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domingo, 29 de diciembre de 2019

¿Cómo expresar nuestro agradecimiento a Dios? (Salmo 100:4)



“Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid su nombre”.
Salmo 100:4

INTRODUCCIÓN


Aquellos que verdaderamente hemos sido redimidos por Dios y hemos gustado de su salvación podemos dar testimonio de sus muchas misericordias y por ello alabamos y bendecimos su nombre, sin embargo, nuestro agradecimiento debe ir más allá de expresar uno o dos cantos, más bien debe ir acompañado de una vida que expresa su eterna gratitud a través de sus acciones. Pero cómo podemos expresar nuestro agradecimiento a Dios. Veamos a la luz de la Biblia como podemos hacerlo.

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¿Cómo expresar nuestro agradecimiento a Dios?


                   I.                        RECONOCIENDO QUE TODAS LAS BENDICIONES QUE HOY TENEMOS PROVIENEN DE DIOS.


“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”.
Efesios 1:3-4

Lo primero que tenemos que hacer al momento de agradecerle a nuestro Dios es reconocer que todo lo que tenemos es de parte de Dios. Como Pablo lo dice, el Señor nos ha bendecido con toda clase de bendición espiritual, en primer lugar, nos ha dado la vida eterna, luego nos ha permitido conocerle y tener una comunión con Él. Hoy en día, podemos hacer un inventario de todas las cosas que tenemos y podemos darle gracias a Dios por ellas, nuestra familia, nuestra salud, nuestros logros o lo bienes que hemos adquirido, todo es consecuencia de sus misericordias y por ello debemos agradecerle.

                II.                        NO OLVIDANDO SUS MUCHAS MISERICORDIAS.


“Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias; el que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila”.
Salmo 103:1-5

Un corazón agradecido con Dios no solo reconoce que de Él provienen todas sus bendiciones, sino que también jamás lo olvida. Muchas personas que han recibido de parte de Dios bendiciones y cuando finalmente sus vidas se ven prosperadas se olvidan de Él. Hay personas que en sus angustias buscaron a Dios, y quizás para este momento no tenían nada, pero el Señor les perdono sus pecados y los restauro, pero conforme el tiempo fue pasando, fueron prosperados, formaron su familia, consiguieron un buen trabajo y sus vidas se volvieron muy ocupadas como consecuencia de ello, y fue allí donde se fueron olvidando de Dios, su vida espiritual decayó y ya no tuvieron tiempo para Él, pero esto es un terrible error. El mundo tratara de seducirnos para alejarnos de Dios, pero nosotros debemos permanecer firmes perseverando en nuestra fe y no menguando nuestra vida espiritual, recordando de donde venimos y no olvidando ninguna de sus misericordias.

             III.                        NO PARTICIPANDO DE LAS OBRAS DE ESTE MUNDO.


“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado”.
Salmo 1:1
            En tercer lugar, debemos expresar nuestra gratitud a Dios manteniéndonos limpios del pecado y no participemos de las obras de este mundo. Dios es santo y Él espera que su pueblo sea santo y ser santo significa ser diferente o estar apartado de las obras de las tinieblas. Como cristianos debemos esforzarnos por no contaminarnos con el pecado de este mundo, no olvidemos que nuestros pecados fueron limpiados por la sangre de Cristo por lo que no hay necesidad de volver a nuestras antiguas costumbres pecaminosas porque cada vez que lo hacemos estamos siendo desagradecidos con nuestro Dios.

 

              IV.                        AMANDO Y OBEDECIENDO SU PALABRA.

“Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará”.
Salmo 1:2-3

Finalmente, debemos vivir agradeciéndole a Dios a través de amar y obedecer su palabra. La verdadera bienaventuranza se encuentra en apartarse de la inmundicia de este mundo y obedecer su palabra, ya que en ella se encuentra la guía perfecta para nuestra vida, nos muestra la senda de vida y aquel que la sigue es verdaderamente bienaventurado.

CONCLUSIÓN.


Como cristianos debemos vivir agradecidos por lo que Dios ha hecho en nuestras vidas y este agradecimiento se puede mostrar a través de:

1.       Reconocer que todas nuestras bendiciones provienen de Dios y no de otra fuente.
2.       Nunca olvidando sus muchas misericordias.
3.       Apartándonos de toda inmundicia del pecado.
4.       Amando y obedeciendo su palabra.



¿Cómo recibir un año nuevo? (Salmo 65:11)



“Tú coronas el año con tus bienes, y tus nubes destilan grosura.”.
Salmo 65:11

INTRODUCCIÓN


            Hoy en día la mayoría de países celebran al año nuevo y cada uno tiene su forma peculiar de recibirlo con el fin de que este sea próspero. Por ejemplo, en China la mayoría de personas y lugares se visten de rojo y justo en el momento de las 12:00 A.M., las personas gritan fuertemente con el fin de ahuyentar los malos espíritus y traer buenas vibras para el año nuevo. En Japón las personas visitan los templos pidiendo a los dioses que no les falte felicidad y salud y se regalan entre sí tortillas de arroz de color blanco y rosa, ya que estos colores traen buena suerte. En Italia las personas arrojan desde sus ventanas cosas viejas y trastos. Se cree que, cuanto más trasto tiras, más feliz serás el próximo año. En España la tradición consiste en terminar de comerse 12 uvas durante las 12 campanadas, pues si lo logras seguro los 12 meses venideros estarán llenos de mucha suerte. En Dinamarca, durante todo el año las familias van juntando platos para que el último día de diciembre demuestren su afecto a los amigos acudiendo afuera de sus casas y rompiendo platos. Y aquí en El Salvador, las personas esperan el año nuevo en sus casas con mucha música y bebidas vistiendo ropas nuevas con el fin de esperar un año prospero, y así podemos ver como los países celebran el Año Nuevo de diferentes formas, con un anhelo de recibir un próspero año, pero, a la luz de la Biblia, ¿cómo deberíamos recibir el año nuevo para que sea próspero? El Salmo 65:11 nos dice que el Señor es quien corona de bienes cada año, así que veamos tres cosas que podemos hacer para tener un prospero año.


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¿Cómo recibir un año nuevo?


                   I.                        DEBEMOS EMPEZAR ESTE AÑO NUEVO ESTANDO EN PLENA COMUNIÓN CON DIOS.


“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará”.
Salmo 1:1-3

             La mejor manera de comenzar un año nuevo y que este sea prospero es entando en plena comunión con Dios. En este Salmo 1 se nos dice que la verdadera bienaventuranza consiste en:

1.       Apartarse de la inmundicia del pecado: que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado.
2.       Vivir obedeciendo su palabra atesorándola en nuestro corazón: en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche.

Cuando lo hacemos así, y vivimos en plena comunión con Dios, la vida del hombre es semejante a un árbol plantado junto a corrientes de aguas que siempre da fruto y su hoja siempre esta verde: Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará. La mejor manera de recibir un año nuevo y esperar que este sea próspero es estando en plena comunión con Dios.

                II.                        ENCOMENDANDO ESTE AÑO A DIOS.


“Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia”.
Salmo 127:1

En segundo lugar, si deseamos que este año nuevo este lleno de bendiciones, hay que encomendarlo a Dios, poniendo en sus manos nuestros proyectos, familia, trabajo y todo lo referente a nuestra vida. El éxito en la vida no está en función de nuestras habilidades, sino en el respaldo que recibimos de Dios, por ello el salmista dice: Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia.

             III.                        APARTÁNDOSE DEL PECADO.


“El que encubre sus pecados no prosperará; más el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia”.
Proverbios 28:13

Finalmente, si queremos tener un nuevo año prospero, y no solo este año, sino toda una vida, debemos alejarnos del pecado. La Biblia es clara al enseñar que aquellos que viven en el pecado y no se apartan de él jamás prosperaran porque el pecado los conducirá al fracaso y en la eternidad al infierno. Sin embargo, Dios desea que reconozcamos nuestras maldades y las confesemos porque aquellos que lo hacen alcanzan misericordia: El que encubre sus pecados no prosperará; más el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.

CONCLUSIÓN.


Cada año las personas celebran la llegada del año nuevo practicando diferentes tradiciones con el fin de acarrear para si buena suerte y tener un año prospero, pero la verdad es que nada de esto sirve. Si queremos recibir un nuevo año y ser bendecidos durante todos sus meses debemos:

1.       Estando en plena comunión con Dios, apartados del mal y obedeciendo su palabra (Salmo 1:1-3).
2.       Encomendando este año a Dios (Salmo 127:1).
3.       Apartándonos del pecado (Proverbios 28:13).





miércoles, 25 de diciembre de 2019

La pregunta del pago del tributo a César (Mateo 22:15-22)


“Entonces se fueron los fariseos y consultaron cómo sorprenderle en alguna palabra. Y le enviaron los discípulos de ellos con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres. Dinos, pues, qué te parece: ¿Es lícito dar tributo a César, o no? Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario. Entonces les dijo: ¿De quién es esta imagen, y la inscripción? Le dijeron: De César. Y les dijo: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Oyendo esto, se maravillaron, y dejándole, se fueron”.
Mateo 22:15-22

INTRODUCCIÓN


                   Hoy iniciamos una nueva sección de tres en este evangelio según Mateo. Ya vimos la narración de tres parábolas que hablan acerca de la incredulidad de los fariseos y las consecuencias de ello, ahora todos sus enemigos se confabulan para hacerle una serie de preguntas a Jesús todo con el propósito de tentarlo y hacerlo caer en una trampa, así primero se presentaran los discípulos de los fariseos y los herodianos, en segundo lugar, tenemos a los saduceos, y finalmente la pregunta de los fariseos, y en todas estas Jesús les responde con gran ingenio y sabiduría. Veamos entonces la primera de las confrontaciones y cómo Jesús responde sus preguntas.


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La pregunta del pago del tributo a César


LA CONFABULACIÓN DE FARISEOS Y HERODIANOS


“Entonces se fueron los fariseos y consultaron cómo sorprenderle en alguna palabra. Y le enviaron los discípulos de ellos con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres”.
Mateo 22:15-16

              Tanto ha llegado la desesperación de los fariseos al no lograr desacreditar y frenar el ministerio de nuestro Señor Jesús que ahora los vemos confabulándose con los herodianos. Los fariseos eran una secta celosa de las costumbres y tradiciones religiosas, afirmaban vivir de acuerdo a la ley, pareciéndoles los gobiernos gentiles despreciables. Sin embargo, teníamos otro grupo, tal vez no tan religioso, sino con intereses políticos. Aunque muy poco o casi nada se sabe acerca de este grupo, se cree que era un grupo que buscaba la restauración del reino de Israel a través de la descendencia de la dinastía de los herodes. En la Biblia encontramos como esta dinastía llamada “Herodes” reino sobre la nación. El primer Herodes es el que reinaba sobre todo Israel en tiempos del nacimiento de Jesús, su nombre era Herodes el grande: “Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos”, (Mateo 2:1). A su muerte, su reino se dividió en sus cuatro hijos, de tal forma que la parte de Judea le quedó a Arquelao, el cual fue destituido de su puesto por los romanos debido a su crueldad: “Pero oyendo que Arquelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, tuvo temor de ir allá; pero avisado por revelación en sueños, se fue a la región de Galilea”, (Mateo 2:22), luego en lugar de Arquelao los romano pusieron como gobernador de Judea a Poncio Pilato, mientras que los otros 3 hijos de Herodes el grande fueron tetrarcas de las otras partes de Israel: “En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia”, (Lucas 3:1). Si nos damos cuenta aquí aparece otro Herodes el cual fue conocido como Herodes Antipas, hijo de Herodes el grande, el cual decapito a Juan el bautista: “Al oír esto Herodes, dijo: Este es Juan, el que yo decapité, que ha resucitado de los muertos”, (Marcos 6:16). Luego, en Hechos de los apóstoles vemos a otro Herodes conocido como Herodes Agripa I el cual fue el causante de la muerte del apóstol Jacobo: “En aquel mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles. Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan”, (Hechos 12:1-2). Mas adelante, en Hechos de los Apóstoles se nos presenta otro Herodes conocido como Herodes Agripa II el cual estuvo presente en el juicio de Pablo: “Al otro día, viniendo Agripa y Berenice con mucha pompa, y entrando en la audiencia con los tribunos y principales hombres de la ciudad, por mandato de Festo fue traído Pablo”, (Hechos 25:23). De esta forma podemos ver como la dinastía de los Herodes gobernó durante muchos años sobre Israel o partes de ella, y en este caso los herodianos era un grupo político que buscaba consolidar el reino a través de ellos. Las diferencias entre los fariseos y los herodianos era grande, pero por el momento estaban dispuestos a hacer a un lado sus diferencias con tal de sorprender a Jesús en una palabra y acusarlo.

                Al parecer los fariseos no querían juntarse demasiado con los herodianos, por lo que decidieron enviarlos con sus discípulos: Entonces se fueron los fariseos y consultaron cómo sorprenderle en alguna palabra. Y le enviaron los discípulos de ellos con los herodianos, Maestro, sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres. Estos habían llegado hasta donde Jesús bien instruidos por los fariseos con el propósito de atraparlo en alguna palabra y así acusarlo delante de las autoridades: “Y acechándole enviaron espías que se simulasen justos, a fin de sorprenderle en alguna palabra, para entregarle al poder y autoridad del gobernador. Y le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas rectamente, y que no haces acepción de persona, sino que enseñas el camino de Dios con verdad”, (Lucas 20:20-21). Si nos damos cuenta, con palabras lisonjeras preparan la trata.

LA PREGUNTA MALICIOSA


“Dinos, pues, qué te parece: ¿Es lícito dar tributo a César, o no?”.
Mateo 22:17

                Aquí encontramos una pregunta bien planeada que pretendía hacer caer a Jesús en una trampa: Dinos, pues, qué te parece: ¿Es lícito dar tributo a César, o no?. La pregunta estaba tan bien elaborada que era una trampa perfecta. Ellos le preguntaron si era licito dar tributo a César, o no, ya que para esta época Israel estaba bajo la ocupación romana y era una obligación que todo hombre y mujer mayores a los 14 años pagaran un tributo en dinero al César. El termino César fue acuñado como un titulo de realeza otorgado a los emperadores romanos en honor a Julio César, y para este tiempo lo mas seguro era que Tiberio César fuera el emperador, de tal forma que, en el denario, la moneda romana, en el anverso de la moneda estaba la inscripción: TIBERIO CESAR AUGUSTO, mientras que en el reverso de la moneda decía: SUMO SACERDOTE. Así que todas las naciones sometidas al imperio romano tenían que pagar el impuesto al emperador y he aquí la trampa de estos hombres. Si Jesús respondía que no era licito, entonces los herodianos que apoyaban el reinado de los Herodes bajo el auspicio romano lo podían incriminar delante de las autoridades como un rebelde sedicioso que no quería someterse al emperador. Pero si decía que si era licito dar tributo al César, entonces los fariseos podían acusarlo de traidor a la nación ya que estaba apoyando a los gentiles y, por tanto, no era el Mesías. Esta era la trampa que estos hombres le tendieron a Jesús, pero como veremos les responderá con gran sabiduría y majestuosidad.

LA RESPUESTA DE JESÚS


“Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario. Entonces les dijo: ¿De quién es esta imagen, y la inscripción? Le dijeron: De César. Y les dijo: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Oyendo esto, se maravillaron, y dejándole, se fueron”.
Mateo 22:15-22

                 No cabe duda que Jesús supo responder a las más diabólicas y astutas preguntas que sus enemigos le realizaron dejando ver así su infinita sabiduría. Ya en este evangelio vimos cómo les respondió a los fariseos cuando la pregunta que le hacían implicaba una respuesta que podía ser usada en su contra: “Cuando vino al templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron a él mientras enseñaba, y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿y quién te dio esta autoridad? Respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os haré una pregunta, y si me la contestáis, también yo os diré con qué autoridad hago estas cosas. El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres? Ellos entonces discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta. Y respondiendo a Jesús, dijeron: No sabemos. Y él también les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas”, (Mateo 21:23-27). También recordamos el incidente con la mujer encontrada en el acto de adulterio que fue llevada a Jesús: “Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio”, (Juan 8:3-9). Jesús sabia que sus intenciones al hacerle esta pregunta eran malignas y por eso les dice que son unos hipócritas: Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? Ahora, para responderles les hace primero otra pregunta que prácticamente respondería a la primera que ellos le hicieron: Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario. Entonces les dijo: ¿De quién es esta imagen, y la inscripción? Le dijeron: De César. Obviamente la inscripción era de la persona a quien le pertenecía la moneda, y por tanto, si le pertenecía a él se le tenia que devolver, y así como la moneda era de un hombre de esta tierra, así hay cosas que son exclusivas de Dios y se las tenemos que dar únicamente a Él, y de allí que dijo: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. De esto podemos aprender dos cosas. La primera es que Jesús estaba ratificando que como judíos debían someterse a las leyes del gobierno actual, aunque este no era del todo justo, y en función de ello cada uno tenía que pagar sus tributos a él, pero. En la Biblia queda claro que Dios es quien pone y quita reyes: “Y Daniel habló y dijo: Sea bendito el nombre de Dios de siglos en siglos, porque suyos son el poder y la sabiduría. Él muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos”, (Daniel 2:20-21). Por ello se espera que nosotros los cristianos nos sometamos a las autoridades existentes ya que Dios los ha constituido para bienestar del pueblo: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo”, (Romanos 13:1-4). Los cristianos estamos obligados a obedecer las leyes de los gobiernos, siempre y cuando estas no vayan en contra de las leyes divinas establecidas por Dios: “Y llamándolos, les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús. Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído”, (Hechos 4:18-20). De esta forma, aunque los judíos se encontraban gobernados por un imperio impío, Jesús les exhortaba que pagaran sus impuestos y tributos, y que le diesen a César la parte que le correspondía. En segundo lugar, Jesús enseño que, así como el hombre tenia que sujetarse a los gobiernos humanos, aún más tenía que hacerlo con el gobierno divino y darle a Dios la parte que le corresponde. Nuestras vidas le pertenecen a Dios y el merece todo, por ello, debemos entregarnos completamente a su voluntad dándole el primer lugar: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”, (Romanos 12:1). Nosotros podemos llegar a tener nuestros compromisos en este mundo, compromisos familiares, laborales, con el gobierno o personales, pero sobre todo ello Dios tiene su parte y esta parte no debe olvidarse.

                Esta respuesta maravilló a la gente y dejo a sus enemigos sin palabras: Oyendo esto, se maravillaron, y dejándole, se fueron.






sábado, 21 de diciembre de 2019

Vestidos para las Bodas del Cordero (Mateo 22:11-14)


“Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció. Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. Porque muchos son llamados, y pocos escogidos”.
Mateo 22:11-14

INTRODUCCIÓN


                    Los versículos que van del 11 al 14 del capitulo 22 del evangelio según Mateo corresponden a la segunda parte de la parábola del banquete de bodas, y como dijimos la ultima vez, esta a veces es vista por algunos estudiosos de la palabra de Dios como otra parábola independiente a la que aparece en los primeros 10 versículos. Como sea, nosotros la hemos considerado como parte de una sola parábola y aquí terminaremos de considerar lo que esta nos enseña, de hecho, esta parte final de esta parábola nos habla mucho acerca de mantenernos limpios hasta aquel día donde un día estaremos delante de la presencia de Dios y participemos de las bodas del Cordero.

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Vestidos para las Bodas del Cordero

 

VESTIDOS PARA LA BODA


“Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció. Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. Porque muchos son llamados, y pocos escogidos”.
Mateo 22:11-14

                  Existe una tradición que afirma que cuando los reyes hacían grandes banquetes e invitaban a varias personas, estas recibían de parte del rey una vestimenta especial que tenia que ser usada el día que asistieran a la fiesta, de esta forma, cuando asistían a la fiesta iban vestidos para la ocasión con la vestimenta adecuada que los identificaba como invitados especiales. Aunque esta tradición no esta comprobada por la historia, lo cierto es que nos ejemplifica perfectamente lo que esta pasando aquí. Se esperaba que los invitados a la boda del hijo del rey estuvieran vestidos para la ocasión, pero de repente se encontró con alguien que no: Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. Es obvio que la vestimenta lo delataba, a lo mejor todos vestían ropas distinguidas, y este hombre utilizaba un atuendo usado, por eso el rey le pregunto como entro a la fiesta, pero este no pudo contestarle: Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció. Como resultado de esto, el rey ordeno atarle echarlo fuera: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. Porque muchos son llamados, y pocos escogidos. De alguna forma las últimas palabras: Porque muchos son llamados, y pocos escogidos, nos recuerda el llamado que el mensaje del evangelio les hace a muchas personas, pero pocas lo responden.

              Esto de usar vestiduras adecuadas para la boda nos hace recordar la metáfora que encontramos en la Biblia de vestir vestiduras blancas delante de nuestro Señor. De alguna manera las vestiduras distinguidas eran un símbolo de consagración o de santidad en el Antiguo Testamento. Vemos, por ejemplo, como Dios mando a hacerles vestiduras especiales a sus sacerdotes: “Harás llegar delante de ti a Aarón tu hermano, y a sus hijos consigo, de entre los hijos de Israel, para que sean mis sacerdotes; a Aarón y a Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar hijos de Aarón. Y harás vestiduras sagradas a Aarón tu hermano, para honra y hermosura”, (Éxodo 28:1-2). También, en algunas ocasiones, las vestiduras especiales eran dadas para hacer diferencia a algún miembro distinguido dentro de una familia, así como en el caso de José al cual su padre le dio un vestido diferente al de sus hermanos: “Y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez; y le hizo una túnica de diversos colores”, (Genesis 37:3). Las vestiduras blancas han sido un símbolo de pureza en la Biblia, así vemos que, por causa del pecado, el sumo sacerdote Josué estaba vestido con vestiduras viles; pero después Dios lo vistió con vestiduras blancas: “E1 Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle. Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh, Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda. ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio? Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del ángel. Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala. Después dijo: Pongan mitra limpia sobre su cabeza. Y pusieron una mitra limpia sobre su cabeza, y le vistieron las ropas. Y el ángel de Jehová estaba en pie. Y el ángel de Jehová amonestó a Josué, diciendo: Así dice Jehová de los ejércitos: Si anduvieres por mis caminos, y si guardares mi ordenanza, también tú gobernarás mi casa, también guardarás mis atrios, y entre éstos que aquí están te daré lugar”, (Zacarias 3:1-7). Si nos damos cuenta, las vestiduras blancas representaban la justicia y santidad de Josué y lo capacitaba para ministrar con lealtad delante de Dios. De igual forma, en su mensaje a la iglesia de Sardis, el Señor elogia a aquellos creyentes que aun andaban en santidad delante de Él, y a estos los veía con vestiduras blanca: “Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas”, (Apocalipsis 3:4). Nosotros debemos cuidar nuestras vestiduras blancas, evitando mancharlas con el pecado porque nadie que este manchado por el pecado entrara al reino de Dios. Por causa del pecado todos nosotros estamos destituidos del reino de Dios, porque nada inmundo entrara en él, así como lo dice el libro de Apocalipsis: “No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero”, (Apocalipsis 21:27). Sin embargo, gracias al sacrificio de Cristo, podemos ser limpios de toda nuestra inmundicia y ser hechos santos delante de Dios: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”, (2 Corintios 5:21). Gracias a Cristo hemos sido justificados y santificados, por ello la Biblia nos exhorta a progresar en nuestra santificación alejándonos de todo pecado: “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”, (2 Corintios 7:1).

              Por tanto, es importante que todos nosotros cuidemos nuestras vestiduras blancas para que cuando se den las bodas del Cordero, nos encontremos vestidos para ello: “Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos. Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero”, (Apocalipsis 19:7-9). Nadie que no vista las vestiduras de justicias que son imputadas por Cristo podrá gozar en la eternidad de este glorioso acontecimiento, por ello, en esta parábola vemos como manda a tomar a aquel hombre que no se encontraba vestido para la boda y fue arrojado afuera: Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. Porque muchos son llamados, y pocos escogidos. Así todos aquellos que no laven sus pecados con la sangre de Cristo serán echados a la condenación eterna, pero nosotros lavemos nuestras vestiduras y aferrémonos en fe a la esperanza de vida eterna para que un día nos presentemos irreprensibles delante del Padre, siendo hallados no en nuestra propia justica, sino en la de su Hijo Jesucristo.




lunes, 16 de diciembre de 2019

La Parábola del banquete de la boda (Mateo 22:1-10)



“Respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo; y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; más éstos no quisieron venir. Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas. Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios; y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron. Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad. Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; más los que fueron convidados no eran dignos. Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis. Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados”.
Mateo 22:1-10

INTRODUCCIÓN


               El capitulo 22 del evangelio según Mateo comienza con la tercera parábola que habla de la rebeldía de Israel que querer aceptar el llamado del Mesías para seguirlo, y esta es la parábola del banquete de la boda. Es importante no confundir esta parábola con la parábola del Gran Banquete que aparece en Lucas 14:15-24. Con esta parábola el Señor Jesús llega al clímax de su enseñanza. Su enseñanza esta dirigida a mostrar como los líderes judíos habían rechazado el llamamiento del Mesías a seguirlo, así, la primera de las parábolas, la de los dos hijos, nos muestra que aquellos que afirmaban obedecer a Dios, son los primeros que no hacen conforme a su palabra ya que se niegan a seguir al Mesías. Luego tenemos la parábola de los labradores malvados de la viña, y en esta se muestra como Dios les otorgo a estos dirigentes judíos su viña esperando obtener frutos, y cuando decidió pedir los frutos, estos se negaron, y habiendo enviado a sus siervos los profetas, a unos golpearon y a otros mataron, y cuando finalmente envió a su propio Hijo, lo mataron. Por ello Dios los mato y dio su viña a otros, que es su iglesia amada. Si nos damos cuenta, la segunda parábola da mayores detalles en cuanto al rechazo que sufrió el Mesías, y ahora en esta, la del banquete de la boda, podemos hallar mayores detalles en cuanto a las consecuencias de rechazar el llamamiento que Jesús hace a seguirlo. También es importante hacer notar que algunos consideran esta parábola del banquete de bodas como una sola que va del versículo 1 al 14; pero otros por el contrario ven dos parábolas aquí. La primera, la del banquete de bodas que va del versículo 1 al 10, y la otra, la que algunos llaman la de las vestiduras para boda, del 11 al 14. Nosotros en lo personal la tomaremos como una sola y no entraremos en discusión con aquellos que afirman decir que son dos parábolas, pero para efectos de estudio, consideraremos la primera parte de esta parábola que se encuentra en los primeros 10 versículos del capitulo 22.



parábola-banquete-bodas
La Parábola del banquete de la boda


EL BANQUETE DE LA BODA


“Respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo; y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; más éstos no quisieron venir”.
Mateo 22:1-3

                Los primeros tres versículos de esta parábola nos indica la semejanza que hay en la invitación que Dios les hace a los hombres a entrar a su reino y la invitación de un rey al banquete de la boda de su hijo. De acuerdo a la tradición del Medio Oriente, la invitación a la celebración del banquete de la boda se hacia con mucha anticipación, pero no se especificaba la fecha, así que cada invitado tenia que vivir a la expectativa de la invitación definitiva para acudir al banquete. Esta invitación sin fecha exacta guarda mucha similitud a la esperanza que los cristianos guardamos de su pronto regreso y de participar en las bodas del Cordero, la invitación esta hecha, pero nadie sabe el día y la hora en que nuestro Señor regresará: “Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana”, (Marcos 13:35). Sin embargo, como ocurre en esta parábola, los invitados rechazan la invitación: y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; más éstos no quisieron venir. Desde el principio Dios ha estado invitando a los hombres a seguirle, ofreciéndoles la vida, sus bendiciones y a participar de su gracia: “A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche”, (Isaías 55:1-3). Lamentablemente Israel rechazo su invitación para gozar de su infinita gracia.

EL RECHAZO A LA INVITACIÓN


“Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas. Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios; y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron”.
Mateo 232:4-6

                 En estos versículos encontramos la invitación persistente que Dios hace a la humanidad para venir a Él: Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas. Ya la primera invitación había sido rechazada, luego, el rey volvió a enviar a otros siervos para insistirles, detallando el tipo de fiesta que les esperaba, ya que la comida se había preparado con los mejores animales, los mas engordados; pero ni aun así quisieron ir: Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios; y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron. Vemos como los invitados les dieron poca importancia al gran banquete que el rey había preparado ya que unos decidieron irse a sus labores cotidianas que aceptar tal invitación, y así unos se fueron a su labranza y otros a sus negocios, e incluso, a otros les quitaron la vida, y esto es una clara descripción de como ellos mataron a todos sus profetas. En Lucas aparece una parábola parecida a esta que hoy estamos considerando, conocida como la parábola del gran banquete y ella vemos como el hombre desprecia la invitación a una gran cena por darle mayor prioridad a los compromisos y afanes de este mundo: “Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado. Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir”, (Lucas 14:16-20). Como vemos, uno había comprado una hacienda, pero le precisaba mas ir a verla que atender la invitación. El otro había comprado 5 yuntas de bueyes y deseaba ir a probarlas, por lo que dio más importancia a sus negocios que a la invitación que recibió. Luego vemos como un hombre que se acababa de casar le dio mas importancia a estar a estar con su esposa que atender la invitación, y así hoy en día las personas rechazan la invitación de Cristo, unos porque están muy ocupados en sus negocios, otros por sus compromisos familiares, otros porque están perdidos en los deseos y placeres de este mundo, y así por cualquier afán de este mundo. el problema con rechazar la invitación de Cristo es doble. Por un lado, están rechazando un gran don, el don de la vida eterna, por cosas triviales y efímeras de este mundo. Por otro lado, y como se ilustra en esta parábola, el rechazo a la invitación traerá el juicio.

LAS CONSECUENCIAS DE RECHAZAR LA INVITACIÓN


“Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad”.
Mateo 22:7

               Aquí vemos cual es la consecuencia de rechazar la invitación que Dios nos hace: Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad. Aquellos que rechazaron la invitación a participar del gran banquete de bodas fueron destruidos por el ejercito del rey, de igual forma, aquellos que rechazan al Hijo de Dios serán entregados a la condenación eterna y, de hecho, hay un día donde Dios desatara todos sus juicios sobre esta humanidad en el periodo de la Gran Tribulación.

LA INVITACIÓN AUN ES REALIZADA A TODOS AQUELLOS QUE DESEEN ACEPTARLA


“Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; más los que fueron convidados no eran dignos. Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis. Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados”.
Mateo 22:8-10


              A pesar de que los primeros invitados no aceptaron la invitación a las bodas del hijo del rey, estas no se cancelaron, sino que el rey decidió ir por los caminos y llamad a tantas personas como fuera posible: Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; más los que fueron convidados no eran dignos. Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis. Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados. Vemos aquí la indicación a que tanto buenos como malos fueron invitados a las bodas, y esto nos hace la referencia a que dicha invitación era para todo aquel que la aceptara, sin acepción de personas. Esta parábola ilustra perfectamente lo que ha pasado con la invitación de Dios hacia Israel de seguir a su Hijo Jesús, ya que estos lo rechazaron, pero a pesar de que ellos lo hicieron, la invitación se hizo a los gentiles, y en general, a todo aquel que en Él cree: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”, (Juan 1:11-13). De igual forma, Dios no hace acepción de personas, y esta invitación esta hecha para todos aquellos que quieran aceptarla, sin importar su condición social, raza o sexo: “Porque no hay acepción de personas para con Dios”, (Romanos 2:11).