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domingo, 21 de febrero de 2021

Jesús es sepultado (Juan 19:38-42)

 

“Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús. También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras. Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos. Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno. Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús”.

Juan 19:38-42

INTRODUCCIÓN

               Llegamos al final de este increíble capítulo donde el apóstol Juan nos ha relatado los acontecimientos referentes al martirio y muerte de nuestro Señor Jesucristo en la cruz del Calvario. Juan no ha escatimado en resaltar los detalles de las profecías mesiánicas que se han cumplido en torno de la muerte del Señor, ahora, todo estaba consumado, Jesús había muerto y lo que quedaba era sepultar su cuerpo, por lo que dos personajes importantes del Sanedrín hacen su aparición para encargarse de este trabajo, estos son, José de Arimatea y Nicodemo. Una vez más podremos ver como otra de las profecías mesiánicas se cumplirá ya que el cuerpo de Jesús fue puesto en una tumba de un rico. Con estos versículos estaremos finalizando el capitulo 19 de este evangelio y ya solo nos quedaran dos capítulos más que comentar para finalizarlo.

 

sepultura-Jesús
Jesús es sepultado


LOS DOS DISCÍPULOS SECRETOS DE JESÚS

“Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús. También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras. Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos”.

Juan 19:38-40

                Juan ha dejado muy claro que Jesús ha muerto a través del testimonio de los soldados romanos que vieron su cuerpo sin vida, además del hecho de que su costado fue traspasado por una lanza, como ultimo método de verificación. No obstante, Juan sigue recalcando las evidencias de que su Maestro está muerto por medio del testimonio de aquellos que lo sepultaron, esto con el propósito de demostrar que Jesús no era un espíritu sin cuerpo, como lo afirmaban los gnósticos, o la teoría de que Jesús solo se desmayo y después al ser bajado de la cruz se despertó y se fue al la India a aprender artes mágicas.  Juan nos presenta a dos discípulos de Jesús que hasta el momento habían permanecido en secreto, pero ahora, después de su muerte, se dan a conocer, estos son José de Arimatea y Nicodemo. Ambos eran miembros del Sanedrín. Generalmente se critica a estos dos hombres por haber permanecido como discípulos secretos de Jesús, sin embargo, criticarlos es fácil sin considerar lo que nosotros hubiésemos hecho al estar un su lugar. Recordemos que estos dos hombres pertenecían a los lideres de las sectas religiosas en Jerusalén, los cuales en su mayoría estaban en contra del Señor, obviamente no era fácil tomar demasiado partido a favor de aquel que la mayoría odiaba y deseaba matar. También, otros se han preguntado por qué estos no defendieron a Jesús cuando Jesús fue condenado en el Sanedrín. Una vez más es fácil condenar sin pensar como nosotros hubiéramos reaccionado en esta situación. La verdad es que en aquel momento los miembros del sanedrín estaban eufóricos, gritando y condenando con furia a Jesús, a lo mejor eso hubiera intimidados a muchos, de hecho, aun Pedro terminó negando tres veces al Señor en el patio del sumo sacerdote por temor a la situación que se estaba viviendo, y aun, si lo hubieran defendido, ¿se hubiesen escuchado sus voces de defensa en medio de los gritos frenéticos de aproximadamente 70 personas? Lo cierto es que después de su muerte, estos hombres se atrevieron a dar testimonio publico de su fe y la verdad es que no fueron los únicos, ya que después de la muerte y resurrección de Jesús, muchos otros se convirtieron y se volvieron discípulos de Él, así le paso al apóstol Pablo que era un fariseo perseguidor de la iglesia o Santiago, el medio hermano de Jesús, el cual en vida nunca fue seguidor de Él, pero después de su muerte y resurrección se le apareció para dar paso a su conversión.

 

                Jesús había muerto y sus discípulos eran demasiado pobres como para sepultarlo en alguna tumba, a parte que había huido a esconderse, sin embargo, hubo un hombre que se atrevió a tal cosa: Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Hasta este momento José de Arimatea había permanecido en secreto, como discípulo del Señor, pero se llenó de coraje para ir y pedirle a Pilato el cuerpo de Jesús, así lo dice Marcos: “José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto. E informado por el centurión, dio el cuerpo a José”, (Marcos 15:43-45). Aquí se nos dice que José de Arimatea era miembro noble del concilio, es decir, el sanedrín o consejo de los principales fariseos y saduceos precedidos por el sumo sacerdote. Al pedirle el cuerpo, Pilato se sorprende de que hubiese muerto tan rápidamente y por ello le pregunta al centurión encargado de la ejecución si esto realmente hubiera ocurrido, el centurión se lo confirma, por lo que Pilato le permite a José de Arimatea que sepulte el cuerpo. A parte de José de Arimatea, también aparece Nicodemo: También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras. Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos. Este es aquel principal entre los judíos que visitó de noche a Jesús (Juan 3:1-12). La costumbre judía solía preparar el cuerpo embalsamándolo con la mirra y áloes, esto con el propósito de perfumar el cuerpo, luego el cuerpo se envolvía con los lienzos, cubriéndolo desde los pies hasta la cabeza.  Fue así que estos dos hombres tomaron el valor necesario para ir a pedir el cuerpo de Jesús para enterrarlo.

 

LA TUMBA DE JESÚS

 “Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno”.

Juan 19:41

               De acuerdo a Juan, colocaron el cuerpo de Jesús en un sepulcro nuevo, el cual no había sido usado por ninguno: Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno. De acuerdo a la costumbre judía, los muertos eran enterrados casi de inmediato una vez se comprobaba su muerte y las tumbas se ubicaban generalmente a las afueras de los muros de la ciudad, estos cementerios eran considerados hasta cierto punto sagrados ya que ellos veían la muerte con una transición la persona descansaba de todas sus labores y esperaba la futura resurrección. Estas tumbas eran labradas en piedras o en cuevas y algunas familias que tenían sus medios económicos solían comprar con anticipación las tubas donde serian enterrados los miembros de sus familias, tal y como lo hizo Abraham cuando compro a Het la cueva de Macpela: “Y Abraham se levantó, y se inclinó al pueblo de aquella tierra, a los hijos de Het, y habló con ellos, diciendo: Si tenéis voluntad de que yo sepulte mi muerta de delante de mí, oídme, e interceded por mí con Efrón hijo de Zohar, para que me dé la cueva de Macpela, que tiene al extremo de su heredad; que por su justo precio me la dé, para posesión de sepultura en medio de vosotros”, (Génesis 23:7-9). José de Arimatea tenían un sepulcro que ere de su propiedad y allí sepulto el cuerpo de Jesús: “Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo. Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue”, (Mateo 27:57-60). De acuerdo a las Evangelios esta tumba era nueva y fue allí donde el cuerpo de nuestro Señor fue sepultado, en la tuba de un hombre rico, cumpliéndose así las Escrituras: “Y se dispuso con los impíos su sepultura, más con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca”, (Isaías 53:9). Hoy en día existe en Israel un lugar arqueológico y turístico que afirma ser la tumba de Jesús, este es conocido como la Iglesia del Santo Sepulcro, ubicada en la ciudad vieja de Jerusalén donde una vez estuvo construido el templo de la diosa Venus que fue destruido por Constantino, y en su lugar se edifico la Iglesia del Santo Sepulcro, donde afirman se encuentra la tumba de Jesús, no obstante, no hay evidencia arqueológica contundente para afirmar tal cosa. Lo que si dice Juan es que este sepulcro estaba cerca del Gólgota, donde haba un huerto y en el huerto un sepulcro nuevo.

 

UNA PEQUEÑA DISCREPANCIA

“Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús”.

Juan 19:42

              Este versículo resalta una pequeña discrepancia en cuanto al tiempo en el cual ocurrieron los acontecimientos. Si consideramos el relato de Juan, después de la muerte de Jesús, José de Arimatea se apresuro a bajar el cuerpo del Señor y sepultarlo porque estaba cerca el día de la preparación de la pascua de los judíos: Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús. Según esto, Jesús murió antes de celebrarse la cena pascual, lo cual corresponde a otro versículo anterior a este capítulo: “Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin”, (Juan 13:1). Luego, mas adelante, cuando Jesús le pide a Judas que se apresure a realizas su traición y éste sale apresurado, los otros discípulos piensan que salió a comprar las cosas necesarias para celebrar la cena pascual, ya que él poseía la bolsa de los fondos, confirmando que la cena pascual aun no había ocurrido: “Porque algunos pensaban, puesto que Judas tenía la bolsa, que Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta; o que diese algo a los pobres”, (Juan 13:29). Por tanto, podemos entender que según Juan Jesús murió antes de la cena pascual. Sin embargo, de acuerdo a los evangelios sinópticos, Jesús murió después de la cena pascual: “El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, cuando sacrificaban el cordero de la pascua, sus discípulos le dijeron: ¿Dónde quieres que vayamos a preparar para que comas la pascua? Y envió dos de sus discípulos, y les dijo: Id a la ciudad, y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle, y donde entrare, decid al señor de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos? Y él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto; preparad para nosotros allí. Fueron sus discípulos y entraron en la ciudad, y hallaron como les había dicho; y prepararon la pascua. Y cuando llegó la noche, vino él con los doce”, (Marcos 14:12-17). Siendo así, Jesús ya había tomado la cena pascual para el momento de su muerte. De acuerdo a Lucas, este día era víspera del sábado, el cual comenzaba a las 6:00 P.M. del sexto dia que corresponde al viernes: “Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo. Este, que también esperaba el reino de Dios, y no había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos, fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Y quitándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún no se había puesto a nadie. Era día de la preparación, y estaba para comenzar el día de reposo”, (Lucas 23:50-54). Realmente, no hay forma de armonizar cronológicamente ambos textos, el de Juan con los sinópticos, no existe una explicación satisfactoria para esta pequeña discrepancia, a lo mejor Juan lo relato desde la perspectiva del cordero pascual el cual era sacrificado antes de la cena y por ello hoy leemos en su evangelio los hechos relatados de esta forma. Como sea, esto no debe representar un mayor problema para nosotros que ponemos toda nuestra esperanza en el sacrificio expiatorio de nuestro Señor.

 

sábado, 13 de febrero de 2021

¡Consumado es! (Juan 19:28-37)



“Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu. Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo (pues aquel día de reposo era de gran solemnidad), rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados de allí. Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él. Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis. Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo. Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron”.

Juan 19:28-37

INTRODUCCIÓN

                Finalmente, el apóstol Juan nos narra la muerte de nuestro Señor Jesucristo, después de toda una vía dolorosa, Jesús entrega su alma, pero con su muerte ocurre la consumación de su obra salvífica. En todo este escenario puede verse la tipología del cordero pascual, el cual era sacrificado durante la celebración de la pascua y esto fue así porque como Juan el bautista un día lo dijo, Él era el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Así mismo, veremos como Juan aprovecha enlazar los acontecimientos que rodean a la muerte de Jesús con las profecías del Antiguo Testamento, todo con el fin de demostrar que Él es el Mesías profetizado en las Escrituras.

 

Consumado-es
¡Consumado es!

JESÚS TIENE SED

 

“Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca”.

Juan 19:28-29

              Durante su sufrimiento en la cruz, los evangelios registran que pronunció 7 palabras. Los estudiosos bíblicos las han clasificado en el siguiente orden: La petición de perdón para los enemigos: “Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”, (Lucas 23:34); la promesa al ladrón penitente: “Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”, (Lucas 23:43); el encargo de su madre al discípulo amado: “Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre”, (Juan 19:26’27); la exclamación de desolación: “Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”, (Mateo 27:46); el anuncio de sed: “Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed”, (Juan 19:28); la declaración de consumación: “Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es”, (Juan 19:30); y la entrega del espíritu: “Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró”, (Lucas 23:46). Ahora bien, sabiendo Jesús que su momento de morir estaba cerca exclama: Tengo sed. Juan resalta esta declaración de Jesús posiblemente por dos propósitos. El primero, para hacer notar el cumplimiento de las profecías mesiánicas sobre Jesús: “Como un tiesto se secó mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar, y me has puesto en el polvo de la muerte”, (Salmo 22:15). En segundo lugar, Juan recalca la naturaleza humana de Jesús, ya que para el tiempo que escribe su evangelio, la secta de los gnósticos había llegado a negar la parte humana de Jesús, por considerar el cuerpo malo y el espíritu bueno. Con esto, Juan resalta la parte humana del Señor. Es obvio que, para este momento y la gran perdida de sangre, el Señor se encontraba totalmente deshidratado y por ello exclamó: Tengo sed. Ahora, al escuchar la petición de Jesús, decidieron empapar una esponja en vinagre y ponerla en un hisopo para acercársela a Jesús a la boca y que este bebiera: Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. Este evento del ofrecimiento del vinagre a Jesús es narrado por los cuatro evangelios, y Lucas nos dice que fueron los mismos romanos que se lo ofrecieron: “Los soldados también le escarnecían, acercándose y presentándole vinagre”, (Lucas 23:36). Con respecto al por qué dieron a beber a Jesús vinagre hay dos posiciones. La primera afirma que lejos de tratarse de otro acto de tortura de los romanos, se trataba de una especie de formula, quizás amarga, pero con ingredientes analgésicos que ayudaban al crucificado a disminuir sus dolores. En contraste, otros afirman, que el propósito de esto era continuar torturando al crucificado dándole una bebida amarga en lugar de agua ya que esta acción representaba al mismo tiempo el cumplimiento de otra profecía mesiánica: “Me pusieron además hiel por comida, y en mi sed me dieron a beber vinagre”, (Salmo 69:21). Como sea, ambas suposiciones podrían ser ciertas, ya que la bebida agria pudo haber tenido propósitos analgésicos y con ello se cumplían las Escrituras. Al final, Mateo nos dice que al darle a Jesús la bebida, solo la probó y se negó a beberla, probablemente porque quería consumar completamente su obra experimentando los dolores de la cruz: “Le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; pero después de haberlo probado, no quiso beberlo”, (Mateo 27:34).

 

LA CONSUMACIÓN DE SU OBRA

“Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu”.

Juan 19:30

               Llegamos al versículo de este evangelio que expresa no solo el momento de la muerte de Jesús, sino su victoria final, la superación de la prueba máxima, y el cumplimiento de la misión por la cual había venido a esta tierra, la consumación de su obra redentora: Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu. Antes de expirar, Jesús dijo: Consumado es. La palabra consumado proviene del griego teléo (τελέω), la cual literalmente significa: “Lleva una obra a su fin perfecto”, y esto es lo que realmente paso, Jesús había llevado su obra a su fin, de manera perfecta y victoriosa. A través del relato de los otros evangelios podemos entender como fue este momento. Por ejemplo, Mateo nos dice: “Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu”, (Mateo 27:50), y Marcos dice: “Mas Jesús, dando una gran voz, expiró”, (Marcos 15:37). Considerando esto, podemos entender que justo antes de morir, con voz fuerte, Jesús exclamó con voz de victoria, ¡consumado es!, y habiendo dicho esto, expiró. Con esto, Jesús completo su misión, llevándola a su fin perfecto la obra redentora que traería vida eterna a aquellos que en Él creyeran y terminando así el imperio de Satanás a través de la muerte: “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre”, (Hebreos 2:14-15).

 

LAS EVIDENCIAS DE LA MUERTE DE JESÚS

 

“Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo (pues aquel día de reposo era de gran solemnidad), rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados de allí. Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él. Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua… Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo. Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron”.

Juan 19:31-34, 36-37

                 Ahora Juan se enfocará en dar mas pruebas de la muerte física de Jesús, y esto es así porque uno de los propósitos de este evangelio fue contradecir muchas doctrinas heréticas contrarias a la divinidad y humanidad de Cristo. Por ejemplo, los gnósticos afirmaban que Jesús nunca tuvo un cuerpo de carne y hueso, ya que ellos consideraban la carne como algo malo y al espíritu como algo bueno, y si Jesús era Dios no podía ser de carne y hueso. En primer lugar, Juan nos da testimonio de la muerte de Jesús presentando la petición de los judíos de que quitaran el cuerpo sin vida de Jesús de la cruz y fuese enterrado: Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo (pues aquel día de reposo era de gran solemnidad), rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados de allí. La preparación de la pascua se refería al día de reposo, es decir, sábado, que iniciaba con la celebración de la pascua: “Cuando llegó la noche, porque era la preparación, es decir, la víspera del día de reposo, José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús”, (Marcos 15:42-43). Por una parte, estos judíos eran algo hipócritas al expresar su preocupación de que el cuerpo muerto de Jesús quedase colgado en la cruz, ya que era por causa de sus acusaciones injusta que había sido condenado. Para los romanos, el dejar el cuerpo colgado a merced de los animales carroñeros les era totalmente indiferente, sin embargo, para los judíos era abominable, especialmente porque en la ley de Moisés se prohibía tal cosa: “Si alguno hubiere cometido algún crimen digno de muerte, y lo hiciereis morir, y lo colgareis en un madero, no dejaréis que su cuerpo pase la noche sobre el madero; sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldito por Dios es el colgado; y no contaminarás tu tierra que Jehová tu Dios te da por heredad”, (Deuteronomio 21:22-23). Fue así que preocupado porque el cuerpo de Jesús quedara colgado allí todo el día de reposo, pidieron a Pilato que se le quebrase las piernas para acelerar su muerte y así una vez muerto, fuese bajado de la cruz, todo esto demuestra que Jesús era un hombre de carne y hueso. En segundo lugar, Juan presenta el testimonio de los soldados romanos que vieron el cuerpo de Jesús sin vida: Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él. Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Los soldados romanos tenían la práctica de quebrar con un enorme maso, las piernas de los crucificados, esto con el fin de evitar que estos pudiesen apoyarse con ellas y extender su pecho para llenar sus pulmones con aire. Debido a la forma de cómo eran crucificado, los pulmones quedaban comprimidos con el tórax y eventualmente el crucificado tenia de empujarse hacia adelante con sus piernas para extender su pecho y tomar aire, evitando así morir de asfixia. Al final, los soldados, que eran hombres expertos en la guerra y sabían identificar si alguien estaba muerto, vieron el cuerpo de Jesús sin vida, y a través de esto, Juan da testimonio que Jesús realmente fue un hombre de carne y hueso que murió. Finalmente, Juan da el testimonio del soldado romano que abrió el costado de Jesús y salió de él, agua y sangre: Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. Aquí surge una duda, si de un cuerpo muerto no puede fluir sangre, ¿por qué de su cuerpo fluyó sangre y agua? Bueno, algunos estudiosos con conocimiento medico han sugerido que debidos a la gran presión emocional que experimento Jesús, combinado con las heridas física, su corazón explotó y eso provocó que la sangre saliera derramada de esto y se combinara con el liquido del pericardio, de tal forma que cuando el soldado romano penetro su costado, se derramo esta mezcla que parecía sangre y agua. Juan también es claro al decir que todo esto paso para que se cumpliese la Escritura: Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo. Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron. La primera profecía hacia referencia al cordero pascual, el cual tenia que ser un cordero perfecto al cual no se le debía romper ningún hueso: “Se comerá en una casa, y no llevarás de aquella carne fuera de ella, ni quebraréis hueso suyo”, (Éxodo 12:46). La segunda profecía hacía referencia al regreso del Mesías donde los judíos llorarán por esas heridas: “Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito”, (Zacarías 12:10). Al final, el cuerpo de Jesús muerto fue un testimonio que Él no solo era espíritu, sino se encarno para llevar a cabo esta misión de expiación a favor de aquellos que alcanzarían el perdón de sus pecados.

 

UN TESTIMONIO VERDADERO

“Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis”.

Juan 19:35

                Las palabras de Juan nos recuerdan el propósito por el cual escribió su evangelio: Dar testimonio de la verdad para que creamos: Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis. ¿Cuál verdad? Que Jesús es el Hijo de Dios y por medio de Él alcanzamos vida eterna: “Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre”, (Juan 20:31). De esta forma, Juan da testimonio de la muerte de Jesús con la con la consumó su obra redentora, obra que daría esperanza a muchas personas a lo largo de la historia.


sábado, 6 de febrero de 2021

Una vida de gran provecho (1 Timoteo 4:15)

 

“Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos”.

1 Timoteo 4:15

INTRODUCCIÓN

“Esperen grandes cosas de Dios; emprendan grandes cosas para Dios”. Estas palabras celebres fueron pronunciadas por un humilde zapatero de Inglaterra, un hombre senillo, pero sumamente talentoso en la disciplina de aprender lenguas llamado William Carey. En su corazón existía un enorme anhelo de ir a la India y compartir el mensaje del evangelio y ciertamente lo logro. Aunque con muchas penurias y pagando un gran precio, a su muerte, William Carey había logrado penetrar en la cultura India, algunas costumbres paganas como la quema de mujeres con su marido fallecido, fueron abolidas por su influencia, fue reconocido como un defensor de la cultura Hindú, por sus escritos, cuando casi no existía literatura escrita de las costumbres e historia de la India, a parte de eso, tradujo la Biblia en los dialectos bengalí, sánscrito y marathi, y se convirtió en el padre de las misiones modernas. Al final, William Carey fue un hombre con una vida de gran provecho.


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Timoteo siendo instruido por su madre

Hoy en día creo que la mayoría de nosotros anhela tener una vida de gran provecho, especialmente los jóvenes que tienen toda una vida por delante y Pablo siempre exhortaba a su discípulo Timoteo a ocuparse de su vida de tal forma que su aprovechamiento fuese manifiesto a todos. Pero ¿qué significa tener una vida de aprovechamiento? Una vida de gran provecho es aquellas que sabe aprovechar los dones y talentos que han adquirido para desarrollarlos dentro de la voluntad de Dios y así construir una vida satisfactoria. Timoteo fue una persona que desde su niñez conoció al Señor y al cual Pablo discípulo, éste logro triunfar en la vida a tal punto que se convirtió en el obispo de Éfeso y experimento una vida de verdadero provecho. Estudiemos entonces algunos aspectos que ayudaron a Timoteo para tener una vida de gran provecho.

 

I.                    HACER DE CRISTO EL CENTRO DE SU VIDA.

“Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo nuestra esperanza, a Timoteo, verdadero hijo en la fe: Gracia, misericordia y paz, de Dios nuestro Padre y de Cristo Jesús nuestro Señor”.

1 Timoteo 1:1-2

Algo que se deja notar en este versículo es la forma de cómo el apóstol se dirige a Timoteo: Timoteo, verdadero hijo en la fe. Si bien es cierto, el calificativo de verdadero hijo en la fe hace alusión a la relación que Pablo y Timoteo tenían como maestro-discípulo, pera más allá de esto, podemos ver como este título de verdadero hijo en la fe hace referencia al reconocimiento que Timoteo tenían en la comunidad de ser un verdadero cristiano. El primer paso para tener una vida de provecho es tener a Cristo en el corazón y llegar a ser conocidos en nuestras comunidades como verdaderos cristianos. Hoy en día muchas personas, entre ella los jóvenes, se avergüenzan de decir que son cristianos, posiblemente por el rechazo o burlas que recibirán de sus compañeros, pero la verdad es que nadie debe avergonzarse de ello, ya que el evangelio no es una simple religión, sino, poder de Dios para salvar las almas: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego”, (Romanos 1:16).

 

II.                 CONSIDERAR LA BIBLIA COMO LA FUENTE DE GUÍA Y AUTORIDAD.

“Y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”.

2 Timoteo 3:15-16

De acuerdo con las Escritura, Timoteo fue instruido en la palabra de Dios desde su misma niñez: Y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras. Realmente fueron su madre y abuela las que lo influenciaron en el camino de Dios: “Trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también”, (2 Timoteo 1:5). Ahora, de acuerdo con Pablo la Biblia es sumamente importante debido a que:

 

1.       En ella obtenemos la sabiduría para alcanzar la salvación de nuestras almas: as cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.

2.       La Biblia es importante, porque es un libro inspirado por Dios y como tal, en él podemos encontrar la sabiduría y dirección acertada que necesitamos en la vida: Toda la Escritura es inspirada por Dios. Hoy en día existen muchas filosofías y religiones humanas que pretender guiar al hombre en su diario caminar, pero la Biblia, que es la palabra de Dios, es la mejor lumbrera que podemos tener.

3.       La Biblia es útil para instruir a todo hombre en cualquier asunto de la vida y guiarlo por el camino correcto: útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.

 

Por tanto, si queremos que nuestra vida sea de provecho, debemos considerar el consejo de la palabra de Dios para atesorarla en nuestro corazón y vivir por ella.

 

III.              SEA UN EJEMPLO EN TODO LO QUE HAGA.

“Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza”.

1 Timoteo 4:12

Si queremos ser exitosos en nuestra vida y que esta sea de verdadero provecho, debemos ser ejemplo en todo lo que hacemos: Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza. Un elemento importante en la vida es ser ejemplo en todo lo que hacemos y así construir un buen testimonio delante de Dios y de los hombres: “Después llegó a Derbe y a Listra; y he aquí, había allí cierto discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego; y daban buen testimonio de él los hermanos que estaban en Listra y en Iconio”, (Hechos 16:1-2). El buen testimonio es clave, no solo en la iglesia, sino en las organizaciones seculares y el mundo en general. Hoy en día se vive una crisis de integridad en el liderazgo, tenemos lideres que no predican con el ejemplo, que mienten y llevan vidas desordenadas, pero nosotros debemos vivir siendo ejemplo en todo lo que hacemos, fundamentados en Cristo y los principios del evangelio de tal manera que nuestra vida sea aprovechada al máximo.

 

IV.              DESARROLLE LOS DONES Y TALENTOS QUE DIOS LE HA DADO HASTA ENCONTRAR SU VERDADERA VOCACIÓN.

 

“Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”.

2 Timoteo 1:6-7

Finalmente, desarrollemos los dones y talentos que Dios nos ha dado hasta encontrar nuestra verdadera vocación. Pablo le decía a Timoteo que era importante que no descuidara el don de Dios que había recibido: Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Definitivamente Dios nos ha dado diferentes dones y talento que necesitamos explorar en la vida, necesitamos identificarnos con alguna área de la vida donde sintamos que encajamos y hacemos bien, esto con el fin de descubrir aquellas cosas que realmente nos apasionan y en lo que somos buenos. La iglesia es un buen lugar donde podemos desarrollar nuestros talentos, ya sea en el área de la música, la oratoria, el servicio a los necesitados en hospitales, evangelismo, medios de comunicación, etc. Cuando identificamos nuestros dones y talentos y buscamos desarrollarlos con excelencia, Dios nos iluminara en la forma correcta de aplicarlos, hasta llegar en conocer dentro de su voluntad, nuestra verdadera vocación, y cuando esto sea así, nos sentiremos satisfechos de tener una vida de verdadero provecho.

CONCLUSIÓN

Todos deseamos tener una vida de verdadero aprovechamiento, es decir, una vida en la que nos sintamos satisfechos y felices de haber cosechado grandes logros, ahora, Timoteo es un buen ejemplo de ello ya que desde su niñez supo aprovechar su vida. Para llegar tener una vida de provecho debemos:

1.       Hacer de Cristo el centro de nuestra vida.

2.       Considerar la Biblia como la fuente de guía y autoridad.

3.       Ser un ejemplo en todo lo que se hace.

4.       Desarrolle los dones y talentos que dios le ha dado hasta encontrar su verdadera vocación.