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sábado, 30 de diciembre de 2017

La victoria final sobre la muerte (1 Corintios 15:50-58)


“Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Más gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”.
1 Corintios 15:50-58

INTRODUCCIÓN


            Llegamos al final del capítulo 15 cuya temática ha girado alrededor del gran tema de la resurrección de los muertos, y para sellar este tema termina su exposición con el misterio del arrebatamiento de la iglesia y la victoria final que todos los cristianos hemos ganado sobre la muerte gracias al sacrificio de Cristo Jesús. Después de haber estudiado los versículos anteriores podemos ver que quizás no hay otro pasaje o capitulo que explique de manera tan detallada este importante tema teológico que forma parte de nuestra fe fundamental. Al final del capítulo, en su último versículo, el apóstol Pablo exhorta a todos sus lectores a perseverar en la obra del Señor teniendo en cuenta todas estas grandes promesas de vida eterna.

rapto
El arrebatamiento de la iglesia


EL RAPTO DE LA IGLESIA


“Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad”.
1 Corintios 15:50-53

                Después de todo lo expuesto, el apóstol afirma que nadie puede entrar en la eternidad con su cuerpo mortal, el cual está viciado por el pecado de este mundo: Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. Por esto es necesario que los muertos resuciten con un nuevo cuerpo, completamente incorruptible e inmortal, preparado para estar delante de la presencia de Dios por toda la eternidad. Para que nuestros cuerpos sean glorificados es necesario que nuestro cuerpo mortal muera, pero, ¿qué de aquellos que cuando la resurrección ocurra estén vivos? Pablo lo explica en los siguientes versículos: He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Aquí el apóstol hace referencia al rapto de la iglesia, y lo presenta como un misterio, es decir, una verdad bíblica que antes estaba oculta al entendimiento del ser humano, pero que ahora gracias al Espíritu Santo podemos comprenderla en estos postreros tiempos. Realmente Pablo fue el precursor de esta doctrina del arrebatamiento y en su primera carta a los tesalonicenses la presenta por primera vez: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras”, (1 Tesalonicenses 4:13-18). Tanto en 1 Tesalonicenses como en 1 Corintios el apóstol utiliza el eufemismo dormir para referirse a la muerte, y nos dice que al sonar la trompeta los muertos en Cristo resucitarán, y luego los que estemos vivos para ese momento serán transformados y arrebatados al cielo para reunirnos con el Señor en el cielo. Esta es la promesa que alienta a los creyentes, el saber que un día seremos resucitados para estar delante de Dios por toda la eternidad, con un cuerpo completamente nuevo, y aquellos que aun estemos vivos seremos transformados: … y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

LA VICTORIA FINAL SOBRE LA MUERTE


“Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Más gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”.
1 Corintios 15:54-57

             Conociendo todas estas grandes promesas gloriosas el apóstol no tiene más que irrumpir con gran júbilo exclamando: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? Durante generaciones la muerte se había enseñoreado sobre todos los seres humanos, incluso el mismo refrán humano de hoy en día hacía alusión a este hecho: para todo hay solución, menos para la muerte. Pero, qué bueno es saber que en el cristianismo, aun la muerte tiene solución, y esta solución es Cristo mismo ya que a través de su victoria en la cruz de Calvario derroto a Satanás y su imperio de la muerte de tal forma que hoy en día, todos aquellos que por la fe alcancemos la salvación y perdón de pecados, la muerte ya no tiene más señorío sobre nosotros. Pablo aclara que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley, ya que esta establece el juicio sobre los trasgresores, pero hoy en día gracias a Cristo Jesús podemos vencer el pecado y no estar más condenados a un destino inexorable: ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Más gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. Considerando todo esto, bendito sea Dios que nos da la victoria final sobre la muerte gracias a nuestro Señor Jesucristo.

UNA EXHORTACIÓN FINAL


“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”.
1 Corintios 15:58

                Finalmente, el apóstol Pablo exhorta a todos sus lectores a que no desmayen, sino que se mantengan firmes y constantes en la vida cristiana ya que estaba consciente de las diferentes pruebas y dificultades que se presentan en la vida cristiana. Si hay algo que resulta muy difícil en la vida cristiana es el mantenerse firme y constante ya que con el paso del tiempo las mismas pruebas y tentaciones pueden desgastarnos y apartarnos del propósito de Dios; pero cuando las pruebas de la vida arrecien, Pablo nos pide que no retrocedamos, sino que sigamos avanzando recordando todas estas promesas de resurrección y la vida eterna, que crezcamos en la obra del Señor siempre porque jamás nuestro trabajo será en vano: Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.




martes, 26 de diciembre de 2017

¿Cómo será el cuerpo al resucitar? (1 Corintios 15:35-49)



“Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?  Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes. Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano; pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo. No toda carne es la misma carne, sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la de los peces, y otra la de las aves. Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales. Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria. Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder.  Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual. Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial”.
1 Corintios 15:35-49

INTRODUCCIÓN


            Después de haber desarrollado las diferentes temáticas en cuanto a la resurrección de los muertos, el apóstol Pablo no quiere finalizar este tema sin antes explicar cómo será el cuerpo con el cual resucitaremos. La resurrección de los muertos es un hecho innegable, siendo el primero que ha resucitado es Cristo, y gracias a esto se ha posicionado como Señor soberano de la vida y la muerte, como Salvador de todo aquel que cree en Él. Un día todos aquellos que han muerto creyendo en esta esperanza resucitaremos, pero, ¿cómo será ese cuerpo? ¿Será el mismo cuerpo u otro diferente? Para los filósofos griegos la inmortalidad del alma era algo creíble; pero no creían que el cuerpo pudiese resucitar ya que lo consideraban malo, por eso, cuando Pablo predico en el Aeropago los epicúreos y estoicos se burlaron de él: “Pero cuando oyeron lo de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: Ya te oiremos acerca de esto otra vez”, (Hechos 17:32). Los judíos en cambio creían que cuando alguien moría el espíritu volvía a Dios, y el cuerpo volvía al polvo de donde este mismo se levantaría en la resurrección: “y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio”, (Eclesiastés 12:7). Sin embargo, ahora Pablo después de explicar todo lo referente a la resurrección de los muertos, pasara a dar detallen en cuanto a cuerpo con el cual resucitaremos en el día postrero. Veamos lo que el apóstol tiene que decirnos.


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¿Cómo será el cuerpo al resucitar?

UN NUEVO CUERPO PARA LA RESURRECCIÓN

“Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?”.
1 Corintios 15:35

              Aquí el apóstol formula una pregunta que nos responderá a continuación y que nos ayudara a entender con qué cuerpo resucitaremos en el día postrero: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán? Aun después de haber contestado esta pregunta, el conocimiento de con qué cuerpo resucitaremos sigue siendo una incógnita para muchas personas y a través de la historia se han creado practicas supersticiosas como por ejemplo la prohibición de quemar los cuerpos porque de lo contrario este no podría resucitar en el día postrero porque sería destruido y convertido en cenizas por el fuego. Ahora Pablo nos aclara que el día de la resurrección tendremos cuerpos completamente diferentes al que actualmente poseemos, Dios transformara ese cuerpo mortal y débil en uno completamente espiritual y resplandeciente. Veamos las características de este nuevo cuerpo.

NUESTRO CUERPO MORTAL DEBE MORIR PARA DAR PASO AL NUEVO CUERPO


“Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes. Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano; pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo”.
1Corintios 15:36-38

               Antes de que el nuevo cuerpo tenga que ser creado es necesario que el actual cuerpo mortal muera y para eso Pablo pone el ejemplo del grano que tiene que morir para dar paso al nacimiento de la planta: Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes. Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano. Antes que la planta pueda nacer tiene el grano que caer al suelo y morir, y en cierta forma Jesús uso la misma metáfora para ejemplificar que en el evangelio es necesario morir para nacer a algo mejor y de mayor gloria: “Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto”, (Juan 12:23-24). Cuando uno siembra una semilla en tierra fértil que tiene suficiente humedad y una temperatura adecuada, la semilla germina. El proceso de germinación hace que la semilla se desintegre. Al morir, la semilla da a luz la nueva vida en la forma de una planta en desarrollo que después madura y produce semilla. Jesús comprendía perfectamente este principio espiritual y que antes de la victoria es necesario pagar un precio. Él sabía que era necesario ir al Calvario, pasar por todos los sufrimientos que le esperaban, morir y ser sepultado para que al tercer día resucitara en gloria. De igual forma, es necesario que este cuerpo mortal muera para que de paso a uno nuevo, uno completamente diferente y con mayor gloria: pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo. Por tanto, en el día de la resurrección tendremos un nuevo cuerpo, muy diferente en todos los aspectos al actual. No olvidemos que este cuerpo es solo un recipiente donde nuestra alma se encuentra contenida, y es precisamente nuestra alma la que define nuestra personalidad, es ella la que razona, la que toma decisiones, la que experimenta toda clase de emociones y la que dará cuentas delante de Dios aquel día, lo único que cambiara será el recipiente donde volverá a introducirse, un nuevo cuerpo creado por Dios para entrar a una eternidad de gloria.

UN CUERPO CON UNA NATURALEZA DIFERENTE


“No toda carne es la misma carne, sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la de los peces, y otra la de las aves”.
1 Corintios 15:39

              El apóstol nos habla a continuación que en el mundo existen diferentes clases de criaturas, con diferentes cuerpos y cada uno de estos con diferentes características: No toda carne es la misma carne, sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la de los peces, y otra la de las aves. Aquí Reina Valera tradujo “carne” de la palabra griega sárx (σάρξ), la palabra griega que se utiliza en el Nuevo Testamento para referirse a la naturaleza pecaminosa del hombre, y no tanto al cuerpo humano como tal. En este sentido las diferentes carnes, de hombre, bestias, peces y aves, nos describen diferentes naturalezas de seres creados. Por ejemplo, los hombres tienen naturaleza diferente a los peces, ya que estos pueden sobrevivir en el agua gracias a sus branquias, o las aves, su plumaje y forma corporal la capacitan para volar, y así también las bestias poseen diferentes características muy diferentes a las de los hombres. Así será aquel día, este cuerpo mortal ya no será más sino Dios nos dará un cuerpo completamente diferente capacitado para vivir en la eternidad. Este cuerpo con el cual vamos a resucitar en el día postrero tendrá una naturaleza completamente diferente al actual, será uno con características espirituales y esas son las que Pablo explica a continuación.

UN CUERPO SIN LAS PRESENTES LIMITANTES


“Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales. Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria. Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder”.
1 Corintios 15:40-43

             Pablo aclara que hay diferentes clases de cuerpos, unos celestiales y otros son terrenales, y cada uno con diferente gloria: Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales. Es más, aun entre los mismos cuerpos celestiales hay diferente gloria: Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria. Así hoy podemos tener este cuerpo mortal y aunque hay muchas cosas que nos pueden maravillar de él, lo cierto es que por causa del pecado tiene muchas limitaciones humanas. No obstante, este cuerpo con el cual resucitaremos es mucho más glorioso, ya que no solo es completamente espiritual, sino libre de la contaminación del pecado, completamente santo: Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción; completamente glorificado y libre de toda deshonra: Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; completamente perfecto, libre de limitantes y con gran poder: se siembra en debilidad, resucitará en poder.

UN CUERPO COMPLETAMENTE ESPIRITUAL QUE RESTAURA LA IMAGEN DE DIOS


“Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual. Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial”.
1 Corintios 15:44-49


                Finalmente, el apóstol Pablo termina afirmándonos que este cuerpo con el cual resucitaremos será 100% espiritual y restaurara la imagen de Dios en nosotros. En primer lugar nos dice: Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual. La palabra griega de donde se traduce cuerpo en este versículo es soma (σῶμα), y precisamente se refiere al cuerpo humano donde el alma se guarda. Hay dos clases de cuerpos, el primero es el cuerpo animal, donde la palabra animal proviene del griego psujikós (ψυχικός), la cual describe a un ser con una naturaleza baja, sensual, pecaminosa. Este es el cuerpo con el cual nacemos. Pero luego, en la resurrección se nos dice que tendremos un cuerpo espiritual, donde la palabra espiritual proviene del griego pneumatikós (πνευματικός), y describe a un ser completamente espiritual. Por tanto, Pablo nos enseña a través del uso de las palabras griegas que el cuerpo con el cual resucitaremos no estará dañado por el pecado, sino será espiritual, pero que ahora por el momento tendremos que vivir con este cuerpo, pero como Cristo seremos glorificados: Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. Si nos damos cuenta aquí hay un orden, primero fue creado Adán, alma viviente, pero este fallo y por su desobediencia el pecado entro al mundo; pero luego vino el postrer Adán que es Cristo, espíritu vivificante, por medio del cual fue redimida la iglesia. El cuerpo de Adán fue creado del polvo de la tierra; mientras que el cuerpo de Cristo fue creado por el Espíritu Santo, siendo el postrer cuerpo mejor que el primero. De igual forma, el cuerpo del hombre mortal es primero, pero este muere y vuelve a la tierra porque es terrenal, pero el cuerpo con el cual resucitaremos viene después es perfecto, es celestial, completamente espiritual y busca restaurar la imagen de Dios en nosotros: Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial. Cuando Dios creó al hombre lo hizo a su imagen y semejanza: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”, (Génesis 1:27); lamentablemente esta imagen se perdió el día que el hombre pecó; pero Cristo promete salvar nuestra alma y no solo eso darnos un nuevo cuerpo donde se restaure aquella perfección que se perdió en el huerto del Edén, por ello Pablo dice que los ministros se encargan de cuidar la iglesia del Señor hasta que todos lleguen a la medida de la estatura del varón perfecto: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”, (Efesios 4:11-13). Por tanto, este cuerpo mortal e imperfecto morirá y volverá al polvo de donde proviene, pero un día resucitaremos con otro cuerpo completamente espiritual, perfecto y con la imagen de Dios.


La resurrección le da sentido a todo el cristianismo (1 Corintios 15:29-34)



“De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos? ¿Y por qué nosotros peligramos a toda hora? Os aseguro, hermanos, por la gloria que de vosotros tengo en nuestro Señor Jesucristo, que cada día muero. Si como hombre batallé en Éfeso contra fieras, ¿qué me aprovecha? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, porque mañana moriremos. No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Velad debidamente, y no pequéis; porque algunos no conocen a Dios; para vergüenza vuestra lo digo”.
1 Corintios 15:29-34

INTRODUCCIÓN

              El apóstol Pablo continua sus argumentos en cuanto a la doctrina de la resurrección de los muerto y hasta ahora no solo la ha defendido, sino a fundamentado la fe en la misma resurrección de Cristo la cual es el tema central del evangelio por medio del cual todo hombre puede ser salvo y resucitar en el día postrero. Hoy Pablo sigue colocando más argumentos a favor de esta doctrina y nos muestra que realmente la resurrección es lo que le da sentido a todo el cristianismo, y era por ello que el apóstol estaba dispuesto a sufrir e incluso morir porque sabía que era heredero de esta grande promesa. Veamos entonces lo que estos versículos tienen para nuestro crecimiento espiritual, especialmente porque el versículo 29 es uno de los más difíciles de interpretar en esta carta.

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La resurrección le da sentido a todo el cristianismo 

UN VERSÍCULO MUY CONTROVERSIAL


“De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos?”.
1 Corintios 15:29

                El versículo 29 es uno de los más controversiales en esta carta ya que actualmente sigue siendo motivo de discusión entre los eruditos bíblicos y con dificultad se le puede encontrar una buena interpretación. A que se refería Pablo cuando dijo: ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos? Por un lado unos tratan de interpretar este versículo acudiendo al contexto gramatical griego, especialmente donde dice: bautizan por los muertos, ya que en griego se lee baptidso jupér tó nekrós (βαπτίζω ὑπέρ τό νεκρός), y en este caso la preposición jupér es la que usan para encontrarle una interpretación a este versículo y se le puede dar al menos dos sentidos. Cuando se refiere a un lugar, puede querer decir sobre o por encima de, de tal forma que el versículo podría traducirse de la siguiente manera: ¿qué harán los que se bautizan –ensima de–  los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? Algunos opinan que lo que Pablo decía hacía referencia de una costumbre de los cristianos de bautizarse sobre las tumbas de otros creyentes como teniendo como testigos aquellos fieles consiervos que ya habían partido con el Señor y ahora estos se inspiraban recordando a los grandes mártires de la fe. La otra forma en cómo interpretan este versículo  está basada en la segunda forma de traducir esta proposición ya que jupér también puede traducirse como en vez de o en lugar de, especialmente cuando se usa para referirse a una persona o cosa, y si esto es así este versículo podría traducirse como: ¿qué harán los que se bautizan –en lugar de–  los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? Esta forma de interpretación es la más usada por algunos interpretes bíblicos y afirman que lo que Pablo hizo fue hacer referencia a una costumbre que algunas personas tenían de bautizase en nombre de sus parientes muertos. Si nos damos cuenta Pablo utiliza aquí la tercera persona para referirse a los que se bautizan por los muertos, de tal forma que es poco creíble que esta práctica era exclusiva de la iglesia cristiana, más bien hace referencia a aquellos paganos o herejes que se bautizaban por sus muertos creyendo que al hacerlo estos eran exonerados de sus pecados en el mas allá. En el tercer siglo, Tertuliano comentó sobre este versículo y aseguro que Pablo había condenado la práctica de bautizarse por los muertos. Cien años después, Crisóstomo describe los seguidores de Marción, un hereje que torció las Escrituras, promovían dicha práctica y Crisóstomo también la condenó. Ahora bien, la pregunta sigue siendo, con todo esto que quiere decir Pablo. Hasta el momento ha presentado la resurrección como uno de los temas más grandes del evangelio y ha expuesto lo triste que sería si Cristo no hubiese resucitado, no obstante, la resurrección de Cristo es un hecho innegable, tanto que sus enemigos se dan a la tarea de hablar en su contra, y aun había otros que se bautizaban por lo muertos con el fin de exonerar sus pecados en el más allaya que creían también en la resurrección de los muertos: ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos? Como sea, esta es solo una interpretación que algunos le dan y no todos la apoyan, y lo único que podemos decir es que también nosotros reconocemos lo difícil que es encontrarle una buena interpretación. 

LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS LE DA SENTIDO A LAS PENURIAS DE LA VIDA CRISTIANA


“¿Y por qué nosotros peligramos a toda hora? Os aseguro, hermanos, por la gloria que de vosotros tengo en nuestro Señor Jesucristo, que cada día muero. Si como hombre batallé en Éfeso contra fieras, ¿qué me aprovecha? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, porque mañana moriremos”.
1 Corintios 15:30-32

                  El saber que todos los cristianos resucitaremos en el día postrero nos da un sentido de mayor esperanza y gozo, y con esto en mente todas nuestras pruebas y tribulaciones no se comparan en nada con la gloria venidera. Por eso Pablo decía que con todo gozo ponía su vida en peligro ya que sabía que un día resucitaría de entre los muertos: “¿Y por qué nosotros peligramos a toda hora? Os aseguro, hermanos, por la gloria que de vosotros tengo en nuestro Señor Jesucristo, que cada día muero. Pablo afirmaba por el mismo orgullo que le provocaban los corintios los cuales se habían convertido gracias a su ministerio, que por la promesa de la resurrección de los muertos el arriesgaba su vida sabiendo que su sacrificio no era en vano. En este pasaje el apóstol relata una de sus tantas vicisitudes a lo largo de su ministerio y dice que estuvo a punto de ser comido por fieras salvajes: Si como hombre batallé en Éfeso contra fieras. De acuerdo al libro de Hechos, Pablo estuvo tres años en Éfeso durante su tercer viaje misionero (Hechos 19:1–20:1), y fue allí donde sufrió muchas dificultades, aunque no se nos relata que haya estado en peligro de fieras aparte de lo que aquí el mismo nos confirma. Lo cierto es que la vida del apóstol estuvo llena de dificultades tal y como se los declara a los corintios en su segunda carta: “No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea vituperado; antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias; en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos;  en pureza, en ciencia, en longanimidad, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor sincero”, (2 corintios 6:3-6). Y más adelante describe un poco mejor sus sufrimientos como ministro del Señor: “¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias”, (2 Corintios 11:23-28). Lo cierto es que todos estos padecimiento no eran nada para Pablo ya que su corazón albergaba la esperanza de que un día moriría pero su Señor lo resucitaría para estar en gloria delante de su presencia y por eso decía: ¿qué me aprovecha? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, porque mañana moriremos. Si la resurrección no fuese una promesa real todo este esfuerzo seria en vano y mejor sería disfrutar la vida antes de morir, pero lo cierto es que no es así, pues Cristo ha resucitado.

LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS LE DA SENTIDO AL CRISTIANISMO


“No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Velad debidamente, y no pequéis; porque algunos no conocen a Dios; para vergüenza vuestra lo digo”.
1 Corintios 15:33-34

                   Aquí Pablo les dice a los corintios que no comentan el error de discutir con personas que aun después de habérseles presentado la doctrina de la resurrección persisten en negarlas y que con sus argumentos quieren persuadirlos de no creer, lo mejor es separarse de ellos ya que pueden influenciarlos negativamente: No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. No es la primera vez que en Pablo da este consejo. Se lo dijo a Timoteo: “Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad”, (2 Timoteo 2:16). También le dio el mismo consejo a Tito: “Pero evita las cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y discusiones acerca de la ley; porque son vanas y sin provecho”, (Tito 3:9). Y Pedro dice que estas discusiones vanas son los que los falsos maestros usan para engañar y arrastrar al error: “Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error”, (2 Pedro 2:18). E incluso Juan le recomienda a sus hermanos a no permitir que tales personas entren a sus hogares con doctrinas erradas: “Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras”, (2 Juan 9-11). Por tanto, el apóstol dice que es mejor regocijarse con esta promesa que Dios nos ha hecho ya que esto le da sentido a nuestra vida cristiana; pero si hay alguien que persiste en el error diciendo negando esta doctrina clave lo mejor es no seguir discutiendo con ella ya que las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Finalmente, aquí Pablo exhorta a los creyentes a velar su vida cristiana, ya que el galardón es demasiado grande como para descuidarse: Velad debidamente, y no pequéis; porque algunos no conocen a Dios; para vergüenza vuestra lo digo. Aunque muchos hemos creído en esta promesa también hay otros que no lo hace, sin embargo, un día nuestra fe será recompensada cuando finalmente resucitemos de entre los muertos para estar en gloria con nuestro Señor.



viernes, 22 de diciembre de 2017

Levántate largo camino te resta (1 Reyes 19:7)



“Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta”.
1 Reyes 19:7

INTRODUCCIÓN


            Las dificultades son un factor común en la vida de los cristianos y especialmente en aquellos que le sirve en un ministerio o privilegio en la iglesia. Elías atravesó por una situación difícil cuando su vida se vio amenazada por Jezabel, fue allí cuando el profeta cayo en depresión y deseo la muerte; pero Dios le exhorto a levantarse y seguir adelante porque largo camino le esperaba y aún tenía que ungir reyes y profetas, y ser arrebatado en un carro de fuego.

Elias-angel-Jehova
El ángel de Jehova y Elias


                                I.            ¿QUIÉN ERA ELÍAS?


El ministerio de Elías tuvo lugar en Israel, en un tiempo de gran apostasía y revelación. Para esta época la nación se encontraba gobernada por Acab el cual era manipulado por su esposa Jezabel, hija de Et-baal rey de los sidonios, la cual introdujo en Israel el culto a Baal y Asera. Fue durante este periodo de frialdad espiritual que Elías oro y no llovió por tres años y medio, y al final de la sequía aparece reprendiendo a Israel por su idolatría y desafiando a los profetas de Baal y Asera: “Envía, pues, ahora y congrégame a todo Israel en el monte Carmelo, y los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, y los cuatrocientos profetas de Asera, que comen de la mesa de Jezabel… Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra”, (1 Reyes 18:19, 21). Fue así como Elías desafío a todos estos falsos profetas a que cada uno invocara a su Dios y el que respondiera con fuego ese sería Dios: “Dénsenos, pues, dos bueyes, y escojan ellos uno, y córtenlo en pedazos, y pónganlo sobre leña, pero no pongan fuego debajo; y yo prepararé el otro buey, y lo pondré sobre leña, y ningún fuego pondré debajo. Invocad luego vosotros el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré el nombre de Jehová; y el Dios que respondiere por medio de fuego, ése sea Dios. Y todo el pueblo respondió, diciendo: Bien dicho”, (1 Reyes 18:23-24). Los falsos profetas invocaron a su dios sin respuesta alguna: “Y ellos tomaron el buey que les fue dado y lo prepararon, e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: ¡Baal, respóndenos! Pero no había voz, ni quien respondiese; entre tanto, ellos andaban saltando cerca del altar que habían hecho. Y aconteció al mediodía, que Elías se burlaba de ellos, diciendo: Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme, y hay que despertarle. Y ellos clamaban a grandes voces, y se sajaban con cuchillos y con lancetas conforme a su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos. Pasó el mediodía, y ellos siguieron gritando frenéticamente hasta la hora de ofrecerse el sacrificio, pero no hubo ninguna voz, ni quien respondiese ni escuchase”, (1 Reyes 18:26-29). Sin embargo, Dios respondió por fuego y el pueblo creyó nuevamente en El: “Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja. Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!”, (1 Reyes 18:38-39). Luego de ver el pueblo el respaldo de Dios hacia Elías se volvió a Él y Elías mando prender a todos los falsos profetas para degollarlos: “Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios! Entonces Elías les dijo: Prended a los profetas de Baal, para que no escape ninguno. Y ellos los prendieron; y los llevó Elías al arroyo de Cisón, y allí los degolló”, (1 Reyes 18:39-40).

                             II.            LA DEPRESIÓN DE ELÍAS.


Sin embargo, después de esta gran victoria y que haber orado para que volviese a llover sobre Israel, Jezabel amenazo la vida del profeta provocando que este saliera huyendo a lugares desiertos y cayese en terrible depresión: “Acab dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías había hecho, y de cómo había matado a espada a todos los profetas. Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos. Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado. Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido”, (1 Reyes 19:1-5). Cuantos de nosotros podemos identificarnos con el profeta Elías, que después de grandes luchas y victorias en el evangelio, viene una situación difícil que nos agota y deprime a tal punto que deseamos salir huyendo de todo deseando aun la muerte. Sin embargo, aun en estos momentos el Señor no nos abandona sino nos da fuerza para seguir adelante, tal y como lo hizo con Elías al enviarle un ángel que le alimentara: “… y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come. Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse”, (1 Reyes 19:5).  Lo importante en estas situaciones de dificultades es no retroceder, sino fortalecernos en el Señor y seguir adelante.

                          III.            LA EXHORTACIÓN DE DIOS A SEGUIR ADELANTE.


“Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta”.

Podemos ver como el ángel volvió a Elías quien dormía, para que comiera y bebiera, exhortándolo a levantarse y seguir adelante, porque largo camino le quedaba por delante. Como creyentes no podemos ignorar los momentos de dificultad que enfrentaremos ya que en ocasiones serán situaciones en extremo difíciles que no lograremos comprender, pero ante esto debemos seguir los siguientes pasos:

1.       Fortalecernos en el Señor.


Cuando las fuerzas le faltaron a Elías, Dios envió su ángel que lo fortaleció dándole de comer y beber. Es clave que en nuestros momentos de debilidad busquemos la ayuda del Señor para no desmayar. Uno puede ver algunos ejemplos de personas que se aferraron a Dios para salir adelante en medio de sus dificultades. Por ejemplo, cuando David huía de Saul, se vio atribulado aún más de lo normal cuando se vio rodeado de sus hombres que hablaban de apedrearlo ya que todas sus mujeres, niños y bienes habían sido robados: “Cuando David y sus hombres vinieron a Siclag al tercer día, los de Amalec habían invadido el Neguev y a Siclag, y habían asolado a Siclag y le habían prendido fuego. Y se habían llevado cautivas a las mujeres y a todos los que estaban allí, desde el menor hasta el mayor; pero a nadie habían dado muerte, sino se los habían llevado al seguir su camino. Vino, pues, David con los suyos a la ciudad, y he aquí que estaba quemada, y sus mujeres y sus hijos e hijas habían sido llevados cautivos. Entonces David y la gente que con él estaba alzaron su voz y lloraron, hasta que les faltaron las fuerzas para llorar. Las dos mujeres de David, Ahinoam jezreelita y Abigail la que fue mujer de Nabal el de Carmel, también eran cautivas. Y David se angustió mucho, porque el pueblo hablaba de apedrearlo, pues todo el pueblo estaba en amargura de alma, cada uno por sus hijos y por sus hijas; mas David se fortaleció en Jehová su Dios”, (1 Samuel 30:1-6). También nuestro Señor Jesucristo cuando se vio afligido hasta la muerte porque iba rumbo al Calvario se fortaleció en su Padre: “Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle”, (Lucas 22:41-43). Y el mismo apóstol Pablo declaro muchas veces que cuando las fuerzas le faltaban no le quedaba más que confiar en Dios: “Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida. Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos; el cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará, de tan gran muerte”, (2 Corintios 1:8-10). Por tanto, cuando sintamos desmayar debemos buscar fortalecer nuestra vida con la presencia de Dios.

2.       Continuar adelante, no renunciar.


Después que comió, el ángel exhorto a Elías a levantarse y seguir adelante porque largo camino le esperaba. Ante las dificultades, Elías creyó que ya todo estaba terminado y que lo mejor era dejarse morir, sin embargo, Dios le dijo que no era así, sino que había muchas más cosas que él tenía que hacer en su nombre: “Y le dio Jehová: Ve, vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco; y llegarás, y ungirás a Hazael por rey de Siria.  A Jehú hijo de Nimsi ungirás por rey sobre Israel; y a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, ungirás para que sea profeta en tu lugar. Y el que escapare de la espada de Hazael, Jehú lo matará; y el que escapare de la espada de Jehú, Eliseo lo matará. Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron”, (1 Reyes 19:15-18). Aún tenía que ungir reyes y profetas, profetizar a reyes y ser levantado por un carro de fuego, antes de morir.

CONCLUSIÓN.


De igual forma, Dios nos exhorta a levantarnos en medio de nuestras dificultades y seguir adelante. Es importante comprender que aun en medio de las peores dificultades, nuestra vida no está perdida ya que Dios tiene control de ella. El deseo de Dios es usarnos para su gloria y honra, y por ello Satanás levantara oposición, sin embargo, ante las peores dificultades no debemos retroceder, sino buscar llenarnos de Dios y seguir adelante porque aún hay mucho que hacer para gloria y honra de su nombre.







martes, 19 de diciembre de 2017

El misterio del sufrimiento humano (Hechos 14:21-22)


“Y después de anunciar el evangelio a aquella ciudad y de hacer muchos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios”.
Hechos 14:21-22

INTRODUCCIÓN


            El sufrimiento para muchos es un misterio ya que difícilmente se encuentra una respuesta satisfactoria que nos haga sentir mejor. Lo cierto es que todos los seres humanos estamos expuestos a sufrir, sean o no cristianos, y de allí la importancia de por qué debemos conocer todo lo que la Biblia dice respecto a él.

sufrimiento
El misterio del sufrimiento


                                I.            EL SUFRIMIENTO HUMANO A VECES NO TIENE SENTIDO NI EXPLICACIÓN RACIONAL.


Cuando revisamos diferentes casos de sufrimiento nos damos cuenta de que muchos de ellos no tienen una explicación racional del por qué Dios permite que tales cosas. Por ejemplo, encontrar la respuesta a situaciones tales como por qué un bebe se quedó huérfano después que sus padres murieron en un accidente, o el ser inculpado injustamente de un cargo criminal, o el nacer con una enfermedad incurable que limita nuestro potencial, o quedar en sillas de ruedas por haber sufrido un accidente, o el fracaso de un sueño que frustra toda nuestra vida, o quedar en banca rota después de una mala jugada de la vida, y en general, cualquier calamidad que ocurra en nuestra vida hace que surjan las siguientes preguntas: ¿Por qué Dios permite el sufrimiento? ¿A caso es su voluntad de el hombre sufra? ¿Es por esto Dios injusto al permitir el sufrimiento en la vida de los seres humanos?  Si uno estudia la Biblia se dará cuenta que el hombre tendrá que experimentar el sufrimiento en su corta existencia: “El hombre nacido de mujer, corto de días, y hastiado de sinsabores, sale como una flor y es cortado, y huye como la sombra y no permanece”, (Job 14:1-2). Y esto no excluye a los justos, ya que Pablo y Bernabé exhortaban a los creyentes a perseverar en la fe aun en medio de las dificultades: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios. Cuando uno escucha estas palabras podría preocuparse al saber que ni siquiera los cristianos estamos exentos de sufrir en este mundo, pero ¿cuál es la verdadera razón por la que hay tanto sufrimiento en este mundo? Veamos lo que la Biblia nos enseña al respecto.

                             II.            LA RAÍZ DEL SUFRIMIENTO HUMANO: EL PECADO.


En primer lugar, uno ve que la causa principal del sufrimiento del ser humano es el pecado el cual tiene sus orígenes desde el mismo huerto del Edén. Cuando Dios creo al ser humano a su imagen y semejanza no conocía el sufrimiento porque era parte de la perfección que se le había atribuido, y llevaba una vida cómoda y llena de bendiciones: “Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado. Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal... Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”, (Génesis 2:8-9, 15-17). Si nos damos cuenta la vida del hombre era placentera pero lamentablemente con la entrada del pecado todo cambio, ya que el hombre perdió su perfección original y con ello la enfermedad y muerte entro: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”, (Romanos 5:12). El pecado es la causa de tanto sufrimiento, ya que la maldad del hombre provoca tantas injusticias, muertes, sufrimientos, epidemias, deterioro del medio ambiente, abortos, y miles de calamidades más ya que su corazón es duro, egoísta y amante de la maldad. Por este Dios le advirtió a Adán que no comise del fruto prohibido, porque el día que lo hiciera ciertamente morería, pero lamentablemente no obedeció.

                          III.            DOS FORMAS DE ENFRENTAR EL SUFRIMIENTO.


Por todo lo que hemos visto hasta el momento el sufrimiento es una realidad que no podemos evitar ya que es una de tantas consecuencias negativas que el pecado a traído a nuestras vidas, sin embargo, hay dos formas de enfrentar el sufrimiento en la vida.

1.       El sufrimiento que solo lleva a la ruina total.


Para los que no tiene a Cristo el sufrimiento de este mundo solo los lleva a un estado de desesperanza y ruina total ya que tendrán que enfrentar las dificultades del mundo con sus propias fuerzas de tal forma que su vida brota como la hierba, pero está destinada a la destrucción: “Cuando brotan los impíos como la hierba, y florecen todos los que hacen iniquidad, es para ser destruidos eternamente”, (Salmo 92:7). La misma maldad del hombre lo conducirá a un camino de sufrimiento y por causa de su pecado enfrentará el castigo eterno a menos que este se arrepienta de sus pecados: “Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano. Pero si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad, pero tú habrás librado tu alma. Si el justo se apartare de su justicia e hiciere maldad, y pusiere yo tropiezo delante de él, él morirá, porque tú no le amonestaste; en su pecado morirá, y sus justicias que había hecho no vendrán en memoria; pero su sangre demandaré de tu mano. Pero si al justo amonestares para que no peque, y no pecare, de cierto vivirá, porque fue amonestado; y tú habrás librado tu alma”, (Ezequiel 3:8-21). Lo cierto es que la vida de pecado nos conducirá a una vida de sin sabores que terminará en la condenación eterna, y nadie puede cambiar esta realidad a menos que se convierta a Cristo.

2.       El sufrimiento que produce mayor resplandor de gloria.


Como ya lo dijimos, el hecho de ser cristianos no nos excluye del sufrimiento, pero nos ayuda a enfrentarlo con la promesa que seremos victoriosos. Aun estando en Cristo podemos cometer errores que nos conduzcan a situaciones difíciles que nos hagan sufrir, también podemos ser victimas del ambiente hostil y de la maldad que nos rodea, y nuestro testimonio por Cristo puede ser una causa de sufrimiento debido a las persecuciones que podamos enfrentar. Sin embargo, en este mundo de dificultades, aunque suframos tenemos grandes promesas que alivian nuestra alma angustiada; mientras que los impíos, aunque parezca que son felices, serán alcanzados por sus pecados. En cierta ocasión Jesús hablo a todos aquellos cuyas almas estaban afligidas y les consoló con estas palabras:
“Y alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten de sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre. Gozaos en aquel día, y alegraos, porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres con los profetas. Mas ¡ay de vosotros, ricos! porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis. ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! porque así hacían sus padres con los falsos profetas”.
Lucas 6:20-26

            A parte de esto Pablo también nos alienta diciéndonos que en Cristo todas las cosas nos ayudan a bien: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.  Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?”, (Romanos 8:28-31).

CONCLUSIÓN.


            Por tanto, por causa del pecado el sufrimiento ha entrado en esta vida y todos los seres humanos estamos expuestos a atravesar por estas situaciones, sin embargo, en esta vida hay dos formas de enfrentarlo, la primera es sin Cristo, y es un sufrimiento que conduce a un mundo sin esperanza y en la eternidad la condenación. La segunda forma es con Cristo, con la promesa de que Dios nos ayudará y nos dará la victoria sobre toda situación y en el futuro la vida eterna.