lunes, 27 de febrero de 2017

Razones por las cuales alabar a Dios (Salmo 136:1)

“Alabad a Jehová, porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia”.
Salmo 136:1

INTRODUCCIÓN


Si hay una característica que debe sobresalir en los cristianos es la gratitud hacia nuestro Dios. Este Salmo exhorta a sus lectores a alabarlo porque es grande en misericordia y esta es eterna. La alabanza a nuestro Dios es más que un simple cántico emocional, sino más bien una expresión de gratitud por todas las bondades de Dios recibidas. En Levítico 7:12-15, y Levítico 22:29-31 el Señor estableció en su ley la forma de como los israelitas podían ofrecer ofrendas por motivo de la gratitud a las bondades recibidas y de igual forma nosotros debemos saberle agradecer a Dios por todo lo que ha hecho en nosotros y nuestra alabanza debe saber expresarlo. El primer versículo de este Salmo nos dice la razón por la cual debemos alabar a Dios, y es porque debemos expresar nuestra gratitud y felicidad por la gran bondad que nos ha mostrado. Como seres pecadores merecemos el castigo eterno y Dios estaría siendo justo al aplicarlo, pero en lugar de eso ha decidido tratarnos según su gran bondad: “No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen”, (Salmo 103:10-11).


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Razones por las cuales alabar a Dios

Por este motivo nuestra vida debe ser reflejo del agradecimiento a Dios y en este Salmo nos da varias razones que nos afirman el por qué decimos que debemos alabarle por su gran bondad.

I.            PORQUE ES EL ÚNICO DIOS QUE HACE MARAVILLAS.


“Alabad al Dios de los dioses, porque para siempre es su misericordia. Alabad al Señor de los señores, porque para siempre es su misericordia. Al único que hace grandes maravillas, porque para siempre es su misericordia”.
Salmo 136:2-4

            La primera razón que encontramos en este Salmo para alabar al Señor es porque alabamos al único y verdadero Dios, contrario a otras religiones que claman a sus ídolos pero no obtienen respuesta. Realmente somos afortunados de tener el privilegio de clamar con la seguridad de que Él nos escucha y responde a nuestro clamor: “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho”, (1 Juan 5:14-15).

  II.            PORQUE POR SU MISERICORDIA CREÓ TODO LO QUE EXISTE.


“Al que hizo los cielos con entendimiento, porque para siempre es su misericordia. Al que extendió la tierra sobre las aguas, porque para siempre es su misericordia. Al que hizo las grandes lumbreras, porque para siempre es su misericordia. El sol para que señorease en el día, porque para siempre es su misericordia. La luna y las estrellas para que señoreasen en la noche, porque para siempre es su misericordia”.
Salmo 136:5-9

Debemos alabar a Dios porque por su misericordia creó el universo y nos dio vida a todos nosotros. La vida es un don precioso y su deseo es de bienestar para cada uno de nosotros; lamentablemente muchas personas desean jamás haber nacido, pero lo cierto es que su vida es infeliz porque viven lejos de la voluntad de Dios: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”(Isaías 55:8-9)

 III.            PORQUE POR SU MISERICORDIA NOS LIBRÓ DEL YUGO DEL PECADO.


“Al que hirió a Egipto en sus primogénitos, porque para siempre es su misericordia. Al que sacó a Israel de en medio de ellos, porque para siempre es su misericordia Con mano fuerte, y brazo extendido, porque para siempre es su misericordia. Al que dividió el Mar Rojo en partes, porque para siempre es su misericordia; e  hizo pasar a Israel por en medio de él, porque para siempre es su misericordia; y  arrojó a Faraón y a su ejército en el Mar Rojo, porque para siempre es su misericordia”.
Salmo 136:10-15

            En estos versículos el salmista alaba a Dios porque los liberó de la esclavitud de Egipto. Si hay algo por lo que verdaderamente deberíamos alabarlo todos los días de nuestra vida es porque nos ha librado del yugo del pecado. Antes vivíamos esclavizados al pecado e íbamos rumbo a la condenación eterna, pero un día Jesús nos libró de las garras del diablo y nos dio vida eterna: “Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo”, (Tito 3:3-5).

                          IV.            PORQUE POR SU MISERICORDIA NOS GUÍA Y GUARDA DE TODO MAL.


“Al que pastoreó a su pueblo por el desierto, porque para siempre es su misericordia. Al que hirió a grandes reyes, porque para siempre es su misericordia; Y mató a reyes poderosos, porque para siempre es su misericordia; a Sehón rey amorreo, porque para siempre es su misericordia; y  a Og rey de Basán, porque para siempre es su misericordia; y dio la tierra de ellos en heredad, porque para siempre es su misericordia; en heredad a Israel su siervo, porque para siempre es su misericordia”.
Salmo 136:16-22

Otra razón por la cual debemos alabar su nombre es que por su gran misericordia nos guía en este mundo de tinieblas y  nos guarda de todo mal. Durante sus 40 años en el desierto Dios guió a Israel a través de una columna de nube en el día, y columna de juego en la noche. También los guardo de todos los peligros del desierto y destruyo a los reyes amorreos del otro lado del Jordán. Así hoy nuestro Señor nos guía y guarda por medio de su Santo Espíritu: “Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación”, (Salmo 90:1).

 V.            PORQUE TUVO COMPASIÓN DE NUESTRA VIDA.


“Él es el que en nuestro abatimiento se acordó de nosotros, porque para siempre es su misericordia; y nos rescató de nuestros enemigos, porque para siempre es su misericordia. El que da alimento a todo ser viviente, porque para siempre es su misericordia”.
Salmo 136:23-25

            Finalmente, debemos alabar a Dios porque en su gran misericordia ha atendido a nuestras suplicas y necesidades. Él tiene compasión de nuestra vida, ve nuestra angustia y nos atiende para darnos la salvación que necesitamos. El solo hecho de que se apiade de nuestra vida y nos liberes de todas nuestras angustias es motivo grande para deberle toda nuestra gratitud a nuestro Señor.

CONCLUSIÓN.


Dios es grande en misericordia y le debemos toda nuestra gratitud por lo que tenemos que expresar nuestra alabanza a su persona ya que:

1.      Él es el único Dios que hace maravillas.
2.      El que creo el universo y nos dio la vida.
3.      El que nos libró del yugo del pecado.
4.      Él nos guía y guarda de todo mal.
5.      Y porque es el único que ha tenido compasión de nosotros.


¿Cómo ganar el favor de Dios? (2 Crónicas 7:14)


“Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”.
2 Crónicas 7:14

INTRODUCCIÓN


Cuando Salomón dedico el templo en Jerusalén su anhelo era que Dios se agradare de aquel lugar para que los israelitas tuvieran un lugar a donde acudir y pedir el favor de Dios. Allí Dios le habla diciéndole a Salomón lo que el hombre tiene que hacer para ganar su favor divino, mismas cosas que también nosotros podemos poner en práctica.

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¿Cómo  ganar el favor de Dios?

                               I.            EL PRIMER PASO: HUMILLARSE DELANTE DE DIOS.



“Si se humillare mi pueblo…”

El primer paso para ganar el favor de Dios es humillarse delante de su presencia. El arrepentimiento es más que un simple remordimiento pasajero, es un sentimiento de dolor por nuestros pecados, es una actitud que reconoce nuestra enorme necesidad de Dios y la renuncia a nuestros propios intereses. El arrepentimiento ha sido el mensaje central de Dios. Desde que el hombre se revelo el Señor ha estado llamándolo al arrepentimiento con el fin de salvarlo de salvarlo de la condenación eterna. Así vemos a los profetas del Antiguo Testamento exhortando al pueblo a arrepentirse de sus pecados y volverse a Dios. Luego, en los evangelios vemos a Juan el bautista diciendo: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado…”, (Mateo 3:2), meses después surgió Jesús con el mismo mensaje: “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”, (Mateo 4:17). Luego los apóstoles continuaron predicando el arrepentimiento de pecados: “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”, (Hechos 2:38). Y aun Pablo, predico este mensaje durante su ministerio: “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan”, (Hechos 17:30). Por tanto, si queremos ganar el favor de nuestro Dios lo primero que tenemos que hacer es humillarnos delante de su presencia ya que no puede despreciar a un corazón contrito y humillado: “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”, (Salmo 51:17).

                            II.            SEGUNDO PASO: ORAR INVOCANDO EL NOMBRE DE DIOS.


“… sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro…”

El segundo paso para ganar el favor de Dios es orar invocando el nombre de Dios. Muchas personas que pertenecen a otras religiones invocan el nombre de sus ídolos, pero estos no los escuchas porque no existen. Otros son enseñados para oren en nombre de algún ángel o santo; pero la Biblia es clara al decirnos que solamente debemos tener un solo Dios y un solo intercesor, y este es Jesús: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”, (1 Timoteo 2:5). El mismo Jesús enseño que cualquier cosa que pidiéramos lo pidiéramos al Padre en su nombre: “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo”, (Juan 14:13). Por tanto, la clave para invocar el favor de Dios está en pedir en el nombre de Jesús y lo que el hombre que se arrepiente tiene que hacer es invocar el nombre de Jesús para que sus pecados le sean perdonados: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”, (Hechos 4:12).

                         III.            TERCER PASO: CONVERTIRSE A DIOS.


“… y se convirtieren de sus malos caminos…”

Finalmente, el tercer paso para ganar el favor de Dios es convertirse a Él. La conversión es el resultado de un verdadero arrepentimiento. Después que el hombre se arrepiente de sus pecados e invoca el nombre de Jesús pidiendo perdón por ellos, el Señor perdona toda maldad pero a partir de ese momento debe iniciarse una vida de obediencia y santidad delante de Dios. Por eso Pedro les decía: “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio”, (Hechos 3:19). La obediencia a Dios trae una gran bendición a nuestra vida y como salvos por la sangre de Cristo debemos vivir como tales.

                          IV.            RESULTADOS.


“… entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”.

Como resultado del arrepentimiento, el invocar el nombre de Jesús para perdón de pecados y una autentica conversión viene la respuesta de Dios: entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. Lo primero que Dios promete es oír desde el cielo nuestro clamor y perdonar todos nuestros pecados. Por causa de nuestros pecados estamos alejados de Dios, pero si nos acercamos a Él en arrepentimiento y confiamos en Jesús como nuestro Señor y Salvador todo en nuestra vida cambiará. No importa cuán destruido se encuentre el hombre por causa del pecado, Dios promete restaurar su vida y sanar su tierra. Este es el resultado final del evangelio, perdón de pecados y restauración de la vida del hombre, hasta darle la vida eterna. Haciendo todo esto ganaremos el favor de Dios.

CONCLUSIÓN.


Si queremos ganar el favor de Dios debemos arrepentirnos de nuestros pecados, invocar el nombre del Señor Jesús para salvación y convertirnos a su santo evangelio. Cuando esto pasa, Dios nos escucha desde el cielo, perdona nuestros pecados, restaura nuestra vida y nos da vida eterna.




La recompensa del Justo y del Injusto (Salmo 52:1-9)


“¿Por qué te jactas de maldad, oh poderoso? La misericordia de Dios es continua. Agravios maquina tu lengua; como navaja afilada hace engaño. Amaste el mal más que el bien, la mentira más que la verdad.  Has amado toda suerte de palabras perniciosas, engañosa lengua. Por tanto, Dios te destruirá para siempre; te asolará y te arrancará de tu morada, y te desarraigará de la tierra de los vivientes. Verán los justos, y temerán; se reirán de él, diciendo: He aquí el hombre que no puso a Dios por su fortaleza, sino que confió en la multitud de sus riquezas, y se mantuvo en su maldad. Pero yo estoy como olivo verde en la casa de Dios; en la misericordia de Dios confío eternamente y para siempre. Te alabaré para siempre, porque lo has hecho así; y esperaré en tu nombre, porque es bueno, delante de tus santos”.
Salmo 52:1-9

INTRODUCCIÓN


Todas nuestras acciones tienen consecuencia en nuestra vida. Cualquier decisión que tomemos traerá consecuencias ya sea positiva o negativa a nuestras vidas ya que lo que se siembra eso mismo se cosecha. En esta vida tenemos dos opciones, o somos justos o injustos, y en ambos casos recibiremos la paga o recompensa por nuestras acciones.

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La recompensa del Justo y del Injusto


                              
I.           
EL ERROR DE PERSEVERAR EN EL PECADO.


“¿Por qué te jactas de maldad, oh poderoso? La misericordia de Dios es continua. Agravios maquina tu lengua; como navaja afilada hace engaño. Amaste el mal más que el bien, la mentira más que la verdad.  Has amado toda suerte de palabras perniciosas, engañosa lengua”.
Las primeras palabras de este Salmo nos muestran una terrible realidad: la condición malvada del hombre. Por causa del pecado nuestra naturaleza es tendiente siempre a hacer lo malo, tanto que aborrece el evangelio y prefiere disfrutar de los placeres temporales del pecado. El mismo Jesús dijo que la condenación eterna era consecuencia de que los hombres amaron más las tinieblas que la luz: “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas”, (Juan 3:19). Tristemente muchas personas hoy en día se jactan de su maldad, abusan de la paciencia y misericordia de Dios, maquinan toda clase de maldades y se deleitan en sus malos caminos: “Por cuanto no se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos dispuesto para hacer el mal”, (Eclesiastés 8:11). Todo esto nos muestra la terrible condición espiritual del hombre.

                            II.            LA PAGA DE LOS INJUSTOS.


“Por tanto, Dios te destruirá para siempre; te asolará y te arrancará de tu morada, y te desarraigará de la tierra de los vivientes. Verán los justos, y temerán; se reirán de él, diciendo: He aquí el hombre que no puso a Dios por su fortaleza, sino que confió en la multitud de sus riquezas, y se mantuvo en su maldad”.

Lamentablemente la vida de pecado traerá un pago terrible a la vida de los hombres. La Biblia enseña en este Salmo y en otros pasajes que la paga del pecado será la muerte: Por tanto, Dios te destruirá para siempre; te asolará y te arrancará de tu morada, y te desarraigará de la tierra de los vivientes. Sus días un día llegaran a su fin y los justos contemplaran su triste fin de tal forma que ni siquiera sus riquezas o recursos le podrán ayudar aquel día: Verán los justos, y temerán; se reirán de él, diciendo: He aquí el hombre que no puso a Dios por su fortaleza, sino que confió en la multitud de sus riquezas, y se mantuvo en su maldad. Esto nos recuerda a la historia del rico que vivía en opulencia y no se preocupaba por nada; pero un día murió y paso a la eternidad con su alma condenada, mientras que Lázaro, el mendigo, murió y heredo la vida eterna:

“Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno”.
Lucas 16:19-23

                         III.            LA RECOMPENSA DE LOS JUSTO.


“Pero yo estoy como olivo verde en la casa de Dios; en la misericordia de Dios confío eternamente y para siempre. Te alabaré para siempre, porque lo has hecho así; y esperaré en tu nombre, porque es bueno, delante de tus santos”.

Sin embargo, el justo será recompensado enormemente por Dios. La Biblia nos habla de la paga que el justo recibirá de parte de su Dios. El salmista dice que los justos serán como olivo verde en la casa de Dios,  es decir, sus vidas serán prosperadas y jamás vivirán con incertidumbre porque su confianza esta puesta en el Dios Omnipotente: en la misericordia de Dios confío eternamente y para siempre. Los deseos de Dios son de bien para cada uno de nosotros y por eso Jesucristo nos invita a acercarnos para recibir el perdón de los pecados y así heredar la vida eterna: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, más ha pasado de muerte a vida”, (Juan 5:24). Debemos escoger a Jesús porque de lo contrario no escaparemos del juicio por causa de nuestros pecados.

CONCLUSIÓN.



En esta vida somos deudores por causa de nuestros pecados, y la paga del pecado para todos los injustos es la condenación eterna en el infierno. Sin embargo, Dios quiere bendecirnos y a través de Jesús podemos escapar de este terrible juicio. Y lo hacemos el Señor de nuestras vidas nos salvara del infierno porque la paga del justo es la vida eterna.

viernes, 17 de febrero de 2017

Esperanza para los afligidos (1 Samuel 22:1-2)


“Yéndose luego David de allí, huyó a la cueva de Adulam; y cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, vinieron allí a él. Y se juntaron con él todos los afligidos, y todo el que estaba endeudado, y todos los que se hallaban en amargura de espíritu, y fue hecho jefe de ellos; y tuvo consigo como cuatrocientos hombres”.
1 Samuel 22:1-2

INTRODUCCIÓN

Aquí encontramos una historia bíblica que tiene un gran paralelo con lo que Cristo puede hacer en nuestras vidas. Estos versículos nos ubican en un momento de gran tristeza y dificultad para David. David había sido ungido por el profeta Samuel para ser el próximo rey de Israel y cualquiera hubiese creído que un gran futuro le esperaba, pero realmente no fue así ya que esto había traído los celos de Saúl, el actual rey, quien en su furor lo persiguió para matarlo obligando a David a huir como un delincuente. Durante su huida se refugió en una cueva y cuando su familia se entero fue allí a consolarlo. No obstante, estando allí se le unieron 400 hombres entre los cuales habían personas afligidas y amargas de espíritu, personas endeudadas, y en general todos eran hombres que habían sufrido el desprecio de su sociedad. Todos estos afligidos lo hicieron su jefe.

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Esperanza para los afligidos 

                               I.            LA SITUACIÓN PRECARIA DE LOS 400 HOMBRES QUE SE LE UNIERON A DAVID.

De alguna forma estos 400  hombres se encontraban en una situación de gran angustia y habían tenido que salir huyendo de sus comunidades, ya sea por deudas, o estafas o errores que ellos mismos habían cometido, pero cuando oyeron que David se encontraba escondido en una cueva decidieron ir y buscar refugio en él. Con el pasar del tiempo estos hombres se convirtieron en sus guerreros personales y cuando David fue ascendido al trono después de la muerte de Saúl, ellos se convirtieron en sus principales generales y funcionarios de gobierno habiendo quedado atrás toda su amargura. Para este tiempo David era visto por muchos como un criminal insignificante que era perseguido y despreciado por muchos, pero mucho tiempo después Dios lo levantaría convirtiéndolo en el nuevo rey de Israel, y obviamente, aquellos hombres que fueron vistos con desprecio por los demás y que estaban en gran angustia y amargura se convirtieron en principales en el reino.

                            II.            HOY EN DÍA EXISTEN MUCHOS AFLIGIDOS Y AMARGADOS POR CAUSA DE UN MUNDO INJUSTO.

Hoy en día por causa de la maldad existen muchas personas afligidas y amargadas de espíritu, muchos se encuentran lejos de Dios por causa de sus pecados. Vivimos en un mundo donde el más fuerte se impone sobre el débil, un mundo de injusticia social donde hasta las autoridades fiscales se encuentran afectadas por la corrupción. Todo esto puede provocar angustia, odio, tristeza, resentimiento y muchos sentimientos parecidos que hacen de la persona infeliz. La pregunta seria, ¿cómo ser felices en un mundo de injusticia y maldad, especialmente si pertenecemos a la parte de la sociedad que carece de posibilidades económicas y oportunidades? Bueno pues, esta historia bíblica nos ofrece un buen paralelo con la condición precaria del hombre y la obra restauradora que Cristo puede hacer en nosotros.

                         III.            LA ESPERANZA QUE CRISTO NOS OFRECE.

“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor”.
Lucas 4:18-19
En aquel entonces muchos despreciaban a David ignorando que había sido ungido como el nuevo rey de Israel, de igual forma hoy nuestro Señor Jesús fue ungido por el Padre para convertirse en el Salvador y futuro Rey, no solo de Israel sino de todo el mundo, pero como a David, muchos no le dan importancia y hasta lo desprecian: me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor. Sin embargo, hoy en día Jesús hace una invitación a todos aquellos que se encuentran en angustia y promete darles descanso:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os  haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”.
Mateo 11:28-29

            Como aquellos hombres afligidos que buscaron a David para hallar su descanso, así nosotros podemos hoy buscar a Jesús y Él nos dará el perdón de nuestros pecados y el descanso que nuestra alma tanto anhela encontrar.

                          IV.            UN DÍA LOS DESPRECIADOS DE ESTE MUNDO REINAREMOS CON CRISTO.

De igual forma, así como un día estos hombres depreciados se convirtieron en los principales del reino de Israel, así también nosotros, los que creamos en Jesús, seremos recompensados con la vida eterna y el reino venidero. Un día los que lloran serán consolado, los afligidos serán alegrados, los que tienen hambre y sed de justicia serán saciados y todos aquellos soberbios que hoy lo tienen todo serán desposeídos de todas sus cosas y enfrentaran el juicio eterno.

“Y alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten de sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre. Gozaos en aquel día, y alegraos, porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres con los profetas. Mas  ¡ay de vosotros, ricos! porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis. ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! porque así hacían sus padres con los falsos profetas.
Lucas 6:20-26

            Ahora el mundo no nos conoce y a lo mejor somos despreciados, pero un día se manifestara lo que realmente seremos y reinaremos con Cristo para siempre.

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro”.
1 Juan 3:1-3

CONCLUSIÓN.


Un día David fue despreciado por muchas personas sin saber que él era el hombre quien había sido ungido como el próximo rey de Israel, y 400 hombres afligidos de espíritu se le unieron buscando consuelo sin saber que años más adelante se convertirían en los principales generales y funcionarios del reino al convertirse David en el nuevo rey. De igual forma hoy el Padre ha ungido a Jesús como el Salvador del mundo y futuro rey de este mundo y todos aquellos que en esta vida lo buscan encuentran no solo el perdón de sus pecados sino también el descanso de su alma y en la eternidad heredaran el reino de Dios.


El momento oportuno: El tiempo de Dios (Juan 7:1-9)

“Después de estas cosas, andaba Jesús en Galilea; pues no quería andar en Judea, porque los judíos procuraban matarle. Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos; y le dijeron sus hermanos: Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. Porque ni aun sus hermanos creían en él. Entonces Jesús les dijo: Mi tiempo aún no ha llegado, más vuestro tiempo siempre está presto. No puede el mundo aborreceros a vosotros; más a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas. Subid vosotros a la fiesta; yo no subo todavía a esa fiesta, porque mi tiempo aún no se ha cumplido. Y habiéndoles dicho esto, se quedó en Galilea”.
Juan 7:1-9

 INTRODUCCIÓN


                  Iniciamos ahora un nuevo capítulo en este bendito evangelio y ahora el escritor inspirado por el Espíritu Santo nos mostrara la incredulidad de los hermanos de Jesús. En esta ocasión el apóstol Juan nos ubica en una de las tres fiestas más importantes que los judíos celebraban año tras año, la fiesta de los tabernáculos, a la cual asistían judíos de todas partes del mundo. Esta fiesta servirá de trasfondo para los acontecimientos de los capítulos 7, 8 y 9 de este evangelio y en el caso particular de este capítulo, vamos a ver como el ministerio de Jesucristo despertará diferentes opiniones en cuanto a su persona. Los primeros versículos del capítulo 7 nos sugieren que la fiesta de los tabernáculos estaba cerca lo cual nos dice que desde el capítulo 6 al 7 han transcurrido aproximadamente 7 meses debido a la separación que hay entre la fiesta de la pascua de Juan 6:4, y la fiesta de los tabernáculos de Juan 7:2. En estos versículos aprenderemos una lección muy importante para nuestras vidas: saber esperar el tiempo de Dios para nuestras vidas. Jesús sabía que había venido a este mundo para cumplir una misión especial, pero debía esperar el momento de Dios para cumplirla, ya que su momento aún no había llegado.


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El momento oportuno: El tiempo de Dios

LA FIESTA DE LOS TABERNÁCULOS



“Después de estas cosas, andaba Jesús en Galilea; pues no quería andar en Judea, porque los judíos procuraban matarle. Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos”.
Juan 7:1-2

                  Para este tiempo Jesús se encontraba en Galilea, y el texto nos aclara que se había alejado de Judea debido a los enemigos que se oponían a su ministerio. Después de su último altercado en el templo cuando echo fuera a todos los mercaderes, la oposición de los líderes religiosos hacia Jesús debió crecer a tal punto que no perderían la oportunidad de atraparlo para apresarlo y matarlo: Después de estas cosas, andaba Jesús en Galilea; pues no quería andar en Judea, porque los judíos procuraban matarle. Era de esperarse que los líderes religiosos tuviesen más poder en Judea que en Galilea ya que para esta época cada región era gobernada por dos personas diferentes. Galilea era gobernada por el rey Herodes Antipas, mientras que Judea era gobernado por un regente romano que en tiempos de la crucifixión de Jesús era Poncio Pilato. Además de esto, el Sanedrín, es decir, el mayor consejo judío compuesto por cerca de 70 ancianos y sacerdotes judíos estaba ubicado en Jerusalén, por lo que tenían poder para mandar a apresar a alguien y juzgarlo con ciertas limitaciones. Por esta causa, Jesús decidió ir a Galilea y evitar la parte de Judea o Jerusalén. A parte de esto también se nos dice que la fiesta de los tabernáculos estaba cerca: Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos. Esta fiesta, junto con la pascua y la del pentecostés, era una de sus tres festividades importantes a la cual acudían los judíos de todas partes del mundo romano: “Tres veces en el año me celebraréis fiesta. La fiesta de los panes sin levadura guardarás. Siete días comerás los panes sin levadura, como yo te mandé, en el tiempo del mes de Abib, porque en él saliste de Egipto; y ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías. También la fiesta de la siega, los primeros frutos de tus labores, que hubieres sembrado en el campo, y la fiesta de la cosecha a la salida del año, cuando hayas recogido los frutos de tus labores del campo. Tres veces en el año se presentará todo varón delante de Jehová el Señor”, (Éxodo 23:14-17). Estas fiestas eran celebradas en los siguientes meses: La pascua en marzo - abril (Nisán, aunque Éxodo 23 menciona Abid, el primer mes del calendario cananeo que posteriormente los israelitas llamaron Nisán), el pentecostés en mayo - junio (Siván) y la fiesta de los tabernáculos en septiembre - octubre (Tisri). La primera fiesta que se celebrara en el primer mes era la de la pascua la cual se celebraba junto con la fiesta de los panes sin levadura durante una semana. La segunda fiesta se celebraba 7 semanas después, o 50 días después de la de los panes sin levadura y era la de pentecostés, o fiesta de las semanas donde se agradecía a Dios por las primicias de las cosechas. Finalmente, la fiesta de los tabernáculos se realizaba en el mes de octubre en relación con dos eventos históricos: cuando recogían las cosechas, siendo llamada también “la fiesta de la cosecha” (Deuteronomio 16:16); y conmemorando la experiencia en el desierto durante el éxodo, cuando vivían en cabañas de paja (Levítico 23:39–43). Por esta razón se llamaba comúnmente la fiesta de los Tabernáculos. Generalmente las mujeres y niños no estaban obligados a habitar en estas cabañas, y todos los judíos que acudían lo hacían como un recordatorio de lo difícil que fue la vida de sus antepasados antes de tomar en posesión la tierra prometida y gozar de la bendición de un hogar propio. Por tanto, han transcurrido alrededor de 7 meses después de los acontecimientos del capítulo 6 donde se estaba celebrando la fiesta de la pascua, y durante el tercer año de ministerio de nuestro Señor Jesús.

LA INCREDULIDAD DE LOS HERMANOS DE JESÚS


“Y le dijeron sus hermanos: Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. Porque ni aun sus hermanos creían en él”.
Juan 3-5

                 Debido a la proximidad de la fiesta de los tabernáculos la cual reunía una gran cantidad de judíos los hermanos de Jesús le dijeron que fuera a Judea con el fin de manifestar sus señales y prodigios en medio de ellos: Y le dijeron sus hermanos: Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. La sugerencia parecía lógica ya que con hacerlo Jesús se estaría revelando como el Mesías esperado de Israel a través de sus señales y prodigios en medio de una cantidad enorme de judíos; pero esta sugerencia no era hecha con la mejor de las intenciones ya que lo hacían porque sus hermanos aun no creían en Él: Porque ni aun sus hermanos creían en él. Durante su ministerio en esta tierra los hermanos de Jesús nunca creyeron en Él y en los sinópticos se nos da los nombres de ellos: “¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas? Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa”, (Mateo 13:55-57). Sin embargo, después de su resurrección todos se volvieron fieles creyentes: “Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos”, (Hechos 1:14), y uno de ellos, Santiago (que es Jacobo), se convirtió en uno de los principales líderes de los cristianos en Jerusalén: “y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión”, (Gálatas 2:9). Por tanto, podemos creer que la sugerencia de los hermanos de Jesús no era sincera, y quien sabe si lo hacían de una forma sarcástica.

EL TIEMPO DE DIOS NO HABÍA LLEGADO



“Entonces Jesús les dijo: Mi tiempo aún no ha llegado, más vuestro tiempo siempre está presto. No puede el mundo aborreceros a vosotros; más a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas. Subid vosotros a la fiesta; yo no subo todavía a esa fiesta, porque mi tiempo aún no se ha cumplido. Y habiéndoles dicho esto, se quedó en Galilea”.
Juan 7:6-9

                Ante esta sugerencia Jesús les contesto diciendo: Mi tiempo aún no ha llegado, más vuestro tiempo siempre está presto. Aquí Jesús utiliza una palabra griega clave para entender a qué tiempo se refería y es kairós (καιρός). En el griego original hay varias palabras que se traducen como tiempo, una es jrónos (χρόνος) que denota un lapso, sea largo o corto de tiempo, o jóra (ὥρα), que denota una hora de tiempo transcurrida, y kairós (καιρός), que denota el tiempo perfecto en el cual un evento tiene que desarrollarse para que sea exitoso. En este sentido kairós (καιρός) es el tiempo que Dios ha establecido que las cosas pasen. Jesús sabía que un día su hora de completar su misión llegaría, pero no era el momento de Dios todavía por lo que debía esperar. Saber esperar el tiempo de Dios es importante ya que si nos adelantamos a los eventos las cosas nos saldrán mal. Un buen ejemplo de ello es Moisés quien siendo hijo de la hija de faraón pensó que ya tenía toda la preparación militar e intelectual para intentar liberar a Israel de la opresión egipcia, lamentablemente se equivocó al adelantarse a un llamado que recibiría 40 años más tarde: “Cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino al corazón el visitar a sus hermanos, los hijos de Israel. Y al ver a uno que era maltratado, lo defendió, e hiriendo al egipcio, vengó al oprimido. Pero él pensaba que sus hermanos comprendían que Dios les daría libertad por mano suya; mas ellos no lo habían entendido así. Y al día siguiente, se presentó a unos de ellos que reñían, y los ponía en paz, diciendo: Varones, hermanos sois, ¿por qué os maltratáis el uno al otro? Entonces el que maltrataba a su prójimo le rechazó, diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez sobre nosotros? ¿Quieres tú matarme, como mataste ayer al egipcio? Al oír esta palabra, Moisés huyó, y vivió como extranjero en tierra de Madián, donde engendró dos hijos. Pasados cuarenta años, un ángel se le apareció en el desierto del monte Sinaí, en la llama de fuego de una zarza”, (Hechos 7:23-30). Jesús sabía que su tiempo aún no había llegado, pero el de sus hermanos estaba presto por lo que podían descender ya que el mundo no los aborrecía como lo aborrecían a Él debido a su testimonio: No puede el mundo aborreceros a vosotros; más a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas. Así Jesús despidió a sus hermanos y decidió quedarse en Galilea: Subid vosotros a la fiesta; yo no subo todavía a esa fiesta, porque mi tiempo aún no se ha cumplido. Y habiéndoles dicho esto, se quedó en Galilea. Jesús no obedeció la exhortación de sus hermanos para adelantarse a algo que no era el momento adecuado de Dios, pero cuando lo fue su misión se completó con éxito: “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos”, (Romanos 5:6). De igual forma, cada uno de nosotros debemos aprender este principio bíblico ya que lo mejor es saber esperar el tiempo de Dios para que se manifieste a favor de nuestras necesidades y expectativas, no sea que por correr o querer adelantarnos todo nos salga mal.