viernes, 3 de febrero de 2023

El deseo final del Anciano (3 Juan 13-15)

 

“Yo tenía muchas cosas que escribirte, pero no quiero escribírtelas con tinta y pluma, porque espero verte en breve, y hablaremos cara a cara. La paz sea contigo. Los amigos te saludan. Saluda tú a los amigos, a cada uno en particular”.

3 Juan 13-15 

INTRODUCCIÓN

               En esta ocasión terminamos con el estudio de esta maravillosa carta y hasta el momento, el Señor nos ha permitido estudiar no solo 3 Juan, sino todas las cartas del apóstol Juan, así como su evangelio, lo cual a su vez nos ha permitido conocer la teología de Juan que quizás podríamos resaltar como una doctrina cristocéntrica, es decir, enfocada en presentar la doctrina de la naturaleza de Cristo como Hombre perfecto y Dios eterno, así como su sacrificio expiatorio que nos libra por medio de la fe, además de presentar los grandes temas del amor, el vivir en la luz, el advenimiento de la apostasía y advertencias de cuidarse de los falsos maestros. Veamos la despedida del anciano en esta carta.

 

el-deseo-Anciano
El deseo final del Anciano

TENGO MUCHAS COSAS QUE DECIRTE

“Yo tenía muchas cosas que escribirte, pero no quiero escribírtelas con tinta y pluma, porque espero verte en breve, y hablaremos cara a cara”.

3 Juan 13-14

             En esta carta el anciano le dice a Gayo el deseo que tiene de decirle muchas cosas, pero lo mejor era decírselas personalmente y no a través de una carta: Yo tenía muchas cosas que escribirte, pero no quiero escribírtelas con tinta y pluma, porque espero verte en breve, y hablaremos cara a cara. Es interesante pensar en la dedicación del apóstol Juan en estar pendiente del cuidado espiritual de los miembros de la iglesia. Para este momento, el apóstol ya tenia más de 90 años, recordemos que desde su juventud había seguido a Jesús: “El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios. Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús”, (Juan 1:35-37). Luego, después de la resurrección de su Señor sirvió fielmente en la iglesia de Jerusalén: “Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama del Olivar, el cual está cerca de Jerusalén, camino de un día de reposo. Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo. Todos estos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos”, (Hechos 1:12-14). También sirvió en la iglesia de Samaria: “Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan”, (Hechos 8:14). Y en el libro de Apocalipsis lo vemos dirigirse a algunas iglesias de Asia Menor, lo cual nos sugiere que también presto su servicio en ellas: “Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros…”, (Apocalipsis 1:4). Y allá en su segunda carta, se dirige a una mujer cristiana, posiblemente miembro de la iglesia en Samaria, y le expresa sus anhelos de ir pronto a ella y verificar el progreso espiritual de sus hijos: “Tengo muchas cosas que escribiros, pero no he querido hacerlo por medio de papel y tinta, pues espero ir a vosotros y hablar cara a cara, para que nuestro gozo sea cumplido”, (2 Juan 12). Todo esto nos revela el incansable esfuerzo de este hombre por servirle a Dios y preocuparse por el cuidado espiritual de los miembros de la iglesia, aun cuando ya era un viejo, su amor por las almas no había desaparecido. Esto nos ofrece un hermoso ejemplo a seguir, ya que Juan desde su juventud había buscado el reino de Dios, primero siendo un discípulo de Juan el bautista, luego siguiendo al Señor Jesucristo, después como apóstol en Jerusalén y conforme los años pasaron, en Samaria y Asia Menor. Ahora, siendo ya un anciano de no menos de 90 años, le decía a Gayo que anhelaba ir y verlo para compartir con él muchas cosas de provecho.

 

LA DESPEDIDA DEL ANCIANO

“La paz sea contigo. Los amigos te saludan. Saluda tú a los amigos, a cada uno en particular”.

3 Juan 15

            Al despedirse, el anciano le desea a Gayo paz: La paz sea contigo. La palabra paz se traduce del griego eirene (εἰρήνη) y era muy común utilizarla en el contexto judío, y esta misma en su idioma hebreo es shalon (שָׁלוֹם), la cual va más allá de un simple saludo, mas bien, expresa un sincero deseo de bienestar físico, mental y espiritual, lo cual es lo que provoca la verdadera paz. Como hermanos en Cristo debemos desearnos paz, ya que esta solo puede encontrarse en el evangelio, en la vida que Cristo puede darnos. La paz involucra un cese de conflictos y temores internos provocados por la culpa del pecado y es resultado de la perfecta comunión con el Espíritu Santo el cual le da a nuestro corazón un genuino sentimiento de seguridad. El Anciano le dice a Gayo que los amigos le saludaban y que saludara a los amigos que estaban con él: Los amigos te saludan. Saluda tú a los amigos, a cada uno en particular. La palabra amigos se traduce del griego filoi (φίλοι.), la cual expresa un tipo de amor que es característico de las personas que establecen un verdadero vinculo de lealtad y afecto, y en este sentido se espera que cada uno de nosotros los cristianos practiquemos una verdadera amistad con todos nuestros hermanos. De esta forma el anciano se despide esperando volver a ver a su amigo Gayo.

 

domingo, 29 de enero de 2023

El Mundo Bíblico de las Peregrinaciones (Parte I)

 

“Oye mi oración, oh Jehová, y escucha mi clamor. No calles ante mis lágrimas; porque forastero soy para ti, y advenedizo, como todos mis padres”.

Salmos 39:12

INTRODUCCIÓN

                 Cuando el salmista oraba a Dios para que escuchará su clamor, recordaba que una buena parte de la vida de sus antepasados había sido forasteros, como peregrinos. Desde Abrahán, los patriarcas como Isaac, Jacob y sus doce hijos fueron peregrinos en la tierra de Canaán y Egipto, también, Israel, fue peregrino a través de desiertos antes de entrar en la tierra prometida. En términos generales, pudiéramos considerar que existen tres naciones en las cuales los patriarcas e Israel fueron peregrinos, estas son: Egipto, Arabia Pétrea y Edom. Vamos a estudiar cada uno de los aspectos geográficos, arqueológicos y culturales de estas naciones, no obstante, en esta oportunidad comenzaremos con Egipto.

 

Egipto

La Gran Esfinge y las pirámides de Guiza, construidas durante el Imperio Antiguo de Egipto.

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EGIPTO 

“Los hijos de Cam: Cus, Mizraim, Fut y Canaán”.

Génesis 10:6

               En el libro de Génesis, en su capítulo 10 se nos presenta el origen de todas las naciones ya que hoy en día todas estas provienen de uno de los hijos de Noé, y uno de los hijos de Noé fue Cam el cual a su vez engendro a 5 hijos, de los cuales uno de ellos fue Mizraim, el cual fue el padre de todos los egipcios y el nombre que los israelitas conocieron con el cual llamaron a la tierra de Egipto: “Y viendo los moradores de la tierra, los cananeos, el llanto en la era de Atad, dijeron: Llanto grande es este de los egipcios; por eso fue llamado su nombre Abel-mizraim, que está al otro lado del Jordán”, (Génesis 50:11). Egipto está ubicado al noroeste de África, extendiéndose desde el mar Mediterráneo a la primera catarata del Nilo, rodeado al este por Arabia y el mar Rojo y al oeste por el gran desierto. La parte habitada de Egipto está a los lados del río Nilo, el cual se ensancha gradualmente de unos cuantos kilómetros en el sur hasta casi 161 km en el norte. Podemos agregar lo que el Diccionario Bíblico Arqueológico, del editor general, Charles F. Pfeiffer, nos dice al respecto del origen del nombre de Egipto: “El nombre Egipto se deriva probablemente del nombre de Menfis, Hi-ku-Ptah, “la casa del espíritu de Ptah”, a través de la forma griega Aigyptos. Los antiguos egipcios tenían varios nombres para su país, tales como Kemi “tierra negra”, y “las dos tierras” (el Alto y el Bajo Egipto). El nombre arábigo moderno para Egipto Misr, está relacionado con el hebreo Misrayim, una forma doble probablemente para referirse al alto y al bajo Egipto”. Egipto es una tierra muy antigua la cual fue conocida por Abrahán y los patriarcas, y aun para este tiempo muy antiguo, la nación de Egipto se había consolidado en una sociedad muy estructurada. Al respecto de esto, J. B. Tidwell, en su libro Geografía Bíblica, nos dice: “Según los registros de las Escrituras o de los monumentos más antiguos que hay, Egipto aparece ante nosotros como un país completamente formado. Entre más retrocedemos en el tiempo, hallamos que el desarrollo y la organización del país son más perfectos”.

 

            Historia de Egipto.

La historia de Egipto podría dividirse en los siguientes periodos a saber:

1.      La edad prehistórica. De este periodo, J. B. Tidwell, en su libro Geografía Bíblica, nos dice: “Este período se extiende a un pasado remoto cuando el valle desierto del Nilo recibía suficientes depósitos de su inundación como para mantener a una población. No podemos estar seguros del origen de estos primeros pobladores, pero la poca información que los arqueólogos nos han podido dar muestra que en una edad temprana ellos habían hecho un gran avance en la civilización y las artes”.

2.      El Imperio Antiguo. Considera las dinastías que van de la 1 a la 14, de las cuales J. B. Tidwell, en su libro Geografía Bíblica, nos dice: “Durante el período de la cuarta dinastía se encontró una gran pirámide, la que ha sido llamada "la más eminente y la más exacta construcción que el mundo jamás ha visto." Las estatuas de este período parecen como si tuvieran vida, más que las de cualquier época posterior”.

3.      El imperio Hicso. De acuerdo a la historia egipcia, los hicsos fueron unos invasores que los echaron de su tierra y gobernaron bajo las dinastías XV y XVI, en una fecha aproximada de 1650-1542 a.C.  Se dice que cuando los egipcios recuperaron su nación, borraron muchos registros de las dinastías hicsas, ya que estos eran odiados por ellos y no querían que sus historias fuesen recordadas en Egipto, sin embargo, estas dinastías fueron las que conocieron a los patriarcas de Israel, especialmente a José, quien llego a ser gobernador de dicha nación, así lo afirma Laura Saá, en su libro, Geografía Bíblica; “Por lo general se acepta que Jacob y sus hijos se establecieron en Egipto durante la dominación de los hicsos, tal vez durante el reinado de Apop I.”. Una crítica que algunos tienen con respecto a la historia de José en la Biblia es que no existen evidencias arqueológicas que hablen de él, habiendo sido la persona que salvo a la nación de los 7 años de hambruna, sin embargo, es razonable pensar que al ser borrados muchos de los registros hicsos por los egipcios, todo rastro de dicha historia se perdió, de allí no es difícil entender por qué el faraón que esclavizo a los israelitas no conocía a José, ya que este no pertenecía a la dinastía hicsa: “Entretanto, se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no conocía a José…”, (Éxodo 1:8). No obstante, durante las excavaciones se han logrado encontrar vestigios de esta dinastía hicsa y curiosamente se ha encontrado un dibujo donde se ve a un grupo de semitas llegando con burros cargados a Egipto, muy parecido al relato bíblico que habla de la ocasión cuando los hijos de Jacob llegaron a dicha tierra. De esto, Marcos L. Howard, en su libro, Arqueología Bíblica: La Exactitud de la Biblia, nos dice: “Excavaciones que se llevaron a cabo en Bani Hasan en Egipto, se encontró un dibujo que se hizo alrededor del año 1800 a.C. En el dibujo se ve un grupo de semitas, es decir, gente como los hebreos, entrando a Egipto con burros”. Como vemos en el dibujo que se presenta en la parte inferior a este texto, las similitudes con los semitas que llegan con sus burros y son recibidos por los egipcios son grandes considerando la historia que se nos narra en Génesis 45.16-21. Otros han visto difícil de creer que un esclavo como José pudiese ascender al puesto de gobernador en Egipto, sin embargo, G. Ernest Wright en su libro de Arqueología Bíblica nos da una respuesta a esto: “Algunos han pensado que resulta extraño el hecho de que un extranjero como José alcanzara una posición de tanta autoridad en Egipto. Sin embargo, un estudio detenido de los funcionarios egipcios revela que eso no era cosa totalmente desconocida en Egipto. Durante el Imperio nuevo (a partir del 1570 a. C.) hubo esclavos que se convirtieron en favoritos de los reyes, llegando a situarse a veces en puestos de gran autoridad. A semejanza de muchos poderosos monarcas (por ejemplo, los sultanes turcos de la Edad Media), los faraones, al parecer, sentían cierta desconfianza con respecto a sus propios súbditos y trataban de rodearse de individuos que les fueran bien conocidos y en los que pudieran depositar una absoluta confianza”.

4.      El Nuevo Imperio. Este periodo va desde el año 940 a.C. hasta el 350 a.C., el cual incluye las dinastías 25 a la 30. Con respecto a este periodo, Laura Saá nos comenta un poco en su libro, Geografía Bíblica: “Ahmés libró una batalla decisiva en el Delta, en la que derrotó a Apop III, el último rey hicso. El ejército hicso huyó a Palestina, pero Ahmés lo siguió y lo volvió a derrotar… A partir de aquí desaparecen de la historia: la mayoría de ellos permanecieron en el territorio entre los fenicios, cananeos, amorreos, etc., pero ya sin ninguna identidad que los uniera. Con sus victorias, Ahmés logró imponer su autoridad sobre un Nuevo Imperio Egipcio… Ahora Egipto tenía carros y caballos, así como un nuevo orgullo nacional. El rey ya no sólo era sacerdote y dios, sino también un gran general. Su autoridad era indiscutible. Una muestra de la nueva reverencia que se le reservaba es que los egipcios ya no se referían a él como “el rey”, sino con el circunloquio más pomposo de “la gran casa” o “el palacio”, voz que ha derivado en la expresión Faraón. Aunque anacrónicamente se llama faraones a todos los reyes egipcios, lo cierto es que este título surgió con el Imperio Nuevo”.

5.      El Egipto Moderno. Este periodo va desde el año 350 a.C. hasta el tiempo presente. De este periodo, J. B. Tidwell, en su libro Geografía Bíblica, nos dice: “Aquí hay un período de 2317 años. Comenzó con el gobierno de los griegos y romanos y vio el dominio de los coptos, la edad del mando de los árabes, el poder de Mesopotamia, la supremacía de los turcos y, todavía más tarde, la dirección general de la influencia europea.


Semitas-con-egipcios

A group of West Asiatic foreigners visiting the Egyptian official Khnumhotep II circa 1900 BC. The leader is labelled a "Hyksos". Tomb of 12th-dynasty official Khnumhotep II, at Beni Hasan.

By Image 1: A.D. Riddle Photograph of a 2-Dimentional object which is in the Public Domain, hence PD-Art applies Image 2: Brown University Photograph of a 2-Dimentional object which is in the Public Domain, hence PD-Art applies Image 3: Macquarie University Photograph of a 2-Dimentional object which is in the Public Domain, hence PD-Art applies - This file has been extracted from another file, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=91698541


            El rio Nilo.

El Nilo es uno de los ríos más grandes del mundo, con 6.966 km de longitud desde sus fuentes en la zona ecuatorial de África hasta su desembocadura en el mar Mediterráneo, sus fuentes se encuentran en los lagos Victoria y Alberto Nianza del África ecuatorial. Toma el nombre de Nilo después de la confluencia del Nilo Blanco y el Nilo Azul, en Kartum, capital de Sudán. El rio Nilo ha sido desde la antigüedad una fuente de recursos valiosos para la vida en Egipto aparte de proveer el valioso recurso del agua para regar las plantas, de allí que durante todo el tiempo antiguo el Nilo fue venerado como un dios. Al respecto del Nilo, Laura Saá, Geografía Bíblica, nos dice: “Egipto ha sido llamado “el regalo del Nilo”. El agua para beber, bañarse y regar las cosechas procedía de este gran río, además era la principal vía de comunicación de Egipto… El Nilo se desbordaba cada verano durante tres meses e inundaba el valle. La crecida era muy beneficiosa para los habitantes, ya que cubría las orillas de limo, un lodo negro que las fertilizaba. Los hombres empezaron a cultivar esas tierras hace 8000 años”.

          

Nilo

Rio Nilo

De River Nile map.svg: Hel-hama (discusión · contribs.) derivative work: Rowanwindwhistler (discusión) - River Nile map.svg, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=38554770


El Bajo Egipto y el Alto Egipto

El Bajo y Alto Egipto, corresponden a los nombres que se le dio al periodo de Egipto donde los reinos se dividieron en dos hasta el final de la época del Egipto prehistórico. El diccionario Bíblico Mundo Hispano nos dice al respecto de esto: “La división de la tierra en Alto Egipto y Bajo Egipto es anterior a la unión de la nación. El Bajo Egipto incluía el delta y una corta sección del valle hacia el sur; el resto del valle hasta Asuán era el Alto Egipto”.  Gracias a la fertilidad de la zona que es regada por el delta del rio Nilo, el Bajo Egipto, cuya capital llego a ser Menfis, llegó a ser el más fuerte de los dos estados, lo cual a su vez permitió que se desarrollara plenamente la agricultura y fueron explotadas las minas de cobre de la península del Sinaí. El uso de armas y herramientas de cobre aumentó la grandeza de Egipto haciendo posible la construcción de edificios de piedra labrada e impulso la época donde fueron construidas las grandes pirámides. Esta forma de estado separado volvía a Egipto vulnerable, por lo que con el tiempo sucumbieron ante la invasión de un pueblo de ganaderos que procedían de Siria, llamados los hicsos, quienes dieron a conocer a los egipcios dos instrumentos primordiales: la rueda y el caballo. En el caso del Alto Egipto, su capital llego a ser Tebas, pero este no tuvo tanta preeminencia como el Bajo Egipto.

 

Bajo-Alto-Egipto
Mapa del Bajo y Alto Egipto Antiguo

La tierra de Gosén.

Gosén probablemente significa “montículo de tierra”, aunque otros opinan que su nombre aludía a “un lugar de pastos”, y esta fue la tierra donde Jacob y su familia se establecieron y habitaron durante el tiempo de los 7 años de hambruna que azotaba a las tierras cercanas a Egipto, y fue el lugar donde por mucho tiempo Israel se multiplico hasta los días en los que fueron hechos esclavos: “Habitarás en la tierra de Gosén, y estarás cerca de mí, tú y tus hijos, y los hijos de tus hijos, tus ganados y tus vacas, y todo lo que tienes”, (Génesis 45:10). Al respecto de esta tierra, nos dice: “Gosén es de importancia especial para nosotros porque fue el hogar de los israelitas durante su estancia en Egipto. Estaba en el lado oriental del Nilo y se extendía del Mediterráneo al mar Rojo; contenía 2, 331 km de tierras aluviales, llanas y ricas. Era una sección excelente de Egipto y estaba admirablemente adaptada para hatos y rebaños de Israel y era amplio como para dar lugar al crecimiento maravilloso de los israelitas”. Ahora bien, ¿qué evidencia arqueológica existe de que los israelitas se hayan establecido en la tierra de Gosén? Bueno, G. Ernest Wright en su libro de Arqueología Bíblica nos da dos evidencias que pudiéramos considerar. Primero hace referencia a una inscripción descubierta: “Una de ellas, fechada hacia 1350 a.C., nos informa que uno de estos grupos, «que no sabe cómo iban a subsistir, han venido suplicando un hogar en el dominio del faraón..., según la costumbre de los padres de tus padres (es decir, todos los faraones) desde el principio...». Se ve, por consiguiente, que era costumbre muy antigua de los faraones permitir a aquellas gentes la estancia en sus dominios”. Lo segundo que este autor nos comenta es lo siguiente: “La segunda inscripción contiene un informe de un funcionario fronterizo a su superior, de hacia 1230 a. C, dando cuenta de que se ha permitido a ciertos beduinos edomitas el paso por la fortaleza del distrito de Sucot (Tbeku) en el Wadi Tumilat, para que apacienten sus ganados en las cercanías de Pitón, «para que subsistan, junto con sus rebaños, en los dominios del faraón...». El término egipcio «subsistir» es en este caso el que se usa habitualmente para indicar el mantenimiento en época de hambre. Podemos suponer, por consiguiente, que la entrada de la familia de Jacob en Egipto se produjo bajo las mismas circunstancias en una época anterior”.


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Relieve egipcio en el que aparecen individuos consumidos por el hambre

Otra evidencia arqueológica a favor de la historia de que los israelitas se ubicaron en Gosén es la que Marcos L. Howard, en su libro, Arqueología Bíblica, nos presenta respecto a los escarabajos encontrados en Egipto y que pertenecen a la dinastía de los hicsos, los cuales presentan nombres de hebreos: “También resulta interesante, en relación a esta pregunta, los escarabajos egipcios que encontraron de los tiempos de los hicsos. El escarabajo era un animal sagrado para los egipcios y hacían amuletos de piedra en esta forma, donde escribían en jeroglíficos el nombre del portador. Varios de estos escarabajos llevan nombres hebreos y, de hecho, al menos uno de ellos llevaba el nombre de José, demostrando que alguien con este nombre vivía en Egipto cerca de los tiempos del José de la Biblia”. Por tanto, Gosén fue una tierra perfecta para el desarrollo de la nación de Israel, los cuales desde sus mismos antepasados se dedicaron al cuidado de ganados.

 

viernes, 27 de enero de 2023

El Buen Testimonio acerca de Demetrio (3 Juan 11-12)

 

“Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios. Todos dan testimonio de Demetrio, y aun la verdad misma; y también nosotros damos testimonio, y vosotros sabéis que nuestro testimonio es verdadero”.

3 Juan 11-12 

INTRODUCCIÓN 

               Casi finalizamos la tercera carta del apóstol Juan y si recordamos un poco, al principio mencionamos que dicha carta giraría en torno a tres personajes, Gayo, fiel hospedador y creyente, Diótrefes, una persona egoísta que amaba la preminencia en todo y no recibía a los buenos predicadores y Demetrio, un cristiano de buen testimonio. Ahora nos vamos a enfocar en el tercer personaje del cual se habla en esta carta, Demetrio, y el anciano lo elogia por su buen testimonio.


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El Buen Testimonio acerca de Demetrio


IMITADORES DE LO BUENO

“Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios”.

3 Juan 11

           El anciano exhorta a Gayo a imitar lo todo bueno en todo momento y no las malas acciones de las personas: Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios. Esta claro que un verdadero cristiano debe vivir en la luz, andar en santidad y manifestar un fruto de justicia, sin embargo, al ver la conducta egoísta de Diótrefes quedaba en evidencia su falta de amor lo cual estaba en contra de lo que el verdadero evangelio enseña. Como seres humanos tenemos una tendencia a imitar aquellas cosas que nos llaman la atención o que ejercen mayor influencia en nosotros, no obstante, debemos cuidarnos de no imitar cosas malas que no contribuyan a nuestro crecimiento personal y espiritual. En la Biblia vemos que también Pablo exhortaba a los creyentes a imitar a aquellos creyentes de buen testimonio, en los cuales se incluía él mismo: “Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros”, (Filipenses 3:17). En la Biblia podemos ver ejemplos de hombres y mujeres que tenían hábitos que los acercaban más a Dios, así, por ejemplo, tenemos el ejemplo de Daniel, el cual solía orar 3 veces al día: “Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes”, (Daniel 6:10). También tenemos el ejemplo de David, el cual amaba estar delante de la presencia de Dios: “Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad”, (Salmo 84:10). Tenemos la actitud de Esdras, el cual preparo su corazón para estudiar, enseñar y poner en practica la palabra de Dios, una actitud digna de imitar: “Porque Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos”, (Esdras 7:10). Así, como cristianos debemos buscar la forma de alejarnos de todo lo malo, del pecado, y perseverar en la verdadera doctrina imitando lo bueno.

 

EL BUEN TESTIMONIO DE DEMETRIO

“Todos dan testimonio de Demetrio, y aun la verdad misma; y también nosotros damos testimonio, y vosotros sabéis que nuestro testimonio es verdadero”.

3 Juan 12

              He aquí tenemos al tercer personaje del cual se habla en esta carta, este es Demetrio, un verdadero creyente que tenía un buen testimonio delante de la congregación: Todos dan testimonio de Demetrio, y aun la verdad misma; y también nosotros damos testimonio, y vosotros sabéis que nuestro testimonio es verdaderoEl anciano nos ha exhortado a imitar todo lo bueno y aquí encontramos algo bueno que imitar, el testimonio de Demetrio. La palabra “testimonio” que aparece aquí se traduce del griego memarturetai (μεμαρτύρηται), la cual implica que su testimonio estaba basado en la aprobación de las personas, esto significa de que el testimonio de Demetrio provenía no de su propia boca, sino de las afirmaciones que las personas hacían al considerar su conducta intachable y buen servicio. En estos versículos el anciano nos dice que el verdadero buen testimonio debe tener dos elementos, lo primero, la misma congregación debe dar testimonio de la persona, en ningún momento el testimonio debe estar basado en lo que uno mismo dice o alardea ser, sino las mismas personas que nos conocen deben dar testimonio de nuestro carácter, obras y conducta. Lo segundo, el verdadero testimonio debe estar alineado con la verdad misma, es decir, nuestra vida entera debe estar en armonía con los principios de evangelio. Como lo hacia Demetrio cada uno de nosotros debemos esforzarnos en vivir en la verdad del evangelio, apartándonos del pecado, servir a Dios y nuestros hermanos, convirtiéndonos en personas que otros deseen imitar por nuestra buena conducta.

            El buen testimonio es muy importante en la Biblia, mucho mas valioso que las mismas riquezas: “De más estima es el buen nombre que las muchas riquezas, y la buena fama más que la plata y el oro”, (Proverbios 22:1). Pedro hacia ver que el buen testimonio era necesario para que al final nuestras buenas obras prevalecieran delante de las falsas acusaciones que los impíos pudieran hacer: “manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras”, (1 Pedro 2:12). De igual manera, el buen testimonio es indispensable para desarrollar un ministerio en la iglesia y por ello aparece entre los requisitos que los obispos tenían que cumplir: “También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo”, (1 Timoteo 3:7). De igual forma, cuando se eligió a los primeros siete diáconos, este fue uno de los requisitos: “Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo”, (Hechos 6:3). El buen testimonio le ayuda al servidor de Dios a tener solvencia moral y mayor autoridad para que en el nombre de Jesús realice su trabajo con eficacia en su obra: “Enviando, pues, desde Mileto a Éfeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia. Cuando vinieron a él, les dijo: Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia, sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos; y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas”, (Hechos 20:17-20). De hecho, la integridad del creyente es comparado con el cinto de la verdad en la armadura del cristiano: “Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad…”, (Efesios 6:14). Por tanto, el buen testimonio es sumamente importante en la vida del creyente.

 

domingo, 22 de enero de 2023

Un mensaje Cristocéntrico (Hechos 2:22-36)

 

“Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella. Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido. Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, y aun mi carne descansará en esperanza; porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción. Me hiciste conocer los caminos de la vida; me llenarás de gozo con tu presencia. Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que, de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono, viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción. A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo”.

Hechos 2:22-36


INTRODUCCIÓN

                  Continuamos estudiando el primer sermón que la iglesia cristiana predicó y como hemos visto, el mensaje de Pedro guarda una increíble estructura homilética ya que no se tratan de un montón de palabras inventadas, sino más bien, iluminado por el Espíritu Santo, nos presenta un mensaje que tiene como propósito mostrar que Jesús es Señor y Cristo. Anteriormente el apóstol hizo su introducción citando el pasaje del profeta Joel para demostrar que los acontecimientos que estaban presenciado en ese momento no eran más que el cumplimiento de la profecía del Joel, ahora, amparándose de otros pasajes del Antiguo Testamento, presentara a Jesús como Dios, Señor de señores y el Mesías, es decir, el Cristo anunciado por las Escrituras.

 

mensaje-Pedro
Un mensaje Cristocéntrico

OÍD ESTAS PALABRAS

“Varones israelitas, oíd estas palabras…”

Hechos 2:22

               Las palabras de Pedro: Varones israelitas, oíd estas palabras…, nos sugieren que el mensaje que está a punto de compartir es algo que todo hombre debe conocer y prestarle toda la atención del mundo y esto es así porque su mensaje consistirá en presentar a Cristo. El mensaje del evangelio que se debe predicar a las almas perdidas debe en todo momento estar centrado en Cristo, en conocer su vida, obra y resurrección, ya que cualquier otro mensaje fuera de la verdadera doctrina de Cristo no conducirá a la vida eterna. Hoy en día, todo mensaje evangelístico debe ser Cristocéntrico y este fue el mensaje que la iglesia predico desde sus primeros tiempos, tal y como Pablo nos lo declara: “Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual, asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras”, (1 Corintios 15.1-4). Veamos como Pedro presenta el mensaje de Cristo.

 

            Jesús fue hecho hombre perfecto y habitó entre nosotros.

“... Jesús nazareno…”

Hechos 2:22

Lo primero que Pedro enseña es que Jesús fue hecho hombre perfecto y habitó entre ellos porque lo llama: Jesús nazareno. La palabra nazareno hace referencia a una aldea de Galilea llamada Nazaret, una aldea despreciable y sin mayor importancia para los judíos, de hecho, en algunas ocasiones nuestro Señor fue despreciado por el hecho de venir de esta aldea: “El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme. Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro. Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve”, (Juan 1:43-46). La misma palabra enseña esta verdad, en que, siendo Dios, se encarnó en la persona de Jesús y habitó entre los hombres: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”, (Juan 1:14). Por tanto, el verdadero mensaje Cristocéntrico enseña esta verdad, la naturaleza humana de Jesús.

 

            Jesús aprobado por Dios.

“… varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis…”

Hechos 2:22

En segundo lugar, Pedro nos dice que Jesús fue un varón aprobado por Dios y esto se confirma a través de su vida intachable y las señales y maravillas que hacía: varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis. Lo que confirmó esto no solo fueron las palabras de Jesús acerca de sí mismo, sino también su testimonio, su vida sujeta a la voluntad de su Padre, su vida de santidad y conforme a las Escrituras y, finalmente, los milagros que lo precedían. Es importante notar que los milagros están al final de la lista, antes su carácter en santidad y de acuerdo a las Escrituras debe estar en orden, porque hoy en día existen muchos falsos apóstoles y profetas que violentan la pureza de la sana doctrina con sus falsas enseñanzas, su vida es un total desorden y lo único que tienen son supuestos milagros, pero si lo primero no está en orden, los milagros no son una señal determinante para concluir de que se trata de un hombre de Dios. Lo cierto es que Jesús vivía en santidad y en obediencia a la palabra de Dios, agradando en todo momento a su Padre y su vida era respaldada con milagros. Aquí Pedro utiliza tres palabras para referirse a los milagros: maravillas, prodigios y señales. Consideremos cada palabra. En primer lugar, se nos dice que Jesús hacia maravillas, y esta palabra proviene del griego dunamis (δύναμις), la cual describe un poder en acción, y realmente los milagros eso son, son el poder sobrenatural de Dios en acción para cumplir su voluntad, sin importar lo difícil de la situación. En segundo lugar, se nos dice que Jesús realizaba prodigios, y esta palabra proviene del griego teras (τέρας), que hace referencia a algo que ocurre y provoca que las personas que lo presencien se asombren. En tercer lugar, Jesús realizaba señales, y esta palabra se traduce del griego semeion (σημει̂ον), que indica que se está haciendo un acto milagroso que alude a una señal o indicativo que confirma algo. Por ello esta palabra se traduce como señal, porque los milagros eran señales que confirmaban que Jesús era el Cristo de Dios. Así que basado en esto podríamos decir que un milagro es un acto sobrenatural donde el poder de Dios se manifiesta para romper las leyes naturales y confirmar las palabras o acciones del mensajero que lo realiza, lo cual, a su vez, causa asombro en aquellas personas que las presencian.

 

Jesús fue crucificado.

“… a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole”.

Hechos 2:23

En tercer lugar, se nos dice que Jesús fue crucificado: a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole. El tema de la cruz siempre ha sido muy controversial, sin embargo, es crucial en la doctrina de Cristo. Pablo nos habla de que para los griegos la predicación de la cruz era locura porque no concebían como un Dios pudiese morir en un madero y para los judíos la predicación de la cruz era locura, porque no concebían como su Mesías pudiese morir en un madero: “Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura”, (1 Corintios 1:22-23). Ahora, todo esto de la crucifixión de Cristo ocurrió de acuerdo al anticipado conocimiento de Dios, es decir, Dios tenía planeado que la traición de Judas, el hecho de que los principales y sacerdotes de los judíos entregasen a Jesús a Poncio Pilato para ser crucificado, ocurrió porque era necesario que nuestro Señor padeciese por nuestros pecados, para que, por medio de su muerte, nosotros viniésemos a heredar vida eterna.

 

La resurrección de Jesús. 

“… al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella. Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido. Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, y aun mi carne descansará en esperanza; porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción. Me hiciste conocer los caminos de la vida; me llenarás de gozo con tu presencia”.

Hechos 2:24-28

Acompañando el tema de la crucifixión de Cristo esta su resurrección. La resurrección marca la victoria final del Señor Jesús sobre la muerte y el pecado: al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella. Para confirmar este hecho maravilloso de la resurrección de Cristo, Pedro cita una parte del Antiguo Testamento que anunciaba esto de lo cual está hablando: Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido. Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, y aun mi carne descansará en esperanza; porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción. Me hiciste conocer los caminos de la vida; me llenarás de gozo con tu presencia. En este caso, Pedro cita uno de los Salmos de David: “A Jehová he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido. Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma; mi carne también reposará confiadamente; Porque no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción. Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre”, (Salmos 16:8-11). De acuerdo a todo esto, se había cumplido la profecía de David de que el Mesías no vería corrupción y, por ende, lo levantaría de la muerte.

 

            Jesús, Hijo de David.

“Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que, de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono, viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción. A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos”.

Hechos 2:29-32

En estos versículos el apóstol continúa con el pensamiento que trae concerniente a la resurrección de Cristo y ahora vuelve a recordarle la profecía que se le dio a David de que uno de sus descendientes se sentaría para siempre en su trono: Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que, de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono, viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción. A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. David había muerto y Pedro afirma que su tumba ahora se encontraba entre ellos, aunque arqueológicamente no se ha logrado encontrar, pero este que ahora estaba muerto se le había profetizado que el Cristo se sentaría en su trono: “Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente”, (2 Samuel 7:12-26). Jesús tenía todas las credenciales en cuanto a su linaje como para reclamar el título de Hijo de David y por consiguiente sentarse como rey en su trono, de hecho, en Mateo se nos dan tales credenciales al presentar su genealogía: “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham”, (Mateo 1:1). Ahora, el apóstol afirma que de todo esto ellos habían sido testigos.

 

Jesús ha sido glorificado y sentado a la diestra del Padre. 

“Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies”.

Hechos 2:33-35

Todo esto conlleva el siguiente punto, Jesús ha sido glorificado y se ha sentado a la diestra del Padre: Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Jesús fue crucificado, murió y fue sepultado, pero al tercer día, con el poder del Espíritu Santo, fue resucitado, posteriormente fue glorificado y ascendió a los cielos para sentarse a la diestra del Padre y tomar todo señorío en los cielos, la tierra y debajo de ella. Para esto, Pedro les recuerda otra profecía de carácter mesiánico que David en cierta ocasión cito en uno de sus salmos: “Jehová dijo a mi Señor: siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies”, (Salmos 110:1). Esta profecía tiene un cumplimiento exacto en la vida de Jesús, porque ciertamente con su resurrección y ascensión a los cielos todo esto se cumplió.

 

JESÚS HECHO SEÑOR Y CRISTO 

“Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo”.

Hechos 2:36

              Después de haber presentado una descripción bastante precisa de la naturaleza de Cristo, como hombre perfecto que habito entre nosotros, como un verdadero varón aprobado por Dios y poderoso en obras milagrosas, el cual fue crucificado, murió y fue sepultado, pero al tercer día resucitó y ascendió a los cielos para sentarse a la diestra de su Padre para heredar todo poderío, Pedro nos dice que este Jesús ha sido hecho, Señor y Cristo: Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo. La palabra Señor, se traduce del griego kurios (κύριος), que hace referencia a un señor o amo que ejerce su poder y gobiernos sobre un grupo de personas. En este sentido, Jesús es el Señor, Dios todo poderoso, el Soberano que tiene su gobierno en todo el universo. También lo llaman Cristo, y Cristo se traduce de la palabra griega Jristos (χριστός), cuyo equivalente en hebreo es la palabra Mesías, que a su vez proviene de la palabra hebrea mashaj (מָשַׁח), que hace referencia a ungir con ungüento, y en este sentido, Jesús es el Ungido de Dios, porque el poder del Espíritu Santo estuvo sobre Él durante todo su ministerio. Por tanto, Pedro deja claro, que Jesús es el Señor y Cristo lo cual establece su preeminencia sobre todo poderío y su victoria final sobre la muerte y el pecado para convertirse en nuestro Salvador.