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domingo, 30 de enero de 2022

¿Quién conoce realmente a Dios? (1 Juan 2:3-6)

 

“Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo”.

1 Juan 2:3-6

INTRODUCCIÓN

              El apóstol Juan ha insistido en la importancia de apartarse del pecado y vivir como hijos de luz, no como lo hacían los paganos de sus tiempos. Los creyentes debían apartarse de todo pecado y el primer paso era reconociéndolo y confesándoselo a Jesús, para que pudiesen ser limpios de toda maldad, ahora bien, una vez hecho esto, esperaba que viviesen de acuerdo a las instrucciones que les había dado, siguiendo el verdadero evangelio, pero si alguno después de todo esto pecare, abogado tenían para con el Padre, a Jesucristo. Ahora, el apóstol continuara insistiendo en el tema de la obediencia a la palabra, ya que se espera que aquellos que son hijos de Dios, vivan de acuerdo a su palabra.

 

conocer-a-Dios
¿Quién conoce realmente a Dios?

EL QUE CONOCE A DIOS CONOCE SUS MANDAMIENTOS

 “Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos”.

1 Juan 2:3

                He aquí como saber si conocemos a Dios, si guardamos sus mandamientos: Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. En el tiempo antiguo, los griegos solían tener dos conceptos opuestos en cuanto a la forma de cómo llega a conocer a la divinidad. Para algunos, conocer a Dios venia de un proceso totalmente intelectual que se abrió paso con los grandes filósofos de Grecia, como lo fue Platón. Ellos creían que el raciocinio podía llevarlos a conocer a Dios y en este sentido establecían sus razonamientos humanos y siempre estaban dispuestos a discutir en sus asambleas todas las ideas lógicas que alguien pudiese decir acerca del tema. Lo vemos así, por ejemplo, cuando Pablo visito Atenas: “Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría. Así que discutía en la sinagoga con los judíos y piadosos, y en la plaza cada día con los que concurrían. Y algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos disputaban con él; y unos decían: ¿Qué querrá decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses; porque les predicaba el evangelio de Jesús, y de la resurrección. Y tomándole, le trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podremos saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas?”, (Hechos 17:16-19). Si había algo que caracterizaba a algunos griegos era la curiosidad de escuchar nuevas cosas, por eso cuando Pablo llego a Atenas, algunos de los filósofos de la época discutieron con él acerca del mensaje del evangelio. Ahora bien, esta claro que las verdades del evangelio no se llegan a conocer a través de un proceso intelectual, sino por medio de la ayuda del Espíritu Santo: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”, (1 Corintios 2:14). Por otro lado, estaba la creencia de otros países paganos que creían que a la divinidad se llegaba a conocer a través de las emociones y la participación de cultos espiritistas y manifestaciones misteriosas. Aquí lo primordial era sentir y a veces se hacía uso de algunas especies de drogas que provocaban alucinaciones y éxtasis en las personas que participaban de estos cultos. Sin embargo, el verdadero conocimiento de Dios no esta fundamentado en las emociones, porque las emociones solo son una manifestación de optimismo pasajero que hace que la gente siga unas ideas mientras estas le funcionan, pero cuando vienen los problemas, por su falta de convicciones retroceden, tal y como Jesús lo explico en la parábola del sembrador: “Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó… Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza”, (Mateo 13:5-6, 20-21). Así que Juan no quería que los creyentes de su tiempo cayesen en estos dos errores, ni fundamentar su fe en la sabiduría humana, ni en las experiencias religiosas que caracterizaban a las religiones paganas; sino mas bien, el conocimiento de Dios debe estar fundamentado en el conocimiento de su revelación escrita, la Biblia, la cual debe creerse por fe para salvación del alma y la cual, se confirma en la experiencia personal de la comunión que tenemos con el Espíritu Santo. Ahora bien, este conocimiento se transmite en buena parte por conocer los mandamientos de Dios, es decir, su ley moral, la cual refleja su carácter justo, santo y piadoso, lo cual demanda que aquel que afirme conocerlo viva de acuerdo a estos mandamientos.

 

SI NO GUARDAMOS SUS MANDAMIENTOS NO LE CONOCEMOS

 “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él”.

1 Juan 2:4

                Aquí el apóstol Juan establece una forma de cómo identificar a los verdaderos cristianos y es que estos deben guardar sus mandamientos: El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él. Cuando el apóstol habla de vivir de acuerdo a los mandamientos, no se refiere a vivir de acuerdo a la ley de Moisés, que establecía una serie de ordenanzas ceremoniales, civiles y morales; sino mas bien, se refiere a vivir de acuerdo a la ley moral de Dios que se manifiesta en una vida piadosa, santa y justa. Hoy en día los cristianos debemos tener estas exhortaciones muy presentes, porque es cierto, la salvación es por fe, sin obras, pero esto no significa que abusaremos de la gracias para seguir perseverando en el pecado: “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?”, (Romanos 6:1-2). La verdad es que aquel que afirma ser cristiano, pero no toma en cuenta el vivir de acuerdo a la ley moral de Dios, debería evaluarse seriamente ya que aun anda en tinieblas y al final es un mentiroso si afirma que es hijo de Dios.

 

AMOR Y CONOCIMIENTO CONDUCE A SER PERFECCIONADO EN DIOS

“… pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo”.

1 Juan 2:5-6

                 Ahora, es importante que este conocimiento sea complementado en el amor de Dios, porque solo conocimiento sin amor, puede envanecer y conducir al error de querer conocer a Dios a través de un proceso intelectual. Por eso Pablo dijo hablando acerca de lo que se sacrificaba a los ídolos y la carne que se compraba en el mercado y provenía de esto “… El conocimiento envanece, pero el amor edifica…”, (1 Corintios 8:1). Sin embargo, debemos tener cuidado de que el amor se convine con el conocimiento de su palabra, porque de lo contrario caemos en el error de una religión basada solo en emociones y creencias sentimentales que desconoce la santidad y justicia divina. Muchos que solo se enfocan en predicar un evangelio solo de amor, pero separado del conocimiento verdadero de sus mandamientos, permiten que el hombre continue en su pecado, porque al final Dios es amor y a nadie condenará, o que nadie debe juzgar el estilo de vida o ideales de otra persona, porque eso va en contra del amor. Por eso Juan nos dice que aquel que guarda sus mandamientos, es porque ama a Dios y en su amor es perfeccionado, siendo así, afirmado en sus caminos: pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo. Por tanto, es importante que nosotros los cristianos vivamos de acuerdo a los mandamientos morales de nuestro Dios, tal y como Él es santo y justo, se espera que vivamos de esta forma, porque de lo contrario, deberíamos preguntarnos si realmente le conocemos y hemos nacido de nuevo.

 

 

sábado, 15 de enero de 2022

Judas se ahorca (Mateo 27:3-10)

 

“Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú! Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó. Los principales sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre. Y después de consultar, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de los extranjeros. Por lo cual aquel campo se llama hasta el día de hoy: Campo de sangre. Así se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, según precio puesto por los hijos de Israel; y las dieron para el campo del alfarero, como me ordenó el Señor”.

Mateo 27:3-10

 

INTRODUCCIÓN

             A parte del relato del suicidio de Judas que Lucas hace allá en Hechos de los Apóstoles, solo Mateo es el que lo relata. Aquí vemos el terrible fin que un hombre tuvo, un hombre que cometió el terrible pecado de traicionar al Hijo de Dios. Hace tres años y medio atrás, a lo mejor nadie, incluyendo Judas, pudo haberse imaginado estar involucrado en semejante traición, pero la verdad es que, si no nos permitimos ser transformados por su palabra, somos capaces de cometer los peores pecados que nos imaginemos e ir rumbo a la condenación eterna.

 

¿JUDAS SE ARREPINTIÓ?

“Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente…”

Mateo 27:3-4

                Aquí Mateo nos relata el fin que el traidor Judas tuvo: Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Aquí se nos dice que Judas, al enterrarse de que Jesús había sido condenado, regreso arrepentido a donde estaban los principales sacerdotes y ancianos para reconocer su pecado. Al ver la actitud que Judas tomó, muchos creen que cuando traicionó a su Señor por las 30 piezas de plata, realmente él no creía que Jesús fuese a morir, ya que en otras ocasiones habían tratado de capturarlo y siempre se había escapado, además, posiblemente creía que, si Jesús sentía la presión de la muerte, este terminaría defendiéndose utilizando sus poderes para salir librado. No obstante, nada paso de esta forma, sino que el Señor, como oveja fue llevado al matadero, sin defenderse, se entrego al martirio y muerte, y esto debió haber perturbado a Judas. Esto nos hace ver que realmente la paga del pecado es muerte y que no importa los placeres u ofertas que el mundo haga, al final, ninguna es suficiente para satisfacer al hombre y no lo libra de las consecuencias trágicas que le acarrea. Bien dijo el profeta: “El alma que pecare, esa morirá…”, (Ezequiel 18:20). Ahora bien, ¿Judas realmente se arrepintió? En este texto Mateo nos dice que Judas se arrepintió, ¿pero realmente lo hizo? Si consideramos la palabra griega que se tradujo como “arrepintió”, esta es metamellomai (μεταμέλλομαι), la cual se utiliza en voz pasiva para referirse a un sentimiento de lamentación; sin embargo, también en griego existe otra palabra que se traduce como arrepentimiento y esta es metanoéo (μετανοέω), la cual va más allá de un sentimiento de lamentación, sino produce un profundo pesar en el corazón al reconocer su pecado que hace que la persona se vuelva de su mal camino y cambie su manera de pensar, sentir y actitud. En este sentido, Judas experimento un remordimiento y no un verdadero arrepentimiento.

 

Judas-ahorca

EL FINAL DE JUDAS

 

“… Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú! Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó”.

Mateo 27:4-5

               Lo que vemos aquí es un cuadro perfecto del fin que tiene el pecador que no se arrepiente. Judas había traicionado a su Maestro, había confabulado con los lideres religiosos de los judíos los cuales al principio lo debieron haber tratado como su gran amigo ya que les ayudaría a deshacerse de aquel que tanto odiaban, pero una vez hecho esto, la culpa por lo que había hecho consumió el alma de Judas y ni siquiera las 30 piezas de plata que en un tiempo atrás eran tan deseables para él habían perdido su atractivo. Aquellos hombres que le pagaron por su traición lo rechazaron y no les importo la angustia que estaba pasando, estando totalmente solo, abandonado por el mundo que lo sedujo a pecar y consumido por la culpa de su pecado, decidió terminar con su vida: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú! Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó. Así es el trágico fin del camino del pecado. Al principio seduce a su víctima, se presenta como una tentación que promete satisfacer los deseos de la carne, por engrandecer el ego del hombre, por entregarle algo que pretende ser prometedor, sin embargo, es solo una carnada, porque una vez consumado el pecado, aquello que tanto seducía el alma del hombre con un deseo desbordante, esto mismo lo consume hasta destruir su vida, así es el pecado: “Prenderán al impío sus propias iniquidades, y retenido será con las cuerdas de su pecado”, (Proverbios 5:22). Que triste final tuvo este hombre, que tuvo la oportunidad de ser algo mejor, de ser recordado como un gran siervo de Dios y no como un traidor, que tuvo la oportunidad de heredar la vida eterna y no condenarse eternamente suicidándose al no soportar la culpa de su traición. Ciertamente el pecado de Judas fue terrible, pero hay algo que no debemos olvidar, sin Cristo Jesús somos capaces de cometer los peores pecados que jamás podríamos imaginarnos. En la Biblia encontramos una historia de un hombre que cometió grandes atrocidades pero que años atrás antes de cometerlos nunca hubiera creído que los cometería: “Eliseo se fue luego a Damasco; y Ben-adad rey de Siria estaba enfermo, al cual dieron aviso, diciendo: El varón de Dios ha venido aquí. Y el rey dijo a Hazael: Toma en tu mano un presente, y ve a recibir al varón de Dios, y consulta por él a Jehová, diciendo: ¿Sanaré de esta enfermedad? Tomó, pues, Hazael en su mano un presente de entre los bienes de Damasco, cuarenta camellos cargados, y fue a su encuentro, y llegando se puso delante de él, y dijo: Tu hijo Ben-adad rey de Siria me ha enviado a ti, diciendo: ¿Sanaré de esta enfermedad? Y Eliseo le dijo: Ve, dile: Seguramente sanarás. Sin embargo, Jehová me ha mostrado que él morirá ciertamente. Y el varón de Dios le miró fijamente, y estuvo así hasta hacerlo ruborizarse; luego lloró el varón de Dios. Entonces le dijo Hazael: ¿Por qué llora mi señor? Y él respondió: Porque sé el mal que harás a los hijos de Israel; a sus fortalezas pegarás fuego, a sus jóvenes matarás a espada, y estrellarás a sus niños, y abrirás el vientre a sus mujeres que estén encintas. Y Hazael dijo: Pues, ¿qué es tu siervo, este perro, para que haga tan grandes cosas? Y respondió Eliseo: Jehová me ha mostrado que tú serás rey de Siria. Y Hazael se fue, y vino a su señor, el cual le dijo: ¿Qué te ha dicho Eliseo? Y él respondió: Me dijo que seguramente sanarás. El día siguiente, tomó un paño y lo metió en agua, y lo puso sobre el rostro de Ben-adad, y murió; y reinó Hazael en su lugar”, (2 Reyes 8:7-15). Esta historia bíblica nos muestra como el hombre puede ser capaz de cometer las peores barbaridades en su vida si Dios no gobierna su corazón. Hazael nunca pensó que llegaría a cometer todas estas barbaridades contra Israel, pero ¿qué es lo que lo impulso a eso? ¿Por qué escuchamos en las noticias tantas traiciones o crimines horrendos que los hombres cometen? ¿Qué impulsa a los seres humanos a convertirse en esta clase de seres malvados? La repuesta es porque el corazón del ser humano es malo: “¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la letrina? Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias”, (Mateo 15:17-19). El problema es el corazón del hombre el cual es perverso, sin embargo, cuando nos sometemos a la palabra de Dios y permitimos que esta nos transforme, el Señor obra a favor de nosotros, Judas tuvo la oportunidad de ser transformado por esta palabra ya que escucho por 3 años y medio las enseñanzas de Cristo, pero lamentablemente cerro su corazón y nunca renuncio al pecado de su codicia, sino que robaba constantemente: “Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella”, (Juan 12:6). Todo esto lo llevo a vender por 30 piezas de plata a su Maestro. Quiera Dios que seamos sensibles a su palabra y permitamos que esta nos transforme: “Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas”, (Santiago 1:21).

 

CAMPO DE SANGRE

 “Los principales sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre. Y después de consultar, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de los extranjeros. Por lo cual aquel campo se llama hasta el día de hoy: Campo de sangre. Así se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, según precio puesto por los hijos de Israel; y las dieron para el campo del alfarero, como me ordenó el Señor”.

Mateo 27:6-10

              
                  A aquellos hombres no les importo lo que le pudiese pasar a Judas y este acusado por su terrible remordimiento, arrojo las piezas de plata en el templo y solio y se ahorco: “Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó”, (Mateo 27:5). Ahora, en estos versículos vemos la hipocresía religiosa de estos lideres religiosos: Los principales sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre. Estos hombres estaban bien conscientes de que esas piezas de plata eran precio de sangre, es decir, habían sido usadas para condenar a muerte a un hombre inocente a través de traiciones y falso testimonio, habían confabulado impíamente en contra de un hombre y ahora los vemos aquí preocupados por no mezclar estas piezas de plata con el tesoro de las ofrendas. Cualquier persona que no los conociera hubiese pensado que se trataban de hombres piadoso preocupado hasta por cumplir los mínimos detalles para honrar a Dios, pero lo cierto es que estos perversos que se preocupaban por no mezclar estas piezas de plata con el tesoro de las ofrendas, horas antes habían confabulado traiciones y mentiras en contra de un hombre inocente y su sangre estaba en sus manos. Al final, se reunieron para decidir qué harían con esas piezas de plata, ya que el dinero no se podía usar para algún fin relacionado con el templo o servicio a Dios, y así decidieron comprar un campo que sirviera como cementerio de gentiles: Y después de consultar, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de los extranjeros. Por lo cual aquel campo se llama hasta el día de hoy: Campo de sangre. Para los judíos entrar a un cementerio era algo inmundo y aun mas si se trataba de uno de gentiles, así que no pudieron haberle encontrado otra función mas alejada de los propósitos del templo o el servicio de los sacrificios, que comprar un terreno donde pudiesen enterrar a los gentiles que muriesen en su nación.

               En Hechos, Lucas nos da mas detalles en cuanto al suicidio de Judas: “Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron. Y fue notorio a todos los habitantes de Jerusalén, de tal manera que aquel campo se llama en su propia lengua, Acéldama, que quiere decir, Campo de sangre”, (Hechos 1:18-19). De acuerdo con las palabras de Pedro, Judas cuando se ahorco, cayo de cabeza y se reventó por la mitad de tal forma que todas sus entrañas se derramaron. Ahora, aquí pareciera que hay una supuesta contradicción, porque en Hechos, Lucas dice que Judas fue el que compro el campo donde se ahorco, mientras que en Mateo dice que fueron los principales sacerdotes y ancianos que lo iniciaron. ¿Quiénes entonces compraron el campo? ¿Judas o los sacerdotes? Bueno, lo mas seguro es que Judas llego a ahorcarse al campo y como dice Pedro, la noticia de su suicidio fue notoria a todos los habitantes de Jerusalén, y los principales sacerdotes y ancianos cuando se enteraron de esto, debieron ir y comprar a nombre de Judas el campo, ya que no querían que se relacionara dicho dinero o compra con los fondos del tesoro del templo. De esta forma pudo haber ocurrido. Como sea, el campo se llamaba, campo del alfarero, ya que de este se extraía tierra roja, pero después se le cambio el nombre a campo de sangre, por lo acontecido allí y en arameo se llamó Acéldama, que significa lo mismo, campo de sangre, y se utilizo para enterrar gentiles. Ahora, Mateo aprovecha para conectar este acontecimiento con una profecía mesiánica del Antiguo Testamento: Así se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, según precio puesto por los hijos de Israel; y las dieron para el campo del alfarero, como me ordenó el Señor. Sin embargo, al llegar a estos versículos, pareciera que también aquí existe una pequeña discrepancia ya que la profecía a la que Mateo se quiere referir está en Zacarias y no en Jeremías: “Y les dije: Si os parece bien, dadme mi salario; y si no, dejadlo. Y pesaron por mi salario treinta piezas de plata. Y me dijo Jehová: Échalo al tesoro; ¡hermoso precio con que me han apreciado! Y tomé las treinta piezas de plata, y las eché en la casa de Jehová al tesoro”, (Zacarias 11:12-13). ¿Qué explicación podríamos dar a esta discrepancia? Buenos, algunos padres de la iglesia primitiva sugirieron que posiblemente lo que ocurrió aquí fue un fallo de memoria por parte de Mateo al citar este versículo. Sin embargo, hay otros que le dan otra explicación a esta aparente discrepancia. Si nos damos cuenta, la primera parte del versículo 10 tiene coincidencia con Zacarias 11:12-13, sin embargo, no tiene ninguna correspondencia con la parte final que dice que estas piezas de plata las usaron para comprar el campo del alfarero. Para armonizar esta parte algunos han sugerido que la ultima parte de este versículo hace referencia a una profecía de Jeremías 19 donde el Señor les advierte a los habitantes de Juda que el valle de Tofet, en el valle de Hinom, que según la tradición estaba ubicado en el valle del alfarero, seria convertido en valle de matanza debido a sus muchas idolatrías y sus muertos serian enterrado en este valle, parecido a lo que paso con el campo de sangre del cual habla Mateo, de hecho en Jeremías se le llama valle de matanza: “Por tanto, he aquí vienen días, dice Jehová, que este lugar no se llamará más Tofet, ni valle del hijo de Hinom, sino Valle de la Matanza... y les dirás: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Así quebrantaré a este pueblo y a esta ciudad, como quien quiebra una vasija de barro, que no se puede restaurar más; y en Tofet se enterrarán, porque no habrá otro lugar para enterrar”, (Jeremías 19:6, 11). Así que lo que hace el autor es mencionar al profeta mas antiguo al momento de combinar ambas profecías. Si esto es así, no seria la primera vez que pasará, por en Marcos tenemos algo similar: “Como está escrito en Isaías el profeta: He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti. Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; enderezad sus sendas”, (Marcos 1:2-3). Aquí Marcos dice que estas palabras fueron dichas por Isaías, pero si revisamos nos daremos cuenta de que sus palabras están compuestas primeramente por la profecía de Malaquías (Malaquías 4:5-6) y luego por las de Isaías (Isaías 40:3). Ahora bien, sea la respuesta que mas nos parezca, nosotros creemos que esto no debería ser algo que nos preocupe demasiado o afecte nuestra confianza en la palabra de Dios, lo que si vemos es la intención del apóstol de relacionar los eventos de la vida de Jesús con las profecías del Antiguo Testamento con el fin de demostrar que es el Mesías que las Escrituras anunciaron en el pasado.

 

sábado, 8 de enero de 2022

Jesús es llevado ante Poncio Pilato (Mateo 27:1-2 )


“Venida la mañana, todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo entraron en consejo contra Jesús, para entregarle a muerte. Y le llevaron atado, y le entregaron a Poncio Pilato, el gobernador”.

Mateo 27:1-2 

INTRODUCCIÓN

                   Hemos llegado al penúltimo capítulo del evangelio según Mateo y casi finalizamos el estudio de esta maravillosa joya literaria que Dios ha inspirado y que hoy tenemos la oportunidad de leer. Después que nuestro Señor fue capturado y llevado delante del Sanedrín, que era el principal consejo de los lideres religiosos de los judíos, estos comienzan a planear como acelerar su muerte y para ello deciden llevarlo delante de Poncio Pilato, el actual gobernador de Judea en aquel entonces. Veremos en esta oportunidad cómo nuestro Señor sufrió el desprecio de estos hombres y se sometió a un juicio injusto que aun sabiendo estos que era inocente, se prefirió condenarlo a la muerte con tal de continuar en sus cargos públicos.

 

Pilato-Jesús
Jesús es llevado ante Poncio Pilato

UN CONSEJO RELIGIOSO VIOLANDO LOS PRINCIPIOS DIVINOS

“Venida la mañana, todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo entraron en consejo contra Jesús, para entregarle a muerte”.

Mateo 27:1

           Aquí vemos a los principales sacerdotes y ancianos del pueblo judío, el sanedrín, el concilio religioso de mayor importancia, todos reunidos para entregar a la muerte al Hijo de Dios: Venida la mañana, todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo entraron en consejo contra Jesús, para entregarle a muerte. Estos hombres se habían reunido con el fin de confabular en contra de un hombre inocente a través de crear falsos testimonios, la obra de un verdadero impío. Que triste que los que hacían esto eran aquellos hombres de los cuales se esperaba que defendieran la justicia y cumplieran la ley de Dios, enseñando y viviendo los principios de la palabra de Dios en medio del pueblo. Ya vimos anteriormente que el sanedrín era el consejo superior de los lideres religiosos de los judíos que tenía su cede en Jerusalén y estaba constituido por 71 personas, uno de ellos era el sumo sacerdote y el resto estaba constituido por los lideres religiosos más destacados de las sectas de los fariseos, los saduceos y escribas, ahora bien, era de esperarse que estos hombres fuesen unos verdaderos lideres espirituales para la nación, los hombres que enseñaran los caminos de Dios. Este consejo de 71 personas estaba inspirado en los 70 ancianos sabios que Moisés escogió para juzgar al pueblo: “Entonces Jehová dijo a Moisés: Reúneme setenta varones de los ancianos de Israel, que tú sabes que son ancianos del pueblo y sus principales; y tráelos a la puerta del tabernáculo de reunión, y esperen allí contigo. Y yo descenderé y hablaré allí contigo, y tomaré del espíritu que está en ti, y pondré en ellos; y llevarán contigo la carga del pueblo, y no la llevarás tú solo”, (Números 11:16-17). Si nos damos cuenta, Moisés fue un verdadero guía espiritual para Israel, guiándolo por el camino del temor a Dios, amonestándolos por sus pecados y exhortándolos a limpiarse de toda inmundicia, además que juzgaba todos los casos con la sabiduría de Dios, y para tener un mayor alcance en esta labor había escogido 70 ancianos, de los principales entre el pueblo, en los cuales estaba el Espíritu de Dios para juzgar al pueblo con sabiduría. Se suponía que estos hombres fueran verdaderos hombres de Dios que velaran por los intereses de Dios y defendieran al inocente, pero en lugar de eso, eran perversos que solo les interesaba obtener algún beneficio de su posición religiosa y tan mal estaban que condenaron al Hijo de Dios a muerte. Hoy en día la iglesia juega un papel muy importante en ser verdadera luz en estas tinieblas y ser un faro de esperanza que guie a los hombres a Cristo, no como aquellos hombres del sanedrín, que confabulaban para entregar a muerte a un inocente creando falsos testimonios con tal de continuar en el puesto que tantas ganancias y privilegios les concedían en la nación. En Hechos de los apóstoles vemos cómo los lideres administraban todas las ofrendas que la gente traía para asegurarse de ayudar a los pobres: “Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común. Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos. Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad”, (Hechos 4:32-35). Vemos como los lideres de la iglesia estaba a la cabeza de una congregación unidad en el Espíritu y estos mismos se esforzaban por predicar la palabra de Dios y alcanzar a los perdidos para Cristo, ese era su principal objetivo y no sacar algún provecho del ministerio.

 

UN SISTEMA POLÍTICO QUE NO DEFIENDE AL INOCENTE

 “Y le llevaron atado, y le entregaron a Poncio Pilato, el gobernador”.

Mateo 27:2

             Al amanecer, muy temprano, estos lideres religiosos llevaron a Jesús delante del Poncio Pilato, el gobernado: Y le llevaron atado, y le entregaron a Poncio Pilato, el gobernador. Poncio Pilato fue la persona que sustitutillo a Arquelao, el hijo de Herodes el Grande, que gobernó la región de Judea, y como tal, Pilato fue gobernador de Judea entre los años 26 al 36 d.C. De acuerdo a Filón de Alejandría, el filósofo judío helenístico, el carácter de Pilato era inflexible y duro, sin ninguna consideración, además, su gobierno se caracterizo por la brutalidad, la corrupción, el robo, las condenas injustas y la excesiva crueldad. Este era el tipo de gobernador que Judea tenia y el hombre al cual Jesús fue llevado. Cuando uno piensa en esto, ve cómo estos hombres que han sido puestos en cargos importantes en el gobierno, lejos de favorecer los derechos de los pobres e inocentes, solamente se aprovechan del sistema para sacar ventaja y muchas veces actúan con injusticia con tal de no perder sus privilegios. La Biblia enseña que todos los gobernadores de la tierra han sido puestos por Dios y, por tanto, tienen una responsabilidad muy grande porque se espera que estén para favorecer al inocente: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo”, (Romanos 13:1-4). Se espera que los gobernadores infundan temor al malo, pero a veces son hombres como Poncio Pilato, hombres corruptos a quienes no les importa condenar a muerte a un hombre inocente con tal de permanecer en sus puestos aprovechándose del pueblo. Sin embargo, Dios exhorta a todos aquellos que tienen un cargo de poder en el gobierno a ser justos: “Jueces y oficiales pondrás en todas tus ciudades que Jehová tu Dios te dará en tus tribus, los cuales juzgarán al pueblo con justo juicio. No tuerzas el derecho; no hagas acepción de personas, ni tomes soborno; porque el soborno ciega los ojos de los sabios, y pervierte las palabras de los justos. La justicia, la justicia seguirás, para que vivas y heredes la tierra que Jehová tu Dios te da”, (Deuteronomio 16;18-20). Por tanto, aquellos gobernadores que tuercen el derecho y se entregan al soborno serán juzgados por el Señor y no tendrán escapatoria, pero los que amen la justicia y entiendan que es el Señor el que los ha levantado en esos puestos alcanzaran misericordia. Aquel día un inocente fue llevado delante de Poncio Pilato, ignorando este de que se trataba del mismo Hijo de Dios y que su nombre quedaría gravado en la historia humana como un hombre corrupto que condeno a un inocente.

 

 

domingo, 2 de enero de 2022

Nuestro abogado y la propiciación por nuestros pecados (1 Juan 2:1-2)

 

“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”.

1 Juan 2:1-2

 

INTRODUCCIÓN

              Hoy iniciamos el estudio del capitulo dos de la primera carta del apóstol Juan, y en el capítulo anterior, el apóstol dejo muy claro que Dios es luz y por tanto en Él no hay tinieblas, lo cual a su vez significa que los cristianos deben andar en luz y no el pecado. También Juan enseño que todos hemos pecado y que nadie puede negarlo ya que el que lo hace se hace así mismo mentiroso, por tanto, todos necesitamos confesar nuestros pecados a Jesús para que estos sean perdonados. Ahora, inicia su nuevo capítulo exhortando a los cristianos a no pecar, pero si alguien peca, Juan quiere que comprendan que en Jesús pueden encontrar la limpieza de su alma. Aquí el apóstol nos presentara dos palabras griegas que nos enseñan mucho acerca del ministerio de Señor Jesús y su relación con nosotros.

 

Jesús-Abogado
Jesús, nuestro abogado y la propiciación

ESTAS COSAS OS ESCRIBO PARA QUE NO PEQUÉIS

 “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis…”

                Juan es claro al decirle a sus lectores la razón por la cual les escribe todas estas cosas: Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis. Es interesante ver el tono de ternura que Juan utiliza en esta carta, aquí les llama a los creyentes, hijitos, y en el original griego así es, es teknion (τεκνίον), y es una palabra en diminutivo que expresa el cariño y ternura del autor hacia sus destinatarios. Juan prefiere utilizar el vinculo del amor para hacerles entender a los creyentes la responsabilidad que tenían al llegar a conocer el evangelio de Jesucristo, ya que el conocimiento les había quitado la venda de los ojos y por tanto estaban obligados a vivir a la altura del mensaje al cual habían creído y la obra que Cristo había efectuado en ellos. Por tanto, podemos encontrar en estas palabras una responsabilidad que cada uno de nosotros como cristianos tenemos de vivir como verdaderos hijos de la luz, como hijos amados de Dios, santos y fieles a su palabra, o como Pablo dice, a la altura de la vocación a la cual hemos sido llamados: “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados”, (Efesios 4:1).

 

JESÚS, NUESTRO ABOGADO

 “… y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”.

1 Juan 2:1

                  Aquí el apóstol Juan utiliza un titulo para nuestro Señor que no es utilizado por otro autor del Nuevo Testamento, y es el titulo de abogado. La palabra abogado se traduce del griego parakletos (παράκλητος), la cual, el mismo Juan la utiliza allá en su evangelio, pero en referencia al Espíritu Santo: “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os lo enviaré”, (Juan 16:7). Al respecto de esta palabra, parakletos (παράκλητος), el Diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento en griego, VINE, dice: “literalmente., llamado al lado de uno, en ayuda de uno, es principalmente un adjetivo verbal, y sugiere la capacidad o adaptabilidad para prestar ayuda. Se usaba en las cortes de justicia para denotar a un asistente legal, un defensor, un abogado; de ahí, generalmente, el que aboga por la causa de otro, un intercesor, abogado”. Por causa de nuestros pecados estamos condenados y somos culpables delante de Dios, pero por la obra expiatoria de Cristo somos salvos, de tal manera que, aunque Satanás quiera acusarnos, Jesucristo es nuestro abogado defensor que intercede por nosotros delante del Padre: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo”, (1 Timoteo 2:5-6). Como hijos de Dios debemos apartarnos del pecado y vivir de acuerdo a su palabra, pero si pecamos, no significa que debemos quedarnos allí, sino reconocer nuestro error, confesarle a Jesús nuestra maldad en verdadero arrepentimiento, y nuestro Abogado, intercederá por nosotros como un verdadero y único intermedio delante de su Padre y seremos limpios y perdonados de toda obra mala. Por ello Juan dice, que no debemos pecar, pero si alguien lo hace y se arrepiente, que recuerde, Abogado tenemos para con el Padre, a Jesús.

 

JESÚS, LA PROPICIACIÓN POR NUESTROS PECADOS

 “Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”.

1 Juan 2:2

              Ahora bien, Jesús nos salva, por medio de nuestra fe, limpiándonos de toda maldad porque Él mismo es el sacrificio que se ofreció para este fin. Aquí Juan utiliza otra palabra griega para atribuírsela al oficio de Cristo, propiciación, y esta se traduce del griego jilasmos (ἱλασμός), y es un termino que sugiere la idea de un sacrificio y buscar la misericordia de Dios. La palabra propiciatorio en el Antiguo Testamento se refería a la tapadera de oro que tenia dos querubines e iba sobre el arca del pacto: “Harás también dos querubines de oro; labrados a martillo los harás en los dos extremos del propiciatorio… Y pondrás el propiciatorio encima del arca”, (Éxodo 25:18, 21). Este propiciatorio le recordaba a Dios el hecho de que fuera propicio o misericordioso con su pueblo y el sumo sacerdote rociaba la sangre del sacrificio sobre él: “Tomará luego de la sangre del becerro, y la rociará con su dedo hacia el propiciatorio al lado oriental; hacia el propiciatorio esparcirá con su dedo siete veces de aquella sangre”, (Levítico 16:14). Ahora bien, en el Nuevo Testamento, Jesús fue el sacrificio perfecto que fue ofrecido por nuestros pecados y por eso Juan dice: Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo. En el Antiguo Testamento, ningún sacrificio fue suficiente para perdonar los pecados del ser humano, sin embargo, Cristo es el Cordero de Dios, cuyo sacrificio hizo expiación por todas nuestras maldades: “Porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados… En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre”, (Hebreos 10:4, 10). De esta forma, Jesucristo nos salva y perdona de todos nuestros pecados, porque no solo defiende nuestra causa delante de su Padre como nuestro Abogado, sino que también, Él mismo, es la propiciación por nuestros pecados, y en ese sentido nuestra fe en su sacrificio expiatorio es suficiente para darnos vida eterna.