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sábado, 30 de mayo de 2020

¡Ay de los que cierran la puerta del reino de los cielos! (Mateo 23:13)


“Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando”.

Mateo 23:13

 

INTRODUCCIÓN

              Llegamos a la segunda sección en la que podemos dividir este capítulo, la sección de los 7 ayes sobre los escribas y fariseos. Este capitulo se caracteriza por presentarnos la amonestación que Jesús les hace a los escribas y fariseos por su hipocresía religiosa, y en la primera sección que corresponden los versículos que van del 1 al 12, el Señor le dice al pueblo que todo lo que los fariseos y escriban les enseñen de la ley de Dios lo pongan por obra, pero que no hagan conforme a sus obras, porque ellos decían y no hacían, y de igual forma les exhorta a no buscar el reconocimiento humano y usar la religión para ser vistos por los demás hombres, antes deben ser humildes. Ahora el Señor expresara su descontento a las actitudes de estos hombres religiosos a través de siete ayes, los cueles anuncian el terrible juicio que estos experimentaran por la dureza de su corazón e hipocresía.

 

Ay-fariseos-hipócritas
¡Ay de los que cierran la puerta el reino de los cielos!

¡AY, ESCRIBAS Y FARISEOS HIPÓCRITAS!


“Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! ...”

Mateo 23:13

                El Señor es muy exclamativo en esta sección al expresar su descontento y desaprobación con respecto a la vida religiosa de los escribas y fariseos diciendo: ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Aquí sobresalen dos palabras, la primera es la exclamación ¡ay!, la cual se traduce de la palabra griega ouaí (οὐαί), la cual es una palabra difícil de traducir ya que esta transmite la idea no solo de indignación, sino también de dolor y tristeza por lo que vendrá sobre las personas sobre las cuales se lamenta. Cuando Jesús dice: ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, expresa su indignación y dolor por las cosas que estos hombres hacían, así como también anuncia las terribles consecuencias de castigo que viene sobre las vidas de los mismo por actuar así. De igual forma, el Señor les llama a estos hombres religiosos hipócritas. La palabra hipócrita proviene del griego jupokrités (ὑποκριτής), la cual era un termino que se les solía dar a los actores griegos que participaban en obras en un teatro. Estos salían con una máscara, fingiendo ser un personaje que no eran, solo actuaban para el público, y así eran estos escribas y fariseos para Jesús, eran hipócritas que solo vestían una mascara de piedad y actuaban como si fueran hombres de Dios, pero al final, todo era eso nada más, una actuación, y por ello el Señor les recrimina su falsedad. Esta palabra “hipócritas” será usada muy a menudo por Jesús durante la acusación que realizará sobre estos religiosos, mostrando la severidad de sus palabras y la indignación que sentía ante estos religiosos hipócritas.

 

¡AY DE LOS QUE CIERRAN LA PUERTA DEL REINO DE LOS CIELOS!

 

“Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando”.

Mateo 23:13

                  Aquí está la razón del primer ay: porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando. Estos hombres hipócritas, en lugar de ser los que condujeran al pueblo para que entraran al reino de Dios, se los impedían, y el problema era que ni ellos entraban y ni dejaban que otros lo hicieran. Estos hombres no entraban por la puerta que conducía a la salvación porque vivían su religión de manera hipócrita, solo para ser vistos por los hombres y no para buscar la misericordia de Dios, y a parte de ello no les enseñaban el camino de vida eterna al pueblo, al contrario, los hacían tropezar por su mal ejemplo e hipocresía. Por ello, en el libro de Malaquías, el Señor recrimina la actitud de los sacerdotes, los cuales eran los responsables de enseñar la ley de Dios al pueblo, para que estos aprendieran a temer a su Señor, pero en lugar de ello fueron piedras de tropiezo: “Porque los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría, y de su boca el pueblo buscará la ley; porque mensajero es de Jehová de los ejércitos. Más vosotros os habéis apartado del camino; habéis hecho tropezar a muchos en la ley; habéis corrompido el pacto de Leví, dice Jehová de los ejércitos”, (Malaquías 2:7-8). En el libro de Malaquías se nos dice como estos sacerdotes habían sido piedras de tropiezo en el camino del pueblo, su mal testimonio, la forma inapropiada de como preparaban los sacrificios, su falta de celo espiritual por las cosas de Dios y su gran indiferencia al oficio al cual habían sido llamados produjo una terrible indiferencia espiritual en el pueblo. Por tanto, el pecado de estos escribas y fariseos era terrible delante de Dios, porque en lugar de enseñarle el camino de verdad a la gente a través de la palabra de Dios, estos cerraban la oportunidad para ello siendo piedras de tropiezo: “¡Ay de vosotros, intérpretes de la ley! porque habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban se lo impedisteis”, (Lucas 11:52). En la Biblia se advierte del terrible destino que les espera a aquellos que sean piedra de tropiezo. Jesús hablo del terrible fin de aquellos que hicieran tropezar a un niño: “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. ¡Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!”, (Mateo 18:6-7). El apóstol Pedro hablo de como los falsos maestros que apartan con engaño a muchos indoctos atraerán sobre si mismos perdición: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme”, (2 Pedro 2:1-3). Por ello, lo peor que estas personas que se pierden pueden hacer es hacer que otras también se pierdan en la misma condenación, su castigo eterno será terrible en gran manera.

                 Sin embargo, el Señor desea que todo hombre se salve a través de reconocer a Jesús como el Señor de su vida y en esto consiste el mensaje del evangelio, son la buenas nuevas de salvación y nosotros, los que hemos conocido al Señor, debemos esforzarnos por compartir este mensaje de salvación y conducir a otros a los pies de Cristo, por ello Santiago dice: “Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados”, (Santiago 5:19-20). Y en proverbios se nos dice que el que gana un alma es sabio: “El fruto del justo es árbol de vida; y el que gana almas es sabio”, (Proverbios 11:30). Por tanto, nosotros seamos sabios y compartamos nuestra fe a través de la palabra de Dios y un buen testimonio que respalde nuestras palabras y que inspiren a otros para conocer el evangelio; pero ay de aquellos que, en lugar de eso, estando en estado de condenación eterna, conduzcan también a otros a este mismo destino inexorable. Seamos nosotros luz en este mundo de tinieblas.

 

lunes, 25 de mayo de 2020

Una religión que hace buenas obras para ser vista (Mateo 23:5-12)



“Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí. Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”.
Mateo 23:5-12

INTRODUCCIÓN


            Continua el discurso de acusación de Jesús hacia los fariseos y escribas, los cuales solo se preocupaban por vivir una religión de apariencias e hipocresía. Ahora, en estos versículos, el Señor les recrimina su hipocresía, ya que todo lo que estos hombres hacían en su religión, lo hacían no por devoción a Dios y amor al prójimo, sino para ser vistos por los hombres y ser considerados como grandes religiosos. Esta es el tipo de religión acostumbrada a medir la santidad o consagración de una persona por medio de aspectos exteriores, una religión que tiene obras, pero son obras que se hacen en publico para recibir el aplauso y reconocimiento humano. No olvidemos que Jesús se encuentra en su ultima semana de ministerio, y definitivamente, después de que nuestro Señor realice todas sus acusaciones a sus adversarios, el odio a su persona se va a intensificar y desencadenará que estos hombres busquen la forma de capturarlo para su crucifixión.



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Una religión que hace buenas obras para ser vista 


UNA RELIGIÓN QUE HACE BUENAS OBRAS PARA SER VISTOS POR LOS DEMÁS


“Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí”.
Mateo 23:5-7

              Aquí tenemos la típica religión que hace buenas obras no para agradar a Dios, sino, para ser visitos por los hombres y que estos las elogien: Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Tanto los fariseos y escribas fueron fundados en su principio por un buen propósito, y ambos hicieron cosas a favor de la fe judía. Por ejemplo, los fariseos fueron fundados con el propósito de guardar celosamente la ley de Jehová y abandonar la idolatría ya que anteriormente, tanto Israel como Judá fueron naciones idolatras, y esta idolatría los llevo al cautiverio por encender la ira de Dios. Pero después del cautiverio y específicamente en el periodo inter-testamentario, este grupo fue exitoso en hacer que los judíos jamás volvieran a los ídolos. De igual forma los escribas, y ya lo vimos con Esdras, quien se dedicó a preservar y enseñar los estatutos de la ley divina al pueblo. Así que podemos decir que al principio el propósito por el cual se fundaron estos dos movimientos fue bueno, y de hecho hicieron cosas buenas, pero con el tiempo se perdió el verdadero espíritu por el cual se fundaron y se volvió solo una religión de apariencias. Por eso en el sermón del monte Jesús exhorta a sus discípulos ha no hacer las obras de estos hombres para ser vistos por los demás: “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos”, (Mateo 6:1), así, por ejemplo, estos fariseos daban limosnas no porque amaban a los pobres, sino porque querían que los demás hombres viesen su supuesta generosidad: “Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa”, (Mateo 6:2). También, los fariseos solían hacer grandes oraciones a voz de cuello en las plazas para que la gente se sorprendiera de su gran elocuencia y no para hablar con Dios: “Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa”, (Mateo 6:5). También estos demudaban el aspecto de su rostro para que los demás hombres viesen que estaban ayunando: “Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa”, (Mateo 6:16). Esta forma, estos religiosos hacían sus justicias para ser vistos por los hombres y en estos versículos de Mateo 23 nuestro Señor les recrimina exactamente lo mismo.


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Fariseo con filacterias

              Les dice: Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí. En primer lugar, ensanchaban sus filacterias. Las filacterias eran pequeñas cajitas que se sujetaban con correas de cuero al brazo izquierdo y a la cabeza mientras se hacían oraciones y, en estas cajitas colocaban fragmentos de rollos donde estaban escritas textos de la ley de Dios y lo hacían porque tomaban literalmente un texto de Éxodo: “Y te será como una señal sobre tu mano, y como un memorial delante de tus ojos, para que la ley de Jehová esté en tu boca; por cuanto con mano fuerte te sacó Jehová de Egipto”, (Éxodo 13:9). Sin embargo, estos hombres ensanchaban sus filacterias, es decir, hacían las cajas lo mas grande posible como para que los hombres los viesen y se admiraran de como la palabra de Dios estaba delante de sus ojos, aunque todo era pura apariencia porque la palabra no se guarda en una cajita sino en el corazón. En segundo lugar, estos fariseos extendían los flecos de sus mantos. Durante el momento de oración los judíos varones acostumbraban a usar un manto con el cual se cubrían la cabaza, y en este manto tenían en sus cuatro esquinas cordones o flecos que se extendían y eran un símbolo del cumplimiento de los preceptos divinos y exhortación al pueblo de cumplir la palabra de Dios. Esta costumbre estaba de acuerdo con una orden de Dios dada en el Pentateuco: “Habla a los hijos de Israel, y diles que se hagan franjas en los bordes de sus vestidos, por sus generaciones; y pongan en cada franja de los bordes un cordón de azul. Y os servirá de franja, para que cuando lo veáis os acordéis de todos los mandamientos de Jehová, para ponerlos por obra; y no miréis en pos de vuestro corazón y de vuestros ojos, en pos de los cuales os prostituyáis”, (Números 15:38-39). Es por ello de que venían estos hombres y extendían sus flecos mas halla de lo normal para que la gente se admirara de como ellos vivían de acuerdo con la palabra, no obstante, la verdadera obediencia a la palabra de Dios se mide por la obediencia a la misma y no por vestir o portar accesorios externos. En tercer lugar, estos hombres amaban los primeros asientos en las cenas y las primeras sillas en las sinagogas. Cuando se realizaban banquetes, los anfitriones solían sentar al principio a las personas mas distinguidas, por ello, a estos hombres que amaban ser reconocidos por los demás les gustaba estar al principio de la fila, sentados, para que la gente que llegaba los viese ocupando los primeros lugares, y lo mismo hacían en las sinagogas, estos fariseos y escribas se peleaban por estar sentados en las primeras sillas ya que se consideraban a si mismos diferentes al pueblo y les gustaba recibir la admiración de ellos. En cierta ocasión Jesús exhorto a sus discípulos a no buscar los primeros lugares en las fiestas, ya que esto era costumbre entre estos hombres religiosos: “Observando cómo escogían los primeros asientos a la mesa, refirió a los convidados una parábola, diciéndoles: Cuando fueres convidado por alguno a bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más distinguido que tú esté convidado por él, y viniendo el que te convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a éste; y entonces comiences con vergüenza a ocupar el último lugar. Mas cuando fueres convidado, ve y siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces tendrás gloria delante de los que se sientan contigo a la mesa. Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido”, (Lucas 14:7-11). Estos hombres amaban que los demás los viesen sentados en las primeras posiciones para que los demás los reconociesen como personas de gran importancia, estaban mas preocupados por su propia gloria que por la gloria de Dios. En cuarto lugar, estos hombres amaban que las personas los saludaran en las plazas. Definitivamente estos fariseos y escribas estaban tan preocupados por su prestigio y que la gente reconociese su nivel superior dentro de la religión que no toleraban que la gente no los saludara como grandes en las plazas. Finalmente, estos fariseos y escribas amaban las que los hombres los llamasen rabí. La palabra rabí era un título asignado a los sabios o maestros de la ley, por tanto, esto nos enseña que estos hombres eran amantes de títulos, de reconocimientos, deseosos de ser vistos por los hombres y ser considerados ante ellos como grandes religiosos, al final, todo lo hacían no por amor a Dios o al prójimo, sino para ser vistos y aplaudidos por el pueblo, pero el Señor desaprueba esto y los acusa públicamente. Como cristianos debemos cuidarnos de no permitir que estas actitudes se apoderen de nosotros ya que hoy en día, lamentablemente, existen hombres amadores de sí mismos, lo cual es una característica de los falsos maestros de estos postreros días: “Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios”, (2 Timoteo 3:2-4). Estos hombres vanagloriosos hoy en día se adjudican títulos con el fin de hacer visible su supuesta grandeza, se llaman a sí mismos apóstoles, o profetas, o iluminados, o ungidos; hablan de como Dios los ha dotados de grandes dones que nadie mas posee, aman el vestir con ropas lujosas y que sus guardaespaldas los acompañen con gran pompa, pero de acuerdo con todo lo que hemos visto, el Señor no esta de acuerdo con todo esto.

LA HUMILLACIÓN QUE EXALTA


“Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”.
Mateo 23:5-12

               Estos fariseos y escribas habían pervertido el verdadero espíritu de la ley, y a través de su religión solo buscaban exaltarse a sí mismos, mostrándose delante de los hombres como grandes religiosos, cuando la verdad es que ellos mismo estaban lejos de cumplir la palabra de Dios. El Señor les enseña a sus discípulos que deben despojarse de toda arrogancia y altives, ya que estas actitudes pecaminosas están en contra de lo que Dios desea en sus hijos, al contrario, el que es hijo de Dios debe mostrar humildad y sencillez, y buscar siempre la gloria de Dios y no la suya propia. Para ejemplificar la importancia de la humildad el Señor se apoya de tres medios. El primero hace referencia a no amar los títulos con el fin de buscar la grandeza humana, y esto lo hace utilizando el método de repetición de tres ejemplos que llevan a la misma conclusión: Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. El Señor les dice que no busquen ser llamados rabí, o padre, o maestro, porque todos somos hermanos, coliguales y Cristo es nuestra cabeza. Los títulos que los hombres dan en esta tierra sirven para reconocer algún logro o responsabilidad que los hombres tienen en esta tierra, sin embargo, estos no deben se usados con el fin de buscar una gloria o creerse superior a los demás, antes de buscar que los hombres nos llamen por medio de algún título, lo mejor es poner por obras las evidencias de ese titulo a favor del reino de Dios. Si alguien desea ser llamado evangelista, bueno, antes de buscar estatus y fama por medio de ese título, debe evidenciar a través de sus obras, sin mayores palabras, que realmente es un evangelista poniendo en práctica sus dones y habilidades a favor de su prójimo y para gloria de Dios. Con el tiempo, la misma gente que ve sus obras le llamara evangelista, y así es para cualquier titulo que se le pueda otorgar al hombre, al final no olvidemos que los ministerios y posiciones en la iglesia están para servir y no servirse de la gente, y mucho menos para buscar la fama. Si hay un buen ejemplo de esto que estamos hablando es la vida de Jacobo, el medio hermano de Jesús. Su gran humildad se deja ver en el saludo que hace en su carta: “Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: Salud”, (Santiago 1:1). Su humildad y sencillez es notoria, ya que Santiago no hace referencia a su linaje, no se presenta como el medio hermano de Jesús, ni tampoco como el líder de la iglesia en Jerusalén, solamente se presenta como el siervo de Dios y del Señor Jesucristo. Si uno estudia la vida de Santiago se puede dar cuenta que era un hombre que tenia de que jactarse, como Pablo dice, fue uno de los lideres principales en la iglesia de Jerusalén: “Y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión”, (Gálatas 2:9). Su influencia sobre la iglesia era tanta que fungió como intermediario en la discusión que tuvieron en el concilio de Jerusalén en cuanto a si se les debía exigir a los creyentes gentiles obedecer la ley (Hechos 15:13-22). El historiador Flavio Josefo y algunos autores judíos hablan de la gran estima que gozaba Santiago por parte de los habitantes de Jerusalén, especialmente de los pobres. Esta influencia se deja ver también cuando Pablo fue atendido por los principales líderes de la iglesia de Jerusalén: “Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanos nos recibieron con gozo. Y al día siguiente Pablo entró con nosotros a ver a Jacobo, y se hallaban reunidos todos los ancianos; a los cuales, después de haberles saludado, les contó una por una las cosas que Dios había hecho entre los gentiles por su ministerio”, (Hechos 21:17-19). Si nos damos cuenta, el relato que Lucas hace pone a Jacobo, es decir, Santiago, como el líder principal seguido de los demás ancianos. Por tanto, Santiago, o Jacobo, según su nombre hebreo, llego a ser un gran líder en la iglesia en Jerusalén, considerado un apóstol de acuerdo con la tradición, pero nada de esto resalta al momento de presentarse en su carta universal, sino que se hace llamar siervo de Dios y del Señor Jesucristo. Lo cierto es que Dios mismo lo exalta a través del testimonio que gozo delante de la iglesia y su carácter piadoso era intachable, pero nunca hizo alarde de eso. En segundo lugar, el Señor les enseña a sus discípulos la importancia de la humildad a través de crear en ellos la actitud de siervos, es decir, aprender a ver a los demás como sus superiores: El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Este pensamiento ayuda mucho a no olvidar que somos seres finitos y que, si tenemos dones o habilidades que nos hacen destacar arriba de los demás, o si hemos alcanzado logros que tal vez otros no lo tienen, no es porque seamos superiores, sino por la gracia de Dios actuando en nosotros. En el evangelio el Señor desea que cada uno de nosotros ponga al servicio de los demás sus dones y habilidades, y esto se hace entendiendo que estos serán usados, no para sacar provecho de los demás, sino para servicio del pueblo. Juan el apóstol solía repudiar la actitud de aquellos creyentes que querían ponerse por encima de los demás usando su supuesta autoridad: “Yo he escrito a la iglesia; pero Diótrefes, al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos, no nos recibe. Por esta causa, si yo fuere, recordaré las obras que hace parloteando con palabras malignas contra nosotros; y no contento con estas cosas, no recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos se lo prohíbe, y los expulsa de la iglesia”, (3 Juan 1:9-10). Como cristianos no debemos olvidar que estamos llamados a ser siervos de Dios y esto implica poner nuestros dones y habilidades a favor de los demás. Finalmente, Jesús recalca la importancia de la humildad haciendo notorio que aquellos que así hagan serán exaltados por Dios: Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. Contrario a lo que piensa el mundo, la verdadera humildad, lejos de hacer ver mal o menospreciada a una persona, la exalta; mientras que aquellos que busca su propia exaltación son humillados.

              Estos escribas y fariseos usaban la religión para exaltarse a si mismos, amaban ser reconocidos y ser tenidos por grandes hombres de Dios entre el pueblo; pero el Señor nos enseña que esta no es la voluntad de Dios, y que el verdadero espíritu del evangelio se encuentra en una persona humilde, en alguien que reconoce que no tiene méritos por los cuales pueda ganarse la vida eterna, que esta consciente de los dones y habilidades que Dios le ha otorgado, pero no los usa para buscar su propia gloria, sino la del Señor y que vive para servirle a Dios y a su pueblo.







domingo, 17 de mayo de 2020

Una religión de pesadas cargas (Mateo 23:1-4)



“Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas”.
Mateo 23:1-4

INTRODUCCIÓN


             Continuamos el estudio a través de este maravilloso evangelio que Mateo escribió y hoy llegamos al capítulo 23 el cual contiene las denuncias y amonestaciones que Jesús realiza en contra de los fariseos y escribas. No olvidemos que los escribas y fariseos en su mayoría fueron enemigos de nuestro Señor durante el tiempo de su ministerio y como tales representaban los principales líderes religiosos de su tiempo. El capítulo en sí se puede dividir en tres partes, la primera es la observación de Jesús a una religión hipócrita que cargaba a las personas de pesadas cargas que sus líderes no querían mover (Mateo 23:1-12), luego, la segunda división consiste en los siete ayes de Jesús (Mateo 23:13-36), y finalmente, la tercera división corresponde al lamento de Jesús por Jerusalén (Mateo 23:37-39). Este discurso parece haber sido dado por Jesús en el templo, ya que en el próximo capitulo se nos dice que se retiró de él: “Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo”, (Mateo 24.1), y de igual forma, algunos opinan que el día en el que nuestro Señor les dirigió estas palabras era martes. No olvidemos que Jesús se encuentra en su última semana de ministerio. Hoy iniciaremos estudiando los primeros 4 versículos.

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Una religión de pesadas cargas


LA CÁTEDRA DE MOISÉS


“Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos”.
Mateo 23:1-2

              Este discurso es dirigido a dos de los grupos religiosos importante en Judá en el tiempo de Jesús, los escribas y fariseos. Los escribas eran un grupo cuyo origen se rastrea hasta el mismo sacerdote Esdras, al cual se le considera uno de los más ilustres escribas: “Este Esdras subió de Babilonia. Era escriba diligente en la ley de Moisés, que Jehová Dios de Israel había dado; y le concedió el rey todo lo que pidió, porque la mano de Jehová su Dios estaba sobre Esdras”, (Esdras 7:6). Antes de Esdras, ya habían existido otros escribas que se dedicaban a transcribir la ley de Dios y a documentar la historia de los reyes de Israel, sin embargo, Esdras llevo este oficio a otro nivel. Esdras es descrito como un escriba diligente en la ley de Moisés, y la Nueva Versión Internacional de la Biblia lo traduce como un maestro muy versado en la ley de Dios: “Este Esdras llegó de Babilonia. Era un maestro muy versado en la ley que el Señor, Dios de Israel, le había dado a Moisés. Gozaba de la simpatía del rey, y el Señor su Dios estaba con él”, (Esdras 7:6, NVI). Como Escriba, Esdras se dedicó no solo preservar la ley de Moisés y los profetas, sino también a enseñar sus estatutos en Israel: “Esdras se había dedicado por completo a estudiar la ley del Señor, a ponerla en práctica y a enseñar sus preceptos y normas a los israelitas”, (Esdras 7:10, NVI). Después de cumplidos los 70 años de cautiverio los judíos comenzaron a regresar a su nación, y Esdras se preocupó por estudiar las Sagradas Escrituras y enseñárselas para que el pueblo viviera de acuerdo a ellas. De hecho, de acuerdo con la tradición judía, se le atribuye a Esdras el haber preservado todos los libros del Antiguo Testamento que constituían la ley, los profetas y demás escritos, así como haberlos clasificado tal y como ahora se tiene en el canon hebreo. Por tanto, fue Esdras quien llevo este oficio a otro nivel que consistía no solo en realizar las copias fidedignas de la ley, sino en interpretar y enseñar sus estatus con el fin de instruir al pueblo judío en el correcto caminar con Dios. El otro grupo al cual el Señor le reprocha su hipocresía es a los fariseos, una secta de la cual ya en otras ocasiones hemos comentado y que su fin era vivir de acuerdo a la ley y los profetas, era una secta muy celosa de sus tradiciones y rigurosa en sus normas religiosas. El objetivo con el cual se creó esta secta fue bueno al principio ya que después de sufrir las consecuencias de haber abandonado la ley de Dios y haber pasado 70 años exiliados de su nación, se determinó fundar un grupo que fomentara el vivir de acuerdo a la ley de Moisés y los profetas, sin embargo, en función de este fin, la secta se perdió tratando de introducir una serie de normas que ayudaban al cumplimiento de los mandamientos y preceptos de Dios. Así llegaron a establecer cientos de normas relacionadas al lavatorio de manos, el no trabajar en el día de reposo y una serie de prácticas religiosas que hacían más por ser vistos que por servirle a Dios. Estos hombres eran los responsables de enseñarle al pueblo la ley de Dios y por ello se sentaban en la cátedra de Moisés en las sinagogas: En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos.

Catedra
Cátedra de Moisés en medio de las ruinas de una sinagoga
                La cátedra de Moisés se traduce de las palabras griegas καθέδρα Μωσεύς (kazédra Moseús), y una cátedra era la silla donde el maestro de la ley se sentaba a enseñarle a los judíos. Los judíos acostumbraban reunirse en las sinagogas el día de reposo, es decir, el sábado. Cuando el momento de leer las escrituras llegaba, el encargado de la sinagoga le otorgaba la oportunidad a un maestro el cual se levantaba de donde estaba sentado junto al pueblo, y de pie leía la parte de las escrituras del rollo de las Escritura que le daban, luego venia, y lo enrollaba, y se lo entregaba al encargado de la sinagoga, y sentándose en la catedra, comenzaba a explicar el significado de lo que había leído. Esta costumbre la podemos ver en el evangelio según Lucas donde Jesús entra a una sinagoga en el día de reposo: “Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”, (Lucas 4:14-21). Aquí vemos como el Señor entró en la sinagoga en el día de reposo, según la costumbre de los judíos, y dice el texto que se levantó a leer, porque estaba sentado junto con todo el pueblo, luego, puesto de pie, leyó el rollo del profeta Isaías y un texto de Isaías 61, al terminar de leerlo, le devuelve el libro al ministro, y se vuelve a sentar, pero se sienta en una silla diferente, que era la silla del maestro, llamada la cátedra de Moisés, donde sentado, le explicaba e instruía al pueblo acerca de lo leído en la palabra de Dios. Por tanto, los escribas y fariseos tenían un gran privilegio y responsabilidad, ya que ellos eran los que tenían que sentarse en la cátedra de Moisés para enseñarle al pueblo la ley del Señor, para que estos las comprendiesen y la pusiesen por obra.

UNA RELIGIÓN QUE CARGA A SUS MIEMBROS


“Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas”.
Mateo 23:3-4

               En estos versículos el Señor valida que la enseñanza que estos hombres daban de las Escrituras eran verdaderas y por tanto, tenían que guardarlo en su corazón y obedecerlo: “Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo. Sin embargo, Jesús señala el pecado de estos lideres religiosos que enseñaban la palabra de Dios, pero la violaban de tres formas diferentes. El primer pecado de estos líderes religiosos era enseñar la ley, pero no la ponían por obra, es más, sus obras eran contrarias a lo que enseñaban: mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. Este es un error y pecado terrible de muchos predicadores hoy en día, ellos predican un evangelio de salvación, pero sus obras privadas son contrario a lo que predican, dan consejos acertados para la vida de acuerdo a la Biblia, pero ellos no la ponen por obras, ofrecen el camino de salvación por el cual algunas personas entran, pero ellos no caminan por él y, por tanto, su alma se pierde, mientras muchos de los que lo oyen hereda la vida eterna y por ello, Charles Spurgeon, hablando del cuidado que el ministro debe tener de sí mismo, dice que la primera cosa que este debe asegurarse es de ser salvo y hallarse en el camino de salvación, porque: “Perderse bajo la sombra de un púlpito, es cosa muy terrible, ¡pero lo es mucho más perecer desde el púlpito mismo!”.  Por eso el apóstol Pablo amonestaba a aquellos judíos que se jactaban delante de los gentiles de ser mejores que ellos porque conocían la ley, pero de que servía conocerla si no la ponían en práctica, en tal caso ambos grupos estaban bajo la misma condición de condenación eterna: “He aquí, tú tienes el sobrenombre de judío, y te apoyas en la ley, y te glorías en Dios, y conoces su voluntad, e instruido por la ley apruebas lo mejor, y confías en que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas, instructor de los indoctos, maestro de niños, que tienes en la ley la forma de la ciencia y de la verdad. Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿hurtas? Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras? Tú que abominas de los ídolos, ¿cometes sacrilegio? Tú que te jactas de la ley, ¿con infracción de la ley deshonras a Dios?”, (Romanos 2:17-23). El segundo pecado de estos lideres religiosos era cargar al pueblo con una serie de tradiciones y normas religiosas que se volvían cargas insoportables que lejos de traer paz al corazón de los judíos, traían pena y desolación: Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres. Israel intento vivir de acuerdo a la ley, pero por la dureza de su corazón y su naturaleza pecaminosa, les fue imposible hacerlo de acuerdo a ella, pero los fariseos y escribas habían llevado esto al máximo de sus posibilidades, porque a la ley de Dios le habían incluido una serie de normativas que no tenían nada que ver con la verdadera ley y lo que hacían eran producir en ellos un yugo demasiado pesado para llevar. Por ejemplo, con respecto a guardar el día de reposo, que es el sábado, el mandamiento original prohibía trabajar ya que el propósito era apartar ese día para dedicarlo a la búsqueda de Dios: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo”, (Éxodo 20:8). La ley era sencilla y su verdadero espíritu era que el hombre pudiese apartarse ese día de sus quehaceres cotidianos, que no trabajase, que no llevase cargas pesadas y meditara en la ley divina. Sin embargo, vinieron estos hombres y a esta ley le incluyeron una serie de normativas que de acuerdo a la Mishná llegaban a no menos de 39, entre las normativas que habían establecido se prohibía que se llevaran zapatos clavados (porque el clavo era una carga), que un solo hombre cargara pan (se permitía que lo cargaran dos hombres), que se usara muleta, que la mujer cargara bolsa, que llevara aguja en la ropa, y aun discutían si era lícito llevar pierna de madera. Así por cada mandamiento y precepto de la ley podemos imaginarnos la innumerable cantidad de normativas que anexaron lo cual provocaban una enorme carga en los hombres. El tercer pecado de estos escribas y fariseos era que estas pesadas cargas que imponían a su gente, ellos no las querían mover ni siquiera con un dedo: pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. Estos hombres habían hecho de la religión judía una pesada carga de normativas que lejos de acercar al hombre con Dios los alejaba de Él, porque ponían demasiado difícil el camino que se tenía que llevar, pero lo peor de todo es que estos lideres religiosos obligaban a la gente a ir por este camino con pesadas cargas, pero ellos no lo hacían. Hoy en día vemos como algunos lideres espirituales hacen lo mismo con su gente, les exigen muchas cosas, pero ellos no son ejemplo de ello, ejercen señorío sobre la gente como si ellos fuesen sus jefes, cuando la Biblia enseña que los pastores deben apacentar el rebaño siendo ejemplo en lo que hacen: “Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria”, (1 Pedro 5:1-4). De igual forma, Pablo le dice a Timoteo que se esfuerce en ser ejemplo en todo, ya que este es el liderazgo que la iglesia necesita: “Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza”, (1 Timoteo 4:12).

                De estas tres formas, con lideres que enseñaban, pero no hacían, que ponían pesadas cargas a los hombres y que ellos no querían mover ni siquiera con un dedo, hacían de la religión una pesada carga que lejos de acercar al pueblo a Dios los alejaba. Sin embargo, el verdadero evangelio tenía como propósito liberar al hombre de todas estas pesadas cargas, por eso Pablo enseñaba la salvación por fe y no por obras, una fe que descansa en lo que Jesús ya hizo, esta verdad trae paz a nuestro corazón y con la ayuda del Espíritu Santo a andar en sus preceptos, los cuales no son gravosos a nosotros, sino una delicia, y sobre todo, tenemos a Cristo, nuestro Maestro que no solo nos dice que debemos llevar nuestra cruz, sino Él ya lo hizo y va delante de nosotros siendo ejemplo e inspiración para nosotros.



sábado, 16 de mayo de 2020

El diluvio viene sobre el mundo entero (Génesis 7:11-24)



“El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo, a los diecisiete días del mes, aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas, y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches. En este mismo día entraron Noé, y Sem, Cam y Jafet hijos de Noé, la mujer de Noé, y las tres mujeres de sus hijos, con él en el arca; ellos, y todos los animales silvestres según sus especies, y todos los animales domesticados según sus especies, y todo reptil que se arrastra sobre la tierra según su especie, y toda ave según su especie, y todo pájaro de toda especie. Vinieron, pues, con Noé al arca, de dos en dos de toda carne en que había espíritu de vida. Y los que vinieron, macho y hembra de toda carne vinieron, como le había mandado Dios; y Jehová le cerró la puerta. Y fue el diluvio cuarenta días sobre la tierra; y las aguas crecieron, y alzaron el arca, y se elevó sobre la tierra. Y subieron las aguas y crecieron en gran manera sobre la tierra; y flotaba el arca sobre la superficie de las aguas. Y las aguas subieron mucho sobre la tierra; y todos los montes altos que había debajo de todos los cielos, fueron cubiertos. Quince codos más alto subieron las aguas, después que fueron cubiertos los montes. Y murió toda carne que se mueve sobre la tierra, así de aves como de ganado y de bestias, y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, y todo hombre. Todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices, todo lo que había en la tierra, murió. Así fue destruido todo ser que vivía sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, los reptiles, y las aves del cielo; y fueron raídos de la tierra, y quedó solamente Noé, y los que con él estaban en el arca. Y prevalecieron las aguas sobre la tierra ciento cincuenta días”.
Génesis 7:11-24

INTRODUCCIÓN


                    Llegamos a otro de los grandes relatos del libro de Génesis, la narración del diluvio universal que vino sobre el mundo antiguo. El diluvio universal ha sido desmentido por algunos hombres llamados así mismos hombres de ciencia, otros han tratado de mitigar su impacto mundial diciendo que se trataron de inundaciones locales que no abarcaron todo el mundo; sin embargo, tenemos el relato de la Biblia que es veraz de que esto realmente existió, a parte, de las evidencias científicas que pueden corroborar que esto realmente ocurrió. Estudiemos ahora pues estos maravillosos versículos que nos dan testimonio de lo que ocurrió y con esto estaríamos finalizando el capítulo 7 de este libro.


diluvio
El diluvio universal

EL DILUVIO UNIVERSAL


“El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo, a los diecisiete días del mes, aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas, y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches”.
Génesis 7:11-12

                 Por segunda vez el autor de este libro especifica la fecha en la cual el diluvio vino sobre todo el mundo entero: El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo, a los diecisiete días del mes. Si nos damos cuenta, fue a los 600 años de la vida de Noé, a los diecisiete días del segundo mes que vino el diluvio, y con esta precisión el autor quiere dejar clara la veracidad histórica de este evento cataclísmico que ocurrió a nivel mundial. El texto nos describe de una forma muy precisa cómo fue que ocurrió este diluvio a nivel mundial: aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas, y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches. Tres cosas fueron las que influyeron para que se diera el diluvio universal. En primer lugar, se nos dice que fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, es decir, las fuentes de aguas subterráneas fueron abierta posiblemente por un enorme terremoto que provocó que el agua fluyera hacia afuera de la tierra provocando grandes inundaciones. Podemos imaginarnos la terrible inundación que esto provoco, ya que las palabras “las fuentes del grande abismo”, nos sugieren que la parte subterránea de la tierra poseían enormes cantidades de agua que hoy se han convertido en los océanos que conocemos y que posiblemente provoco la separación de los continentes. En segundo lugar, se nos dice que: las cataratas de los cielos fueron abiertas, o sea, la cúpula de agua que rodeaba toda la tierra y producía un efecto cálido sobre todo el planeta para que las planta se rociaran con ese vapor, cayó sobre la tierra, y su efecto fue tal que eran cataratas de agua que cayeron aquel día. Cuando Dios creo la tierra, dejo esta cúpula de agua rodeando la tierra: “E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así”, (Génesis 1:7). Esta especie de capa de agua rodeando la tierra producía un clima cálido al principio de la creación, no existían partes frías o más calientes que otras, se provocaba una especie de vapor con el que se rociaban las plantas ya que no llovía, la presión atmosférica era mayor a la que hoy conocemos por lo que existía mejores condiciones para respirar y llenar rápido los pulmones, además de proporcionar una protección contra los rayos ultravioleta del sol, permitiendo así que la vida sobre el planeta fuera más longeva: “Y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese; porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra, sino que subía de la tierra un vapor, el cual regaba toda la faz de la tierra”, (Génesis 2:5-6). Finalmente, Dios hizo llover sobre toda la tierra durante 40 días: y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches. Estos tres factores fueron los que provocaron que la tierra se inundara y no quedase parte sin queda debajo de las aguas.

            Evidencias a favor del diluvio.


                La historia bíblica del diluvio a tratado de ser desmentida por algunos hombres que se consideran científicos, sin embargo, nosotros tenemos algunos argumentos para creer en la veracidad del relato bíblico. En primer lugar, el relato del diluvio universal es verdadero porque nuestro Señor Jesucristo dio testimonio de él, tal y como lo hace en Mateo 24:37-39 donde dice que su segunda venida será como en los días de Noé donde la gente no creyó hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos. En segundo lugar, la misma Biblia da testimonio de este, no solo en Génesis, sino en varios libros de ella. Por ejemplo, a parte del relato que encontramos en el libro de Génesis, en el Salmo se nos habla del diluvio: “Jehová preside en el diluvio, y se sienta Jehová como rey para siempre”, (Salmo 29:10). También en el libro de Isaías Dios recuerda los tiempos cuando inundo toda la tierra con el diluvio: “Porque esto me será como en los días de Noé, cuando juré que nunca más las aguas de Noé pasarían sobre la tierra; así he jurado que no me enojaré contra ti, ni te reñiré”, (Isaías 54:9). Y en el Nuevo Testamento, algunos autores de las cartas hicieron mención del diluvio (1 Pedro 3:20, 2 Pedro 2:5, 2 Pedro 3:5-6 y Hebreos 11:7). En tercer lugar, tenemos los cientos de historias similares que encontramos en varias culturas antiguas donde se relatan como el mundo fue destruido por agua y cómo fueron ayudados por los dioses ciertos personajes que se salvaron construyendo embarcaciones para tal fin. Es obvio pensar que dichos relatos guardan similitud porque se inspiraron en la historia bíblica. Así, por ejemplo, tenemos varias historias parecidas al relato bíblico, entre ellas podemos mencionar, el diluvio de Mesopotamia, donde el dios Enlil decide destruir a la humanidad con un diluvio porque le parecían muy ruidosos los humanos, pero otro dios advierte a Ziusudra quien se salva a través de una embarcación. En el Corán, el libro sagrado del islam, se narra la historia de Nuh quien fue salvo a través de un gran barco del gran del diluvio que vino sobre los hombres por su pecado de idolatría. También tenemos el relato del diluvio hindú, donde Vishnu en forma de pez se le aparece a Manu Vaivasvata el cual le advierte que la tierra estaba a punto de sufrir cambios y un diluvio venia, por lo que le pide que construya una gran embarcación donde debería salvarse el, con siete sabios, semillas de plantas y algunos animales. También tenemos la Gran Inundación de Gun-Yu, en China, la cual, según su mitología, duro al menos dos generaciones, y algunas personas lograron salvarse huyendo a las montañas más altas. De esta forma podemos encontrar historias similares al diluvio de la Biblia en las mitologías de diferentes culturas, como la griega, la maya, la azteca, la hawaiana, caldea, entre muchas más.

relatos-similares


Otra evidencia de carácter científica que apoya la historia bíblica del diluvio universal es la formación de fósiles. Un fósil son evidencias de actividad orgánica que quedaron preservados en rocas a través de un proceso de transformación química y física muy compleja. Hoy en día es casi imposible el poder presenciar que un organismo se fosilice debido que al morir el cuerpo que está en contacto con el exige de la atmósfera, entra en un estado de descomposición que deteriora la parte biológica, química y física del ser. La única manera de fosilizar el ser seria socavándolo en varias toneladas de tierra, bajo grandes cantidades de agua que provocara la ausencia oxígeno y las condiciones físico y químicas complejas para fosilizar el ser, lo cual puede ser una evidencia más que el diluvio realmente existió. Por tanto, el diluvio podría considerarse como un medio a través del cual se provocaron esas condiciones físicas y químicas complejas para que los fósiles se creasen. A parte de esto, los fósiles de algunos seres encontrados en desiertos o montañas altísimas son evidencia que esas partes fueron cubiertas de aguas. En la actualidad se han encontrado fósiles de peces en el desierto de Sahara y, no solo eso, sino también, fósiles de lo que fue la vida vegetal, animal y artefactos culturales y arte rupestre, lo cual es una evidencia más de que el diluvio inundo esas áreas que hoy son grandes desiertos. De hecho, en la parte del Medio Oriente, hoy ocupados por países como Irak, Irán, Egipto, entre otros, la mayor cantidad de fósiles que se encuentran están concentrados, así como son naciones rodeadas por desiertos y ricas en petróleo, ya que este se obtiene de los fósiles, lo cual indica lo poblado que fueron estos países y la enorme vida vegetal y animal que tuvieron. Esto vendría a corroborar el relato del Génesis que la vida se inició en el Medio Oriente al igual que corrobora la veracidad histórica del diluvio universal. Todo esto viene a ser una prueba de que el diluvio universal realmente paso. Nosotros como cristianos hemos creído en este libro maravilloso y, por tanto, creemos en la veracidad histórica del diluvio el cual fue universal y que después de romperse las fuentes de agua subterráneas y ser abiertas las cataratas de los cielos hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches.

DIOS CERRÓ LA PUERTA


“En este mismo día entraron Noé, y Sem, Cam y Jafet hijos de Noé, la mujer de Noé, y las tres mujeres de sus hijos, con él en el arca; ellos, y todos los animales silvestres según sus especies, y todos los animales domesticados según sus especies, y todo reptil que se arrastra sobre la tierra según su especie, y toda ave según su especie, y todo pájaro de toda especie. Vinieron, pues, con Noé al arca, de dos en dos de toda carne en que había espíritu de vida. Y los que vinieron, macho y hembra de toda carne vinieron, como le había mandado Dios; y Jehová le cerró la puerta”.
Génesis 7:13-16

                  Después de siete días desde que Dios ordenó a Noé entrar en el arca, el diluvio vino sobre el mundo antediluviano: “Al cabo de los siete días, las aguas del diluvio comenzaron a caer sobre la tierra”, (Génesis 7:10), fue Noé y su familia los que entraron en el arca: En este mismo día entraron Noé, y Sem, Cam y Jafet hijos de Noé, la mujer de Noé, y las tres mujeres de sus hijos, con él en el arca; ellos. Y también entraron los animales que Dios le dijo a Noé que debían salvarse en el arca: y todos los animales silvestres según sus especies, y todos los animales domesticados según sus especies, y todo reptil que se arrastra sobre la tierra según su especie, y toda ave según su especie, y todo pájaro de toda especie. Vinieron, pues, con Noé al arca, de dos en dos de toda carne en que había espíritu de vida. Y los que vinieron, macho y hembra de toda carne vinieron, como le había mandado Dios. Y fue al séptimo día que el diluvio vino sobre la humanidad, pero es interesante considerar quién fue el que cerró la puerta del arca: y Jehová le cerró la puerta. Que claro que el tiempo de oportunidad que Dios le había dado a los hombres se había terminado y como consecuencia, el mismo Señor es el que cerró la puerta, no dando la posibilidad de que alguien la pudiese abrir. En muchas formas, el arca viene a ser un tipo de Cristo en la Biblia ya que, así como el arca era la única forma de salvarse del diluvio y su medio para entrar era una única puerta, así también, Jesús es el único camino a la vida eterna: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”, (Juan 14:6). Hoy en día el mensaje del evangelio anuncia la vida eterna a través de la fe en Cristo Jesús, sin embargo, muchos se niegan a creer, tal y como lo hicieron estos hombres antediluvianos de entrar por la única puerta que el arca tenía, sin embargo, el tiempo de oportunidad para ser salvos se terminó y la puerta fue cerrada por Dios y, ¿quién podía abrirla? En el libro de Apocalipsis, el Señor se describe a sí mismo como aquel que tiene la llave de David, el que abre puertas que nadie puede cerrar, y cierra puertas que nadie puede abrir: “Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre”, (Apocalipsis 3:7). Para el mundo contemporáneo la puerta sigue abierta y nadie podrá cerrarla hasta que el tiempo de gracia se termine; y de igual forma, el día que Dios la cierre, nadie podrá entrar por ella.

EL DÍA DEL JUICIO LLEGÓ


“Y fue el diluvio cuarenta días sobre la tierra; y las aguas crecieron, y alzaron el arca, y se elevó sobre la tierra. Y subieron las aguas y crecieron en gran manera sobre la tierra; y flotaba el arca sobre la superficie de las aguas. Y las aguas subieron mucho sobre la tierra; y todos los montes altos que había debajo de todos los cielos, fueron cubiertos. Quince codos más alto subieron las aguas, después que fueron cubiertos los montes. Y murió toda carne que se mueve sobre la tierra, así de aves como de ganado y de bestias, y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, y todo hombre. Todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices, todo lo que había en la tierra, murió. Así fue destruido todo ser que vivía sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, los reptiles, y las aves del cielo; y fueron raídos de la tierra, y quedó solamente Noé, y los que con él estaban en el arca. Y prevalecieron las aguas sobre la tierra ciento cincuenta días”.
Génesis 7:17-24

                       Finalmente, el diluvio vino sobre la tierra, y este duró 40 días en total: Y fue el diluvio cuarenta días sobre la tierra. En este tiempo, las aguas crecieron y alcanzaron el arca la cual provoco que esta flotara sobre la superficie de las aguas: y las aguas crecieron, y alzaron el arca, y se elevó sobre la tierra. Y subieron las aguas y crecieron en gran manera sobre la tierra; y flotaba el arca sobre la superficie de las aguas. Tal fue la inundación que se dio a la largo de estos 40 días que aun los montes más altos de aquel entonces fueron cubiertos: Y las aguas subieron mucho sobre la tierra; y todos los montes altos que había debajo de todos los cielos, fueron cubiertos. Quince codos más alto subieron las aguas, después que fueron cubiertos los montes. Noé hizo un cálculo sencillo al considerar que los montes más altos quedaron hundidos quince codos debajo del agua. No olvidemos que el arca media 30 codos de alto: “Y de esta manera la harás: de trescientos codos la longitud del arca, de cincuenta codos su anchura, y de treinta codos su altura”, (Génesis 6:15), y es posible que Noé vio que el arca se hundió aproximadamente a la mitad de su altura, lo cual equivale a 15 codos que son casi 7 metros de profundidad. De esta forma, Noé pudo haber determinado que las montañas más altas quedaron hundidas alrededor de 15 codos. Esta terrible inundación provoco la muerte de todo ser viviente, todo hombre, mujer, niño, anciano y bestias, todos perecieron en medio de este diluvio lo cual nos muestra lo terrible del juicio que vino sobre esta generación por causa de su pecado: Y murió toda carne que se mueve sobre la tierra, así de aves como de ganado y de bestias, y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, y todo hombre. Todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices, todo lo que había en la tierra, murió. Así fue destruido todo ser que vivía sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, los reptiles, y las aves del cielo; y fueron raídos de la tierra, y quedó solamente Noé, y los que con él estaban en el arca. Uno puede imaginarse la terrible escena, hombres y mujeres, niños y ancianos, todos corriendo, tratando de escapar a los montes mas altos, muchos gritando y pidiendo clemencia, algunos quizás golpeando el arca y pidiéndole a Noé que abriera la puerta, pero esta puerta ya no se podía abrir, porque Dios la cerró al cumplirse los días de gracia que Él les había dado, pero que desaprovecharon.


diluvio
Pintura de Leon Francois Comerre del diluvio

La famosa pintura de Leon Francois Comerre logra captar lo terrible y duro que fue este juicio que vino sobre esta humanidad desobediente, en el lienzo pintado se logra ver un grupo de personas que se han logrado refugiar en una colina alta, rodeados de una gran oscuridad que a lo mejor no estaban acostumbrados a presenciar, en medio de una terrible lluvia y aguas que poco a poco van subiendo, en medio de ellos hay cuerpos muertos flotando, mujeres abrazando sus niños ya muertos, hombres totalmente horrorizados y algunos animales arrimados a ellos en medio de esa desesperación. Lo más terrible debió ser la sensación de no escape que existía y la oportunidad de salvación que tuvieron y no aprovecharon. Ahora bien, ¿por qué vino este tan terrible juicio sobre la tierra? La respuesta es por la maldad. La Biblia decía que este mundo estaba hundido en toda clase de maldad y sus pensamientos eran de continuo solo el mal: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”, (Génesis 6:5). Cuando estudiamos la descendencia de Caín vimos como la poligamia, la violencia, el homicidio, el ver a las mujeres como objetos sexuales y rebeldía a Dios les caracterizaba. De igual forma, era una generación perdida en el pecado, totalmente despreocupados del juicio de Dios que podrían venir a ellos, ocupados en su vida cotidiana, totalmente ignorantes y desprevenidos de las señales que anunciaban por medio de Noé el fin de este mundo perverso: “La venida del Hijo del hombre será como en tiempos de Noé. Porque en los días antes del diluvio comían, bebían y se casaban y daban en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca; y no supieron nada de lo que sucedería hasta que llegó el diluvio y se los llevó a todos. Así será en la venida del Hijo del hombre. Estarán dos hombres en el campo: uno será llevado y el otro será dejado”, (Mateo 24:40). Por toda esta maldad e indiferencia espiritual vino este juicio ya que la paga del pecado es la muerte y hoy en día las cosas no son muy diferentes, hoy vivimos en un mundo perdido en pecados similares, en idolatrías, fornicaciones, adulterios, borracheras, hechicerías, robos, homicidios, homosexualidad, abortos, ateísmo y muchas maldades más. Sin embargo, la puerta de salvación esta abierta, y esta puerta se llama Jesucristo: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo…”, (Juan 10:9). Lamentablemente muchos no creen y piensan que sus maldades no los conducirán a su ruina y condenación eterna. Muchos hombres se burlan del mensaje del evangelio creyendo que el día del Señor está muy lejano o que ni siquiera se cumplirá porque la iglesia tiene años de venirlo proclamando, sin saber que lo que Dios está haciendo es dándoles el suficiente tiempo para arrepentirse antes que el día terrible del juicio venga sobre ellos: “Sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen, así como desde el principio de la creación. Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste, por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua; pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos. Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”, (2 Pedro 3:3-9). El Señor a determinado un día para dar inicio a lo que se conoce como la gran tribulación o el día del Señor en cual desatará terribles juicios sobre esta humanidad pecadora y en las Escrituras se nos describe cuán terrible será ese periodo: “Cercano está el día grande de Jehová, cercano y muy próximo; es amarga la voz del día de Jehová; gritará allí el valiente. Día de ira aquel día, día de angustia y de aprieto, día de alboroto y de asolamiento, día de tiniebla y de oscuridad, día de nublado y de entenebrecimiento, día de trompeta y de algazara sobre las ciudades fortificadas, y sobre las altas torres. Y atribularé a los hombres, y andarán como ciegos, porque pecaron contra Jehová; y la sangre de ellos será derramada como polvo, y su carne como estiércol. Ni su plata ni su oro podrá librarlos en el día de la ira de Jehová, pues toda la tierra será consumida con el fuego de su celo; porque ciertamente destrucción apresurada hará de todos los habitantes de la tierra”, (Sofonías 1:14-18). Quiera Dios que todos aprovechemos la oportunidad de salvación que hoy en día el Señor nos otorga y que entremos a la vida eterna a través de la puerta de salvación que se llama Cristo Jesús.

Aquella generación pereció anegada por el agua, llovió por 49 días y las aguas prevalecieron por 150 días en total: Así fue destruido todo ser que vivía sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, los reptiles, y las aves del cielo; y fueron raídos de la tierra, y quedó solamente Noé, y los que con él estaban en el arca. Y prevalecieron las aguas sobre la tierra ciento cincuenta días. Ahora, solo Noé, su familia y los animales que estaban con él en el arca se salvaron, y con ellos el Señor iba a iniciar un nuevo comienzo.