domingo, 25 de septiembre de 2022

Dios y la Existencia del Mal (Parte I)

 

“Apártate del mal, y haz el bien; busca la paz, y síguela.”.

Salmo 34:14

INTRODUCCIÓN

                      Durante el siglo IV a.C. vivió un filósofo llamado Epicúreo el cual planteo una pregunta acerca del mal y la existencia de Dios: “Dios quiere eliminar las cosas malas y no puede, o puede, pero no quiere, o no quiere ni puede, o ambos quiere y puede. Si él quiere y no puede, entonces es débil, y esto no se aplica a Dios. Si puede, pero no quiere, entonces es rencoroso, lo que es igualmente extraño a la naturaleza de Dios. Si no quiere ni puede, es débil y rencoroso, y por lo tanto no es un dios. Si él quiere y puede, ¿cuál es la única cosa apropiada para un dios, de dónde vienen las cosas malas? ¿O por qué no los elimina?”.  A lo largo de la historia el hombre se ha preguntado cosas similares: ¿Por qué existen tantos indefensos que sufren en el mundo? ¿Por qué existen enfermedades que no tienen cura y hacen sufrir a las personas? ¿Por qué ocurren las tragedias? ¿Por qué ocurren las catástrofes naturales que cobran miles de vidas? ¿Por qué existe el mal? Y en medio de todas estas preguntas surgen otras: ¿Si Dios existe, por qué permite el sufrimiento? ¿Si Dios es omnipotente, por qué permite el mal? ¿Si Dios es el creador de todo lo que existe, creo también el mal? ¿Si Dios permite el mal, es entonces un Dios malo? Estas y otras preguntas han sido formulado por muchas personas y han tratado de responderse, encontrando muchos argumentos y conclusiones diferentes. La verdad es que no es fácil responder a tales preguntas, pero podemos tratar en entender este tema a la luz de la Biblia y con la guía del Espíritu Santo.

Bien-Mal
Dios y la Existencia  del Mal


¿EXISTE EL MAL?

                Para muchos es difícil entender la relación que hay entre el mal que rodea a este mundo y la existencia del mal, de hecho, muchos ateos consideran imposible la existencia de un Dios bueno que permita o haya creado el mal. Pero, ¿realmente es así? ¿Dios es el creador del mal si todo lo que existe fue creado por Él? Definitivamente no lo es, porque en su naturaleza no existe la maldad: “Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad; el malo no habitará junto a ti”, (Salmo 5:4). Sin embargo, la Biblia afirma la existencia del bien y el mal: “No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal”, (Romanos 12:21). Considerando esto, entonces, ¿cómo podemos definir el mal? Para Agustín de Hipona, el mal era: “La privación de todo el bien”, lo cual nos enseña que el mal no es algo que tenga materia, pero esto no significa que no exista. Así como en la ciencia física, el frio es la ausencia de calor y la oscuridad es la ausencia de luz, así el mal es la ausencia de bien. Con respecto a esto, la Guía Holman de Apologética Cristiana de Doug Powell define el mal como: “Una desviación de la manera en que las cosas deberían ser”, y Norman Geisler y Ron Brooks, en su libro de Apologética, definen el mal como: “La falta de algo que debiera estar en relación a algo bueno”. Por tanto, podemos definir el mal como: La ausencia del bien, una desviación del buen propósito de Dios que carece de toda buena dadiva y benevolencia. Este mal es intangible, no tiene sustancia, pero es real.

 

EL MAL PROVOCA SUFRIMIENTO EN EL SER HUMANO 

“El hombre nacido de mujer, corto de días, y hastiado de sinsabores, sale como una flor y es cortado, y huye como la sombra y no permanece”.

Job 14:1-2

               En el libro de Job encontramos esta declaración: El hombre nacido de mujer, corto de días, y hastiado de sinsabores, sale como una flor y es cortado, y huye como la sombra y no permanece. Al considerar estas palabras podríamos asustarnos, pero la verdad es que la maldad que existe en este mundo provoca que los pocos días que el ser humano vive en esta tierra sean llenos de sufrimiento. Antonio Cruz en su libro: Introducción a la Apologética, nos dice que prácticamente existen dos tipos de males que provocan el sufrimiento en el hombre: “Hay dos clases de mal en el mundo. El llamado “mal moral” sería aquel que realizan deliberadamente las personas o se desprende de sus acciones cuando estas no son correctas. Mientras que suele considerarse “mal natural o físico” a todo daño o perjuicio que no ha sido causado por el ser humano. Entran dentro de esta segunda categoría los desastres naturales, accidentes, enfermedades, así como la propia crueldad que se detecta en la naturaleza”. Lo cierto es que podemos considerar el mal que es provocado por el corazón perverso e injusto del ser humano que trae sufrimiento a los seres humanos, además, existen aquellos acontecimientos de la naturaleza como los desastres naturales o las enfermedades que causan daños y tragedias en las vidas de las personas. Pero, ¿por qué es esto así? ¿Cuál es el origen de este mal? Tratemos de responder a esta pregunta.

 

ORIGEN DEL MAL

“Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad”.

Ezequiel 28:15

                   Para entender el origen del mal debemos considerar al primer ser en el cual se encontró maldad, Satanás: Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. Lo cierto es que vivimos en un mundo afectado por la maldad, maldad que es influenciada por un mundo espiritual que de acuerdo a la Biblia es gobernado por Satanás, por ello le dijo a Jesús: “Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos. Respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás”, (Lucas 4:5-8). De allí que recibe títulos como el príncipe de este mundo: “... porque viene el príncipe de este mundo y él no tiene nada en mí”, (Juan 14:30), y posee un sistema de mal organizado a través de sus demonios: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”, (Efesios 6:12). Por tanto, como cristianos luchamos en contra de un mundo espiritual de maldad que influye en el mundo de los hombres para su ruina, pero cómo es que todo esto ocurrió. Para entender esto podemos ir al momento de la creación del querubín protector: “Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, levanta endechas sobre el rey de Tiro, y dile: Así ha dicho Jehová el Señor: Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura. En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación.  Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad”, (Ezequiel 28:11-15). Podemos ver que este ser angelical fue creado con extrema perfección, tanto así que en el día de su creación sonaron los tamboriles y flautas, fue puesto en el Edén y fue vestido de toda piedra preciosa, lleno de sabiduría y hermosura, destinado a ser un querubín grande y protector en el monte de Dios, totalmente perfecto hasta que se encontró en él maldad, pero, ¿qué maldad fue encontrada en este? El profeta Isaías responde a esta pregunta: “¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo”, (Isaías 14:12-15). El pecado de este querubín fue la soberbia, al considerar su gran sabiduría y hermosura, así como la posición de honor que Dios le había dado, todo esto lleno de orgullo su ser y la altivez de corazón que lo llevo a creer que era igual a Dios y por tanto podía levantar un trono en el monte del Señor. Aquí encontramos el mal presente en este ser que había sido creado perfecto, pero se desvió de su propósito original para torcer sus caminos e ir en contra de la voluntad de Dios. 

Luego, podemos ir al libro de Génesis para entender cómo es que el mal apareció en este mundo, un mundo que fue creado perfecto por Dios: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera…”, (Génesis 1:31). Sin embargo, sabemos que fue por la desobediencia del hombre, quien, engañado por Satanás, comió del fruto del árbol del bien y el mal: “Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo”, (2 Corintios 11:3), de tal forma que sus ojos fueron abiertos: “Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales”, (Génesis 3:7), y así el mal, a través del pecado, entra a este mundo: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”, (Romanos 5:12). A partir de este momento el pecado entra a la vida de los seres humanos, de tal forma que todos los descendientes de Adán y Eva nacen con la cimiente del mal en su corazón: “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre”, (Salmo 51:5). En ambos casos, con el querubín protector o Lucero y el hombre, las creaciones fueron perfectas, en ellos no existía maldad, pero qué fue lo que paso para que ambos seres creados se alejaran de su propósito. La respuesta a esta pregunta es: El libre albedrio con el cual ambos fueron creados. Dios creo a ambos seres con la capacidad de decidir, no creo robots que podía programar para que siempre hiciesen su voluntad, sino les dio la libertad de elegir, pero, ¿por qué Dios hizo esto? ¿Había forma de crear al ser humano sin la capacidad de elegir el mal?

 

¿Es el libre albedrio el problema de todo?

Antes de continuar con las respuestas a las preguntas previamente planteadas, entendamos, ¿qué es el libre albedrio? En palabras sencillas, es la capacidad de decidir entre varias opciones. Pero, ¿por qué entonces Dios creó a los ángeles, en este caso a Lucero, y al hombre con libre albedrio? Bueno, veamos lo que Norman Geisler y Ron Brooks nos dicen al respecto en su libro de Apologética: “Una de las cosas que hace que los hombres (y los ángeles) sean moralmente perfectos, es la libertad. Podemos decidir lo que hacemos. Dios nos hizo así para que decidiéramos amar libremente (El amor forzado no es amor del todo, ¿cierto?)”. En este sentido, como parte de la perfección, Dios creo al hombre con el juicio moral de elegir entre lo bueno o lo malo, al hacerlo se creó la posibilidad de que este eligiese el mal y lo hiciese una realidad en su vida, así lo afirma también Doug Powell en su Guía Holman de Apologética Cristiana: “Como criaturas creadas a imagen de Dios, fueron dotadas de juicio moral, es decir, de la libertad para elegir entre el bien (aceptar la voluntad de Dios) y el mal (desobedecer la voluntad de Dios) … Así, el mal entró en el mundo por la libre elección de criaturas moralmente responsables. Dios hizo posible el mal; el ser humano lo hizo real”. Para muchos teólogos y pensadores, el libre albedrio constituye parte del sello de perfección de Dios en la creación del ser humano, porque ¿cómo podría ser perfecto el hombre si este no hubiese tenido la oportunidad de tomar sus propias decisiones? ¿Hubiese sido el hombre un ser moralmente responsable si no tuviese libre albedrio?, por ello Antonio Cruz en su libro: Introducción a la Apologética, nos dice, Si no tuviésemos esta capacidad de libre albedrío no seríamos realmente humanos”. Por tanto, Dios nos dio la capacidad de decidir obedecerlo o no obedecerlo, de elegir, lo cual realmente es un gran privilegio y bendición, pero a su vez constituye una gran responsabilidad porque si elegimos mal, entonces nuestras decisiones pueden afectar nuestra vida, la de otras personas y a la naturaleza. Antonio Cruz continúa diciendo: “Dios no puede crearnos como seres libres y al mismo tiempo obligarnos a que siempre utilicemos nuestra libertad correctamente. Hacer hombres y mujeres libres significa asumir el riesgo de que se equivoquen. El de que sean capaces de tomar decisiones importantes entre el bien y el mal que no siempre serán acertadas”. Por tanto, Dios le concedió al hombre la posibilidad de elegir entre el bien y el mal al crearlo como un ser moralmente responsable, un ser con la libertad de tomar sus propias decisiones lo cual a su vez le daba la posibilidad al hombre de desviarse de su propósito inicial, pero Dios lo permitió y lamentablemente el hombre falla al elegir la desobediencia que trajo el pecado y por medio de este el mal. Al final, el problema es del hombre, no del libre albedrio, que es una libertad que Dios le ha otorgado al hombre, ni mucho menos es problema de Dios, la responsabilidad es de los seres creados por Dios los cuales son responsables de sus decisiones.

 

¿Teodicea?

Un término utilizado a veces en apologética es teodicea el cual literalmente significa “justificando a Dios” y proviene de dos palabras griegas que son: zeos (θεός), que es Dios y díke (δίκη) que es justicia. La Teodicea generalmente busca defender la existencia y bondad de Dios usando la lógica humana ante los diferentes argumentos que existen en torno a la existencia del mal. Generalmente se dice que su primer precursor fue Agustín de Hipona quien argumento en contra de las opiniones de Maquineo, un hereje del siglo III, quien afirmaba que el mundo fue hecho de materia no creada que era mala y, por consiguiente, toda existencia física era mala en si misma a excepción del espíritu. Agustín escribió que el mal no era una sustancia y que todo lo que Dios creo al principio era bueno, pero este a su vez era una corrupción del buen propósito de Dios, una desviación del bien causado por el abuso del libre albedrio. De allí, otros teólogos como Tomas de Aquino y Juan Calvino apoyaron este razonamiento y el termino teodicea fue acuñado en el siglo XVIII por Gottfried Leibniz, un filósofo, matemático y teólogo en su obra titulada: Ensayo de Teodicea acerca de la bondad de Dios, la libertad del hombre y el origen del mal.


jueves, 15 de septiembre de 2022

Probar los espíritus si son de Dios (1 Juan 4:1-3)

 

“Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo”.

1 Juan 4:1-3

INTRODUCCIÓN

              Iniciamos hoy un nuevo capitulo en esta primera carta de Juan y ahora nos enseña la manera correcta de probar a los espíritus si son de Dios. Como cristianos debemos estar consientes que nos movemos en dos mundos, uno material y otro espiritual, de hecho, nuestra nueva naturaleza, creada por Dios en el momento del nuevo nacimiento, es capaz de responder a la parte espiritual y vivir en el Espíritu. Sin embargo, no debemos olvidar que también Satanás y sus demonios influyen en este mundo con señales que tienen como objetivo engañar a las personas respecto a la verdad, pero aquí el apóstol Juan nos enseña como probar si los espíritus son de Dios.

 

probar-los-espiritus
 Probar los espíritus si son de Dios

NO TODO ESPÍRITU ES DE DIOS

“Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido por el mundo”.

1 Juan 4:1

             Aquí encontramos una realidad, no todas las manifestaciones espirituales provienen de Dios: Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios. Si hay algo que atrae la atención de las personas e interés, son las manifestaciones espirituales. Con esto hay que tener cuidado, primero porque hoy en día en el ámbito cristiano se ha desvirtuado esto totalmente, ya que hay “cristianos” que ven demonios por todos lados, le echan la culpa al diablo por casi todo y andan declarando guerra espiritual, lo cual la Biblia no enseña, porque es Dios el que pelea nuestras batallas. Sin embargo, si hay que estar conscientes de que existe un mundo espiritual que se encuentra en guerra, donde Satanás y sus demonios engañan y tratan de arrastrar a las personas al infierno, además de que se oponen a aquellos que desean servirle a Dios. Así Pablo nos dice que nuestra lucha no es con seres humanos, sino con espíritus malignos: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”, (Efesios 6:12). También vemos en el libro de Job la intervención de Satanás para provocar las duras pruebas en la vida de Job con el propósito de obligarlo a blasfemar de su fe: “Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia”, (Job 1:9-11). También vemos como los planes de Pablo de predicar el evangelio se veían estorbados por Satanás: “Por lo cual quisimos ir a vosotros, yo Pablo ciertamente una y otra vez; pero Satanás nos estorbó”, (1 Tesalonicenses 2:18). Además, busca la manera de tentarnos, para que una vez sedamos a ella, daña nuestra santidad y relación con Dios, pudiendo también afectar nuestra efectividad en el servicio de Dios: “Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle… Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del ángel”, (Zacarias 3:1,3). De esta forma podemos entender que hay un mundo espiritual malo que se opone a nuestro progreso en el camino de Dios.

            Ahora, Juan nos dice, que hay que saber probar los espíritus, si son de Dios: Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. por tanto, el hecho de que haya manifestaciones espirituales no es garantía de que Dios se encuentre respaldando dicha actividad. Hoy en día oímos de reuniones religiosas donde hay sanidades, milagros, se habla en lenguas y una serie de manifestaciones extrañas como la risa santa, el reposar en el espíritu y otras más que podría causar la duda si realmente Dios esta en ese lugar, pero es allí en donde Juan nos invita a probar los espíritus si son de Dios porque muchos falsos profetas han salido por el mundo tratando de engañar con sus herejías a las personas y algunos de ellos, hasta hacen señales para confundirlos.

 

¿CÓMO PROBAR SI LOS ESPÍRITUS SON DE DIOS?

“En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios…”

1 Juan 4:2-3

                   Podríamos preguntarnos cómo podemos probar los espíritus si son de Dios, bueno Juan nos enseña eso aquí: En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios. Tratemos de entender lo que Juan esta diciendo aquí. Recordemos que una razón por la cual Juan escribió su evangelio y cartas fue para contradecir las falsas enseñanzas acerca de Jesús. Los gnósticos enseñaban que el espíritu es bueno y que la carne es mala y de aquí se desprendían dos interpretaciones erradas. La primera es que, si el espíritu es bueno y la carne mal, entonces podía yo hacer con el cuerpo lo que quisiera, al final ya era malo y estaba separado del espíritu, así muchos se entregaban a pecados en contra del cuerpo practicando lo que se conocía como hedonismo. Lo otro era que, si el cuerpo era malo, entonces había que martirizarlo, negándole todo placer y sometiéndolo a vivir en la pobreza y castidad, algo parecido a la vida monástica que se practicó desde el siglo IV. Con todo esto, el factor común era que el cuerpo es malo y, por tanto, los gnósticos no creían en la encarnación de Jesús y ni mucho menos en su resurrección corporal, porque iba en contra de sus enseñanzas. Por eso Juan decía, que todo aquel que no confesaba que Jesucristo no había venido en la carne, no es de Dios.

              En este sentido, los espíritus que no provienen de Dios se prueban filtrando sus enseñanzas con la sana doctrina. Alguien puede hacer muchos milagros, hablar en lenguas o profetizar, sanar muchos enfermos, pero en medio de todo eso, lo que determina si realmente es de Dios su ministerio es la palabra de Dios. En 1 Corintios Pablo nos habla del don de discernimiento de espíritus, el cual ayuda a algunos creyentes a discernir que clase de espíritu está detrás de alguna obra sobrenatural: “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho… a otro, discernimiento de espíritus…”, (1 Corintios 12:7, 10). Vemos en Hechos como Pablo entendió que el espíritu por medio del cual la joven de Filipo les profetizaba no era de Dios: “Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando. Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación. Y esto lo hacía por muchos días; más desagradando a Pablo, este se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora”, (Hechos 16;16-18). Si bien es cierto, Dios puede darnos discernimiento de espíritus, pero lo cierto es que una buena forma de identificar a los espíritus que no vienen de Dios es por la doctrina que enseñan, tal y como Juan lo dice en estos versículos. En el Antiguo Testamento, de igual forma, los falsos profetas que incluso podían hacer señales milagrosas se conocían si eran de Dios por la doctrina que enseñaban: “Cuando se levantare en medio de ti profeta, o soñador de sueños, y te anunciare señal o prodigios, y si se cumpliere la señal o prodigio que él te anunció, diciendo: Vamos en pos de dioses ajenos, que no conociste, y sirvámosles; no darás oído a las palabras de tal profeta, ni al tal soñador de sueños… Tal profeta o soñador de sueños ha de ser muerto…”, (Deuteronomio 13:1-2, 5). También Pablo le dice a la iglesia que debemos probar toda profecía si es de Dios: “Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen”, (1 Corintios 14:29). Por tanto, evaluemos la doctrina y si esta no esta conforme a la sana enseñanza del evangelio, el tal, aunque haga milagros, es un falso maestro.

 

EL ESPÍRITU DEL ANTICRISTO

 “… y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo”.

1 Juan 4:3

                      Al final, Juan nos dice que todo esto es el espíritu del anticristo, el cual un día se manifestara en el mundo: y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo. Para Juan, este espíritu del anticristo ya estaba en la tierra y ejercía su influencia de oponerse a la sana doctrina de Cristo, de hecho, Pablo lo dijo así: “Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; solo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio”, (2 Tesalonicenses 2:7). Por tanto, no es de extrañarnos el avance que la apostasía ha tenido en los últimos tiempos en medio de nuestro mundo, muchos de estos apostatas introducen sus herejías destructoras en medio de señales y milagros, pero como ya lo dijimos, no son sus señales o milagros la garantía de que son de Dios, sino su doctrina. Como cristianos debemos cuidarnos de estos engaños y no sorprendernos ya que la apostasía debe seguir creciendo hasta la aparición del falso profeta que a través de milagros hará que la humanidad adore al Anticristo: “Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón. Y ejerce toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella, y hace que la tierra y los moradores de ella adoren a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada. También hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres. Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer en presencia de la bestia, mandando a los moradores de la tierra que le hagan imagen a la bestia que tiene la herida de espada, y vivió. Y se le permitió infundir aliento a la imagen de la bestia, para que la imagen hablase e hiciese matar a todo el que no la adorase”, (Apocalipsis 13:11-15). Por tanto, probemos los espíritus, a través de la sana doctrina, para saber si son de Dios.

 

sábado, 10 de septiembre de 2022

Una limpia conciencia (1 Juan 3:19-24)

 

“Y en esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de él; pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas. Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él. Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado. Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado”.

1 Juan 3:19-24

INTRODUCCIÓN

                    Hasta el momento el apóstol Juan nos ha hablado en este tercer capítulo acerca del enorme privilegio que tenemos de ser hechos hijos de Dios, así como exponer las razones por las cuales los hijos de Dios no debemos pecar andando siempre en la luz porque Dios es luz. Además, nos ha hablado del mandamiento antiguo que ya vimos que nos es tan antiguo, pero si para aquellos que tiene que amar en la misma dimensión e intensidad como Jesús nos ha amado y en la última oportunidad estudiábamos las características que distingue a aquellos creyentes que han aprendido a amar. Ahora, Juan cierra este capítulo hablándonos de la importancia de tener una limpia conciencia que no nos acuse delante de Dios, limpia conciencia que es resultado de un corazón arrepentido que teme a Dios y vive en santidad.


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Una limpia conciencia


EL TESTIMONIO DE DIOS A NUESTRO CORAZÓN

“Y en esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de él”.

1 Juan 3:19

                 Cuando una persona se arrepiente de sus pecados de corazón y se rinde al señorío de Cristo, esta es justificada por medio de la fe y ocurre el milagro del nuevo nacimiento lo cual otorga al creyente una nueva naturaleza que lo capacita para vivir para Dios y ser sensible a su voluntad. Al nacer de nuevo somos regenerados por el poder del Espíritu Santo: “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo”, (Tito 3:4-5). Además de esto, el Espíritu Santo viene a morar a nuestro corazón, convirtiéndonos en templo y morada del Espíritu Santo, el cual da testimonio a nuestro corazón de que somos hijos de Dios: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”, (Romanos 8:16). Por ello, Juan nos dice: Y en esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de él. El testimonio que el Espíritu Santo da a nuestros corazones es una realidad espiritual maravillosa que nos confirma a nuestra conciencia de que realmente somos hijos de Dios y no solo unos religiosos más, de tal forma que el evangelio es más que una serie de prácticas y ceremonias religiosas que se practican, va más allá de eso, es una verdadera relación con Dios, donde a través de nuestro corazón, podemos sentir su presencia y entender que realmente estamos en la verdad y no en una religión falsa.


SOMOS REPRENDIDOS POR NUESTRO CORAZÓN 

“… pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas”.

1 Juan 3:20

                 Aquí encontramos una verdad espiritual importante para nuestra vida en el Señor: pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas. Para el cristiano podríamos decir que hay dos formas a través de las cuales podemos entender que no es correcto hacer algunas cosas, estas son la palabra de Dios y la conciencia. Por medio de la palabra de Dios conocemos sus mandamientos los cuales nos ordenan qué es lo que no tenemos que hacer y allí no hay mayor cosa que podemos decir. Así, por ejemplo, el mandamiento que dice que no debemos matar es muy claro y sabemos que significa que no debemos matar. Pero ¿qué de aquellas cosas que no se encuentran explícitamente descritas en la Biblia? Bueno, esos son llamados temas de conciencia y basado en nuestro conocimiento bíblico y la iluminación que el Espíritu Santo nos puede dar al respecto, así podemos tomar una decisión de hacer o no hacer, y si nuestra conciencia no nos acusa, entonces estamos bien delante de Dios. Esto aplica para verdaderos creyentes que están en comunión con Dios y no personas con su conciencia cauterizada. Ahora bien, aquí aparece la palabra corazón que se traduce del griego kardias (καρδίας), lo cual, efectivamente, habla del órgano que bombea toda nuestra sangre a todas las partes de nuestro cuerpo permitiendo así la vida, pero, desde la perspectiva bíblica es más que una bomba de sangre. El corazón es el centro de donde provienen todos nuestros sentimientos y emociones, de donde surgen todas las intenciones que con el tiempo se convierten en acciones, de allí que, si nuestro corazón es malo, nuestras acciones son malas: “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre”, (Marcos 7:21-23). Por tanto, si nuestro corazón es malo nuestras acciones serán malas y jamás experimentaremos arrepentimiento por ellas: “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca”, (Lucas 6:45). Cuando el corazón del hombre es duro se vuelve insensible al mal, sin embargo, cuando este se arrepiente de sus pecados, Dios obra en su vida transformándolo y cambiando su corazón: “Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne, para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios”, (Ezequiel 11:19-20). Por tanto, Dios nos ha dado un nuevo corazón el cual puede reprendernos si hacemos lo malo, de allí, que Juan nos exhorta a poner atención a nuestro corazón y con el conocimiento de la palabra de Dios y la dirección del Espíritu Santo debemos tomar todas nuestras decisiones.

 

BUSCANDO LA DIRECCIÓN DE DIOS

“Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él”.

1 Juan 3:21-22

                   En estos versículos podríamos encontrar la forma de cómo podemos buscar la dirección de Dios al momento de tomar las mejores decisiones en nuestra vida. En primer lugar, podríamos decir que está la oración a través de las cuales podemos consultarle a Dios y pedirle dirección para tomar las mejores decisiones, y si al tomarlas, nuestro corazón no nos reprende, entonces podemos tener la confianza de que estamos en su voluntad: Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios. En segundo lugar, podríamos decir que la fe es sumamente importante al momento de pedirle algo a Dios, confiando en su dirección y bondad podemos estar muy seguros que el Señor nos guiara a tomar las mejores decisiones y ver el cumplimiento de aquellas peticiones que tenemos delante de Él. En tercer lugar, un elemento importante para entender la voluntad de Dios y tomar las mejores decisiones tenemos la sabiduría que adquirimos del conocimiento de la palabra de Dios: porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él. Aquel que guarda sus mandamientos es alguien que no solo ha llegado a conocerlos, sino vive de acuerdo a ellos porque entiende que no hay mejor manera de vivir, sus principios y leyes no le son gravosos, su palabra es una delicia y fuente inagotable de sabiduría y vida eterna. Aquellos que a través de observar la palabra de Dios adquieren sabiduría viven de acuerdo a ella y entienden que es lo que ha Dios le agrada, se alejan del pecado y por tanto, tienen mayor discernimiento para elegir el camino correcto que deben seguir porque la palabra de Dios los guía. Cuando todo esto es así, si nuestro corazón no nos reprende, entonces sabemos que tenemos la confianza para tomar las mejores decisiones.

 

UN MANDAMIENTO QUE NO DEBEMOS OLVIDAR

“Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado. Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado”.

1 Juan 3:23-24

                  Una vez más Juan nos recuerda el mandamiento que no debemos olvidar: Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado. Dos cosas importantes, que creamos en Jesucristo porque en Él tenemos vida eterna y es el fundamento de nuestra fe y que nos amemos unos a los otros, porque el amor es una característica de los hijos de Dios. Además, aquellos que son hijos de Dios deben perseveran en sus mandamientos: Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Si somos de Dios y Dios permanece en nosotros, nosotros debemos apartarnos de toda inmundicia porque Dios es santo y si permanecemos en su palabra sabemos que el Espíritu Santo habita en nuestro corazón y este da testimonio a nuestro corazón de que somos sus hijos: Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado.