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sábado, 31 de agosto de 2019

No quisieron escuchar la palabra de Dios (Zacarias 7:11-12)



“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos”.
Zacarias 7:11-12

INTRODUCCIÓN


Hoy en día la palabra de Dios es predicada, ya sea en los templos cristianos, en plazas y campañas evangelísticas, en las casas o a través de los diferentes medios de comunicación y redes sociales; pero cuantos de estos la escuchan y la ponen por obra. Estos versículos nos muestran la realidad de muchas personas que no atiende el mensaje de Dios y las consecuencias de no hacerlo.

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No quisieron escuchar la palabra de Dios 


                        I.         LA REALIDAD DEL CORAZÓN DURO DEL HOMBRE.


“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos”.

En estos versículos, Dios por medio de su profeta, les recuerda a los israelitas las consecuencias de no obedecer su palabra, ya que sus antepasados le volvieron la espalda, taparon sus oídos para no oír y pusieron su corazón como diamante, y como consecuencia, fueron castigados yendo a la cautividad. De igual forma este texto nos recuerda la importancia de obedecer la palabra de Dios y no ser indiferentes a su llamamiento, ya que aquellos que lo han hecho, su fin es trágico.

                      II.         EJEMPLOS DE AQUELLOS QUE NO QUISIERON ESCUCHAR LA PALABRA DE DIOS.


 “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos”.
1 Corintios 10:11

El apóstol nos dice que las cosas que están escritas en la Biblia fueron para que nosotros aprendamos de ellas y no cometamos los mismos errores, y así uno puede ver cómo Israel no obedeció su palabra a pesar de que muchas veces, a través de sus profetas, los amonesto a dejar el pecado y volverse a Él, pero no quisieron: “Jehová amonestó entonces a Israel y a Judá por medio de todos los profetas y de todos los videntes, diciendo: Volveos de vuestros malos caminos, y guardad mis mandamientos y mis ordenanzas, conforme a todas las leyes que yo prescribí a vuestros padres, y que os he enviado por medio de mis siervos los profetas. Mas ellos no obedecieron, antes endurecieron su cerviz, como la cerviz de sus padres, los cuales no creyeron en Jehová su Dios”, (2 Reyes 17:13-14). Desde que Dios los saco de Egipto, les enseño su palabra, tuvieron a Moisés, el gran legislador de Israel, el cual les dio la ley divina, luego tuvieron a Josué el cual no solo los dirigió a la tierra prometida, sino los amonesto para seguir por el camino del Señor, también tuvieron jueces que los liberaron de sus enemigos y les mostraron el camino de justicia, y a parte de esto tuvieron reyes como David que gobernaron bajo la voluntad de Dios, y otros trajeron grandes reformas a la nación, como Zacarias y Josías, en el reino del sur, y sus profetas no cesaron de amonestarlos para que se volvieran a Dios. Pero con todo esto, no quisieron escuchar y como consecuencia Israel, el reino del norte, es llevado cautivo a Asiria, y años después, Jerusalén, el reino del sur, es conquistado y deportado a Babilonia.

            También podemos recordar la necedad de Sedequías, el último rey del reino de Juda, el cual tuvo la oportunidad de salvar su reino y su propia vida con tan solo obedecer la palabra de Dios; pero no obedeció. Esta historia bíblica la tenemos allá en el libro de Jeremías: “Después envió el rey Sedequías, e hizo traer al profeta Jeremías a su presencia, en la tercera entrada de la casa de Jehová. Y dijo el rey a Jeremías: Te haré una pregunta; no me encubras ninguna cosa.  Y Jeremías dijo a Sedequías: Si te lo declarare, ¿no es verdad que me matarás? y si te diere consejo, no me escucharás. Y juró el rey Sedequías en secreto a Jeremías, diciendo: Vive Jehová que nos hizo esta alma, que no te mataré, ni te entregaré en mano de estos varones que buscan tu vida.  Entonces dijo Jeremías a Sedequías: Así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos, Dios de Israel: Si te entregas en seguida a los príncipes del rey de Babilonia, tu alma vivirá, y esta ciudad no será puesta a fuego, y vivirás tú y tú casa. Pero si no te entregas a los príncipes del rey de Babilonia, esta ciudad será entregada en mano de los caldeos, y la pondrán a fuego, y tú no escaparás de sus manos. Y dijo el rey Sedequías a Jeremías: Tengo temor de los judíos que se han pasado a los caldeos, no sea que me entreguen en sus manos y me escarnezcan. Y dijo Jeremías: No te entregarán. Oye ahora la voz de Jehová que yo te hablo, y te irá bien y vivirás”, (Jeremías 38:14-20). Es lamentable ver como este hombre pudo haber salvado su vida y su reino con tan solo escuchar y obedecer la palabra de Dios; pero no lo hizo, y al final fue capturado, vio como mataron a sus hijos y a el le sacaron los ojos y lo encarcelaron, mientras que Jerusalén fue destruida y quemada, todo porque no quisieron escuchar la palabra de Dios.

            El mismo apóstol Pablo, predicando el evangelio se enfrento a la dureza de corazón de los judíos, los cuales, a pesar de su fuerte persuasión, estos no creyeron: “Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas. Y algunos asentían a lo que se decía, pero
otros no creían. Y como no estuviesen de acuerdo entre sí, al retirarse, les dijo Pablo esta palabra: Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres, diciendo: Ve a este pueblo, y diles: De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis; porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyeron pesadamente, y sus ojos han cerrado, para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y entiendan de corazón, y se conviertan, y yo los sane. Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios; y ellos oirán. Y cuando hubo dicho esto, los judíos se fueron, teniendo gran discusión entre sí”, (Hechos 28:23-29). Es triste ver como la historia de aquellos que no escuchar la palabra de Dios para obedecerla se repite una y otra vez, y así como le paso al apóstol Pablo, les sucede a muchos que predicando su palabra ven la indiferencia y dureza de corazones, el problema con esto es que al no atender su consejo viene el desastre y condenación eterna.

                    III.         EL NO OBEDECER SU PALABRA NOS CONDUCE A LA CONDENACIÓN ETERNA.


“¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! que si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que sentadas en cilicio y ceniza, se habrían arrepentido. Por tanto, en el juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidón, que para vosotras. Y
tú, Capernaum, que hasta los cielos eres levantada, hasta el Hades serás abatida. El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió”.
Lucas 10:13-16

En estos versículos, el Señor Jesús nos advierte del peligro de no escuchar y obedecer su palabra. En Corazín y Betsaida, se hicieron grandes milagros y el mismo Jesús les predico, pero no escucharon y fueron incrédulos. En Capernaum, Jesús anuncio el evangelio y realizo muchas señales, pero los hombres de esta ciudad endurecieron sus corazones. Al final, nuestro Señor les dice que, si todo esto se hubiese dado en Tiro y Sidón, ciudades paganas, hace ratos se hubiesen arrepentido, y por ello, su castigo sería peor. De igual forma, si nosotros no escuchamos su palabra y la obedecemos, creyendo en Cristo, iremos rumbo a nuestra ruina a una eternidad de condenación.

 

CONCLUSIÓN.

En la Biblia encontramos muchos ejemplos de personas que no escucharon la palabra de Dios y la obedecieron, y por tanto, se perdieron, pero nosotros debemos creer en esta palabra la cual a través de Cristo nos ofrece la vida eterna, porque todo aquel que no la escucha va camino al fracaso y la condenación eterna.



domingo, 25 de agosto de 2019

El Camino, la Verdad y la Vida (Juan 14:4-6)


“Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino. Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”.
Juan 14:4-6

INTRODUCCIÓN


                    Al continuar estudiando este nuevo capítulo del evangelio según Juan llegamos a otra sección que constituye en sí otras de las más gloriosas revelaciones concernientes a la persona de nuestro Señor Jesucristo. De alguna manera, el tema predominante de estos versículos, así como los ya estudiados anteriormente están en función de la pregunta que Pedro hizo: “Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; más me seguirás después”, (Juan 13:36), y después de esto, vemos como el Señor les comienza a responder esta pregunta, primero, al decirles que tiene que irse a prepararles morada en la casa de su Padre, por tanto, es de entender que el camino que después tendrían que seguir los guiaría al mismo cielo y lo único que tenían que seguir es a Cristo y sus enseñanza, pero aun así estos no entienden y uno de ellos, Tomás, le pide que les explique aún más.


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El Camino, la Verdad y la Vida 


LA PREGUNTA DE TOMÁS


“Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino. Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?”.
Juan 14:4-5

               Como consecuencia de su camino a la Cruz, Jesús iba rumbo a la casa de su Padre, y allí les prepararía lugar a sus discípulos para que moraran con Él, por eso les dijo: Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino. Sin embargo, los discípulos están confundidos y por mucho que Jesús les explicara ellos no entendían, sin embargo, Tomás, uno de los discípulos, se atrevió a preguntar, y con toda la sinceridad le pregunta: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Aunque muy pocas veces se habla de Tomás en la Biblia, si hay algo en lo que se caracteriza es por su sinceridad. Fue sincero al decirle a Jesús que lo seguiría, aunque eso implicase la muerte, porque en sus palabras se evidenciaba su miedo: “Dijo entonces Tomás, llamado Dídimo, a sus condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con él”, (Juan 11:16), luego, aquí lo vemos expresando de manera sincera su falta de comprensión, y más adelante es sincero al decir que a menos que vea al Cristo resucitado no creería: “Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!”, (Juan 20:24-28). Aunque Jesús ya les había explicado el camino que tenían que seguir después de su partida, aun no estaba claro del todo, por ello les dará mayores instrucciones que los guiaría el día que Él ya no estuviese.

JESÚS EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA


Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”.
Juan 14:6

              En respuesta a la pregunta de Tomás, nuestro Señor les declara con gran verdad que no solo aclarara sus dudas respecto al camino a seguir, sino también a su gloriosa persona: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. De esta declaración, podemos sacar dos premisas en cuanto a la persona de Jesús, la primera es que Jesús es el camino, y la verdad, y la vida, y la segunda es que sin Jesús es imposible llegar a Dios. Si consideramos la primera, llegamos al sexto gran “Yo Soy” de este evangelio y a lo largo de esta evangelio Juan nos presenta lo que se conoce como los siete grandes “Yo Soy” de los cuales ya se presentaron aquellos donde Él se denomina como el pan de vida (Juan 6:35), la luz del mundo (Juan 8:12), la puerta de las ovejas (Juan 10:7), el buen pastor (Juan 10:11) y la resurrección y la vida (Juan 11:25), y ahora aquí, en Juan 14:6 se nos presenta como el camino, la verdad y la vida y solo quedara el ultimo “Yo soy” que lo veremos allá en juan 15:1 donde nos dice que Él es la vid verdadera. Definitivamente este versículo ha sido de gran bendición para el pueblo cristiano, pero cuando Jesús se los dijo a sus discípulos que eran judíos impacto profundamente ya que a través de esta declaración enfatizaba que en su persona existen tres grandes concepciones que la fe judía buscaba en Dios. Veamos cada una de estas.

En primer lugar, Jesús dijo: Yo soy el camino… La palabra camino se traduce del griego jodós (ὁδός), la cual efectivamente significa camino y más específicamente, una ruta que se tiene que seguir para llegar a un destino específico, por tanto, Jesús no solo dijo que Él es el camino, sino y el único camino que conduce a un destino específico, la vida eterna. Para los judíos era importante definir el camino a seguir en la vida, especialmente aquel que condujera a Dios. Después que los israelitas fueron liberados del yugo de esclavitud de Egipto, el Señor a través de Moisés los exhorto a seguir el camino correcto que los conduciría por la senda de la vida: “Mirad, pues, que hagáis como Jehová vuestro Dios os ha mandado; no os apartéis a diestra ni a siniestra. Andad en todo el camino que Jehová vuestro Dios os ha mandado, para que viváis y os vaya bien, y tengáis largos días en la tierra que habéis de poseer”, (Deuteronomio 5:32-33). En el libro de los Salmos se le pide a Dios ayuda para andar en sus caminos: “Enséñame, oh Jehová, tu camino, y guíame por senda de rectitud”, (Salmo 27:11), y sus profetas anunciaron el camino que ellos tenían que seguir, el camino de la santidad: “Y habrá allí calzada y camino, y será llamado Camino de Santidad; no pasará inmundo por él, sino que él mismo estará con ellos; el que anduviere en este camino, por torpe que sea, no se extraviará”, (Isaías 35:8). Y de igual forma, este camino que los conducía a vivir para Dios en completa obediencia a sus mandamientos y santidad era una senda que los conducía a la prosperidad: “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto”, (Proverbios 4:18). Por tanto, con estas palabras Jesús les estaba diciendo que este camino que los conducía al Padre era Él, y es este camino el cual se anuncia en el mensaje del evangelio, así vemos como Apolos fue instruido en este camino: “Llegó entonces a Éfeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras. Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan. Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios”, (Hechos 18:24-26). Aun los paganos reconocían que el mensaje que predicaba Pablo y sus compañeros era el que mostraba el camino de salvación: “Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando. Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación”, (Hechos 16:16-17). Y de igual forma a los cristianos del primer siglo se les llamo como el epíteto, “los del Camino”, ya que ellos anunciaban a Cristo como el camino al Padre, así se les llamo en aquella ocasión cuando Saulo de Tarso los persiguió: “y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que, si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén”, (Hechos 9:2). También vemos como al referirse a este epíteto, “el Camino”, los antiguos paganos lo relacionaban con los cristianos, ya que ellos predicaban el camino a Dios a través de Jesús: “Y enviando a Macedonia a dos de los que le ayudaban, Timoteo y Erasto, él se quedó por algún tiempo en Asia. Hubo por aquel tiempo un disturbio no pequeño acerca del Camino. Porque un platero llamado Demetrio, que hacía de plata”, (Hechos 19:22-24). Y mientras Pablo estuvo en sus prisiones, un funcionario romano inquirió en las creencias cristianas de Pablo, y a estas se les llaman con las palabras, “acerca de este Camino: “Entonces Félix, oídas estas cosas, estando bien informado de este Camino, les aplazó, diciendo: Cuando descendiere el tribuno Lisias, acabaré de conocer de vuestro asunto”, (Hechos 24:22). Por eso hoy en día los cristianos anunciamos que el único camino a Dios es Jesús.

Además de todo esto, Jesús también dijo: Yo soy … la verdad. La verdad es otro concepto teológico muy relevante en la cultura judía. En este texto, la palabra verdad se traduce del griego alézeia (ἀλήθεια), la cual se puede traducir como una declaración veraz y autentica. La palabra verdad en la Biblia hace referencia a la veracidad de los preceptos de la revelación divina los cuales se manifiestan en la conducta y moral de la persona que los vive, y en este sentido, Jesús es la personificación del cumplimiento de la palabra de Dios y esta palabra es veraz y santa, por ello en la Biblia se le llama el Verbo de Dios: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”, (Juan 1:1), esta palabra Verbo se traduce del griego lógos (λόγος), que literalmente significa palabra, y por ello decimos que Jesús es la personificación de la palabra de Dios ya que en Él no solo se cumplieron todas las profecías concernientes al Mesías, sino que vivió de acuerdo a lo dicho por la ley, los profetas y los otros escritos. Hoy vivimos en un mundo donde se nos dice que la verdad absoluta no existe, y que todas las religiones y pensamientos filosóficos pueden considerarse como otras verdades opcionales; pero lo cierto es que solo existe una sola verdad y esta es Cristo. La verdad está íntimamente relacionada con el camino a Dios, ya que es a través de su iluminación que podemos comprender y seguir la senda de justicia y por eso el salmista decía: “Muéstrame, oh, Jehová, tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti he esperado todo el día”, (Salmos 25:4-5). En el Nuevo Testamento la verdad es anunciada en el mensaje del evangelio la cual se resume en presentar la ruina del hombre por causa del pecado y su estado de condenación eterna, así como el camino de salvación a través de creer en Jesús, aquel que cree en esta verdad y se convierte de corazón tiene vida eterna: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”, (Efesios 1:13). De esta forma, en el mundo solo existe una sola verdad absoluta, y esta es Cristo, es decir, la verdad anunciada acerca de su persona en la palabra de Dios y todo aquel que no cree en ella no está en la verdad, sino se ha desviado hacia el error de la mentira, por ello el apóstol Pablo amonesto a los cristianos de la región de Galacia, los cuales se habían desviado del verdadero mensaje del evangelio: “¡Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado? “, (Gálatas 3:1); pero en otras cartas vemos como los apóstoles se regocijaban con aquellos que perseveraba en la verdad, así lo vemos con  la señora elegida y sus hijos a la cual Juan le escribe: “El anciano a la señora elegida y a sus hijos, a quienes yo amo en la verdad; y no sólo yo, sino también todos los que han conocido la verdad, a causa de la verdad que permanece en nosotros, y estará para siempre con nosotros: Sea con vosotros gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo, Hijo del Padre, en verdad y en amor. Mucho me regocijé porque he hallado a algunos de tus hijos andando en la verdad, conforme al mandamiento que recibimos del Padre”, (2 Juan 1-4). O con un creyente llamado Gayo: “Pues mucho me regocijé cuando vinieron los hermanos y dieron testimonio de tu verdad, de cómo andas en la verdad. No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad”, (3 Juan 3-4). De esta forma podemos ver como en Cristo nosotros encontramos la verdad y podemos vivir en ella, y esto nos lleva a la tercera aseveración acerca de la persona de Jesús que esta en este “Yo Soy”.

También Jesús dijo: Yo soy … la vida. La vida para la teología judía era un precioso don que encontraba su máxima realización en los caminos de Dios. Para encontrar la verdadera felicidad en la vida la Biblia nos enseña que esta se encuentra en conocer a Dios, seguir sus caminos y guardar su palabra, y si consideramos esto veremos que la vida está íntimamente relacionada con el camino y la verdad. Es Dios quien le muestra al hombre el camino que conduce a la vida: “Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre”, (Salmo 16:11). La verdadera vida se encuentra en conocer a Dios ya que en su presencia hay plenitud de gozo y delicias a su diestra. También esta vida plena se encuentra en conocer su palabra, ya que es verdad, y vivir por ella: “Camino a la vida es guardar la instrucción; pero quien desecha la reprensión, yerra”, (Proverbios 10:17). Por ello, todo esto que el hombre busca en la filosofía, en los placeres del mundo o en la religión, el camino correcto, la verdad absoluta y la vida, jamás la encontrara sino solo en Cristo, por que Él es el único camino, en el encontramos la verdad absoluta y la plenitud de vida. Ninguna religión del mundo puede ofrecernos esto, es más, ni siquiera los grandes líderes religiosos de todos los tiempos han llegado a aseverar tal verdad, por ejemplo, Buda, el fundador del budismo, antes de morir dijo a sus discípulos: “Busquen la verdad”, Confucio el gran maestro del Confucionismo dijo: “déjenme decirles que yo no soy el camino”, y Mahoma, el fundador del Islam, dijo que no sabia el propósito de la vida; pero Jesús dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Con sus ultimas palabra, Jesús afirma que no hay otro camino a Dios, solamente Él, y así es, Él es el único camino que el hombre tiene para encontrar la vida eterna.







jueves, 8 de agosto de 2019

La Parábola de los Dos Hijos (Mateo 21:28-32)


“Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, vé hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios. Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle”.
Mateo 21:28-32

INTRODUCCIÓN



            A partir de aquí iniciamos el estudio de otras parábolas que fueron enseñadas por nuestro Señor Jesús, y en este caso en específico, las siguientes tres parábolas de consideraremos a partir de aquí están relacionadas con la actitud desobediente de los lideres religiosos al mensaje del evangelio, y sus futuras consecuencias, estas parábolas son: la parábola de los dos hijos, la parábola de los labradores malvados y la parábola del banquete de bodas. Luego más adelante se considerarán otras dos parábolas que tienen que ver con la venida de Cristo. Es obvio que esta parábola está íntimamente relacionada a los acontecimientos de los versículos anteriores, y de hecho es parte de la respuesta que el Señor les da a estos lideres religiosos que sabiendo que el ministerio de Juan el bautista provenía de Dios, no obedecieron al llamamiento de arrepentimiento que se hacía, antes, las rameras y publicanos atendieron a él.


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La Parábola de los Dos Hijos


EL MEJOR DE DOS HIJOS MALOS


“Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, vé hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero…”
Mateo 21:28-31

            Lo interesante de esta parábola es que describe perfectamente la naturaleza del ser humano a través de dos clases de hijos de los cuales ninguno podría considerarse bueno al 100%. A continuación, Jesús les presenta a estos lideres religiosos una parábola que habla de dos hijos que tenía un hombre y pide opinión al respecto: Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. El primer hijo es aquel que al pedirle el padre que fuera a trabajar a su viña no quiso ir, pero luego, arrepentido fue: Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, vé hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. Este hijo no puede considerarse bueno del todo ya que, en lugar de obedecer de inmediato al padre, se negó, pero luego vemos que se arrepintió de haberse negado y así termino obedeciendo, y así se redimió de su mala conducta. Luego vemos al segundo hijo, el cual parece que es el bueno, pero no lo es: Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue. Este dijo que obedecería de inmediato, pero no lo hizo, y esto lo hace un mal hijo. Luego viene Jesús y les pregunta: ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Al final, podemos decir que el primer hijo fue el menos malo de los dos o, mejor dicho, el hijo malo que se arrepintió. No podemos pasar de estos versículos sin considerar como esta parábola describe la naturaleza humana, ya que realmente no existe una persona buena, cuya naturaleza no esté lisiada por causa del pecado, como decía el salmista, aun desde el vientre de nuestra madre nos desviamos: “Se apartaron los impíos desde la matriz; se descarriaron hablando mentira desde que nacieron”, (Salmo 58:3). Nadie puede jactarse de ser justo y que por sus propios méritos alcanzara la vida eterna de hecho, nuestras mejores justicias son como trapo de inmundicia delante del Señor: “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento”, (Isaías 64:6). Si no fuese por la misericordia de Dios y la fe en su Hijo Jesucristo, todos nosotros que hemos creído estaríamos perdidos, porque al final nuestra justicia no es nuestra, sino ha sido imputada por nuestro Señor Jesús: “y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe”, (Filipenses 3:9). Por ello, hoy somos pecadores redimidos consciente que somos salvos, no por nuestras obras, sino por medio de la fe, y por ello Pablo dice que toda jactancia queda excluida: “¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe”, (Romanos 3:27). Por tanto, podemos decir que todos los seres humanos somos pecadores, unos no han sido perdonados porque no han obedecido al evangelio, pero otros somos pecadores redimidos por la sangre de Cristo ya que creímos al evangelio y obedecimos a su llamamiento.

¿CUÁL ES EL PECADOR QUE SE SALVA?


“Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios. Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle”.
Mateo 21:31-32

                  Aquí el Señor les hace ver a estos lideres religiosos su verdadera hipocresía y su estado de condenación: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios. Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle. Estos hombres que se creían religiosos y estar del lado de Dios eran pura apariencia, porque escucharon a Juan anunciar el camino de justicia, pero no le creyeron, en cambio, aquellos que eran visto con desprecia y llamados pecadores, los publicanos y rameras, escucharon el mensaje de Juan, creyeron y se arrepintieron de sus pecados, y así estos últimos iban delante de ellos al reino de los cielos, mientras que estos permanecían en condenación eterna. Cuantas personas son como estos líderes religiosos, están en las iglesias, van a los cultos y cumplen con sus obligaciones religiosas, pero no obedecen de corazón al evangelio, sino viven su vida de acuerdo a lo que mejor les parece y no se sujetan a Dios, estos al final no se salvaran. Pero nosotros debemos obedecer a su palabra y no ser simples religiosos de hecho, la misma Biblia nos ensaña que antes que cualquier rito religioso esta la obediencia: “Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros”, (1 Samuel 15:22). Estos sacerdotes y ancianos entendían el mensaje de Juan y sabían que no podían negarlo, pero por sus intereses propios decidieron no obedecerlo, y esto es una rebeldía de corazón que conduce al infierno. Al final, todos eran pecadores, como nosotros, tal y como las Escrituras lo declaran, no hay justo; pero la diferencia esta en aquellos pecadores que obedecen al evangelio y se arrepienten de sus pecados. Estos alcanzaran misericordia.



martes, 6 de agosto de 2019

Ignorancia Conveniente (Mateo 21:23-27)


“Cuando vino al templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron a él mientras enseñaba, y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿y quién te dio esta autoridad? Respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os haré una pregunta, y si me la contestáis, también yo os diré con qué autoridad hago estas cosas. El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres? Ellos entonces discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta. Y respondiendo a Jesús, dijeron: No sabemos. Y él también les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas”.
Mateo 21:23-27

INTRODUCCIÓN


               Continuamos con la narración de la ultima semana de vida de nuestro Señor Jesucristo y como hemos visto, durante el día pasa en el templo, y al anochecer se retira a Betania. Después del acontecimiento de la higuera que se secó, nuestro Señor se dirige nuevamente al templo donde creemos que se dedicaba a enseñarle a todos aquellos que allí se presentaban, es allí donde los principales sacerdotes y ancianos se le acercaron para exigirle que les dijera con qué autoridad hacia todas las cosas; pero nuestro Señor les responderá con otra pregunta que evidenciara su hipocresía religiosa, ya que sabían la respuesta, pero por sus intereses religiosos preferían mantenerse en su error, y esto los conduciría al mismo infierno.


ignorancia-conveniente
Ignorancia Conveniente


¿CON QUÉ AUTORIDAD HACES ESTAS COSAS?


“Cuando vino al templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron a él mientras enseñaba, y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿y quién te dio esta autoridad?”.
Mateo 21:23

           Después del incidente de la higuera que fue maldecida y esta se secó, nuestro Señor se dirige nuevamente al templo, donde por Lucas sabemos que se dedicaba a predicar y enseñar el mensaje del evangelio a las personas que estaban allí: “Sucedió un día, que enseñando Jesús al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio, llegaron los principales sacerdotes y los escribas, con los ancianos, y le hablaron diciendo: Dinos: ¿con qué autoridad haces estas cosas? ¿o quién es el que te ha dado esta autoridad?”, (Lucas 20:1-2). Es aquí donde los principales sacerdotes y ancianos del pueblo se acercaron al Señor para exigirle que les dijera con qué autoridad hacia todas esas cosas. Posiblemente se referían a todas las cosas que había ocurrido desde el domingo, su entrada triunfal, los niños alabando y cantando ¡Hosana al Hijo de David!, o la purificación del templo. A lo mejor era otra trampa que estos perversos hombres le estaban poniendo y esperaban atraparlo con alguna palabra, pero nuestro Señor les respondió de una manera muy creativa.

¿DE DÓNDE ERA EL BAUTISMO DE JUAN, DEL CIELO O DE LOS HOMBRES?


“Respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os haré una pregunta, y si me la contestáis, también yo os diré con qué autoridad hago estas cosas. El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres? Ellos entonces discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta. Y respondiendo a Jesús, dijeron: No sabemos”.
Mateo 21:24-27

             La verdad es que con esta pregunta nuestro Señor puso en jaque a sus adversarios, ya que en lugar de responderles directamente, les respondió con una contra pregunta, no les estaba diciendo que no les quería responder, solo les dijo que si ellos le contestaban esa pregunta, Él les respondería la de ellos. Por ello Jesús les pregunto: Yo también os haré una pregunta, y si me la contestáis, también yo os diré con qué autoridad hago estas cosas. El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres? Con esta pregunta los puso en un gran estrecho, según leemos en estos versículos: Ellos entonces discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta. En estas palabras queda revelado la gran hipocresía de estos hombres, ya que por un lado sabían que si decían que el bautismo de Juan era de los hombres, el pueblo los apedrearían ya que tenían a Juan como profeta, y no tenían forma de desmentir su ministerio ya que hasta ellos sabían que venía de Dios y obviamente no estaban dispuestos a morir por su posición; pero por el otro lado, si decían que provenía del cielo, entonces les dirían por qué no creen en Jesús, ya que Juan el bautista hablo acerca de Él. La verdad es que estos hombres tenían todas las evidencias para creer en Jesús, el testimonio de juan el bautista, un hombre de Dios, los milagros y señales que respaldaban su ministerio eran mas que suficiente para creerle; pero aun con todo se empecinaban de no creer y mejor alegaron ignorancia: Y respondiendo a Jesús, dijeron: No sabemos. Esta no era verdadera ignorancia, era una ignorancia fingida, una ignorancia conveniente, ya que preferían hacerse los ignorantes que reconocer la autoridad de Jesús, y aún más, no estaban dispuestos a morir por su posición, ya que sabían que, si decían que el bautismo de Juan era de los hombres, la gente los apedrearía por blasfemos, por tanto, ya sea por cobardía o por conveniencia se hacían los ignorantes. Cuantas personas son como estos lideres religiosos, tienen una buena comprensión bíblica y saben cual es el camino de Dios, pero por sus propios intereses prefieren hacerse los que no comprenden, pero no saben que esa ignorancia conveniente los lleva al infierno. Jesús tenia sus convicciones firmes y estaba dispuesto a ir a la muerte por ellas, pero estos hombres no eran así.

JESÚS TAMPOCO LES RESPONDE A ESTOS HOMBRES


“Y él también les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas”.
Mateo 21:27


                Como estos hombres no quisieron responder de manera sincera a su pregunta, también Jesús no les responde con qué autoridad hacia esas cosas: Y él también les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas. De esta forma muy creativa nuestro Señor evadió la pregunta que estos malvados le hacían, no porque tuviera miedo de las consecuencias, ya que estaba dispuesto a morir por ellas, sino porque sabia que su momento aún no había llegado. Nosotros como cristianos debemos estar dispuestos a mantener nuestras convicciones en el evangelio aun en contra de nuestra propia conveniencia, ya que muchas personas hoy en día, finge no conocer al Señor por miedo a las burlas o criticas de sus amigos o familiares, pero esa actitud esta errada y es equivalente a rechazar directamente al Señor. Podemos recordar aquella ocasión cuando Pedro y Juan fueron llevados delante de los principales sacerdotes y ancianos del Sanedrín, y allí los intimidaron para no hablar mas del mensaje del evangelio, pero ellos no pudieron ignorar el mensaje que Dios les había dado, ni mucho menos fingir que no sabían nada: “Cuando los trajeron, los presentaron en el concilio, y el sumo sacerdote les preguntó, diciendo: ¿No os mandamos estrictamente que no enseñaseis en ese nombre? Y ahora habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de ese hombre. Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”, (Hechos 5:27-29). A diferencia de aquellos lideres religiosos de los tiempos de Jesús, estos apóstoles estaban dispuestos no solo a mantenerse firmes en su posición doctrinal, sino a morir por ella, ya que el callar o ignorarlo conduce al mismo infierno.



La Maldición de la Higuera (Mateo 21:18-22)



“Por la mañana, volviendo a la ciudad, tuvo hambre. Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera. Viendo esto los discípulos, decían maravillados: ¿Cómo es que se secó en seguida la higuera? Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que, si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho. Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”.
Mateo 21:18-22

INTRODUCCIÓN


            Al avanzar nuestro estudio en este maravilloso evangelio llegamos a otro episodio que definitivamente esta ubicado en la ultima semana de vida de Jesús y se conoce como la maldición de la higuera. Con respecto a este episodio se ha desarrollado mucho debate por dos cosas puntuales. Lo primero es la aparente contradicción cronología entre Mateo y Marcos, en Mateo se nos muestra que después del evento de la purificación del templo, el Señor se retiro a Betania donde paso la noche y al amanecer, es decir, al siguiente día en la mañana, subió con sus discípulos al templo y en el camino se encontró con una higuera la cual al no tener fruto fue maldecida. Sin embargo, al estudiar el mismo evento en Marcos, tenemos que el día domingo, después de la entrada triunfal, fue al templo y al anochecer se fue a Betania: “También muchos tendían sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían por el camino. Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas! Y entró Jesús en Jerusalén, y en el templo; y habiendo mirado alrededor todas las cosas, como ya anochecía, se fue a Betania con los doce”, (Marcos 11:8-11), luego, al siguiente día, es decir, el lunes, no el domingo como se entiende en Mateo, Jesús vuelve otra vez al templo, pero en el camino se encuentra con una higuera donde busca fruto y al no encontrarlo la maldice, luego sube al templo y allí se dan los acontecimientos de la purificación del templo, luego al anochecer, regresa a Betania: “Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre. Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos. Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos. Vinieron, pues, a Jerusalén; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas”, (Marcos 11:12-15).luego, después de pasar la noche en Betania, al siguiente día, que es martes, yendo por el camino se encuentran con la higuera que había sido maldecida por Jesús y estaba seca: “Pero al llegar la noche, Jesús salió de la ciudad. Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces”, (Marcos 11:19-20). Por tanto, aquí vemos una gran diferencia en cuanto a la cronología de los eventos. Según Mateo, la entrada triunfal y la purificación del templo ocurrió el domingo y el lunes la maldición de la higuera, la cual se seco inmediatamente. Pero, en Marcos, el domingo ocurrió la entrada triunfal y luego se fue al templo y al anochecer se retiro a Betania, luego el lunes, subiendo a Jerusalén maldice a la higuera, pero esta no se seca de inmediato, luego ocurre la purificación del templo, al anochecer se vuelve a retirar al templo, y al siguiente día, el martes, cuando volvía a Jerusalén se encuentra nuevamente con la higuera la cual ya estaba seca y se desarrollan los eventos que hoy consideraremos. Esta aparente contradicción se resuelve entendiendo el estilo literario que cada autor utilizó al momento de escribir su evangelio. En el caso de Mateo, su estilo y propósito al momento de presentar los hechos no es la narración cronológica, sino la temática, es decir, no esta interesado en presentar una narración de orden cronológica de como pasaron los eventos, sino, su arreglo está en función del tema que desea presentar, y en este caso, lo que importa no es en qué momento ocurrió el hecho, si fue lunes o martes, sino la lección que deja, y por ello decidió presentarlo en una sola sección de su evangelio.


higuera-maldición
La Maldición de la Higuera

                Lo otro que es controversial en estos versículos es el hecho de que Jesús haya usado su poder para marchitar una higuera, y que este haya sido en respuesta de algo que lo molesto, cuando anteriormente Jesús ha usado sus dones para provecho de la vida en todos sus sentidos. Sin embargo, lejos de usar su autoridad para marchitar una higuera como respuesta a su enojo, la señal se convertirá en una parábola de acción que tenía como propósito enseñar algún principio divino, pero eso lo veremos mas adelante.

LA HIGUERA QUE NO TENÍA FRUTO


“Por la mañana, volviendo a la ciudad, tuvo hambre. Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera. Viendo esto los discípulos, decían maravillados: ¿Cómo es que se secó en seguida la higuera?”.
Mateo 21:18-20

             Después de haber pasado la noche en Betania, Jesús sube con sus discípulos nuevamente a Jerusalén, y en el camino tiene hambre y es allí donde ve una higuera, pero esta no tenia fruto: Por la mañana, volviendo a la ciudad, tuvo hambre. Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente… La higuera es una planta propia de la tierra de Israel, incluso desde la conquista de Canaán se registra su presencia entre los arboles frutales de la tierra que Dios les había prometido a Israel: “Porque Jehová tu Dios te introduce en la buena tierra, tierra de arroyos, de aguas, de fuentes y de manantiales, que brotan en vegas y montes; tierra de trigo y cebada, de vides, higueras y granados; tierra de olivos, de aceite y de miel”, (Deuteronomio 8:7-8). En los tiempos de paz que Israel gozo durante el reinado de Salomón, cada uno tenia su propia higuera donde se sentaban con tranquilidad: “Y Judá e Israel vivían seguros, cada uno debajo de su parra y debajo de su higuera, desde Dan hasta Beerseba, todos los días de Salomón”, (1 Reyes 4:25). Las higueras eran arboles que no solamente daban un fruto comestible, el higo, sino que proporcionaban una gran sombra donde las personas podían sentarse a descansar huyendo del abrazador sol, ya que su copa puede extenderse de 8 a 10 metros. Los frutos que la higuera daba se daban en dos estaciones diferentes. La primera, el higo temprano o más pequeño, que surge de los brotes del año anterior, empieza a aparecer a fines de marzo y madura en mayo o junio. La breva o el higo tardío y de mayor tamaño surge de los brotes nuevos o primaverales se recogen entre agosto y octubre, y si la pascua estaba cerca, este acontecimiento tuvo lugar entre marzo y abril, una época donde era imposible encontrar fruto, ya que no era la época de eso. Sin embargo, esto molesta a nuestro Señor y la maldice, y al menos Mateo nos dice que esta se secó de inmediato lo cual sorprendió a todos sus discípulos: y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera. Viendo esto los discípulos, decían maravillados: ¿Cómo es que se secó en seguida la higuera? Algunas personan han criticado este pasaje ya que consideran que la forma de como actuó Jesús fue egoísta, primero, porque utilizo sus poderes divinos para marchitar un árbol que no tenia fruto en una época donde no se daba, y de esta forma destruyo un árbol lo cual iba en contra de su ministerio de vida. Sin embargo, no olvidemos que Él es el Señor de todo lo creado, y allá en el libro de Jonás destruyo una para darle una lección al profeta: “Y preparó Jehová Dios una calabacera, la cual creció sobre Jonás para que hiciese sombra sobre su cabeza, y le librase de su malestar; y Jonás se alegró grandemente por la calabacera. Pero al venir el alba del día siguiente, Dios preparó un gusano, el cual hirió la calabacera, y se secó”, (Jonás 4:6-7). Segundo, dicen que su poder fue utilizado como respuesta a su enojo, y esto lo consideran un inapropiado ya que se considera un acto de arrebato de ira. Y tercero, porque dicen que esta señal no glorifica en nada al Padre. Pero, ¿será esto así? La verdad es que nosotros no creemos que Jesús haya realizado esta señal como respuesta a una cólera y que fue solo un arrebato de ira, al contrario, nuestro Señor siempre buscaba formas muy creativas de enseñarles a sus discípulos. Allá en el evangelio según Lucas existe una parábola que se conoce como la de la higuera estéril y allí se nos da una hermosa reflexión de dar frutos agradables para nuestro Dios: “Dijo también esta parábola: Tenía un hombre una higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló. Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala; ¿para qué inutiliza también la tierra? El entonces, respondiendo, le dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone. Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después”, (Lucas 13:6-9). Aquí vemos la importancia de dar un fruto agradable delante del Señor, porque el que no da fruto solo inutiliza la tierra donde esta plantado y aunque Dios es paciente, pero si continuamente no encuentra un fruto agradable, este puede ser desarraigado permanentemente y ser arrojado al infierno. La higuera suele tener fruto solo en dos temporadas, pero nuestro Señor requiere de nosotros un fruto permanente, y no solo por temporadas.

ESTAS SEÑALES Y OTRAS IMPOSIBLES SON POSIBLES GRACIAS A LA FE


“Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que, si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho. Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”.
Mateo 21:21-22

               En estos versículos podemos encontrar la verdadera razón por la cual Jesús realizo este milagro. El hecho de que sus discípulos hayan visto a la higuera secarse de inmediato trajo un asombro a sus vidas, ya que definitivamente la señal milagrosa era impresionante, y quién podía hacer semejante cosa, pero con ello el Señor capto su atención, preparándolos para recibir la enseñanza que Jesús quería compartirles ese día, y por ello les dijo: De cierto os digo, que, si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho. Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis. De acuerdo a esto, la acción de secar la higuera cobra sentido. La fe es un elemento indispensable en la vida del creyente, la fe es necesaria para creer que el sacrificio de Cristo es suficiente para perdonar nuestros pecados, la fe es necesaria para creer que por muy malos que seamos Dios puede restaurar nuestras vidas, la fe es necesaria para creer que podemos recibir sanidad divina, la fe es necesaria para creer que Dios puede liberarnos de todas nuestras penas y angustias, y en general, con fe nada es imposible, aun las cosas más difíciles que podamos concebir y por ello el Señor pone un ejemplo algo extremo, mover montes: no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho, y cualquier cosa que pidamos a Dios, dentro de su voluntad, en oración el Señor responderá, siempre y cuando se haga con fe: Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis. Ahora, para que esto ocurra así, es necesario pedir con fe, sin dudar: De cierto os digo, que, si tuviereis fe, y no dudareis. En Marcos, este mismo versículo la Nueva Versión Internacional de la Biblia lo traduce de la siguiente manera: “Les aseguro que si alguno le dice a este monte: “Quítate de ahí y tírate al mar”, creyendo, sin abrigar la menor duda de que lo que dice sucederá, lo obtendrá”, (Marcos 11:24, NVI). Fe es creer sin abrigar la menor duda que tal cosa sucederá, eso es fe, y por ello Santiago nos dice: “Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra”, (Santiago 1:6). Al final, aquella sorprende señal donde Jesús maldijo a la higuera y esta se seco de inmediato nos enseña que para el que cree todo es posible, solo necesita fe y, fe es creer sin abrigar la menor de las dudas, cuando esto es así, aun lo que parece imposible es posible para el que ora al Padre en plena certidumbre que lo que esta pidiendo lo recibirá.