domingo, 16 de octubre de 2022

¿Vino mediante agua y sangre? (1 Juan 5:6-12)

 

“Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan. Si recibimos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios; porque este es el testimonio con que Dios ha testificado acerca de su Hijo. El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida”.

1 Juan 5:6-12

INTRODUCCIÓN

              Continuamos nuestro estudio a través de la primera carta del apóstol Juan y casi llegamos al final de esta, y no cabe la menor duda que su estudio nos ha ayudado mucho en nuestro crecimiento espiritual ya que su contenido es increíble. No olvidemos que cuando Juan escribió esta carta pretendía contradecir las herejías tocantes a la naturaleza humana y divina de nuestro Señor Jesucristo, así como contradecir otras creencias que provocaban que los cristianos pudiesen entregarse a una vida de pecados porque al final, el cuerpo es malo, sin embargo, ya Juan nos enseño la importancia de vivir en la luz y andar en ella, porque Dios es luz y ningunas tinieblas hay en Él. Ahora llegamos a unos versículos un tanto difícil de interpretar, pero veamos que podemos entender y aprender con la ayuda del Espíritu Santo.

 

agua-sangre
¿Vino mediante agua y sangre?

¿VINO MEDIANTE AGUA Y SANGRE?

“Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad ... Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan”.

1 Juan 6:6, 8

             Este a sido un texto bastante difícil de interpretar y ha provocado más de una interpretación al respecto: Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad. Sin embargo, ¿qué significa que Jesús vino en agua y sangre? Al respecto se han originado algunas interpretaciones y una de ellas esta alineada a la forma en la cual la Nueva Traducción Viviente lo traduce: “Y Jesucristo fue revelado como el Hijo de Dios por medio de su bautismo en agua y por derramar su sangre en la cruz, es decir, no mediante agua solamente sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu, quien es la verdad, lo confirma con su testimonio”, (1 Juan 5:6, NTV). Una de las interpretaciones tocantes a este versículo es que cuando Juan dice que Jesús vino mediante agua, se refiere a su bautismo en agua y cuando dice que vino en sangre, se refiere a que vino a morir en la cruz por nuestros pecados. En este sentido, los que apoya esta opinión afirman que cuando Juan habla de agua y sangre, se refiere a las dos ordenanzas que la iglesia práctica, el bautismo y la cena del Señor que es donde se recuerda el sacrificio de Cristo. El problema con esta interpretación es que rompe el pensamiento y temática que Juan ha venido desarrollando, porque si fuese cierto, de repente comienza ha hablar del bautismo de Cristo y su sacrificio en la cruz. Ahora bien, si consideramos el propósito por el cual Juan escribió su carta, ya hemos dicho que su intención principal fue contrarrestar las enseñanzas falsas en cuanto a la naturaleza divina y humana de Cristo. Recordemos que Juan les dijo a sus lectores que los anticristos y falsos espíritus son aquellos que niegan que Jesús vino en la carne, ya que las corrientes gnósticas enseñaban que Jesús solo había sido un espíritu y no tenia un cuerpo humano, por tanto, el apóstol defiende la verdad de la encarnación de Jesús. Si esto es así, podría formularse la segunda opinión en cuanto a la interpretación que se le pudiese dar a este versículo. Una segunda interpretación es entender que cuando Juan dice que Jesús vino en agua y sangre se refiere a que el Señor se encarnó, o sea, nació como un niño y tuvo un cuerpo totalmente humano, un cuerpo con los fluidos sanguíneos como cualquier otro ser humano. Recordemos que, en su evangelio, Juan usa los términos agua y sangre para describir, por un lado, que Jesús ya estaba muerto porque todos sus fluidos líquidos (al menos como ellos lo entendían) ya habían escaseado por las fuertes hemorragias, y por el otro, recalca el hecho de la humanidad de Jesús al mostrar que tenia un cuerpo por el cual fluían dichos fluidos. Ahora de esto el mismo Espíritu Santo da testimonio de que es verdad: Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad. Además, aquí en la tierra, tres son los que dan testimonio de esto, el Espíritu Santo, el agua y la sangre que son los que testifican que Cristo se encarno en esta tierra: Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan.

 

¿QUÉ HAY DE JUAN 5:7?

“Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno”.

1 Juan 5:7

              Algunos han llegado a afirmar que este versículo posee una añadidura que no aparece en la mayoría de manuscritos confiables que se poseen en griego, por lo que fue una inserción que algún escriba no inspirado introdujo en determinado momento y la parte que subrayamos en verde es la que han llegado a llamar una inserción o o coma joanina o coma juanina, o paréntesis joánico, o cláusula joánica o apócrifo joánico: Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Pocas son las versiones de la Biblia que incluyen esta inserción, por ejemplo, aparece en la Reina Valera Versión 1960, pero ya en las traducciones Reina Valera contemporánea aparece entre corchetes, dando a entender que en los manuscritos mas confiables esta parte no aparece. También vemos que aparece en la Versión Latinoamérica y la Versión de Wilhelm Jünemann (aunque dichos versículos aparecen entre paréntesis sugiriendo lo mismo), de allí la mayoría de versiones no lo incluyen como la NTV, la NVI, DHH, BAD, entre muchas otras. Aparte de esto los padres de la iglesia no citaron esta parte de la Escritura de 1 Juan 5:7 en sus comentarios, ni aun cuando discuten el asunto de la Trinidad. Si revisamos los manuscritos antiguos que se poseen, ningunos de los manuscritos mas tempranos y confiables que se poseen del Nuevo Testamento y que datan del siglo IV posee esta parte en 1 Juan 5:7 y muy pocos de los textos tardíos que datan del siglo XII aparece esta inserción. Las versiones mas antiguas de la Vulgata Latina, obra traducida de la Biblia al latín por Jerónimo en el siglo IV no posee dicha inserción, ni la Peshita, versión de la Biblia en Siriaco del siglo II. Tampoco esta inserción aparece en las primeras dos ediciones del Textus Receptus de Erasmo (1516 y 1519 respectivamente), sino aparece hasta la tercera edición de la misma y consecuentemente aparece en la mayoría de las traducciones bíblicas publicadas desde 1522. Ahora bien, se cree que la intensión de incluir esta inserción fue con el fin de hacer una defensa de la Trinidad y aunque la intensión era buena, la misma doctrina de la Trinidad se defiende a través de otros versículos de la Biblia. Por todo esto es que algunos teólogos no utilizan este versículo para defender la doctrina de la teología. Ahora bien, ¿debe ser esto un problema? ¿Es esto una evidencia que la Biblia esta alterada? Definitivamente no. La inefabilidad de la palabra y su exactitud se mantiene y el hecho de que los textos que utilizaron algunos reformadores para traducir la Biblia a sus idiomas tuviesen este versículo tal y como aparece en la Versión Reina Valera no es ningún problema. Ahora que la ciencia a avanzado y los métodos de traducción se auxilian de textos aun mas confiables que los que utilizaron al principio nos ayuda a esclarecer algunos detalles como estos que son muy pequeños comparados a inigualable y poderoso mensaje de la palabra de Dios y 1 Juan es una carta totalmente increíble cuya lectura nos edifica y testifica las verdades gloriosas de Dios.

 

UN TESTIMONIO VERDADERO 

“Si recibimos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios; porque este es el testimonio con que Dios ha testificado acerca de su Hijo. El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida”.

1 Juan 5:9-12

             Si creemos al testimonio de algunos hombres porque quizás han demostrado ser veraces en sus palabras, cuanto mas debemos creerle al Espíritu Santo que da testimonio en esta tierra de que Jesús vino en agua y sangre, es decir, se encarnó, nació de una virgen, fue un hombre perfecto que no se aferró a su condición de Dios y vivió irreprensible en esta tierra, tuvo un ministerio impactante y murió en la cruz para redimir nuestros pecados. El que cree este mensaje tiene al Hijo, mientras aquel que niega esta verdad hace mentiroso a Dios y no tiene la vida eterna. Pero nosotros hemos creído y tenemos la vida eterna a través del Hijo de Dios.


viernes, 14 de octubre de 2022

Características de los nacidos de Dios (1 Juan 5:1-5)

 

“Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?”.

1 Juan 5:1-5

INTRODUCCIÓN

                Hemos llegado al último capítulo de esta maravillosa carta que el apóstol Juan escribió y antes de finalizar vuelve a tocar el temas referentes al amor, la obediencia a su palabra y la fe, las cuales a su vez son una característica de aquellos que son nacidos de Dios. Para poder ser cristianos es necesario nacer de nuevo y esto se logra únicamente a través de experimentar un verdadero arrepentimiento de nuestros pecados que provoquen una autentica conversión y es gracias a esto que a partir de este momento pasamos a ser parte de la familia de Dios.


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Características de los nacidos de Dios


LOS QUE SON NACIDOS DE DIOS

“Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios…”

1 Juan 5:1

               He aquí una verdad que el Nuevo Testamento nos enseña: Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios. el nuevo nacimiento es un tema que Juan desarrolla en sus escritos, pero: ¿a qué se refiere? Podríamos decir que el nuevo nacimiento es la obra sobrenatural que opera en el pecador arrepentido por medio del Espíritu Santo para otorgarle una nueva naturaleza que lo capacita para relacionarse de una mejor manera con Dios, naturaleza totalmente opuesta al viejo hombre la cual esta viciada por el pecado y lo introduce en la familia de Dios como hijo de Dios. Alla en su evangelio nos dice: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”, (Juan 1:12-13). Todos hemos tenido un nacimiento natural, pero este solo nos provee una naturaleza pecaminosa, tendiente a hacer lo malo, lo cual a su vez nos condena al infierno, pero cuando creemos en Cristo y decidimos arrepentirnos de nuestros pecados, la fe nos introduce en la familia de Dios para experimentar una nueva vida: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos,”, (1 Pedro 1:3). Qué bueno es saber que esta vida a la cual hemos sido renacidos es para tener una esperanza viva, de tal forma que nuestro corazón puede regocijarse ante semejante promesa de gloria.

 

EL QUE HA NACIDO DE NUEVO AMA AL QUE LO ENGENDRO Y A LOS QUE SON ENGENDRADOS POR ÉL

“… y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos”.

1 Juan 5:1-3

                Toda aquel que ha nacido de nuevo ama a Dios, quien es el que lo engendro y esta ama también a todos aquellos que han sido engendrados por Él, es decir, sus hermanos en la fe: “… y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él. En su condición natural el hombre es incapaz de amar como Dios lo hace, solo a través de un nuevo nacimiento podemos experimentar el verdadero amor y amar a los demás, no como el mundo ama, sino como Jesús lo hace, de hecho, el amor es un fruto que solo el Espíritu Santo puede producir y en este sentido solo aquellos que andan conforme al Espíritu pueden manifestarlo: “Mas el fruto del Espíritu es amor…”, (Gálatas 5:22). Juan nos ha hablado mucho del amor y podemos entender que el amor es una característica que debe distinguir a los hijos de Dios, una virtud introducida por el cristianismo no es un amor comprometido por las circunstancias o limitado a cierto grupo de personas, sino es un amor incondicional, eterno y que no depende de nuestros méritos, sino de su gracia e infinita misericordia. Por ellos, como hijos de Dios debemos amar a nuestro Padre Celestial y a nuestros hermanos en la fe: “Permanezca el amor fraternal”, (Hebreos 13:1).

 

EL QUE HA NACIDO DE NUEVO OBEDECE SU PALABRA POR AMOR A DIOS

“En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos”.

1 Juan 5:2-3

               Ahora, todo aquel que ha nacido de nuevo debe vivir de acuerdo con su voluntad, obedeciendo su palabra: En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. Aquellos que hemos nacido de nuevo, obedecemos su palabra no por obligación o por temor, sino porque le amamos y sus mandamientos realmente no nos son gravosos o molestos, sino, como dice el salmista, son una delicia para nosotros: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche”, (Salmos 5:1-2). Por tanto, todos deberíamos desear conocer sus mandamientos, estos no deberían ser un misterio para nosotros, de hecho, Pedro nos dice que, así como un niño recién nacido desea la leche materna, también nosotros debemos desear el alimentarnos con la palabra de Dios: “Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación”, (1 Pedro 2:2). Definitivamente la palabra de Dios es nuestro alimento y debemos esforzarnos por ponerla por obra y no ser oidores olvidadizos: “Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, este será bienaventurado en lo que hace”, (Santiago 1:25).

 

EL QUE HA NACIDO DE NUEVO HA VENCIDO EL MUNDO POR MEDIO DE SU FE

“Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?”.

1 Juan 5:4-5

                 Finalmente, tenemos la fe, el fundamento de nuestra esperanza y por medio de ella hemos vencido el mundo: Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. En esta vida el hombre se esfuerza por superarse y vencer varios retos y algunos lo logran, pero todos estos son victorias materiales, pero las espirituales nadie las podrá conquistar a través de su esfuerzo humano, nadie se salvara por obra, aun los que hemos creído en Cristo alcanzamos las bendiciones del reino de Dios y sus promesas con la ayuda del Espíritu Santo, pero el fundamento de todo esto es la fe, la fe en Cristo Jesús: ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Nuestro Señor nos dijo: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”, (Juan 16:33). He aquí nuestra victoria, Cristo, porque Él venció la muerte y por medio de su resurrección nos ha dado la victoria, por ello nuestro corazón debe vivir confiado de que nuestra vida esta escondida en Dios y esta es nuestra fe, nuestra esperanza en Él y por ello somos mas que vencedores: “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”, (Romanos 8:37).

 

domingo, 9 de octubre de 2022

Características del verdadero amor (1 Juan 4:7-21)

 

“Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo. Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano”.

1 Juan 4:7-21

INTRODUCCIÓN

                Si había alguien que conocía el significado del verdadero amor ese era el apóstol Juan, no olvidemos en el Evangelio Según Juan se le llama “el discípulo amado”, y era así porque él había experimentado el verdadero amor de parte de nuestro Señor Jesucristo. Ahora, a través de todos estos versículos podemos encontrar las características que distinguen al verdadero amor, un amor que no se practica en el mundo, porque el verdadero amor proviene de Dios.

 

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Características del verdadero amor


EL AMOR ES DE DIOS

“Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios...”

1 Juan 4:7

                  Lo primero que debemos entender del verdadero amor es que este proviene de Dios y no existe otra fuente en la cual la podamos encontrar. El ser humano puede experimentar muchos sentimientos nobles como el afecto entre familiares o la amistad, pero todos estos son imperfectos, propensos a fallar, pero el verdadero amor perfecto proviene de Dios, porque su naturaleza es amor y solo naciendo de nuevo uno puede llegar a experimentarlo: Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. El amor de Dios es la esencia de su carácter y está en completa armonía con todos sus atributos como la justicia, la santidad, rectitud, omnipotencia y soberanía.

 

EL AMOR ES EXPERIMENTADO POR LOS NACIDOS DE NUEVO

“…Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor”.

1 Juan 4:7-8

              Otra característica del verdadero amor es que solo puede ser experimentado por los nacidos de nuevo, es decir, por los hijos de Dios, aquellos que han experimentado una autentica conversión a Cristo: Todo aquel que ama, es nacido de Dios. Al nacer de nuevo, el Espíritu Santo crea en nosotros una nueva naturaleza la cual es capaz de experimentar y gozar de la presencia de Dios, de recibir sus dones espirituales y buenas dadivas que provienen de su gracia a tal punto que le llegamos a conocer y establecemos así una relación personal con Él, por ello Juan dice: … y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. Por tanto, aquel no ha aprendido a amar es porque nunca ha conocido a Dios, porque Dios es amor y su amor llena todo nuestro corazón para ser transformados de acuerdo su carácter de justicia y santidad.

 

EL AMOR ES SACRIFICADO

“En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados”.

1 Juan 4:9-10

                   En tercer lugar, Juan nos dice que el amor de Dios es sacrificado: En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. Dios nos muestra su gran amor a través de rescatarnos del yugo del pecado a través de entregar por nosotros no más amada que tiene, su Hijo Jesucristo: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”, (Juan 3:16). En este sentido, el verdadero amor es sacrificial, no piensa en lo suyo, sino en el bienestar del prójimo y no solo esto, sino que el amor de Dios va más allá de un sentimiento pasajero o sujeto a las emociones, el verdadero amor es una decisión, una decisión de amar sin considerar ningún merito que lo pueda merecer, de allí las palabras de Juan: En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Dios decidió amarnos, aun antes de nosotros conocerlo, sin haber hecho algo para merecerlo, simplemente nos amó.

 

EL AMOR SE PRACTICA CON LOS HERMANOS

“Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros… Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano”.

1 Juan 4:11, 19-21

                Aquel que afirme amar a Dios debe amar también a sus hermanos: Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. El mismo Señor enseño que sus discípulos serian diferenciados porque se amarán los unos a los otros: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”, (Juan 13:35). Para Juan era inconcebible que alguien que se llamase a sí mismo cristiano tuviese odio en su corazón hacia alguno de sus hermanos: Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? El mejor ejemplo de amor lo tenemos en Dios, el cual, sin que nosotros lo hayamos amado antes, Él nos amó primero, y de allí, que nosotros debemos aprender a amar a nuestros hermanos obedeciendo así su mandamiento: Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.

 

EL AMOR NOS AYUDA A PERMANECER EN ÉL

“Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo. Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él”.

1 Juan 4:12-16

                Aunque jamás le hayamos visto a Dios, hemos experimentado su amor y este amor lo manifestamos también a nuestros hermanos permaneciendo en Él: Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros. Este maravilloso amor nos perfecciona en el sentido de que Dios habita en nosotros por medio de su Santo Espíritu: En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu. Como hijos de Dios no estamos solos, Dios habita en nosotros y nos perfecciona en nuestro diario caminar, por ello Juan testificaba este maravilloso mensaje, porque traía al hombre el amor de Dios a su vida: Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo. Solamente aquellos que confiesan que Jesús es su Señor pueden experimentar este amor y permanecer en Dios: Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Esta relación de permanecer en Dios y Dios permanece en Él se logra por medio del amor que Dios ha derramado en nuestros corazones y esta es la confianza que nos conforta y anima: Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.

 

EL VERDADERO AMOR NOS BRINDA LA CONFIANZA DE LA VIDA ETERNA

“En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo”.

1 Juan 4:17

                Al sentirnos amados por Dios podemos experimentar una verdadera confianza de la vida eterna, porque sabemos que le pertenecemos y hemos sido rescatados del juicio eterno: En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo. Este maravilloso amor nos da la seguridad de nuestra salvación, hemos sido rescatados del castigo eterno y no hay nada ni nadie que nos pueda alejar del amor de Dios: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?... Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”, (1 Corintios 8:35, 38-39).

 

EL VERDADERO AMOR HECHA FUERA TODO TEMOR

“En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor”.

1 Juan 4:18

              En su amor somos perfeccionados, tenemos plena comunión con el Espíritu Santo, amamos a nuestros hermanos y desarrollamos esa confianza que nos da garantía de que hemos pasado de muerte a vida, pero no solo esto, sino que también el verdadero amor echa fuera todo temor: En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. Ciertamente el vivir experimentando su amor nos da confianza y seguridad de que somos sus hijos y como tales gozamos de su protección divina, sabemos que nuestra vida esta en sus manos y que nada pasara si no es su voluntad. Hoy en día las personas viven llenas de temor, le temen al futuro, a la delincuencia, a la brujería, a las enfermedades terminales y a tantas cosas producto de la maldad de este mundo, ciertamente son intimidantes, pero nosotros confiamos porque Dios nos ama y Cristo ha vencido por nosotros: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”, (Juan 16:33)-

 


domingo, 2 de octubre de 2022

Los que han vencido (1 Juan 4:4-6)

 

“Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error”.

1 Juan 4:4-6

INTRODUCCIÓN

               Para el apóstol Juan era muy importante que los creyentes se mantuvieran firmes en la enseñanza del verdadero evangelio y que conocieran a Jesucristo tal y como la palabra de Dios lo presenta, no como algunas sectas los enseñaban y cuyas doctrinas heréticas hacían tropezar a las personas, sino como verdaderos hijos de Dios que le han llegado a conocer tal y como Él es. Ya anteriormente Juan nos habló de la importancia de probar los espíritus si son de Dios y la forma en la cual podemos probarlos es a través de oír sus enseñanzas, si estas están en contra de la sana doctrina, entonces los tales son anticristo, y ahora, el apóstol nos habla de permanecer en esta verdad escuchando al Espíritu de Verdad y rechazando todo error.

 

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Los que han vencido

LOS QUE HAN VENCIDO AL MALIGNO

“Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo”.

1 Juan 4:4

                 He aquí los que han vencido al maligno, los hijos de Dios: Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo. La verdadera victoria se encuentra en conocer a Dios y alanzar su misericordia, misericordia que perdona nuestros pecados por medio de la fe en Cristo Jesús. Como pecadores estábamos perdidos y éramos cautivos de nuestras propias maldades: “Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado”, (1 Juan 8:34). En este sentido estábamos perdidos y sujetos a un imperio de iniquidad gobernado por Satanás, pero en Cristo estas cadenas de esclavitud se rompieron y venimos a ser libres de la condenación eterna y del imperio del maligno. Desde este momento, aquel que antes vivía en servidumbre de pecado viene a ser libre y heredero de sus maravillosas promesas: “Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo”, (Gálatas 4:7). Como herederos de Dios venimos a ser morada del Espíritu Santo, el cual es la garantía de que realmente Dios mora en nosotros y le pertenecemos: “Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu”, (2 Corintios 5:5). Por esto Juan dice que aquel que es de Dios ha vencido porque mayor es Dios que el que está en el mundo, este es el diablo. Por esta misma razón Pablo sabía que no había poder alguno que lo pudiese separar del amor de Dios y en Cristo somos más que vencedores: “¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”, (Romanos 8:31-39).

 

EL MUNDO SIGUE SU PROPIA SENDA DE MALDAD

“Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye”.

1 Juan 4:5

               Tristemente aquellos que no han conocido a Dios no entienden su palabra, sino que siguen los principios de este mundo y las practican, encajando perfectamente en este mundo: Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye. El mundo corre en una senda de disolución y pecado, para ellos este mundo es lo único que existe y han aprendido a convivir con él, pero sus caminos son sendas de perdición, sin embargo, el cristiano no puede seguir este camino, lo que al que está en el mundo le parece cosa extraña: “Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías. A éstos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan”, (1 Pedro 4:3-4). El mundo jamás nos comprenderá, pero es importante mantenernos firmes, sin fluctuar en nuestra fe.

 

EL ESPÍRITU DE VERDAD VERSUS EL ESPÍRITU DE ERROR

“Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error”.

1 Juan 4:6

                  Finalmente, aquel que es de Dios, oye y cree a la verdadera doctrina predicada, escucha y acepta el evangelio de Cristo, pero aquellos que no son de Dios, sino viven según sus deseos y principios de este mundo, no escucha el mensaje verdadero, sino sigue el error: Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error. lamentablemente los que están en el mundo, sin Dios, sigue al espíritu de error, el cual los engaña para su propia perdición, de hecho, Pablo nos dice: “En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”, (2 Corintios 4:4). Satanás ha cegado el entendimiento de las personas para que no crean en el evangelio porque sabe que aquel que cree alcanza misericordia por medio de la fe, pero nosotros, los que hemos creído al verdadero mensaje del evangelio, hemos llegado a conocer al Padre y su Hijo, para que por medio de la fe seamos capaces discernir entre la verdad y el error.

 

sábado, 1 de octubre de 2022

Dios y la Existencia del Mal (Parte II)

 

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”.

Romanos 8:28


INTRODUCCIÓN

                Hemos estado hablando acerca de la existencia del mal, el cual, si bien es cierto, no es una sustancia o aspecto tangible, pero existe y sus efectos conducen a la humanidad al sufrimiento. Sabemos que la causa del mal es el pecado, el cual entro a la humanidad por medio de la desobediencia del hombre al comer del fruto de la ciencia del bien y el mal, aquel día los ojos del hombre fueron abiertos conociendo el bien y el mal, y lamentablemente el hombre en su condición de un ser caído y dañado por el pecado se inclina de continuo al mal. Continuaremos desarrollando este importante tema para tratar de responder a todas las preguntas que pudiesen formularse, esto de acuerdo con la Biblia.

 

Dios-y-la-existencia-del-mal
Dios y la Existencia  del Mal

¿EXISTE ALGÚN PROPÓSITO DIOS EN MEDIO DE TANTO MAL?

¿Existe realmente algún buen propósito que Dios tenga con nosotros en medio de tanto mal? ¿Las personas que atraviesan por alguna tragedia pueden sacar algo provechoso de todo eso? La respuesta es sí. Aun atravesando grandes dificultades o sufriendo por causa del mal, el Señor puede tener buenos propósitos para aquellos que se han rendido a su señorío: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”, (Romanos 8:28). Veamos como el sufrimiento que el mal trae a los seres humanos puede tener un propósito en los caminos de Dios.

 

            El sufrimiento que el mal trae contribuye al crecimiento de los hijos de Dios.

El mal definitivamente trae sufrimiento al ser humano, pero en medio de estas circunstancias difíciles Dios puede tener un propósito especial para nuestras vidas. Podemos ver en la Biblia los sufrimientos que vinieron sobre el justo Job, de cómo Dios permitió que Santanas tocara con terribles males la vida de Job para obligarlo a blasfemar, pero el fin de todo represento victoria que este, ya que a través de estas duras pruebas conoció mejor a su Señor y fue bendecido al doble por ello: “Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job”, (Job 42:10). De igual forma podemos ver como la maldad de los hermanos de José le provocaron grandes sufrimientos al ser vendido como esclavo en Egipto, pero en medio de todas estas injusticias Dios estaba con José el cual llegó hasta la misma presencia de faraón quien lo convirtió en el gobernador de Egipto y gracias a esto, José trajo liberación a toda su familia: “Vosotros pensasteis mal contra mí, más Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo”, (Génesis 50:20). Por tanto, podemos entender que el sufrimiento que trae el mal a nuestras vidas puede contribuir a nuestro crecimiento espiritual y cumplir los propósitos de Dios, de hecho, Pedro nos dice: “En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo”, (1 Pedro 1:6-7). Como el oro es sometido al fuego para el incandescente calor separe la pureza del oro de otros metales, así nuestra fe es purificada y perfeccionada por el fuego de las pruebas.

 

            A veces el sufrimiento que el mal provoca es una advertencia de que algo anda mal.

            Pudiésemos entender en algunos casos que el sufrimiento que el mal trae es un indicativo que algo anda mal en nuestras vidas. De manera general, el mal provoca sufrimientos en los seres humanos, pero también, en ciertas ocasiones el sufrimiento o situaciones difíciles que atravesamos puede ser un indicativo que algo anda mal en las decisiones que estamos tomando o el camino que estamos siguiendo. Proverbios nos dice: “El sabio teme y se aparta del mal; más el insensato se muestra insolente y confiado”, (Proverbios 14:16). Sabemos que, si inclinamos nuestro corazón al mal, las consecuencias de esto traerán sobre nosotros fracaso, tragedia, sufrimiento y condenación eterna, de allí que debemos apartarnos de todo mal. Además, si nuestros pasos se desvían de la senda de justicia, el Señor puede usar el mal para atraernos a sus caminos y así disciplinarnos: “Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos…  Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados”, (Hebreos 12:7-8, 11).

 

Algunos sufrimientos siempre estarán presentes en la vida de algunos hijos de Dios.

A veces algunos hijos de Dios tendrán que vivir con algunas circunstancias que les provoquen dolor, porque así Dios lo ha definido, aunque humanamente no entendamos por qué. Tenemos el ejemplo del apóstol Pablo el cual tenía un azote en su cuerpo, posiblemente una enfermedad, por la cual había orado 3 veces, pero el Señor no se lo quito: “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo”, (2 Corintios 12:7-9). Por lo que podemos entender, este azote que Pablo tenia servía como un recordatorio de su debilidad, para que la grandeza de revelaciones que había recibido y ministerio extraordinario que tenia no lo llenase de soberbia y se olvidase que todos sus logros eran por la gracia de Dios. de manera similar pudiese pasar en la vida de algunos creyentes que algunas enfermedades o tragedias que les pudiese causar gran sufrimiento tengan como propósito preparar sus vidas para ser mejores instrumentos en las manos de Dios.

 

            Aun con todo esto, no tenemos todas las respuestas.

            Aun sabiendo todo esto, no lograremos entender por qué los justos padecen, en ocasiones no tendremos las respuestas a todas las situaciones que enfrentamos. Uno puede ver que en algunos casos Dios permitirá que pasemos por situaciones difíciles que nos lastimaran en gran manera y posiblemente serán padecimientos con los cuales tendremos que cargar. Uno puede ver cómo algunos hombres y mujeres piadosos tuvieron que sufrir y padecer incluso la muerte por causa del mal, así vemos como Pedro (2 Pedro 1:14) y Pablo (2 Timoteo 4:6) sufrieron martirio por causa de su fe en manos del emperador Nerón, también vemos cómo todos los sacerdotes de Nob fueron asesinados por Saúl, el cual cegado por sus celos hacia David, los acuso injustamente de ser cómplices de una traición, ordenando la matanza de todos los sacerdotes junto con todas sus mujeres y niños: “Y a Nob, ciudad de los sacerdotes, hirió a filo de espada; así a hombres como a mujeres, niños hasta los de pecho, bueyes, asnos y ovejas, todo lo hirió a filo de espada”, (1 Samuel 22:19). Vemos cómo Jacobo, hermano de Juan fue muerto a espada por Herodes Antipas I: “En aquel mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles. Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan”, (Hechos 12:1-2). Y así, podríamos seguir pensando en hombres justos que sufrieron martirio a manos de hombres malvados y no fueron librados por Dios, pero, ¿por qué? ¿Por qué algunos hombres justos sufren hasta el día de su muerte? ¿Por qué los justos pierden a un ser querido de manera trágica? ¿Por qué algunos justos no son sanados y sufren de una enfermedad terminal? ¿Por qué Dios no hace algo para evitar el sufrimiento de sus santos? La verdad es que no tenemos una respuesta satisfactoria para todos los casos, a veces, nos será difícil entenderlo, pero en medio de todo lo que demos hacer es confiar en Dios y no apartarnos de su misericordia para que cualquier problema que enfrentemos sea su presencia la que nos sostenga y guarde hasta el final.

 

¿CÓMO ENFRENTAR EL MAL?

               Sabiendo que el sufrimiento de este mundo es consecuencia de la existencia del mal, la pregunta seria: ¿Cómo podemos enfrentar el mal? ¿Cómo enfrentar el dolor que el mal provoca? Lo primero vivir para Dios y no apartarnos de su presencia: “El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré. Él te librará del lazo del cazador, de la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y adarga es su verdad. No temerás el terror nocturno, ni saeta que vuele de día, ni pestilencia que ande en oscuridad, ni mortandad que en medio del día destruya. Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra; más a ti no llegará. Ciertamente con tus ojos mirarás y verás la recompensa de los impíos”, (Salmos 91:1-8). Ciertamente el Señor es nuestro refugio y nos guarda de todo mal, de hecho, no podemos negar las incontables veces que hemos sido librados del mal por causa de su misericordia, sin embargo, no debemos olvida que aun con todo, Dios pudiese permitir que suframos por causa del mal, pero entonces, ¿qué podemos hacer? Bueno, lo importante que debemos hacer cuando tengamos que sufrir por causa del mal es no alejarnos de Dios, sino acercarnos más a Él sabiendo que su misericordia es grande y que en Él encontraremos la salida: “Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias”, (Lamentaciones 3:32). Veamos algunos consejos para poder vencer en medio de cualquier situación difícil que enfrentemos:

 1.     Cuando enfrente el sufrimiento, acuda al Dios de toda consolación, no se aleje de Él: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación”, (2 Corintios 1:3).

2.     Acepte su dolor, no lo niegue, llore y confié en Dios para salir de su situación: “Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos”, (2 Corintios 1:9).

3.     Confíense sus pecados, no encubra ningún pecado y apártese de este: “El que encubre sus pecados no prosperará; más el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia”, (Proverbios 28:13).

4.     Busque comprender que algún propósito existe en medio de su proceso doloroso: “Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios, ¡qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación! En todo os habéis mostrado limpios en el asunto”, (2 Corintios 7:11).

5.     Busque apoyarse de personas sabias y de buen testimonio que Dios podría poner en su camino: “Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló con la venida de Tito”, (2 Corintios 7:6).

6.     Refuerce su fe consolando a otros que atraviesen por sus mismas situaciones: “El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios”, (2 Corintios 1:4).

7.     En todo momento, confié en el Señor que le dará la victoria final: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, (Filipenses 4:13).

 

LA VICTORIA FINAL SOBRE EL MAL

                   Por lo que hemos estado estudiando podemos entender que debemos vivir para Dios, obedeciendo su palabra la cual nos dará no solo la vida eterna por medio de la fe en Jesús, sino también sabiduría para alejarnos de todo mal. Además, la presencia de Dios nos guarda de todo peligro y aunque en ocasiones sea necesario sufrir, el Señor nos dará la fuerza para resistir y que su buena voluntad se cumpla en nosotros. Jesús nos exhortar a no temer, sino confiar porque El ha vencido a este mundo: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”, (Juan 16:33). Jesús ha vencido a Satanás y a este mundo malvado, por tanto, podemos estar seguros de que jamás estaremos desamparados, y no solo eso, sino que ha prometido enjugar toda lagrima y acabar con el mal de esta tierra que hoy por hoy produce en nosotros tanto sufrimiento: “Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron”, (Apocalipsis 21:3-4). Por hoy esta es nuestra esperanza, la vida eterna, donde todo dolor terminará, ya no habrá mas tentaciones, ni maldad, ni muerte, porque Cristo ha vencido y por medio de la fe su sacrificio hemos venido a ser herederos de estas gloriosas promesas.