jueves, 26 de enero de 2017

¿Verdaderos Discípulos de Cristo? (Juan 6:66-71)



“Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros?  Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Jesús les respondió: ¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo? Hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón; porque éste era el que le iba a entregar, y era uno de los doce”.
Juan 6:66-71

INTRODUCCIÓN


                   Después de 71 versículos el capítulo 6 del evangelio según Juan llega a su final mostrándonos las reacciones que los judíos tuvieron luego que escucharon las enseñanzas de Jesús en cuanto a verdadero pan que descendió del cielo el cual puede darles vida eterna. La exposición de las palabras de Jesús fue demasiado difícil de aceptar por parte de los judíos ya que no estaban dispuestos a despojarse de todas sus ideas religiosas y prejuicios, por lo que decidieron abandonarlo. A partir de este momento Juan nos muestra como el número de seguidores que nuestro Señor Jesucristo tenía comienza a disminuir y comienza a verse quienes son sus verdaderos discípulos. La predicación de la palabra de Dios siempre traerá diferentes reacciones, lo ideal fuera que todos creyeran, pero lamentablemente no será así. Con estas últimas palabras el apóstol Juan cierra este capítulo mostrándonos quienes son los verdaderos seguidores de Cristo.



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¿Verdaderos Discípulos de Cristo?

LAS PERSONAS QUE LE DAN LA ESPALDA AL DISCIPULADO


“Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él.”.
Juan 6:66

                    Después que Jesús termino de exponer su mensaje muchos de los que decían ser sus discípulos volvieron atrás y lo abandonaron. Como ya lo vimos anteriormente todas aquellas personas estaban allí siguiendo a Jesús porque los había alimentado: “Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis”, (Juan 6:26). Para esta época el primer año de ministerio de Jesús había pasado y para esta época su popularidad estaba comenzando a decrecer. Cuando Jesús inicio su ministerio muchas personas lo buscaban por las señales que hacia tal y como lo vimos al inicio de este capítulo: “Después de esto, Jesús fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias. Y le seguía gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos”, (Juan 6:1-2). No obstante, conforme esta gente comenzó a escuchar el verdadero mensaje del evangelio y este confrontaba su pecado, creencias religiosas y prejuicios, sus duros corazones lo rechazaban. Muchos afirmaban seguir a Cristo, pero cuando el mensaje del evangelio los confronto dejaron de ser sus discípulos. Así muchas personas pueden afirmar ser discípulos de Jesús, pero solo están allí porque esperan que les bendiga económicamente, o porque desean recibir un favor especial o milagro de parte de Él. Pero cuando son confrontados por la palabra de Dios y conocen las demandas del reino de los cielos, estos le dan la espalda a Cristo: “Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios”, (Lucas 9:62). Un verdadero discípulo de Cristo debe estar dispuesto a no ver atrás, a renunciar a su pecado y creencias religiosas, a hacer a un lado su prejuicio y humillarse ante la palabra de Dios poniéndola por obra, porque esto lo convertirá en un verdadero discípulo.

LOS VERDADEROS DISCÍPULOS DE CRISTO


“Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros?  Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”.
Juan 6:67-69

                  Muchos de los que afirmaban ser discípulos de Cristo lo abandonaron al no ser capaces de aceptar la palabra de Dios, sin embargo, no toda la semilla del evangelio cayó en tierra infértil, ya que una parte de ellos creyeron: Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Pareciera que después de su discurso las multitudes que lo seguían se redujeron a doce, sus doce apóstoles. El deseo de muchos creyentes es ver a las multitudes convertirse al evangelio después de la predicación del evangelio, no obstante, no siempre ocurre así, pero lo que reciben con humildad la palabra de Dios encuentra la vida eterna. Pablo experimento este fenómeno en algunas ocasiones. Por ejemplo, después que el apóstol predico uno de sus mejores mensajes en el areópago, no todas las personas creyeron: “Pero cuando oyeron lo de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: Ya te oiremos acerca de esto otra vez. Y así Pablo salió de en medio de ellos. Mas algunos creyeron, juntándose con él; entre los cuales estaba Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris, y otros con ellos”, (Hechos 17:32-34). Pero los que creen en sus palabras se convierten en sus verdaderos discípulos. Las palabras de Pedro revelan tres fuertes convicciones en la vida de un discípulo. En primer lugar un verdadero discípulo reconoce que no tiene a donde más ir: Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Aquellos judíos que abandonaron a Jesús creían que sus ideales y religión los podían guiar a la voluntad de Dios y a la vida eterna, pero estaban equivocados ya que solamente en Jesús encontramos todo lo que el hombre necesita, y Pedro lo sabía muy bien. En segundo, un verdadero discípulo reconoce que las palabras de Jesús son vida eterna: Tú tienes palabras de vida eterna. La principal razón por la cual solamente en Jesús encontramos todo lo que necesitamos es porque solamente en Él hay palabras de vida eterna. Sus palabras son vida, traen paz, consuelo y esperanza al pecador y por esta razón un verdadero discípulo sigue a Jesús. Finalmente, un verdadero discípulo cree que Jesús es el Cristo, el Mesías, el Hijo de Dios: Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. La palabra Cristo proviene del griego Jristós (Χριστός), la cual a su vez tiene su equivalente en hebreo en la palabra Mesías que se traduce de Mashiakj (מָשִׁיחַ), ambas significan el ungido. Sus discípulos creían que Jesús era el Ungido de Dios, aquel de quien habían hablado la ley, los profetas y los salmos. Un verdadero discípulo sigue a Jesús no solo por sus grandes dotes de liderazgo, sino también porque es más que un gran hombre, es el Cristo, el Mesías, el enviado de Dios, el único que puede perdonar nuestros pecados y darnos la vida eterna, el verdadero Hijo de Dios.

LOS QUE FINGEN SER DISCÍPULOS DE CRISTO


“Jesús les respondió: ¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo? Hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón; porque éste era el que le iba a entregar, y era uno de los doce”.
Juan 6:70-71

                 Jesús termina este episodio afirmando una vez más su elección soberana sobre sus seguidores, pero afirma que no todos son verdaderos discípulos, sino uno era un traidor: ¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo? La palabra griega de donde se traduce diablo en este texto es diábolos (διάβολος) la cual literalmente significa calumniador. En este caso Jesús hablaba de Judas, el Iscariote: Hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón; porque éste era el que le iba a entregar, y era uno de los doce. Esto nos enseña que mientras una parte de personas se reusaron ser discípulos de Jesús, otros si afirmaron serlo, pero no todos los que lo afirmaban lo eran. Judas afirmaba seguir a Jesús, pero lamentablemente era un hipócrita porque nunca permitió que la palabra de Dios lo transformara. Es fácil identificar a los incrédulos ya que al menos ellos afirman no ser creyentes, pero lo más difícil es identificar entre los creyentes a aquellos que viven fingiendo ser cristianos teniendo una doble vida. En la Biblia a estos falsos cristianos se les llama la cizaña: “Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña”, (Mateo 13:23-26). El parecido entre el trigo y la cizaña es grande, y solo puede identificarse la una de la otra hasta que viene la siega y se verifica su fruto: “Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? Él les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo”, (Mateo 13:27-29). Solamente a través de sus frutos los verdaderos discípulos son conocidos y en el caso de Judas, fue hasta el final del ministerio de Jesús que revelo que sus obras eran malas. Así, muchas personas pudieran ser consideradas cristianas, pero realmente no lo son, no están dispuesta a someterse al señorío de Cristo y solo fingen serlo, sin saber que esto les acarrea mayor condenación. Por tanto, todos debemos preguntarnos si realmente somos discípulos de Cristo, sino solamente estaremos viviendo una verdadera mentira.



lunes, 23 de enero de 2017

El Terrible Pecado de la Fornicación en la Iglesia (1 Corintios 5:1-8)

“De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre. Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción? Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús. No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.  Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad”.
1 Corintios 5:1-8

INTRODUCCIÓN


             Después de 4 capítulos donde se ha tratado el problema de las divisiones, el capítulo 5 de la primera carta del apóstol Pablo a los corintios abre un nuevo tema que está relacionado con otro de los problemas que la iglesia estaba atravesando: los pecados de fornicación. No olvidemos que el problema de división que el apóstol Pablo ha venido tocando desde el primer capítulo de esta carta fueron informes directos que recibió de parte de la familia de Cloé, y es de suponerse que este nuevo problema que tocara fue parte de ese informe: Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé…”, (1 Corintios 1:11). En esta ocasión el nuevo problema que la iglesia de Corinto estaba atravesando era el de tolerar la fornicación en medio de la iglesia.

FORNICACION
El Terrible Pecado de la Fornicación en la Iglesia 

EL PECADO DE LA FORNICACIÓN


“De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre”.
1 Corintios 5:1

                 La palabra fornicación proviene del griego porneía (πορνεία), de donde deriva la palabra española pornografía, y con esta palabra se describe toda clase de pecado sexual. El sexo es un privilegio que solo puede practicarse únicamente bajo el lazo del matrimonio, por lo que la fornicación es la consumación de relaciones sexuales fuera del matrimonio, siendo esto un pecado delante de los ojos de Dios. Por tanto, los pecados como el adulterio, el sexo entre hombre y mujer sin estar casados, la sodomía (relaciones sexuales con el mismo género, hombre con hombre, o mujer con mujer), sexo entre familiares, las orgias, etc., son clasificados como fornicación. En este caso un pecado se estaba practicando en medio de la iglesia de Corinto el cual era tan escandaloso que ni siquiera entre los gentiles se mencionaba tal cosa: De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre. El pecado consistía en que un hombre estaba fornicando con la mujer de su padre, es decir, su madrastra. La misma naturaleza le indicaba a los gentiles que el allegarse a la mujer de su padre era algo abominable, y en la ley levítica se prohibía tal práctica pecaminosa: “La desnudez de la mujer de tu padre no descubrirás; es la desnudez de tu padre”, (Levítico 18:8). Sin embargo, había un miembro de la iglesia de Corinto que se había depravado tanto que estaba en plena y abierta fornicación con la mujer de su padre, y esto no era algo oculto, sino del conocimiento público.

EL ERROR DE TOLERAR EL PECADO DENTRO DE LA IGLESIA


“Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción?”.
1 Corintios 5:2

                En este versículo Pablo reprende el terrible error que la iglesia de Corinto estaba cometiendo al tolerar en medio de ellos este pecado de fornicación. En esta ocasión el apóstol recrimina la tolerancia que los líderes de esta iglesia tenían al no poner estorbo a tal fornicario: Y vosotros estáis envanecidos. Ya anteriormente Pablo les había amonestado por creerse superiores en conocimientos: “Nadie se engañe a sí mismo; si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio”, (1 Corintios 3:18); pero ahora, estos que se creían más sabios que los demás eran incapaces de incomodarse por la terrible conducta de uno de sus miembros a tal punto que  permitían que practicara desvergonzadamente este pecado siendo piedra de tropiezo para los demás creyentes. El pecado de la fornicación ha sido siempre un verdadero problema para el pueblo de Dios ya que es una de las mejores armas que Satanás tiene para ensuciar la consciencia del ser humano y apartarlo de Dios. Por ejemplo, los israelitas fueron apartados de Dios y cayeron en el juicio divino debido a la fornicación: “Moraba Israel en Sitim; y el pueblo empezó a fornicar con las hijas de Moab, las cuales invitaban al pueblo a los sacrificios de sus dioses; y el pueblo comió, y se inclinó a sus dioses. Así acudió el pueblo a Baal-peor; y el furor de Jehová se encendió contra Israel”, (Números 25:1-3). El mismo rey Salomón cayo en el pecado de la fornicación con mujeres extranjeras las cuales lo arrastraron también a la idolatría: “¿No pecó por esto Salomón, rey de Israel? Bien que en muchas naciones no hubo rey como él, que era amado de su Dios, y Dios lo había puesto por rey sobre todo Israel, aun a él le hicieron pecar las mujeres extranjeras”, (Nehemías 13:26). Este pecado es tan terrible que destruye directamente el templo de Dios y por tal razón el mismo Pablo nos dice más adelante que debemos huir de este pecado: “Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; más el que fornica, contra su propio cuerpo peca. ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”, (1 Corintios 6:18-20). Por tanto, al ser un pecado tan terrible que  destruye el estado de santificación del creyente era de esperarse que los líderes de dicha iglesia no lo toleraran y  no permitieran que el tal lo practicara sin ningún estorbo. Uno puede recordar la historia del sacerdote Elí quien nunca estorbo a sus hijos quienes se comportaban impíamente en el ministerio, siendo piedra de tropiezo para los demás israelitas, y por esto mismo Dios los desecho a todos: “Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado. Por tanto, yo he jurado a la casa de Elí que la iniquidad de la casa de Elí no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con ofrendas”, (1 Samuel 3:13-14). El apóstol esperaba que los miembros de la iglesia de Corinto se incomodasen con el pecado de esta persona y no permitieran tal comportamiento en medio de ellos ya que esto era un verdadero mal testimonio y tropezadero para los débiles: ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción? La iglesia del Señor debe esforzarse por mantener la santidad y buen testimonio a los ojos de este mundo ya que de lo contrario el nombre de nuestro Dios será blasfemado por los incrédulos. 

¿EXCOMULGADO DE LA IGLESIA?


“Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús.
1 Corintios 5:3-5

               Como resultado de tal hecho desvergonzado el apóstol parece ser muy duro al dictar el juicio sobre esta persona, ya que aunque está ausente de la iglesia en ese momento les pide a los creyentes que en el nombre de Jesús el tal sea expulsado de la congregación: el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne. Lo más seguro era que este caso de inmoralidad sexual era cometido por una persona con plena conciencia de la prohibición que la palabra de Dios hacía, la cual habiendo sido amonestada y exhortada a abandonar su pecado, persistió en su maldad. En la Biblia aparece el proceso que se tiene que llevar con un cristiano que está en un error o pecado: “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Más si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano”, (Mateo 18:15-17). Bajo estas palabras la iglesia puede iniciar un proceso de amonestación en contra de sus miembros que están en pecado. Si alguien que dice ser cristiano peca, se nos pide ir y reprenderlo en privado por su mala actitud con el fin de que la cambie; pero si no obedece, entonces hay que ir con dos o tres testigos para reprenderlo; y si aun así no cambia, hay que presentar el caso a la iglesia, posiblemente los ancianos con todos los testigos respectivos, y si a estos no les obedece, entonces no hay que considerarlo cristiano y denunciarlo delante de la iglesia. En contraste, si el creyente se arrepiente de su conducta este debe ser ayudado para su completa restauración: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado”, (Gálatas 6:1). Lo más probable es que con esta persona ya se había realizado este proceso, pero se había negado a cambiar por lo que su conducta pecaminosa ya era dañina para la salud espiritual de los demás creyentes y por eso Pablo les pide que el tal sea sacado de en medio de ellos con dos propósitos: el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús. La primera razón por la cual debía sacarse de en medio de la congregación era para que su carne fuese entregada a Satanás para destrucción. Muchos comentaristas dicen que las palabras: entregado a Satanás para destrucción de la carne,  posiblemente se refiere a expulsar sus conductas pecaminosas al mundo, fuera de la comunión de la iglesia, ya que la iglesia sabía que el mundo estaba controlado por Satanás: “Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno”, (1 Juan 5:19).  La palabra carne aquí no se refiere al cuerpo humano, sino es la naturaleza pecaminosa la cual Pablo pide se destruya para que este hombre no continúe siendo arrastrado por ella al infierno. De alguna manera el apóstol esperaba que el hecho de apartar a esta persona de en medio de la iglesia, no solo la ayudaría a mantenerse pura, sino también que ayudaría al pecador a arrepentirse para que su alma fuera salva: a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús. Ignoramos como Pablo sabía que esto podría ayudar a esta persona a reconocer su error, pero lo cierto es que funciono ya que en su segunda carta a los corintios se regocija el saber que esto sucedió: “Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios, ¡qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación! En todo os habéis mostrado limpios en el asunto. Así que, aunque os escribí, no fue por causa del que cometió el agravio, ni por causa del que lo padeció, sino para que se os hiciese manifiesta nuestra solicitud que tenemos por vosotros delante de Dios”, (1 Corintios 7:11-12). Es muy probable que la esperanza de Pablo radicaba en la disciplina de Dios hacia sus hijos la cual les ayuda a corregir su mal camino y volver al redil: “Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados”, (Hebreos 12:7-11). Al final, el sacar fuera de la iglesia ayudo a los creyentes fieles a mantenerse lejos de la influencia de esa conducta pecaminosa que los podía contaminar, y por otro lado ayudo a esta persona a recapacitar sus malas acciones para volver a los pies de Cristo arrepentido por todo lo que había hecho.

LA IGLESIA NO DEBE CONSENTIR VIVIR EN MEDIO DEL PECADO


“No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.  Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad”.
1 Corintios 5:6-8

                 Si bien es cierto, la iglesia ha sido llamada a presentar el mensaje del evangelio y sus esfuerzos van orientados a atraer a personas pecadoras a sus reuniones con el fin de que el poder transformador del evangelio los cambie y se conviertan en verdaderos creyentes, también está llamada a conservar la santidad en medio de sus miembros. El problema comienza cuando alguien que afirma ser cristiano se comporta como un verdadero impío, tal y como la persona que vivía en fornicación con la mujer de su padre. Cuando esto es así puede llegar a ser un verdadero problema para el cuerpo de Cristo, ya que por un lado su influencia pecaminoso puede hacer caer a otros cristianos débiles los cuales puede imitar su mal comportamiento, y por otro, endurece aún más los corazones de los incrédulos al hacerles pensar que toda la iglesia es hipócrita por no hacer nada con estos casos. Por eso Pablo les decía a los corintios que toda su jactancia no era buena, ya que lo mejor que podían hacer es velar por la santidad de todo el Cuerpo de Cristo ya que un poco de pecado daña todo el ambiente espiritual de la iglesia, así como un poco de levadura leuda toda la masa: ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? Todos los creyentes debemos limpiarnos de todo pecado, ya no podemos vivir hipócritamente, sino santificarnos ya que Cristo fue sacrificado por nuestra salvación y por ello debemos horrarlo viviendo realmente para Él: Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.  Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad.

                Debemos pedirle sabiduría a Dios para no convertirnos en fariseos que en lugar de ayudar a la gente a acercarse a Dios los terminemos ayuntando por nuestros legalismos. También necesitamos sabiduría para amonestar y alentar a los caídos, a aquellos que necesitan corregir algunas actitudes pecaminosas que aun reinan en sus vidas; pero también debemos evitar ser tolerantes con aquellas personas que le hagan daño al cuerpo de Cristo con sus malas acciones, los cuales previamente amonestados persisten intencionalmente en su actitud pecaminosa, convirtiéndose así en piedras de tropiezo en la congregación. Estos deben apartarse del rebaño y rogar a Dios por su restauración, ya que si vuelven habremos ganado un alma más para Cristo, y si no, nunca fue uno de los nuestros.




La Poesía Hebrea


“Y compuso tres mil proverbios, y sus cantares fueron mil cinco”.
1 Reyes 4:32

               La poesía hebrea es un género literario que está presente en al menos la tercera parte de toda la Biblia, específicamente en el Antiguo Testamento. Encontramos la poesía hebrea en los libros de los Salmos, Proverbios, Job (con excepción del prólogo y del epílogo) y el Cantar de los Cantares. También encontramos numerosos pasajes que tienen poesía hebrea en los libros proféticos tales como Isaías y Jeremías, Ezequiel, casi la totalidad de Oseas, Joel y Amós, y la totalidad de Abdías, Miqueas, Nahúm, Habacuc y Sofonías, así como el libro de las Lamentaciones. Aun en el Pentateuco y en los libros históricos encontramos porciones que son pura poesía, tales como los cánticos de Moisés, Débora y Ana o los canticos tristes de David por Saúl y Jonatán. En este sentido el estudio de la poesía hebrea es sumamente importante para comprender de una mejor forma la palabra de Dios.

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La Poesía Hebrea 

CARACTERÍSTICAS DE LA POESÍA HEBREA


                Cuando se piensa en poesía lo primero que viene a la mente es la rítmica y la métrica, sin embargo, la poesía de origen hebreo es muy diferente. La poesía hebrea es la presentación de ideas a través del lenguaje figurado en forma de paralelismos y acrósticos. En muchas culturas la poesía suele ir acompañada de un sentido rítmico tal y como ocurre en la música, pero en algunas culturas como la hebrea, acadia, la egipcia y china, la rima no existe. También otro elemento importante en la poesía contemporánea es la métrica la cual es la estructura interna de sus versos (número de sílabas y lugar de los acentos), pero en la poesía hebrea no existe la métrica. Prácticamente la poesía hebrea se caracteriza por el uso de paralelismos y acrósticos las cuales estudiaremos un poco más en detalle.

PARALELISMOS


                   La característica principal de la poesía hebrea es el paralelismo. Compuesta de símil, metáforas, prosopopeyas y otros tropos, la poesía hebrea expresa sus ideas en dos partes de estrofas, donde la primera tiene relación con la segunda, ya sea en forma análoga, antónima o consecutiva. Actualmente uno puede encontrar muchas formas de clasificar los paralelismos en la poesía hebrea, sin embargo, nosotros veremos los básicos.

Paralelismo Sinónimo.


Se llama paralelismo sintético cuando la segunda línea contiene un pensamiento idéntico o semejante al del anterior con diferente ropaje verbal. Veamos algunos ejemplos en la Biblia de paralelismos sintéticos.

Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.
Un día emite palabra al otro día,  una noche a otra noche declara sabiduría”, Salmo 19:1-2

“No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades,
Ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados”.
Salmo 102:10

 “Te has enlazado con las palabras de tu boca,
Y has quedado preso en los dichos de tus labios”.
Proverbios 6:2

Paralelismo Antitético.


Paralelismo antitético es aquel donde la segunda parte del verso expresa un pensamiento relacionado con el primero pero en forma de contraste. Veamos algunos ejemplos en la Biblia:

Mi carne y mi corazón desfallecen;
Más la roca de mi corazón  y mi porción es Dios para siempre”.
Salmo 73:26

La justicia engrandece a la nación;
Mas el pecado es afrenta de las naciones”.
Proverbios 14:34

La lengua de los sabios adornará la sabiduría;
Más la boca de los necios hablará sandeces”.
Proverbios 15:2


Paralelismo Sintético.


Un paralelismo sintético o constructivo, es aquel en el cual la segunda línea del verso añade un pensamiento a la primera como para completarla, aumentarla o intensificarla. Los dos versos pueden tener una relación de causa y efecto, premisa y conclusión, proposición y suplemento, etc. Veamos unos ejemplos en la Biblia.

“¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo?
El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño”.
Salmo 24:3-4

Mejor es la comida de legumbres donde hay amor,
Que de buey engordado donde hay odio”.
Proverbios 15:17

Responde al necio como merece su necedad,
Para que no se estime sabio en su propia opinión”.
Proverbios 26:5

Paralelismo Climático o Escalonado.


El paralelismo climático o escalonado es un vigoroso tipo de paralelismo sintético en el cual se repiten y se vuelven a usar una palabra o frase clave, o varias palabras o frases, hasta que se completa el pensamiento al final del prolongado paralelismo. Una línea tras otra van complementándose hasta lograr un clímax o dar un resumen

“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación”.
Habacuc 3:17-18

“Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel. Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche. Jehová te guardará de todo mal; el guardará tu alma. Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre”.
Salmo 123:1-8

Paralelismo Emblemático.


                Se llama paralelismo emblemático cuando la primera parte del verso expresa el pensamiento en forma figurada, mientras que la segunda lo hace en forma literal, o viceversa. Veamos algunos ejemplos en la Biblia.

Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas,
Así clama por ti, oh Dios, el alma mía”.
Salmo 42:1

No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad.
Porque como hierba serán pronto cortados, y como la hierba verde se secarán”.
Salmo 37:1-2

Serán avergonzados y vueltos atrás todos los que aborrecen a Sion.
Serán como la hierba de los tejados, que se seca antes que crezca”.
Salmo 129:5

LOS ACRÓSTICOS EN LA POESÍA HEBREA


                   Un acróstico es una composición, en verso o en prosa, en el cual ciertas letras de cada verso o frase, leídas en forma vertical, forman una palabra o mensaje. En la poesía hebrea es utilizada cada letra del alfabeto hebreo para comenzar con la enseñanza de cada verso. Por ejemplo, el Salmo 119 tiene 22 grupos de ocho versos cada uno. A cada grupo corresponde una letra del alfabeto hebreo y cada verso comienza en el original con la letra correspondiente del grupo. En el Salmo 37 cada tercer verso empieza con una letra de ese mismo alfabeto. El capítulo 3 de Lamentaciones es un ejemplo notable de la composición acróstica, y así algunos capítulos del libro de los Salmos. Sin embargo, no toda la poesía hebrea que aparece en la Biblia está en forma de acrósticos.

LOS GÉNEROS DE LA POESÍA HEBREA


                 Podemos clasificar la poesía que se encuentra en la Biblia en cuatro géneros básicos: la lírica, la didáctica la dramática y la elegíaca. Se conoce como poesía lírica a aquella que está en forma de cantos de alegría como por ejemplo cántico triunfal de Moisés y María en Éxodo 15:1-21, el cántico de Moisés al fin de su vida en Deuteronomio 32:1-43, o el cántico de Débora en  Jueces 5:1-31. La poesía didáctica es aquella que tiene el propósito de enseñar. Los libros de Job, Proverbios, Eclesiastés y varios de los Salmos son de carácter didáctico. La poesía dramática en su forma pura no se encuentra en la Biblia, pero hay elementos de dramatismo en los libros de Job y Cantares. El drama es una forma de arte que cuenta una historia mediante el diálogo y acciones de los protagonistas. Finalmente, La poesía elegíaca expresa los lamentos por los muertos. Las elegías de David por Saúl y Jonatán en 2 Samuel 1:19-27 son un ejemplo de ello, así como el lamento por Ábner que esta 2 Samuel 3:33,34, y el libro de Lamentaciones de Jeremías puede clasificarse en este género de poesía. Cada uno de los libros poéticos tiene su género literario propio, aunque a veces se entremezclan los diversos modos de expresión.


viernes, 20 de enero de 2017

El Lenguaje Figurado en la Biblia



“Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar. Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa. Y les habló muchas cosas por parábolas…”
Mateo 13:1-3

                No cabe duda que la Biblia es un libro sorprendente cuyas enseñanzas provee sabiduría y vida eterna a todos aquellos que la leen y de aquí la importancia de saberla interpretar, especialmente porque ella está llena de lenguaje figurado. En Mateo 13 se nos dice que Jesús enseño muchas cosas de las cuales algunas estaban en forma de parábolas: Y les habló muchas cosas por parábolas, y así podemos encontrar a lo largo texto sagrado símil, metáforas, prosopopeyas, entre otras. Esto nos obliga a estudiar las diferentes formas del lenguaje figurado con el fin de poder encontrar la mejor interpretación del texto bíblico. La retórica es la disciplina que estudia el lenguaje en sus diferentes formas. La forma más sencilla de retórica es aquella que utiliza el lenguaje literal, es decir, aquello que se dice en una forma directa y sencilla; pero en ocasiones se pueden expresar las ideas en forma figurada. El lenguaje figurado es aquel por el cual una palabra expresa una idea en términos de otra, apelando a una semejanza que puede ser real o imaginaria. El lenguaje figurado se opone al lenguaje literal, que supone que las palabras tienen el sentido que define su significado exacto. Otro termino importante usado en retorica es el Tropo el cual se refiere a la sustitución de una frase o expresión por otra cuyo sentido es figurado. El tropo comprende la sinécdoque, la metonimia y la metáfora en todas sus variedades Veamos cómo es utilizado este lenguaje figurado en las Sagradas Escrituras.

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El Lenguaje Figurado en la Biblia 

FIGURAS SIMPLES DE COMPARACIÓN


             Se llaman figuras simples de comparación a aquellas de muchas figuras retóricas que se caracteriza por establecer de manera explícita una relación entre dos elementos que poseen cualidades similares entre sí. En este grupo incluimos el símil y las metáforas. Veamos algunos ejemplos de ellas que aparecen en la palabra de Dios.

Símil.


El símil es una figura retórica que utiliza el recurso de la comparación o semejanza entre términos. Generalmente va acompañada por la conjunción “como” u otra equivalencia. Generalmente el símil va buscando impresionar la mente con algún parecido o semejanza. Veamos algunos ejemplos.

1.       Aquí se compara el deseo de estar delante de Dios con la desesperación que los ciervos sienten por calmar su sed en el desierto: Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía”, (Salmo 42:1).
2.       Aquí Jeremías compara el efecto que la palabra que profetizaba tenía sobre la gente, y dice que era como un fuego que quemaba o un martillo que quiebra la piedra: “¿No es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra?”, (Jeremías 23:29).
3.       Jesús usa el cuidado que una gallina tiene por sus pollitos al ocultarlos bajos sus alas cuando siente que sus vidas corren peligro con el anhelo de Dios de querer proteger a Israel de las consecuencias de sus pecados: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!”, (Mateo 23:37).
4.       Isaías compara la forma de como las plantas germinan y crecen después de una nevada con la efectividad que tiene la palabra de Dios en los corazones humanos: “Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”, (Isaías 55:10-11).

Metáfora.


Es una comparación implícita que no se expresa formalmente como en el símil. No aparece, pues, en ella la conjunción “como”. El pasaje que se halla en Oseas 13: 8: “Los devorare como león”, es un símil; pero Génesis 49:9: “Cachorro de león es Judá”, es una metáfora. Podemos comparar alguna cosa con la fuerza salvaje y la rapacidad del león, o con el vuelo rápido del águila, o con la brillantez del sol, o con la belleza de 1a rosa, y en cada uno de esos casos empleamos las palabras en su sentido literal. Pero cuando decimos “Judá es un león”, “Jonatán era un águila”, “Jehová es un sol”, “mi amada es una rosa”, inmediatamente percibimos que las palabras “león”, “águila”, etc., no están empleadas literalmente sino que con ellas se quiere denotar, únicamente, alguna cualidad o característica de estas criaturas. De aquí que la metáfora, como su nombre lo denota (Griego, metaféro, transportar, o transferir) sea una figura de lenguaje mediante la cual el sentido de un apalabra se transfiere a otra. En la Biblia encontramos muchas metáforas, algunas del tipo Antropomórfico en el Antiguo Testamento, otras basadas en los hábitos de animales, cultos o rituales hebreos. Veamos unos ejemplos.

1.       “He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír”, (Isaías 59:1).
2.       “Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos”, (Salmo 34:15).
3.       “Purifícame con hisopo y seré limpio”,  (Salmo 51:7).
4.       Jesús utilizo muchas metáforas para referirse a su carácter mesiánico. Por ejemplo Él dijo: “Yo soy el pan de vida” (Juan 6:35); “Yo soy la luz del mundo”, (Juan 8:12); “Yo soy la puerta”,  (Juan 10:7); “Yo soy el buen pastor”, (Juan 10: 11), etc.
5.       Pedro utilizo una metáfora para describir el carácter de los falsos maestros: “Estos son fuentes sin agua, y nubes empujadas por la tormenta; para los cuales la más densa oscuridad está reservada para siempre”, (2 Pedro 2:17).
6.       Jesús utilizo una metáfora para describir la experiencia espiritual que sienten aquellos que creen en el: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”, (Juan 7:38).
7.       Pablo utiliza la metáfora de la sepultura para explicarnos uno de los significados del bautismo: “Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva”, (Romanos 6:4).


FIGURAS DE DICCIÓN


            Las figuras de dicción son figuras retóricas en las que se altera la composición de las palabras, frases o discursos, con el fin de dar mayor énfasis a lo que se quiere decir. Se consideran figuras de dicción la hipérbole y el pleonasmo.

El Pleonasmo.


El pleonasmo (o redundancia) es una figura retórica que consiste en la adición de palabras que no son necesarias en una frase, es decir, son redundantes, pero se introducen con el fin de darle mayor vigor a la idea que se quiere transmitir. Veamos algunos ejemplos donde subrayamos las palabras redundantes:

1.       “Y el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que le olvidó, (Génesis 40:23).
2.       Ninguna cosa leudada comeréis; en todas vuestras habitaciones comeréis panes sin levadura, (Éxodo 12:20).
3.       “Entraré en tu casa con holocaustos; te pagaré mis votos, que pronunciaron mis labios y habló mi boca, cuando estaba angustiado”, (Salmo 66:13-14).

Hipérbole.


La hipérbole (o exageración) es la figura retórica que consiste en aumentar o disminuir de forma exagerada lo que se dice con el fin de recalcar la importancia de la idea que se está compartiendo en ese momento. Veamos algunos ejemplos:

1.       “Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir”, (Juan 21:25).
2.       “Me he consumido a fuerza de gemir; todas las noches inundo de llanto mi lecho, riego mi cama con mis lágrimas”, (Salmo 6:6).
3.       “¡Oh, si mi cabeza se hiciese aguas, y mis ojos fuentes de lágrimas, para que llore día y noche los muertos de la hija de mi pueblo!”, (Jeremías 9:1).
4.       “¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?”, (Mateo 7:3).

FIGURAS DE RELACIÓN


                 Se les llama figuras de relación a los tropos, es decir, frases o expresiones que se utilizan en oraciones con el objetivo de relacionarlas con el significado que se anda buscando usar. Son figuras de relación la sinécdoque y la metonimia.

La Sinécdoque.


La sinécdoque, o el sentido figurado, es la figura retórica que utiliza una parte de algo para referirse a un todo. Veamos algunos ejemplos en la Biblia. Veamos algunos ejemplos:

1.       “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”, (Mateo 6:11). En este caso la palabra pan se utiliza para referirse al sustento diario que cada persona necesita para vivir, no solo el pan.
2.       “Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra”, (Génesis 6:12). En este caso “toda carne” se refiere a todo ser viviente.
3.       “Y Judá cayó delante de Israel, y huyeron cada uno a su tienda”, (2 Reyes 14:12). En este caso, Judá se refiere a los soldados de esa tribu de Israel.

      La Metonimia.


La metonimia es un tropo consiste en sustituir la palabra principal por otra que esté estrechamente vinculada a ella. Quizás usted conoce bien los sinónimos — palabras que significan lo mismo. Asimismo, quizás ya sabe que palabras antónimas son palabras que tienen significados opuestos. Metonimias son palabras que se pueden intercambiar — una palabra puede representar a otra. Un ejemplo muy expresivo de metonimia nos lo ofrecen las palabras de Abraham en la historia del rico y Lázaro: “A Moisés y a los profetas tienen”,  (Lucas. 16:29). Aquí obviamente se hace referencia a los escritos de la palabra de Dios. Otro ejemplo lo encontramos en Romanos donde Pablo literalmente dice: “Dios justificara por la fe a la circuncisión, y por la fe a la incircuncisión”, (Romanos 3:30), donde circuncisión se intercambia por la palabra judíos, e incircuncisión se intercambia por la palabra gentiles. En el salmo del buen pastor dice: “Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores...” (Salmo 23:5). Aquí mesa se intercambia por la palabra alimento. Otro ejemplo seria: “Y la mujer que has visto es la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra”, (Apocalipsis 17:18). Aquí la mujer representa a todos los pecadores y la pecaminosidad de Babilonia (Roma).

FIGURAS DE CONTRASTE


                  Las figuras de contraste, como la misma palabra indica, consisten en crear contraste entre dos frases poniendo de relevancia los rasgos y características del segundo a través del primero, debido a que, aparentemente lo contradicen. Se consideran figuras de contraste a la ironía, la paradoja, la atenuación y el eufemismo.

La Ironía.


                La ironía es una figura retórica que utiliza una frase en forma de sarcasmo para dar a entender lo contrario de una forma contundente. Entre algunos ejemplos tenemos las palabras sarcásticas de Elías a los profetas de Baal: “Y aconteció al mediodía, que Elías se burlaba de ellos, diciendo: Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme, y hay que despertarle”, (1 Reyes 18:27). O las palabras de Pablo a los corintios en cuanto a comer y beber porque mañana moriremos: “Si como hombre batallé en Éfeso contra fieras, ¿qué me aprovecha? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, porque mañana moriremos. No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres”, (1 Corintios 15:32-33). O las palabras irónicas de Job a Zofar: “En verdad que sois el pueblo, y con vosotros morirá la sabiduría”, (Job 12:2). O también la burla que los soldados romanos hicieron de Jesús puede ser considerado una ironía: “y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos!”, (Mateo 27:29).

La Antítesis.


La antítesis es un contraste directo que menciona dos cosas, como norte y sur, frío y caliente. Un símil o una metáfora comparan dos cosas que son parecidas. Pero una antítesis contrasta cosas opuestas. Por ejemplo, el siguiente versículo es una antítesis: “Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta”, (Levítico 23:19). Muchas veces, Jesús contrastó dos cosas para aclarar una enseñanza: “Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen”, (Mateo 23:1-3).

La Paradoja.


La paradoja es una figura retórica que a través del empleo de expresiones que envuelven una contradicción aparente quieren enseñar lo opuesto. Ejemplo de estas las tenemos en boca de nuestro Señor Jesús quien dijo: “El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará”, (Mateo 10:39), o en Pablo cuando habla a los corintios en su segunda carta: “No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”, (2 Corintios 4:18).

La Atenuación o Litote.


La atenuación o litote es una figura retórica, relacionada con la ironía y el eufemismo, mediante la cual se afirma algo, disminuyendo (atenuando) o negando lo contrario de lo que se quiere afirmar o decir: "no poco" = mucho. "no está bien" = está mal. Un litote en forma de negación lo encontramos en Hechos de los apóstoles cuando Jesús les dijo: “Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días”, (Hechos 1:5). En este caso la palabra “pocos” se expresó en su forma negativa: no mucho. En estas palabras de Pablo a los tesalonicenses encontramos un litote en forma de negación: “Los cuales mataron al Señor Jesús y a sus propios profetas, y a nosotros nos expulsaron; y no agradan a Dios, y se oponen a todos los hombres”,  (1 Tesalonicenses 2:15). No agradan es la forma negativa de desagradar. También podemos encontrar el litote en forma de atenuación. Un ejemplo de ello lo encontramos en este pasaje: “Mas yo soy gusano, y no hombre; oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo”, (Salmos 22:6). A través de compararse a un gusano el salmista quiere expresar su condición vil y de gran necesidad delante de Dios. Otro ejemplo de esto lo encontramos en las palabras de Abraham al decir que es polvo y ceniza para expresar su humilde condición delante de Dios: “Y Abraham replicó y dijo: He aquí ahora que he comenzado a hablar a mi Señor, aunque soy polvo y ceniza, (Génesis 18:27). El mismo Pablo utiliza un litote de atenuación para decir que es el más insignificante de los apóstoles, aunque sabemos que esto no era así: “Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios”, (1 Corintios 15:9).

El Eufemismo.


El eufemismo es un modo de sugerir con disimulo y decoro ideas cuya expresión franca y literal resultaría demasiado dura o malsonante. Ejemplo de esto es cuando la Biblia usa el término “se cubrió los pies” para referirse a la necesidad fisiológica de ir al baño: “Y cuando llegó a un redil de ovejas en el camino, donde había una cueva, entró Saúl en ella para cubrir sus pies; y David y sus hombres estaban sentados en los rincones de la cueva”, (1 Samuel 24:3). O la palabra “llegarse” es un eufemismo que significa tener relaciones sexuales: “Ningún varón se llegue a parienta próxima alguna, para descubrir su desnudez. Yo Jehová”, (Levítico 18:6). O la palabra “conocer” es utilizada también como un eufemismo significa a tener relaciones sexuales: “Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón”, (Génesis 4:1). La palabra “dormir” es un eufemismo que se utiliza en lugar de la palabra muerte: “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”, (Daniel 12:2).

FIGURAS DE ÍNDOLE PERSONAL


              Se llaman figuras de índole personal a aquellos tropos o figuras retoricas que atribuyen características humanas o realzan con vehemencia las cosas inanimadas. Se consideran figuras de índole personal a la personificación o prosopopeya y al apóstrofe.

La Prosopopeya o personificación.


La prosopopeya o personificación consiste en atribuir características o acciones propias de personas a seres que no lo son. Por ejemplo Pablo usa una prosopopeya al atribuir a los miembros del cuerpo humana la capacidad de expresarse con el fin de enseñar la importancia de la unidad de la iglesia en medio de la diversidad de funciones de todos sus miembros: “Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?”, (1 Corintios 12:15-16). En los Salmos encontramos muchas prosopopeyas: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día y una noche a otra noche declara sabiduría”, (Salmo 19:1-2). El mismo Jesús las utilizo: “Él, respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían”, (Lucas 19:40).

Apóstrofe.


El apóstrofe es la interrupción, exclamación o pregunta dirigida con vehemencia a un ser animado o inanimado, real o imaginario. Se da cuando el orador detiene su discurso, hace como que se marcha del auditorio al que se está dirigiendo y habla a una persona o a un auditorio imaginario, o a una cosa personificada. El Salmo 114 es un ejemplo. Los primeros versículos hacen una descripción al lector de lo que paso cuando Dios libero a Israel de Egipto: “Cuando salió Israel de Egipto, la casa de Jacob del pueblo extranjero, Judá vino a ser su santuario, e Israel su señorío. El mar lo vio, y huyó; el Jordán se volvió atrás. Los montes saltaron como carneros, los collados como corderitos”, (Salmo 114:1-4); pero en los versículos 5-6 se hace una interrupción y se deja de hablar al auditorio para dirigirse de manera imaginaria al mar y los collados: “¿Qué tuviste, oh mar, que huiste? ¿Y tú, oh Jordán, que te volviste atrás? Oh montes, ¿por qué saltasteis como carneros, y vosotros, collados, como corderitos?”, (Salmo 114:5-6); luego del apóstrofe vuelve a dirigirse al auditorio original: “A la presencia de Jehová tiembla la tierra, a la presencia del Dios de Jacob, el cual cambió la peña en estanque de aguas, y en fuente de aguas la roca”, (Salmo 114:7-8). También encontramos apóstrofes dirigidos a cosas inanimadas; “Escuchad, cielos, y hablaré; y oiga la tierra los dichos de mi boca.  Goteará como la lluvia mi enseñanza; destilará como el rocío mi razonamiento; como la llovizna sobre la grama, y como las gotas sobre la hierba”, (Deuteronomio 32:1-2). También tenemos el caso cuando Nehemías narraba las murmuraciones que sus enemigos hacían en su contra, a la mitad de su discurso hace una interrupción para dirigir a Dios una oración: “Cuando oyó Sanbalat que nosotros edificábamos el muro, se enojó y se enfureció en gran manera, e hizo escarnio de los judíos. Y habló delante de sus hermanos y del ejército de Samaria, y dijo: ¿Qué hacen estos débiles judíos? ¿Se les permitirá volver a ofrecer sus sacrificios? ¿Acabarán en un día? ¿Resucitarán de los montones del polvo las piedras que fueron quemadas? Y estaba junto a él Tobías amonita, el cual dijo: Lo que ellos edifican del muro de piedra, si subiere una zorra lo derribará. Oye, oh Dios nuestro, que somos objeto de su menosprecio, y vuelve el baldón de ellos sobre su cabeza, y entrégalos por despojo en la tierra de su cautiverio. No cubras su iniquidad, ni su pecado sea borrado delante de ti, porque se airaron contra los que edificaban. Edificamos, pues, el muro, y toda la muralla fue terminada hasta la mitad de su altura, porque el pueblo tuvo ánimo para trabajar”, (Nehemías 4:1-6). Y así podríamos encontrar más ejemplos en la Biblia.

FIGURAS COMPUESTAS


En el lenguaje figurado no solo existen figuras simples, es decir, tropos expresados a través de frases simples, sino que en ocasiones toman una forma mucho más extensas de las que hemos visto. Cuando el lenguaje figurado en un texto se presenta a través de oraciones extensas se les llama figuras compuestas y en esta categoría entran las parábolas, alegorías, fabulas y enigmas.

Parábola.


La parábola es una narración breve y simbólica de la que se extrae una enseñanza moral. El intento general de la parábola, como de todo lenguaje figurado, es el de embellecer y presentar las ideas y las enseñanzas morales en forma atractiva e impresionante. Presentadas en lenguaje ordinario, literal, muchas verdades se olvidarían apenas se escucharan; pero adornadas con la vestimenta parabólica despiertan la atención y se aferran a la memoria. Revestidas del ornato parabólico, las amonestaciones y censuras resultan menos hirientes y, sin embargo, producen mejor efecto que el que se lograría usando el lenguaje ordinario. Al igual que el símil, una parábola compara dos cosas, poniendo la palabra como o igual o semejante entre las dos. Hay dos diferencias principales entre un símil y una parábola: extensión y puntos de comparación. Un símil es corto, y compara dos cosas sobre un punto. Una parábola es más larga que un símil (por lo general es una historia corta) y puede comparar dos cosas de varias maneras. Por lo tanto, muchos maestros dicen que una parábola es un símil prolongado o extenso.

Podemos ver que en la mayoría de las parábolas que Jesús enseño está presente la conjunción “semejante” para enlazar el punto de comparación. Por ejemplo, lo vemos en la parábola del trigo y la cizaña: “El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo…”, (Mateo 13:24), en la parábola de la semilla de mostaza: “El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo…”, (Mateo 13:31). La parábola de la red: “Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces…”, (Mateo 13:47), etc. En otras ocasiones simplemente inicio la narración de la parábola describiendo los personajes de la misma que tenían como fin hacer un comparativo en cuanto a cuestiones de interés espiritual. Por ejemplo, la parábola del buen samaritano mostraba a través de las acciones de cada uno de sus personajes quien hizo misericordia y demostró verdadero amor a su prójimo sin importar los prejuicios humanos: “Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de Ladrones… ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo”, (Lucas 10:30, 36-37). En otras ocasiones pregunto a que era semejante lo que deseaba enseñar, y a continuación procedió a relatar su parábola: “Y volvió a decir: ¿A qué compararé el reino de Dios? Es semejante a la levadura, que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo hubo fermentado”, (Lucas 13:20-21).

Por tanto, para entender las parábolas es importante identificar los personajes, los puntos de comparación y la lección principal (y las lecciones secundarias) que se desea compartir. Así por ejemplo la parábola del sembrador nos enseña a como entrar en el reino de Dios, la del trigo y la cizaña nos enseña acerca del juicio venidero, la de la semilla de la mostaza acerca del crecimiento del reino de Dios, la del tesoro escondido y la de la perla de gran precio nos enseñan acerca del valor del reino de Dios, la del buen samaritano acerca del amor al prójimo, la del siervo malvado acerca del regreso de nuestro Señor, y así sucesivamente, hay que identificar los personajes de la parábola, ver la comparación que se hace y determinar con ayuda del Espíritu Santo la verdadera interpretación. 

Alegoría.


 La alegoría es una sucesión de metáforas, generalmente combinadas en forma de narración, de cuyo significado literal se prescinde. Su característica principal es la pluralidad de puntos de aplicación, a diferencia de la metáfora simple en la que el punto de comparación y aplicación es solamente uno. Como en el caso que diferencia a un símil de una metáfora, en una parábola usa la palabra como o semejante o igual, pero una alegoría no se usa. Por ende, una metáfora compara dos cosas sin usar como ni semejante (igual). Una alegoría es una metáfora extendida. Así como un símil puede extenderse para ser una parábola, una metáfora puede extenderse para ser una alegoría. Una de las alegorías más famosas las encontramos en el evangelio según Juan: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto…”, (Juan 15:1-2). Otro ejemplo de alegoría la encontramos en Efesios cuando nos habla de la armadura del cristiano: “Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz”, (Efesios 6:14-15).

La Fábula.


La fábula es una composición literaria en la que, por medio de una ficción, se da una enseñanza moral. En ella intervienen seres inanimados o seres vivos irracionales que actúan y hablan como si fuesen personas. En el Antiguo Testamento podemos encontrar fábulas. Por ejemplo tenemos la fábula que Jotam le dirigió a Abimelec y sus seguidores: “Fueron una vez los árboles a elegir rey sobre sí, y dijeron al olivo: Reina sobre nosotros. Mas el olivo respondió: ¿He de dejar mi aceite, con el cual en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?...”, (Jueces 9:8-9). La fábula de Natán a David: “Jehová envió a Natán a David; y viniendo a él, le dijo: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre. El rico tenía numerosas ovejas y vacas…”, (2 Samuel 12:1-2). En Ezequiel también podemos ver otra fábula: “Hijo de hombre, hubo dos mujeres, hijas de una madre, las cuales fornicaron en Egipto; en su juventud fornicaron…”, (Ezequiel 23:2-3). Y así sucesivamente podemos encontrar muchas más.

El Enigma.



El enigma es un dicho de sentido artificiosamente encubierto. Su propósito es precisamente intrigar, despertar el deseo de averiguar lo que se encubre y se usa deliberadamente para probar la capacidad de comprensión de quien escucha. Adivinanzas. Algunos de ellos tienen su explicación en el texto. Por ejemplo, el propuesto por Sansón a los filisteos: “Entonces les dijo: del devorador salió comida, y del fuerte salió dulzura. Y ellos no pudieron declararle el enigma en tres días… Al séptimo día, antes que el sol se pusiese, los de la ciudad le dijeron: ¿Qué cosa más dulce que la miel? ¿Y qué cosa más fuerte que el león?”, (Jueces 14:14, 18). Otros pueden interpretarse a la luz de su contexto inmediato, de pasajes paralelos y de la enseñanza global de las Escrituras. Tal es el caso de las palabras de Jesús a Nicodemo: “El que no nace de nuevo no puede ver el Reino de Dios” (Juan 3:3); cuya interpretación se obtiene al analizar todos el contexto del capítulo 3 donde se presenta la conversación entre Nicodemo y Jesús. Otro enigma dicho por Jesús es el que encontramos en el capítulo 6 donde Jesús le dice a los judíos que Él es el pan de vida que descendió del cielo: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”, (Juan 6:54). ¿Comer su carne y beber su sangre?, estas palabras fueron enigmáticas para los judíos pero la respuesta a esto se encuentra al analizar todo su discurso completo para darnos cuenta que se refiere a creer en el sacrificio de su cuerpo en la cruz del Calvario donde derramo toda su sangre para perdón de pecados. Hay otros enigmas que resultan muy difíciles de interpretar, especialmente en el libro de Apocalipsis, ya que se hace necesario en este caso estudiar el estilo literario apocalíptico para comprender el simbolismo que se utiliza: “Aquí se requiere sabiduría. El que tiene entendimiento, calcule el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis”, (Apocalipsis 13:18). Así podríamos encontrar varios enigmas en la Biblia.