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domingo, 15 de mayo de 2022

¡Ha resucitado! (Mateo 28:1-10)

 

“Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho. Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán”.

Mateo 28:1-10

 

INTRODUCCIÓN

                 Finalmente hemos llegado al último capítulo de este maravilloso evangelio, donde el apóstol Mateo nos ha relatado los acontecimientos más relevantes de la vida, obra, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Después de todos los acontecimientos referentes a su martirio, crucifixión y muerte, el apóstol continuo su relato con la resurrección de nuestro Señor, lo cual marca su victoria total sobre el imperio de la muerte y Satanás. Definitivamente, este último capítulo muestra el desenlace final de toda esta historia y al mismo tiempo desencadena una nueva era de esperanza para el pecador, ya que, si Jesús hubiese muerto y no se hubiese levantado de su tumba, las cosas no fueran las mismas hoy en día, pero definitivamente, Él se levantó de su tumba y ahora sus discípulos se enterarían de tan maravilloso acontecimiento. 

Resurrección
La resurrección de Cristo


LAS MUJERES VAN AL SEPULCRO EL DOMINGO EN LA MAÑANA

“Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro”.

Mateo 28:1

               Mateo nos dice que después de pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, unas mujeres vinieron al sepulcro: Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. Mateo nos dice que fue María Magdalena y la otra María, es decir, María la madre de Jacobo, las que fueron al amanecer del domingo a la tumba de Jesús, y Marcos nos dice que también las acompañaba Salome: “Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle”, (Marcos 16:1). Y Lucas menciona que Juana y otras mujeres también acompañaban a María Magdalena aquel día: “Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles”, (Lucas 24:10). Como vemos en Marco y Lucas, estas mujeres fueron al amanecer del domingo para ungir con especies aromáticas el cuerpo de su Señor, ya que el viernes les había sido imposible porque estaban a la víspera del día de reposo: “El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas”, (Lucas 24:1). Lo que podemos ver en estos versículos es el incansable espíritu de servicio que estas mujeres tenían hacia Jesús ya que aun en su muerte, estas procuraban servirle. Los evangelios nos enseñan como estas mujeres le sirvieron al Señor durante su ministerio: “Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes”, (Lucas 8:1-3). De esta forma, aquellas mujeres seguían sirviendo a su Maestro sin importarles que este ya no estaba con ellas y esto es un gran ejemplo para cada uno de nosotros para convertirnos en verdaderos servidores de Dios, hombres y mujeres que no vacilen en el servicio en su obra, a pesar de las pruebas o dificultades y por ello, Pablo nos excerta a mantenernos firmes y avanzando siempre en el servicio al Señor: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”, (1 Corintios 15:58).

 

EL ANUNCIO DE LOS ÁNGELES

“Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho”.

Mateo 28:2-7

                  La resurrección de Cristo es más que una doctrina importante en el cristianismo, es un hecho contundente que marca un antes y un después en la historia de la humanidad. Si tratamos de entender los acontecimientos que rodearon a la resurrección de nuestro Señor vemos que Mateo nos dice que hubo un gran terremoto provocado por un ángel que removió la piedra: Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. Mateo nos dice como era la apariencia de aquel ángel: Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. Esto causó un gran temor en los soldados romanos que custodiaban la tumba: Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. Además, las Escrituras nos testifican la intervención de la Trinidad Divina en la resurrección de Cristo ya que fue el Padre quien levantó a su Hijo de entre los muertos: “Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos)”, (Gálatas 1:1); así mismo, el Espíritu Santo que vivificará nuestro cuerpos mortales en su regreso, operó su poder sobrenatural para que el Hijo pudiese resucitar: “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros”, (Romanos 8:11); y el Hijo, que de su propia voluntad entregó su vida para después volverla a tomar: “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre”, (Juan 10:17-18). Fue el poder sobrenatural de Dios que operó en Cristo para levantarlo de la muerte y así otorgarle el poder y gloria, y este mismo poder ahora opera en nosotros: “Y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia”, (Efesios 1:19-22). De esta forma, operó la resurrección de Cristo dándole la victoria total sobre aquel enemigo quien nadie había podido vencer, la muerte, por eso hoy en día Él es el que tiene las llaves de la muerte: “Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; más he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades”, (Apocalipsis 1:17-18). De esta forma, se cumplió aquella profecía donde la muerte seria vencida: “De la mano del Seol los redimiré, los libraré de la muerte. Oh muerte, yo seré tu muerte; y seré tu destrucción, oh Seol; la compasión será escondida de mi vista”, (Oseas 13:14). Hoy en día esta es nuestra esperanza y cobran mas sentido las palabras que un día nuestro Señor le dijo a Marta: “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”, (Juan 11:25).

               Ahora bien, aquel día nuestro Señor resucitó y la presencia del ángel causó temor en los soldados romanos que custodiaban la tumba ya que la piedra fue removida en su propia presencia; sin embargo, a las mujeres que visitaban la tumba se les pidió confiar y creer que todo lo que pasaba era el cumplimiento de las palabras del Maestro: Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. El ángel le anunciaba a las mujeres que vieran con sus propios ojos que realmente nuestro Señor había resucitado y que su temor y tristeza se convirtiera en gozo para que fuesen a buscar a sus discípulos y les dieran estas nueva nuevas y fuesen a Galilea porque allá iba el Señor: E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho.


LA TRISTEZA SE CONVIERTE EN GOZO

“Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán”.

Mateo 28:8-10

                  Fue en ese momento que el temor y tristeza se convirtió en un gran gozo al ver que realmente las palabras de Jesús de que resucitaría al tercer día se habían cumplido: Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Aquí podemos ver cómo estas mujeres que tanto le servían a su Maestro fueron honradas al ser las primeras en recibir la noticia de su resurrección, y no solo eso, sino que también fueron las primeras a las que se les apareció: Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán. De esta forma nuestro Señor había resucitado, venciendo la muerte y dándole la victoria final para redimir nuestras almas.

 

sábado, 7 de mayo de 2022

El esfuerzo inútil por retener a Jesús en su tumba (Mateo 27:62-66)

 

“Al día siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato, diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y será el postrer error peor que el primero. Y Pilato les dijo: Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis. Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia”.

Mateo 27:62-66 

INTRODUCCIÓN

               Con estos cinco versículos finaliza el capitulo numero 27 del evangelio según Mateo y, de hecho, esta parte de la historia que el apóstol relata aquí la encontramos citada únicamente aquí, los otros evangelios, Marcos, Lucas y Juan, no la relatan. Aquí vemos un intento desesperado para evitar que Jesús salga de su tumba ya que los lideres religiosos de los judíos recordaban que Jesús había dicho que resucitaría al tercer día y temían que sus discípulos pudiesen robar el cuerpo y propagar la noticia de su resurrección. Veamos entonces como estos hombres intentaron retener a Jesús en su tumba.


retenerlo-en-su-tumba
El esfuerzo inútil por retener a Jesús en su tumba


LA PREOCUPACIÓN DE LOS LIDERES RELIGIOSOS

 “Al día siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato, diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y será el postrer error peor que el primero”.

Mateo 27:62-64

                  Mateo nos dice que al siguiente día, después de la preparación del día de reposo, los principales lideres religiosos de los judíos buscaron a Pilato: Al día siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato. El día de la preparación se refiere al día viernes, por tanto, estos hombres llegaron ante Pilato el mismo día de reposo, sábado, violando así una de sus leyes más sagradas, ya que en este día no se acostumbraba a realizar alguna tarea de trabajo o menos visitar a un gentil, pero una vez más, a estos hombres no les importaba romper la misma ley que ellos decían obedecer con tal de obtener lo que querían. La preocupación de estos hombres era que los discípulos pudiesen llegar y robarse el cuerpo ya que recordaban que Jesús había dicho que al tercer día resucitaría de entre los muertos: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. La preocupación de estos hombres era tal que los discípulos de Jesús se robasen el cuerpo y luego engañar a la gente diciendo que realmente había pasado, por eso decían: Y será el postrer error peor que el primero. El postrer error para estos hombres era la aseveración del Señor de ser Hijo de Dios y el poster error era la afirmación de los discípulos que hubiese resucitado. Realmente estos hombres querían asegurarse que el ministerio de Jesús hubiese terminado con su muerte y que ningún otro movimiento se levantase a su nombre después de Él, por eso piden asegurar el sepulcro con guardias hasta el tercer día para que esto no pasase.

 

LA GUARDIA DE LA TUMBA

“Y Pilato les dijo: Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis. Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia”.

Mateo 27:65-66

                Al final, Pilato les permitió que se les proveyera una guardia de soldados romanos para ir y asegurar la tumba: Y Pilato les dijo: Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis. Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia. La tumba donde había sido colocado el cuerpo de nuestro Señor había sido sellada primeramente por una gran piedra: “Y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue”, (Mateo 27:60). De acuerdo a la tradición, solía asegurarse la gran piedra con cuerdas que la sujetaban y se solía colocar cera en los extremos de las cuerdas que se unían por medio de un nudo y esta cera llevaba el sello del emperador, por tanto, removerla era sinónimo de muerte. Finalmente, se establecía turnos de guardia para que siempre hubiese vigilancia de día y noche. La verdad es que estos hombres perversos querían evitar que el cuerpo de Jesús saliese de su tumba, sin saber que ningún poder humano lo mantendría allí, ellos bien sabían que, si la fama de su resurrección se propagaba por toda Judea, un nuevo movimiento surgiría con gran poder, por eso tratan desesperadamente por mantenerlo en su tumba a toda costa.

               A lo largo de la historia han existido muchos hombres que han fundado grandes movimientos, algunos se han preservado hasta la época actual, otros ya no existen y perecieron junto con su fundador. Aun así hay movimientos religiosos que veneran a sus fundadores, como Confucio, Mahoma, Buda, los papas de la iglesia católica, entre otros, sus tumbas en algunos casos se conocen como verdaderos lugares de adoración religiosa, pero lo que hace diferente a Jesús de todos estos hombres es que la tumba de Jesús realmente esta vacía y ni los fariseos, ni los romanos, ni la muerte o el diablo fueron capaces de retenerlo, Jesús resucitaría y no importaba todos los medios y acciones que estos hombres tomaban para retenerlo en su tumba porque sus acciones estaban destinadas al fracaso.

 

domingo, 1 de mayo de 2022

Jesús es sepultado (Mateo 27:50-61)

 

“Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo. Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue. Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro”.

Mateo 27:50-61 

INTRODUCCIÓN

            Después de la muerte de nuestro Señor Jesucristo y describir los acontecimientos que rodearon a sus ultimas horas crucificado en la cruz del Calvario, el apóstol Mateo nos relata su sepultura. En estos versículos vemos que un hombre, llamado José de Arimatea, se atrevió a ir donde Poncio Pilato y pedir el cuerpo para darle sepultura en una de sus tumbas, aparte de que vemos cómo los lideres religiosos de los judíos piden a Pilato una guardia para custodiar la tumba ya que temían que el cuerpo fuese robado por sus discípulos ya que recordaban que el Señor había afirmado que resucitaría al tercer día.

 

Jesús-sepultado
Jesús es sepultado

¿QUIÉN ERA JOSÉ DE ARIMATEA?

 “Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo”.

Mateo 27:57-58

            Después que nuestro Señor murió hubo un hombre llamado José de Arimatea que tomó la decisión de ir a Poncio Pilato para pedir su cuerpo y sepultarlo: Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Pero, ¿quién era José de Arimatea? Es interesante ver cómo los cuatro evangelios contaron la historia de José de Arimatea, esto posiblemente es así porque esto de ir ante Pilato y pedir el cuerpo del Señor para sepultarlo debió ser una acción de gran caridad que debió haber quedada grabada en la mente de los discípulos, a tal punto que cuando escribieron los diferentes evangelios, todos sus autores incluyeron dicha historia. De acuerdo a Mateo, José de Arimatea era un hombre rico que también había sido discípulo de Jesús: Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. Marcos nos dice que era un hombre noble del concilio, es decir, era miembro del Sanedrín, el cual esperaba el reino de Dios, el cual entró osadamente delante de Pilato a pedir el cuerpo de Jesús: “José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús”, (Marcos 15:43). Lucas nos dice que José de Arimatea era un hombre justo y bueno, miembro del Sanedrín que no consintió en la muerte de Jesús: “Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo. Este, que también esperaba el reino de Dios, y no había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos”, (Lucas 23:50-51). Aparte de esto, José de Arimatea había sido discípulo de Jesús secretamente, por miedo a los demás miembros del Sanedrín, además era amigo de Nicodemo, el otro miembro del Sanedrín que un día busco de noche a Jesús (Juan 3:1-2): “Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús. También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras”, (Juan 19:38-39). Así fue que este hombre llamado en las Escrituras con el nombre de José de Arimatea, entró osadamente ante Pilato para pedir el cuerpo de Jesús, lo cual fue un verdadero hecho de valentía porque solían ser los familiares los que hacían esto de pedir el cuerpo, sin embargo, recordemos que los familiares de Jesús eran de Nazaret, una aldea de la región de Galilea y todos sus discípulos lo habían abandonado, solo Juan se había quedado al lado de la cruz pero había tomado a María para cuidar de ella por instrucción de su Maestro (Juan 19:26). Ahora, para los judíos era inconcebible dejar colgado el cuerpo de un hombre más de un día, porque de acuerdo a la ley esto debía evitarse: “No dejaréis que su cuerpo pase la noche sobre el madero; sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldito por Dios es el colgado; y no contaminarás tu tierra que Jehová tu Dios te da por heredad”, (Deuteronomio 21:23). Siendo esto así y estando cerca el inicio del día de reposo, José de Arimatea se decidió por ir delante de piloto y pedirle que le entregara el cuerpo, a lo cual este accedió no sin antes sorprenderse de que hubiese muerto tan rápidamente, por lo que antes pidió a un centurión que se asegurase que hubiese muerto antes de darle el cuerpo: “Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto. E informado por el centurión, dio el cuerpo a José”, (Marcos 15:44-45).

               Aparte del relato bíblico, existen otras tradiciones que hablan acerca de la persona de José de Arimatea, sin embargo, como ya mencionamos, no son relatos bíblicos y, por tanto, difícilmente podemos afirmar que son verdaderas, pero en estas se encuentran historias acerca de cómo este hombre tomó de la sangre de Jesús en una copa y de cómo Jesús le pidió que fuese el protector de ella, a esto se le conoció como el santo grial. De acuerdo a las tradiciones, este con otro grupo de cristianos viajaron a las costas de Francia y de allí pasaron a Inglaterra, donde se establecieron llevando el evangelio y en la ciudad de Glastonbury se fundo una iglesia donde se afirma que se escondió el santo grial. Al final, toda esta historia no tiene respaldo bíblico, pero lo que si sabemos por los evangelios es que este hombre, miembro noble y rico del Sanedrín, era un hombre bueno y justo que esperaba la venida del reino de Dios y que fue discípulo de Jesús.

 

JESÚS ES SEPULTADO

“Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue. Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro”.

Mateo 27:59-61

               Cuando el cuerpo del Señor fue dado a José de Arimatea, Mateo nos dice que este lo envolvió en una sábana limpia y lo puso en un sepulcro nuevo que había labrado en una peña: Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña. Ahora bien, Juan nos da un poco más de detalle en cuanto a la preparación del cuerpo de Jesús para la sepultura y el lugar donde fue sepultado: “También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras. Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos. Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno. Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús”, (Juan 19:39-42). De esta forma, José de Arimatea uso un sepulcro nuevo para colocar allí el cuerpo del Señor y para señarlo hicieron rodar una gran piedra en la entrada del sepulcro: y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue. Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro. En todo esto, vemos como aun algunas de las mujeres piadosas que sirvieron a Jesús durante su ministerio estaban presentes ya que en su gran amor buscaban la forma de continuar con ese servicio aun después de su muerte ya que esperaban regresar a preparar mejor el cuerpo después que pasase el día de reposo. Algunas personas han criticado a Juan de Arimatea por ser un hombre que mientras Jesús estuvo vivo nunca le sirvió e hizo favores demostrando su aprecio, todo por temor a los otros judíos miembros del Sanedrín, pero que no fue hasta después de su muerte que decido hacer esta obra de caridad; sin embargo, no podemos dejar de señalar esta gran obra de amor que este hombre realizo al armarse de valor y pedirle el cuerpo a Pilato, esto definitivamente fue de gran estima a los ojos de Dios. Además, muchos creen que el día que Jesús fue llevado delante de Caifás, el sumo sacerdote, y de los demás miembros del concilio, José de Arimatea y Nicodemo no dieron su voto a favor de condenar a muerte a Jesús, y de hecho algunos teólogos opinan que es probable que ellos ni siquiera fueran invitados a la reunión aquel día. La verdad es que no podemos condenar a este hombre por haber sido un discípulo del Señor en lo oculto, por temor a las represarías de los demás, al final, aun sus discípulos lo abandonaron aquel día y Pedro lo negó tres veces, y que podríamos nosotros decir acerca de nosotros mismos, posiblemente hubiésemos actuado de la misma forma, pero como sea, el Señor es grande en misericordia y después de su muerte el volvería a ellos para reafirmar su confianza en Dios. Al hacer esta obra de misericordia, este hombre estaba cumpliendo las Escrituras cuando afirmaron que el Siervo de Jehová moriría en medio de los impíos, pero tendría su sepultura con los ricos, por José le obsequiaría su tumba: “Se dispuso con los impíos su sepultura, más con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca”, (Isaías 53:9). Quiera Dios que todos imitemos la actitud de este hombre, un hombre que no era perfecto, con temores, pero que amaba a Jesús, un hombre justo y bueno, con influencia en su pueblo que haciendo misericordia se encontró en la voluntad de Dios cumpliendo su palabra.