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viernes, 30 de diciembre de 2016

¿Por qué debemos conocer la Biblia? (Salmo 119:18)


“Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley”.
Salmo 119:18

INTRODUCCIÓN

A lo largo de la historia se han escrito miles de libros, algunos son tan antiguos que todavía hoy sobreviven y son leídos por muchas personas, otros han vendido cientos de copias, pero ninguno de estos se compara con la Biblia. Más que un libro de religión, la Biblia es un libro divinamente inspirado que transforma el corazón de todo aquel que lo lee con las expectativas de conocer a Dios. Por esta razón el salmista le pedía a Dios que le abriera el entendimiento para comprender las maravillas de su palabra: Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley. En esta oportunidad veremos tres razones por las cuales deberíamos conocer este interesante libro.

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¿Por qué debemos conocer la Biblia?

                               I.            PORQUE DIOS ES SU AUTOR.


“Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”.
2 Pedro 1:21

La primera razón por la cual debemos conocer el mensaje de la Biblia es porque Dios es su autor. Si bien es cierto, la Biblia fue escrita en un periodo de 1600 años a lo largo de 60 generaciones y por no menos de 40 autores de diferentes trasfondos culturales incluyendo reyes, pastores, eruditos, pescadores, publicanos, estadistas, ganaderos, poetas, entre otros; el verdadero autor de ella es Dios. Todos sus autores fueron inspirados por Dios durante el momento que la escribieron. No existe en este mundo ningún  libro que se compare a su exactitud histórica, a su calidad espiritual y contenido.  Su lectura ayuda al hombre a crecer en sabiduría para ser perfecto delante de Dios: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”, (2 Timoteo 3:16-17). Y en general, no ayuda a conocer mejor a nuestro Dios: “Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová”, (Jeremías 9:23-24).

                            II.            PORQUE NOS ADVIERTE DEL PELIGRO DEL PECADO.


“Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado”.
Romanos 3:20

            La segunda razón por la cual deberíamos conocer la Biblia es porque ella nos advierte de las consecuencias del pecado. Pablo dice que por medio de la ley nadie se salva, pero a través del conocimiento de ella todos llegamos a conocer el pecado. Las Sagradas Escrituras nos enseña la terrible condición espiritual de los hombres por causa del pecado: “¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios.  Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan, veneno de áspides hay debajo de sus labios; su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre;  quebranto y desventura hay en sus caminos;  y no conocieron camino de paz.  No hay temor de Dios delante de sus ojos”, (Romanos 3:9-18). También nos advierte las terribles consecuencias de los que practican el pecado: “… el alma que pecare, esa morirá”, (Ezequiel 18:4). La importancia de conocer la doctrina del pecado es que el hombre reconozca su terrible condición de condenación eterna y la necesidad que tiene de un redentor, y de aquí se desprende la siguiente razón por la cual debemos conocer la Biblia.

                         III.            PORQUE NOS PRESENTA EL PLAN DE SALVACIÓN A TRAVÉS DE JESÚS.


“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”.
Juan 5:39

            Finalmente, debemos conocer la Biblia porque en ella se nos presenta el plan de salvación a través de Jesucristo. Nuestro mismo Señor Jesús lo dice: Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí. La razón es sencilla: porque en ella encontramos la vida eterna a través de Jesucristo. El deseo de Dios es que todos conozcamos a su Hijo Jesús y creamos en Él porque a través de la fe en su sacrificio obtenemos la salvación de nuestra alma.

CONCLUSIÓN


            Por tanto, debemos conocer la Biblia porque:

1.      Su autor de Dios.
2.      Porque nos advierte del peligro del pecado.
3.      Porque nos presenta el plan de salvación a través de Jesús.


¿Por qué los hombres no creen al evangelio? (Hechos 17:32)



“Pero cuando oyeron lo de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: Ya te oiremos acerca de esto otra vez”.
Hechos 17:32

INTRODUCCIÓN


            No existe un mensaje tan poderoso que pueda transformar las vidas del ser humano que el evangelio. Sin embargo, a veces vemos personas a las cuales se les predica de una manera clara y con toda la unción del Espíritu Santo pero aun así no se convierten. Esto lo vemos cuando Pablo predico uno de sus mejores mensajes en el areópago en Atenas delante de muchos filósofos griegos, pero muchos no creyeron. En la Biblia podemos encontrar algunas razones por la cuales los hombres no creen a este glorioso mensaje. Veamos al menos tres razones de esto.

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¿Por qué los hombres no creen al evangelio? 


                               I.            POR LA ALTIVEZ DE CORAZÓN.


“Hemos oído la soberbia de Moab, que es muy soberbio, arrogante, orgulloso, altivo y altanero de corazón”.
Jeremías 48:29

La primera razón por la cual algunas personas no creen al mensaje del evangelio es por su altivez de corazón. En este pasaje de Jeremías 48:29 la Biblia nos describe muy bien las características de una persona altiva: soberbio, arrogante, orgulloso, altivo y altanero de corazón. Una persona de corazón altiva no cree en el mensaje porque se creen autosuficientes y que no necesitan de nadie para triunfar en la vida. Se olvidan de Dios y con arrogancia menosprecian el mensaje del evangelio porque consideran que sus conocimientos son superiores y no hay nada que se les puede enseñar. En la Biblia podemos encontrar el ejemplo de una persona altiva la cual a pesar de que conocía a Dios, no se humillo ante Él, sino que pensó que todo lo que tenía era consecuencia de su esfuerzo, su nombre era Nabucodonosor: “Al cabo de doce meses, paseando en el palacio real de Babilonia, habló el rey y dijo: ¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad? Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando vino una voz del cielo: A ti se te dice, rey Nabucodonosor: El reino ha sido quitado de ti; y de entre los hombres te arrojarán, y con las bestias del campo será tu habitación, y como a los bueyes te apacentarán; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien él quiere. En la misma hora se cumplió la palabra sobre Nabucodonosor, y fue echado de entre los hombres; y comía hierba como los bueyes, y su cuerpo se mojaba con el rocío del cielo, hasta que su pelo creció como plumas de águila, y sus uñas como las de las aves”, (Daniel 4:29-33).

            Muchas personas no niegan la existencia de Dios pero sus corazón son demasiado orgullosos como para humillarse y aceptar su santo evangelio sin saber que toda su grandeza, poder y sabiduría se pueden terminar en un momento. Aquel rey Nabucodonosor fue humillado y pasado 7 años recobro la cordura y reconoció a Dios humillándose delante de Él: “Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades”, (Daniel 4:34). Nosotros debemos cuidarnos de no tener un corazón altivo que impida aceptar el mensaje del evangelio, al contrario debemos humillarnos y despojarnos de todo orgullo y altanería para alcanzar la misericordia: “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu”, (Proverbios 16:18).

                            II.            POR LOS PREJUICIOS HUMANOS.


“Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve”.
Juan 1:45-46

La segunda razón por la cual las personas no creen al mensaje del evangelio es por sus prejuicios  humanos. En la Biblia encontramos un buen ejemplo donde vemos a Felipe invitando a Natanael a conocer a Jesús, el Mesías de Israel, pero rápidamente sus prejuicios social lo hicieron pensar que era imposible que de Nazaret pudiese salir algo bueno: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? . Muchas personas no creen al evangelio porque lo consideran un mensaje inferior a sus conocimientos científicos o filosóficos, otros porque no la palabra de Dios no encaja en su sistema de creencias religiosas y así sucesivamente. Muchos judíos no creyeron en Jesús simplemente porque su ministerio de amor y justicia no encajaba en el concepto equivocado que tenían de un Mesías guerrero, o porque no practica muchas de sus tradiciones religiosas.

Lo que tenemos que hacer es aceptar con humildad el concejo de la palabra de Dios, hacer a un lado todas nuestras ideas religiosas y prejuicio personales, y dejarnos transformar por el evangelio de Cristo: “Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas”, (Santiago 1:21).

                         III.            POR CAUSA DEL PECADO.


“Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas”.
Juan 3:16

            La tercera razón por la cual las personas no creen al mensaje del evangelio es porque aman más el pecado que a la luz. En este caso el problema no radica en entender y creer que el mensaje es verdadero, sino en que consideran imposible aceptarlo porque aman demasiado el pecado. El pecado se presenta como algo tentador que promete dar satisfacción a los deseos de nuestra carne, pero es una satisfacción temporal, porque después vienen la consecuencia duras del pecado. La Biblia nos advierte a no amar el mundo y en consecuencia el pecado: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”, (1 Juan 2:15-17). Por tanto, debemos amar a Dios y su mensaje más que al mundo porque el pecado, aunque produce un deleite temporal, nos destruirá, pero Dios ofrece la vida eterna: “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”, (Romanos 6:23).

CONCLUSIÓN.

Algunas razones por las cuales el hombre no cree al evangelio son:

1.      Por su corazón altivo que no se humilla ante Dios.
2.      Por sus prejuicios e ideas religiosas.
3.      Porque aman más el pecado que la luz.

Por tanto, debemos despojarnos de todo esto para que el mensaje del evangelio sea efectivo en nuestras vidas y así alcancemos la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús.







¿Comer su carne y beber su sangre? (Juan 6:51-59)

“Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.  Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente. Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum”.
Juan 6:51-59

INTRODUCCIÓN


                 Llegamos casi al final de esta gran discusión que inicio con el milagro de la multiplicación de los cinco panes y dos peces, y desde entonces, el pan ha figurado metafóricamente en toda la temática que se ha venido desarrollando a lo largo de todo el capítulo 6 de este evangelio. Todo comenzó con el interés que se despertó en estos judíos al buscar a Jesús porque los había alimentado lo cual provoco la amonestación de Jesús de no buscar el alimento físico sino el que da vida eterna, esto los confundió y los llevo a realizar la declaración del gran yo soy, donde afirmaba ser el pan que descendió del cielo. Esta figura era muy conocida por los judíos ya que recordaban la peregrinación de Israel durante 40 años en el desierto y el milagro del maná que descendió del cielo el cual los alimentó todo ese tiempo. Jesús les aclara que no fue Moisés quien los alimento con maná, sino Dios, y ahora había hecho que el verdadero pan del cielo descendiera. El contraste con el maná y el pan de vida que es Jesús es muy claro. El maná los alimentaba cada día y cada mañana volvían a tener necesidad de él, y solo duro 40 años; pero Jesús ofrecía el pan que sacia las necesidades espirituales de una vez y para siempre y da vida eterna. Con forme la discusión avanza los judíos se sienten más y más confundidos y sus murmuraciones crecen haciéndose menos amigables para Jesús.

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¿Comer su carne y beber su sangre?


¿COMER SU CARNE Y BEBER SU SANGRE?


“Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros”.
Juan 6:51-52

                Esta sección de versículos de la Biblia resultan muy difíciles de comprender especialmente porque Jesús utiliza un lenguaje metafórico y resulta hasta grotesco a simple vista. Una vez más Jesús afirma que Él es el pan de vida que descendió del cielo y cualquiera que lo comiese tendrá vida eterna: Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre. Sin embargo, nuestro Señor amplia más el significado de sus palabras introduciendo un lenguaje metafórico: y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. El problema con estas palabras fue que los judíos lo interpretaron literalmente, y pensaron que Jesús les decía que tenían que comer su carne para tener la vida eterna, y esto era considerado un acto de canibalismo repudiado no solo por los judíos sino también por la cultura griega. Estas palabras provocan que los judíos pasen de murmurar a contender: Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? El enojo de estos judíos creció aún más porque pensaban que lo que Jesús les decía era una completa aberración, sin embargo, el Maestro trata de explicarse una vez más diciéndoles: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. ¿Comer carne? Esto era un acto de canibalismo no aceptado por su cultura. ¿Beber su sangre? Los judíos tenían completamente prohibido tal cosa: “Además, ninguna sangre comeréis en ningún lugar en donde habitéis, ni de aves ni de bestias. Cualquiera persona que comiere de alguna sangre, la tal persona será cortada de entre su pueblo”, (Levítico 7:26-27). Pero entonces, ¿a qué se refieren sus palabras?

                Algunos han intentado relacionar estas palabras con el tema de la eucaristía practicada por la iglesia católica, pero nada más alejado que eso. Otros opinan que se refiere a la santa cena que se celebra en la iglesia; pero esto es poco probable. La clave para comprender el significado de esta figura literaria radica en la afirmación que se encuentra entre estas palabras: y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. La carne que nos dará a comer es su mismo cuerpo el cual será entregado a muerte en la cruz del Calvario por nuestros pecados. La sangre que nos dará a beber es su sangre que fue derramada en para limpiarnos de toda maldad: “A quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados”, (Romanos 3:25). Por tanto, comer su carne y beber su sangre es una figura metafórica que nos sugiere poner nuestra fe en su sacrificio el cual nos perdona todos nuestros pecados y nos da vida eterna.

UN VERDADERO ALIMENTO ESPIRITUAL


“El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.  Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente. Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum”.
Juan 6:53-59

                   En la cultura griega pagana se tenía la costumbre de ofrecer sacrificios a sus dioses y cuando se hacía una parte era quemada totalmente, pero otra se conservaba para cocinarla y comerla en comunión con otras personas con el objetivo de buscar en la carne de estos animales sacrificados la transmisión de algún favor divino. Los judíos también solían compartir con los sacerdotes la parte de la carne del animal que no se quemaba en la ofrenda a Dios: “Y tomarás el carnero de las consagraciones, y cocerás su carne en lugar santo. Y Aarón y sus hijos comerán la carne del carnero, y el pan que estará en el canastillo, a la puerta del tabernáculo de reunión”, (Éxodo 29:31-32). También existían ofrendas que se ofrecían como una acción de gracia la cual después de que se quemaba una parte, la otra era comida por los participantes con el objetivo de tener comunión y compartir las bendiciones de Dios con sus prójimos: “Y cuando ofreciereis sacrificio de acción de gracias a Jehová, lo sacrificaréis de manera que sea aceptable. En el mismo día se comerá; no dejaréis de él para otro día. Yo Jehová”, (Levítico 22:29-30). Por tanto, la idea de comer carne de lo sacrificado en ofrenda a Dios existía en la mente judía, no obstante, todo sacrificio y carne que se comía era algo pasajero lo cual tenía que repetirse constantemente porque no satisfacía completamente, pero el alimento que Jesús promete darnos es uno completo con el cual no se volverá a tener hambre, su cuerpo sacrificado, su sangre derramada fue el medio a través del cual el conquisto la muerte y hoy no solo ofrece perdonar nuestros pecados sino resucitarnos y darnos vida eterna: El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.  Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo, Jesús, quien vino a morir en una cruz ofreciéndose al Padre como un sacrificio para el perdón de nuestros pecados de tal forma que en lenguaje figurado su carne y sangre representan una verdadera comida y bebida para satisfacer la necesidad de hambre y sed espiritual que todos tenemos: Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente. Los judíos del Antiguo Testamento comieron maná por 40 años, pero todos murieron, este pan promete darnos vida eterna, los judíos que vagaron en el desierto tenían necesidad de comerlo cada día; este pan solo necesita comerse una vez y nos saciara eternamente. Juan agrega que toda esta discusión tuvo lugar en la sinagoga de Capernaum: Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum. Así llega a su final este maravilloso discurso donde el pan ha figurado como una impresionante ilustración de cómo Jesús puede no solo sustentar nuestra vida sino darnos la vida eterna.



Los obstáculos para creer en Jesús (Juan 6:41-50)


“Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo. Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido? Jesús respondió y les dijo: No murmuréis entre vosotros. Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí. No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre. De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera”.
Juan 6:41-50
  

INTRODUCCIÓN


             Después de la explicación de Jesús en cuanto a que Él es el pan de vida y el que lo coma no vendrá a condenación sino será resucitado en el día postrero, los judíos lejos de creer murmuraron y no creyeron en las palabras de Jesús. Para ellos era muy difícil creer en Jesús, sus palabras los confundía aún más y no toleraban que se hiciera igual a Dios al autoproclamarse con el título “Yo Soy”. Como estos judíos muchas personas reaccionan de manera incrédula ante el mensaje del evangelio y en lugar de creer en Jesús, solo murmuran en sus egoístas razonamientos. En esta sección veremos algunas razones por las cuales las personas no creen al mensaje del evangelio, siendo unos verdaderos obstáculos para que hereden la vida eterna.


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Los obstáculos para creer en Jesús


NO CREEN EN JESÚS DEBIDO A SUS IDEAS RELIGIOSAS


“Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo”.
Juan 6:41

                  Inmediatamente después de haber escuchado las palabras de Jesús, en lugar de creer murmuraron: Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo. Estos judíos no creyeron en Jesús simplemente porque la doctrina que les enseñaba acerca del pan de vida no encajaba en sus ideas religiosas. La tradición les había enseñado que la historia de los 40 años de Israel en el desierto y que Dios los había alimentado con el maná que descendió del cielo. Sabían que existía un solo Dios y por generaciones habían repetido este credo: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”, (Deuteronomio 6:4). Pero cuando Jesús les dijo: Yo soy el pan que descendió del cielo, esta idea no encontró cabida en todo lo que ellos entendían acerca de Dios, porque decían: ¿Cómo este hombre nos alimentara como Dios lo hizo en el desierto con nuestros padres? ¿Cómo es que este hombre se hace igual a Dios si Dios es uno solo y no un hombre? En los tiempos de Jesús había varias ideas religiosas equivocadas de Jesús, algunas eran consecuencia de una comprensión a media de las Escrituras y otras eran contradicciones completas a lo que su palabra enseñaba. Por ejemplo en Isaías se nos habla del reinado justo que el Mesías establecería donde gobernaría los a justos y mansos con bondad y equidad pero donde los impíos serian destruidos, y por profecías como estas esperaban que su Mesías los ayudaran a destruir a los romanos y los guiara a la liberación nacional; pero el Jesús que estaban conociendo tenia ideas diferentes al odio y la lucha con espadas, más bien enseñaba acerca del amor, el perdón y anunciaba un reino espiritual más que terrenal. Muchas de sus prácticas piadosas como la oración, el dar limosnas  y el ayuno eran practicados de manera equivocada y en Mateo 6 uno puede ver cómo Jesús se los explica contradiciendo fuertemente sus tradiciones. También la forma de cómo guardaban el día de reposo era una constante razón de discusión entre los judíos religiosos y Jesús ya que en sus ideales religiosos anteponían todas sus costumbres a la necesidad de sanidad de sus prójimos. Por estas y otros ideales religiosos estos judíos no recibieron la palabra de Jesús. Muchas personas en la actualidad no creen al mensaje del evangelio debido a sus ideas religiosas y esas ideas se convierten en un verdadero obstáculo para alcanzar la vida eterna. Por ejemplo, a muchos les cuesta creer que solo necesitan tener fe en el sacrificio de Jesús y su resurrección para perdón de sus pecados debido a la idea de ganarse la salvación por medio de buenas obras. A otros les cuesta creer en la doctrina de la Trinidad divina que enseña la existencia de tres personas diferentes: Padre, Hijo y Espíritu Santo, pero un mismo Dios, debido a las doctrinas que niegan la divinidad de cualquiera de las personas de la Trinidad y su falta de capacidad humana para comprender el misterio de tres personas diferentes en un mismo Dios, ignorando que la naturaleza de Dios no se puede entender desde el punto de vista de la experiencia humana. Lo que se necesita hacer es solamente creer en las palabras de Jesús y esta actitud nos ayudara a comprender sus enseñanzas porque el Espíritu Santo nos ayudará en esta labor: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”, (1 Corintios 2:14). Para poder comprender las palabras de Jesús solo necesitamos creerlas haciendo a un lado nuestras ideas religiosas y dándole la oportunidad al Espíritu Santo para que nos ilumine en la correcta interpretación. Si aquellos judíos hubieran hecho a un lado sus ideas religiosas posiblemente hubieran comprendido las palabras de Jesús.

NO CREEN EN JESÚS DEBIDO A SUS PREJUICIOS


“Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido?”.
Juan 6:42-43

                  Otra razón por la cual estos judíos no creyeron en Jesús fue por sus fuertes prejuicios: Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido? Sus prejuicios sociales eran muy grandes ya que se preguntaban cómo el hijo de un simple carpintero que proviene de una familia pobre puede ser el Mesías. Posiblemente estos judíos esperaban que su Mesías proviniera de una familia poderosa de Jerusalén, que fuera un tipo de paladín que los reorganizara en una comitiva en contra de los romanos. Los fariseos y saduceos acostumbraban a no juntarse con las personas pecadoras como los publicanos y las rameras, eran personas que se consideraban espiritualmente superiores a los demás y muchos de ellos provenían de la aristocracia. Pero Jesús era diferente. Su vida era sencilla, no tenía riquezas, provenía de una aldea despreciable llamada Nazaret y su oficio era carpintero y por esta razón ellos decían cómo puede este hombre afirmar ser alguien que descendió del cielo: “¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él”, (Marcos 6:3). El mismo Natanael uno de sus primeros discípulos juzgo anticipadamente a Jesús solo por provenir de Nazaret: “Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve”, (Juan 1:45-46). Los prejuicios pueden llegar a ser un verdadero obstáculo para creer y heredar la vida eterna. Muchos no creen en el evangelio porque menosprecian la apariencia del mensajero en lugar de poner atención al mensaje. El mundo se deja llevar por las apariencias pero a Dios le ha placido escoger lo más sencillo y despreciable para vergüenza de ellos: “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención”, (1 Corintios 1:26-30). Durante la Edad Media se construyeron grandes catedrales llenas de obras artísticas e impresionantes vidríales pensando que a Dios le agradaría habitar allí, pero lo cierto es que no es así, porque Dios habita con los humildes de condición: “Jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo? Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra”, (Isaías 66:1-2). Por tanto, lo que Dios espera es un corazón humilde y sencillo, no personas llenas de grandeza y superioridad, y nuestro Señor Jesús fue en todos los sentidos muy sencillo y de humilde condición por lo que aquellos judíos lo menospreciaron diciendo: ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido? Debemos despojarnos de todo prejuicio y ser de corazón sencillo y humilde porque solo así comprenderemos lo que Jesús nos dice.

NO CREYERON EN JESÚS PORQUE NO SABÍAN OÍR


“Jesús respondió y les dijo: No murmuréis entre vosotros. Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí. No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre. De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera”.
Juan 6:44-50


                   Quizás el principal obstáculos por el cual estos judíos no creyeron fue porque no supieron oír las palabras de Jesús. Ellos estaban confundidos debido a sus principios religiosos y prejuicios sociales los cual eran un verdadero obstáculo para creer, pero todo eso pudo haberse solucionado si tan solo hubiesen escuchado detenidamente la explicación que Jesús trataba de darles, pero en lugar de ese murmuraron: Jesús respondió y les dijo: No murmuréis entre vosotros. La Biblia nos enseña la importancia de saber oír y por eso Jesús decía en ocasiones: “El que tiene oídos para oír, oiga”, (Mateo 13:9). Alguien puede estar en cuerpo presente en una predicación pero no escuchar nada de lo que se dijo, cuando esto es así la semilla del evangelio es infructuosa. Por ello es importante escuchar la palabra del evangelio con toda humildad, despojándonos de todo prejuicio o idea religiosa y con mucha fe para que el efecto de salvación sea efectivo en nuestra vida: “Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas”, (Santiago 1:21). Por tanto, lo que necesitamos es saber oír con fe, porque de allí proviene la fuente de nuestra salvación: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”, (Romanos 10:17). Si aquellos judíos hubiesen escuchado con humildad y fe Dios les hubiera abierto el entendimiento para comprender las verdades espirituales que Jesús les hablaba, sin embargo, en lugar de eso murmuraron y por ello el Padre no les concedió tal entendimiento para creer en su Hijo: Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí. No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre. Si sabemos escuchar a Dios el Padre, también podremos escuchar al Hijos, porque el Hijo es el enviado del Padre, y todo aquel que oye al Padre conocerá quien es Jesús e ira a Jesús.  Al final, lo único que se necesita es creer en las palabras de Jesús, nada más, sus palabras son fieles y verdaderas, y son palabras que provienen del mismo Padre las cuales nos muestran el camino a la vida eterna: De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Nuestro Señor les advierte a todos que si no saben escuchar la palabra de Dios y tener fe en ella jamás creerán en el Hijo de Dios y les dice que no comentan el mismo error que sus antepasados en el desierto que a pesar que comieron del maná que descendió del cielo durante 40 años, sus corazones siempre fueron malos porque no supieron escuchar a su Dios y por ello todos perecieron en el desierto y no entraron ellos en la tierra prometida, sino su descendencia, un error que no debemos cometer por lo que si escuchamos hoy su voz no endurezcamos nuestro corazón: “… Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones”, (Hebreos 4:7). Por eso Jesús les vuelve a decir a sus oyentes que Él es el pan que descendió del cielo de tal forma que todo aquel que como de Él tendrá vida eterna: Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera.




jueves, 29 de diciembre de 2016

La más grande noticia (Lucas 2:8-11)


“Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor”.
Lucas 2:8-11

INTRODUCCIÓN


            A lo largo de la historia se han anunciado grandes acontecimientos que han llenado de alegría a la humanidad, sin embargo, el nacimiento de Jesús debe considerarse como el más grande y glorioso de todos los tiempos. En estos versículos un ángel hace el anuncio del nacimiento de Jesús y en estos versículos podemos ver por qué su nacimiento es el más grande anuncio de todos los tiempos.

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La más grande noticia

I.                    ES LA MÁS GRANDE NOTICIA PORQUE ESTÁ DIRIGIDA A LOS DESPOSEÍDOS.


 “Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño”.

            Si nos damos cuenta el anuncio no se dirigió a los reyes o príncipes, o personas de importancia sino a unos sencillos pastores. Desde el principio su nacimiento fue humilde, nació en un pesebre, creció en una aldea insignificante de Israel, Nazaret, la mayor parte de su ministerio lo desarrollo en Galilea una región de gente pobre, murió y fue enterrado en una cueva que no era de su propiedad, y todo esto ocurrió porque siempre se identificó con los más desposeídos, aquellos que estaban sin esperanza. Por esta razón la noticia de su nacimiento es la más grande porque trae buenas nuevas a los desposeídos, aquellos que por alguna razón se encuentran sin esperanza deben saber que un día nació la esperanza del mundo cuyas palabras dan esperanza y descanso: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”, (Mateo 11:28).

II.                ES LA MÁS GRANDE NOTICIA PORQUE FUE ANUNCIADA POR ÁNGELES.


“Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor”.

En segundo lugar el nacimiento de Jesús es una gran noticia porque fue anunciada por ángeles. Su anuncio fue glorioso porque sus mensajeros eran seres celestiales. Ya anteriormente los ángeles habían anunciado el nacimiento de algunos hombres importantes, como Sansón y Juan el Bautista, pero aquel día Dios decidió no solo anunciar el nacimiento de su Hijo a través de un ángel, sino también expreso el motivo de gran gozo para la humanidad a través de un coro de ángeles que anunciaban lo glorioso de este evento.

“Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”.
Lucas 2:13-14

III.             ES LA MÁS GRANDE NOTICIA PORQUE ANUNCIA A NUESTRO SALVADOR Y DIOS.


“Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor”.

            En tercer lugar el nacimiento de Jesús es el anuncio más grande de la humanidad porque nos anuncia la venida del ser más maravillo y extraordinario que la humanidad podría esperar. El ángel anuncio a los pastores que el niño que había nacido era especial por tres razones especiales: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.

1.      Es nuestro Salvador. Solamente a través de Él el hombre puede encontrar el perdón de sus pecados.
2.      Es Cristo, el Mesías, el ungido de Dios anunciado por la ley y los profetas.
3.      Finalmente, el titulo Señor era exclusivo para Dios y por tanto Jesús es Dios.

CONCLUSIÓN.


Por tanto, decimos que el nacimiento de Jesús es el anuncio más grande que jamás se ha dado porque:

1.      Es una noticia dirigida a todos los hombres sin ninguna acepción de personas.
2.      Es una noticia grande porque fue anunciada por ángeles.
3.      Es una gran noticia porque nos presenta a nuestro Salvador y Dios.





El nacimiento más importante de la humanidad (Mateo 2:10-11)



“Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra”.
Mateo 2:10-11

INTRODUCCIÓN


            El nacimiento de Jesús es el acontecimiento más importante de toda la humanidad. Muchos han tratado de descubrir la fecha de nacimiento de Jesús, pero esto se ha hecho muy difícil. Lo cierto es que no pudo haber sido en diciembre debido a las frías noches nevadas que se dan en Israel para ese periodo. No obstante, Dios no está tan interesado en revelarnos la fecha exacta de su nacimiento, sino que sepamos que Jesús nació un día en la tierra y vino por una misión muy importante. Esta misión se deja ver los presentes que los magos le dan a Jesús y nos hacen ver las razones por la cuales su nacimiento es importante para todos nosotros.

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El nacimiento más importante de la humanidad

            Aquí vemos a los magos llegar a una casa donde el niño Jesús estaba con sus padres, muy contrario a lo que la tradición católica enseña donde afirma que llegaron al pesebre recién nacido. Tampoco la Escritura nos dice que eran tres los magos, y menos que eran reyes, todo eso es parte de una tradición que no tiene fundamento bíblico. Lo cierto es que le ofrecieron tres tipos de presentes: oro, incienso y mirra. Veamos cómo estos presentes eran un simbolismo de su santo oficio y nos muestran las razones por las cuales su nacimiento es importante.

I.                   ESE DÍA NACIÓ EL  REY DIVINO.


En primer lugar el nacimiento de Jesús es el más importante de toda la humanidad porque ese día nació el único y verdadero rey divino. Entre los presentes que los magos le dieron a Jesús estaba el oro, el cual es el más precioso de todos los elementos del planeta Tierra y era el presente para los reyes. Muchos reyes y gobernantes han nacido, pero Jesús es el mayor de todos porque Él gobernara esta tierra con justicia y rectitud. “Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. Y le hará entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos;  sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío”, (Isaías 11:11-14). A lo largo de la historia han nacido muchos reyes y gobernantes, algunos buenos, otros malos, y hoy en día existen en la mayoría de los países del mundo gobiernos injustos, donde se favorecen a unos pocos; pero hace más de 2000 años nació un niño el cual gobernará sobre este mundo con justicia y verdad, entonces gozaremos de un reino de verdadera equidad, porque nuestro rey no será cualquier hombre de esta tierra, sino Dios.

II.                ESE DÍA NACIÓ NUESTRO SUMO SACERDOTE.


En segundo lugar, el nacimiento de Jesús es el más importante de toda la humanidad porque ese día nació nuestro Sumo Sacerdote. Entre los presentes que le ofrecieron estaba el incienso, el cual era una fragancia utilizada en el templo y al mismo tiempo era un símbolo de su oficio sacerdotal. En Israel todos los años el sumo sacerdote entraba una vez al año al Lugar Santísimo a hacer expiación por los pecados de toda la nación, de igual forma los sacerdotes en Israel fungían como un puente para comunicar a los hombres con Dios. Sin embargo, estos hombres eran imperfectos, necesitados como los hombres a los cuales representaban, pero aquel día nació el verdadero Sumo Sacerdote, el puente entre Dios y los hombres, el camino al cielo, el sacrificio perfecto que perdona todos nuestros pecados.

“Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto. Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre”.
Hebreos 7:22-28

III.             ESE DÍA NACIÓ NUESTRO REDENTOR.


Finalmente, el nacimiento de Jesús es importante para toda la humanidad porque ese día nació nuestro redentor. El otro presente que le ofrecieron los magos a Jesús fue la mirra, un regalo para los que van a morir. La muerte y resurrección de Cristo constituye la victoria final sobre la muerte y el pecado de tal forma que ahora todo aquel que cree en Él tiene la vida eterna.

“Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz”.
Colosenses 2:13-15

CONCLUSIÓN.


Aunque no sabemos la fecha exacta en la cual nació Jesús, lo más importante es saber que su nacimiento represento el evento más importante en la vida de los seres humanos, y los presentes que los magos le llevaron, oro, incienso y mirra, son un simbolismo del por qué lo es.

1.      Porque ese día nació el que gobernaría con justicia este mundo, nuestro Rey y Dios (El oro representa su divinidad y realeza).
2.      Porque ese día nació nuestro Sumo Sacerdote, aquel que nos guiaría a la verdadera comunión con el Padre (El incienso representa su sacerdocio).
3.      Porque ese día nació nuestro Redentor, aquel que perdona todos nuestros pecados (La mirra representa su muerte).