PORQUE ESTÁ DESTINADO A LA DESTRUCCIÓN.


Finalmente, este mundo agoniza porque está destinado a la destrucción. De esto nos habla ampliamente la Biblia. En primer lugar, este mundo está reservado para el día de la gran tribulación, un periodo de siete años donde surgirá el anticristo y Dios derramará toda su ira como castigo a la maldad de los hombres: “Cercano está el día grande de Jehová, cercano y muy próximo; es amarga la voz del día de Jehová; gritará allí el valiente. Día de ira aquel día, día de angustia y de aprieto, día de alboroto y de asolamiento, día  de tiniebla y de oscuridad, día de nublado y de entenebrecimiento, día de trompeta y de algazara sobre las ciudades fortificadas, y sobre las altas torres. Y atribularé a  los hombres, y andarán como ciegos, porque pecaron contra Jehová; y la sangre de ellos será derramada como polvo, y su carne como estiércol. Ni su plata ni su oro podrá librarlos en el día de la ira de Jehová, pues toda la tierra será consumida con el fuego de su celo; porque ciertamente destrucción apresurada hará de todos los habitantes de la tierra”, (Sofonías 1:14-18). El mismo libro de Apocalipsis nos advierte lo terrible que serán sus juicio y que nadie podrá mantenerse de pie ese terrible día: “Porque  el  gran  día  de  su  ira  ha  llegado;  ¿y quién podrá sostenerse en pie?”, (Apocalipsis 6:17). Todo esto culminará con la segunda venida de nuestro. Después que Cristo regrese en su segunda venida Satanás será encerrado por mil años y se establecerá el milenio, pero después de estos mil años, el Señor juzgara a todos los pecadores los cuales serán arrojados al lago de fuego y este mundo será destruido, tal y como el apóstol Pedro nos lo dice:  

“Pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos. Más, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas”.
2 Pedro 3:7-10

            Hoy en día muchos tienen como tardanza la segunda venida del Señor y el cumplimiento de todo esto, piensan que estas advertencias son mitos que jamás se cumplirán, pero Pedro nos dice que para Dios el tiempo le es indiferente ya que en su voluntad ha establecido un día para que estos acontecimientos se cumplan, pero mientras tanto, espera que todos los hombres se arrepientan.

CONCLUSIÓN.



            Por tanto, este mundo está agonizando porque está bajo la influencia de Satanás, la maldad crece cada día más y está destinado al juicio divino y destrucción total; pero Dios promete a todos los cristianos sacarnos de este terrible destino a través de la fe en su Hijo amado: “Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra”, (Apocalipsis 3:10).


De la abundancia del corazón habla la boca (Mateo 12:34-37)



“¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas.  Más yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado”.
Mateo 12:34-37

Introducción



               Para comprender estos versículos es importante no olvidar el contexto bíblico que los antecede. Debido al odio que se había despertado en los líderes religiosos hacia la persona de Jesús y ante la impotencia de encontrar algo de que acusarlo para desacreditarlo delante de la gente, estos hombres no tuvieron más que acudir a la falsa acusación diciendo que las obras que Jesús hacía eran porque el diablo le ayudaba. Esto provoco que cometieran el pecado imperdonable, la blasfemia contra el Espíritu Santo, y ahora nuestro Señor nos dice lo importante que es cuidar de nuestras palabras ya que por un lado reflejan lo que hay en nuestras vidas, y segundo, de toda palabra dicha por nuestra propia boca daremos cuenta en el juicio venidero.

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De la abundancia del corazón habla la boca


Siendo Malo no se puede hablar nada bueno


“¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos?...”
Mateo 12:34

                 Después de haberlos amonestado por su blasfemia imperdonable, el Señor les dice que es imposible que alguien malo haga una buena obra, porque ellos decían que las buenas obras que Jesús hacía eran porque hacía uso de poderes malignos, y esto es ilógico. Por eso les dice que mejor deberían evaluar un árbol por sus frutos, si sus frutos eran buenos eso significaría que el árbol es bueno, pero si su fruto es malo no cabe duda que se trata de un árbol malo. Así las buenas obras de Jesús testificaban que era bueno, y no solo eso, sino también el Mesías. En contraste, estos perversos hombres que criticaban las buenas obras de Jesús difamándolo no sabía que sus malas obras reflejaban lo que realmente eran y por ello les dice: ¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Era difícil esperar algo bueno de estos hombres ya que eran malos, y por tal razón su boca estaba llena de palabras venenosas como una víbora: ¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Si hay algo que podemos ver en el ministerio de Jesús es su franqueza hacia todos sabiendo que estaba en este mundo no para ser popular o agradar a todos los hombres, sino para hacer la voluntad de su Padre. En esta ocasión utiliza una palabra fuerte para referirse a sus enemigos, y los llama Generación de víboras. Realmente eran eso, descendientes de una generación que escondida en una apariencia de piedad iban en contra de la voluntad de Dios, sus antepasados fueron personas que habían perseguido a los profetas, los habían encarcelado y hasta matado, todo por una falsa religión, y por tal razón, ¿cómo podrían hablar algo bueno si eran malos? También es importante hacer notar que siempre que Jesús uso palabras fuertes como generación de víbora, o sepulcros blanqueados, o hipócritas, o similares a estas, las dirigió a sus enemigos, a aquellos que en su plena condenación se oponían a toda la verdad  y se aferraban a sus creencias y tradiciones pensando que eso los salvaría del juicio. Nunca veremos a Jesús utilizando este tipo de palabras fuertes en contra de sus discípulos. De esto uno puede aprender dos cosas. La primera es que debemos evitar insultar a la gente desde el púlpito, especialmente a los hermanos ya que esto seria una mala aplicación de este pasaje. Por otro lado, si bien en cierto que Jesús fue duro con los fariseos, esto no significa que nosotros haremos lo mismo con los incrédulos que se oponen al evangelio ya que no olvidemos que el principio predominante en la Biblia no es devolver mal por mal, sino solamente bien. Lo cierto es que debemos siempre estar prestos a proclamar el evangelio y defender nuestra fe y para esto debemos pedirle sabiduría a Dios para hacerlo de manera eficaz, sin caer el vanas discusiones y sin ofender la dignidad de nadie, solamente denunciar las falsas doctrinas y a quienes las enseñan: “Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo”, (Judas 3-4).  Por tanto, como Jesús los cristianos también estamos llamados a contender ardientemente por la fe y denunciar sin temor a aquellos enemigos que se atrevan a oponerse a la verdad.

Todo Proviene del Corazón


“Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas”.
Mateo 12:34-35

                   Jesús profundiza más acerca de la condición de estos religiosos y llega hasta la raíz del problema: el corazón. En la Biblia vemos como el corazón es el centro de todas nuestras emociones e intenciones que posteriormente se convierten en acciones. Del corazón manan sentimientos como la alegría y la tristeza, y aun puede impulsar al hombre a adquirir sabiduría o ser un necio: “El corazón alegre hermosea el rostro; mas por el dolor del corazón el espíritu se abate. El corazón entendido busca la sabiduría; más la boca de los necios se alimenta de necedades”, (Proverbios 15:13-14). Si el corazón del ser humano es malo, sus acciones son malas: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”, (Génesis 6:5), y por ello la Biblia exhorta al hombre a cuidar su corazón de toda cosa perversa y no permitir que nada lo contamine: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida. Aparta de ti la perversidad de la boca, y aleja de ti la iniquidad de los labios. Tus ojos miren lo recto, y diríjanse tus párpados hacia lo que tienes delante. Examina la senda de tus pies, y todos tus caminos sean rectos. No te desvíes a la derecha ni a la izquierda; aparta tu pie del mal”, (Proverbios 4:23-27), y se le pide al hombre que instruya su corazón en la palabra de Dios: “Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; átalas a tu cuello, escríbelas en la tabla de tu corazón”, (Proverbios 3:3). De esta manera podemos estar seguros que si el corazón es bueno, sus acciones serán buenas; pero si su corazón es malo, sus acciones serán malas y por eso les dice: Porque de la abundancia del corazón habla la boca. La palabra abundancia proviene del griego perísseuma (περίσσευμα), la cual sugiere algo que esta tan lleno que su contenido derrama. Así las maldades de aquellos fariseos eran tan grandes que rebalsaba y se expresaba en sus palabras. Sus acusaciones blasfemas provenían de un corazón lleno de maldad y por ende eran personas perversas; mientras que Jesús pronunciaba solo la palabra de Dios y la verdad, y sus actos no eran más que hechos milagrosos que se desprendían de un corazón misericordioso que buscaba aliviar el sufrimiento de los demás. Jesús nos amplia más este principio espiritual: El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas. Si nos damos cuenta, todo lo bueno o lo malo proviene del corazón y por esta razón todos debemos cuidar que nuestro corazón rebose de toda bondad porque de lo contrario, no solo nuestras palabras serán malas, sino todas nuestras acciones se convertirán en pecado: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias”, (Mateo 15:19).

De Toda Palabra Ociosa daremos Cuenta


“Más yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado”.
Mateo 12:36-37

                  Ahora Jesús refuerza la gravedad que tienen las palabras ociosas diciendo que aun por ellas los hombres serán juzgados en el día del juicio. La palabra “ociosa” proviene del griego argós (ἀργός), la cual significa algo inservible, completamente inútil. Así son todas las palabras que no agradan a Dios: son maldicientes, llenas de vanagloria, blasfemas y completamente inservibles, solamente nos condenan. La Biblia advierte del peligro que las palabras ociosas tienen, por ejemplo, Santiago dice que la lengua es un miembro difícil de controlar que se jacta a sí misma, que provoca grandes estragos con sus palabras y es alimentada por el mismo infierno si no se controla: “He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce”, (Santiago 3:3-12). Tan peligrosos son los pecados de la lengua que nos pueden arrastrar al infierno y por ello debemos buscar la forma de refrenarla porque en la eternidad los hombres darán cuenta hasta por sus palabras: Más yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Por tal motivo nuestra lengua debe abstenerse de pronunciar cualquier palabra ociosa y solamente proclamar las grandezas de Cristo. En la vida solo tendremos dos opciones, o usamos nuestra lengua para confesar nuestra fe para salvación, o nuestras mismas palabras nos condenan: Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado. Aquellos hombres que blasfemaron contra Jesús tenía un corazón malo y por eso sus palabras eran ociosas a tal punto que se atrevieron a blasfemar contra el Espíritu Santo. Así muchas personas sin saber lo grave de sus palabras se condenan a una eternidad en el infierno, pero muchos se salvaran asegurándose que su boca solo confiese su fe en Jesús: “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”, (Romanos 10:9-10).



sábado, 10 de junio de 2017

El fruto del pecado (Job 4:8)



“Como yo he visto, los que aran iniquidad y siembran injuria, la siegan”.
Job 4:8

INTRODUCCIÓN


            En el libro de Job se nos dice que la misma maldad que el hombre siembra esa misma siega, y esto es una realidad. El pecado es un tema del cual la Biblia habla bastamente ya que sus efectos son destructivos para la vida del hombre. Aunque el pecado nos ofrece satisfacer nuestros deseos carnales, debemos estar conscientes que su fin es de muerte y en esta oportunidad vamos a considerar al menos tres frutos que el pecado produce.

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El fruto del pecado

                               I.            EL FRUTO DEL PECADO ES ESCLAVITUD.


“Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado”.
Juan 8:34

El primer fruto que el pecado produce en nuestra vida es el de la esclavitud. El pecado tiene un poder sobrenatural en nuestra vida a tal punto que nos convierte en personas adictas a él, a tal punto que aquellos que lo practican quedan sometidos en plena dependencia de él. Por eso Jesús les decía a los judíos: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. Como un duro capataz viene y esclaviza al hombre con fuertes cadenas espirituales subordinando su voluntad a las pasiones bajas de la naturaleza pecaminosa. Por eso Pablo nos decía que en esta vida podemos ser esclavos de Cristo para justicia o del pecado para muerte: “¿No sabéis que, si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?”, (Romanos 6:16). Pecados como la pornografía, el homosexualismo, la codicia, el odio, las borracheras, la hechicería, la idolatría, la soberbia, entre otros tiene esclavizada a esta sociedad. Esta afirmación espiritual no es difícil de creer ya que uno puede verlo en personas que no pueden abandonar su antigua vida de pecado, ya que, aunque los destruye, ellos son incapaces de abandonarlo porque fuertes cadenas espirituales los hunde en esta terrible situación.

                            II.            EL FRUTO DEL PECADO ES SUFRIMIENTO.


“¡Ay del impío! Mal le irá, porque según las obras de sus manos le será pagado”.
Isaías 3:11

El segundo fruto que el pecado produce es sufrimiento. Es cierto que al principio produce placer, pero después este se vuelve como un aguijón que trastorna la vida del pecador y por eso Isaías dice: ¡Ay del impío! Mal le irá, porque según las obras de sus manos le será pagado. Vasta revisar las páginas de la Biblia para darnos cuenta que ningún pecador que no se arrepiente ha tenido un final feliz. Uno ve el trágico final de Caín tuvo debido a su soberbia y espíritu homicida, o el triste final de Sansón el cual abandono sus botos de nazareo para entregarse al vino y las rameras de su tiempo, o la ruina que cayó en la vida de Salomón al dividírsele su reino por entregarse a la lujuria con mujeres extranjeras las cuales lo obligaron a adorar a dioses extraños, o el juicio de Dios que vino sobre todos los reyes de Israel que adoraron a dioses falsos y perseveraron en el pecado de Jeroboam, o la condenación que vino sobre Judas por causa de su codicia, y así podemos ver que todo aquel que persevere en el pecado tendrá un triste final y solo le esperara un camino de dolores. Por eso decimos que el fruto del pecado es el sufrimiento.

                         III.            EL FRUTO DEL PECADO ES CASTIGO ETERNO.


“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”.
Gálatas 5:19-21

Finalmente, el fruto que el pecado produce es condenación eterna. En Gálatas Pablo nos dice que nadie que practique esos pecados y otros semejantes a ellos heredará la vida eterna. En esta vida tenemos que estar conscientes que la paga por una vida de pecado es la condenación eterna en el infierno, y por esta causa la Biblia nos advierte a huir de la maldad y no satisfacer los deseos de la carne ya que una vida de pecado solo nos conduce al infierno.

                          IV.            LA DADIVA DE DIOS.


“Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”.
Romanos 6:23

Como ya hemos visto, el pecado solo produce esclavitud, sufrimiento y condenación eterna; en contraste, Dios nos ofrece a través de Cristo libertad del pecado, bendiciones y vida eterna. Este claro contraste se deja ver en las palabras de Pablo: Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. Realmente en esto consiste el evangelio, en la vida restaurada que Jesús nos ofrece, la cual es una vida donde nuestros pecados han sido perdonados: “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados”, (Colosenses 1:14); donde se nos ofrece una vida de abundancia: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”, (Juan 10:10); y donde hemos escapado de la condenación eterna: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo”, (Juan 10:9).

CONCLUSIÓN.


El fruto que el pecado produce es esclavitud, sufrimiento y condenación eterna, pero Cristo nos ofrece una vida libre de las consecuencias del pecado, una vida de abundancia y grandes bendiciones, y sobre todo la salvación de nuestra alma.

De mal en peor (Santiago 1:15)



“Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte”.
Santiago 1:15

INTRODUCCIÓN


            Corría el año 1495 y el célebre Leonardo da Vinci necesitaba y buscaba a un hombre que le sirviera de modelo para dibujar a Cristo. “Debo encontrar un hombre joven de vida pura”, dijo, “antes de reparar en la cara que necesito”. Alguien le habló de un joven corista de una de las iglesias de Roma, que era sano en su vida y bello de rostro. Cuando el artista lo vio, exclamó maravillado y gozoso: “¡Al fin encontré la cara que necesitaba!” Y de esta forma, el joven Pietro Bandinelli posó como modelo para pintar al Señor Jesús. Pasaron algunos años y el cuadro de La Última Cena aún no había sido terminado. Todos los discípulos estaban ya dibujados excepto uno, Judas. Da Vinci había tratado de imaginarse la cara del traidor y grabarla en el lienzo, pero esto no le satisfacía. “Debo encontrar un hombre”, dijo, “cuyo rostro haya sido endurecido y desfigurado por su misma degeneración; uno en cuyas facciones se muestren los estragos de un mal vivir y de un corazón impío”. Finalmente, un día en una de las calles de Roma encontró un infeliz mendigo, sucio, andrajoso y mal oliente; lo llevó a su estudio y le sirvió de modelo para pintar el rostro de Judas. Una vez terminado el trabajo, el artista le preguntó: “¿Cómo se llama usted?” “Pietro Bandinelli”, respondió, “yo también le serví de modelo para dibujar a Cristo”. Esta coloquial historia nos ilustra la realidad del hombre, la decadencia de su ser por causa del pecado que lo lleva de mal en peor. Pero veamos en detalle lo que esto significa.

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De mal en peor

                               I.            LA TERRIBLE DECADENCIA DEL HOMBRE SIN DIOS.


Es increíble la condición del hombre sin Dios, como ya dijimos va de mal en peor tal y como lo expresa Santiago al decirnos que primero se deja dominar por sus bajas pasiones, luego dominado por ellas se lanza a practicar toda clase de maldad para finalmente engendrar una terrible decadencia que lo lleva a la misma condenación eterna: Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte. Pero veamos en detalle como este proceso de decadencia se da.

1.      El hombre sin Dios está influenciado por sus bajas pasiones.


“Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”.
Génesis 6:5

En primer lugar, el hombre sin Dios es dominado por sus bajas pasiones. El texto de Génesis nos describe muy bien esta terrible condición: y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. En este sentido el hombre sin Dios está totalmente depravado, alejado de toda justicia, dominado por sus bajas pasiones, sin una pisca de bondad, tal y como lo enseña Pablo: “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; Con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre; quebranto y desventura hay en sus caminos; y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos”, (Romanos 3:10-18). Así es la condición interior del hombre sin Dios, completamente dominado por su concupiscencia de tal forma que no hay nada bueno en él.

2.      El hombre sin Dios se convierte en un esclavo del pecado.


“Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado”.
Juan 8:34

En segundo lugar, el hombre sin Dios se convierte en un esclavo del pecado. Una vez dominado por sus bajas pasiones, estas lo arrastran a practicar el pecado, pero una vez este cae en él, el mismo pecado ejerce un poder maligno que lo hace un adicto y siendo así se vuelve en un esclavo. Esta es una de las razones por las cuales muchas personas no pueden convertirse a Cristo porque piensan que no van a poder librarse de practicar el pecado, porque fuertes cadenas espirituales atan su voluntad. Por esta razón Jesús decía: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. De esta forma vemos como el hombre va de mal en peor, primero es dominado por sus bajas pasiones, todo pensamiento es de continuo el mal, de su corazón brotan las peores concupiscencias, hasta que finalmente es arrastrado a cometer actos pecaminosos, los cuales a su vez lo vuelven su esclavo de tal forma que practica los peores pecados. Pero esto no termina aquí, sino que nos lleva al tercer punto en esta decadencia:

3.      El hombre sin Dios va camino al infierno.


“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”.
Mateo 7:13-14

Finalmente, llegamos al nivel de decadencia más bajo que el hombre puede llegar, la destrucción de todo su ser y la condenación de su propia alma. Jesús nos advirtió de no seguir este terrible camino porque conduce a la destrucción: Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan. Tristemente de esta forma el hombre va de mal en peor hasta llegar a la misma condenación eterna, y por eso Jesús Nos dice que nos esforcemos por entrar por la puerta estrecha, y no por la ancha, que perseveremos por el camino angosto que lleva a la vida en lugar de seguir el camino espaciosos que lleva a la perdición.

                            II.            EL HOMBRE RESTAURADO EN CRISTO.


“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.
2 Corintios 5:17

Así como el pecado destruye la condición del hombre haciendo que vaya de mal en peor, así Cristo vino a este mundo con el propósito de restaurar su vida, sin importar la condición de decadencia en la cual se encuentra: De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. En esto consiste el poder redentor de Cristo, en tomar a un hombre completamente arruinado, y hacerlo nueva criatura proveyéndole una nueva vida donde todas las cosas viejas pasaron. Para esto es necesario que el hombre reconozca su ruina y se arrepienta de sus pecados para que Cristo pueda transformar su vida.

CONCLUSIÓN.


Por tanto, sin Cristo el hombre va de mal en peor, primero se desatan todas sus bajas pasiones apoderándose de su corazón para que sus pensamientos sean de continuo solamente el mal, luego estas malas intenciones se apoderan de él y lo arrastran a practicar toda clase de maldad volviéndose en un esclavo del pecado, y este a su vez lo lleva a un estado de completa decadencia hasta llegar a la condenación eterna. Por esta razón el hombre necesita de Cristo porque solamente de lo contrario ira de mal en peor hasta condenarse.