viernes, 27 de marzo de 2015

Turbados por el pecado (Josué 7:25)


“Y le dijo Josué: ¿Por qué nos has turbado? Túrbete Jehová en este día. Y todos los israelitas los apedrearon, y los quemaron después de apedrearlos”.
Josué 7:25

INTRODUCCIÓN


“Quien mal anda mal acaba”, este es un refrán popular que en pocas palabras nos encierra una verdad bíblica la cual es que todo aquel que practique el pecado será turbado por él y la historia de Acán  nos ofrece un buen ejemplo de ello. Para esta época Israel iniciaba su conquista en Canaán y recientemente habían destruido la ciudad de Jericó de la cual Dios les había prohibido recoger cualquier tipo de botín ya que era anatema; sin embargo, Acán desobedeció la orden y esto provocó el enojo de Dios a tal punto que cuando intentaron conquistar la ciudad de Hai fueron derrotados.  Veamos más en detalle como este pecado turbo la vida de todos los Israelitas.   

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El Pecado de Acan

I.                      EL PECADO DE ACÁN.


“Entonces Josué dijo a Acán: Hijo mío, da gloria a Jehová el Dios de Israel, y dale alabanza, y declárame ahora lo que has hecho; no me lo encubras. Y Acán respondió a Josué diciendo: Verdaderamente yo he pecado contra Jehová el Dios de Israel, y así y así he hecho. Pues vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta siclos, lo cual codicié y tomé; y he aquí que está escondido bajo tierra en medio de mi tienda, y el dinero debajo de ello”.
Josué 7:19-22

            Las palabras de Acán nos enseñan muy bien la forma de como el pecado entra en nuestras vidas. Sus palabras nos muestran el proceso: Verdaderamente yo he pecado… Pues vi… lo cual codicié… y tomé. Muchos creen que gran parte de las tentaciones entran por nuestros ojos, los cuales viendo llegan a capturar nuestra atención provocando pensamientos que nos tientan a desear el mal hasta que se convierte en una codicia en nuestro corazón lo cual termina con la consumación. Por ejemplo, esto mismo le ocurrió a David cuando se dejó seducir por la hermosura de una mujer hasta llegar a codiciarla y cometer así el pecado a adulterio y asesinato: “Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa”, (2 Samuel 11:2). También lo vemos con Eva donde nos dice que parte de la tentación consistía en que el fruto era agradable a los ojos (Génesis 3:6).  Y el apóstol Juan nos exhorta a no satisfacer los deseos de los ojos: “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo, (1 Juan 2:16).

            Acán permitió que el deseo por el manto babilónico los siclos de plata y el lingote de oro lo sedujeran a tal punto que consumió su pecado al tomarlo y esconderlo en su tiendo.

II.                TURBADOS POR EL PECADO.


El apóstol Santiago nos habla de cómo este proceso nos lleva a consumir el pecado y posteriormente la muerte.

“Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte”.
Santiago 1:13-15

            Nadie que practique el pecado saldrá bien librado, sino por el contrario, será turbado. Veamos a través del ejemplo de Acán como es que el pecado turba a las personas.

1.      El pecado nos turba porque no nos permite disfrutar plenamente de las cosas de la vida.


“…y he aquí que está escondido bajo tierra en medio de mi tienda, y el dinero debajo de ello”.
Josué 2:21

            No hay una mayor mentira en este mundo que el pecado. Muchos creen que el llevar una vida de pecado es la mejor opción para disfrutar el mundo, pero se equivocan. El pobre Acán peco al tomar del anatema, pero no podía disfrutar de esas riquezas y esto lo obligaba a tenerlas oculto bajo su tienda. Muchas personas son como Acán, llevando una doble vida de pecado, ocultándose no disfrutan la vida que tiene preparado para ellos. Y esto nos lleva al siguiente punto.

2.      El pecado nos turba porque nos roba la bendición que Dios tiene para nosotros en el futuro.


“Y harás a Hai y a su rey como hiciste a Jericó y a su rey; sólo que sus despojos y sus bestias tomaréis para vosotros. Pondrás, pues, emboscadas a la ciudad detrás de ella”.
Josue 8:2

            Después que Acán fue muerto por su rebelión, Dios permitió que Israel conquistara Hai y se quedara con todo su botín. Sin tan solo hubiese obedecido la voz de Dios para no tomar ningún botín de Jericó y esperar un par de semanas más, Acán hubiese disfrutado del botín que el Señor les tenía preparado más adelante. Cuantas personas han perdido la bendición de Dios por apresurarse y ceder a la tentación, siendo así turbadas por el pecado.

3.      El pecado turba a otros a nuestro alrededor.


El pecado no solo nos turba a nosotros, sino también a otras personas. El pecado de Acán turbo a Israel ya que por él Dios no les ayudo en la batalla provocando la derrota de la nación:

“Por esto los hijos de Israel no podrán hacer frente a sus enemigos, sino que delante de sus enemigos volverán la espalda, por cuanto han venido a ser anatema; ni estaré más con vosotros, si no destruyereis el anatema de en medio de vosotros”.
Josué 7:12
            Además provoco que toda su familia sufriera la pena de muerte por el pecado que había cometido:
“Entonces Josué, y todo Israel con él, tomaron a Acán hijo de Zera, el dinero, el manto, el lingote de oro, sus hijos, sus hijas, sus bueyes, sus asnos, sus ovejas, su tienda y todo cuanto tenía, y lo llevaron todo al valle de Acor”.
Josué 7:24

            Muchas personas hoy sufren por el pecado de otros y de esta marera vienen a ser turbados por el pecado.

4.      El pecado nos turba porque nos arrastra a la destrucción.


“Y le dijo Josué: ¿Por qué nos has turbado? Túrbete Jehová en este día. Y todos los israelitas los apedrearon, y los quemaron después de apedrearlos”.
Josué 7:25

            Finalmente, el pecado nos turba porque nos conduce a la destrucción y condenación eterna. La palabra de Dios es clara al advertirnos de sus terribles consecuencias. El pobre de Acán termino siendo apedreado junto con su familia por cosas que ni siquiera pudo disfrutar. Muchas personas serán condenadas por pecados que los destruyen poco a poco.

III.             HUIR DEL PECADO.


“A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia”.
Deuteronomio 30:19

            Por esta razón Dios les advirtió a los Israelitas antes de entrar a la tierra prometida que habían dos caminos que ellos podían escoger, si elegían el malo morirían, pero vivirían si escogían el camino bueno. De igual forma, hoy existe un camino ancho y espacioso en gran manera que es fácil de transitar pero que conduce a la condenación eterna:

“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella;  porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.
Mateo 7:13-14

            Nuestro Señor Jesucristo nos invita hoy a no dejarnos seducir por el pecado y abandonar el camino espacioso que conduce a la perdición. Todos debemos huir de la condenación eterna, pero para ello debemos atender el llamado de Jesús para nuestras vidas y así jamás seremos turbados por el pecado.

CONCLUSIÓN


            El pecado nos tuba porque:

1.      El pecado nos turba porque no nos permite disfrutar plenamente de las cosas de la vida.
2.      El pecado nos turba porque nos roba la bendición que Dios tiene para nosotros en el futuro.
3.      El pecado turba a otros a nuestro alrededor.
4.      El pecado nos turba porque nos arrastra a la destrucción.

Solamente Cristo puede ayudarnos a evitar los terribles efectos y por ello es necesario rendirse a su señorío.



sábado, 21 de marzo de 2015

Jesús y la samaritana (Juan 4:1-9)

“Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos), salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea. Y le era necesario pasar por Samaria.  Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí”.
Juan 4:1-9

INTRODUCCIÓN


             El apóstol Juan inicia un nuevo capítulo donde nos presenta una historia muy conocida por la iglesia del Señor: El encuentro de Jesús con la samaritana. En los tiempos de Jesús la región de Palestina estaba claramente dividida en tres zonas geográficas. En el sur se encontraba la parte de Judea donde se ubicaba el Templo que Herodes el Grande había reconstruido en Jerusalén. La parte norte estaba constituida por Galilea y en medio de ambas se encontraba Samaria. Ahora nuestro Señor Jesucristo abandona Judea y se dirige a Galilea pero antes le es necesario pasar por Samaria donde se dará a conocer en una mujer muy despreciable en sus tiempos.

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Jesús y la samaritana

JESÚS SE DIRIGE A GALILEA


“Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos), salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea.
Juan 4:1-3

                   Los primeros tres versículos del capítulo cuatro nos conectan con los acontecimientos relatados al final del capítulo 3 del mismo evangelio. Si recordamos hubo una discusión entre los discípulos de Juan y los judíos referente a la purificación: “Entonces hubo discusión entre los discípulos de Juan y los judíos acerca de la purificación”, (Juan 3:25). Aparentemente eran más las personas que se bautizaba siguiendo a Jesús que los seguidores de Juan el Bautista. El texto es claro al decir que no era Jesús el que bautizaba, sino sus discípulos en su nombre. Todo esto debió traer la envidia de los fariseos los cuales se oponían abiertamente al ministerio de Jesús y al ver que el número de sus discípulos crecía su enojo se alimentó aún más. Obviamente los fariseos no se opusieron tanto al ministerio de Juan el Bautista, ya que él mismo aseguro no ser el Mesías cuando le preguntaron acerca de él. Pero con Jesús era diferente ya que sus obras y testimonio declaraban su carácter mesiánico, algo que a ellos no les gustaba. Por esa razón el texto dice que Jesús salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea ya que su hora aún no había llegado.

LA NECESIDAD DE PASAR POR SAMARIA


“Y le era necesario pasar por Samaria.  Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. Y estaba allí el pozo de Jacob”.
Juan 4:4-5

                  El apóstol resalta unas palabras que no podemos pasar por alto: Y le era necesario pasar por Samaria. Después de la muerte de Salomón surgieron dos divisiones principales entre los hebreos, la del sur designada por Judá cuya capital llego a ser Jerusalén e Israel en la parte Norte del cual Samaria llego a convertirse en su capital. En el año 722 a.C. el reino del norte, Israel, cayó ante el poderío de los asirios y la mayoría de ellos fueron deportados a Asiria: “En el año nueve de Oseas, el rey de Asiria tomó Samaria, y llevó a Israel cautivo a Asiria, y los puso en Halah, en Habor junto al río Gozán, y en las ciudades de los medos”, (2 Reyes 17:6). Los pocos israelitas que quedaron con el tiempo se mezclaron con otras naciones que el rey de Asiria llevo a Samaria perdiéndose así la pureza de la raza israelita y resulto una nueva raza mixta: “Y trajo el rey de Asiria gente de Babilonia, de Cuta, de Ava, de Hamat y de Sefarvaim, y los puso en las ciudades de Samaria, en lugar de los hijos de Israel; y poseyeron a Samaria, y habitaron en sus ciudades”, (2 Reyes 17:24). Esta mezcla de razas disgusto tanto a los habitantes de la parte sur que a pesar de la deportación se esforzaron en no contaminarse con otras razas como lo habían hecho sus hermanos en la región del norte. A partir de aquí comienza una diferencia racial que los llevo a odiarse unos a otros. Después del cautiverio, Judá y Benjamín regresaron a su tierra y comenzaron a reconstruir el Templo en Jerusalén a lo cual se les quiso unir los samaritanos pero Zorobabel se los impidió (Esdras 4:3). También vemos en el libro de Nehemías como los samaritanos junto con otros pueblos se les opusieron en la reconstrucción de los muros en Jerusalén (Nehemías 4:1-2). Desde entonces judíos y samaritanos no se llevaban entre sí a tal punto que los samaritanos decidieron edificar su propio Templo para adorar a Dios en el monte Gerizim. De acuerdo al historiador judío Josefo, fue Sanbalat el que dirigió la construcción del Templo samaritano entre los siglos V y IV a.C., en tiempos de Alejandro Magno. Con el tiempo los samaritanos llegaron a establecer su religión basándose en la ley de Moisés pero negaban la autoridad divina de los profetas. La diferencia entre los judíos y los samaritanos se agudizó en tiempos de Antíoco IV Epífanes. Mientras los judíos resistieron sus intentos de helenizarlos, sufrieron grandes persecuciones de los sirios (2 Macabeos 6), los samaritanos decidieron adorar a Zeus en su templo del monte Gerizim por considerarlo el defensor de los extranjeros (2 Macabeos 6:2). Posteriormente cuando los judíos recuperaron el control de Palestina durante el reinado de los Macabeos, se pusieran en contra de los samaritanos, y Juan Hircano (135-105/104 a.C.) destruyo el templo del monte Gerizim en el 128 a.C. Sin embargo, los samaritanos continuaron celebrando servicios religiosos en la cumbre, junto al lugar donde había estado su santuario, por considerar que ése era el verdadero lugar de culto (Juan 4:20, 21). Al conocer el contexto histórico de ambas razas podemos comprender porque judíos y samaritanos no se llevaban entre sí en los tiempos de Jesús.

                Cuando un judío quería ir de Jerusalén a Galilea tenía dos opciones. La primera era pasar por Samaria lo cual implicaba un viaje de 3 días aproximadamente. También estaba otra ruta alrededor del rio Jordán que era más larga y que consumía una semana el llegar a su destino. Obviamente los judíos preferían el viaje largo ya que para ellos era completamente detestable el pasar por Samaria por su enemista racial e histórica; sin embargo, a Jesús le era necesario pasar por Samaria. Nuestro Señor sabía que allí había una mujer despreciada hasta por su propio pueblo la cual necesitaba el don de la vida eterna que solo Él podía darle. También sabía que esta mujer se convertiría en un poderoso instrumento para llevar el mensaje del evangelio a sus compatriotas. El texto nos dice que Jesús vino a una de las ciudades de Samaria llamada Sicar. Hay dos teorías populares en cuanto a Sicar. Basándose en lo que dice Juan: Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. Y estaba allí el pozo de Jacob, muchos opinan que se refiere a Askar, una ciudad ubicada cerca de Siquem la cual Jacob compro (Génesis 33:18-19). Esta misma tierra fue dada a José en heredad (Génesis 48:21-22) y más tarde José pidió que cuando los hijos de Israel volvieran a la tierra que Dios les había prometido lo sepultaran allí (Génesis 50:25; Josué 24:32). Otros sugieren que Sicar sería la misma ciudad de Siquem, siendo una corrupción idiomática irónica de ésta, pues Sicar quiere decir “una ciudad borracha” o “una ciudad mentirosa”. Es en esta ciudad donde estaba el famoso pozo de Jacob el cual tenía más de 30 metros de profundidad donde el agua llegaba filtrándose por las tierras de alrededor formando un depósito, y fue allí donde Jesús decidió hacer su escala.

JESÚS ROMPE LAS BARRERAS ENTRE PERSONAS



“Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí”.
Juan 4:6-9

              Juan nos dice que después del viaje Jesús quedo cansado del camino, se sentó así junto al pozo, mostrándonos que a pesar de su divinidad, también fue un hombre perfecto sometido a todas las limitaciones del cuerpo humano. Los versículos también nos dicen que era como la hora sexta, la cual corresponde a las 12:00 PM y fue allí donde llego una mujer de Samaria a sacar agua del pozo. Uno podría preguntarse por qué una mujer iba a esta hora a sacar agua del pozo cuando la costumbre era que las mujeres del pueblo solían ir a las primeras horas del día o en la tarde a hacer esta labor y así evitar el calor del medio día: “E hizo arrodillar los camellos fuera de la ciudad, junto a un pozo de agua, a la hora de la tarde, la hora en que salen las doncellas por agua”, (Génesis 24:11). La respuesta es fácil, evitaba el encontrarse con las mujeres del pueblo debido a que era discriminada por su conducta impropia. Como veremos más adelante, Jesús le declara lo vergonzosa que era su vida al estar unida a un hombre que no eran su marido, lo cual provocaba el desprecio de su sociedad: “… porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido”, (Juan 4:18). Esto la obligaba a evitar el contacto con los demás ya que seguramente era mal vista y despreciada por lo que hacía. Por tanto, era de esperarse que las personas la rechazaran, especialmente los rabinos. Sin embargo, Jesús no considero estas barreras, sino que le dirige la palabra pidiéndole agua con el objetivo de iniciar una conversación: y Jesús le dijo: Dame de beber.


                Al considerar esta parte podemos ver como el Señor derribo varias barreras que en ocasiones separan al hombre de Dios. En Primer lugar podemos ver derribada la barrera de la religión la cual le prohibía a un judío y en especial a los rabinos a acercarse a una mujer pecadora como esta. En segundo lugar vemos derribada la barrera del odio racial. Aquella mujer se sorprendió que Jesús le hablara: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Ningún judío se hubiera atrevido a hablarle a un samaritano por las razones antes vistas, no obstante, para el Señor la raza no tenía mayor importancia mostrándonos que verdaderamente las barreras raciales no existen con Él. Finalmente vemos como Jesús rompe la barrera de la diferencia de sexo ya que decidió hablarle a la mujer estando a solas con ella. El texto nos dice que sus discípulos se habían retirado a comprar a la ciudad algo que comer, por lo que el Señor se encontraba solo y en sus tiempos era mal visto que un hombre le hablara a una mujer en la calle, razón por la cual sus discípulos al regresar se maravillaron de encontrarlo hablando con ella: “En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: ¿Qué preguntas? o, ¿Qué hablas con ella?”, (Juan 4:27). Los rabinos estrictos tenían prohibido hablar con una mujer fuera de casa. Un rabino no podía hablar en público ni siquiera con su mujer, hermana o hija, hasta llegaban al absurdo que cerraban los ojos cuando iban por la calle para no ver a las mujeres y se chocaban con las paredes y las esquinas. Para un rabino, el que le vieran hablando con una mujer en público era el fin de su buena reputación; pero ahora vemos aquí a Jesús hablando a pleno día con ella. Todo esto nos enseña que verdaderamente Jesús no hace acepciones de personas. Al hablarle a la mujer estaba derribando las barreras de la nacionalidad, el sexo y la religión, las cuales les hubiera prohíbo a un rabino juntarse con esta clase de mujeres. No cabe duda que a Dios no le importa la nacionalidad, clase social, sexo o cualquier otra cosa, pudiera tratarse de la persona más inmoral de este mundo, pero si en su corazón existe una necesidad de Dios y está dispuesto a correr a Cristo, puede estar seguro que no será rechazado.

El que viene de arriba (Juan 3:31-36)

“El que viene de arriba está por encima de todos; el que es de la tierra, es terrenal y de lo terrenal habla. El que viene del cielo está por encima de todos  y da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie recibe su testimonio. El que lo recibe certifica que Dios es veraz. El enviado de Dios comunica el mensaje divino, pues Dios mismo le da su Espíritu sin restricción. El Padre ama al Hijo, y ha puesto todo en sus manos. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rechaza al Hijo no sabrá lo que es esa vida, sino que permanecerá bajo el castigo de Dios”.
Juan 3:31-36

INTRODUCCIÓN


               Llegamso a la parte final del capítulo 3 del evangelio según Juan cuyos versículos cierran con una declaración enfática acerca de la divinidad de Cristo, tema principal del mismo evangelio. Realmente no sabemos si es Juan el Bautista o el apóstol Juan el que continúan con la narración en estos versículos bíblicos, pero independientemente de quién sea, nos ratifica una vez más una gran verdad acerca de la persona de nuestro Señor y Salvador Jesucristo con las palabras: El que viene de arriba está por encima de todos.

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El que viene de arriba

SU MINISTERIO ES CELESTIAL Y NO TERRENAL


“El que viene de arriba está por encima de todos; el que es de la tierra, es terrenal y de lo terrenal habla. El que viene del cielo está por encima de todos  y da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie recibe su testimonio”.
Juan 3:31-32

             Después de la discusión entre los discípulos de Juan y los judíos en cuanto al rito de la purificación y la afirmación de Juan el bautista se seguir a Jesús porque Él es el verdadero Mesías, esta palabras nos dicen porque todo ser humano debería convertirse en su seguidor. De acuerdo a las palabras de estos versículos entendemos que el ministerio de Jesús viene de arriba, es decir, de Dios, y por tanto no es terrenal. A lo largo de la historia se han levantado muchos maestros filósofos y religiosos, grandes gurús que se han autoproclamados iluminados han traído sus sabiduría humana a esta tierra, sin embargo, aun ellos se quedan cortos porque todos han sido y siguen siendo mortales. Sin embargo, Jesús viene de arriba y habla no cosas terrenales, sino las celestiales las cuales el mismo ha presenciado: El que viene del cielo está por encima de todos  y da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie recibe su testimonio. Ni los lamas del Tíbet, ni Confucio, ni Mahoma, ni Carlos Marx, ni los grandes filósofos griegos, o cualquier hombre o mujer de este mundo pueden compararse a Maestros de maestro, nuestro Señor Jesús. Si uno considera a los grandes maestros de este mundo puede encontrar un gran vacío, por ejemplo, Confucio dijo que él no era el camino, Buda antes de morir les dijo a sus discípulos que buscaran la verdad, Mahoma antes de morir afirmo que no conocía el propósito de su vida; pero Jesús dijo: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”, (Juan 14:6). En Jesús encontramos el verdadero camino a seguir, la verdad absoluta que nos hará libres y la plenitud de la vida que trasciende más allá de esta vida, todo eso y mucho más porque Él viene de arriba, del seno de Dios, y el mismo es Dios. Lamentablemente muchos son los que no reciben su testimonio y deciden creer en sus estériles filosofías: pero nadie recibe su testimonio.

EL QUE RECIBA SU MENSAJE TIENE LA VIDA ETERNA


“El que lo recibe certifica que Dios es veraz. El enviado de Dios comunica el mensaje divino, pues Dios mismo le da su Espíritu sin restricción. El Padre ama al Hijo, y ha puesto todo en sus manos. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rechaza al Hijo no sabrá lo que es esa vida, sino que permanecerá bajo el castigo de Dios”.
Juan 3:33-36


                  El mensaje que Jesús testifica es eficaz, y el primero que lo afirma es aquel que cree en el: El que lo recibe certifica que Dios es veraz. Este mensaje que Jesús testifica es eficaz porque lo comunica de parte de Dios y tiene el poder del Espíritu Santo que puede restaurar la vida de aquellos que lo reciben: El enviado de Dios comunica el mensaje divino, pues Dios mismo le da su Espíritu sin restricción. Este mensajero divino tiene también toda potestad ya que se le ha sido otorgada de parte del Padre: El Padre ama al Hijo, y ha puesto todo en sus manos. Por tanto, solamente el mensaje de Jesús puede darle un verdadero propósito a la vida de los seres humanos, solo en El podemos llegar a conocer la verdad y hacernos herederos de la vida eterna ya que el que lo rechace no vera a Dios, sino, será condenado: El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rechaza al Hijo no sabrá lo que es esa vida, sino que permanecerá bajo el castigo de Dios. Todos debemos creer en Jesús, porque no es un maestro más de esta tierra, sino proviene del seno del mismo Padre y testifica un mensaje que da vida eterna.






El único a quien debemos seguir (Juan 3:22-30)


“Después de esto, vino Jesús con sus discípulos a la tierra de Judea, y estuvo allí con ellos, y bautizaba. Juan bautizaba también en Enón, junto a Salim, porque había allí muchas aguas; y venían, y eran bautizados. Porque Juan no había sido aún encarcelado. Entonces hubo discusión entre los discípulos de Juan y los judíos acerca de la purificación. Y vinieron a Juan y le dijeron: Rabí, mira que el que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien tú diste testimonio, bautiza, y todos vienen a él. Respondió Juan y dijo: No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo. Vosotros mismos me sois testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él. El que tiene la esposa, es el esposo; más el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo está cumplido. Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”.
Juan 3:22-30

INTRODUCCIÓN

             Después de todos los acontecimientos anteriores Juan nos coloca en un nuevo escenario. En Enón, junto a Salim, que era un lugar de manantiales al oeste del Jordán donde Juan el Bautista bautizaba. Durante este tiempo Juan el Bautista aún no había sido encarcelado, aun  cuando vemos que el ministerio de Jesús ya había comenzado contraria a la creencia que inicio cuando se enteró de que el Bautista fue encarcelado por Herodes Tetrarca, de acuerdo al Evangelio según Marcos (“Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios”, Marcos 1:14). Pareciera difícil querer armonizar estos dos pasajes. De acuerdo a Marcos 1:14 y Mateo 4:12, Jesús volvió a Galilea a predicar el mensaje del evangelio justo después de las tentaciones en el desierto y al enterarse del encarcelamiento de Juan el Bautista, pero de acuerdo al evangelio según Juan, pareciera que Jesús inicio su ministerio mucho antes. La solución a esta aparente contradicción no es tan difícil. El evangelio según Juan nos narra eventos del ministerio de Jesús que no están incluidos en los evangelios Sinópticos, especialmente su ministerio en Jerusalén, lo cual si no estuviera registrado en Juan pareciera que Jesús nunca estuvo mucho tiempo en Jerusalén y que solo descendió al final de su ministerio para su muerte. Por otro lado, Marcos y Mateo no nos están diciendo que Jesús haya iniciado su ministerio con el encarcelamiento del Bautista; sino que comenzó a predicar el mensaje del evangelio en la región de Galilea. Por tanto, no creemos que haya gran problema en comprender estos pasajes.

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Jesús es el único a quien debemos seguir

DISCUSIÓN ENTRE LOS DISCÍPULOS DE JUAN Y LOS JUDÍOS


“Después de esto, vino Jesús con sus discípulos a la tierra de Judea, y estuvo allí con ellos, y bautizaba. Juan bautizaba también en Enón, junto a Salim, porque había allí muchas aguas; y venían, y eran bautizados. Porque Juan no había sido aún encarcelado. Entonces hubo discusión entre los discípulos de Juan y los judíos acerca de la purificación…”

                 La última parte de estos versículos nos muestra que hubo una discusión entre los discípulos de Juan y los judíos acerca de la purificación.  Probablemente la discusión era referente a los ritos de purificación que los judíos tenían. Ellos probablemente veían como algunos judíos habían creído al mensaje de Juan y estaban siendo bautizados para arrepentimiento de pecado, sin embargo, los fariseos tenían otros ritos de purificación que no incluían el bautismo de judíos. Ahora bien esto debió causar debate entre ambas facciones, más cuando vieron que también Jesús estaba bautizando y eran muchos los que le seguían, incluyendo algunos discípulos del mismo Juan.

UN HOMBRE SIN ENVIDIA


“… Y vinieron a Juan y le dijeron: Rabí, mira que el que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien tú diste testimonio, bautiza, y todos vienen a él. Respondió Juan y dijo: No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo. Vosotros mismos me sois testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él. El que tiene la esposa, es el esposo; más el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo está cumplido. Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”.

                En esta sección volvemos a ver la increíble humildad de Juan el Bautista. Debido a que muchas personas eran las que estaban siguiendo a Jesús, e incluso algunos de sus propios discípulos lo habían abandonado para seguirle; sus discípulos le dijeron: Rabí, mira que el que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien tú diste testimonio, bautiza, y todos vienen a él. Sin embargo, el Bautista no sintió ningún sentimiento de envidia, y nos da tres razones por las cuales no se preocupó de ello.

1.       A cada quien se le ha asignado su ministerio y el alcance del mismo: “… No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo…” Juan el Bautista estaba claro que todo lo que recibimos proviene de Dios y es Él quien decide el alcance de la misma obra. Si su ministerio estaba menguando y el de Jesús estaba creciendo es porque así lo había establecido Dios es su perfecta voluntad. En su corazón no había envidia de que Jesús lograra más popularidad que él. Así también el Señor ha permitido que otros ministerios crezcan más que los otros y que su alcance sea mayor, pero no por eso son menos importante ya que al final la suma total de todos son el cumplimiento de su perfecto plan.
2.       Nuestro ministerio es para hacer discípulos para Cristo y no para tener seguidores: Vosotros mismos me sois testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él. Juan el Bautista no estaba aquí para hacer seguidores para él mismo, sino para preparar los corazones para convertirlos en discípulos de Cristo. El objetivo primario de todo ministerio al momento de salvar almas no es hacer seguidores para ellos, sino hacer discípulos dispuestos a seguir al Maestro por excelencia.
3.       Juan el Bautista solo era el amigo del Esposo: “El que tiene la esposa, es el esposo; más el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo está cumplido”.  Juan tenía muy claro su posición. Se llama a sí mismo el novio del Esposo. En Israel el amigo del esposo tenía un papel muy importante en la boda. Era este el que se encargaba de los preparativos de la fiesta, repartía las invitaciones y presidia la boda. También era el encargado de cuidar el cuarto nupcial para que ningún extraño entrara. Solo cuando oía y reconocía la voz del esposo abría el cuarto nupcial para que el esposo y esposa consumaran su matrimonio y después de eso el amigo del novio regresaba a su casa muy feliz por haber cumplido con su misión. Así Juan sentía gran gozo al saber que había preparado el camino para que Israel se acercara a Jesús.


                Juan el Bautista sabía que su misión terminaba cuando el Mesías entraba en escena. Ese momento había llegado y por tanto era necesario que el saliera del escenario, por eso dijo: Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe. Por tanto, es importante que todos aprendamos de este modelo de humildad y comprendamos que hemos sido llamados a hacer discípulos para Cristo y no seguidores para nuestros propios fines.


Hoy es Abogado, en la eternidad será Juez (Juan 3:17-21)


“Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios”.
Juan 3:17-21

INTRODUCCIÓN


                En estos versículos encontramos dos verdales elementales acerca de la misión de Cristo en esta tierra. La primera es que vino a este mundo para que el mundo sea salvo por medio de Él, para que todo aquel que cree en Él sea salvo de la condenación eterna. Por causa del pecado todos estamos destituidos de la gloria de Dios, sin embargo, debemos buscar su misericordia a través de nuestro Señor Jesucristo: “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”, (Romanos 6:23). Aunque somos culpables de haber cometido pecados en contra de Dios el Señor nos declara justos de forma gratuita por medio de la fe en la redención en Cristo Jesús: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”, (Romanos 3:23-24).


Juez-abogado
Jesús, ¿Juez o Abogado?


JESÚS VINO A SALVAR A LOS QUE CREEN


“Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado…”


              En su primera venida Jesús vino para ofrecer su vida como una ofrenda agradable delante del Padre como remisión por los pecados de la humanidad. Sin embargo, este sacrificio se hace efectivo únicamente para los que creen en su nombre. Las Escrituras nos enseñan que es a través de la fe en su nombre y en el sacrificio que realizo que podemos alcanzar la misericordia de Dios y el perdón de nuestros pecados escapando así de la condenación eterna: “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo”, (Romanos 10:9). Es durante esta dispensación de su gracia que Dios ofrece su amor a esta generación pecadora y Jesús funge como un Abogado e Intercesor por todos aquellos que se humillan delante de Él confesando sus pecados, tal y como lo declara 1 Juan 2:1: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”, (1 Juan 2:1). No obstante, llegará el día en el que Jesús ya no será Abogado de nadie y se convertirá en el Juez de todos los que amaron más el pecado.

JESÚS SERÁ EL JUEZ DE TODOS LOS PECADORES


“…pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”.


                 La Biblia es clara al declararle al hombre que si reúsa creer en el nombre del Unigénito Hijo de Dios solo le esperara la condenación eterna. Jesús lo dejo muy claro antes de ascender a los cielos y darles a sus discípulos la tarea de la gran comisión: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; más el que no creyere, será condenado”, (Marcos 16:15-16). Desde entonces la iglesia ha predicado el mensaje del evangelio y los que creen y son bautizados han alcanzado el perdón de sus pecados, pero los que no creen son condenados. Se cuenta que en una ocasión una persona fue acusada de un delito que amenazaba con llevarlo a la cárcel, entonces preocupado por ello busco la ayuda de un abogado para que lo defendiera. El abogado hablo con él después de analizar su caso y le mostro como podía ayudarlo durante su audiencia para ser declarado inocente, sin embargo, confiado que podía representarse así mismo con la información que el abogado le había dado, decidió no contratarlo y ser él mismo su defensor. Pasaron los días y llego el día de su audiencia, entonces comenzó a preocuparse y a creer que había cometido un error al no contratar la ayuda del abogado, los nervios lo traicionaban y creía que no lograría defenderse de las acusaciones del fiscal; cuando de repente, justo faltando uno pocos minutos para iniciar el juicio vio entrar a aquel abogado que  había lo había asesorado, esto lo alegro mucho y acercándose a él le dijo que le ayudara a defenderse durante el juicio. Sin embargo, este le respondió que no podía hacerlo. Aquel hombre le pregunto asombrado: ¿por qué? Este le respondió: porque seré el juez en su juicio. Increíblemente esta historia se repetirá para muchos que pudiendo hoy escoger a Cristo como su Abogado, aquel que hoy puede perdonar sus pecados, se enfrentaran a Él como el gran Juez que los juzgará por todos sus pecados y los condenará eternamente.

LA CAUSA DE SU CONDENACIÓN


“…Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios”.


                    Nuestro Señor Jesucristo deja claro en que consiste la condenación de los hombres: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. La razón por la cual algunos seres humanos se condenaran es porque decidieron rechazar a Cristo ya que amaron más el pecado. La luz siempre ha estado y estará en lucha con las tinieblas porque no hay armonía entre ellas, por eso cuando las obras de los hombres son malas ellos no gustan de acercarse a la luz del evangelio porque éste los confronta, sin embargo, aquel que vive en justicia viene a la luz para que sus buenas obras sean reveladas por su Padre celestial. Quiera Dios que todos amemos más la luz que las tinieblas porque de lo contrario un día seremos juzgados por nuestros pecados.

Juan 3:16: Un versículo que expresa el amor de Dios (Juan 3:16)

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.
Juan 3:16

INTRODUCCIÓN


               Juan 3:16 es un texto que expresa la esencia del evangelio de Dios. Figura entre uno de los textos más conocidos a nivel mundial, que se ha traducido a cientos de idiomas y dialectos, que ha servido de lema para diferentes campañas y actividades cristianas alrededor del mundo y a lo largo de la historia. Es un versículo usado desde tiempos de la iglesia del primer siglo a la fecha, por cientos de predicadores y que ha ganado millones de almas. Es un versículo que ha generado el asombro y comentario de miles de eruditos cristianos a lo largo de la historia de la iglesia. Martín Lutero dijo que Juan 3:16 era “la Biblia en miniatura”, Charles H. Spurgeon dijo que este versículo encabezaba todos los volúmenes de sus sermones, como el único tema de su ministerio. William Barclay lo llamo “el versículo de todo el mundo”, Juan Calvino lo llamo “la gran recomendación de la fe” y en general expresa la esencia del mensaje del evangelio, las buenas nuevas que traen el gozo al corazón de un pecador arrepentido y que esbozan el plan redentor de nuestro Dios.  En general, Juan 3:16 expresa el amor de Dios por la raza humana. Veamos en este versículo sus implicaciones.


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“DE TAL MANERA”: LA EXTENSIÓN DE SU AMOR


“Porque de tal manera…”

                  En el griego original dice jouto gár (οὕτω γάρ), expresiones que denotan la extensión e intensidad con la cual ocurre una acción. Su amor se expresa de tal manera que no existe nada ni nadie en el mundo que nos pueda amar como lo hace Dios. Las palabras “de tal manera” expresan el énfasis grande que el apóstol desea recalcar en sus lectores en cuanto a lo excelso y grandioso de este hermoso don. Estas palabras nos expresan la inmensa altura, longitud, anchura y profundidad de su amor: “Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos”, (1 Crónicas 29:11). Su amor es incomparable porque proviene del dador de las mejores dadivas. Como dueño de las mejores dadivas, Dios las posee en una proporción ilimitada y puede otorgarlas sin reservas, lo vemos reflejado en las vidas de muchas personas que gozaron de su inmenso amor. Personas como Noé, Abraham, José, Ruth, David, Ester, Nehemías y muchos otros son algunos ejemplos de ello. De tal manera son palabras que encierran su infalibilidad. El amor de Dios no falla, es completamente perfecto. El amor del hombre nos puede fallar, sin embargo, Dios jamás nos fallara.

“¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti”.
Isaías 49:15

                Cuán inmenso y excelso es el amor que Dios nos ha otorgado a seres humanos pecadores e imperfectos, que al considerar sus características como inmensidad, profundidad, alcance, incondicionalidad, infalible, eterno y riquezas; como el apóstol Juan podríamos decir también: “Porque de tal manera…”

                “AMÓ DIOS”: LA ESENCIA DE LA DIVINIDAD


“… amó Dios…”


                   En el griego original las palabras son zeós agapáo  (θεός ἀγαπάω), es decir Dios amó, y el verbo que el apóstol Juan usa para amor es agapáo. En el griego del Nuevo Testamento hay dos palabras que se usan para este término. El primero es filéo (φιλέω), que expresa un amor basado en los sentimientos de afecto que alguien puede sentir hacia otra persona como consecuencia de lo que la otra persona ha hecho por ganarse ese afecto. Sin embargo, el apóstol introduce una palabra diferente que es agapáo (ἀγαπάω), un amor completamente diferente a filéo, el cual está basado no en las emociones o sentimientos, sino en un acto de voluntad, en la decisión de mostrarle a alguien su bondad y misericordia. Es con este tipo de amor que Dios ha amado. El amor no es solo una característica de Dios, sino es su misma esencia. Si hay algo por lo cual el Señor se caracteriza, es porque sabe amar. Lo vemos plasmado en las páginas de la Biblia. Por ejemplo, el Señor bendijo a Isaac por amor de Abraham:

“Y se le apareció Jehová aquella noche, y le dijo: Yo soy el Dios de Abraham tu padre; no temas, porque yo estoy contigo, y te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia por amor de Abraham mi siervo”.
Génesis 26:24


Fue por amor a su pueblo Israel que Dios lo libero de la esclavitud en Egipto: “¿Y quién como tu pueblo, como Israel, nación singular en la tierra? Porque fue Dios para rescatarlo por pueblo suyo, y para ponerle nombre, y para hacer grandezas a su favor, y obras terribles a tu tierra, por amor de tu pueblo que rescataste para ti de Egipto, de las naciones y de sus dioses”, (2 Samuel 7:23).

Fue por amor a su siervo David que no extermino a su descendencia aun cuando muchos de estos le fallaron durante el periodo de los reyes en Judá antes de la deportación a Babilonia: “Más por amor a David, Jehová su Dios le dio lámpara en Jerusalén, levantando a su hijo después de él, y sosteniendo a Jerusalén”, (1 Reyes 15:4). En general, es por amor que Dios obra, no solo en todo el universo, sino también a través de la vida de los seres humanos, porque es su naturaleza, la esencia de su carácter divino, su grandiosa virtud.

                “AL MUNDO”: EL OBJETO DE SU AMOR


“… al mundo…”

                 Las palabras que el apóstol utiliza en el griego original son ton kósmos (τον κόσμος). En el griego del Nuevo Testamento kósmos se utiliza para referirse tanto al mundo físico que Dios ha creado, como a la raza humana. En el Evangelio según Juan, la palabra es usada para hacer referencia a la raza humana y no al mundo físico. Vemos aquí en estas dos palabras que el objeto del amor de Dios son los hombres y mujeres. Ahora bien, ¿quiénes son el objeto de su amor? Si bien es cierto Dios es grande en amor y lo expresa en toda su creación; nadie lo ha experimentado tanto como el ser humano. En el libro de Génesis vemos como por el poder de su palabra creo todo lo que existe, pero con el ser humano no fue así, sino que lo formo del polvo de la tierra y soplo en él aliento de vida, creándolo a su imagen y semejanza, colocándolo a la cabeza de toda la creación; detalle que no hizo con el resto de su creación, mostrando así su gran amor por el hombre. “Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz (Génesis 1:3)… Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas (Génesis 1:6)… Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así (Génesis 1:9)…Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así (Génesis 1:11)…  Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años (Génesis 1:14)… Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos (Génesis 1:20)… Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así (Génesis 1:24)…  Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra (Génesis 1:26)… Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra (Génesis 1:27-28)…  Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente”, (Génesis 2:7).

                Podemos observar repetidas veces las palabras  dijo Dios y todo fue hecho por el poder de su palabra. Pero cuando la Biblia relata la creación del ser humano, relata una serie de detalles que nos expresa su gran amor por la raza humana.

“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies”.
Salmo 8:3-6
               
El salmista expresaba estos mismos pensamientos en el Salmo 8, donde al comparar la grandeza de Dios que se expresa en su creación, se preguntaba ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?, considerando que lo había creado menor que los ángeles. Sin embargo, la verdad es que el hombre y la mujer han sido y son el objeto de su gran amor. Dios creo al ser humano para mostrarle sus infinitas misericordias y darles herencia juntamente con Cristo Jesús.

                “QUE HA DADO A SU HIJO UNIGÉNITO”: LA MAYOR MUESTRA DE SU AMOR

“… que ha dado a su Hijo unigénito…”

                 En el griego coiné dice: joste ton juiós autos ton monogenés edoken (ὥστε τον υἱός αὐτός τον μονογενής εδωκεν) las cuales describen la mayor muestra de amor de Dios por los seres humanos: haber entregado a su Hijo unigénito. La palabra monogenés (μονογενής) que aparece en el texto original se traduce en Juan 3:16 como unigénito. Esta palabra ha causado mucha controversia a lo largo de la historia cristiana ya que muchos han querido desmentir la divinidad de Cristo al decir que Jesús fue un ser creado porque la Biblia lo llama el Hijo unigénito de Dios.  Sin embargo, nada está más alejado de la realidad que esa errada conclusión. En primer lugar, monogenés (μονογενής) es una palabra que denota que es único en su especie. Desde este punto de vista, Jesús es el unigénito Hijo de Dios porque no hay otro al que se le pueda otorgar este derecho. No existe otro ser en este mundo que pueda comparase a nuestro Señor Jesús, Él es único en su especie. También la palabra monogenés (μονογενής) se aplica en el sentido de ser único en su relación con alguien. Así no hay otro ser que tenga la estrecha relación que Jesús tiene con el Padre celestial. Por esta razón la Biblia llama a Jesús el unigénito Hijo de Dios. De esta forma el Padre Celestial muestra su enorme amor por los hombres que decidió enviar lo más preciado y hermoso que tiene como una muestra de su enorme amor: su Hijo unigénito.

“El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros…”
Romanos 8:32


“PARA TODO AQUEL QUE EN ÉL CREE”: LA CONDICIÓN PARA RECIBIR ESTE AMOR


“… para que todo aquel que en él cree…”

                   Este inmensurable amor que ha sido expresado por Dios a través de entregar a su unigénito Hijo tiene una sola condición: ¡creer! El texto original dice: jína pas jo pisteúo (ἵνα πᾶς ὁ πιστεύω) y a primera vista resalta la palabra pisteúo que se traduce como cree, la cual a su vez que deriva del verbo pistis (πιστις) que es la palabra por excelencia en el Nuevo Testamento para referirse a la fe. Por ende, es a través de la fe que los hombres y mujeres pueden hacer efectivo este amor en sus vidas. Si bien es cierto, Dios ha mostrado su amor por todo el mundo, este amor no es para todo el mundo; sino solamente para los que decidan creer en el unigénito Hijo de Dios. En el cristianismo el elemento indispensable para poder acceder a los dones y dadivas de Dios es a través de la fe y este es un tema ampliamente desarrollado en el Nuevo Testamento: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados”, (Romanos 3:23-25). La Biblia es clara al declarar al hombre como un pecador que está excluido de la gloria de Dios; pero a través de la fe, es decir, de creer en el sacrificio de Cristo este puede llegar a alcanzar el perdón de sus pecados, que es el resultado eficaz del amor de Dios.


“NO SE PIERDA MAS TENGA VIDA ETERNA”: EL RESULTADO EFICAZ DE SU AMOR


 “… no se pierda, mas tenga vida eterna”.


                     Al final de este increíble versículo nos encontramos con la declaración del eterno y eficaz resultado de su amor: “… no se pierda, mas tenga vida eterna”. El texto original dice: eís autós mé apólumi alá éjo dsoé aiónios (εἰς αὐτός μή ἀπόλλυμι  ἀλλά ἔχω ζωή αἰώνιος). El amor de Dios nos garantiza escapar de la condenación eterna y nos hace herederos de la vida eterna. Cuán grande e incomparable es este amor. Es un amor extenso y eterno que proviene del Ser dador de toda buena dadiva que ha elegido por sobre toda su creación al ser humano como objeto de su amor. Este amor se ha expresado a través de su Hijo unigénito el cual fue entregado para morir en la cruz del Calvario y por medio de su muerte salvar a todo aquel que en Él cree: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”, (Juan 5:24). El mismo Cristo nos asegura que el que cree en el que lo envió tiene vida eterna y asevera que no vendrá a condenación. La vida eterna es la mayor recompensa que podemos obtener y ésta se alcanza mediante la fe en su Hijo amado, este glorioso resultado final es gracias a su infinito amor.