domingo, 26 de enero de 2020

El Espíritu Santo, el que nos ayuda y nuestro Maestro (Juan 14:25-26)





“Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”.
Juan 14:25-26

INTRODUCCIÓN


          Este capítulo esta casi por terminar, pero este maravilloso discurso que Jesús está dirigiendo a sus discípulos continua, de hecho, continuara hasta llegar al capítulo 16, y ya en el 17 Jesús ora por sus discípulos. Si recordamos un poco, este discurso comenzó allá en el capitulo 13 y se extiende hasta el capitulo 16, son 4 capítulos donde encontramos las ultimas palabras de Jesús hacia aquellos que iban a continuar su ministerio, palabras que enseñan mucho y los prepararon para lo que venia en el futuro. Este maravilloso discurso esta lleno de verdades espirituales que hasta el momento nos ha edificado en gran manera y no hay un discurso más grande que este que encontramos en el evangelio según Juan, si siquiera el Sermón del Monte es tan extensivo ya que solo aparece en 3 capítulos. Hoy el Señor les recuerda a sus discípulos la promesa del Espíritu Santo, el cual estaría con ellos, y por consiguiente con su iglesia.


Audador-Maestro
El Espíritu Santo nuestro Ayudador y Maestro


EL ESPÍRITU SANTO ES EL QUE AYUDA A LA IGLESIA


“Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo…”.
Juan 14:25-26

            Jesús les recuerda a sus discípulos todo lo que les ha dicho: Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Podemos imaginarnos lo importante y trascendental de este momento, prácticamente son las ultimas palabras de Jesús antes de ir a la cruz del Calvario y esta compartiendo detalles de gran importancia que ayudarían a sus discípulos a continuar adelante en el ministerio que les esperaba y definitivamente esta tarea que ellos realizarían no la harían solos, Jesús ya no estaría con ellos, pero la presencia de Dios continuaría apoyándolos a través del Espíritu Santo. Hasta el momento Jesús a estado acompañándolos y enseñándoles el camino de verdad, pero llegaría el momento donde Él tendría que partir y el Espíritu Santo realizaría esa función, por ello lo llama en este pasaje consolador: Mas el Consolador, el Espíritu Santo. Ya vimos anteriormente que la palabra Consolador se traduce de la palabra griega parákletos (παράκλητος), la cual tiene un amplio significado y puede traducirse también como “Aquel que ayuda”, o el “ayudador”, y esa es una de las funciones del Espíritu Santo. En el Antiguo Testamento podemos ver como en determinados momentos ayudo a algunos ungidos a cumplir con los propósitos de Dios. Vemos como el Espíritu de Dios lleno de sabiduría y dio las habilidades para la elaboración del Tabernáculo y sus utensilios a Bezaleel y a Aholiab: “Habló Jehová a Moisés, diciendo: Mira, yo he llamado por nombre a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; y lo he llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría y en inteligencia, en ciencia y en todo arte, para inventar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, y en artificio de piedras para engastarlas, y en artificio de madera; para trabajar en toda clase de labor. Y he aquí que yo he puesto con él a Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan; y he puesto sabiduría en el ánimo de todo sabio de corazón, para que hagan todo lo que te he mandado; el tabernáculo de reunión, el arca del testimonio, el propiciatorio que está sobre ella, y todos los utensilios del tabernáculo, la mesa y sus utensilios, el candelero limpio y todos sus utensilios, el altar del incienso, el altar del holocausto y todos sus utensilios, la fuente y su base, los vestidos del servicio, las vestiduras santas para Aarón el sacerdote, las vestiduras de sus hijos para que ejerzan el sacerdocio, el aceite de la unción, y el incienso aromático para el santuario; harán conforme a todo lo que te he mandado”, (éxodo 31:1-11). También vemos como el Espíritu Santo vino a la vida de algunos jueces de Israel para ayudarles en su tarea, así lo hizo en la vida de Otoniel: “Entonces clamaron los hijos de Israel a Jehová; y Jehová levantó un libertador a los hijos de Israel y los libró; esto es, a Otoniel hijo de Cenaz, hermano menor de Caleb. Y el Espíritu de Jehová vino sobre él, y juzgó a Israel, y salió a batalla, y Jehová entregó en su mano a Cusan-risataim rey de Siria, y prevaleció su mano contra Cusan-risataim”, (Jueces 3:9-10). También lo hizo con Gedeón: “Entonces el Espíritu de Jehová vino sobre Gedeón, y cuando éste tocó el cuerno, los abiezeritas se reunieron con él”, (Jueces 6:34). En Jefté: “Y el Espíritu de Jehová vino sobre Jefté; y pasó por Galaad y Manasés, y de allí pasó a Mizpa de Galaad, y de Mizpa de Galaad pasó a los hijos de Amón”, (Jueces 11:29). En Sansón: “Y el Espíritu de Jehová vino sobre Sansón, quien despedazó al león como quien despedaza un cabrito, sin tener nada en su mano; y no declaró ni a su padre ni a su madre lo que había hecho”, (Jueces 14:6). Sobre Saul, el primer rey de Israel: “Al oír Saúl estas palabras, el Espíritu de Dios vino sobre él con poder; y él se encendió en ira en gran manera”, (1 Samuel 11:6), y así, sobre algunos escogidos de Dios que cumplían sus propósitos. Sin embargo, ahora el Espíritu Santo estaría con ellos para darles el respaldo que necesitaban en su vida cristiana, y de esto es de lo que les está hablando, por ello, después de su resurrección y antes de ascender a los cielos, les recordó esta promesa y les ordeno ir a Jerusalén a esperar el cumplimiento de esta promesa: “Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, más vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días. Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos”, (Hechos 1:4-9). Fue así que en el día de la fiesta del Pentecostés se cumplió esta promesa y a partir de allí el Espíritu Santo vino sobre los discípulos dándoles ese poder sobrenatural para ser testigos de su gracia, y así lo vemos en el libro de los Hechos de los Apóstoles, donde, con su ayuda testificaban y hacían prodigios en su nombre.

                EL ESPÍRITU SANTO COMO UN MAESTRO


“… el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”.
Juan 14:26

           Aquí encontramos una de las funciones especificas del Espíritu Santo, la de Maestro al recordarnos todas las enseñanzas de Cristo Jesús y de su palabra. Así como Jesús les enseño a sus discípulos, así el Espíritu lo hace ahora. En las escrituras podemos ver su influencia y su guía para conducir a las personas a toda verdad. Por ejemplo, tenemos el caso del etíope que leía las Escrituras en el libro del profeta Isaías y no las entendía, pero el Espíritu Santo uso a Felipe para abrirle el entendimiento y explicarle su significado: “Entonces él se levantó y fue. Y sucedió que un etíope, eunuco, funcionario de Candace reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar, volvía sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías. Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro. Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees? Él dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él. El pasaje de la Escritura que leía era este: Como oveja a la muerte fue llevado; y como cordero mudo delante del que lo trasquila, así no abrió su boca. En su humillación no se le hizo justicia; más su generación, ¿quién la contará? Porque fue quitada de la tierra su vida. Respondiendo el eunuco, dijo a Felipe: Te ruego que me digas: ¿de quién dice el profeta esto; de sí mismo, o de algún otro? Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús. Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó”, (Hechos 8:27-38). Aquí queda claro que fue el Espíritu Santo el cual a través de una persona trajo el entendimiento del pasaje bíblico a la vida del etíope, así hoy, el Espíritu Santo, por medio de otras personas o cualquier medio que considere conveniente puede enseñarnos todas las verdades bíblicas, lo importante aquí es recibir su iluminación, porque jamás lograremos comprender estas verdades espirituales por medio humanos e intelectuales, solo su dirección podrá abrir nuestra mente para comprender las riquezas de sus verdades espirituales: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”, (1 Corintios 2:14). Así que hoy en día sintámonos gozosos al saber que tenemos el respaldo del Espíritu Santo, el cual no solo está con nosotros, sino también nos enseña y recuerda las gloriosas promesas de la palabra de Dios.


sábado, 25 de enero de 2020

¡Sin Cristo nada podéis hacer! (Juan 15:5)


“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”.
Juan 15:5

INTRODUCCIÓN


En esta metáfora, nuestro Señor Jesús nos revela una verdad sumamente importante, sin Cristo nada podemos hacer. Muchas personas creen hoy en día que pueden vivir sin Él, que no lo necesitan, pero están errados. En esta oportunidad estudiaremos las razones por las cuales decimos que sin Cristo nada podemos hacer.


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¡Sin Cristo nada podéis hacer! 


                   I.                        SIN CRISTO NADA PODEMOS HACER PORQUE FUERA DE ÉL JAMÁS ACERTAREMOS EN LAS MEJORES DECISIONES.


La primera razón por la cual sin Cristo nada podemos hacer es porque como seres humanos imperfectos jamás acertaremos en las mejores decisiones para nuestra vida. Generalmente el ser humano cree que es lo suficientemente listo como para elegir las mejores opciones para su vida y por consiguiente no acepta sugerencias de nadie, pero se equivoca, porque toda su naturaleza esta corrompida por causa del pecado: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte”, (Proverbios 14:12). Hay personas que dicen que vasta dejarse guiar por el corazón para hacer lo correcto, pero aun esto es un error, porque el corazón esta dañado por el pecado: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?”, (Jeremías 17:9). Por ello, lo mejor es entregar nuestra vida a Cristo y permitir que sea Él quien nos dirija ya que tiene planes especiales para nuestras vidas, por ello Isaías dice: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”, (Isaías 55:8-9). Los planes de Dios son mejores que los nuestros y lo mejor es hallarnos en su voluntad.

                II.                        SIN CRISTO NADA PODEMOS HACER PORQUE ES SU RESPALDO LO QUE NOS DA LA VICTORIA.


La segunda razón por la cual sin Cristo nada podemos hacer es porque la clave del éxito en nuestra vida depende del respaldo que recibimos de Dios. Muchas veces las personas planean lo que van hacer y confían en sus propias habilidades y fuerzas, pero no saben que el éxito final de todo depende de a quién Dios quiera dárselo. Por ello Santiago dice que lo mejor que podemos hacer es encomendar nuestros planes a Dios y no jactarnos de nuestra sabiduría para vencer: “¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala”, (Santiago 4:13-15). Por ello, lo mejor que podemos hacer es entregarnos a Cristo, para que Él pelee nuestras batallas y con su Santo Espíritu obtengamos la victoria: “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia. Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores; pues que a su amado dará Dios el sueño”, (Salmo 127:1-2).

             III.                        SIN CRISTO NADA PODEMOS HACER PORQUE MIENTRAS VIVAMOS EN PECADO JAMÁS PROSPERAREMOS.



Finalmente, sin Cristo nada podemos hacer porque mientras vivamos esclavizados al pecado, nuestra vida jamás prosperará: “El que encubre sus pecados no prosperará; más el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia”, (Proverbios 28:13). El pecado destruye la vida del ser humano, degrada todo su ser y lo hunde en una vida de placeres temporales que lo llevan a desobedecer la ley de Dios y condenar su vida. De igual forma, aquel que viva en pecado jamás prosperara, porque esta condenado a pagar las consecuencias del mismo hasta llegar al infierno. Por ello es indispensable que el hombre se rinda a Cristo y viva para Él, porque solo así estará unido a la vid verdadera y llevara mucho fruto.

CONCLUSIÓN.


Sin Cristo nada podemos hacer, Él es la vid verdadera y todo aquel que permanece en el lleva mucho fruto. Muchas personas fracasan en la vida porque sin Cristo es imposible llegar a experimentar una vida de verdadera victoria y las razones por las cuales esto es así son:

1.       Porque como seres humanos imperfectos jamás acertaremos en las mejores decisiones para nuestra vida, nuestro corazón es engañoso y los caminos que el hombre eligen son camino de muerte, solo Dios tiene el mejor plan para nosotros.
2.       Porque la clave del éxito en nuestra vida depende del respaldo que recibimos de Dios.
3.       Porque mientras vivamos esclavizados al pecado, nuestra vida jamás prosperará.






domingo, 12 de enero de 2020

¿Año nuevo, vida nueva? (2 Corintios 5:17)



“De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.
2 Corintios 5:17

INTRODUCCIÓN


Cada fin de año las personas celebran el nuevo año que viene con comidas, bebidas, música y bailes, y entre las canciones que escuchan en esta celebración hay una que dice: “año nuevo, vida nueva”, y con ello se deja ver el anhelo de las personas que comenzar un nuevo año reprogramando su mente, renovando sus energías y en muchos casos, comenzando una nueva vida donde todos los fracasos del año pasado quedan atrás. Pero, será acaso que ¿año nuevo, vida nueva? Si bien es cierto que el año nuevo puede traer una nueva oportunidad para comenzar nuevas cosas y cambiar muchas otras, pero lo cierto es que fuera de Cristo no podemos tener vida nueva.


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¿Año nuevo, vida nueva? 


                   I.                        FUERA DE CRISTO NO PODEMOS TENER VIDA NUEVA.


Fuera de Cristo, es imposible que el hombre pueda tener una nueva vida, y en la Biblia se deja muy claro esto. Veamos algunas razones por las cuales el hombre fuera de Cristo no puede tener una vida nueva.

1.       Todo lo que ofrece el mundo es vanidad y aflicción de espíritu.


“Dije yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes. Mas he aquí esto también era vanidad. A la risa dije: Enloqueces; y al placer: ¿De qué sirve esto? Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino, y que anduviese mi corazón en sabiduría, con retención de la necedad, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de los hombres, en el cual se ocuparan debajo del cielo todos los días de su vida. Engrandecí mis obras, edifiqué para mí casas, planté para mí viñas; me hice huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todo fruto. Me hice estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde crecían los árboles. Compré siervos y siervas, y tuve siervos nacidos en casa; también tuve posesión grande de vacas y de ovejas, más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén. Me amontoné también plata y oro, y tesoros preciados de reyes y de provincias; me hice de cantores y cantoras, de los deleites de los hijos de los hombres, y de toda clase de instrumentos de música. Y fui engrandecido y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; a más de esto, conservé conmigo mi sabiduría. No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte de toda mi faena. Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol”.
Eclesiastés 2:1-11

Una de los propósitos que buscar una nueva vida es para alejarnos de todo aquello que pueda fastidiar nuestra existencia y darle un nuevo propósito, pero en el mundo no tendremos nada de eso. Salomón dice que experimento todo lo que el hombre busca en el mundo, busco disfrutar el fruto de su trabajo, en tener bienes materiales, en los placeres de la vida, en la música, en tener sirvientes, y en muchas otras cosas más, pero nada de esto llego a satisfacer su alma, al final dijo: he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol. En el mundo jamás lograremos experimentar una vida de provecho y verdadero gozo, todo será vanidad y aflicción de espíritu, así que es imposible tener una vida nueva fuera de Cristo.

2.       En el mundo, nada es nuevo debajo del sol.


“¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol? Generación va, y generación viene; más la tierra siempre permanece. Sale el sol, y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de donde se levanta. El viento tira hacia el sur, y rodea al norte; va girando de continuo, y a sus giros vuelve el viento de nuevo. Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo. Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír. ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol. ¿Hay algo de que se puede decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido. No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después”.

En el mundo no podemos encontrar una vida nueva porque el mundo no la puede ofrecer, todo lo que ofrece es lo mismo, lo mismo que vivieron las generaciones pasadas es lo mismo que ofrece a las generaciones futuras, lo que otros buscaron e iniciaron en el pasado, es lo mismo que las generaciones actuales buscan hoy en día. Por ello Salomón pregunto: ¿Hay algo de que se puede decir: He aquí esto es nuevo?

3.       Por causa del pecado, todo va en deterioro en la vida del ser humano.


“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos”.
Efesios 4:22

En general, el hombre no puede tener una vida nueva en el mundo por causa del pecado, ya que el pecado en lugar de regenerar produce decadencia, en lugar de felicidad, tristeza, en lugar de gozo solo ofrece placeres temporales, en lugar de vida, muerte, en lugar de vida eterna, condenación eterna. Por eso Pablo le llamaba a esta naturaleza pecaminosa el viejo hombre, el cual esta viciado conforme a los deseos engañosos y a menos que nuestro ser sea renovado por Cristo, jamás podemos tener una vida nueva.

                II.                        SOLAMENTE EN CRISTO SE PUEDE TENER VIDA NUEVA.


“De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.

Por causa del pecado, el ser humano esta esclavizado a una vida de deterioro y desgracias, y en la eternidad a ser condenado en el infierno; pero Cristo puede salvarlo de esta terrible realidad, solamente Él puede liberarnos de las cadenas del pecado y darnos una vida diferente, por tal razón el apóstol Pablo dijo: De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. En Cristo Jesús podemos tener esa vida nueva que muchas personas anhelan tener, solamente necesitamos rendirnos ante su señorío y veremos como Dios cambia toda nuestra vida.

CONCLUSIÓN.


            Muchas personas cantan cada final de año una canción que dice: “año nuevo, vida nueva”; pero lo cierto es que jamás podrán tener una nueva vida sin Cristo Jesús. En el mundo es imposible tener una nueva vida debido a que:

1.       En el mundo solo se ofrece vanidad, aflicción de espíritu y todo es sin provecho (Eclesiastés 2:1-11).
2.       En el mundo no hay nada nuevo, todo lo que vieron las generaciones pasadas viven las actuales, así que el mundo no puede dar lo que no tiene (Eclesiastés 1:3-11).
3.       Por causa del pecado, la vida va en deterioro y por consiguiente no puede ofrecer una vida nueva.


Así que solamente Cristo Jesús puede ofrecer una nueva vida, una vida libre de la esclavitud del pecado y con propósitos eternos.


viernes, 3 de enero de 2020

Los nombres de Dios


“¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuán grande es tu nombre en toda la tierra!”.
Salmo 8:9

INTRODUCCIÓN


                Estudiar los nombres de Dios nos enseña mucho en cuanto a su carácter y naturaleza, ya que estos son una declaración de su revelación a los hombres. Charles Ryrie nos dice: “Los muchos nombres de Dios en las Escrituras proveen revelación adicional de Su carácter. Estos no son meros títulos conferidos por los seres humanos sino, en su mayor parte, sus propias descripciones de Sí mismo. Como tales, éstos revelan aspectos de su carácter”. Por medio de sus nombres el Señor declara su grandeza, por ello el salmista decía: ¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuán grande es tu nombre en toda la tierra!, y ahora tendremos la oportunidad de estudiarlos.

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Los nombres de Dios


ELOHIM.


                 Uno de los nombres a través de los cuales se da a conocer Dios en el Antiguo Testamento es Elohim, aparece en el primer versículo del primer libro que aparece en la Biblia, el Génesis: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”, (Génesis 1:1). En este versículo la palabra Dios se traduce de la palabra hebrea de donde proviene dicho nombre, y esta es Elojím (אֱליהִים), y en su sentido etimológico significa “dioses”, ya que es una palabra plural. Esta palabra en plural nos hace referencia a dos cosas importantes con respecto a la naturaleza de Dios. Por un lado, nos sugiere desde el mimo Antiguo Testamento la pluralidad de personas en la trinidad divina, lo cual se revela totalmente en el Nuevo Testamento con las personas del Padre, Hijo y Espíritu Santo. Uno puede ver esta verdad de la pluralidad de personas de la Trinidad divina en algunos pasajes del Antiguo Testamento. Por ejemplo, al momento de la creación del hombre se deja ver la presencia de la pluralidad de la Trinidad divina al momento de discutirlo: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen”, (Génesis 1:26). Esa palabra, “hagamos”, nos sugiere la presencia de pluralidad de personas. También tenemos otro pasaje del Antiguo Testamento que nos sugiere lo mismo, y es cuando se relata el acontecimiento de la confusión de lenguas en la torre de Babel: “Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres. Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero”, (Génesis 11:5-7). Aquí es Dios quien esta hablando, pero las palabras en plural: “descendamos” y “confundamos” nos indican la presencia de varias personas. Ahora, lo segundo que sugiere el nombre de Elohim es unidad. Dios es uno y no hay otro Dios fuera de Él: “A ti te fue mostrado, para que supieses que Jehová es Dios, y no hay otro fuera de él”, (Deuteronomio 4:35). De esta forma, la Biblia declara que Dios es uno, y fuera de Él no hay más dioses.

EL-SHADDAI.


                Otro de los nombres de Dios es El-Shaddai, el cual aparece 48 veces en el Antiguo Testamento (31 de ellas en el libro de Job) y una de ellas en el libro de Apocalipsis, en el Nuevo Testamento. Fue este uno de los nombres con los cuales se dio a conocer a Abram cuando lo llamo de Ur de los caldeos: “Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto”, (Génesis 17:1). Las palabras que aparecen aquí, Dios Todopoderoso, provienen del hebreo El-Shaddai (שַׁדַּי אֵל). En este caso la palabra “El” no es un artículo, sino una palabra hebrea que significa Dios y generalmente se usa como palabra compuesta junto con otras palabras hebreas que describen el nombre de Dios, y en este sentido, El-Shaddai se traduce como Dios Todopoderoso. El nombre El-Shaddai hace referencia al gran poder de Dios, a su atributo como Omnipotente, al Dios autosuficiente, a la fuente inagotable de toda bendición, al Todopoderoso.

EL-ELIÓN.


                  En la Biblia encontramos otro de los nombres a través de los cuales Dios se dio a conocer a Abraham y este es El-Elión, y este nombre aparece por primera vez en el libro de Génesis: “y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra”, (Génesis 14:19). Esta es la ocasión que Melquisedec, rey de Salem, bendijo a Abram después de haber derrotado a los 4 reyes que habían conquistado Sodoma y se habían llevado cautivo a su sobrino Lot, y uno de los nombres que utiliza para referirse al Señor es El Elión ( עֶלְיוין אֵל),  el cual significa, Dios Altísimo, y en este sentido, El Señor es El-Elión, el Dios Altísimo, no hay nadie de mayor gloria en todo el mundo y solamente Él merece ser adorado como tal ya que Él es el soberano y supremo Dios de toda la tierra. Su nombre aparece en Génesis 14:17-22; Salmos 78:35; Daniel 4:34 y Hechos 16:17.

EL-OLÁM.


                 El nombre de El-Olám aparece por primera vez en el libro de Génesis: “Y plantó Abraham un árbol tamarisco en Beerseba, e invocó allí el nombre de Jehová Dios eterno, (Génesis 21:33). En este versículo, el nombre que se le da al Señor es Dios eterno, y se traduce de las palabras hebreas El-Olám (אֵל עוילָם), y en este sentido, El-Olám es el Dios Eterno, el principio y el fin, el Dios que hace su voluntad a través de las edades y permanece inmutable a través de los siglos. El nombre de El-Olám aparece en otros pasajes de la Biblia: Génesis 21:33; Salmos 90:1-2 e Isaías 40:28.

EL-ROÍ.


              Cuando Agar huía de su señora Saraí el Ángel del Señor le hablo junto a una fuente de agua en el desierto de Shur diciéndole que volviera a su señora y se pusiera sumisa, porque el hijo que estaba en su vientre nacería para convertirse en una gran nación, es allí donde Agar se sorprende que Dios conocía todo lo que le estaba pasando y tenia cuidado de ella, por tal motivo lo llama el Dios que me ve y llamó al pozo “el vidente que me ve”: “Entonces llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba: Tú eres Dios que ve; porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve? Por lo cual llamó al pozo: Pozo del Viviente-que-me-ve. He aquí está entre Cades y Bered”, (Génesis 16:13-14). El nombre que se le da al Señor aquí es el Dios que me ve y se traduce de las palabras hebreas El-Roí (אֵל רֳאִי). De esta forma El-Roí es el Dios que me ve, es decir, aquel que conoce todo ya que es Omnisciente y Omnipresente, no hay nada que le sea oculto y no existe ninguna circunstancia en nuestra vida que escape de su conocimiento y cuidado como Padre amoroso.

ADONAI.


                Otro de los nombres con los cuales se conoció en el Antiguo Testamento es Adonai y es una palabra hebrea que significa Señor y aparece en algunos pasajes bíblicos: “Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar”, (Habacuc 3:19). En este caso, la palabra hebrea que se traduce como Señor es Adonai (אֲדינָי), y esta al igual que Elohim se encuentra en plural. El nombre de Adonai nos habla del Dios que esta por encima de todos los seres creados, como Amo y Dueño de todas las cosas, donde toda la creación se sujeta a su soberana voluntad.  

JEHOVÁ.


              Hoy llegamos a uno de los nombres por medio del cual se le conoce más a Dios en nuestra lengua española, Jehová. La versión RV60 presenta a Dios con el nombre de Jehová por primera vez en el libro de Génesis: “Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos”, (Génesis 2:4), sin embargo, otras versiones como la NVI, Dios Habla Hoy, la Biblia al Día y otras versiones modernas ya no usan el nombre de Jehová, sino lo traducen con el nombre de Señor. De igual forma, la King James Version, la versión tradicional de lengua inglesa traduce este nombre como Lord, que traducido sería Señor. Pocas versiones en ingles lo traducen como Jehovah, como lo hace la American Standard Version. La palabra hebrea de donde se traduce Jehová, y otras prefieren hacerlo como Señor, es una combinación de 4 consonantes conocidas como el tetragrámaton que al transliterarlas a nuestro idioma serían las consonantes YHVH: ( יְהויָה). La palabra tetragrámaton proviene de dos palabras compuestas en griego que son: tetra, que es cuatro, y grama, que es letra, de esta forma el tetragrámaton son las 4 palabras del nombre de Dios. Por siglos los hebreos utilizaron el tetragrámaton al momento de escribir el nombre de Dios, y este jamás utilizo vocales ya que consideraban que lo mejor era escribirlo sin ellas para evitar su pronunciación y evitar la posibilidad de tomarlo en vano ya que el tercer mandamiento lo prohibía: “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano”, (Génesis 20:7). Al no tener vocales el nombre de Dios se hacia imposible pronunciarlo y por consiguiente los israelitas no podían usarlo, evitando que así alguien pudiese utilizarlo en vano y cometiese este terrible pecado. El problema con todo esto fue que con el paso de los siglos la pronunciación de su nombre se perdió, pero fueron los masoretas, uno judíos tradicionalista que preservaban las Escrituras del Antiguo Testamento que decidieron utilizar las vocales de uno de los nombres de Dios, Adonai, y estas introducirlas en medio del tetragrámaton, para producir la pronunciación del mismo, y de esta forma surgió el nombre YaHoVaH, de donde se translitera el nombre Yahvé y en nuestro idioma, Jehová. Muchos eruditos bíblicos creen hoy en día que la mejor transliteración y por ende, la pronunciación mas cercana a su nombre seria Yahvé en lugar de Jehová, tal y como podemos encontrarlo en otras versiones de la Biblia como la versión Jerusalén y la Nacar Colunga, sin embargo, aun con todo esto ambas opciones de pronunciación, Yahvé o Jehová, no tienen certeza de que cualquiera de estos sea su pronunciación correcta del nombre de Dios ya que esta se perdió hace siglos y por ellos muchas versiones prefieren traducir el tetragrámaton como Señor.

                En cuanto al significado del nombre de Dios, Jehová, podemos ir al momento cuando Dios se le revela a Moisés con dicho nombre: “Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros. Además, dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos”, (Génesis 3:13-15). Aquí vemos como el Señor le revela su nombre a Moisés cuando este se lo pregunta. Es interesante ver que esta es la única parte de la Biblia donde vemos a Dios revelando personalmente su nombre, en otras ocasiones la misma Biblia por inspiración del Espíritu Santo lo hace, pero aquí vemos como el Señor lo hace. Dios le dice: YO SOY EL QUE SOY. Estas palabras provienen del hebreo jayá asher Jayá (הָיָה אֲשֶׁר הָיָה) y prácticamente da la idea de un ser auto existente. Definir su nombre considerando su majestuosidad y poder es difícil en gran manera para el ser humano, pero aquí Dios nos enseña mucho en cuanto a Él, Dios es el que ha sido desde el principio de los tiempos, Él es el que esta presente hoy en día y seguirá siendo el mismo a través de la eternidad, su ser es eterno y permanece inmutable en su gloria, accesible a todo aquel que le busca e invoca su nombre. Además, el Señor se da a conocer a Moisés a través del tetragrámaton cuando le dice: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Aquí el nombre de Jehová proviene de las cuatro consonantes que ya hemos considerado, y en este sentido, Dios, el ser auto existente, es aquel Dios que permanece fiel a sus promesas a través de los siglos, por eso se hace llamar el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, porque hace referencia a lo fiel que es a sus promesas, promesas dada a los padres de Israel.

                Ahora bien, a lo largo del Antiguo Testamento podemos encontrar algunos nombres compuestos de Dios donde se utiliza el nombre de Jehová, los cuales nos enseñan mucho mas en cuento a su carácter. Estudiemos algunos de estos.

Jehová Jiréh.


Uno de los nombres a través de los cuales Dios se manifiesta en el Antiguo Testamento es Jehová Jiréh y este nombre le fue dado por Abraham en el monte Moria: “Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto, se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto”, (Genesis 22:14). Las palabras Jehová Jiréh provienen del hebreo Yahvé Yiré (יְהויָה יִרְאֶה). Dios bendijo a Abraham por su obediencia al no negarle a su único hijo en sacrificio, por ello, el Señor proveyó de un cordero en sustitución para el sacrificio. De esta forma, el Señor Dios a provisto de un Cordero perfecto para ser sacrificado por todos nuestros pecados en la persona de su Hijo Jesucristo.

Jehová Nissi.


Cuando los israelitas dirigidos por Josué pelearon con los amalecitas y los vencieron, Moisés edifico un altar en el desierto como señal de victoria que Jehová les había dado y llamó Jehová Nissi: “Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová-nisi, (Éxodo 17:15). El nombre Jehová Nissi se traduce de las palabras hebreas Yahvé Nissi (יְהויָה נִסִּי), y se traduce como Jehová es mi bandera, o Jehová es mi estandarte. En este sentido, el Señor Dios es nuestro estandarte ya que Él pelea nuestras batallas y nos da la victoria en todo aspecto de nuestras vidas.

Jehová Rafá.


Otro de los nombres del Señor es Jehová Rafá, que significa Jehová tu sanador: “Y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador, (Éxodo 15:26). La palabra sanador se traduce del hebreo rafá (רָפָא), y es así que hoy en día el Señor es nuestro sanador, Él es el dador de la vida y a través de Jesucristo podemos recibir la sanidad de nuestras enfermedades.

Jehová Kadesh.


Dios demanda de su pueblo que sean santos porque Él es santo, y por ello en el Pentateuco, el Señor se dio a conocer a los israelitas como Jehová que os santifica: “Santificaos, pues, y sed santos, porque yo Jehová soy vuestro Dios. Y guardad mis estatutos, y ponedlos por obra. Yo Jehová que os santifico, (Levítico 20:7-8). La palabra santifico proviene del hebreo kadesh (קָדַשׁ), y en este sentido, es Dios el que nos santifica, ahora, por medio de la sangre de su Hijo Jesucristo y por medio de perseverar en su palabra la cual nos aleja de una vida de pecado.

Jehová Shalom.


Cuando Dios visito a Gedeón para llamarlo a su servicio, este le edifico un altar que llamo Jehová Shalom: “Y edificó allí Gedeón altar a Jehová, y lo llamó Jehová-salom; el cual permanece hasta hoy en Ofra de los abiezeritas”, (Jueces 6:24). Las palabras Jehová-Salom se traducen del hebreo Yahvé Shalom (יְהויָה שָׁלוים), que significan Jehová es mi paz, y en este sentido, el Señor es nuestra paz, solamente en sus caminos podemos encontrar la verdadera paz de nuestra alma.

Jehová Tsidkenu.


Otro de los nombres de Dios es el que aparece en el libro de Jeremías: “En aquellos días Judá será salvo, y Jerusalén habitará segura, y se le llamará: Jehová, justicia nuestra, (Jeremías 33:16). La palabra hebrea para justicia es tsédec (צֶדֶק), y hoy en día Dios se ha convertido en nuestra justicia, ya que por medio de Jesucristo podemos ser justificados gratuitamente por medio de la fe.

Jehová Sabaot.


                 Uno de los nombres a través del cual es conocido Dios en el Antiguo Testamento es Jehová de los ejércitos, este aparece 53 veces y la primera mención de Él es en 1 Samuel: “Y todos los años aquel varón subía de su ciudad para adorar y para ofrecer sacrificios a Jehová de los ejércitos en Silo, donde estaban dos hijos de Elí, Ofni y Finees, sacerdotes de Jehová”, (1 Samuel 1:3). La palabra ejércitos se traduce del hebreo tsabá (צָבָא), y da una idea de una gran hueste militares que están bajo el mando de Dios. Dios es el general supremo de todos los ejércitos celestiales, Él es el que pelea toda batalla y siempre vence porque Él es Jehová de los ejércitos.


SEÑOR.


                Finalmente, existe otro nombre a través del cual se le conoce a Dios en el Nuevo Testamento, y es con el nombre de Señor. La palabra Señor se traduce del griego Kúrios (κύριος), y es un titulo casi exclusivo de Jesús: “Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!”, (Juan 20:28), y para la época donde se escribió el Nuevo Testamento era un titilo que se les atribuía especialmente a los césares, de tal forma que el título de Kúrios implicaba más que Señor, hace referencia a un ser que posee autoridad y supremacía, y el apóstol Pablo habla de ello en una de sus cartas: “Y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”, (Efesios 1:19-23). Jesús es el Señor, el cual esta sentado a la diestra del Padre y se le ha dado autoridad, poder y señorío sobre toda la creación, Él es Señor en los cielos, en la tierra y debajo de ella, y se le ha dado un nombre que es sobre todo nombre, no hay mayor autoridad y poder que la que posee Jesús el Señor.