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sábado, 21 de mayo de 2022

Una mentira que Satanás desea que todos crean (Mateo 28:11-15)

 

“Mientras ellas iban, he aquí unos de la guardia fueron a la ciudad, y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido. Y reunidos con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados, diciendo: Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos. Y si esto lo oyere el gobernador, nosotros le persuadiremos, y os pondremos a salvo. Y ellos, tomando el dinero, hicieron como se les había instruido. Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy”.

Mateo 28:11-15

 

INTRODUCCIÓN

                Cuando Jesucristo resucitó de entre los muertos, los guardias romanos que habían sido puestos para custodiar la tumba y evitar que el cuerpo fuese robado debieron huir temerosos de aquel lugar ya que no había nada que pudiesen hacer: “Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos”, (Mateo 38:4). Estos soldados fueron a la ciudad y dieron avisos a los lideres religiosos de los judíos de todo lo que había acontecido, pero a estos hombres perversos no les convenia que esta verdad se diese a conocer en medio de todo el pueblo por lo que deciden sobornar a estos hombres con el fin de ocultar la verdad de su resurrección.

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Una mentira que Satanás desea que todos crean


LA NOTICIA DE LA RESURRECCIÓN LLEGA A OÍDOS DE LOS LIDERES RELIGIOSOS

“Mientras ellas iban, he aquí unos de la guardia fueron a la ciudad, y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido”.

Mateo 28:11

             Mientras que las mujeres fueron a dar las nueva buenas acerca de la resurrección de Cristo, los soldados romanos que custodiaban la tumba también fueron a dar aviso a los principales sacerdotes de las cosas que habían acontecido: Mientras ellas iban, he aquí unos de la guardia fueron a la ciudad, y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido. Aquel domingo fue inolvidable y determinante en la historia de la humanidad ya que había ocurrido un evento que cambiaria el rumbo de la historia y la vida de millones y millones de personas a lo largo del tiempo hasta nuestros días. Pronto la noticia de su resurrección se propagaría a lo largo de toda Jerusalén y más allá de la ciudad, siendo las primeras voceras de esta noticia aquellas mujeres, pero no todos lo que las oyesen reaccionarían con asombro y gozo; otros como los lideres religiosos de los judíos se preocuparían al ver sus planes malvados fracasados y no les quedaría mas que hacer su último movimiento.

 

UNA MENTIRA QUE SATANÁS DESEA QUE TODOS CREAMOS

“Y reunidos con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados, diciendo: Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos. Y si esto lo oyere el gobernador, nosotros le persuadiremos, y os pondremos a salvo. Y ellos, tomando el dinero, hicieron como se les había instruido. Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy”.

Mateo 28:12-15

               Ante la sorpresiva noticia de los soldados romanos los principales sacerdotes y ancianos decidieron reunirse y planear qué harían ya que sin duda esta noticia acababa con todos sus planes de querer terminar con Jesús y su ministerio por lo que decidieron recurrir al soborno para desmentir lo que había pasado: Y reunidos con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados, diciendo: Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos. Y si esto lo oyere el gobernador, nosotros le persuadiremos, y os pondremos a salvo. Es increíble lo impíos que estos religiosos eran. Definitivamente eran hombres hipócritas que se escondían detrás de una fachada de piedad, pero sus obras eran propias de un hijo del diablo. Durante el ministerio de nuestro Señor Jesús habían intentado tenderle una trampa haciéndole preguntas maliciosas, pero nuestro Señor jamás cayo en su trampa, luego, recurrieron al método de la traición usando a Judas y sobornándole para que les entregase a su Maestro, luego montaron un juicio arreglado con testigos falsos para condenar a un hombre inocente, después lo acusaron usando la mentira para que Pilato lo condenara a muerte y durante todo esto, su odio y malicia eran evidentes, por tanto, eran hombres verdaderamente impíos que a toda costa querían silenciar el ministerio de Jesús y por último, recordando que Jesús había dicho que resucitaría al tercer día, pidieron al gobernador romano que montara una guardia para evitar que sus discípulos se robasen el cuerpo, pero Dios ya tenía previsto que ningún poder humano o de las tinieblas seria suficiente para retener a su Hijo en la tumba. Ahora había resucitado y no sabemos si realmente estos hombres creyeron en las palabras de aquellos soldados, lo que si sabemos es que por su dureza de corazón decidieron no dar marcha atrás y recurrir a una ultima treta, la mentira y así les pidieron a estos guardias que dijesen que se habían quedado dormidos y sus discípulos habían venido de noche a robar su cuerpo, además prometieron a estos soldados que intercederían por ellos delante del gobernador para que no los matasen porque la pena romana por perder a un prisionero era la muerte y a parte de todo eso los sobornaron con dinero, de tal forma que a partir de este momento se comenzó a propagar la mentira de que sus discípulos se habían robado su cuerpo: Y ellos, tomando el dinero, hicieron como se les había instruido. Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy. Según leemos aquí partir de aquel momento esta mentira se comenzó a divulgar y, de hecho, Justino Mártir escribe en su Diálogo con Trifón, “Has enviado a través del mundo entero hombres seleccionados y ordenados a proclamar que una herejía impía e ilegal acerca de un tal Jesús, un galileo impostor … cuyos discípulos le robaron de noche de la tumba”.

               No podemos dejar de ver en este pasaje cómo desde este momento Satanás a tratado de ocultar la verdad de la resurrección de Cristo. Como ya lo vimos, la resurrección de Cristo va más allá de una doctrina fundamental, es uno de los principales fundamentos de nuestra fe, es el sello de victoria de nuestro Señor que lo pone por encima de cualquier líder religioso de este mundo, es nuestra bendita esperanza de participar en una resurrección para vida eterna y por ello Pablo decía: “Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe… Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos”, (1 Corintios 15:12-14, 20-21). Desde este momento muchas mentiras se han proclamado acerca de Jesús y su resurrección tratando de negar este hecho maravilloso, así aquellos hombres decían que sus discípulos se habían robado el cuerdo, otros llegaron a decir que realmente Jesús no murió aquel día sino se quedo desmayado y cuando lo bajaron de la cruz estaba vivo y este se fue a la India a aprender artes mágicas, otros con el tiempo afirmaron que Jesús y el Cristo eran personas diferentes y que el Cristo huyó de su cuerpo para no enfrentar la muerte y así el diablo ha creado varias mentiras heréticas porque no quiere que creamos en la verdad de la resurrección, sin embargo, nosotros creemos el mensaje que el evangelio anuncia: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras”, (1 Corintios 15:3-4). Nosotros hemos creído en esta verdad glorioso que Satanás ha tratado de ocultar y es nuestro deber anunciar a todo el mundo que Jesús ha resucitado y que todo aquel que cree en Él tiene vida eterna.

 

 

domingo, 15 de mayo de 2022

¡Ha resucitado! (Mateo 28:1-10)

 

“Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho. Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán”.

Mateo 28:1-10

 

INTRODUCCIÓN

                 Finalmente hemos llegado al último capítulo de este maravilloso evangelio, donde el apóstol Mateo nos ha relatado los acontecimientos más relevantes de la vida, obra, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Después de todos los acontecimientos referentes a su martirio, crucifixión y muerte, el apóstol continuo su relato con la resurrección de nuestro Señor, lo cual marca su victoria total sobre el imperio de la muerte y Satanás. Definitivamente, este último capítulo muestra el desenlace final de toda esta historia y al mismo tiempo desencadena una nueva era de esperanza para el pecador, ya que, si Jesús hubiese muerto y no se hubiese levantado de su tumba, las cosas no fueran las mismas hoy en día, pero definitivamente, Él se levantó de su tumba y ahora sus discípulos se enterarían de tan maravilloso acontecimiento. 

Resurrección
La resurrección de Cristo


LAS MUJERES VAN AL SEPULCRO EL DOMINGO EN LA MAÑANA

“Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro”.

Mateo 28:1

               Mateo nos dice que después de pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, unas mujeres vinieron al sepulcro: Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. Mateo nos dice que fue María Magdalena y la otra María, es decir, María la madre de Jacobo, las que fueron al amanecer del domingo a la tumba de Jesús, y Marcos nos dice que también las acompañaba Salome: “Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle”, (Marcos 16:1). Y Lucas menciona que Juana y otras mujeres también acompañaban a María Magdalena aquel día: “Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles”, (Lucas 24:10). Como vemos en Marco y Lucas, estas mujeres fueron al amanecer del domingo para ungir con especies aromáticas el cuerpo de su Señor, ya que el viernes les había sido imposible porque estaban a la víspera del día de reposo: “El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas”, (Lucas 24:1). Lo que podemos ver en estos versículos es el incansable espíritu de servicio que estas mujeres tenían hacia Jesús ya que aun en su muerte, estas procuraban servirle. Los evangelios nos enseñan como estas mujeres le sirvieron al Señor durante su ministerio: “Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes”, (Lucas 8:1-3). De esta forma, aquellas mujeres seguían sirviendo a su Maestro sin importarles que este ya no estaba con ellas y esto es un gran ejemplo para cada uno de nosotros para convertirnos en verdaderos servidores de Dios, hombres y mujeres que no vacilen en el servicio en su obra, a pesar de las pruebas o dificultades y por ello, Pablo nos excerta a mantenernos firmes y avanzando siempre en el servicio al Señor: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”, (1 Corintios 15:58).

 

EL ANUNCIO DE LOS ÁNGELES

“Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho”.

Mateo 28:2-7

                  La resurrección de Cristo es más que una doctrina importante en el cristianismo, es un hecho contundente que marca un antes y un después en la historia de la humanidad. Si tratamos de entender los acontecimientos que rodearon a la resurrección de nuestro Señor vemos que Mateo nos dice que hubo un gran terremoto provocado por un ángel que removió la piedra: Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. Mateo nos dice como era la apariencia de aquel ángel: Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. Esto causó un gran temor en los soldados romanos que custodiaban la tumba: Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. Además, las Escrituras nos testifican la intervención de la Trinidad Divina en la resurrección de Cristo ya que fue el Padre quien levantó a su Hijo de entre los muertos: “Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos)”, (Gálatas 1:1); así mismo, el Espíritu Santo que vivificará nuestro cuerpos mortales en su regreso, operó su poder sobrenatural para que el Hijo pudiese resucitar: “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros”, (Romanos 8:11); y el Hijo, que de su propia voluntad entregó su vida para después volverla a tomar: “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre”, (Juan 10:17-18). Fue el poder sobrenatural de Dios que operó en Cristo para levantarlo de la muerte y así otorgarle el poder y gloria, y este mismo poder ahora opera en nosotros: “Y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia”, (Efesios 1:19-22). De esta forma, operó la resurrección de Cristo dándole la victoria total sobre aquel enemigo quien nadie había podido vencer, la muerte, por eso hoy en día Él es el que tiene las llaves de la muerte: “Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; más he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades”, (Apocalipsis 1:17-18). De esta forma, se cumplió aquella profecía donde la muerte seria vencida: “De la mano del Seol los redimiré, los libraré de la muerte. Oh muerte, yo seré tu muerte; y seré tu destrucción, oh Seol; la compasión será escondida de mi vista”, (Oseas 13:14). Hoy en día esta es nuestra esperanza y cobran mas sentido las palabras que un día nuestro Señor le dijo a Marta: “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”, (Juan 11:25).

               Ahora bien, aquel día nuestro Señor resucitó y la presencia del ángel causó temor en los soldados romanos que custodiaban la tumba ya que la piedra fue removida en su propia presencia; sin embargo, a las mujeres que visitaban la tumba se les pidió confiar y creer que todo lo que pasaba era el cumplimiento de las palabras del Maestro: Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. El ángel le anunciaba a las mujeres que vieran con sus propios ojos que realmente nuestro Señor había resucitado y que su temor y tristeza se convirtiera en gozo para que fuesen a buscar a sus discípulos y les dieran estas nueva nuevas y fuesen a Galilea porque allá iba el Señor: E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho.


LA TRISTEZA SE CONVIERTE EN GOZO

“Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán”.

Mateo 28:8-10

                  Fue en ese momento que el temor y tristeza se convirtió en un gran gozo al ver que realmente las palabras de Jesús de que resucitaría al tercer día se habían cumplido: Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Aquí podemos ver cómo estas mujeres que tanto le servían a su Maestro fueron honradas al ser las primeras en recibir la noticia de su resurrección, y no solo eso, sino que también fueron las primeras a las que se les apareció: Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán. De esta forma nuestro Señor había resucitado, venciendo la muerte y dándole la victoria final para redimir nuestras almas.

 

sábado, 7 de mayo de 2022

El esfuerzo inútil por retener a Jesús en su tumba (Mateo 27:62-66)

 

“Al día siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato, diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y será el postrer error peor que el primero. Y Pilato les dijo: Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis. Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia”.

Mateo 27:62-66 

INTRODUCCIÓN

               Con estos cinco versículos finaliza el capitulo numero 27 del evangelio según Mateo y, de hecho, esta parte de la historia que el apóstol relata aquí la encontramos citada únicamente aquí, los otros evangelios, Marcos, Lucas y Juan, no la relatan. Aquí vemos un intento desesperado para evitar que Jesús salga de su tumba ya que los lideres religiosos de los judíos recordaban que Jesús había dicho que resucitaría al tercer día y temían que sus discípulos pudiesen robar el cuerpo y propagar la noticia de su resurrección. Veamos entonces como estos hombres intentaron retener a Jesús en su tumba.


retenerlo-en-su-tumba
El esfuerzo inútil por retener a Jesús en su tumba


LA PREOCUPACIÓN DE LOS LIDERES RELIGIOSOS

 “Al día siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato, diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y será el postrer error peor que el primero”.

Mateo 27:62-64

                  Mateo nos dice que al siguiente día, después de la preparación del día de reposo, los principales lideres religiosos de los judíos buscaron a Pilato: Al día siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato. El día de la preparación se refiere al día viernes, por tanto, estos hombres llegaron ante Pilato el mismo día de reposo, sábado, violando así una de sus leyes más sagradas, ya que en este día no se acostumbraba a realizar alguna tarea de trabajo o menos visitar a un gentil, pero una vez más, a estos hombres no les importaba romper la misma ley que ellos decían obedecer con tal de obtener lo que querían. La preocupación de estos hombres era que los discípulos pudiesen llegar y robarse el cuerpo ya que recordaban que Jesús había dicho que al tercer día resucitaría de entre los muertos: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. La preocupación de estos hombres era tal que los discípulos de Jesús se robasen el cuerpo y luego engañar a la gente diciendo que realmente había pasado, por eso decían: Y será el postrer error peor que el primero. El postrer error para estos hombres era la aseveración del Señor de ser Hijo de Dios y el poster error era la afirmación de los discípulos que hubiese resucitado. Realmente estos hombres querían asegurarse que el ministerio de Jesús hubiese terminado con su muerte y que ningún otro movimiento se levantase a su nombre después de Él, por eso piden asegurar el sepulcro con guardias hasta el tercer día para que esto no pasase.

 

LA GUARDIA DE LA TUMBA

“Y Pilato les dijo: Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis. Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia”.

Mateo 27:65-66

                Al final, Pilato les permitió que se les proveyera una guardia de soldados romanos para ir y asegurar la tumba: Y Pilato les dijo: Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis. Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia. La tumba donde había sido colocado el cuerpo de nuestro Señor había sido sellada primeramente por una gran piedra: “Y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue”, (Mateo 27:60). De acuerdo a la tradición, solía asegurarse la gran piedra con cuerdas que la sujetaban y se solía colocar cera en los extremos de las cuerdas que se unían por medio de un nudo y esta cera llevaba el sello del emperador, por tanto, removerla era sinónimo de muerte. Finalmente, se establecía turnos de guardia para que siempre hubiese vigilancia de día y noche. La verdad es que estos hombres perversos querían evitar que el cuerpo de Jesús saliese de su tumba, sin saber que ningún poder humano lo mantendría allí, ellos bien sabían que, si la fama de su resurrección se propagaba por toda Judea, un nuevo movimiento surgiría con gran poder, por eso tratan desesperadamente por mantenerlo en su tumba a toda costa.

               A lo largo de la historia han existido muchos hombres que han fundado grandes movimientos, algunos se han preservado hasta la época actual, otros ya no existen y perecieron junto con su fundador. Aun así hay movimientos religiosos que veneran a sus fundadores, como Confucio, Mahoma, Buda, los papas de la iglesia católica, entre otros, sus tumbas en algunos casos se conocen como verdaderos lugares de adoración religiosa, pero lo que hace diferente a Jesús de todos estos hombres es que la tumba de Jesús realmente esta vacía y ni los fariseos, ni los romanos, ni la muerte o el diablo fueron capaces de retenerlo, Jesús resucitaría y no importaba todos los medios y acciones que estos hombres tomaban para retenerlo en su tumba porque sus acciones estaban destinadas al fracaso.

 

domingo, 1 de mayo de 2022

Jesús es sepultado (Mateo 27:50-61)

 

“Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo. Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue. Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro”.

Mateo 27:50-61 

INTRODUCCIÓN

            Después de la muerte de nuestro Señor Jesucristo y describir los acontecimientos que rodearon a sus ultimas horas crucificado en la cruz del Calvario, el apóstol Mateo nos relata su sepultura. En estos versículos vemos que un hombre, llamado José de Arimatea, se atrevió a ir donde Poncio Pilato y pedir el cuerpo para darle sepultura en una de sus tumbas, aparte de que vemos cómo los lideres religiosos de los judíos piden a Pilato una guardia para custodiar la tumba ya que temían que el cuerpo fuese robado por sus discípulos ya que recordaban que el Señor había afirmado que resucitaría al tercer día.

 

Jesús-sepultado
Jesús es sepultado

¿QUIÉN ERA JOSÉ DE ARIMATEA?

 “Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo”.

Mateo 27:57-58

            Después que nuestro Señor murió hubo un hombre llamado José de Arimatea que tomó la decisión de ir a Poncio Pilato para pedir su cuerpo y sepultarlo: Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Pero, ¿quién era José de Arimatea? Es interesante ver cómo los cuatro evangelios contaron la historia de José de Arimatea, esto posiblemente es así porque esto de ir ante Pilato y pedir el cuerpo del Señor para sepultarlo debió ser una acción de gran caridad que debió haber quedada grabada en la mente de los discípulos, a tal punto que cuando escribieron los diferentes evangelios, todos sus autores incluyeron dicha historia. De acuerdo a Mateo, José de Arimatea era un hombre rico que también había sido discípulo de Jesús: Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. Marcos nos dice que era un hombre noble del concilio, es decir, era miembro del Sanedrín, el cual esperaba el reino de Dios, el cual entró osadamente delante de Pilato a pedir el cuerpo de Jesús: “José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús”, (Marcos 15:43). Lucas nos dice que José de Arimatea era un hombre justo y bueno, miembro del Sanedrín que no consintió en la muerte de Jesús: “Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo. Este, que también esperaba el reino de Dios, y no había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos”, (Lucas 23:50-51). Aparte de esto, José de Arimatea había sido discípulo de Jesús secretamente, por miedo a los demás miembros del Sanedrín, además era amigo de Nicodemo, el otro miembro del Sanedrín que un día busco de noche a Jesús (Juan 3:1-2): “Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús. También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras”, (Juan 19:38-39). Así fue que este hombre llamado en las Escrituras con el nombre de José de Arimatea, entró osadamente ante Pilato para pedir el cuerpo de Jesús, lo cual fue un verdadero hecho de valentía porque solían ser los familiares los que hacían esto de pedir el cuerpo, sin embargo, recordemos que los familiares de Jesús eran de Nazaret, una aldea de la región de Galilea y todos sus discípulos lo habían abandonado, solo Juan se había quedado al lado de la cruz pero había tomado a María para cuidar de ella por instrucción de su Maestro (Juan 19:26). Ahora, para los judíos era inconcebible dejar colgado el cuerpo de un hombre más de un día, porque de acuerdo a la ley esto debía evitarse: “No dejaréis que su cuerpo pase la noche sobre el madero; sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldito por Dios es el colgado; y no contaminarás tu tierra que Jehová tu Dios te da por heredad”, (Deuteronomio 21:23). Siendo esto así y estando cerca el inicio del día de reposo, José de Arimatea se decidió por ir delante de piloto y pedirle que le entregara el cuerpo, a lo cual este accedió no sin antes sorprenderse de que hubiese muerto tan rápidamente, por lo que antes pidió a un centurión que se asegurase que hubiese muerto antes de darle el cuerpo: “Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto. E informado por el centurión, dio el cuerpo a José”, (Marcos 15:44-45).

               Aparte del relato bíblico, existen otras tradiciones que hablan acerca de la persona de José de Arimatea, sin embargo, como ya mencionamos, no son relatos bíblicos y, por tanto, difícilmente podemos afirmar que son verdaderas, pero en estas se encuentran historias acerca de cómo este hombre tomó de la sangre de Jesús en una copa y de cómo Jesús le pidió que fuese el protector de ella, a esto se le conoció como el santo grial. De acuerdo a las tradiciones, este con otro grupo de cristianos viajaron a las costas de Francia y de allí pasaron a Inglaterra, donde se establecieron llevando el evangelio y en la ciudad de Glastonbury se fundo una iglesia donde se afirma que se escondió el santo grial. Al final, toda esta historia no tiene respaldo bíblico, pero lo que si sabemos por los evangelios es que este hombre, miembro noble y rico del Sanedrín, era un hombre bueno y justo que esperaba la venida del reino de Dios y que fue discípulo de Jesús.

 

JESÚS ES SEPULTADO

“Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue. Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro”.

Mateo 27:59-61

               Cuando el cuerpo del Señor fue dado a José de Arimatea, Mateo nos dice que este lo envolvió en una sábana limpia y lo puso en un sepulcro nuevo que había labrado en una peña: Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña. Ahora bien, Juan nos da un poco más de detalle en cuanto a la preparación del cuerpo de Jesús para la sepultura y el lugar donde fue sepultado: “También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras. Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos. Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno. Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús”, (Juan 19:39-42). De esta forma, José de Arimatea uso un sepulcro nuevo para colocar allí el cuerpo del Señor y para señarlo hicieron rodar una gran piedra en la entrada del sepulcro: y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue. Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro. En todo esto, vemos como aun algunas de las mujeres piadosas que sirvieron a Jesús durante su ministerio estaban presentes ya que en su gran amor buscaban la forma de continuar con ese servicio aun después de su muerte ya que esperaban regresar a preparar mejor el cuerpo después que pasase el día de reposo. Algunas personas han criticado a Juan de Arimatea por ser un hombre que mientras Jesús estuvo vivo nunca le sirvió e hizo favores demostrando su aprecio, todo por temor a los otros judíos miembros del Sanedrín, pero que no fue hasta después de su muerte que decido hacer esta obra de caridad; sin embargo, no podemos dejar de señalar esta gran obra de amor que este hombre realizo al armarse de valor y pedirle el cuerpo a Pilato, esto definitivamente fue de gran estima a los ojos de Dios. Además, muchos creen que el día que Jesús fue llevado delante de Caifás, el sumo sacerdote, y de los demás miembros del concilio, José de Arimatea y Nicodemo no dieron su voto a favor de condenar a muerte a Jesús, y de hecho algunos teólogos opinan que es probable que ellos ni siquiera fueran invitados a la reunión aquel día. La verdad es que no podemos condenar a este hombre por haber sido un discípulo del Señor en lo oculto, por temor a las represarías de los demás, al final, aun sus discípulos lo abandonaron aquel día y Pedro lo negó tres veces, y que podríamos nosotros decir acerca de nosotros mismos, posiblemente hubiésemos actuado de la misma forma, pero como sea, el Señor es grande en misericordia y después de su muerte el volvería a ellos para reafirmar su confianza en Dios. Al hacer esta obra de misericordia, este hombre estaba cumpliendo las Escrituras cuando afirmaron que el Siervo de Jehová moriría en medio de los impíos, pero tendría su sepultura con los ricos, por José le obsequiaría su tumba: “Se dispuso con los impíos su sepultura, más con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca”, (Isaías 53:9). Quiera Dios que todos imitemos la actitud de este hombre, un hombre que no era perfecto, con temores, pero que amaba a Jesús, un hombre justo y bueno, con influencia en su pueblo que haciendo misericordia se encontró en la voluntad de Dios cumpliendo su palabra.

 

sábado, 30 de abril de 2022

¿Cristianos que odian? (1 Juan 2:9-10)

 

“El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas. El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo. Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos”.

1 Juan 2:9-10

 

INTRODUCCIÓN

               El apóstol Juan continua con el desarrollo de su primera carta y quiere extenderse aun un poco más en el tema del amor hacia el prójimo. Definitivamente si hay algo que debería caracterizar al cristianismo es el amor y este debe reflejarse en la vida de todos aquellos que se hacen llamar cristianos, por tanto, para el apóstol es inconcebible la idea de alguien que profesando ser seguidor de Cristo odie o aborrezca a alguien, porque de ser así, el tal aun anda en tinieblas y vive una mentira, confiado que su religión es más que suficiente para salvarlo aun con su corazón lleno de rencor o resentimientos. Pero aquellos que andan en la luz aman a su prójimo y no hay tropiezo en ellos, por ellos nosotros debemos entender perfectamente este tema ya que muchos podrían estar engañados creyendo que son cristianos, pero no han decidido desarraigar algunas raíces de amargura que no les permiten amar a su prójimo como Dios lo desea.

 

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¿Cristianos que odian?

UNA PRUEBA QUE DETERMINA SI REALMENTE ANDAMOS EN LA LUZ

“El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas. El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo”.

Juan 2:9

                  Para Juan era fácil determinar si alguien andaba en la luz, es decir, si realmente era cristiano, y la prueba indiscutible era el amor; pero si este, haciéndose llamar cristiano, odiaba a alguien o demostraba su desprecio por alguna persona, el tal permanencia en tinieblas. Vemos como el apóstol Juan continúa utilizando el símil entre la luz y las tinieblas para referirse a aquellas personas que habiendo estado en sus pecados han renunciado a ellos y se han convertido a Cristo. Para Juan el hecho de ser cristiano estaba más allá de ser un simple religioso que cumplía con ciertos ritos religiosos o pertenecer a la membresía de una secta. Realmente el cristianismo se caracterizaba por amar a su prójimo. En su palabra, el Señor ya les había declarado que tenían que amar a su prójimo: “No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová”, (Levítico 19:18). Aparte de esto, también les había ordenado amar al extranjero que habitare en sus territorios: “Amaréis, pues, al extranjero; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto”, (Deuteronomio 10:19-21). El problema con esto es que Israel entendió que su prójimo era solamente su compatriota israelita y no las naciones que estaban alrededor de ellos y esto los llevo a aborrecer a todos los demás que no fuesen de nacionalidad israelita o extranjeros que viviesen en sus fronteras. Esto lo podemos ver, por ejemplo, en el libro de los Hechos donde Pedro explica lo aborrecible que era para un judío acercarse a un gentil: “Y les dijo: Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo”, (Hechos 10:28). También vemos como los judíos con samaritanos no se llevaban: “La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí”, (Juan 4:9). Así que definitivamente, Israel amaba a los de su propia nacionalidad, pero acostumbraban a odiar a los gentiles y samaritanos. Sin embargo, cuando Cristo vino enseño lo contrario y extendió el alcance de este mandamiento, siendo así que aun pedía amar a los enemigos: “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen”, (Mateo 4:55). Por tanto, ahora Jesús les enseñaba que el verdadero amor es más que un sentimiento, sino más bien una decisión que posee un gran alcance y no se limita a nuestra familia, raza o personas de nuestra misma nacionalidad. Durante su ministerio el Señor enseñó acerca de la importancia del amor, a tal punto que resumió toda la ley en tan solamente dos mandamientos relacionados a amar a Dios y al prójimo: “Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquel, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás”, (Lucas 10:25-28). Sin embargo, como ya lo dijimos, para los judíos su prójimo no se extendía más allá de sus compatriotas o tal vez los extranjeros que vivían en sus fronteras y por eso este interprete de la ley le preguntó a Jesús quién era su prójimo y es aquí donde el Señor relata la parábola del buen samaritano: “Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo, un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo”, (Lucas 10:29-37). Como vemos en esta parábola cuando hablan del levita y el sacerdote, de nada sirve ser un religioso si no hay amor en nuestras vidas, si somos incapaces de sentir misericordia por aquellos que se encuentran en situaciones difíciles, por ello Santiago decía que la verdadera religión es aquella que se guarda en santidad para Dios, pero que se preocupa por el bienestar de su prójimo: “La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo”, (Santiago 1:27). Definitivamente, la verdadera fe se debe caracterizar por el amor y solamente aquel que ha sido transformado por el amor de Dios es capaz de amar a su prójimo, nadie que se llame cristiano debería odiar a su prójimo, nadie que diga ser creyente debería sentir resentimientos hacia sus semejantes, ya que el que está en la luz, ama a sus hermanos y en él no hay tropiezo: El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas. El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo. Nos gusta el hecho de que Juan dice que aquel que ama, en él no hay tropiezo, y esto es verdadero, porque aquel que ama es incapaz de serle infiel a Dios y dañar a sus prójimos ya que vive de acuerdo con la palabra de Dios y aquel que vive cumpliendo sus mandamientos morales no daña a nadie, por ello Pablo decía: “No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor”, (Romanos 13:8-10). Considerando todo esto entendemos mejor las palabras de Agustín de Hipona: “Ama y has lo que quieras”, y esto es verdadero, porque el que realmente ama, jamás violaría los mandamientos del Señor para serle infiel o dañar a su prójimo porque ha sido perfeccionado en el amor.

 

EL QUE AUN ODIA A SU HERMANO AÚN PERMANECE EN TINIEBLAS

“Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos”.

1 Juan 2:10

                 Al final, Juan declara: Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos. Por tanto, no podemos llamarnos cristianos y aborrecer a nuestro hermano, porque así hacen los religiosos, ellos cumplen con sus rituales y días en los que les corresponde visitar sus congregaciones, pero en su corazón hay odio, celos, disensiones, pleitos y otros pecados, por eso Juan dice que los tales están cegados, es decir, están ciego espiritualmente, porque están engañados que su religión es suficiente para salvarlos ignorando que su pecado están cargados de pecados y por tanto toda su vida religiosa es una mentira. Pero nosotros, los que hemos nacido de nuevo, debemos perfeccionarnos en el amor de Cristo y amar a nuestro prójimo, tal y como Él lo ha hecho.

 

domingo, 24 de abril de 2022

Acontecimientos que siguieron a la muerte de Cristo (Mateo 27:50-56)

 

“Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos. El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios. Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo”.

Mateo 27:50-56 

INTRODUCCIÓN

                Nuestro Señor Jesucristo había muerto, cumpliendo así todas las profecías del Antiguo Testamento referente a su martirio como el Mesías sufriente que moría por nuestras maldades, tal y como Isaías 53 y algunos pasajes del Salmo 22 declaraban junto con otros pasajes. Sin embargo, esto no terminaría con su muerte y los acontecimientos que ocurrieron seguidos de esta fueron un claro testimonio que aquel que había muerto en aquella cruz no era un hombre cualquier y que Dios respaldaba sus palabras. Ahora, justo después de su muerte, ocurren varios acontecimientos, algunos hechos milagrosos que confirmaron el hecho de que Jesús es el Hijo de Dios y que ciertamente resucitaría.

 

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Acontecimientos que siguieron a la muerte de Cristo 

EL VELO DEL TEMPLO SE RASGÓ

“Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos…”.

Mateo 27:50-51

                 Mateo nos relata los acontecimientos que ocurrieron inmediatamente después de la muerte de Jesús: Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. La forma de cómo nuestro Señor entrega su vida a Dios nos dice que no fue un acto de derrota o total o que su grito fue un hecho por un hombre moribundo que no sabia qué decía, al contrario, Mateo nos dice que exclamo con gran voz y Juan declara que en sus ultimas palabras declaro que su misión había sido terminada con éxito: “Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es”, (Juan 19:30), para finalmente entregarle su vida a su Padre: “Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró”, (Lucas 23:46). De esta forma victoriosa nuestro Señor entrega su vida, pero inmediatamente después de su muerte ocurren varios eventos que de alguna manera daban testimonio del señorío de Jesús como Mesías. En primer lugar, se nos dice que el velo del templo se rasgó. El velo era una cortina que separaba el lugar santo del lugar santísimo en el tempo de Dios: “También harás un velo de azul, púrpura, carmesí y lino torcido; será hecho de obra primorosa, con querubines; y lo pondrás sobre cuatro columnas de madera de acacia cubiertas de oro; sus capiteles de oro, sobre basas de plata. Y pondrás el velo debajo de los corchetes, y meterás allí, del velo adentro, el arca del testimonio; y aquel velo os hará separación entre el lugar santo y el santísimo”, (Éxodo 26:31-33). Una vez al año, en Yom Kipur, en el día de la expiación, solo el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo, donde estaba el arca del testimonio y sobre el propiciatorio este rociaba la sangre para expiación de los pecados de la nación y quemaba incienso, de allí, nadie tenia acceso al este lugar, ya que la misma presencia de Dios habitaba en ese lugar y cualquiera que entrase moría: “Y Jehová dijo a Moisés: Dí a Aarón tu hermano, que no en todo tiempo entre en el santuario detrás del velo, delante del propiciatorio que está sobre el arca, para que no muera; porque yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio”, (Levítico 16:2). Es interesante ver cómo el rasgamiento de este velo representa un acto sobrenatural de Dios que daba testimonio que aquel que estaba entregando su espíritu era verdaderamente el Hijo de Dios, y decimos que fue un hecho sobrenatural, porque, como lo dice Marcos, este se rasgo de arriba hacia abajo, lo cual es una indicación que Dios lo hizo: “Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo”, (Marcos 15:38). Con esto, Dios da a entender que el acceso que antes estaba restringido para entrar a la misma presencia de Dios, ahora se abría por medio de la muerte de Cristo: “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne”, (Hebreos 10:19-20). Definitivamente este fue un hecho milagroso ya que el velo que se rasgo de arriba hacia abajo no fue consecuencia del gran temblor, porque Mateo lo coloca al principio de los acontecimientos, por lo que es claro que Dios lo provoco.

 

EL GRAN TEMBLOR

“… y la tierra tembló, y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros…”.

Mateo 27:51-52

          El segundo evento de carácter inesperado que ocurrió inmediatamente después de la muerte de Jesús es el gran temblor. No sabemos de cuánto fue su duración, pero al parecer fue de gran magnitud ya que provocó que las rocas se partieran y los sepulcros se abriesen. Esto debió haber causado un gran temor en las personas, especialmente en aquellos que presenciaban la crucifixión de nuestro Señor y a través de este temblor, Dios testificaba su gran dolor al ver a su Hijo amado morir por causa de nuestros pecados y la misma naturaleza les mostraba a todas las personas que allí estaban que este acontecimiento era muy relevante para la historia de la humanidad.

 

LA RESURRECCIÓN DE LOS SANTOS

“… y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos”.

Mateo 27:52-53

                 El tercer evento que ocurrió después de la muerte de nuestro Señor y que solo Mateo relata fue la resurrección de los santos. La resurrección de estos santos es un testimonio directo que anunciaba la pronta resurrección de nuestro Señor Jesús, pero ¿quiénes fueron estos santos que resucitaron? Al respecto de esto se han sugerido las siguientes respuestas. Algunos opinan que las personas que resucitaron fueron algunos santos del Antiguo Testamento, hombres que murieron esperando al Mesías, otros opinan que fueron personas judías que habían muerto recientemente en Jerusalén o en años posteriores, además se discute que tipo de resurrección fue esta. Algunos opinan que este tipo de resurrección fue para vida eterna, si esto es así este tipo de resurrección no fue como la de Lázaro, sino que nunca murieron y lo que Jesús hizo fue llevárselos al cielo el día que Él ascendió. Si este es así, significa que los primeros en resucitar para vida eterna fueron ellos y luego, tres días después Jesús, lo que hace difícil armonizar el hecho de que Jesús fue hecho primicias de los que resucitaron para vida eterna: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho… Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida”, (1 Corintios 15:20, 23). Otros opinan que estos resucitaron brevemente, solo durante los 3 dias que Jesús estuvo en la tumba y murieron cuando Él resucito. La otra opinión es que estos muertos resucitaron, pero no con vida eterna, sino fue una resurrección como la de Lázaro, el cual resucito de la muerte, pero envejeció y volvió a morir. Ahora bien, se nos dice que después de su resurrección, no se hicieron presentes en la santa ciudad, o sea, Jerusalén, de inmediato, sino fue hasta después que Jesús resucitó al tercer día. Al final, este hecho sobrenatural mostraba que Jesús había vencido la muerte.

 

LA CONFESIÓN DEL CENTURIÓN

“El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios”.

Mateo 27:54

               En cuarto lugar, tenemos la confesión del centurión. Marcos nos dice: “Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”, (Marcos 15:39). Definitivamente este hombre creyó que Jesús era el Hijo de Dios, esto porque por ser el líder principal de una compañía de 100 soldados, estaba a cargo de la crucifixión y debió haber presenciado todo lo que ocurrió, desde los lamentos de las mujeres, la burlas de sus enemigo y de cómo en esta situación de martirio no pronuncio palabras de amargura y maldición hacia sus enemigos, antes rogaba por ellos y perdonaba al malhechor que había sido colgado a su lado, esto y otras cosas debieron haber impactado su corazón para creer. Ahora bien, Mateo también dice que también los que guardaban el área de la crucifixión junto con el centurión temieron en gran manera, por lo que es posible que no solo el centurión creyera. Aparte de esto, Lucas nos dice que aparte de este centurión que creyó, la gente que estaba allí se llenó de temor y se fue de prisa dándose golpes en el pecho: “Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo. Y toda la multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían golpeándose el pecho”, (Lucas 23:47-48). No podríamos decir si esta gente que se volvía golpeándose el pecho se convirtió, pero definitivamente todos estos acontecimientos los impactaron en gran manera y entendieron que el que había muerto en esa cruz no era cualquier hombre. Como haya sido, la conversión de un alma es un hecho milagroso que solo Dios puede operar en el corazón del hombre y aquel día este centurión creyó en el Hijo de Dios y así se cumplieron sus palabras cuando dijo: “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo. Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir”, (Juan 12:32-33).

 

LAS MUJERES QUE PRESENCIARON TODO

“Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo”.

Mateo 27:50-56

               Finalmente tenemos que las mujeres que le servían a Cristo durante su ministerio miraron de lejos todo lo que estaba pasando: Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo. Mateo nos dice que eran muchas las mujeres que miraban de lejos lo que pasaba y esto nos enseña el gran amor que sentían hacia su Maestro, durante su ministerio estas le habían servido fielmente y a pesar de que los discípulos lo habían abandonado, a excepción de Juan que estaba al lado de María, estas mujeres permanecieron cerca del Señor: “Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa”, (Juan 19:26-27). De esta forma, tanto estas mujeres, como el centurión y los soldados que lo acompañaban y las demás personas que los acompañaban presenciaron todos estos acontecimientos de carácter sobrenatural y fue así porque a través de ellos el mismo universo testificaba que Jesús era el Hijo de Dios que se levantaría de la muerte porque por medio de su obra expiatoria había vencido a Satanás.