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sábado, 23 de abril de 2016

La violencia en el Reino de Dios (Mateo 11:12-15 )

“Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan. Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan. Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir. El que tiene oídos para oír, oiga”.
Mateo 11:12-15 

Introducción


           Llegamos a la tercera sección de este discurso donde el apóstol Mateo nos habla acera de Juan el Bautista. Contrario a Lucas, el evangelista Mateo ubica este relato en esta parte del discurso de Jesús donde acaba de elogiar al Bautista y para finalizar lo presenta como aquel que inicio una nueva era en los planes de Dios para esta humanidad y la violencia que sufre el reino de Dios desde entonces. Después de este relato Mateo continúa con la misma secuencia del discurso que Lucas presenta. En esta sección, y especialmente en el versículo 12, la interpretación se vuelve bastante difícil para la mayoría de los comentaristas bíblicos, pero podemos considerar lo más relevante en este pasaje.

violencia-Reino
El reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.

La violencia en el reino de los cielos


“Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan”.
Mateo 11:12

            Como ya lo mencionamos en la introducción este versículo es muy difícil de interpretar, aun para los comentaristas más versados de la Biblia. El versículo 12 establece un punto de partida para una nueva era en la dispensación humana en la cual Juan el Bautista da el punto de partida: Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora. La complicación en cuanto a la interpretación de este versículo radica en traducir el verdadero sentido de las palabras violencia y violentos. En la religión judía había una especie de secta que creía que Dios traería la paz a Israel a través de las armas y la violencia, así surgieron ciertos grupos como los zelotes que no era más que un grupo de guerrillas que creían que un día vendría el Mesías como una especie de David guerrero que los guiaría a la victoria. La palabra violencia proviene del griego biádso(βιάζω), mientras que la palabra violentos viene del griego biastés (βιαστής). Este verbo griego en su forma pasiva significa violento, y en este sentido podría significar que el avance del reino de Dios en esta tierra sufre violenta oposición de parte de sus enemigos y solo aquellos que se aferran violentamente al mismo lo arrebatan. Otra opción de traducción de esta palabra es considerarlo en su sentido activo, y si es así puede traducirse también como esforzarse. Si fuese así podríamos traducir el pasaje de la siguiente manera: el avance del reino de los cielos se abre paso con gran esfuerzo y solo los esforzados lo arrebatan.  Al leer otras versiones de la Biblia podemos tener una mejor interpretación de este versículo. Por ejemplo, la Nueva Versión Internacional (NVI) lo traduce de esta manera: “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos ha venido avanzando contra viento y marea, y los que se esfuerzan logran aferrarse a él”, mientras que la Biblia Lenguaje Sencillo (BLS) lo traduce: “Desde que Juan el Bautista comenzó a predicar hasta ahora, el reino de Dios avanza a pesar de sus enemigos. Sólo la gente valiente y decidida logra formar parte de él”.

                Por tanto, desde que Juan el Bautista comenzó a predicar, el avance del reino de los cielos ha sufrido gran oposición violenta de parte de sus enemigos, y definitivamente solo los valientes y esforzados pueden formar parte de él y heredar sus gloriosas promesas. Esto ha sido así incluso desde antes de la aparición del Bautista. Por ejemplo José sufrió desde su adolescencia hasta los 30 años antes de que cumplieran los sueños que Dios le había otorgado, Rut la moabita sufrió la extrema pobreza junto con su suegra Noemí y el desafío de vivir como extranjera en un país que tenía enemistad ancestral contra el suyo antes de ser redimida por Booz. David sufrió el desprecio de Saúl y sus persecuciones huyendo de cueva en cueva en los desiertos de Israel hasta que se escondió en territorio filisteo antes de convertirse en el rey de Israel. Mardoqueo mantuvo sus convicciones y fidelidad a Dios aun en medio de la perversa persecución que Amán había desatado debido a su odio racial, logrando así la victoria aun cuando todo parecía desfavorable. De igual forma en nuestros tiempos Satanás se opondrá con toda la violencia que se le permita aplicar a nuestro progreso en el reino de Dios, pero solo los esforzados y valientes serán aquellos que alcancen la victoria.

Una nueva era se ha iniciado


“Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan. Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir. El que tiene oídos para oír, oiga”.
Mateo 11:14

                Con la aparición de Juan el Bautista se anuncia el comienzo de una nueva era. Jesús es claro al decir que una era ha terminado y esto lo aclara al decir: Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan. Esto se refiere a todo el contenido bíblico del Antiguo Testamento referente al plan redentor de Dios a través del Mesías. Desde el libro de Génesis se promete la venida de este redentor: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”, (Génesis 3:15). A Israel también se le prometió un profeta como Moisés: “Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis”, (Deuteronomio 18:15). De igual forma a Abraham se le prometió que en su simiente serian benditas todas las naciones, y esta simiente es Cristo: “Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras; y todas las naciones de la tierra serán benditas en tu simiente”, (Génesis 26:4). Y a David se le prometió que a su descendencia se le daría un trono eterno: “Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente”, (2 Samuel 7:16). Profetas como Isaías hablo acerca de un Mesías sobre el cual reposaría el Espíritu de Dios (Isaías 61:1) y Jeremías anuncio que este traería un nuevo pacto (Jeremías 31:31). Finalmente, fue Malaquías el último que anuncio la venida de este glorioso Mesías a quien llama el ángel del pacto, no sin antes enviar a su mensajero que le prepararía su camino: “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos”, (Malaquías 3:1), y después de él pasaron 400 años de silencio donde no se volvió a levantar otro profeta que hablara en nombre de Dios, hasta Juan el Bautista. Por ello, el antiguo pacto termina con Juan el Bautista, y el nuevo pacto inicia con la aparición de Jesús como el cumplimiento del Mesías anunciado por la ley y los profetas.

                Ahora bien, para que quede más claro Jesús les dice con sus propias palabras que aquel mensajero de Malaquías 3:1 que prepararía el camino del Mesías es Juan el Bautista, sobre quien reposaría el mismo espíritu de Elías: Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir, la cual es el cumplimiento de otra profecía de Malaquías: “He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición”, (Malaquías 4:5-6), lo cual encaja perfectamente en la misión del Bautista. Así el apóstol Mateo nos refiere a un buen grupo de profecías mesiánicas que apuntan una vez más a la persona de Jesucristo, de tal forma que cualquiera que acepte a Juan el Bautista como aquel Elías que tendría que venir, tendrá que aceptar a Jesús como el Mesías prometido. Por tal motivo el discurso termina con las palabras: El que tiene oídos para oír, oiga, ya que tal conclusión los llevara a aceptar  a Jesús como el Rey Mesías.



El Testimonio de Jesús acerca del Bautista (Mateo 11:7-11)


“Mientras ellos se iban, comenzó Jesús a decir de Juan a la gente: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los que llevan vestiduras delicadas, en las casas de los reyes están.  Pero ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Porque éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti. De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él”.
Mateo 11:7-11

Introducción


                   Continuamos en el capítulo 11 y en esta sección la temática sigue girando en función de la persona de Juan el Bautista. Este episodio es contado también por el evangelista Lucas (Lucas 7:18-35) en la misma secuencia a excepción de los versículos 13-15 que son exclusivos de Mateo. Realmente la temática de Juan el Bautista que inicia en el versículo 1 del capítulo 11 termina en el versículo 15, y en esta oportunidad estudiaremos la segunda parte de esta historia. En esta oportunidad es el mismo Jesús que da el testimonio acerca del Bautista. En las Escrituras vemos a este hombre que gozo de gran respecto ante el pueblo judío y que mostró gran humildad. Cuando le preguntaron acerca de él mismo, nunca se atrevió a engrandecerse en ninguna manera ya que su objetivo era que la gente fijara su atención no en su persona, sino en aquel que venía detrás de él, el Mesías, Jesús: “Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas para que le preguntasen: ¿Tú, quién eres? Confesó, y no negó, sino confesó: Yo no soy el Cristo. Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió: No. Le dijeron: ¿Pues quién eres? para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo? Dijo: Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías”, (Juan 1:19-23). Como vemos sus respuestas fueron acertadas, no buscando su propia gloria, sino la de aquel de quien era precursor. El testimonio de Jesús acerca del Bautista está dividida en tres preguntas, de las cuales las primeras dos implican una respuesta lógica de un no, mientras que la tercera recibe una respuesta del mismo Cristo.

Juan-Bautista
El Testimonio de Jesús acerca del Bautista 

El poder y convicción del Bautista


“Mientras ellos se iban, comenzó Jesús a decir de Juan a la gente: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los que llevan vestiduras delicadas, en las casas de los reyes están”.
Mateo 11:7-8

                   Las primeras dos preguntas de Jesús nos revelan el carácter y convicción del Bautista. Aunque Juan el Bautista era muy respetado entre los israelitas, posiblemente después de escuchar el mensaje que traían sus dos discípulos en cuanto a la duda que tenían en su corazón pudo haber provocado la crítica de la gente, pensado que Juan el Bautista no era verdaderamente el hombre de carácter y convicción que esperaban, y por ello el Señor quiso contradecirlas dando su propio testimonio acerca de este hombre de Dios. Lo primero que pregunta es: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? La respuesta es no. La figura de la caña era un símbolo usado en el Antiguo Testamento para simbolizar la debilidad e inestabilidad a tal punto que cualquier viento la sacudía: “Jehová sacudirá a Israel al modo que la caña se agita en las aguas; y él arrancará a Israel de esta buena tierra que había dado a sus padres, y los esparcirá más allá del Éufrates, por cuanto han hecho sus imágenes de Asera, enojando a Jehová”, (1 Reyes 14:15).  También era un símbolo de fragilidad en la cual nadie podía confiar: “He aquí que confías en este báculo de caña frágil, en Egipto, en el cual si alguien se apoyare, se le entrará por la mano, y la atravesará. Tal es Faraón rey de Egipto para con todos los que en él confían”, (Isaías 36:6). No obstante, Juan el Bautista no era nada de eso. Había sido fuerte y lleno del poder de Dios, aun desde el vientre de su madre: “porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre”, (Lucas 1:15). Su mensaje era poderoso y por ello la gente de Judea salía de la comodidad de sus ciudades para ir al desierto y escuchar al predicador: “En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea… Y salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán, y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados”, (Mateo 3:1, 5-6). Por tanto, Juan el Bautista era un hombre lleno del poder del Espíritu Santo y no una caña sacudida por el viento.

                La segunda respuesta alude a la firme convicción que el Bautista tenia. Jesús dijo: ¿O qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los que llevan vestiduras delicadas, en las casas de los reyes están. La respuesta es no. Juan no vestía con delicadas vestiduras como lo hacían los fariseos de su tiempo. Las Escrituras testifican lo sencilla que era la vida de Juan en el desierto muy contraria a la vida opulenta que llevaban los maestros rabinos de su tiempo: “Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y su comida era langostas y miel silvestre”, (Mateo 3:4). Obviamente muchos de los fariseos y saduceos de su tiempo amaban estar alrededor de reyes y príncipes y consentían todos sus pecados; pero Juan el Bautista fue diferente. Su vida estaba llena de convicciones a tal punto que nunca se acomodó a la hipocresía de su tiempo ya que les declaraba su pecado a los líderes religiosos: “Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?”, (Mateo 3:7). También reprendió a Herodes Antipas su pecado de adulterio: “Porque Herodes había prendido a Juan, y le había encadenado y metido en la cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; porque Juan le decía: No te es lícito tenerla”, (Mateo 14:3-4). El Bautista siempre fue fiel a sus convicciones a tal punto que sin importar de quien se tratare, siempre estuvo dispuesto a anunciar el mensaje del arrepentimiento.

El mayor nacido de mujer


“Pero ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Porque éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti. De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él”.
Mateo 11:7-11

                  La tercera pregunta recibe una respuesta de parte de nuestro Señor Jesucristo: “Pero ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Juan el Bautista definitivamente era un profeta de Dios al anunciar el mensaje de Dios al pueblo de Israel tal y como lo hicieron los profetas antes que él. Como él los profetas tuvieron que enfrentarse con la hipocresía religiosa de su tiempo e incluso con reyes corruptos, y muchos de ellos terminaron en la cárcel o muertos. Ahora bien, Jesús añade que no solo era un profeta, sino más que eso, era el precursor del Mesías, el Elías anunciado por la profecías, el cumplimiento de Malaquías 4:5: “He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible”.  Juan el Bautista fue aquel hombre que las profecías anunciaron que prepararía el camino del Mesías: “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos”, (Malaquías 3:1). Jesús termina con una declaración contundente acerca de este hombre: De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista. Aunque fue un hombre que nunca se preocupó por exaltarse a sí mismo, Cristo termino haciéndolo, y eso es algo que deberíamos aprender. Lejos de buscar la fama y el reconocimiento a expensas de Cristo, debemos preocuparnos más porque su nombre se exaltando, cuando así sea, Dios se encargara de exaltarnos en medio de los hombres.

                Ahora bien, si bien es cierto que Juan el Bautista es el más grande de los nacidos de mujer, sin embargo, también es cierto que no tuvo el privilegio de experimentar y conocer el mensaje de gracia que Jesús vino a proclamar y del cual hoy la iglesia goza y por ello Jesús exclama: pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él. Ningún reconocimiento de grandeza se compara en esta tierra al enorme privilegio que tendrán aquellos que por medio del mensaje del evangelio lleguen al reino de los cielos y sean hechos coherederos junto con Cristo: “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”, (Romanos 8:17). Con toda y su grandeza y su grandeza, Juan el Bautista no tuvo la oportunidad de formar parte de la iglesia, de gozar de las innumerables promesas del evangelio y el sacrificio salvífico de Cristo, por ello el más pequeño de los cristiano será mayor que Juan en el reino de los cielos, pero aquí y para Dios él es el mayor de los nacidos de mujer.

Obras que testifican que Jesús es el Mesías (Mateo 11:1-6)

“Cuando Jesús terminó de dar instrucciones a sus doce discípulos, se fue de allí a enseñar y a predicar en las ciudades de ellos. Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos, para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro? Respondiendo Jesús, les dijo: Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí”.
Mateo 11:1-6

Introducción


                 Iniciamos hoy un nuevo capítulo en este relato de la vida de nuestro Señor Jesucristo según el apóstol Mateo. No olvidemos que el objetivo principal de Mateo es demostrar que Jesús es el Mesías anunciado por los profetas y salmos. Después de la elección de los doce apóstoles y las lecciones referentes a la misión que les esperaba, Mateo abre un nuevo episodio en la vida de Jesús. Los primeros 19 versículos del capítulos 11 están relacionados con Juan el bautista en cuanto a su duda referente a si Jesús es el Mesías y el concepto de Jesús referente a su persona. Veremos ahora lo referente a la duda del bautista y la increíble forma de cómo nuestro Señor respondió a todas sus dudas.

OBRAS-TESTIFICAN-JESÚS
Obras que testifican que Jesús es el Mesías

La duda de Juan el Bautista


“Cuando Jesús terminó de dar instrucciones a sus doce discípulos, se fue de allí a enseñar y a predicar en las ciudades de ellos. Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos, para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?”.
Mateo 11:1-3

                   Mateo es claro al enlazar este pasaje con los acontecimientos del capítulo anterior al decir: Cuando Jesús terminó de dar instrucciones a sus doce discípulos. Después de elegir a sus doce y darles instrucciones en cuanto a la misión que les esperaba continuo su obra misionera enseñando y predicando el mensaje del evangelio: se fue de allí a enseñar y a predicar en las ciudades de ellos. Sin embargo, en medio de todo esto el relato bíblico vuelve a presentar a Juan el Bautista en escena. Para este momento Juan el bautista se encontraba preso por causa de Herodes Antipas el cual en una visita a Roma sedujo a la mujer de su hermano Felipe y al regresar a Galilea despidió a su mujer y se casó con ella, y por esta causa Juan el Bautista lo reprendía por su acto infame de adulterio e incesto y por tal motivo el tetrarca lo metió a la cárcel: “Porque Herodes había prendido a Juan, y le había encadenado y metido en la cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano”, (Mateo 14:3). Muchos comentaristas afirma que el ministerio de Juan el Bautista duro solamente 18 meses antes que fuese echado en la cárcel la cual de acuerdo al historiador judío Josefo se encontraba ubicada en la tenebrosa fortaleza de Macaero, moderna Khirbet Mukâwer, ubicada unos ocho kilómetros al este del Mar Muerto y unos 24 kilómetros al sur de su extremo norte. Vemos en estos versículos una cara diferente que estamos acostumbrados a ver en este prodigioso y vigoroso hombre. Siempre lo vemos predicando incansablemente, siendo tajante en cuanto a aquellos que pensaban que escaparían a la condenación eterna y con una voluntad de acero; pero hoy está lleno de dudas en cuanto a Aquel que él había presentado como el verdadero Mesías de Israel. Difícilmente podríamos nosotros criticar a este hombre por sus dudas y falta de fe, basta considerar las circunstancias en las cuales se encontraba para comprender su situación. Se encontraba encerrado en una pequeña mazmorra, sin luz, completamente oscura, y fría, después de haber gozado de plena libertad y haber sido un hombre que habitaba en grandes espacios en el desierto y disfrutar de las noches estrelladas; pero ahora está confinado y esto ha de ver sido algo muy impactante para él. En medio de estas circunstancias aún gozaba del privilegio de las visitas, y a lo mejor sus discípulos le contaban todo lo referente a las obras de Jesús. Al escuchar las historias de Jesús a lo mejor vio un panorama diferente de aquel a quien él  predicaba, ya que generalmente anunciaba al Mesías que venía a esta tierra a bautizar con Espíritu Santo y fuego: “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego”, (Mateo 3:11). Aquellos que se arrepintieran de sus pecados serian bautizados con el Espíritu Santo, mientras que aquellos que se mantuvieran en sus pecados serian bautizados con el fuego del castigo eterno: “Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego”, (Mateo 3:10). Aunque es cierto que el mensaje de Juan el Bautista era inspirado por Dios, también es cierto que no logro ver el cuadro completo del ministerio del Mesías ya que se enfocó más en la segunda venida que en la primera. Al escuchar las obras de misericordia de Jesús, tolerancia a los pecadores y su mensaje de amor que se extendía aun a los enemigos, la duda debió saltar en la cabeza del bautista y por ello mando a sus discípulos con la pregunta: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro? Por un momento su corazón desfalleció, como le paso a Elías cuando Jezabel lo amenazó de muerte, ya que el mismo espíritu habitaba sobre él (Malaquías 4:5), la historia se repitió. Esto nos hace ver que aún lo hombres de gran determinación pueden desfallecer en momentos de fuertes dificultades, pero siempre Dios estará allí para sostener a sus siervos. Podemos ver también en medio de este relato la correcta actitud que el bautista tomo ante las dudas que lo asaltaron. Ante los momentos de dura dificultad pudo haber especulado con sus discípulos sus dudas acerca de que si había estado en lo correcto al asegurar que Jesús era el Cristo, pero no lo hizo así, sino fue sincero al presentar su inseguridad al mismo Jesús preguntándole si realmente Él era aquel que habría de venir o mejor esperaban a otro.

La respuesta de Jesús a la duda del Bautista


“Respondiendo Jesús, les dijo: Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí”.
Mateo 11:4-6

                   La respuesta de Jesús fue original y fuera de lo que se esperaba. Para la mayoría de las personas bastaba con un sí o un no para dar una respuesta satisfactoria, pero lo que nuestro Señor hizo fue responderle con sus obras. Mateo toma ventaja de este evento para demostrar a sus lectores una vez más que Jesús es el Mesías esperado. Las Escrituras testificaban acerca de su obra en esta tierra: “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados”, (Isaías 61:1-2). Lo más seguro es que Juan el bautista se enfocaba más en la parte del juicio que el Mesías traería sobre los pecadores ya que como ya vimos anteriormente su mensaje se enfocaba en el Mesías de la segunda venida, sin embargo, su primera venida estaría enfocada más en un ministerio de amor y sacrificio redentor. El Señor Jesús quería que Juan el bautista comprendiera esta parte de su misión mesiánica y por esto en lugar de decirle que “sí”, les mostro a través de sus obras que Él era de quien las Escrituras testificaban. Lucas agrega un elemento importante al relatar el mismo hecho: “Cuando, pues, los hombres vinieron a él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado a ti, para preguntarte: ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro? En esa misma hora sanó a muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos, y a muchos ciegos les dio la vista. Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio”, (Lucas 7:20-22). Si nos damos cuenta, cuando los mensajeros de Juan le preguntaron: ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?, Jesús no les contesto de inmediato, sino que en ese mismo momento realizo en presencia de ellos una serie de obras: En esa misma hora sanó a muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos, y a muchos ciegos les dio la vista, para que luego basado en sus obras les dijo que le dijeran a Juan: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio. Jesús le dijo al bautista que su ministerio estaba basado en la sanidad de las personas, la liberación de demonios y hasta los muertos eran resucitados, pero sobre todo, el evangelio era predicado a los pobres, los más necesitados de la nación. Esta obra correspondía precisamente a la obras que el Mesías realizaría en su primer venida de acuerdo al profeta Isaías: me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová.

                Aquel día los mensajeros regresaron a Juan el Bautista y lo más seguro es que no quedo lugar a duda que Jesús era aquel a quien debían esperar. Así hoy, no hay nadie que pueda igualar a las obras de Jesús, ningún líder religioso, político o militar puede igualar su gran obra redentora en este mundo. Sin embargo, no debemos olvidar que la obra mesiánica de Jesús se realizó a la mitad, ya que en su segunda venida vendrá a juzgar a los pecadores y dará su paga a todos aquellos que hoy le rechaza, estableciendo por mil años su reino en esta tierra donde todos aquellos que sufrieron por causa de la justicia serán consolados: y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados. Por tanto, todos debemos busca los beneficios salvíficos que Jesús ofrece antes que venga el día del juicio.


Un Dios que merece nuestro agradecimiento (1 Samuel 2:1-9)



“Y Ana oró y dijo: Mi corazón se regocija en Jehová, mi poder se exalta en Jehová; mi boca se ensanchó sobre mis enemigos, por cuanto me alegré en tu salvación. No hay santo como Jehová; porque no hay ninguno fuera de ti, y no hay refugio como el Dios nuestro. No multipliquéis palabras de grandeza y altanería; cesen las palabras arrogantes de vuestra boca; porque el Dios de todo saber es Jehová, y  a él toca el pesar las acciones. Los arcos de los fuertes fueron quebrados, y los débiles se ciñeron de poder. Los saciados se alquilaron por pan, y los hambrientos dejaron de tener hambre; hasta la estéril ha dado a luz siete, y la que tenía muchos hijos languidece. Jehová mata, y él da vida; él hace descender al Seol, y hace subir.  Jehová empobrece, y él enriquece; abate, y enaltece. El levanta del polvo al pobre, y del muladar exalta al menesteroso, para hacerle sentarse con príncipes y heredar un sitio de honor. Porque de Jehová son las columnas de la tierra, y él afirmó sobre ellas el mundo. El guarda los pies de sus santos, más los impíos perecen en tinieblas; porque nadie será fuerte por su propia fuerza”.
1 Samuel 2:1-9

INTRODUCCIÓN


            Muchas veces hemos oído palabras de agradecimiento dirigidas a otras personas o incluso a nosotros mismos, por algo que se hizo por alguna persona que impacto grandemente su vida. Esto lo vemos en un hijo que agradece a sus padres su cuidado, o por el apoyo que alguien recibió para finalizar sus estudios, o por la ayuda que alguien le brindo para que comenzara a trabajar en alguna empresa, etc. En general, existen muchas razones por las cuales agradecer a alguien, pero si hay alguien a quien le podemos agradecer nuestra salud, nuestros trabajos, nuestros éxitos en proyectos personales, por nuestra familia y por todo lo que tenemos, ese es a Dios. En estos versículos vemos a Ana haciendo una oración que expresa el agradecimiento que ella tenía a Dios, así como las razones por las cuales le agradecía.

agradecimiento-a-Dios
Un Dios que merece nuestro agradecimiento

                               I.            DIOS MERECE NUESTRO AGRADECIMIENTO PORQUE NOS OFRECE UNA GRANDE SALVACIÓN.


“Y Ana oró y dijo: Mi corazón se regocija en Jehová, mi poder se exalta en Jehová; mi boca se ensanchó sobre mis enemigos, por cuanto me alegré en tu salvación. No hay santo como Jehová; porque no hay ninguno fuera de ti, y no hay refugio como el Dios nuestro. No multipliquéis palabras de grandeza y altanería; cesen las palabras arrogantes de vuestra boca; porque el Dios de todo saber es Jehová, y  a él toca el pesar las acciones”.

En su oración Ana expresa un profundo agradecimiento por la gran salvación que Dios ofrece a su pueblo lo cual nos hace reflexionar acerca de la gran bendición que tenemos en tener a un Dios protector como Él: Por cuanto me alegré en tu salvación… porque no hay ninguno fuera de ti, y no hay refugio como el Dios nuestro. Ninguna nación en la tierra puede alegrarse tanto como nosotros por el hecho de tener un Dios que vele y guarde a su pueblo y que le provea una grande salvación. Ni los dioses paganos de la antigüedad, ni en el Islam o el hinduismo encontraremos a un dios tan lleno de misericordia y que restaure la vida de su puede como nuestro Dios.

                            II.            DIOS MERECE NUESTRO AGRADECIMIENTO PORQUE TIENE EL PODER DE CAMBIAR CUALQUIER SITUACIÓN A NUESTRO FAVOR AUN CUANDO ESTAS SEAN IMPOSIBLES.


“Los arcos de los fuertes fueron quebrados, y los débiles se ciñeron de poder. Los saciados se alquilaron por pan, y los hambrientos dejaron de tener hambre; hasta la estéril ha dado a luz siete, y la que tenía muchos hijos languidece. Jehová mata, y él da vida; él hace descender al Seol, y hace subir. Jehová empobrece, y él enriquece; abate, y enaltece. El levanta del polvo al pobre, y del muladar exalta al menesteroso, para hacerle sentarse con príncipes y heredar un sitio de honor”.

En estos versículos encontramos otra razón para estar agradecido con Dios, y es el hecho de que tiene poder para cambiar cualquier situación aun cuando estas sean imposibles. En su oración Ana lo expresa de la siguiente manera:

1.      Los arcos de los fuertes fueron quebrados, y los débiles se ciñeron de poder.
2.      Los saciados se alquilaron por pan, y los hambrientos dejaron de tener hambre.
3.      hasta la estéril ha dado a luz siete, y la que tenía muchos hijos languidece.
4.      Jehová empobrece, y él enriquece.
5.      abate, y enaltece.
6.      El levanta del polvo al pobre, y del muladar exalta al menesteroso, para hacerle sentarse con príncipes y heredar un sitio de honor.

                         III.            DIOS MERECE NUESTRO AGRADECIMIENTO PORQUE NOS GUARDA DE TODO MAL.


“Porque de Jehová son las columnas de la tierra, y él afirmó sobre ellas el mundo. El guarda los pies de sus santos, más los impíos perecen en tinieblas; porque nadie será fuerte por su propia fuerza”.

            En tercer lugar Dios merece nuestro agradecimiento porque nos guarda de todo mal. Hoy vivimos en un mundo de mucha violencia y el ser humano hace grandes esfuerzos para garantizar su seguridad personal, ya sea reforzando la seguridad pública, mudándose a colonias de alta seguridad, contratando vigilancia o guarda espaldas privados, etc. Pero qué bueno es saber que los cristianos tenemos uno que guía nuestros pasos y ese es el Dios todo poderoso el cual no permite que nadie nos haga daño si no es su voluntad.

CONCLUSIÓN.


Dios merece nuestro agradecimiento porque:

1.      Porque nos ofrece una grande salvación
2.      Porque tiene el poder de cambiar cualquier situación a nuestro favor aun cuando estas sean imposibles.
3.      Porque nos guarda de todo mal.



Fauces que nunca se sacian (Proverbios 30:15-16)


“… Tres cosas hay que nunca se sacian; aun la cuarta nunca dice: ¡Basta! El Seol, la matriz estéril, la tierra que no se sacia de aguas, y el fuego que jamás dice: ¡Basta!”.
Proverbios 30:15-16

INTRODUCCIÓN


            Este proverbio habla de cuatro cosas que nunca se sacian, pero hoy queremos referirnos a la primera que menciona: el Seol o infierno. En la Biblia recibe muchos nombres, Hades, infierno, Seol, horno de fuego, las tinieblas de afuera, etc., pero independientemente de cómo le llamemos ese lugar existe y sus fauces recibe cientos de almas cada día y no se sacia jamás. Podemos ver en la Biblia algunos casos donde se nos describe la experiencia de algunas personas que al morir descendieron a este lugar y su terrible experiencia en él.

infierno
Fauces que nunca se sacian

                               I.            LA EXPERIENCIA DEL REY DE BABILONIA EN EL INFIERNO.


“Quebrantó Jehová el báculo de los impíos, el cetro de los señores; el que hería a los pueblos con furor, con llaga permanente, el que se enseñoreaba de las naciones con ira, y las perseguía con crueldad.  Toda la tierra está en reposo y en paz; se cantaron alabanzas. Aun los cipreses se regocijaron a causa de ti, y los cedros del Líbano, diciendo: Desde que tú pereciste, no ha subido cortador contra nosotros. El Seol abajo se espantó de ti; despertó muertos que en tu venida saliesen a recibirte, hizo levantar de sus sillas a todos los príncipes de la tierra, a todos los reyes de las naciones. Todos ellos darán voces, y te dirán: ¿Tú también te debilitaste como nosotros, y llegaste a ser como nosotros? Descendió al Seol tu soberbia, y el sonido de tus arpas; gusanos serán tu cama, y gusanos te cubrirán”.
Isaías 14:5-11

            En Isaías encontramos el primer relato de una persona que descendió al Infierno. En hebreo el nombre que se le daba al lugar donde  iban las almas de los muertos era Seol, y significa exactamente eso, lugar de los muertos. En primer lugar observamos una gran alegría por alguien que en vida fue una persona muy temible y ahora estaba muerto: Quebrantó Jehová el báculo de los impíos, el cetro de los señores; el que hería a los pueblos con furor, con llaga permanente, el que se enseñoreaba de las naciones con ira, y las perseguía con crueldad.  Toda la tierra está en reposo y en paz; se cantaron alabanzas. Aun los cipreses se regocijaron a causa de ti, y los cedros del Líbano, diciendo: Desde que tú pereciste, no ha subido cortador contra nosotros. La mayoría de comentarista está de acuerdo en afirmar que esta persona es Nabucodonosor, el rey de Babilonia, pero de lo que si se está seguro es que era un rey de Babilonia. Este relato nos describe lo horrible que fue para este hombre descender a este terrible lugar y describe las siguientes experiencias:

1.      Un lugar de espantos: El Seol abajo se espantó de ti.
2.      Las otras almas atormentadas en este lugar que él mismo envió allí le salieron a su encuentro para torturarlo: despertó muertos que en tu venida saliesen a recibirte, hizo levantar de sus sillas a todos los príncipes de la tierra, a todos los reyes de las naciones. Todos ellos darán voces.
3.      Es un lugar donde hasta el más fuerte se quebranta y ya no tendrá ningún placer: y te dirán: ¿Tú también te debilitaste como nosotros, y llegaste a ser como nosotros? Descendió al Seol tu soberbia, y el sonido de tus arpas.
4.      Finalmente, es un lugar de juicio y desolación: gusanos serán tu cama, y gusanos te cubrirán.

                            II.            LA EXPERIENCIA DEL RICO EN EL INFIERNO.


“Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.  Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos”.
Lucas 16:22-29

            En segundo lugar encontramos en Lucas la segunda historia de una persona que descendió al infierno. Jesús cuenta la historia de dos hombres, un pobre mendigo llamado Lázaro, y un opulento rico que vivía en fiestas y vestía de púrpura. Ambos murieron y Lázaro fue llevado por ángeles al seno de Abraham mientras que este último al Hades (en griego significa lugar de los muertos, otro nombre para el infierno). Estando aquí se describen los siguientes tormentos que el rico experimento:

1.      No perdió la conciencia de quien era: Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.
2.      En el infierno sentía el tormento de las necesidades físicas no satisfechas, como por ejemplo la sed: Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua.
3.      El tormento de una llama: porque estoy atormentado en esta llama.
4.      El tormento de las oportunidades que tuvo de busca a Dios y que despreció: Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado.
5.      El tormento de saber que no hay escapatoria de ese lugar: Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.
6.      El tormento de saber que sus seres queridos llegaran a ese terrible lugar: Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento.

Todos estos tormentos experimento aquel hombre en el infierno y Abraham le recordó que las Sagradas Escrituras eran el medio que Dios había establecido para advertirle al hombre de este lugar y escape de esta terrible condenación.

                         III.            LAS ALMAS QUE ENFRENTARAN EL JUICIO FINAL EN EL LAGO DE FUEGO.


“Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron  lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego”.
Apocalipsis 20:11-15

            Finalmente, en Apocalipsis encontramos el tercer relato de personas que enfrentan la condenación eterna. Nos referimos a todas las almas que enfrentaran el juicio del Gran Trono Blanco. Aquel día todos los muertos saldrán para ser juzgados conforme a las obras que están escritos en los libros y serán arrojados al lago de fuego y azufre por toda la eternidad. Ese día será terrible para todos aquellos que será juzgado.

                          IV.            LA ÚNICA SALIDA DEL INFIERNO.


“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”.
Juan 5:24

            La única forma de escapar del infierno es creer en Jesús, solamente así se pasará de condenación a vida eterna.

            CONCLUSIÓN.



            El infierno es real, y en la Biblia podemos encontrar algunos relatos de personas que descendieron a ese lugar y su terrible estado de condenación en ese lugar. Solamente creyendo en Jesucristo podemos escapar de él.



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