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viernes, 31 de mayo de 2019

La Entrada Triunfal en Jerusalén (Mateo 21:1-11)


“Cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos, diciéndoles: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos. Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo: Decid a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, manso, y sentado sobre una asna, sobre un pollino, hijo de animal de carga. Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó; y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y él se sentó encima. Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino. Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! Cuando entró él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quién es éste? Y la gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea”.
Mateo 21:1-11

INTRODUCCIÓN


             Hoy en Mateo llegamos a un momento importante y de gran valor para nosotros los cristianos, es decir, a la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén. Esto es así porque la entrada triunfal determina el inicio de la última semana de vida de Jesús, ya que el viernes de esa misma semana seria crucificado y luego el domingo resucitaría de entre los muertos. Es increíble ver cómo los 4 evangelistas, Mateo, Marcos, Lucas y Juan, le dan gran importancia a esta última semana en el ministerio de Jesús, considerando que el ministerio de Jesús duro aproximadamente 3 años y medio y Mateo le dedica 8 de 28 capítulos, o sea el 28. 57 % a hablar de la última semana de ministerio, y así  Marcos dedica 6 de 16, o sea el 37.5 %; Lucas 6 de 27, o sea 22.22 %; y Juan  9 de 21, o sea 42.86%. Como vemos los cuatro evangelios le dedican una buena parte de su registro a hablar acerca de esta última semana de Jesús y esto es así porque para eso vino Jesús a esta tierra, a morir por nuestros pecados y hoy ese momento se acercaba cada día.

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La Entrada Triunfal en Jerusalén

EL POLLINO DE ASNA


“Cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos, diciéndoles: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos. Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará”.
Mateo 21:1-3

                 Todos los comentaristas bíblicos están de acuerdo que este día era domingo, y que la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén constituye el inicio de la última semana de vida de Jesús. El primer versículo de este capítulo 21 nos dice: Cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos… Aquí vemos que Jesús se acercó a una ciudad llamada Betfagé de la cual muy poco se sabe. Por Marcos y Lucas sabemos que esta ciudad estaba cerca de Betania: “Cuando se acercaban a Jerusalén, junto a Betfagé y a Betania, frente al monte de los Olivos, Jesús envió dos de sus discípulos”, (Marcos 11:1), y si esto es así, significa que venía de Betania, en casa de María, Marta y Lázaro, ya que según Juan, allí paso la noche del sábado, cuando faltaban solo 6 días para la pascua: “Seis días antes de la pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos”, (Juan 12:1), y luego lo vemos el siguiente día, es decir el domingo, haciendo su entrada triunfal en Jerusalén: “El siguiente día, grandes multitudes que habían venido a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén, tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!”, (Juan 12:12-13). Por ello es razonable pensar que Jesús pasó la noche en Betania, luego dirigiéndose a Jerusalén paso cerca de Betfagé a donde enviaría a sus discípulos a buscar el pollino de asna. Jesús les dio instrucciones a sus discípulos para que fuesen a buscar un pollino: Jesús envió dos discípulos, diciéndoles: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos. Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará. Tanto Marcos como Lucas nos narran la parte donde ellos van en busca del pollino: “Fueron, y hallaron el pollino atado afuera a la puerta, en el recodo del camino, y lo desataron. Y unos de los que estaban allí les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el pollino? Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado; y los dejaron”, (Marcos 11:4-6). Al estar desatando el pollino los dueños de él preguntaron a los discípulos porque lo hacían pero ellos les respondieron tal y como su Maestro les dijo que respondieran: “Ellos dijeron: Porque el Señor lo necesita”, (Lucas 19:34). No se sabe si estos dueños ya conocían a Jesús y este les había dicho que cuando llegaron unos hombres queriendo desatar el pollino lo permitieran porque era para Él, como sea basto que les dijera que el Maestro lo necesitaba para que se les permitiera llevárselo. Es interesante ver que solo Mateo aclara que los discípulos desataron tanto a la madre como a la cría: y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos, pero al final solo sería la cría, es decir, el pollino de asna que montaría nuestro Señor.

EL CUMPLIMIENTO PROFÉTICO TAN ESPERADO


“Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo: Decid a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, manso, y sentado sobre una asna, sobre un pollino, hijo de animal de carga. Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó; y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y él se sentó encima”.
Mateo 21:4-7

                No olvidemos que Mateo se caracteriza por citar varias profecías del Antiguo Testamento que tienen que ver con la venida del Mesías, y en esta oportunidad es claro al decir que todo esto estaba pasando para que se cumpliese una de ellas: Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo: Decid a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, manso, y sentado sobre una asna, sobre un pollino, hijo de animal de carga. Esta profecía que Mateo dice que se está cumpliendo se encuentra en el libro de Zacarías: “Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna”, (Zacarías 9:9). Es así como los discípulos le llevaron la asna y el pollino, y al final Jesús se sentó encima del pollino de asna: Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó; y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y él se sentó encima. Un pollino era un asno joven al cual nunca habían montado. Los judíos conocían muy bien esta profecía, de hecho estaban conscientes que esta hablaba del Mesías que entraba a Jerusalén, por eso los habitantes de esta ciudad solían crían pollinos de asnas, era común encontrar en las casas que estaban a la entrada de Jerusalén pollinos, ya que año tras año los judíos anhelaban que este día se cumpliera para que comenzara el reino del Mesías y terminar sus años de sometimiento a los gobiernos gentiles, y en este caso al romano. Para el momento que Jesús llego a Jerusalén existía toda una tradición alrededor de esta profecía.

LAS MULTITUDES QUE SEGUÍAN A JESÚS Y SU CÁNTICO


“Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino. Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!”.
Mateo 21:8-9

              Cuando Jesús entro en Jerusalén, lo hizo en un pollino de asna, como lo solían hacer los reyes que entraban en completa paz a una ciudad, así Jesús venia como el Príncipe de Paz y ahora estaba entrando a Jerusalén. A este le seguía una gran multitud: Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino. ¿Quiénes eran estas multitudes que seguían a Jesús? Definitivamente no eran los habitantes de Jerusalén, ya que ellos no lo conocían, tal y como veremos más adelante. Entonces, ¿quiénes eran? Es lógico pensar que una buena parte de ellos eran personas que lo habían acompañado desde la región de Galilea. No olvidemos que gran parte del ministerio de Jesús se realizó en Galilea, aunque Juan en su evangelio nos brinda algunas referencias del ministerio de Jesús en Judea y Jerusalén, pero esto tuvo mayor impacto con la gente de Galilea donde gano mucha popularidad, y lo hemos visto aquí en Mateo, de cómo grandes multitudes lo seguían a todas partes, y no es difícil creer que parte de esas multitudes lo habían seguido hasta Jerusalén. Otra parte de estas multitudes posiblemente eran los judíos que habían venido a celebrar la pascua y que habían presenciado la resurrección de Lázaro: “Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado. Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir.  Entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él”, (Juan 11:42-45). Fue esta multitud la que tendía sus mantos en el camino y otros cortaban ramas de los árboles y las tendían en el camino, y Juan nos aclara que eran palmeras las que tendían en el camino: “El siguiente día, grandes multitudes que habían venido a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén, tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!”, (Juan 12:12-13). Es muy probable que este acto de arrojar las palmeras al camino fuera un acto que recordara y conmemoraba la victoria de los Macabeos sobre los sirios. Cuando Antíoco Epífanes, el rey sirio se levantó en contra de los judíos allá en el año 175 a. C., procuro su total destrucción, profanando el templo en Jerusalén, sacrificando una cerda en el altar en honor a su dios Zeus, y lo convirtió en un burdel al introducir en él prostitutas. Fue aquí cuando Judas Macabeo levanto una ofensiva en contra de los ejércitos de este rey y logro traer la liberación a su nación, purificando el templo, tal y como se observa en 2 Macabeos, un libro apócrifo que nos narrar este épico hecho histórico y fue aquí donde los judíos cortaron ramas de palmeras para celebrar la gran victoria que Dios les había concebido: “El templo fue purificado en la misma fecha en que había sido profanado por los paganos, es decir, el día veinticinco del mes de Quisleu. Y celebraron con alegría ocho días de fiesta, a la manera de la fiesta de las Enramadas, recordando que poco tiempo antes la habían celebrado en las montañas y en las cuevas, donde vivían como animales salvajes.  Por esto, llevando bastones adornados con hojas, ramas frescas de árboles y hojas de palmera, cantaban himnos a Dios, que había llevado a buen término la purificación del santuario”, (2 Macabeos 10:5-7). Por tanto, al cortar las ramas de los árboles y palmeras y arrojarlas por donde Jesús pasaría, estas multitudes anunciaban sus esperanzas en Jesús como el Mesías que los liberaría de la opresión romana, así como Judas Macabeo lo hizo en su tiempo de los sirios, y también declaraban un cantico asociado con la venida del Mesías: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! Aquí se le llama Hijo de David, un título que se le daba al Mesías y se le da honores con la palabra Hosanna. La palabra Hosanna una transliteración entre el hebreo, arameo y griego, y literalmente significa: “¡o sálvame Rey!”, como una expresión de pedir auxilio, parecido a algunas expresiones que aparecen en el Antiguo Testamento, por ejemplo lo vemos cuando una mujer llego ante el rey David pidiendo ayuda, aunque solo actuaba por influencia de Joab: “Entró, pues, aquella mujer de Tecoa al rey, y postrándose en tierra sobre su rostro, hizo reverencia, y dijo: ¡Socorro, oh rey!, (2 Samuel 14:4). O la expresión de socorro que una mujer dirigió al rey de Israel pidiéndole ayuda para escapar de la muerte al estar sitiados por el ejército sirio: “Y pasando el rey de Israel por el muro, una mujer le gritó, y dijo: Salva, rey señor mío, (2 Reyes 6:26). Sin embargo, estas expresiones derivan de otras palabras hebreas que son yassa adóm melek  (יָשַׁע אָדוֹן מֶלֶךְ). Y en el libro de los Salmos estas palabras son utilizadas nuevamente para expresar un cántico donde se le pide ayuda a Dios para ser liberados de sus enemigos: Oh Jehová, sálvanos ahora, te ruego”, (Salmo 118:25). Luego, con el tiempo comenzó a utilizarse la palabra aramea equivalente  yassa, y así se utilizaba yassi-a-na, y después del cautiverio en babilonia, 70 años después de este, cuando los judíos comenzaron a regresar a su nación, estos decidieron volver a celebrar sus fiestas, siendo la primera de las fiestas en celebrar, la fiesta de los tabernáculos, según se observa en Nehemías: “Y hallaron escrito en la ley que Jehová había mandado por mano de Moisés, que habitasen los hijos de Israel en tabernáculos en la fiesta solemne del mes séptimo; y que hiciesen saber, y pasar pregón por todas sus ciudades y por Jerusalén, diciendo: Salid al monte, y traed ramas de olivo, de olivo silvestre, de arrayán, de palmeras y de todo árbol frondoso, para hacer tabernáculos, como está escrito. Salió, pues, el pueblo, y trajeron ramas e hicieron tabernáculos, cada uno sobre su terrado, en sus patios, en los patios de la casa de Dios, en la plaza de la puerta de las Aguas, y en la plaza de la puerta de Efraín. Y toda la congregación que volvió de la cautividad hizo tabernáculos, y en tabernáculos habitó; porque desde los días de Josué hijo de Nun hasta aquel día, no habían hecho así los hijos de Israel. Y hubo alegría muy grande. Y leyó Esdras en el libro de la ley de Dios cada día, desde el primer día hasta el último; e hicieron la fiesta solemne por siete días, y el octavo día fue de solemne asamblea, según el rito”, (Nehemías 8:14-18). Se cree que a partir de aquí se comenzó a cantar el Salmo 118:25 introduciéndole la palabra hosanna que es la equivalente en griego: “Te rogamos, oh Señor, hosanna (sálvanos ahora); te rogamos, oh Señor, prospéranos ahora”, (Salmo 118:25). De tal forma que cuando la gente gritaba: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!, estaba diciendo: ¡Sálvanos o Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Sálvanos o Señor en las alturas! En otras palabras, estaban declarando que Jesús era el Mesías que venía a liberarlos que la opresión romana y obviamente solo estaban esperando que Jesús les diera la señal para unirse a la rebelión; pero esto no iba a ocurrir porque Él venía en son de paz, a morir por nuestros pecados y así liderar la liberación de nuestra condena eterna por causa de nuestra maldad.

LOS HABITANTES DE JERUSALÉN NO CONOCIERON QUE JESÚS ERA EL MESÍAS


“Cuando entró él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quién es éste? Y la gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea”.
Mateo 21:10-11

               Es triste ver como por un lado aquellas multitudes que le seguían no entendían las verdaderas intenciones de Jesús, ya que esperaban que ese día nuestro Señor los condujera a una guerra civil en contra de la opresión romana, y por otro lado es triste también ver que cuando Jesús entro a Jerusalén montado en un pollino de asna, las personas que habitaban allí no comprendieron que ese Jesús que estaba entrado en su ciudad era el Mesías que por tantos años habían estado esperando, es más, año tras año habían conservado la tradición de criar pollinos de asnas con la esperanza de que el Mesías se presentara ese año y uno de ellos fueran la familia que le proporcionara el pollino para que se cumpliera la profecía. Cuando Jesús entro a la ciudad y los habitantes de Jerusalén escucharon el bullicio de la gente se preguntó diciendo: ¿Quién es éste? A lo que respondieron de manera algo indiferente y quizás hasta despectivo: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea. El gentilicio “de Nazaret de Galilea”, generalmente era usado como una expresión para menoscabar el ministerio de Jesús, ya que era una aldea despreciable de Israel y nunca se esperara que de allí saliese algún gran profeta: “Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve”, (Juan 1:45-46). No obstante, aquel Jesús que vieron sin importancia aquel día era el verdadero Mesías, y aquel día estaba ocurriendo el cumplimiento de una de las profecías que ellos esperaban con gran ansia año tras año, pero no supieron reconocer el tiempo de su visitación. Por ello, allá en Lucas, vemos la gran lamentación que Jesús hizo sobre esta ciudad: “Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación”, (Lucas 19:41-44). Los habitantes de Jerusalén no conocieron el tiempo de su visitación y por eso allá en el año 70 d. C., las fuerzas romanas los rodearían, el templo seria destruido y muchos de ellos morirían. Pero que tal, si aquel día lo hubiesen reconocido como su Mesías, posiblemente hubiese comenzado el tiempo de su paz, pero lamentablemente no fue así. Hoy en día nosotros los cristianos tenemos mucho que aprender de esta historia, ya que así como los judíos esperaban año tras año el tiempo de su visitación, el día en que entrara triunfante su Mesías montado en un pollino de asna, así nosotros esperamos que nuestro Señor regrese por su iglesia, y así esperamos el rapto de la iglesia; pero debemos ser cuidadosos en nuestra vida para que este mundo de maldad no nos engañe y dejemos de esperarlo y Él venga y se lleve a su iglesia y nosotros nos quedemos, porque no conocimos el tiempo de nuestra visitación. Aquel día entro triunfante nuestro Señor, montado en un pollino, cumpliendo una delas profecías del Antiguo Testamento, y así había iniciado la última semana de vida y ministerio de Jesús en esta tierra, su muerte y resurrección estaba pronto para ocurrir, y por tanto, nuestra redención estaba por consumirse.



lunes, 20 de mayo de 2019

La vileza de la traición (Juan 13:18-20)


“No hablo de todos vosotros; yo sé a quienes he elegido; más para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar. Desde ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy. De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió”.
Juan 13:18-20

INTRODUCCIÓN


             Aquí nuestro Señor Jesucristo ratifica que aquellos que han sido elegidos por Él, no se perderán, pero allí entre ellos había un traidor el cual entregaría a su Maestro en manos de sus enemigos para que estos lo maten. Este traidor era Judas Iscariote. Aunque esta parte de la historia de Jesús es muy triste, sin embargo, era necesario que ocurriera porque ya estaba profetizado en las Escrituras, así estaba escrito y Judas tenía que cumplir esta parte de la profecía. Uno puede ver en estos versículos lo bajo que un hombre puede caer al practicar la traición la cual es uno de los pecados más viles que pueden existir.

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La vileza de la traición

JESÚS SABIA A QUIENES HABÍA ELEGIDO


“No hablo de todos vosotros; yo sé a quienes he elegido…”
Juan 13:18

                Si había algo que Jesús sabía desde el principio es que uno de sus doce discípulos lo iba a traicionar: No hablo de todos vosotros; yo sé a quienes he elegido. Cuando Jesús quiso elegir a sus doce apóstoles la Biblia dice que paso toda la noche orando: “En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles: a Simón, a quien también llamó Pedro, a Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Simón llamado Zelote, Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor”, (Lucas 6:12-16). Esto doce fueron escogidos por Jesús con el propósito de que estuviesen con Él y les dio autoridad para predicar, sanar y echar fuera demonios; pero uno de ellos, Judas Iscariote, llegaría a ser la persona que lo traicionaría, ahora, esto nunca lo tomo por sorpresa, porque desde el principio sabía que lo haría, sin embargo, Jesús preparaba a sus once discípulos restantes para que cuando el momento de la prueba llegara la fe de ellos no desfalleciera y por eso les aseguraba que ellos habían sido elegidos por Él.

LA PROFECÍA QUE HABLABA DEL TRAIDOR


“… más para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar. Desde ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy”.
Juan 13:18-19

                Desde el Antiguo Testamento se había profetizado la traición de Judas: más para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar. Esta profecía mesiánica se encuentra en uno de los Salmos: “Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, alzó contra mí el calcañar”, (Salmo 41:9). La traición es una de las acciones más viles que una persona puede cometer ya que viola la confianza que se puede depositar en una persona y en este Salmo lo podemos ver, ya que dice que la traición vino de aquella persona que llama: el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía. Si nos damos cuenta, el traidor era una persona que se consideraba un verdadero amigo, alguien que inspiraba confianza, que transmitía paz, serenidad y que comía de su mesa. En el Antiguo Testamento aquellos que se invitaban a comer a la mesa eran personas que se consideraban de gran confianza y un gesto de verdadera amistad, así como lo hizo David con Mefi-boset: “Y vino Mefi-boset, hijo de Jonatán hijo de Saúl, a David, y se postró sobre su rostro e hizo reverencia. Y dijo David: Mefi-boset. Y él respondió: He aquí tu siervo. Y le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa”, (2 Samuel 9:6-7). No cabe duda que lo más vil que una persona puede hacer es tomar ventaja de esta amistad, fingir ser una persona en la que se puede confiar y a espaldas estar planeando una traición, esto verdaderamente es diabólico, y Judas lo hizo, ya que fingía ser un hombre de confianza, porque hasta era el tesorero del grupo, eran uno de los doce que compartía con Jesús, comía y dormía a su lado, y quién podría decir que la traición vendría de él, pero así ocurrió. En la Biblia podemos encontrar algunos ejemplos de personas que se rebajaron a la vil práctica de la traición, y así podemos recordar la traición de Dalila sobre Sansón la cual lo engaño con sus encantos femeninos para que este le revelara el secreto de su fuerzo y luego que lo obtuvo lo dio a conocer a sus enemigos por la paga que recibiría: “Y aconteció que, presionándole ella cada día con sus palabras e importunándole, su alma fue reducida a mortal angustia. Le descubrió, pues, todo su corazón, y le dijo: Nunca a mi cabeza llegó navaja; porque soy nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si fuere rapado, mi fuerza se apartará de mí, y me debilitaré y seré como todos los hombres. Viendo Dalila que él le había descubierto todo su corazón, envió a llamar a los principales de los filisteos, diciendo: Venid esta vez, porque él me ha descubierto todo su corazón. Y los principales de los filisteos vinieron a ella, trayendo en su mano el dinero”, (Jueces 16:-18). También podemos recordar la actitud traidora de Saúl hacia David, fingiendo tenerle cariño trataba de engañarlo para que los filisteos lo mataran: “Entonces dijo Saúl a David: He aquí, yo te daré Merab mi hija mayor por mujer, con tal que me seas hombre valiente, y pelees las batallas de Jehová. Mas Saúl decía: No será mi mano contra él, sino que será contra él la mano de los filisteos”, (1 Samuel 18:17). Y podemos recordar la traición de Joab sobre Abner, el cual llevándolo con engaños a una esquina lo apuñalo: “Y saliendo Joab de la presencia de David, envió mensajeros tras Abner, los cuales le hicieron volver desde el pozo de Sira, sin que David lo supiera. Y cuando Abner volvió a Hebrón, Joab lo llevó aparte en medio de la puerta para hablar con él en secreto; y allí, en venganza de la muerte de Asael su hermano, le hirió por la quinta costilla, y murió”, (2 Samuel 3:26-27). Y así podríamos seguir buscando en la Biblia ejemplos de personas traidoras, que tomando ventaja de la confianza que se les tenía y fingiendo un afecto traicionaron vilmente a las personas que los consideraban sus amigos. No cabe duda que Judas es el mayor ejemplo que hoy existe de traidor, de hecho, de entre los doce apóstoles, su nombre es uno de los más recordados por su infame traición.

DEBEMOS SER FIELES A CRISTO PARA PODER SER RECIBIDOS POR EL PADRE


“De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió”.
Juan 13:20

              Así como la traición es considerada como una de las más infames y viles de las acciones que un ser humano puede cometer, así la fidelidad es considerada una gran virtud y en primer lugar, se espera que nosotros seamos fieles a Cristo, poniendo por obra su palabra. Si somos fieles a Cristo, se nos asegura que al recibirle recibimos también a su Padre quien es quien lo ha enviado, y quien recibe al que Cristo envía lo recibe también a Él, porque ambos están en completa comunión: De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. En contraste con la traición de Judas, tenemos la gran fidelidad de Cristo, el cual a pesar de que sufrió a manos de sus enemigos, fue fiel hasta la muerte a su ministerio y a la misión que Dios le había encomendado. Quiera Dios que nosotros también seamos fieles a nuestro Señor, vivamos conforme a su voluntad y seamos encontrados fieles obreros delante de su presencia: “Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente al cual su señor pondrá sobre su casa, para que a tiempo les dé su ración? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. En verdad os digo que le pondrá sobre todos sus bienes. Más si aquel siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a los criados y a las criadas, y a comer y beber y embriagarse, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y le castigará duramente, y le pondrá con los infieles. Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá”, (Lucas 12:42-48). Bienaventurados aquellos que al final de los tiempos sean encontrados como fieles mayordomos de Cristo, que no traicionaron la gracia bendita que le otorga al hombre la oportunidad de escapar de la condenación eterna.


No todos estáis limpios (Juan 13:10-17)



“Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos. Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos. Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis”.
Juan 13:10-17

INTRODUCCIÓN


           Nos encontramos en este momento sublime de las escrituras donde nuestro Señor Jesucristo nos da una preciosa lección de humildad y servicio a los demás. Jesús acaba de lavarles los pies a sus doce apóstoles y se preparan para compartir la pascua, pronto instaurara la cena del Señor, aunque esta parte ya no la presenta el apóstol Juan en este evangelio. Ya el diablo ha puesto en el corazón de Judas Iscariote la semilla de la traición y pronto terminara vendiendo a su Maestro por treinta piezas de plata. En estos versículos uno puede ver dos grandes contrastes. Por un lado el amor y servicio que Jesús prestaba a sus discípulos y como se preparaba para morir en la cruz para salvación de muchos, una actitud digna de alabanza; pero por el otro lado, uno ve a otro, un hombre que se preparaba para realizar la más vil y cruel de las traiciones, y esto era así porque no había sido lavado de sus pecados.

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No todos estáis limpios

NO TODOS ESTABAN LIMPIOS


“Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos. Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos”.
Juan 13:10-11

             Aquí encontramos una pequeña metáfora que nos habla de la obra redentora que Jesús realizaría en la cruz del Calvario: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis… Lo cierto es que la obra redentora de Cristo es efectiva porque salva al creyente de una sola vez y para siempre, y no necesita este hacer más: “Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios”, (Hebreos 10:11-12). Todos los que hemos creído en Cristo estamos limpios por su sangre bendita y no debemos andar en pecado: “Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”, (1 Juan 1:6-7); pero si pecamos acudimos a Cristo para que nos limpie de esa maldad, pero eso no significa que hayamos perdido la salvación, sino que acusados por nuestra conciencia, volvemos rápidamente a él para que nos limpie de la suciedad: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”, (1 Juan 2:1). Solo aquellos que nunca han sido lavados con la sangre de Cristo y nunca han experimentado el milagro del nuevo nacimiento se regocijan en una doble vida, por eso Pedro los compara con animales que por naturaleza vuelve a su inmundicia: “Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno”, (2 Pedro 2:22). Estas ilustraciones aunque son un tanto grotescas nos ofrecen un buen ejemplo del porque el verdadero cristiano no puede volver al pecado y permanecer en él mucho tiempo. Alguien puede tratar de educar a un perro en comer solo del alimento que se le da en su recipiente el cual es exclusivo solo para él, pero este al enfermar y vomitar tiene una extraña tendencia a regresar a su vómito y comer de él; pero por qué. Bueno, porque es un perro. Luego, alguien podría tomar una puerca y lavarla, perfumándola y teniéndola bien aseada en su casa; pero a la primera oportunidad correrá al lodo y se revolcara en él con gran alegría, pero por qué. Bueno, porque es una puerca. Tanto el cerdo como el perro traen en su naturaleza hacer esas cosas que a nuestra vista son grotescas, pero no lo son para ellos, porque es parte de su naturaleza. Pero la naturaleza de una oveja es diferente, jamás la veremos haciendo estas cosas y lo mismo es con aquel que ha sido lavado con la sangre de Jesús, sus pecados le han sido perdonados, han sido limpios de toda su inmundicia y hoy poseen una nueva naturaleza la cual no se regocija en el pecado. Solo alguien que no ha nacido de nuevo puede permanecer en sus pecados, y de hecho entre los doce había uno que todavía no era limpio, y por ello Jesús dijo: y vosotros limpios estáis, aunque no todos. Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos. Tristemente Judas no estaba limpio porque no había permitido que la palabra de Jesús lo limpiara y esta es la condición de muchas personas hoy en día, muchos van a la iglesia y hasta tienen membresías en estas, pero no están limpios, solo son unos religiosos que cumplen ciertas reglas los días de culto pero el resto del mundo viven en el mismo desenfreno de este mundo, esto es terrible porque sus almas van rumbo al infierno.

JESÚS FUE UN VERDADERO LÍDER QUE DIO EL EJEMPLO


“Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis”.
Juan 13:12-15

                Realmente Jesús fue un verdadero líder que supo dar el ejemplo. Todo lo que Él enseño y predico lo vivió, no solo decían lindos discursos sino los vivía y así nos enseña a nosotros como se debe ejercer el verdadero liderazgo. A pesar de que Él era el Maestro, lavo los pies de sus discípulos, solo para enseñarles la grandeza que hay detrás del servicio: Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. El verdadero espíritu del liderazgo está en el servicio. Un líder no es solo aquel que da órdenes, sino alguien que le sirve a los demás, les ayuda a crecer y madurar, va con ellos adelante para alcanzar sus metas y trabaja duro a su lado dándoles ejemplo en todo, muy diferente al liderazgo que los fariseos querían imponer, donde solo decían que hacer, pero ellos no lo hacían: “Sí que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas”, (Mateo 23:3-4). En el Nuevo Testamento encontramos que los líderes de las iglesias deben ser ejemplos para sus miembros. Por ejemplo, Pablo le decía a Timoteo que debía esforzarse por ser ejemplo en todo delante de los demás: “Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza”, (1 Timoteo 4:12). También Pedro les decía a los ancianos cual es la forma correcta de apacentad la grey de Dios: “Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria”, (1 Pedro 5:1-4). Esta es la forma de cómo se debe ejercer el liderazgo, a través del ejemplo y servicio, no hay otra forma.

NO DEBEMOS OLVIDAR QUE SOMOS SIERVOS QUE ESTÁN BAJO AUTORIDAD


“De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis”.
Juan 13:16-17


          No debemos olvidar que somos personas a quienes sus pecados les han sido perdonados y que si hoy hemos sido bendecidos y tenemos un puesto de autoridad en la iglesia o en el mundo, es por la misericordia de nuestro Dios y no para vanagloriarnos de ello: De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis. Muchos cristianos pueden caer en este error, donde se les ha olvidado que si hoy han sido exaltados no es por su propia mano, sino por la gracia que se les ha dado y por ello todos nosotros debemos mantenernos en humildad, sirviendo a los demás por agradecimiento y no esperando nada a cambio.


lunes, 13 de mayo de 2019

La verdadera grandeza del servicio (Juan 13:1-9)



“Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después. Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza”.
Juan 13:1-9

INTRODUCCIÓN


              Con las últimas palabras de Jesús que se vieron en los versículos finales del capítulo 12 se cerró el ministerio público de Jesús, a partir de este momento el apóstol Juan nos presentara enseñanzas que dirigió a sus discípulos y los acontecimientos de su muerte y resurrección. Al iniciar el capítulo 13 del evangelio según Juan, encontramos otra de las más gloriosas y hermosas historias bíblicas jamás contadas acerca de Jesús, y que es exclusiva de este evangelio ya que no se encuentra en los sinópticos. Muchos eruditos bíblicos ubican esta historia en el quinto día de la última semana de nuestro Señor, es decir, jueves. Ocurrió antes de una disputa entre los discípulos en cuanto a quién era el mayor de ellos: “Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor”, (Lucas 24:24), y la institución de la cena del Señor: “Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre”, (Mateo 26:26-29). Por tanto, antes de instituir la cena de Señor, Jesús se humilla a sí mismo lavándoles los pies a sus discípulos, ya que por un lado habían tenido otra vez su tradicional disputa por saber quién es el mayor, y con esta prueba de humildad quería darles una enseñanza que resaltara que la verdadera grandeza no se encuentra en ser el superior de los demás, sino su servidor; y por otro lado, los discípulos estaban a punto de participar de un evento que habría que celebrarse en la iglesia hasta su regreso, y por tanto era necesario que estuvieran limpios, no solo de lo exterior, sino de su interior, y estos habían sido limpiados por la palabra de Jesús. Esta historia que hoy Juan nos presenta en un hermoso ejemplo de lo que significa el verdadero servicio a los demás y la gran honra que hay en ello.

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La verdadera grandeza del servicio

 

UNA CORAZÓN AMOROSO QUE SIRVE HASTA EL FIN


“Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin”.
Juan 13:1

               Aquí encontramos una gran enseñanza que deberíamos guardar en nuestro corazón, y es que el verdadero carácter del servicio se expresa hasta el último momento de vida: Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. Jesús sabía que su hora estaba más cerca que nunca, es más, si era jueves solo le quedaba un día más antes de ser capturado y muerto en la cruz del Calvario, por ello Jesús tal vez pudo haberse relajado y tomar un par de horas para descansar de su cansado ministerio de tres años y esperar solo su momento; pero no lo hizo así, sino que al llegar a un aposento, en lugar de sentarse con sus discípulos a descansar se dispuso a lavarles sus pies con el propósito de enseñarles una gran lección. Así vemos que nuestro Señor, aun en sus últimos días le servía a su Padre y a los demás porque los amó hasta el fin. El servicio es grande en la medida que comprende que su vida entera está diseñada para servir en todo momento a los demás, no discrimina el tiempo que tiene en el servicio o su estatus; sino que se dispone a seguir sirviendo. Muchas personas se retiran de sus privilegios porque dicen que tienen ya muchos años de estar sirviendo y es momento de descansar; pero Jesús nunca pensó así, sino aun en los últimos días de su vida estuvo dispuesto a servir a los demás.

EL VERDADERO SERVICIO NO SE DETIENE POR NINGUNA RAZÓN


“Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase…”
Juan 13:2

             El verdadero servicio jamás se detiene, aun en medio de las más difíciles situaciones, persiste en servir, aun en medio de enemigos y las peores traiciones, persiste en servir, aun en medio de fuertes oposiciones, persiste en servir. Entre los doce discípulos había uno que era un traidor, Judas Iscariote quien era un instrumento que el diablo iba a usar para entregar a Jesús a sus enemigos: Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase. Aquí vemos como el mismo diablo había contaminado el corazón de uno de los doce apóstoles, el de Judas Iscariote, empujándolo a la misma traición. Judas era uno de los hombres de su confianza que había estado a su lado todo este tiempo; pero ahora Jesús tendría que enfrentar esta vil traición de parte de alguien a quien había amado. Nuestro Señor conocía muy bien las intenciones de Judas, pero aun así, esto no lo desanimo, sino persistió en servir, y aun a Judas le lavo los pies. A veces las dificultades y sufrimientos que experimentamos en esta vida pueden desanimarnos, las personas en la que confiamos pueden traicionarnos y otros a lo mejor ni siquiera nos agradecerán; pero no debemos permitir que esto nos aleje de nuestro servicio a Dios, debemos perseverar en el servicio así como nuestro Señor Jesús lo hizo.

EL VERDADERO SERVIDOR LE SIRVE AL PADRE


“… sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba…”
Juan 13:3

            Una de las cosas que Jesús siempre recordó es que Él era un enviado de su Padre, que su Padre le había dado todas las cosas y había salido de Él e iba de regreso a Él: sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba. De igual forma, nosotros debemos recordar que somos hijos de Dios y que gracias a la fe en Cristo vamos camino al Padre y por tanto, todo lo que hagamos, nuestro servicio no lo hacemos para ser vistos por los hombres, o esperando recompensa del hombre, sino para agradar a Dios: “Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo; no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios; sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ése recibirá del Señor, sea siervo o sea libre”, (Efesios 6:6-8), Aquí Pablo les recomienda a los siervos o esclavos de su tiempo algo parecido, el servir a sus amos como si le estuvieran sirviendo a Dios, así nosotros servimos a los demás por amor a nuestro Padre celestial y porque todo lo que tenemos lo hemos recibido de Él.

EL VERDADERO SERVICIO NACE DE UN CORAZÓN HUMILDE


“… se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido”.
Juan 13:4-5

            La verdad es que el verdadero servicio nace de un corazón humilde. Era una costumbre en el medio oriente que cuando los invitados llegaban a una casa, los esclavos tomaban agua en unos lebrillos que no eran más que pequeños recipientes y lavaban sus pies. Generalmente los pies estaban muy sucios ya que los caminos eran muy polvorientos y durante el invierno eran lodosos, por lo que llegar a una casa y lavar sus pies era una experiencia muy agradable y que expresaba la hospitalidad de los dueños; pero esta tarea no la hacían los hombres libres, era una tarea de esclavos. Sin embargo, a Jesús no le importo realizar esta tarea, porque era un hombre muy humilde: se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. Hoy en día muchas personas están acostumbradas a que les sirvan y hay ciertas tareas que nunca las harían porque se consideran demasiado importantes para ello; pero Jesús es nuestro mejor ejemplo y nos enseña que la verdadera grandeza se encuentra en el servicio que nace de un corazón que ama a los demás y que es tan humilde que no le importa realizar una tarea que se considera indigna por algunas personas. El apóstol Pablo en su carta a los Filipenses nos exhorta a tener esta misma actitud de humildad que hubo en Jesucristo, a no hacer nada por contienda o vanagloria, sino que con humildad, teniendo a los demás como a superiores: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre”, (Filipenses 2:3.9). Al final es Dios quien recompensa esta actitud de servicio. Los discípulos no estaban dispuestos a rebajarse al nivel de un esclavo ya que ellos mismos se consideraban más dignos que uno de ellos y su preocupación era solo demostrar quien era el mejor de los doce; pero Jesús, siendo el Maestro les dio una gran lección al mostrarles que en el reino de los cielos solo los que se humillan y sirven a los demás serán enaltecidos.

EL VERDADERO SERVICIO SE ENFOCA AL BENEFICIO DE LOS DEMÁS


“Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después. Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza”.
Juan 13:6-9

           Cuando le tocó el turno a Pedro de que Jesús le lavara los pies, este atónito de ver lo que su Maestro hacia quiso impedírselo ya que no se consideraba digno de tal cosa y a lo mejor creían que no era justo para su Señor el humillarse de tal forma: Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después. Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Pedro creía que estaba salvando la dignidad de su Maestro y que no era justo que se humillara tanto con él, y ciertamente Jesús era su Señor y pero le explico que este servicio que le ofrecía era necesario para su beneficio personal, porque si no era parte de él no podría ser parte de su glorioso reino y plan de salvación: Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza. Era necesario que Jesús se humillara realizando este servicio que era prestado por esclavos con el propósito de darles una lección importantísima a sus discípulos la cual les ayudaría a comprender en qué consiste la grandeza en el reino de los cielos. Por otro lado, sus palabras: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo, son un preludio que se adelanta a la obra redentora que realizaría en la cruz al morir por lo pecados de los demás. Cuando servimos a los demás debemos hacerlo con el propósito de ser útiles y ayudar a los demás, ese es el propósito final del servicio, y ciertamente nuestro Señor Jesús así lo hizo porque no solo fue un verdadero siervo de Dios, sino dio su vida para salvar a muchos, este es la máxima entrega que un servidor puede hacer: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”, (Marcos 10:45). Quiera Dios que todos nosotros dejemos de estar anhelando tener puestos de autoridad solo para servirnos de los demás, sino que al contrario, entre más alto el Señor nos permita llegar en esta vida sea para servir más a los demás sabiendo que de Dios recibiremos nuestra recompensa.


Sin el Hijo es imposible llegar al Padre (Juan 12:44:50)


“Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; y el que me ve, ve al que me envió. Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas. Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero. Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho”.
Juan 12:44:50

INTRODUCCIÓN


             Estos versículos constituyen el último discurso que Jesús dio a la gente, a partir de aquí sus enseñanzas y palabras se limitaran solo a sus doce discípulos hasta el momento que sea capturado y llevado a Poncio Pilato. Recordemos que nos encontramos en Jerusalén en la última semana de ministerio y vida de Jesús, su última pascua se acerca así como el momento de su glorificación. Recordemos que cuando el apóstol Juan habla del momento de su glorificación se refiere al momento de su muerte, sepultura, resurrección y ascensión al cielo. Con estas palabras Jesús recalca la importancia de creer en su persona, ya que si queremos llegar al cielo donde el Padre está, debemos hacerlo a través de su Hijo amado.

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Sin el Hijo es imposible llegar al Padre

 

JESÚS ES EL MEDIO PARA ACERCARNOS AL PADRE


“Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; y el que me ve, ve al que me envió”.
Juan 12:44

            El tiempo de Jesús en esta tierra llegaba a su fin y durante todo este tiempo había predicado y realizado portentos para que la gente creyera en Él, pero aquí nos confirma que todo aquel que cree en Él, cree en el Padre quien le envió: El que cree en mí, no cree en mí. De igual forma, el que ve a Jesús, ve al Padre: sino en el que me envió; y el que me ve, ve al que me envió. Por tanto, para conocer al Padre es necesario conocer a su Hijo Jesús. Cuando nosotros establecemos una relación personal con Jesús estamos realmente teniendo comunión con el Padre, con el Dios verdadero, si el hombre no lo hace de esta forma jamás lograra tener una verdadera comunión con Dios. Hoy en día existen religiones que han hecho a Jesús menos importante de lo que la Biblia enseña, lo rebajan a un gran ser creado o un gran profeta o algo menos que eso, pero menos Dios, y estos se atreven a exaltar más a sus líderes y fundadores de su religión; pero están totalmente equivocados, porque si no es por medio de conocer a Jesús, jamás lograremos establecer una verdadera relación con Dios.

EL QUE NO CREA EN JESÚS NO SE SALVARA


“Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas. Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero”.
Juan 12:45-48

            Hoy en día muchas personas viven en tinieblas, es decir, en la maldad de sus pecados, y esto los arrastra a la condenación eterna; pero la luz del mundo vino a este mundo para alumbrar a los hombres y que estos puedan ser salvos de esas tinieblas que los rodea: Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas. Cuando el apóstol Juan inicio este evangelio dijo que en Jesús se encontraba la luz que los hombres necesitaban para vivir: “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella”, (Juan 1:4-5). También en otra ocasión Jesús afirmo ser la luz del mundo: “Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”, (Juan 8:12). Si somos observadores, hay una tendencia a relacionar la luz con la vida, y ciertamente así es. Sin la luz del sol la vida en este planeta fuera imposible ya que sus rayos traen vida a este planeta, y así es con Cristo, la luz de los hombres. Jesús vino a esta tierra y predico la palabra de Dios y lo único que tenían que hacer los hombres era creer en esa palabra que predicaba; pero lamentablemente, muchos no lo hicieron permaneciendo en sus tinieblas y estas palabras un día los juzgará y serán condenados por ellas: Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero. Ciertamente Jesús vino a esta tierra para salvar al mundo, su objetivo nunca ha sido condenar a nadie, lamentablemente los hombres malvados que deciden no creer en sus palabras son los que se condenan a sí mismos porque aman más las tinieblas que la luz, es decir, aman más su vida de pecado y por ello deciden permanecer en maldad sin saber que un día, en la eternidad serán juzgados por la palabra de Dios la cual pudo salvarlos sin tan solo hubiesen creído en ella: “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas”, (Juan 3:19).

JESÚS HA CUMPLIDO SU MISIÓN


“Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho”.
Juan 12:49:50


              Con estas últimas palabras Jesús le dice a su audiencia que ha cumplido la misión que su Padre le encomendó: Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. Y sé que su mandamiento es vida eterna. Ciertamente Jesús lo hizo, su conciencia estaba limpia ya que había predicado la palabra de Dios, su Padre, había compartido sus mandamientos y mostrado el camino de vida eterna a través de su persona, ahora todo era cuestión de cada persona el creer o no. El tiempo de su muerte estaba cerca, pero Jesús había cumplido su misión de predicar la palabra que su Padre le había dado. En la Biblia podemos encontrar a otros hombres cuya consciencia se encontraba libre de culpa porque habían cumplido fielmente el ministerio que Dios les había dado. Por ejemplo, podemos recordar a Samuel: “Dijo Samuel a todo Israel: He aquí, yo he oído vuestra voz en todo cuanto me habéis dicho, y os he puesto rey. Ahora, pues, he aquí vuestro rey va delante de vosotros. Yo soy ya viejo y lleno de canas; pero mis hijos están con vosotros, y yo he andado delante de vosotros desde mi juventud hasta este día. Aquí estoy; atestiguad contra mí delante de Jehová y delante de su ungido, si he tomado el buey de alguno, si he tomado el asno de alguno, si he calumniado a alguien, si he agraviado a alguno, o si de alguien he tomado cohecho para cegar mis ojos con él; y os lo restituiré. Entonces dijeron: Nunca nos has calumniado ni agraviado, ni has tomado algo de mano de ningún hombre”, (1 Samuel 12:1-4). Samuel ya estaba viejo y sus días como sacerdote y juez de Israel estaba llegando a su fin pero su consciencia estaba limpia porque había cumplido fielmente el ministerio que el Señor le había dado. También podemos recordar las palabras de Pablo en Mileto, cuando se despidió de los ancianos diciéndoles que él se despedía con una consciencia limpia porque había cumplido delante de ellos fielmente su ministerio: “Enviando, pues, desde Mileto a Éfeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia. Cuando vinieron a él, les dijo: Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia, sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos; y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo. Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer; salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones. Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios. Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro. Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos; porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios. Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno. Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados. Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado. Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido. En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir”, (Hechos 20:17). Y porque no recordar las últimas palabras de Pablo, como un cántico de victoria porque había terminado su carrera y lo había hecho cumpliendo fielmente su ministerio: “Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida”, (2 Timoteo 4:6-8). Aquel día Jesús pronuncio esta palabras, sus últimas palabras a la audiencia de judíos recalcando que nunca había rehuido el hablarles la palabras de su Padre, su doctrina no era de Él, sino todo lo que el Padre le había dicho que dijera, eso había dicho: Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho. Quiera Dios que nosotros también prediquemos y enseñemos su palabra a otros tal y como la Biblia lo dice y seamos fieles a nuestra comisión hasta el último día de nuestra vida.