jueves, 15 de septiembre de 2022

Probar los espíritus si son de Dios (1 Juan 4:1-3)

 

“Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo”.

1 Juan 4:1-3

INTRODUCCIÓN

              Iniciamos hoy un nuevo capitulo en esta primera carta de Juan y ahora nos enseña la manera correcta de probar a los espíritus si son de Dios. Como cristianos debemos estar consientes que nos movemos en dos mundos, uno material y otro espiritual, de hecho, nuestra nueva naturaleza, creada por Dios en el momento del nuevo nacimiento, es capaz de responder a la parte espiritual y vivir en el Espíritu. Sin embargo, no debemos olvidar que también Satanás y sus demonios influyen en este mundo con señales que tienen como objetivo engañar a las personas respecto a la verdad, pero aquí el apóstol Juan nos enseña como probar si los espíritus son de Dios.

 

probar-los-espiritus
 Probar los espíritus si son de Dios

NO TODO ESPÍRITU ES DE DIOS

“Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido por el mundo”.

1 Juan 4:1

             Aquí encontramos una realidad, no todas las manifestaciones espirituales provienen de Dios: Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios. Si hay algo que atrae la atención de las personas e interés, son las manifestaciones espirituales. Con esto hay que tener cuidado, primero porque hoy en día en el ámbito cristiano se ha desvirtuado esto totalmente, ya que hay “cristianos” que ven demonios por todos lados, le echan la culpa al diablo por casi todo y andan declarando guerra espiritual, lo cual la Biblia no enseña, porque es Dios el que pelea nuestras batallas. Sin embargo, si hay que estar conscientes de que existe un mundo espiritual que se encuentra en guerra, donde Satanás y sus demonios engañan y tratan de arrastrar a las personas al infierno, además de que se oponen a aquellos que desean servirle a Dios. Así Pablo nos dice que nuestra lucha no es con seres humanos, sino con espíritus malignos: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”, (Efesios 6:12). También vemos en el libro de Job la intervención de Satanás para provocar las duras pruebas en la vida de Job con el propósito de obligarlo a blasfemar de su fe: “Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia”, (Job 1:9-11). También vemos como los planes de Pablo de predicar el evangelio se veían estorbados por Satanás: “Por lo cual quisimos ir a vosotros, yo Pablo ciertamente una y otra vez; pero Satanás nos estorbó”, (1 Tesalonicenses 2:18). Además, busca la manera de tentarnos, para que una vez sedamos a ella, daña nuestra santidad y relación con Dios, pudiendo también afectar nuestra efectividad en el servicio de Dios: “Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle… Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del ángel”, (Zacarias 3:1,3). De esta forma podemos entender que hay un mundo espiritual malo que se opone a nuestro progreso en el camino de Dios.

            Ahora, Juan nos dice, que hay que saber probar los espíritus, si son de Dios: Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. por tanto, el hecho de que haya manifestaciones espirituales no es garantía de que Dios se encuentre respaldando dicha actividad. Hoy en día oímos de reuniones religiosas donde hay sanidades, milagros, se habla en lenguas y una serie de manifestaciones extrañas como la risa santa, el reposar en el espíritu y otras más que podría causar la duda si realmente Dios esta en ese lugar, pero es allí en donde Juan nos invita a probar los espíritus si son de Dios porque muchos falsos profetas han salido por el mundo tratando de engañar con sus herejías a las personas y algunos de ellos, hasta hacen señales para confundirlos.

 

¿CÓMO PROBAR SI LOS ESPÍRITUS SON DE DIOS?

“En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios…”

1 Juan 4:2-3

                   Podríamos preguntarnos cómo podemos probar los espíritus si son de Dios, bueno Juan nos enseña eso aquí: En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios. Tratemos de entender lo que Juan esta diciendo aquí. Recordemos que una razón por la cual Juan escribió su evangelio y cartas fue para contradecir las falsas enseñanzas acerca de Jesús. Los gnósticos enseñaban que el espíritu es bueno y que la carne es mala y de aquí se desprendían dos interpretaciones erradas. La primera es que, si el espíritu es bueno y la carne mal, entonces podía yo hacer con el cuerpo lo que quisiera, al final ya era malo y estaba separado del espíritu, así muchos se entregaban a pecados en contra del cuerpo practicando lo que se conocía como hedonismo. Lo otro era que, si el cuerpo era malo, entonces había que martirizarlo, negándole todo placer y sometiéndolo a vivir en la pobreza y castidad, algo parecido a la vida monástica que se practicó desde el siglo IV. Con todo esto, el factor común era que el cuerpo es malo y, por tanto, los gnósticos no creían en la encarnación de Jesús y ni mucho menos en su resurrección corporal, porque iba en contra de sus enseñanzas. Por eso Juan decía, que todo aquel que no confesaba que Jesucristo no había venido en la carne, no es de Dios.

              En este sentido, los espíritus que no provienen de Dios se prueban filtrando sus enseñanzas con la sana doctrina. Alguien puede hacer muchos milagros, hablar en lenguas o profetizar, sanar muchos enfermos, pero en medio de todo eso, lo que determina si realmente es de Dios su ministerio es la palabra de Dios. En 1 Corintios Pablo nos habla del don de discernimiento de espíritus, el cual ayuda a algunos creyentes a discernir que clase de espíritu está detrás de alguna obra sobrenatural: “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho… a otro, discernimiento de espíritus…”, (1 Corintios 12:7, 10). Vemos en Hechos como Pablo entendió que el espíritu por medio del cual la joven de Filipo les profetizaba no era de Dios: “Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando. Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación. Y esto lo hacía por muchos días; más desagradando a Pablo, este se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora”, (Hechos 16;16-18). Si bien es cierto, Dios puede darnos discernimiento de espíritus, pero lo cierto es que una buena forma de identificar a los espíritus que no vienen de Dios es por la doctrina que enseñan, tal y como Juan lo dice en estos versículos. En el Antiguo Testamento, de igual forma, los falsos profetas que incluso podían hacer señales milagrosas se conocían si eran de Dios por la doctrina que enseñaban: “Cuando se levantare en medio de ti profeta, o soñador de sueños, y te anunciare señal o prodigios, y si se cumpliere la señal o prodigio que él te anunció, diciendo: Vamos en pos de dioses ajenos, que no conociste, y sirvámosles; no darás oído a las palabras de tal profeta, ni al tal soñador de sueños… Tal profeta o soñador de sueños ha de ser muerto…”, (Deuteronomio 13:1-2, 5). También Pablo le dice a la iglesia que debemos probar toda profecía si es de Dios: “Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen”, (1 Corintios 14:29). Por tanto, evaluemos la doctrina y si esta no esta conforme a la sana enseñanza del evangelio, el tal, aunque haga milagros, es un falso maestro.

 

EL ESPÍRITU DEL ANTICRISTO

 “… y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo”.

1 Juan 4:3

                      Al final, Juan nos dice que todo esto es el espíritu del anticristo, el cual un día se manifestara en el mundo: y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo. Para Juan, este espíritu del anticristo ya estaba en la tierra y ejercía su influencia de oponerse a la sana doctrina de Cristo, de hecho, Pablo lo dijo así: “Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; solo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio”, (2 Tesalonicenses 2:7). Por tanto, no es de extrañarnos el avance que la apostasía ha tenido en los últimos tiempos en medio de nuestro mundo, muchos de estos apostatas introducen sus herejías destructoras en medio de señales y milagros, pero como ya lo dijimos, no son sus señales o milagros la garantía de que son de Dios, sino su doctrina. Como cristianos debemos cuidarnos de estos engaños y no sorprendernos ya que la apostasía debe seguir creciendo hasta la aparición del falso profeta que a través de milagros hará que la humanidad adore al Anticristo: “Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón. Y ejerce toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella, y hace que la tierra y los moradores de ella adoren a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada. También hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres. Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer en presencia de la bestia, mandando a los moradores de la tierra que le hagan imagen a la bestia que tiene la herida de espada, y vivió. Y se le permitió infundir aliento a la imagen de la bestia, para que la imagen hablase e hiciese matar a todo el que no la adorase”, (Apocalipsis 13:11-15). Por tanto, probemos los espíritus, a través de la sana doctrina, para saber si son de Dios.

 

sábado, 10 de septiembre de 2022

Una limpia conciencia (1 Juan 3:19-24)

 

“Y en esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de él; pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas. Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él. Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado. Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado”.

1 Juan 3:19-24

INTRODUCCIÓN

                    Hasta el momento el apóstol Juan nos ha hablado en este tercer capítulo acerca del enorme privilegio que tenemos de ser hechos hijos de Dios, así como exponer las razones por las cuales los hijos de Dios no debemos pecar andando siempre en la luz porque Dios es luz. Además, nos ha hablado del mandamiento antiguo que ya vimos que nos es tan antiguo, pero si para aquellos que tiene que amar en la misma dimensión e intensidad como Jesús nos ha amado y en la última oportunidad estudiábamos las características que distingue a aquellos creyentes que han aprendido a amar. Ahora, Juan cierra este capítulo hablándonos de la importancia de tener una limpia conciencia que no nos acuse delante de Dios, limpia conciencia que es resultado de un corazón arrepentido que teme a Dios y vive en santidad.


limpia-conciencia
Una limpia conciencia


EL TESTIMONIO DE DIOS A NUESTRO CORAZÓN

“Y en esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de él”.

1 Juan 3:19

                 Cuando una persona se arrepiente de sus pecados de corazón y se rinde al señorío de Cristo, esta es justificada por medio de la fe y ocurre el milagro del nuevo nacimiento lo cual otorga al creyente una nueva naturaleza que lo capacita para vivir para Dios y ser sensible a su voluntad. Al nacer de nuevo somos regenerados por el poder del Espíritu Santo: “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo”, (Tito 3:4-5). Además de esto, el Espíritu Santo viene a morar a nuestro corazón, convirtiéndonos en templo y morada del Espíritu Santo, el cual da testimonio a nuestro corazón de que somos hijos de Dios: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”, (Romanos 8:16). Por ello, Juan nos dice: Y en esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de él. El testimonio que el Espíritu Santo da a nuestros corazones es una realidad espiritual maravillosa que nos confirma a nuestra conciencia de que realmente somos hijos de Dios y no solo unos religiosos más, de tal forma que el evangelio es más que una serie de prácticas y ceremonias religiosas que se practican, va más allá de eso, es una verdadera relación con Dios, donde a través de nuestro corazón, podemos sentir su presencia y entender que realmente estamos en la verdad y no en una religión falsa.


SOMOS REPRENDIDOS POR NUESTRO CORAZÓN 

“… pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas”.

1 Juan 3:20

                 Aquí encontramos una verdad espiritual importante para nuestra vida en el Señor: pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas. Para el cristiano podríamos decir que hay dos formas a través de las cuales podemos entender que no es correcto hacer algunas cosas, estas son la palabra de Dios y la conciencia. Por medio de la palabra de Dios conocemos sus mandamientos los cuales nos ordenan qué es lo que no tenemos que hacer y allí no hay mayor cosa que podemos decir. Así, por ejemplo, el mandamiento que dice que no debemos matar es muy claro y sabemos que significa que no debemos matar. Pero ¿qué de aquellas cosas que no se encuentran explícitamente descritas en la Biblia? Bueno, esos son llamados temas de conciencia y basado en nuestro conocimiento bíblico y la iluminación que el Espíritu Santo nos puede dar al respecto, así podemos tomar una decisión de hacer o no hacer, y si nuestra conciencia no nos acusa, entonces estamos bien delante de Dios. Esto aplica para verdaderos creyentes que están en comunión con Dios y no personas con su conciencia cauterizada. Ahora bien, aquí aparece la palabra corazón que se traduce del griego kardias (καρδίας), lo cual, efectivamente, habla del órgano que bombea toda nuestra sangre a todas las partes de nuestro cuerpo permitiendo así la vida, pero, desde la perspectiva bíblica es más que una bomba de sangre. El corazón es el centro de donde provienen todos nuestros sentimientos y emociones, de donde surgen todas las intenciones que con el tiempo se convierten en acciones, de allí que, si nuestro corazón es malo, nuestras acciones son malas: “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre”, (Marcos 7:21-23). Por tanto, si nuestro corazón es malo nuestras acciones serán malas y jamás experimentaremos arrepentimiento por ellas: “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca”, (Lucas 6:45). Cuando el corazón del hombre es duro se vuelve insensible al mal, sin embargo, cuando este se arrepiente de sus pecados, Dios obra en su vida transformándolo y cambiando su corazón: “Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne, para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios”, (Ezequiel 11:19-20). Por tanto, Dios nos ha dado un nuevo corazón el cual puede reprendernos si hacemos lo malo, de allí, que Juan nos exhorta a poner atención a nuestro corazón y con el conocimiento de la palabra de Dios y la dirección del Espíritu Santo debemos tomar todas nuestras decisiones.

 

BUSCANDO LA DIRECCIÓN DE DIOS

“Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él”.

1 Juan 3:21-22

                   En estos versículos podríamos encontrar la forma de cómo podemos buscar la dirección de Dios al momento de tomar las mejores decisiones en nuestra vida. En primer lugar, podríamos decir que está la oración a través de las cuales podemos consultarle a Dios y pedirle dirección para tomar las mejores decisiones, y si al tomarlas, nuestro corazón no nos reprende, entonces podemos tener la confianza de que estamos en su voluntad: Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios. En segundo lugar, podríamos decir que la fe es sumamente importante al momento de pedirle algo a Dios, confiando en su dirección y bondad podemos estar muy seguros que el Señor nos guiara a tomar las mejores decisiones y ver el cumplimiento de aquellas peticiones que tenemos delante de Él. En tercer lugar, un elemento importante para entender la voluntad de Dios y tomar las mejores decisiones tenemos la sabiduría que adquirimos del conocimiento de la palabra de Dios: porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él. Aquel que guarda sus mandamientos es alguien que no solo ha llegado a conocerlos, sino vive de acuerdo a ellos porque entiende que no hay mejor manera de vivir, sus principios y leyes no le son gravosos, su palabra es una delicia y fuente inagotable de sabiduría y vida eterna. Aquellos que a través de observar la palabra de Dios adquieren sabiduría viven de acuerdo a ella y entienden que es lo que ha Dios le agrada, se alejan del pecado y por tanto, tienen mayor discernimiento para elegir el camino correcto que deben seguir porque la palabra de Dios los guía. Cuando todo esto es así, si nuestro corazón no nos reprende, entonces sabemos que tenemos la confianza para tomar las mejores decisiones.

 

UN MANDAMIENTO QUE NO DEBEMOS OLVIDAR

“Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado. Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado”.

1 Juan 3:23-24

                  Una vez más Juan nos recuerda el mandamiento que no debemos olvidar: Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado. Dos cosas importantes, que creamos en Jesucristo porque en Él tenemos vida eterna y es el fundamento de nuestra fe y que nos amemos unos a los otros, porque el amor es una característica de los hijos de Dios. Además, aquellos que son hijos de Dios deben perseveran en sus mandamientos: Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Si somos de Dios y Dios permanece en nosotros, nosotros debemos apartarnos de toda inmundicia porque Dios es santo y si permanecemos en su palabra sabemos que el Espíritu Santo habita en nuestro corazón y este da testimonio a nuestro corazón de que somos sus hijos: Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado.

 

domingo, 4 de septiembre de 2022

Evidencias de un cristiano que ama (1 Juan 3:11-18)

 

“Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros. No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas. Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os aborrece. Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte. Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él. En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad”.

1 Juan 3:11-18 

INTRODUCCIÓN

              Al llegar a esta sección de versículos de 1 Juan, el apóstol nos habla un poco más acerca de uno de los temas que trata en esta carta, el amor. Definitivamente el apóstol Juan concebía a una persona que se llamara así misma cristiana y no practicara el amor. Ahora bien, ¿qué características posee una persona que ha aprendido a amar? En estos versículos Juan nos enseña algunas características que deben evidenciarse en la persona que ama por lo que los consideraremos en esta oportunidad.


un-cristiano-que-ama
Evidencias de un cristiano que ama


EL QUE AMA A SU PRÓJIMO LO HACE PORQUE AMA A DIOS Y EN OBEDIENCIA A SU PALABRA

 “Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros”.

1 Juan 3:11

                La primera característica que encontramos en la vida de un cristiano que ha aprendido a amar a su prójimo es que lo hace por amor a Dios y en obediencia de su palabra. Jesús dijo en cierta ocasión: “Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, (Mateo 22:35-39). Jesús explicó que la ley se resumía en el cumplimiento de dos mandamientos principales, el amar a Dios y el amar al prójimo, luego, el apóstol Pablo nos enseña que el amor al prójimo se resume en cumplir sus mandamientos: “Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor”, (Romanos 13:9-10). Por lo que podemos decir que una característica del cristiano que ama a su prójimo es que obedece la palabra de Dios y en ella encontramos muchos mandamientos que nos exhortan a ser generosos, pacientes, gentiles, compasivos, humildes, fieles y a desarrollar una serie de virtudes que nos ayudan a relacionarnos con nuestro prójimo, a practicar el amor fraternal y alejarnos de aquellos pecados en contra de nuestro prójimo que pueden dañarlos.

 

EL QUE AMA A SU PRÓJIMO ES ABORRECIDO POR ESTE MUNDO

 “No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas. Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os aborrece”.

1 Juan 3:12-13

               Paradójicamente, aquel que ha aprendido a amar es aborrecido por este mundo y Juan explica el por qué: No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas. ¿Cómo puede ser que un cristiano que ha aprendido a amar a su prójimo es aborrecido por este mundo? Bueno, prácticamente porque el mundo es malo y persevera en el pecado y el verdadero hijo de Dios no. Esta fue la causa por la cual Caín mato a Abel, porque las obras de su hermano eran justas y mejores que las de él, por esta razón y movido por la envidia e ira, lo mató: “Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante”, (Génesis 4:3-5). Muchas veces así pasara con las personas que viven en el pecado y no entiende por qué los cristianos no siguen su mismo camino de desenfreno, para muchos será totalmente inaceptable y los verán como persona fanáticas o anticuadas: “A éstos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan”, (1 Pedro 4:4). Como cristianos debemos estar conscientes de esta realidad, pero eso no nos tiene que detener de seguir amando a nuestro prójimo porque al final el amor prevalecerá y trascenderá más allá de esta vida.

 

EL QUE AMA A SU PRÓJIMO HA NACIDO DE NUEVO

 “Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte”.

1 Juan 3:14

                  Otra característica de aquella persona que ama a su prójimo es que lo hace porque ha nacido de nuevo y pasado de muerte a vida eterna: Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte. Una de las obras que Dios hace en nuestras vidas cuando venimos a Él en total arrepentimiento y nos convertimos es que crea en nosotros una nueva naturaleza la cual nos permite dejar atrás nuestra antigua manera de vivir y nos permite perseverar en todo aquello que es agradable a la voluntad de Dios: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”, (2 Corintios 5:17). Es gracias a esta nueva naturaleza que nos permite transformar nuestra vida y seguir la piedad y practicar el verdadero amor, y no solo eso, sino que también nos da la seguridad de nuestra salvación: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, más ha pasado de muerte a vida”, (Juan 5:24). Por ello, cualquiera que no ha aprendido a amar a su prójimo permanece en condenación eterna y tendría que evaluar la condición de su vida ya que seguramente necesita convertirse a Dios para que sea transformado por el amor perfecto de Dios.

 

EL QUE AMA A SU PRÓJIMO NO ODIA A NADIE

“Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él”.

1 Juan 3:15

                  Para Juan, todo aquel que odia a su hermano es parecido a un homicida: Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él. Muchas personas consideraran el homicidio un terrible pecado, tan grave que en cualquier país civilizado es condenado por las leyes estatales, sin embargo, el odio no se ve así, pero realmente lo es, porque el odio puede llevar al homicidio, tal y como Caín hizo. De hecho, Jesús elevó el pecado del odio al mismo nivel de gravedad que del homicidio: “Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.”, (Mateo 5:21-24). Por tanto, aquel que ama no puede guardar resentimientos ni odio en su corazón y permitir que el amor de Dios sane todas sus heridas y aprender a orar aun por sus enemigos: “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen”, (Mateo 5:23).

 

EL QUE AMA A SU PRÓJIMO SIGUE EL EJEMPLO DE SU MAESTRO 

“En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos”.

1 Juan 3:16

                 Por otro lado, el verdadero amor es practicado por el cristiano porque sigue el ejemplo de su Maestro: En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Por amor Jesús murió por nosotros, para que a través de su sacrificio pudiésemos ser salvos, de igual forma, nosotros como discípulos de Él debemos seguir su ejemplo y enseñanzas: “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante”, (Efesios 5:1-2).

 

EL QUE AMA A SU PRÓJIMO NO ES INDIFERENTE A SU SUFRIMIENTO

 “Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad”.

1 Juan 3:17-18

                  Finalmente, el verdadero amor al prójimo se demuestra ayudando a aquellos que lo necesitan: Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?. Dios espera que nuestro amor fraternal nos impulse a tener misericordia de aquellos que están en dificultades y necesitan de nuestra ayuda, lo peor que nos puede pasar es que nos volvamos cristianos insensibles: “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma”, (Santiago 2:14-17). Para Santiago la verdadera fe no era solo de palabras, sino que también tenía que demostrarse por medio de las obras las cuales eran testimonio y evidencia de su salvación. Difícilmente podríamos decir que alguien a aprendido a amar si no le interesa el sufrimiento de los necesitados, por ello Juan también dice: Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad. Nuestro amor y fe debe demostrarse a través de los hechos y no solo de palabra.

 


sábado, 3 de septiembre de 2022

Los escucharon hablar en lenguas (Hechos 2:5-13)

 

“Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto? Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto”.

Hechos 2:5-13

INTRODUCCIÓN

                    Continuamos con el relato de lo que paso en el día de Pentecostés y en la última oportunidad consideramos como la promesa del Espíritu Santo se cumplió durante la celebración de esta fiesta importante que los judíos solían celebrar en Jerusalén. Lucan nos ha explicado a través de sus palabras cómo fue que ocurrió aquel glorioso acontecimiento y que el tal provocó un gran estruendo como viento recio que se escuchó en Jerusalén y atrajo la atención de los judíos que estaban allí para celebrar la fiesta de Pentecostés. Ahora, Lucas ya nos relató que sobre los discípulos aparecieron lenguas repartidas, como de fuego y todos se sorprenderán al verlos hablar en sus lenguas maternas. Sigamos estudiando estos versículos que nos narran este evento increíble que forma parte de la historia de la iglesia cristiana y que a su mismo tiempo marca el momento de su nacimiento.

 

hablar-en-otras-lenguas
Los escucharon hablar en lenguas

LOS DISCÍPULOS HABLARON DIVERSAS LENGUAS

“Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios”.

Hechos 2:5-11

                   El estruendo grande que Lucas describe en versículos anteriores debió ser tan grande que no solo los discípulos que estaban reunidos en la casa los escucharon, sino también las demás personas que estaban cerca, lo cual debió llamar la atención de ellos y les hizo acercarse al lugar de donde se había originado tal sonido. En la Reina Valera 1960 se nos dice que: Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. La palabra que Casiodoro de Reina uso, “Moraban”, quizás no es la mejor que describe el origen de esos judíos, porque no era que estos moraban o vivían en Jerusalén, sino más bien, estaban de visita en Jerusalén por causa de la fiesta que hacía que varios judíos que estaban regados alrededor del mundo visitasen la tierra santa, de allí que la Nueva Versión Internacional traduce este versículo de la siguiente manera: “Estaban de visita en Jerusalén judíos piadosos, procedentes de todas las naciones de la tierra”, (Hechos 2:5, NVI). Era generalmente para estas fiestas que la ciudad de Jerusalén se abarrotaba de judíos, no solo de Judea y Galilea, sino de judíos que provenían de diferentes partes del mundo antiguo, lugares en los cuales se encontraban dispersos, así vemos que había judíos que venían de Partía, Media, Elam, Mesopotamia, Capadocia, Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, África, Roma y más allá de Cirene. Cada uno de ellos hablaba el idioma natal del lugar en donde se habían criado. Estos judíos procedentes de diferentes naciones se asombraron porque los oyeron hablar en las lenguas de las naciones de donde ellos venían, esto sin tener un estudio de su idioma: Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. Aquí hay algo importante que resaltar y es el hecho de que hablaban en las lenguas de la nación en donde estos judíos se habían criado, es decir, hablaban idiomas entendibles de la época y no idiomas inteligibles o gritos emocionales y extáticos. Lucas dice que los oían hablar las maravillas de Dios en su propia lengua natal lo cual los sorprendió porque entendieron que estos eran galileos sin educación en su idioma.

 

            El tema de las lenguas como manifestación del bautismo del Espíritu Santo en el libro de Hechos.

            Esta es la primera vez que vemos la manifestación de lenguas en medio de la iglesia, sin embargo, a partir de aquí veremos cómo estas se manifiestan en medio de los creyentes cuando desciende sobre ellos el poder del Espíritu Santo. Así lo vemos cuando Cornelio, su familia y amigos recibieron el mensaje de Pedro y se convirtieron al evangelio: “Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios”, (Hechos 10:44-46). También tenemos el caso de los discípulos que Pablo encontró en Éfeso los cuales solo habían sido bautizados con el bautismo de Juan el bautista y aún no había venido sobre ellos el Espíritu Santo: “Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban. Eran por todos unos doce hombres”, (Hechos 19:4-7). Así pareciere que el hablar en otras lenguas fuese una manifestación resultante de haber recibido el bautismo del Espíritu Santo.

 

¿Qué hay de las lenguas hoy en día?

            Hoy en día este tema de las lenguas es muy controversial en medio de la iglesia. Por un lado, están los cesacionistas, los cuales afirman que las lenguas han cesado basando en una afirmación de Pablo: “El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará”, (1 Corintios 13:8). Estos afirman que las lenguas, junto con otros dones del Espíritu Santo que Pablo describe en 1 Corintios 12 han cesado, especialmente los dones de palabra y poder, y que fueron útiles solo al principio de la iglesia para afirmarla, pero ahora, ya han cesado. Por otro lado, están los continuistas, los cuales afirman que las lenguas y los dones del Espíritu Santo no han cesado, sino son una manifestación del bautismo del Espíritu Santo: “Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere”, (1 Corintios 12:11). Muchos cesacionistas critican las congregaciones que afirman hablar en otras lenguas afirmando que lo que dicen no son palabras, sino “jeringosas”, es dicir, palabras sin sentido que son resultado de un estado emocional de éxtasis. La ciencia ha llegado a estudiar a varios grupos cristianos de diferentes países evaluando las lenguas que dichos creyentes hablan durante sus cultos y han llegado afirmar que sus palabras solo son la unión de consonantes y vocales que entonan con variaciones de tono, volumen, velocidad e intensidad, pero que no constituyen la estructura gramatical de algún lenguaje conocido y le han llamado a esto glosolalia. Ante esto, los continuistas afirman que el Espíritu Santo no solo da el hablar en lenguas humanas, sino también en lenguas angélicas, lo cual es un idioma que ningún hombre podría entender: “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas…”, (1 Corintios 13:1). La manifestación de hablar en otras lenguas como evidencia del bautismo del Espíritu Santo tomó mayor número de congregaciones que lo practicaban desde el famoso acontecimiento del Avivamiento de la Calle Azusa, donde mucho del avivamiento que fue testificado y verificado aun por los medios de comunicación de aquel entonces fue la manifestación de hablar en otras lenguas. Lo cierto es que hoy en día existen muchas congregaciones de sana doctrina y que indudablemente son parte del cuerpo de Cristo que creen que los dones del Espíritu Santo, incluyendo las lenguas no han cesado.

 

La iglesia de Corinto hablaba en otras lenguas.

            A parte de la evidencia bíblica que tenemos en el libro de Hechos, también en 1 Corintios se nos dice que los creyentes de Corinto hablaban en lenguas. Al parecer los creyentes de Corinto provocaban un desorden en la iglesia durante su culto al hablar en lenguas por lo que Pablo que también hablaba en lenguas prefería que todos hablasen en un idioma entendible: “Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros; pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida… Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo lugar, y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos? Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado”, (1 Corintios 14:18-19, 23-24). Ahora, ¿esto significa que para Pablo el hablar en lenguas es inútil? Pues, al parecer no, porque el que habla en lengua habla con Dios y se edifica así mismo, pero el que profetiza en un idioma conocible, edifica a la iglesia: “Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios. Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación. El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia”, (1 Corintios 14:2-4). Por lo tanto, para Pablo, el hablar en lenguas estaba bien porque el que lo hace se edifica, pero antes, prefiere la edificación de toda la congregación, por lo que deseaba que mejor profetizaran: “Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, pero más que profetizaseis; porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas, a no ser que las interprete para que la iglesia reciba edificación. Ahora pues, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas, ¿qué os aprovechará, si no os hablare con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina?”, (1 Corintios 14:5-6). Además, establece que, si alguien habla en lengua, que lo haga si hay quien las interprete: “Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete. Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios”, (1 Corintios 14:27-28). Al final, Pablo exhorta a hablar de preferencia en un idioma entendible, para edificación de toda la iglesia, pero tampoco les prohíbe a los corintios el hablar en otras lenguas, siempre y cuando todo se haga en orden: “Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas; pero hágase todo decentemente y con orden”, (1 Corintios 14:39-40).

 

Las señales que seguirían a los que creen. 

En Marcos aparecen unas palabras del Señor Jesús donde hablo de las señales que seguirían a los que creyeran en Él: “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán”, (Marcos 16:17-18). Entre las señales que Marcos habla está el hablar en nuevas lenguas, lo cual es una evidencia bíblica que algunos utilizan para demostrar que el hablar en lenguas no está restringido a los cristianos de la época apostólica, sino a los creyentes de todo tiempo. No obstante, hoy en día sabemos que los textos más tempranos, como el códice Sinaítico y Vaticano, que son textos más confiables, no poseen estos versículos, por lo que se sugiere que fueron introducidos posteriormente, por lo que no podría ser decisivo sacar una conclusión de una fracción de las Escrituras que fueron añadidas años después.

 

LAS REACCIONES DE LOS JUDÍOS

“Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto? Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto”.

Hechos 2:12-13

                Al final, aquel día ocurrió este hecho maravilloso y determinante que por un lado marca el inicio de la iglesia cristiana y por otro el derramamiento del Espíritu Santo sobre todo creyente. Todo este gran estruendo del cual Lucas habla en estos versículos llamó la atención de los judíos que estaban en Jerusalén en los cuales se dieron dos reacciones diferentes y opuestas. Por un lado, unos quedaron maravillados con lo que estaba pasando: Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto? Pero otros, se burlaron de ellos y creyeron que estaban borrachos: Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto. Todo esto había pasado para que la iglesia se abriera paso en la misión para la cual Jesús la había comisionado y ciertamente pasaría así.