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viernes, 23 de febrero de 2018

La Triple T del Pecado (Génesis 3:6-7)



“Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales”.
Génesis 3:6-7

INTRODUCCIÓN


            El pecado es un tema doctrinal muy predominante en toda la palabra de Dios especialmente porque el deseo de Dios es que nos apartemos de él. Cuando Dios creo al hombre lo hizo libre de sus consecuencias, lamentablemente por su desobediencia este entro en la vida del hombre. Si consideramos el proceso que Satanás utilizo para hacer caer en pecado a la primera pareja de humanos nos daremos cuenta de que esta lleva un proceso que se puede describir a través de una triple T: Tentación, Transgresión y Tragedia. Veamos en detalle cada una de estas T’s.

Adan-Eva
Adán y Eva transgreden la ley de Dios


                                I.            LA PRIMERA T DEL PECADO: TENTACIÓN.


“Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría…”

La primera T del pecado es la tentación. La tentación es la seducción que el mundo nos ofrece al momento de ofrecernos algo que es prohibido por parte de Dios como atractivo a nuestra naturaleza carnal. Por ello el apóstol Juan nos dice que no amemos a este mundo porque todo lo que nos ofrece es pecado delante de Dios: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”, (1 Juan 2:15-16). Las tentaciones que el mundo ofrecen se dirigen en tres áreas: los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida. En el caso de Eva fue seducida de esta forma. Primero los deseos de la carne, porque vio que el fruto del árbol era bueno para comer y satisfacer su hambre; los deseos de los ojos, porque percibió a través de sus ojos que dicho fruto era agradable; y finalmente, la vanagloria de la vida, porque el fruto era codiciable para alcanzar la sabiduría. De esta misma forma hoy en día el hombre es tentado por el pecado.

                             II.            LA SEGUNDA T DEL PECADO: TRANSGRESIÓN.


“… y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella…”

            La segunda T del pecado es la transgresión. Después que el pecado arroja su tentación, aquellos que son seducidos por el proceden a cometer la transgresión. Eva permitió que la tentación la sedujera a tal punto que cedió a los deseos de la carne cometiendo la transgresión: “… y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella… La transgresión es el acto voluntario de una persona que decide violar un mandamiento del Señor: “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley”, (1 Juan 3:4). En esta vida el ser humano tiene dos caminos entre los que debe escoger andar, uno es el espacioso, aquel que conduce al pecado, a satisfacer los deseos de la carne, el camino fácil y sin compromiso, pero que conduce a la muerte; el otro es el camino angosto, aquel que conduce a la vida eterna: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”, (Mateo 7;13-14). El pecado se le ofrece al ser humano en forma de tentación, pero este debe elegir el ceder a la seducción de este teniendo muy en cuenta que el practicar el pecado es una transgresión directa a los mandamientos del Señor.

                          III.            LA TERCERA T DEL PECADO: TRAGEDIA.


“Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales”.

Finalmente, la tercera T del pecado es la tragedia. Si nos damos cuenta el pecado lleva un proceso que comienza con la tentación la cual se encarga de seducir al hombre, luego este siendo seducido decide transgredir la ley de Dios, para que esto de paso a la tragedia de sus consecuencias. Cuando Adán y Eva comieron del fruto, ellos transgredieron la ley de Dios, y con ello la tragedia del pecado entro al mundo: Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales. En Santiago podemos ver descrito muy bien este proceso: “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte”, (Santiago 1:12-15). Santiago nos dice que aquel varón que soporta la tentación y no sede a ella es verdaderamente bienaventurado porque todo aquel que siendo tentado es seducido por su propia naturaleza pecaminosa y siendo seducido transgrede la ley de Dios, este da a luz a la muerte, y esta es la tragedia del pecado. El pecado produce muerte, y nadie en este mundo puede evadir sus consecuencias: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna”, (Gálatas 6:7-8).

            CONCLUSIÓN.


            El pecado lleva al hombre a un proceso de tres etapas que podríamos llamar la triple T. primero, el pecado se presenta a través de la tentación, luego que este lo considera, si es vencido por su naturaleza pecaminosa procede a la transgresión que no es más que una violación de la ley de Dios, y una vez violada la ley viene la tragedia ya que nadie puede escoger de las consecuencias del pecado. Sin embargo, Dios quiere que el hombre proceda al arrepentimiento y deje todos sus pecados para que pueda librarse de las terribles consecuencias del pecado y la condenación eterna, al final, todo se depende de la decisión que este tome de seguir el camino a la vida eterna: “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”, (Romanos 6:23).



lunes, 12 de febrero de 2018

La tragedia de un monarca (1 Samuel 28:7-14)



“Entonces Saúl dijo a sus criados: Buscadme una mujer que tenga espíritu de adivinación, para que yo vaya a ella y por medio de ella pregunte. Y sus criados le respondieron: He aquí hay una mujer en Endor que tiene espíritu de adivinación. Y se disfrazó Saúl, y se puso otros vestidos, y se fue con dos hombres, y vinieron a aquella mujer de noche; y él dijo: Yo te ruego que me adivines por el espíritu de adivinación, y me hagas subir a quien yo te dijere. Y la mujer le dijo: He aquí tú sabes lo que Saúl ha hecho, cómo ha cortado de la tierra a los evocadores y a los adivinos. ¿Por qué, pues, pones tropiezo a mi vida, para hacerme morir? Entonces Saúl le juró por Jehová, diciendo: Vive Jehová, que ningún mal te vendrá por esto. La mujer entonces dijo: ¿A quién te haré venir? Y él respondió: Hazme venir a Samuel. Y viendo la mujer a Samuel, clamó en alta voz, y habló aquella mujer a Saúl, diciendo: ¿Por qué me has engañado? pues tú eres Saúl. Y el rey le dijo: No temas. ¿Qué has visto? Y la mujer respondió a Saúl: He visto dioses que suben de la tierra. Él le dijo: ¿Cuál es su forma? Y ella respondió: Un hombre anciano viene, cubierto de un manto. Saúl entonces entendió que era Samuel, y humillando el rostro a tierra, hizo gran reverencia”.
1 Samuel 28:7-14

INTRODUCCIÓN

           
Saúl llego a ser el primer rey sobre Israel, Dios lo eligió y estaba dispuesto a afirmar su reino, pero lamentablemente su desobediencia y corazón duro lo llevaron por otro camino hasta perecer en sus pecados. Esta es la triste historia de un monarca y los versículos anteriores narran sus últimos días de desesperación en este mundo.


Saul-y-la-adivina
Saúl consulta a una adivina

                                I.            LA TRÁGICA SITUACIÓN DE UN REY.


                   En estos versículos vemos la trágica situación de un rey, Saúl. Saúl era rey en Israel y se encontraba rodeado de sus enemigos, ya Samuel, el profeta que lo había ungido había muerto y Dios ya no le hablaba a tal punto que el temor se apoderó de él, especialmente porque sus enemigos los filisteos lo rodeaban: “Ya Samuel había muerto, y todo Israel lo había lamentado, y le habían sepultado en Ramá, su ciudad. Y Saúl había arrojado de la tierra a los encantadores y adivinos. Se juntaron, pues, los filisteos, y vinieron y acamparon en Sunem; y Saúl juntó a todo Israel, y acamparon en Gilboa. Y cuando vio Saúl el campamento de los filisteos, tuvo miedo, y se turbó su corazón en gran manera. Y consultó Saúl a Jehová; pero Jehová no le respondió ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas”, (1 Samuel 28:3-6). Por esta causa Saúl tomo una decisión alocada, buscar consultar una adivina.

                             II.            ¿CÓMO LLEGO SAÚL A ESTA SITUACIÓN?


Ahora bien, ¿cómo llego Saúl a esta situación? La respuesta es por su desobediencia. Saúl fue elegido por Dios para ser rey sobre Israel y estaba dispuesto a afirmar su reino, lamentablemente por su falta de carácter y constantes desobediencias fue desechado por Dios: “Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey. Entonces Saúl dijo a Samuel: Yo he pecado; pues he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí a la voz de ellos. Perdona, pues, ahora mi pecado, y vuelve conmigo para que adore a Jehová. Y Samuel respondió a Saúl: No volveré contigo; porque desechaste la palabra de Jehová, y Jehová te ha desechado para que no seas rey sobre Israel”, (1 Samuel 15:22-26). A todo esto le agrego un pecado más al perseguir a David para quitarle la vida. Al final, Saúl jamás se arrepintió de todos sus pecados y su obstinación lo condujo a su propio fin.

                          III.            LA ÚLTIMA FALTA DE UN REY DESESPERADO.


Después de todos sus días de desobediencia su fin llego a su vida, sus enemigos lo habían rodeado y aunque procuro consultar a Dios por todos los medios conocidos, el Señor no le respondió, y fue allí en su desesperación que cometió la última desobediencia, consultar una adivina que le hiciere traer el alma de Samuel para consultarle, lo cual era prohibido por la ley: “No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos”, (Deuteronomio 18:10-11). Para ello Saúl se disfrazó y con dos de sus hombres buscó de noche a una adivina a la cual le pidió que hiciera volver de la muerte a Samuel, y esta accedió, aunque con mucho miedo porque Saúl había exterminado a todos los adivinos, pero este le prometió que no moriría.

                          IV.            ¿ERA SAMUEL O UN DEMONIO?


“Y Samuel dijo a Saúl: ¿Por qué me has inquietado haciéndome venir? Y Saúl respondió: Estoy muy angustiado, pues los filisteos pelean contra mí, y Dios se ha apartado de mí, y no me responde más, ni por medio de profetas ni por sueños; por esto te he llamado, para que me declares lo que tengo que hacer”.
1 Samuel 28:15

            Este pasaje es muy controversial ya que muchos discuten si fue Samuel o un demonio que se le apareció a Saúl. Muchos afirman que fue un demonio, tal y como ocurre hoy en día con los que practican el espiritismo donde un médium es poseído supuestamente por el espíritu de la persona muerta y esta al hablar le revela a sus familiares cosas que solo ellos sabían, incluso en algunos casos fingen hasta la voz del difunto; pero todos sabemos que son demonios porque de acuerdo a la historia del rico y Lázaro, nadie puede volver del mas allá para hablar con los vivos: “Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá… Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos”, (Lucas 16:26, 31). Sin embargo, algunos opinan que Dios hizo una excepción permitiendo que Samuel regresara de entre los muertos ya que la adivina se asustó al ver que realmente este apareció e identifico rápidamente a Saúl: Y viendo la mujer a Samuel, clamó en alta voz, y habló aquella mujer a Saúl, diciendo: ¿Por qué me has engañado? pues tú eres Saúl. Sin embargo, todos sabemos que Dios ha prohibido esta práctica y Él jamás viola su propia ley, aun siendo soberano, además todo lo que Samuel le dijo eran cosas obvias que se podían deducir al observar la vida de desobediencia que Saúl había traído y al momento que había llegado.

                             V.            EL TRÁGICO FINAL DE UN REY.


“Entonces Samuel dijo: ¿Y para qué me preguntas a mí, si Jehová se ha apartado de ti y es tu enemigo? Jehová te ha hecho como dijo por medio de mí; pues Jehová ha quitado el reino de tu mano, y lo ha dado a tu compañero, David. Como tú no obedeciste a la voz de Jehová, ni cumpliste el ardor de su ira contra Amalec, por eso Jehová te ha hecho esto hoy. Y Jehová entregará a Israel también contigo en manos de los filisteos; y mañana estaréis conmigo, tú y tus hijos; y Jehová entregará también al ejército de Israel en mano de los filisteos. Entonces Saúl cayó en tierra cuán grande era, y tuvo gran temor por las palabras de Samuel; y estaba sin fuerzas, porque en todo aquel día y aquella noche no había comido pan”.
1 Samuel 28:16-20

A Saúl se le dice que Dios se ha apartado de él y era su enemigo, que será entregado a sus enemigos y su reino será entregado a David. Cuando él escucho estas palabras su corazón desfalleció sin ninguna esperanza. Qué triste historia de un monarca que pudo haber tenido un gran reino bendecido por Dios, pero aun en esta situación no se humillo delante del Señor, sino solo se resignó a pagar por sus pecados. La verdad es que Dios no es enemigo de nadie, pero por nuestras acciones nos enemistamos con Él, al final, Saúl no busca la ayuda de Dios, no pidió perdón por sus pecados, sino continuo en su desesperanza y fue vencido por sus enemigos, quitándose la vida durante la batalla: “Los filisteos, pues, pelearon contra Israel, y los de Israel huyeron delante de los filisteos, y cayeron muertos en el monte de Gilboa. Y siguiendo los filisteos a Saúl y a sus hijos, mataron a Jonatán, a Abinadab y a Malquisúa, hijos de Saúl. Y arreció la batalla contra Saúl, y le alcanzaron los flecheros, y tuvo gran temor de ellos. Entonces dijo Saúl a su escudero: Saca tu espada, y traspásame con ella, para que no vengan estos incircuncisos y me traspasen, y me escarnezcan. Mas su escudero no quería, porque tenía gran temor. Entonces tomó Saúl su propia espada y se echó sobre ella. Y viendo su escudero a Saúl muerto, él también se echó sobre su espada, y murió con él. Así murió Saúl en aquel día, juntamente con sus tres hijos, y su escudero, y todos sus varones”, (1 Samuel 31:1-6).

CONCLUSIÓN.



Esta es la triste historia que narra la tragedia de un monarca, un hombre que pudo ser grande en Israel pero lamentablemente no aprovecho la oportunidad que Dios le dio, sino decidió vivir en desobediencia hasta perecer en sus pecados. Hoy en día esta historia se repite en muchas personas que no obedecen la palabra de Dios, el Señor desea salvarnos de nuestros pecados, bendecir nuestras vidas y darnos la salvación de nuestras almas.

El verdadero arrepentimiento (Lucas 15:17-20)


“Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó”.
Lucas 15:17-20

INTRODUCCIÓN

           
El arrepentimiento es un tema muy importante que todos debemos conocer especialmente porque es el camino que nos conduce a reconocer nuestra necesidad de salvación, pero ¿qué es en si el arrepentimiento? ¿Cuáles son las características de un verdadero arrepentimiento? En los versículos anteriores vemos parte de los versículos que nos cuenta la parábola del hijo prodigo, y especialmente es estos podemos encontrar dichas características. Veamos pues como respondemos estas preguntas a la luz de la palabra de Dios.

hijo-prodigo
El hijo prodigo vuelve arrepentido a casa


                                I.            ¿QUÉ ES EL ARREPENTIMIENTO?


El arrepentimiento es un tema básico en el evangelio a tal punto que desde sus inicios ha sido predicado por la iglesia, tal y como lo vemos en el primer discurso entregado por Pedro a los judíos en el día de Pentecostés donde después de confrontarlos con sus pecados les exhorto al arrepentimiento para que sus pecados fueran perdonados: “Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”, (Hechos 2:37-38). Si consideramos el significado etimológico de la palabra arrepentimiento en su idioma original que fue el griego podemos encontrar un nuevo significado de dicha palabra. La palabra arrepentimiento viene del griego metanoéo (μετανοέω), una palabra usada por los militares para dar media vuelta durante sus marchas. En este sentido el arrepentimiento es un sentimiento que provoca que la persona de media vuelta en su vida, dejar su vida de pecado y comenzar a llevar una vida completamente diferente. Por tanto, el arrepentimiento va más allá de cualquier remordimiento pasajero y lo podemos definir como: una convicción de pecado que lleva al profundo dolor de nuestra alma y al reconocimiento de nuestra necesidad de ser salvos, lo cual nos impulsa a buscar la misericordia a los pies de Cristo.

                             II.            SI NO HAY ARREPENTIMIENTO NO HAY NO PERDÓN DE PECADOS.


El problema con aquellos que no se arrepienten de sus pecados es que son incapaces de dejarlos y convertirse al Señor, y por tanto no se salvan. Por eso vemos algunos casos de personas que aunque reconocieron sus pecados, no se arrepintieron de corazón sincero y por ello no alcanzaron la misericordia de Dios. Veamos algunos de ellos:

1.       Faraón confeso su pecado pero sin arrepentimiento: “Entonces Faraón envió a llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: He pecado esta vez; Jehová es justo, y yo y mi pueblo impíos”, (Génesis 9:27).
2.       Balaam confeso su pecado pero no se arrepintió: “Entonces Balaam dijo al ángel de Jehová: He pecado, porque no sabía que tú te ponías delante de mí en el camino; mas ahora, si te parece mal, yo me volveré”, (Números 22:34).
3.       Saúl de igual forma confeso sus pecados pero no se arrepintió: “Entonces Saúl dijo a Samuel: Yo he pecado; pues he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí a la voz de ellos. Perdona, pues, ahora mi pecado”, (1 Samuel 15:24).
4.       Finalmente tenemos a Judas el cual reconoció su pecado pero no se arrepintió de corazón sincero sino que decidió quitarse la vida: “Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo: Yo he pecado e entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú!”, (Mateo 27:3-4).

Todos estos hombres jamás se arrepintieron de sus pecado porque aunque confesaron sus pecados, jamás se volvieron a Dios para buscar el perdón sino perseveraron en su maldad hasta que encontraron la muerte, y en el caso de Judas, el decidió suicidarse antes de pedirle perdón a Cristo.

                          III.            EVIDENCIAS DE UN VERDADERO ARREPENTIMIENTO.


Por tanto, sino hay arrepentimiento no hay perdón de pecado, ya que aquel que no se arrepiente jamás se aparta de sus pecados y busca el perdón de Dios, pero aquel que se arrepiente es restaurado y presenta las siguientes evidencias que vemos muy bien en la parábola del hijo prodigo. La parábola del hijo prodigo nos enseña que el hijo menor llego delante del padre y le dijo que le diera la parte de la herencia que le correspondía y luego se fue a vivir perdidamente. Tiempo después le vino la desgracia y término apacentando cerdos a tal punto que sintió tanta hambre que deseaba comerse las algarrobas de los cerdos, y allí fue donde experimento un verdadero arrepentimiento manifestando las siguientes características:

1.      Cambio en la manera de pensar.


“Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!...”

Una evidencia del arrepentimiento es que la persona que lo experimenta cambia su manera de pensar. El dolor por el pecado lleva a la persona a reconocer en la miseria en la cual se encuentra, así le paso al hijo prodigo el cual volvió en sí y reconoció su miseria.

2.      Cambio de sentimientos.


“Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros…”

Antes creía que no necesitaba vivir con su padre, pero ahora quiere volver a él, antes se creía superior y que tenía derechos sobre la parte de su herencia, pero ahora se considera un jornalero, así es el pecador arrepentido al reconocer que ha estado equivocado y desea volver a Cristo en completa humildad para perdón de pecados.

3.      Cambio de actitud.


“Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó”.

            La otra característica contundente que se evidencia en la vida de aquella persona que realmente se arrepiente es el cambio de actitud. El hijo prodigo no solo reconoció su pecado como lo hicieron faraón, Balaam, Saúl o Judas, sino también tomo la decisión de levantarse y correr a su padre para pedirle perdón. Cuando todo esto se combinan en la vida del hombre, Dios actúa según su grande misericordia perdonando todo pecado, y aquel que es perdonado comienza a vivir una nueva vida: “Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.  Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse”, (Lucas 15:20-24).

            CONCLUSIÓN.



            El verdadero arrepentimiento no solo lleva al hombre al reconocer sus pecados sino también la necesidad de ser salvo lo cual lo impulsa a buscar a Cristo en quien puede tener vida eterna, si arrepentimiento no hay cambio de pensar, ni de sentimiento, ni de actitud, y por ende no se aparta de sus pecados los cuales lo conducen al infierno.


viernes, 9 de febrero de 2018

La autentica conversión (Hechos 3:19)



“Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio”.
Hechos 3:19

INTRODUCCIÓN

           
Durante la conquista española muchos indígenas fueron sometidos a la esclavitud y en aquel entonces los frailes le imponían a punta de espada la opción de convertirse al catolicismo o morir, y si estos aceptaban la nueva religión salvaban sus vidas y pasaban a ser parte de una nueva religión y a esto se le llamaba conversión, pero realmente esto no convertía el corazón de los indígenas. Muchas personas hoy en día buscan la forma de agradar a Dios para ir al cielo y en este sentido procuran ser fieles a sus religiones cumpliendo sus tradiciones, ordenanzas y practicando toda clase de buena obra. No obstante, nada de esto puede salvarle ya que antes debe ser un verdadero convertido.

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El apóstol Pedro predicando a los Judíos


                                I.            CARACTERÍSTICAS DE UNA VERDADERA CONVERSIÓN.


La auténtica conversión nos abre las puertas del cielo y nos vuelve hijos de Dios, solo aquellos que han experimentado una verdadera conversión son capaces de alcanzar las promesas de vida eterna que Dios ofrece; pero ¿qué características son las que distinguen a una persona que ha experimentado una verdadera conversión?

1.      La conversión nos provee una nueva naturaleza.


“De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.
2 Corintios 5:17

En primer lugar, lo que provoca la auténtica conversión es proveernos de una nueva naturaleza y por ello Pablo dice: De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. El hombre en su estado natural está provisto de una sola naturaleza, y a esa se le llama en la Biblia con el nombre de carne, que no es más que nuestra naturaleza pecaminosa con la cual nacemos y es una herencia de nuestro padre Adán. El problema con esta naturaleza es que siempre nos impulsó solamente al pecado y no a buscar a Dios, de allí que se necesita que nuestra vida cambie a través de que el Señor cree en nosotros una nueva naturaleza de tal forma que el andar en el Espíritu es vida en Cristo Jesús: “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios”, (Romanos 8:6-8). Es gracias a esta nueva naturaleza que Dios provee a sus convertidos que pueden vivir alejados del pecado y llevar vidas verdaderamente piadosas, renovados y regenerados por el Espíritu Santo: “Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo”, (Tito 3:3-5).

2.      La conversión nos introduce a una vida de fe.


“… más el justo por su fe vivirá”.
Habacuc 2:4

El hombre en su estado original es incapaz de confiar perfectamente en Dios, al contrario, se apoya en sus obras para ganarse su derecho en el cielo; pero lo cierto es que solamente la fe en Cristo Jesús puede salvarle, pero esto para algunos es difícil de creer. Pero cuando el hombre decide creer y se convierte a Dios aprende a vivir por fe y no por vista. La diferencia entre el hombre convertido y el natural es de que este último con sus fuerzas, todo lo que planea y hace está fundamentado en su astucia y recursos, pero por ser de origen humano, todo esto puede fallar y no hay garantía de nada. Pero el que vive por fe es capaz de aprender a descansar en perfecta paz delante de Dios confiando permanentemente en su providencia divina, y por ello el profeta Habacuc dijo: … más el justo por su fe vivirá. Este versículo describe tan claro la vida de los futuros convertidos que tres veces es citado en el Nuevo Testamento. La primera vez que aparece está en Romanos 1:17 y nos habla de aquel que vive por fe creyendo en la justificación gratuita que Cristo le ofrece, luego aparece por segunda ocasión en Gálatas 3:11 y nos enseña que el justo que vive por fe ha aprendido a disfrutar de la libertad que Cristo le otorga, libre de las obras de la carne y consagrado a Dios, y finalmente, aparece en Hebreos 10:38 mostrándonos que todos aquellos que viven por la fe ya no andan por vista, sino que llaman las cosas que no son como si fueran. El vivir por fe es otra de las características que diferencian a los verdaderos convertidos.

3.      La conversión produce frutos agradables a Dios.


Finalmente, otra característica de los verdaderos convertidos son los frutos que producen. Nadie puede decir que es salvo si no tiene obras que lo acompañan, y de igual forma, nadie que confía en sus obras puede decir que es salvo, al final las obras son una consecuencia de la nueva naturaleza que Dios le ha provisto al cristiano, por ello Santiago decía: “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras”, (Santiago 2:14-18). Está claro que el cristiano no se salva por las obras sino por la fe, pero una vez salvo debe hacer buenas obras ya que estos son los buenos frutos que su vida debe reflejar: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”, (Efesios 2:8-10). Ahora bien, los buenos frutos no solo se deben reflejar en hacer buenas obras, sino también en un carácter que no esté sujeto a las obras de la carne: “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”, (Gálatas 5:19-21). Pablo aclara que los que practican las obras de la carne jamás heredaran la vida eterna y por tanto, difícilmente podemos decir que alguien que lleva una vida así sea un verdadero convertido, pero aquellos que si lo son manifiestan los frutos del Espíritu: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”, (Gálatas 5:22-24). Por tanto, el verdadero convertido no solo realiza buenas obras como consecuencia de su salvación, sino también su carácter personal produce toda una gran cosecha de buenas virtudes habiendo así crucificado su carne.

                             II.            ¿CÓMO LOGRAR EXPERIMENTAR LA VERDADERA CONVERSIÓN?


Ahora bien, ¿Qué debemos hacer para experimentar una verdadera conversión? El versículo que leímos al principio nos lo dice: Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio. El paso que tenemos que hacer para ser salvos y experimentar una verdadera conversión es el arrepentimiento ya que de lo contrario jamás seremos salvos.

CONCLUSIÓN.


Por tanto, la verdadera conversión viene de un corazón arrepentido que sabe reconocer sus pecados delante de Dios y le pide perdón por todos ellos, cuando esto es así se produce una autentica conversión al cristianismo y esta se caracteriza por:


1.       Proveer una nueva naturaleza que lo capacita para buscar a Dios.
2.       Nos introduce a una vida de fe.
3.       Produce una cosecha de buenos frutos en la vida de los creyentes.