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domingo, 22 de septiembre de 2019

La Promesa del otro Consolador (Juan 14:15-17)


“Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros”.
Juan 14:15-17

INTRODUCCIÓN


              Entre sus últimas instrucciones a sus discípulos, nuestro Señor Jesucristo les esta compartiendo grandes promesas. Ya les prometió al principio de este capitulo que ira al Padre a prepararles una morada celestial, también acabamos de ver que les prometió que las obras que Él hacía, ellos también las harían, y aún mayores, además que todo lo que pidieran en su nombre, el Padre lo haría. Hoy nuevamente les hace otra gran promesa: La promesa de que les enviaría otro Consolador, el cual es el Espíritu Santo que el mundo no puede recibir y este les ayudaría a cumplir con la misión que nuestro Señor les encomendaría.


Otro-Consolador
La Promesa del otro Consolador

LA EVIDENCIA DEL AMOR


“Si me amáis, guardad mis mandamientos”.
Juan 14:15

                  Aquí nuestro Señor Jesús les dice a sus discípulos que, si ellos dicen amarlo, este amor se evidencia a través de la obediencia a su palabra. La verdadera evidencia de un corazón que ama a Dios es que este guarde sus mandamientos, guardarlos no por temor, sino porque le amamos, apartarnos del pecado, no por miedo al infierno, sino porque le amamos: “Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos”, (1 Juan 5:3). El verdadero amor es aquel que cumple la ley de Dios y aquel que vive en este amor no hace ningún daño a nadie, al contrario, agrada a Dios y respeta a sus semejantes en todo lo que hace, por ello Jesús dijo en cierta ocasión que los mandamientos mas importante eran aquellos que enseñan a amar a Dios y a su semejante: “Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”, (Mateo 22:35-40). Y así como la ley se resume en el amor, así el amor se demuestra a través de la obediencia de la ley, por eso los cristianos obedecemos la ley porque amamos a Jesús y esto al mismo tiempo es una evidencia de que hemos sido transformados por Él. Muchas religiones obligan a sus seguidores a obedecer los mandamientos como un medio de salvación, pero nosotros sus discípulos, lo hacemos porque le amamos.

LA PROMESA DEL OTRO CONSOLADOR


“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros”.
Juan 14:16-17

               Si amamos a Jesús, seremos sus verdaderos discípulos, y si somos sus discípulos podemos estar seguros de que no estaremos solos en este mundo ya que prometió rogarle al Padre para que nos enviara el otro Consolador: Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador. Es obvio que el otro Consolador es el Espíritu Santo el cual esta con nosotros desde el momento que nos convertimos a Dios. En este texto la palabra Consolador se traduce del griego parákletos (παράκλητος), la cual es una palabra difícil de traducir a nuestro idioma. Si uno revisa las diferentes versiones que existen de la Biblia se dará cuenta que esta palabra se ha traducido de diferentes formas. Por ejemplo, la RV60 y NVI lo traducen como Consolador, la versión “La Biblia de Nuestro Pueblo”, lo traduce como Defensor, la traducción Kadosh Israelita Mesiánica de Diego Ascunce lo traduce como Consejero, la Nueva Traducción Viviente lo traduce como Abogado Defensor, la Biblia Latinoamericana lo traduce como Protector, y otras mas hacen referencia a un ayudante. Lo cierto es que todas estas traducciones son buenas ya que el Parákletos es esto y más. La palabra parákleto era un término que se le daba a una persona que había sido asignada para estar al lado de alguien con el propósito de cuidarlo, defenderlo, instruirlo, aconsejarlo y en general, a ayudarlo en todo lo que necesita, y por ello, los parákletos eran una especie de abogados que ayudaban a sus clientes a defenderse delante de un jurado cuando eran acusados de algún delito. Aquí vemos la primera mención en este evangelio de recibir al Espíritu Santo, y según vemos una de sus finalidades era estar con nosotros para siempre: Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre. Que bueno es saber que los cristianos no estamos solos, Dios habita en nosotros a través de la tercera persona de la trinidad divina y las mismas Escrituras testifican que hemos venido a ser templo y morada del Espíritu Santo: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?”, (1 Corintios 6:19). Como un Parákleto, el Espíritu Santo ha sido llamado a estar a nuestro lado, a ser nuestro compañero y ayudador en todo lo que necesitamos. Jesús estaba a punto de partir, y esto entristecía mucho a sus discípulos porque ellos estaban acostumbrados a vivir con su Maestro, pero el Señor les dice, que no se preocupen, porque vendría el otro Consolador, que así como Él había estado con ellos, así el Espíritu Santo estaría con ellos y no los dejaría solos. De igual forma, hoy nosotros tenemos la constante presencia del Espíritu Santo el cual mora con nosotros y nos ayuda en todo lo que necesitamos. A este Consolador Jesús lo llama: el Espíritu de verdad, lo cual describe otra de las ayudas que el Espíritu Santo da al creyente: la iluminación para comprender su palabra. La comprensión de la palabra de Dios es a través de la ayuda del Espíritu Santo, por eso el hombre común no puede comprender las verdades espirituales de la Biblia: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”, (1 Corintios 2:14). Nosotros los cristianos somos privilegiados de conocer al Espíritu Santo porque el mundo es incapaz de sentirlo, porque no mora en ellos: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. Nuestro espíritu da testimonio a nuestro corazón que el Espíritu Santo mora en nosotros y que somos hijos de Dios, ya que Él es la arras, es decir, la garantía de nuestra salvación: “Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones”, (2 Corintios 1:22). La verdad es que los cristianos somos bienaventurados ya que el Señor no solo nos ha salvado, sino que ha enviado al Espíritu Santo para que esté con nosotros, habita en nuestro corazón y nos ayuda en nuestra vida cristiana, nos fortalece y guía a toda verdad, así como nos respalda con su poder en la realización de su obra. Su presencia en nosotros es un fuerte testimonio de nuestra salvación y por eso el mundo no le conoce, porque no lo tiene, pero gracias a Dios que Jesús ha enviado al otro Consolador para que este con nosotros en este peregrinar cristiano.
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domingo, 15 de septiembre de 2019

Poderosas Promesas (Juan 14:12-14)



“De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré”.
Juan 14:12-14

INTRODUCCIÓN


              Continuando con sus instrucciones personales a sus discípulos, llegamos a tremendas promesas, promesas que no solo fueron exclusivas para sus discípulos, sino para la iglesia. La verdad es que tenemos una gran bendición de tener estos versículos hoy en día, ya que nos presentan las ultimas palabras que Jesucristo dirigió a sus once apóstoles, esto sin duda, provee una gran fuente de riqueza espiritual para cada uno de nosotros que buscamos ser edificados por su palabra. Aquí encontramos una de las mas grandes y tremendas promesas que nosotros podemos tener, el pedir al Padre en su nombre, y ciertamente, esto es algo que ninguna religión tiene, ninguno de sus falsos dioses o lideres religiosos han hablado prometiendo semejantes promesas, promesas de poder que les permite a aquellos que creen, el hacer obras mayores a las que su propio Maestro hizo.


poderosas-promesas
Poderosas Promesas 


MAYORES OBRAS HARÁN


“De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre”.
Juan 14:12

               La verdad es que no ha existido un ministerio de mayor impacto que el de nuestro Señor Jesús. Desde que inicio su ministerio su fama se difundió por toda Galilea: “Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó. Y le siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán”, (Mateo 4:23-25). Como vemos aquí el ministerio de Jesús consistió en predicar el evangelio, enseñar las verdades espirituales y sanar a los enfermos, y a lo largo de este realizo muchas señales que confirmaron su deidad, y definitivamente, ningún otro profeta antes que Él llego a realizar grandes portentos. En la mente de los judíos se encontraban algunos hombres que Dios levanto y que gozaron de su respaldo, por ejemplo, tenemos a Moisés, el hombre que hablo directamente con Dios y realizo grandes portentos, azoto a Egipto con las 10 plagas, dividió las aguas del mar rojo para que Israel pasase al otro lado a salvo, hizo descender maná del cielo e hizo brotar agua de la roca; pero en esto Jesús no se quedo atrás, ya que como Moisés, el domino los elemento de la naturaleza al caminar sobres las aguas  (Juan 6:16-21) y calmar tempestades  (Mateo 8:23-27), aparte de que Él es el pan que descendió del cielo y que trae vida eterna  (Juan 6:35), de esta forma Jesús demostró ser superior a Moisés: “Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús; el cual es fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios. Porque de tanto mayor gloria que Moisés es estimado digno éste, cuanto tiene mayor honra que la casa el que la hizo. Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios. Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir; pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza”, (Hebreos 3:1-6). También tenemos a Josué, un hombre que gozo del respaldo de Dios para destruir naciones enteras y conquistar la tierra de Canaán, tanto así que incluso el sol y la luna le obedecieron cuando les mando que se detuvieran para terminar de conquistar a sus enemigos. Pero en todo, Jesús fue superior a Josué ya que este no logro que el pueblo entrare en el reposo de Dios, pero Jesús, quien conquisto el imperio de la muerte a través de su resurrección, trae el verdadero reposo para el creyente: “Si Josué les hubiera dado el reposo, Dios no habría hablado posteriormente de otro día. Por consiguiente, queda todavía un reposo especial para el pueblo de Dios; porque el que entra en el reposo de Dios descansa también de sus obras, así como Dios descansó de las suyas”, (Hebreos 4:8-10). De igual forma, tenemos el ministerio de Elías y Eliseo, que entre los milagros que realizaron, estaban la resurrección de muertos, pero Jesús no se quedó atrás, ya que las Escrituras testifican que Él resucito a la hija de Jairo (Mateo 9:18-26), al hijo de la viuda de Naín (Lucas 7:11-17) y a Lázaro  (Juan 11:38-44), y aún más, también Él resucito al tercer día y resucitara en el día postrero a todos aquellos que creen, algo que ni Elías y Eliseo no son capaces de hacer. De igual forma, Jesús en su estilo de predicación y enseñanza de las Escrituras superó a todos los profetas y aun al mismo Salomón, tanto que la gente se quedo maravillada de su autoridad al enseñar la palabra: “Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas”, (Mateo 7:28-29). En Mateo también se nos narra una jornada de milagros y portentos que Jesús realizo, lo cual supera en gran manera a todos los profetas y hombres que Dios haya levantado antes de Cristo, por ejemplo, tenemos la sanidad de un leproso (Mateo 8:1-4), la sanidad del criado de un centurión  (Mateo 8:5-13), la sanidad de la suegra de Pedro (Mateo 8:14-17), Jesús calma la tempestad (Mateo 8:23-27), la liberación de los endemoniados gadarenos (Mateo 8:28-34), la sanidad de un paralitico (Mateo 9:1-8), la resurrección de la hija de Jairo y la sanidad de la mujer con flujo de sangre (Mateo 9:18-26) y dos ciegos reciben la vista (Mateo 9:27-31). Estos solo son algunos milagros que nuestro señor Jesús realizo, y difícilmente podemos encontrar a otro líder religioso que pueda comparársele en señales y autoridad.

                Nos queda muy claro la superioridad de Cristo en cuanto a señales y autoridad, sin embargo, aquí nos esta dando una promesa poderosa y tremenda para todos los cristianos: De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre. Jesús promete que aquellos que crean en Él, las obras que hizo, harán, y mayores. De alguna manera, las obras de Cristo habrían de seguir a través de sus seguidores, y la iglesia primitiva creció gozando del respaldo del Espíritu Santo en todo lo que hacían: “Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón. De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos; más el pueblo los alababa grandemente. Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres; tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que, al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos. Y aun de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; y todos eran sanados”, (Hechos 5:12-16). A lo largo de la historia de la iglesia hemos visto como estas palabras se han cumplido y hombres sencillos pero de fe llevaron el evangelio a naciones paganas que experimentaron tremendos cambios, así tenemos a William Carey en la India, David Livingston en el África, David Brainerd en el norte de América, Hudson Tailor en el interior de la China, y así otros realizaron grandes obras evangelizadoras a donde fueron cambiando no solo a las personas sino sus aspectos culturales paganos que iban en contra de la palabra de Dios. También la iglesia a pasados por tremendos periodos de avivamientos, donde el evangelio ha impactado poderosamente a través de la predicación y obras de hombres de fe, tal y como ocurrió de John Wesley, Charles Spurgeon, Jonathan Edwards, D. L Moody, George Müller, entre otros. Hoy en día, nosotros, la iglesia, no debemos olvidar estas promesas, porque si creemos, esta promesa es también para nosotros: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre.

PEDID EN EL NOMBRE DE JESÚS

       
"Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré”.
Juan 14:13-14

      Aquí tenemos otra tremenda promesa que hace posible la anterior, pedir al Padre en el nombre de Jesús. Ciertamente Jesús prometió que su iglesia realizaría grandes obras, pero estas son posibles porque todas se hacen en el nombre de Jesús. Uno puede ver como los apóstoles sanaron enfermos en el nombre de Jesús: “Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda”, (Hechos 3:6). También Pablo echaba fuera demonios en el nombre de Jesús a tal punto que los hijos de Esceva intentaron imitarlo, pero fracasaron, porque esta promesa es solo para los cristianos: “Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo. Había siete hijos de un tal Esceva, judío, jefe de los sacerdotes, que hacían esto. Pero respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois? Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos”, (Hechos 19:13-16). De igual forma, hoy en día nosotros los cristianos podemos pedirle a Dios su respaldo y que nuestras peticiones vayan dirigidas en el nombre de nuestro Señor Jesús ya que esta es su promesa: Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.


sábado, 14 de septiembre de 2019

¿Es suficiente la gracia de Dios para salvarnos? (Efesios 2:8-9)



“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”.
Efesios 2:8-9

INTRODUCCIÓN


Este versículo es muy claro al decirnos que la salvación no depende de nada de lo que el hombre pueda hacer, y que la salvación es un don divino que se otorga por pura gracia. La palabra gracia es un término muy utilizado en el Nuevo Testamento y en términos generales, la gracia es el otorgamiento de Dios hacia el hombre de su favor, y este favor se deja ver en el don o regalo de la salvación. Por ser un regalo, la salvación es gratuita, pero a veces cuesta creer si la gracia es suficiente para salvar a un pecador, por eso algunos afirman que a parte de la gracia debe haber obras, o guardar los mandamientos del Señor, o permanecer dentro de una religión ya que fuera de ella no hay salvación; pero ¿quién tiene la razón? ¿Será que la gracia de Dios no es suficiente para salvarnos? veamos, porque ciertamente todo es por gracia.


Gracias-suficiente
¿Es suficiente la gracia de Dios para salvarnos?



                                I.            EL HOMBRE BUSCA LA FORMA DE SALVARSE A TRAVÉS DE LA RELIGIÓN.


En la actualidad existe la idea de que el hombre necesita trabajar para ganarse la salvación del alma, no es muy difícil creer que una persona malvada al morir se ira al infierno; pero si es difícil creer que aun el peor de los pecadores puede salvarse si tan solo cree y sin la necesidad de hacer obras. Por esta razón todas las religiones le enseñan al hombre la forma de como purgar sus pecados o contrarrestarlos, ya sea, practicando fielmente las ceremonias de sus religiones o realizando algunas obras que consideran parte de los que les salvara el día que lleguen a la presencia de Dios. Pero lo cierto es que es imposible que el hombre sea capaz de salvarse por sus propios medios debido a las siguientes razones:

1.       Porque su naturaleza es tendiente solamente a hacer el mal: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”, (Génesis 6:5).
2.       Porque no hay nadie capaz de cumplir todos los mandamientos de Dios debido a nuestra naturaleza pecaminosa: “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos”, (Santiago 2:10).
3.       Porque nuestras justicias no son suficientes para agradar a Dios: “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento”, (Isaías 64:6).

                             II.            RAZONES POR LAS CUALES LA GRACIAS DE DIOS ES SUFICIENTE.


“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”.

Aquí se nos dice que la salvación que Dios nos otorga es por gracia, y no por obra, pero ¿será acaso que la gracia es suficiente para salvar aun al peor de los pecadores? Definitivamente si, pero veamos algunas razones por las cuales afirmamos esto.

1.       Porque su misericordia es grande.


“¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados”.
Miqueas 7:18-19


Una de las razones por las cuales a las personas se les hace muy difícil creer que el hombre pueda salvarse sin la necesidad de hacer obras es porque entiende que su pecado es muy grande como para pasarlo por alto, pero no es así. Si una persona reconoce su maldad, su la incapacidad de salvarse a si mismo y le pide perdón a Dios, este es amplio en perdonarle porque su misericordia es grande, y tan grande es que una vez que perdona, no vuelve a acordarse de nuestros pecados. Las palabras gracia y misericordia están íntimamente relacionadas. El Dr. Leman Strauss solía definirlos de la siguiente manera. Misericordia es no recibir lo que, si merecíamos, y gracia es recibir lo que no merecemos. Por nuestros pecados merecíamos el castigo eterno, pero no lo recibimos, y la salvación es algo que no merecemos, pero el Señor la otorga, todo esto, siempre y cuando el hombre se arrepienta de corazón: “De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado”, (Daniel 9:9).
 

2.       Porque para Dios no hay nada imposible.


“Porque nada hay imposible para Dios”.
Lucas 1:37

La segunda razón del por que la gracia de Dios es suficiente para salvar al hombre, aun cuando se trate del peor de los pecadores que se arrepiente, es porque para Él no hay nada imposible. Realmente el Señor es soberano en sus acciones y Todopoderoso, no hay nada en este mundo que Él no pueda hacer, incluyendo salvar al hombre más duro y obstinado del mundo. En la Biblia vemos a un hombre, que en el pasado se llamo Saulo de Tarso, el cual estaba plenamente convencido del camino que había escogido, y nada de este mundo lo haría cambiar de idea, se había convertido en un perseguidor de la iglesia, pero un día Dios decidió llamar a este hombre y convertirlo en el apóstol Pablo: “Yo ciertamente había creído mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret; lo cual también hice en Jerusalén. Yo encerré en cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido poderes de los principales sacerdotes; y cuando los mataron, yo di mi voto. Y muchas veces, castigándolos en todas las sinagogas, los forcé a blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extranjeras. Ocupado en esto, iba yo a Damasco con poderes y en comisión de los principales sacerdotes, cuando a mediodía, oh rey, yendo por el camino, vi una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol, la cual me rodeó a mí y a los que iban conmigo. Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebrea: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues”, (Hechos 26:9-15). De esta forma, uno de los peores enemigos de la iglesia se convirtió por gracia a Cristo, porque para Dios no hay nada imposible.

3.       Porque el regalo de la gracia es la salvación a través de Cristo.


“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”.
Romanos 3:23-24

La tercera razón del por que su gracia es suficiente, es porque esta salvación que Dios ofrece es gracias al sacrificio de su Hijo Jesucristo, de tal forma que todo aquel que cree en Jesus es salvo, ya que el sacrificio de Cristo es efectivo y capaz de perdonar cualquier pecado, por eso Pablo dice que somos justificados gratuitamente por su gracia y mediante la redención de Cristo Jesús. El sacrificio de Cristo y su victoria sobre la muerte a través de su resurrección es suficiente para salvar al pecador arrepentido, y este es el don, es decir, el regalo de Dios que es otorgado por pura gracia.

                          III.            COMO ALCANZAR ESTA GRACIA.


El mismo versículo que leímos al inicio nos enseña como ser partícipes de esta bendita gracia: Porque por gracia sois salvos por medio de la fe. Todo es por medio de la fe, y solo eso basta; ¿pero fe en qué? Bueno, fe en que el sacrificio de Cristo es suficiente para perdonar mis pecados una vez reconozco mis pecados, me arrepiento de ellos y busco la misericordia de Dios. Cuando creemos que Cristo puede salvarnos y estamos dispuestos a convertirnos de nuestras maldades, la gracia de Dios es suficiente para perdonar nuestras maldades y darnos vida eterna a través de Cristo Jesús.

CONCLUSIÓN.


            El hombre cree que para ser salvo es necesario hacer buenas obras, pero ninguna obra de justicia o religión es capaz de salvar al hombre del infierno por sus pecados, pero la gracia de Dios es suficiente para hacerlo ya que:

1.       Es consecuencia de la enorme misericordia de Dios.
2.       Porque para Dios no hay nada imposible.
3.        Porque el regalo de la gracia es el salvación a través de Cristo, y su sacrificio es suficiente.


domingo, 8 de septiembre de 2019

¿Es posible ver a Dios? (Juan 14:7-11)



“Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto. Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú, Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras”.
Juan 14:7-11

INTRODUCCIÓN


             Continuamos con las ultimas instrucciones que nuestro Señor Jesús les dirigió a sus 11 discípulos, esto antes de ser crucificado. Hasta el momento Jesús a estado respondiendo las preguntas de sus discípulos y esto ha dado paso a grandes enseñanzas. La primera pregunta la realiza Pedro preguntándole a donde iba porque él quería seguirlo: “Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; más me seguirás después. Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti”, (Juan 13:36-37). Y esta pregunta, no solo recibió una respuesta dirigida a Pedro, ya que aquí se le dice que él lo negaría antes del canto del gallo, sino también sirvió de base para que el Señor les explicara que el partía para prepararles una morada celestial en la casa de su Padre, y que un día Él vendría y nos tomaría a sí mismo, lo cual es una referencia directa del rapto de la iglesia (Juan 14:1-4). Luego tenemos la pregunta de Tomás: “Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?”, (Juan 14:5). Esta pregunta dio paso a la declaración del sexto gran “Yo Soy”, el cual estudiamos la última oportunidad: Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”, (Juan 14:6). Ahora aquí en este texto Felipe le pide a Jesús les conceda una petición y esta dará paso a otra gran enseñanza acerca de su naturaleza divina.


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 ¿Es posible ver a Dios?

 MUÉSTRANOS AL PADRE


“Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto. Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta”.
Juan 14:7-8

                 La teología judía estaba clara en un punto: A Dios nadie lo puede ver y, de hecho, así se le dijo a Moisés: “Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá”, (Éxodo 33:20). Ciertamente ver a Dios era imposible, pero Él se dio a conocer a su pueblo por medio de sus portentos: “y diles: Así ha dicho Jehová el Señor: El día que escogí a Israel, y que alcé mi mano para jurar a la descendencia de la casa de Jacob, cuando me di a conocer a ellos en la tierra de Egipto, cuando alcé mi mano y les juré diciendo: Yo soy Jehová vuestro Dios”; (Ezequiel 20:5). Fue a través de sus portentos que Israel llego a conocer a Dios como Todopoderoso y libertador. También a través de su creación Dios se dio a conocer a los hombres: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos”, (Salmos 19:1-4). Por ello Pablo dijo: “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa”, (Romanos 1:20). Y fue por medio de la instrucción en su palabra que Israel tenia que conocerlo mejor: “Harás congregar al pueblo, varones y mujeres y niños, y tus extranjeros que estuvieren en tus ciudades, para que oigan y aprendan, y teman a Jehová vuestro Dios, y cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley”, (Deuteronomio 31:12). Por ello, el anhelo del Señor es que todo hombre llegue a conocerlo: “Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová”, (Jeremías 9:23-24). Era a través de estos medios que el hombre podía llegar a conocer a Dios, y por eso Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta, pero este discípulo ignoraba que aquel que estaba allí era la misma imagen de Dios hecho hombre, por eso en el Nuevo Testamento se nos enseña que también podemos llegar a conocerlo a través de nuestro Señor Jesucristo, y no solo eso, a sus discípulos les dijo que aquel que lo veía a Él, veía al Padre: Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto. Jesús es la imagen visible de Dios, aquel que lo vea, ve al mismo Dios: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”, (Juan 1:18). Es por medio de su Hijo Jesucristo que el Padre se ha dado a conocer, y las Escrituras lo declaran claramente, ya que en el pasado Dios hablo por medio de sus profetas, pero en estos tiempos se ha revelado por medio de su Hijo: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”, (Hebreos 1:1-2).

REALMENTE CONOCEMOS A JESÚS


“Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú, Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras”.
Juan 14:9-11

                    Jesús estaba explicándoles a sus discípulos que aquel que lo conoce a Él, conoce a su Padre, pero aun hace uno de ellos, Felipe, le dice: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Uno puede ver la gran paciencia de Jesús ante la capacidad de sus discípulos de entender las palabras de su Maestro, y la verdad es que no lo podemos culpar, ya que para ellos era difícil asimilar todas estas nuevas verdades espirituales y que realmente la segunda persona de la trinidad divina se había encarnado en la persona de Jesús. Para aclararles un poco mejor la cosas, Jesús les dice: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? Ciertamente ellos habían pasado alrededor de tres años y medio con Él, pero todavía no lo conocían completamente, y nosotros también podríamos preguntarnos lo mismo: ¿conocemos realmente a Jesús? Muchas personas en el mundo ignoran quién realmente es Jesús, pero increíblemente, muchos cristianos pueden estar en la misma situación. Jesús dijo de sí mismo: El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú, Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Jesús es la imagen de Dios, aquel que lo conoce a Él, conoce al Padre, porque el Padre lo h enviado para que a través de su Hijo lleguemos a Él, y estas palabras son verdaderas: Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. Podemos llegar a estar seguros que sus palabras son verdaderas, y que todo lo que nuestro Señor Jesús dijo y enseño eran palabras inspiradas por el mismo Dios, ya que, no solo sus palabras eran veraces y con autoridad, sino sus obras eran otro testimonio de esto: Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras. Hoy creemos en Jesús, como Dios, y este evangelio tiene como propósito demostrarlo, si creemos en Jesús, podemos estar seguros que un día veremos a Dios, porque le conoceremos a través de nuestro Señor, y veremos en la eternidad su rostro: “Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes”, (Apocalipsis 22:3-4). Por tanto, hoy en día podemos llegar a conocer a Dios por medio de nuestro Señor Jesús, y un día, allá en la eternidad, veremos el rostro de nuestro Dios, el rostro de nuestro amado Señor y Salvador Jesucristo.