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miércoles, 31 de diciembre de 2014

Jesús y la ley (Mateo 5:17-20)


“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos”.

Mateo 5:17-20

Introducción

            Aquí nos encontramos con una de las declaraciones más impactantes de nuestro Señor Jesucristo. Muchos amadores de la doctrina de la gracia han llegado a especular que Jesús nunca pronuncio esta palabras, sino fueron puestas por los judíos mesiánicos como Mateos que consideraban importante continuar con la observancia de la ley aun después de convertidos a Cristo, contrario a las enseñanzas de Pablo a los gentiles donde ya no se estaba obligado a continuar con esto. Sin embargo, creemos que fue Jesús quien dijo estas palabras, y de hecho está a punto de mostrarnos la verdadera interpretación de la ley en los siguientes versículos.

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Jesús y la ley
                Para poder comprender mejor lo que Jesús está tratando de enseñar es importante comprender que significa la ley y los profetas. En primer lugar el canon hebreo contenían 24 libros y éstos estaban divididos en 3 partes: La Ley (Torá), los profetas (Nebiim) y los Escritos (Ketubim), y éstos incluían:

1.       La Ley: Génesis, Éxodo, Levíticos, Números y Deuteronomio.
2.       Los Profetas: Profetas anteriores (Josué, Jueces, Reyes y Samuel) y Profetas posteriores (Isaías, Jeremías, Ezequiel y el Libro de los doce –es decir, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías, Malaquías-).
3.       Los Escritos: Salmos, Proverbios, Job, los Megilot –Cantar de los Cantares, Rut, Lamentaciones, Eclesiastés y Ester-, y finalmente Daniel, Esdras-Nehemías y Crónicas).

                En ocasiones a la tercera división simplemente se la llama los Salmos. Fue esta la Biblia que cito muchas veces nuestro Señor Jesús y hoy por hoy sigue siendo la Biblia Hebrea. Por eso cuando el gran Maestro habla acerca de la ley o los profetas se refiere al canon hebreo y no solo lo cito aquí sino en otras ocasiones:

“Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés (Torá), en los profetas (Nebiim) y en los salmos (Ketubim)”.
Lucas 24:44

                Por tanto, cuando Jesús habla acerca de cumplir la ley y los profetas (y en otras ocasiones los salmos) se refiere a cumplir todo el Antiguo Testamento que incluyen nuestros primeros 39 libros (24 para los judíos) de la Biblia. No obstante, los judíos de los tiempos de Jesús habían confundido el verdadero camino que la ley quería mostrar y habían caído en una serie de interpretaciones que los llevaron a establecer una serie de mandamiento de hombres que imponían al pueblo desviándose de la verdadera esencia de la palabra de Dios.

El Cumplimiento de la verdadera ley


“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido”.
Mateo 5:17-18

                 Nos queda claro que aquí Jesús se está refiriendo a cumplir la verdadera ley de Dios; sin embargo, para esta época los escribas y fariseos tenían un concepto muy diferente de lo que esto significaba ya que habían incluido entre los mandamientos del Señor una serie de interpretaciones que ellos le daban a los mandamientos y los habían convertido en parte de la ley. Cuando Dios le entrego los Diez Mandamientos a Moisés en el Monte Sinaí, también le dio una serie de leyes sacerdotales, civiles y morales que en total sumaban alrededor de 613 leyes. Estas leyes formaron parte de los principios y normas que regían la vida de los judíos, sin embargo, esto no significa que los cristianos estamos obligados a someternos a todas ellas. En el caso de las leyes sacerdotales estaban orientadas a legislar la adoración a Dios, los sacrificios y demás ceremonias en las que el pueblo participaba a través de la ministración de los sacerdotes. En la actualidad estas leyes ya no se aplican ya que es a través del sacrificio de Cristo que tenemos entrada al lugar santísimo. Con respecto a las leyes civiles, si bien es cierto nos dejan una gran enseñanza, difícilmente la mayoría de ellas podría aplicarse a nuestras vidas ya que fueron dadas a un pueblo que vivió hace muchos años en el desierto y que tenía un gobierno teocrático. Ahora bien, cuando hablamos de las leyes morales esto es cosa diferente. Las leyes morales aún está vigentes, no solo para los judíos, sino también para todos los cristianos En estas se legislan los aspectos relacionados con la conducta hacia el prójimo, Dios y nosotros mismos y la prohibición al pecado. Es a esta ley a la cual se refería Jesús cuando decía: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas…” Esta ley es eterna y permanece inalterable a los largo de todos los tiempos, a tal punto que ni siquiera la más pequeña de las letras del alfabeto hebreo, la yod que equivale a nuestra jota española, puede ser alterada. Ni siquiera la parte más pequeña de una letra se omitirá o como la Reina Valera 60 lo dice: ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido, asegurándonos no solo su eterna inalterabilidad, sino también su seguro cumplimiento.

“Porque: Toda carne es como hierba, y toda la gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae; más la palabra del Señor permanece para siempre”.
1 Pedro 1:24-25

                Lamentablemente los escribas y fariseos tenían un entendimiento muy diferente a lo que nuestro Señor llamaba ley, ya que ellos aparte de considerar la ley que Dios había otorgado a su pueblo a través de Moisés, también se habían dedicado a incluir otras normas que consideraban al mismo nivel que los anteriores. Mantenían que la Ley era divina, y que en ella Dios había dicho la última palabra, y que por tanto todo debía estar en ella. Si una cosa no estaba en la Ley explícitamente, tendría que estar implícitamente. Por tanto discutían que debe ser posible deducir de la Ley una regla y una norma para cada posible situación de la vida. Así surgió un grupo llamado de los escribas, cuyo cometido era reducir los grandes principios de la Ley a literalmente miles de miles de reglas y normas. Por ejemplo, el día sábado era considerado santo y ningún trabajo tenía que realizarse ese día. Pero era aquí donde los escribas se preguntaba: ¿qué es trabajo? Resultando la formulación de esta pregunta en una serie de respuestas. Por ejemplo ellos decían que trabajo es llevar una carga. Luego esta respuesta provocaba otra pregunta: ¿Qué es una carga? A esta pregunta respondían los rabinos: “es una comida equivalente al peso de un higo seco, vino suficiente para mezclarlo en una copa, bastante leche para un trago, la miel necesaria para poner en una herida, el aceite necesario para ungir un pequeño miembro, el agua necesaria para humedecer un colirio, el papel necesario para escribir un recibo de impuestos, tinta suficiente para escribir dos letras del alfabeto, caña suficiente para hacer una pluma” y así hasta el infinito. Las discusiones al respecto eran interminables y todas ellas eran enseñadas al pueblo como parte de la ley divina que todos debían obedecer convirtiéndose estos mandamientos de hombres en una gran carga para todo el pueblo. La curación de enfermedades era otra actividad que ellos consideraban trabajo y por tanto no se podía practicar el día sábado. Lo único que se podía hacer era asistir al paciente si su vida corría peligro, pero solo lo necesario para que no se pusiera peor y nunca sanarlo completamente. Esta norma de ellos fue una de las cuales causo gran disgusto entre los judíos religiosos al ver como Jesús sanaba aun el día de reposo. Tantas eran las interpretaciones que los escribas daban a un mandamiento que todo ello resulto en varios cientos de normas que todos debían obedecer por considerarse parte de la ley de Dios. Al principio estas leyes y tradiciones se transmitían oralmente, pero después llego a codificarse en un sumario que se llamó Mishná que contiene 63 tratados sobre varios asuntos de la ley, haciéndose tan voluminoso como la Biblia misma. Posteriormente los rabinos hicieron otros comentarios para explicar el Mishná, a los cuales llamaron los Talmudes. Todas estas malas interpretaciones estaban lejos de captar el verdadero significado de la ley divina, sin embargo, Jesús, el gran Maestro estaba dispuesto a mostrar la verdadera esencia de las palabras divinas, y es a partir del versículo 21 de este capítulo y durante los siguiente dos capítulos que Jesús enseña el verdadero significado de la ley que Dios aprueba.

La verdadera grandeza del cristianismo

“De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos”.
Mateo 5:19

              Si bien es cierto la vida cristiana se vive por medio de la fe en Jesús, esta fe tiene que verse reflejada a través de las buenas obras que caracterizan a un verdadero hijo de Dios. Pablo, el defensor de la fe que salva sin obras, lo aclara de la siguiente manera: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”, (Efesios 2:8-10), y Santiago expresa el mismo principio de la siguiente manera: “Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras”, (Santiago 2:18). Por tanto, la verdadera grandeza de la vida cristiana consiste en glorificar al Dios que nos salva por la fe a través de las buenas obras, y estas buenas obras se reflejan en la observancia de su palabra. La palabra de Dios nos muestra el verdadero carácter moral y espiritual que debemos tener en este mundo de pecado y como cristianos debemos girar nuestra vida alrededor de estos principios divinos. Por eso los grandes en el reino de los cielos serán aquellos que por la fe vivieron de acuerdo a su bendita palabra y aún más, se dedicaron a enseñarla a los demás.

Los que entraran en el reino del cielo


“Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos”.
Mateo 5:20

              Estas palabras tuvieron que haber causado gran impacto en los oídos de la multitud, ya que los escribas y fariseos eran considerados como las personas cuyo nivel espiritual  estaba por encima de las personas comunes y sin duda alguna eran los primeros en entrar en el reino de los cielos. Sin embargo Jesús dice que no era así. La vida de estos líderes religiosos estaba basada en puras apariencias e hipocresía religiosas y habían olvidado el amor, la justicia y la misericordia; estaban más preocupados en obedecer sus preceptos y conceptos religiosos que en vivir la verdadera ley. Por eso Jesús les dice que para poder entrar en el reino de los cielos su justicia tiene que ser mayor que la de los escribas y fariseos. Para ello Nuestro Señor proveyó un camino perfecto a través de su muerte y resurrección para que todos los que por la fe creyéramos en Él fuésemos justificados gratuitamente y así heredar la vida eterna.

“Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida”.
Romanos 5:18


Las demandas para los ciudadanos del reino (Mateo 5:13-16)


“Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielo”.
Mateo 5:13-16

Introducción

                Inmediatamente después de hablar acerca del carácter de los ciudadanos del reino de los cielos y sus dichas, nuestro Señor Jesucristo procede a enumerar algunas de sus responsabilidades. En toda nación sus ciudadanos tienen derechos y deberes y en el reino de los cielos no es la excepción. Como todo ciudadano hay ciertos deberes que debemos cumplir, y en los siguientes versículos el Maestro hace uso de dos metáforas muy conocidas para dejar claro lo que se espera de aquellos que decidan seguir a Cristo. Aquí Jesús nos compara con la sal y la luz del mundo.



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Las demandas para los ciudadanos del Reino

La sal del mundo


“Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres”.
Mateo 5:13

                   En primer lugar Jesús compara a su iglesia con la sal. En el mundo antiguo la sal era considerada un mineral sumamente apreciado con muchos usos y bondades. Los griegos consideraban que la sal era de origen divina, en Roma se acostumbraba pagar los salarios de algunas personas con sal y generalmente era considerada una ofrenda digna de los dioses. Por tanto, Jesús está usando un elemento mineral muy apreciado en su tiempo para enseñar una verdad espiritual en cuanto a las responsabilidades del cristiano. En el mundo antiguo la sal era un elemento altamente apreciado y se vinculaba con:

1.       La pureza: posiblemente por su color blanco. Así el cristiano está obligado a llevar una vida de completa santidad delante de Dios y de este mundo de pecado. Por ello la Biblia nos ordena a dejar todo lo malo y a revestirnos del nuevo hombre: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia”, (Colosenses 3:12).
2.       Conservador: porque era utilizado como un conservador y evitaba que los alimentos se corrompieran. De igual forma lo único que evita que este mundo se pierda completamente en el desenfreno del pecado somos los cristianos. Su influencia a través de su testimonio bíblico es una poderosa arma en contra de los sistemas de pensamientos e ideologías contrarias a Dios. Pablo decía que como cristianos contábamos con poderosas armas capaces no solo de derribar las fortalezas enemigas sino de llevar cautivos los pensamientos a la obediencia a Cristo: “Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”, (2 Corintios 10:4-5). Lo que evita que este mundo siga corrompiéndose son los cristianos. Cuando una persona viene a Cristo, su manera de pensar y sentir y sus actitudes son transformadas por lo que se aleja de las tinieblas y contribuye a hacer de este mundo un mejor lugar para vivir.
3.       Sazonador: porque le daba sabor a la comida. Solo los cristianos pueden despertar el verdadero sentido moral y espiritual es esta sociedad. Contraria a las falsas oportunidades de felicidad y deleite que este mundo ofrece, el cristianismo le da al ser humano un verdadero significado de su existencia. El verdadero propósito para vivir se encuentra en conocer la voluntad de Dios y solo los cristianos la han encontrado por ello son la sal de este mundo.

          En este sentido los cristianos influyen en este sistema de pensamientos, falsos valores y depravaciones que corrompen la creación de Dios. El testimonio de la iglesia es la sal que conserva y sazona el mundo, pero cuando la sal pierde su salinidad, Jesús dice: No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Aunque hay una gran discusión en cuanto si la sal puedo o no perder su salinidad, lo cierto es que un cristiano que descuidad su vida de piedad y comunión con el Espíritu Santo, no vuelve a ser el mismo y esa gracia que había en él desaparece y su vida carece de significativo y no sirve para más. San Jerónimo dijo en cierta ocasión: “Los Apóstoles se llaman también sal de la tierra porque por ellos se condimenta el género humano”, de igual forma los cristianos somos los que sazonamos a este mundo con el verdadero significado de la vida eterna.

La Luz del mundo


“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.
Mateo 5:14-16

                     Jesús a través de otra metáfora compara a los cristianos con la luz del mundo lo cual es posible únicamente cuando el dador de la luz mora en su corazón, tal y como lo declara la Escritura: “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella”, (Juan 1:4-5). Esto nos enseña que la vida de los cristianos no pasa desapercibida, sino al contrario, los ojos de todo el mundo están puestos sobre ellos, tal y como una ciudad asentada sobre un monte, la vida del cristiano no se puede esconder. En la antigua Palestina las casas generalmente eran de un solo cuarto y muy oscuras ya que las ventanas eran pocas y muy pequeñas por lo que se solían alumbrar con lámparas que no eran más que un pequeño recipiente lleno de aceite con una mecha. Ahora bien, Jesús dice que es ilógico encender una de estas lámparas para esconderlas, han sido creadas para ponerlas en un lugar visible y alumbrar en toda la casa. Así este mundo que está en obscuridad y densas tinieblas es alumbrada por la vida de los cristianos. Se cuenta que la entrada a algunos puertos se torna difícil, ya sea por la profundidad o por la extensión del canal de acceso. Es por eso que se colocan boyas-faros para indicar el camino. En tiempo de neblina y por las noches, estas boyas-faros se encienden automáticamente. Los capitanes conducen sus naves pendientes de lo que estas luces les señalan.  Los cristianos somos pequeñas luces puestas en el acceso de entrada al reino y en este tiempo de oscuridad es necesario que señalemos el camino a la humanidad. Ahora bien esta luz se refleja a través de nuestras buenas obras. Nuestra vida restaurada es el mayor testimonio del poder de Dios a este mundo que vive en tinieblas. Las buenas obras que los cristianos realizan no lo hacen con el fin de vanagloria propia; sino para que aquellos que las miran glorifiquen a Dios. Increíblemente la luz en este mundo permite la vida sobre todo el planeta al generar el calor que la vida vegetal necesita para germinar, crecer y dar fruto, sosteniendo así la vida en toda la Tierra. De igual forma, los cristianos debemos irradiar esa luz que produzca el nuevo nacimiento en los seres humanos a través de la proclamación de su palabra. Como cristianos tenemos la responsabilidad de brillar delante de todos los hombres y mujeres de este mundo, por medio de nuestra vida devocional, fundamentada en los principios bíblicos y adornados con las buenas obras de la fe.




Jesús el Gran Maestro (Mateo 5:1)


“Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos”.
Mateo 5:1

INTRODUCCIÓN


              Este planeta ha sido honrado con la presencia de muchas entidades que por su mensaje y convicciones han influido en la manera de pensar de muchas personas llegando así a ser considerados como grandes maestros; sin embargo, ninguno tiene la estatura del gran Maestro de maestros, nuestro Señor Jesús. su mensaje partió la historia de la humanidad en un antes oscuro y en un después de esperanzador, Él llego a ser el más sublime de los seres encarnados en este planeta, aun cuando su humanidad fue innegable, sus palabras cobran cada día mayor vigencia en estos tiempos de luchas y dolor, sus proezas jamás han sido igualadas y probablemente nunca lo sean, su vida es el espejo donde muchos nos quisiéramos ver, y un faro que ilumina el camino hacia el puerto, aun en las más oscuras de las tempestades. En la parte final del capítulo 4 vimos que el ministerio de Jesús tuvo cuatro aspectos: el discipulado, la enseñanza, la predicación y la sanidad. El más importante de estos fue el de la enseñanza. En sus discursos, Jesús pronunciaba palabras tan sublimes, con tremenda autoridad y con un significado tan impactante que las personas que lo escuchaban quedaban tan asombradas de su doctrina.

“… ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!”.
Juan 7:46b

La autoridad en sus palabras

“Porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas”.
Mateo 7:29

              La Biblia nos enseña que Jesús les enseñaba con autoridad y no como los maestros de sus tiempos. La palabra autoridad es edsousía (ἐξουσία) que denota un dominio completo y exhaustivo de un tema. Jesús no enseñaba como si fuera un comentarista erudito; sino como el verdadero y único Autor. Obviamente sus adversarios se sorprendían al escucharlo ya que nunca lo habían visto cursar por una escuela rabínica: “Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado?”. (Juan 7:5). Jesús no había estudiado en las escuelas rabínicas. La costumbre era que no se permitía explicar las Sagradas Escrituras y hablar de la Ley nada más que a los discípulos de maestros reconocidos. Ningún rabino se atrevería jamás a hacer ninguna afirmación sobre la base de su propia autoridad. Siempre empezaba: “Hay una enseñanza de que...”, y proseguía citando las autoridades que sustentaban lo que él quería decir. Y aquí estaba ese Carpintero galileo, que no tenía estudios de ninguna clase, y que se atrevía a citar y a explicar nada menos que lo que había dicho Moisés. Jesús no había tenido ningún maestro porque Él era el Autor Divino de la palabra que proclamaba, sin embargo, declaraba que lo que enseñaba no era doctrina de Él sino de su Padre:
“Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió”.
Juan 7:16

                Durante sus enseñanzas Jesús se atrevió a contradecir las tradiciones que los rabinos enseñaban al pueblo y esclarecer aquellas partes de las Sagradas Escrituras mal interpretadas. Por eso repitió muchas veces las palabras “Oísteis que fue dicho… pero yo os digo…”

Su estilo de enseñanza

“… ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!”.
Juan 7:46b

            Como un excelente Maestro su estilo de enseñanza era sorprendente. Siempre empleaba la mejor manera de transmitir la verdad a través de un lenguaje claro, enriquecido con figuras literarias que lo adornaban, lleno de autoridad y ejemplos objetivos que confrontaban  sus oyentes. Jesús empleo las técnicas pedagógicas de los rabinos de su tiempo para presentar su mensaje, de igual forma utilizo la poesía hebrea para enseñar al pueblo. Gran parte del Sermón del Monte es poesía aunque a nosotros no nos parezca que tenga esa forma. La poesía hebrea se caracteriza por ser escrita en acrósticos y paralelismos. Alrededor del 40 por ciento del Antiguo Testamento es poesía. Un rasgo literario común de la poesía hebrea en el Antiguo Testamento es llamado paralelismo, en el que las palabras de dos o más líneas del texto están directamente relacionadas de alguna manera. Este rasgo se puede encontrar en cualquier pasaje poético, aunque es más común en los Salmos y Proverbios.

Veamos algunos ejemplos:

Paralelismo Sinónimo. La segunda línea repite la primera con palabras diferentes que tienen el mismo significado.

Te has enlazado con las palabras de tu boca, y has quedado preso en los dichos de tus labios”.
Proverbios 6:2
“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría”.
Salmo 19:1-2
Porque él la fundó sobre los mares, y la afirmó sobre los ríos”.
Salmo 24:2
¿Acaso gime el asno montés junto a la hierba? ¿Muge el buey junto a su pasto?”.
Job 6:5

Paralelismo Sintético. La segunda línea añade algo a la primera.

“Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?”.
Salmo 27:1
“Sean avergonzados y confundidos a una los que de mi mal se alegran; Vístanse de vergüenza y de confusión los que se engrandecen contra mí. Canten y alégrense los que están a favor de mi justa causa, y digan siempre: Sea exaltado Jehová, que ama la paz de su siervo. Y mi lengua hablará de tu justicia y de tu alabanza todo el día”.
Salmo 35:26-28
Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche”.
Salmo 1:1-2
¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño”.
Salmo 24:3-4

Paralelismo antitético. La segunda línea contrasta con la primera.

Mi carne y mi corazón desfallecen; más la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre”.
Salmo 73:26
La justicia engrandece a la nación; mas el pecado es afrenta de las naciones”.
Proverbios 14:34
La lengua de los sabios adornará la sabiduría; más la boca de los necios hablará sandeces”.
Proverbios 15:2
El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento”.
Isaías 1:3

Paralelismo Climático. Una línea tras otra van complementándose hasta lograr un clímax o dar un resumen.

“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y lo labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación”.
Habacuc 3:17-18

                Otra característica de la poesía hebrea es el escribir las declaraciones en forma de acrósticos. En el Antiguo Testamento nueve salmos son acrósticos alfabéticos, así como los primeros cuatro poemas de los cinco que componen las Lamentaciones de Jeremías y el poema de Proverbios 31:10-31, que enumera las virtudes de la buena esposa. Como verdadero Maestro, el Señor Jesús expresaba sus ideas de una manera sencilla y bajo los métodos más variados de acuerdo a la capacidad de aprendizaje de sus oyentes. R. C. Trench hizo un comentario acerca de la grandeza de su estilo como Maestro: “Sus métodos según el tema, la ocasión y la capacidad y preparación de sus oyentes, pasando por toda la gama de posibilidades de expresión verbal, desde la máxima sencillez de las ilustraciones caseras, hasta la sutileza dialéctica de las discusiones del Templo, o incluso las majestuosas resonancias del estilo apocalíptico”. Nuestro Señor Jesús utilizó también paradojas que son expresiones que parecen contradicciones: “El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará.” (Mateo 10:39). También utilizó hipérboles o exageraciones: “¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello!”, (Mateo 23:24). Ejemplifico sus enseñanzas a través de metáforas como la de La Vid Verdadera (Juan 15) y parábolas como: el Hijo Pródigo, El Sembrador, La Perla de Gran Precio, Los Talentos, etc. Jesús despertaba el interés de sus discípulos a través de formularles preguntas que confrontaban los problemas actuales: “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Mateo 16:26).  También usaba preguntas para asegurarse que sus enseñanzas habían sido comprendidas adecuadamente: “¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?”. (Lucas 10:36). Al menos en una ocasión, contesto una pregunta capciosa de sus adversarios haciéndoles otra pregunta que los obligo a callar: “Cuando vino al templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron a él mientras enseñaba, y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Y quién te dio esta autoridad? Respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os haré una pregunta, y si me la contestáis, también yo os diré con qué autoridad hago estas cosas. El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres? Ellos entonces discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta. Y respondiendo a Jesús, dijeron: No sabemos. Y él también les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas”, (Mateo 21:23-27). En otras ocasiones utilizo lecciones objetivas para enseñar ciertas verdades, por ejemplo puso un niño entre sus discípulos para enseñarles acerca de la humildad, maldijo una higuera y esta se secó para enseñar la importancia de dar buen fruto, entre otros. Finalmente, Jesús demostró ser el Gran Maestro, sus métodos eran inigualables, su destreza en la enseñanza incomparables a tal punto que impacto con su mensaje a cientos de personas y continua haciendo a través de su evangelio hasta la fecha.

Sus enseñanzas: el sermón del monte


“Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba…”
Mateo 5:1-2a

                El evangelio de Mateo está enfocado a demostrar que Jesús es el Mesías Rey, por ello presento al inicio de éste la genealogía que demuestra no solo que es un judío puro, sino que es un descendiente del Rey David, también presenta una serie de acontecimientos referentes a su nacimiento que relaciona con cumplimientos proféticos precisos del Mesías. Además se presenta el testimonio de Juan el Bautista, el bautismo con agua y con el Espíritu Santo y finalmente las tentaciones en el desierto que confirman su divinidad y el carácter moral del Mesías. Luego el apóstol Mateo muestra a Jesús en acción en los primeros días de su ministerio después del encarcelamiento de Juan el Bautista. Ahora bien, este evangelio también se caracteriza especialmente por los grandes discursos de Jesús y en él encontramos cinco de ellos, los cuales son:

*       El Sermón del Monte (Mateo 5-7).
*       Instrucciones de Jesús a los doce en cuanto a su misión de testificar a los demás, los obstáculos y recompensas (Mateo 10:5-42).
*       Las parábolas de Jesús (Mateo 13).
*       Parábolas con enseñanzas para sus discípulos (Mateo 18).
*       Enseñanzas apocalípticas de Jesús (Mateo 24-25).

El primero de los cinco grandes discursos de Jesús en este Evangelio es el Sermón del Monte el cual inicia en el capítulo 5 y termina en el capítulo 7. En él se establecen los principios fundamentales del reino de Dios, la esencia de las enseñanzas de Jesús.  Hay quienes que lo han llamado “el discurso inaugural del reino”, “el manifiesto del Rey” y “la carta magna del reino”.  El discurso va dirigido especialmente a los discípulos (Mateo 5:2), aunque había otra gente presente (Mateo 7:28). Jesús decide llevarlos a un lugar tranquilo en una de las colinas próximas a Capernaum. La palabra monte es una referencia a una región montañosa del norte de Galilea. Una tradición sitúa la escena en una colina ubicada a unos cinco kilómetros al sur de Capernaum. Otra tradición lo sitúa en los cuernos de Hattin, una pequeña colina terminada en dos picos, que se halla en el camino de Nazaret, unos 16 kilómetros de Capernaum en dirección sureste. Las opiniones difieren en cuanto a si este es un resumen de lo que Jesús enseñó en alguna ocasión, o si se trata de una recopilación de varias enseñanzas expuestas en varias ocasiones. Sin embargo, de acuerdo a algunos eruditos bíblicos conservadores, la unidad de tema y exposición del mismo son una evidencia de que se trata de un solo discurso. Jesús inicio su ministerio diciendo: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”. (Mateo 4:17), este mensaje se esparció rápidamente y grandes multitudes venían a escucharle desde Galilea, de los alrededores de Siria, Decápolis, y de lugares tan lejanos como Jerusalén, Judea y del lado este del rio Jordán, tal y como lo mostro el mapa anterior. La gente venía a escuchar acerca de un reino. En cambio Jesús hablaba de un estilo de vida: el estilo de vida de quienes tenían la intención de vivir en el reino. El Sermón del Monte contiene la esencia de la enseñanza ética y moral de Jesús.

Hay 8 temas principales en el Sermón del Monte:

1.       Las bienaventuranzas (5:3-12). La verdadera felicidad viene de mirar la vida desde la perspectiva de Dios, la que a menudo se opone al punto de vista humano.
2.       Sal y luz (5:13-16). Jesús quería que sus seguidores influyeran en el clima espiritual y moral del mundo.
3.       La moralidad del reino (5:17-48). La audiencia de Jesús estaba familiarizada con la ley y con las muchas tradiciones que los rabinos por generaciones le habían agregado. Pero Jesús reveló una enseñanza moral que fue más allá de la letra de la ley, a su espíritu.
4.  Disciplinas espirituales (6:1-18). El hecho de practicar una religión ciertamente involucra el comportamiento, pero va más allá de una demostración externa de espiritualidad, a la naturaleza oculta de nuestro carácter.
5.       Tesoros en la tierra (6:19-34). Nuestra relación con el dinero y las posesiones materiales revela mucho de nuestra relación con Dios. Jesús no reprueba los bienes terrenales, pero insta a quienes lo escuchan a otorgar el valor más alto a los tesoros en el cielo.
6.       Juzgar bien y mal (7:1-6). La mayoría de nosotros está presto a señalar los defectos morales de los demás. Jesús nos amonesta para que pongamos más atención a nosotros mismos.
7.       Pedir y recibir (7:7-12). Cuando nos acercamos a Dios con alguna petición, podemos esperar que nos trate como un padre cariñoso trata a su hijo. Y de la misma manera que Dios nos trata en amor, Él espera que nosotros tratemos a los demás en amor.
8.       Un desafío a obedecer (7:13-29). Jesús envuelve su mensaje con un desafío a cambiar. Las alternativas son claras: vivir un estilo de vida digno del reino, que resulta en vida y goza; o ignorar el camino de Jesús, lo que lleva al desastre y a la muerte.

De esta manera Jesús describe el estilo de vida de los ciudadanos del reino.



Los pecados del Pueblo (Malaquías 2:10-17)

“¿No tenemos todos un solo Padre? ¿No nos creó un solo Dios? ¿Por qué, pues, profanamos el pacto de nuestros antepasados al traicionarnos los unos a los otros? Judá ha sido traicionado.  En Israel y en Jerusalén se ha  cometido algo detestable: Al casarse Judá con la hija de un dios extraño, ha profanado el santuario que el Señor ama. En cuanto al hombre que haga eso, quienquiera que sea, que el Señor Todopoderoso lo excluya de los campamentos de Jacob, aun cuando le lleve ofrendas. Otra cosa que ustedes hacen es inundar de lágrimas el altar del Señor; lloran y se lamentan porque él ya no presta atención a sus ofrendas ni acepta de sus manos con agrado. Y todavía preguntan por qué. Pues porque el Señor actúa como testigo entre ti y la esposa de tu pacto. ¿Acaso no hizo el Señor un solo ser, que es cuerpo y espíritu? Y ¿Por qué es uno solo? Porque busca descendencia dada por Dios. Así que cuídense ustedes en su propio espíritu, y no traicionen a la esposa de su juventud. Yo aborrezco el divorcio –Dice el Señor, Dios de Israel ­-, y al que cubre de violencia sus vestiduras, dice el Señor Todopoderoso. Así que cuídense en su espíritu, y no sean traicioneros. Ustedes han cansado al Señor con sus palabras. Y encima preguntan: ¿En qué lo hemos cansado? En que dicen: Todo el que hace lo malo agrada al Señor, y él se complace con ellos, y murmuran: ¿Dónde está el Dios de justicia?”.
Malaquías 2:10-17

INTRODUCCIÓN



              Al llegar a la mitad del capítulo 2, Malaquías se pasa hoy a amonestar al pueblo por sus pecados. La frialdad espiritual de Israel estaba acompañada por otros pecados que se habían arraigado entre ellos pero que el Señor desaprueba. En esta sección el profeta los amonesta acerca de cuatro conductas desagradables para Dios: tratos engañosos, matrimonios con incrédulos, divorcios y su cinismo.    

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Los pecados del pueblo 

TRATOS ENGAÑOSOS


“¿No tenemos todos un solo Padre? ¿No nos creó un solo Dios? ¿Por qué, pues, profanamos el pacto de nuestros antepasados al traicionarnos los unos a los otros?”
Malaquías 2:10


              Considerando el hecho de que todos los israelitas tenían un antepasado común, Adán según su origen y Abraham según los lazos consanguíneos, que estaban vinculados a un pacto: “Si ahora ustedes me son del todo obedientes, y cumplen mi pacto, serán mi propiedad exclusiva entre todas las naciones”, (Éxodo 19:5), y que Dios podía ser considerado como un Padre para ellos, el Señor les pregunta: ¿Por qué, pues, profanamos el pacto de nuestros antepasados al traicionarnos los unos a los otros? La profanación al pacto divino  radicaba en la forma de cómo trataban a sus hermanos: con extrema deslealtad y fraude. La palabra que se traduce como traicionar proviene del hebreo bagad (גַד) la cual se empleaba para referirse a tratos engañosos que se realizaban entre las personas lo cual Dios desaprobaba completamente ya que Él ama la verdad y no puede regocijarse en el fraude: “He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría”, (Salmo 51:6). Los engaños en uno de los pecados más comunes incluso dentro del pueblo cristiano ya que generalmente no llegamos a comprender lo terrible que este pecado es delante de Dios. Podemos cometer este pecado cuando mentimos en nuestros negocios al no vender la pesa exacta, o cuando tergiversamos la información en nuestra empresa para vernos bien o sacar algún provecho o cuando engañamos a una persona para que no se entere de algo que estamos encubriendo. Todos debemos vivir como hijos de luz, en verdad como Él es Verdad.

YUGO DESIGUAL


“Judá ha sido traicionero. En Israel y en Jerusalén se ha cometido algo detestable: Al casarse Judá con la hija de un dios extraño, ha profanado el santuario que el Señor ama. En cuanto al hombre que haga eso, quienquiera que sea, que el Señor Todopoderoso lo excluya de los campamentos de Jacob, aun cuando le lleve ofrendas”.
Malaquías 2:11-12


               Cuando Dios sacó al pueblo de Egipto, y estableció un pacto con ellos en el desierto, una parte del compromiso del pueblo de Israel era no casarse con personas de otras naciones. ¿Cuál era la razón detrás de esta ley? Dios pidió esto, no por ser racista, sino por razones espirituales. El término detestable se traduce del hebreo toebá (וֹעֵבָה) la cual es una palabra fuerte que indica asco estomacal. El pueblo había hecho algo tan horrible que la impresión podía enfermar del estómago a alguien; y eso era la unión en yugo desigual. En el reclamo que Dios hace a Israel por unirse en yugo desigual, encontramos varios principios que explican la prohibición de tal pecado.

Rompe la Unidad del Pueblo de Dios


El pueblo de Dios es unido, porque tiene un mismo Padre y un mismo Dios. Por lo tanto, Dios espera que su pueblo reconozca esta unidad, y viva en forma consecuente con ello.  Casándose con personas de otras naciones rompe la unidad del pueblo de Dios, y atenta contra el propósito de Dios de elegir a Israel ya que la mezcla de culturas contamina su vida con costumbres paganas y los impulsaba a adorar doioses extraños. De igual forma la unión de un cristiano con un incrédulo hace imposible la comunión con Dios, ya que mientras uno quiere consagrarse al Señor, el otro desea las cosas del mundo, y por ello Pablo dijo:

“No formen yunta con los incrédulos. ¿Qué tienen en común la justicia y la maldad? ¿O qué comunión puede tener la luz con la oscuridad? ¿Qué armonía Cristo con el diablo? ¿Qué tiene en común el creyente con un incrédulo? ¿En qué concuerdan el templo de Dios y los ídolos? Porque nosotros somos templo del Dios viviente. Cómo él ha dicho: Viviré con ellos y caminaré entre ellos. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Por tanto, el Señor añade: Salgan de en medio de ellos y apártense. No toquen nada impuro, y yo los recibiré. Yo seré un padre para ustedes, y ustedes serán mis hijos y mis hijas, dice el Señor Todopoderoso”.
2 Corintios 6:14-18

Profana el Pacto con Dios


Al salir de Egipto, el pueblo de Israel entró en un pacto con Dios. Una de las cláusulas era no contraer matrimonio con incrédulo.  Al hacerlo, estaban rompiendo el pacto; es decir, estaban yendo en contra de una promesa hecha a Dios.

Ofende Profundamente a Dios


“Judá ha sido traicionero. En Israel y en Jerusalén se ha cometido algo detestable: Al casarse Judá con la hija de un dios extraño, ha profanado el santuario que el Señor ama”.
Malaquías 2:11
                Las expresiones traicionero, detestable y profanado describen el gran disgusto que el Señor sentía por el hecho que los israelitas se estaban uniendo en matrimonio con naciones paganas a tal punto que habían profanado el mismo santuario de que Dios tanto amaba. ¡Esto es lo que el yugo desigual causa a Dios!

DESLEALTAD A LAS ESPOSAS Y DIVORCIOS


“Otra cosa que ustedes hacen es inundar de lágrimas el altar del Señor; lloran y se lamentan porque él ya no presta atención a sus ofrendas ni acepta de sus manos con agrado. Y todavía preguntan por qué. Pues porque el Señor actúa como testigo entre ti y la esposa de tu pacto. ¿Acaso no hizo el Señor un solo ser, que es cuerpo y espíritu? Y ¿Por qué es uno solo? Porque busca descendencia dada por Dios. Así que cuídense ustedes en su propio espíritu, y no traicionen a la esposa de su juventud. Yo aborrezco el divorcio –Dice el Señor, Dios de Israel ­-, y al que cubre de violencia sus vestiduras, dice el Señor Todopoderoso. Así que cuídense en su espíritu, y no sean traicioneros”.
Malaquías 2:13-16

               Dios inicia un nuevo reclamo al pueblo de Israel, ellos se preguntaban por qué el Señor no aceptaba con agrado sus ofrendas que presentaban y hasta inundaban su altar con lágrimas y quejidos. El Señor les responde: Y todavía preguntan por qué”. La razón del disgusto del Señor es obvia: “Pues porque el Señor actúa como testigo entre ti y la esposa de tu pacto”. Posiblemente el pueblo de Israel no solo se estaba casando con mujeres de otras nacionalidades, sino también estaban traicionando a su propia esposa dándole carta de divorcio para poder consumar el otro matrimonio.

“¿Acaso no hizo el Señor un solo ser, que es cuerpo y espíritu? Y ¿Por qué es uno solo? Porque busca descendencia dada por Dios. Así que cuídense ustedes en su propio espíritu, y no traicionen a la esposa de su juventud. Yo aborrezco el divorcio –Dice el Señor, Dios de Israel ­-, y al que cubre de violencia sus vestiduras, dice el Señor Todopoderoso. Así que cuídense en su espíritu, y no sean traicioneros”.
Malaquías 15-16

                Mientras más aumenta el porcentaje de divorcios en una nación, más mira Dios la situación como un escándalo nacional. Ese parece ser el sentido de las palabras de Malaquías con respecto al divorcio. Aparentemente, en Judá después del cautiverio, una cantidad considerable de esposos estaba portándose deslealmente al divorciarse de sus mujeres. Esta traición involucra una retractación de sus votos matrimoniales, pero también representaba una traición para el Señor. En el Nuevo Testamento este sigue siendo un tema controversial ya que lamentablemente la tasa de divorcio ha crecido no solo entre los incrédulos, sino entre la iglesia incluyendo sus ministros. Nuestro Señor Jesús toco este tema durante su ministerio:

“Algunos fariseos se le acercaron y, para ponerlo a prueba, le preguntaron: ¿Está permitido que un hombre se divorcie de su esposa por cualquier motivo? ¿No han leído  ̶ replico Jesús  ̶   que en el principio el Creador los hizo hombre y mujer, y dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo? Así que ya no son dos, sino uno solo. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre. Le replicaron: ¿Por qué, entonces, mando Moisés que un hombre le diera a su esposa certificado de divorcio y la despidiera? Moisés les permitió divorciarse de su esposa por lo obstinados que son ̶  respondió Jesús ̶. Pero no fue así desde el principio. Les digo que, excepto en caso de infidelidad conyugal, el que se divorcia de su esposa, y se casa con otra, comete adulterio”.
Mateo 19:3-9

                El plan original de Dios es que lo que Él ha unido nada lo separe, en ningún momento el alentaría el divorcio, sin embargo, muchos ven una excepción en este versículo, único en toda la Biblia, donde dice: Les digo que, excepto en caso de infidelidad conyugal, el que se divorcia de su esposa, y se casa con otra, comete adulterio. Esto no significa que debemos tomar este versículo como una salida para los problemas matrimoniales, el deseo de Dios es que luchemos por preservar nuestro matrimonio. Malaquías habló claramente acerca de la actitud de Dios hacia el divorcio. El profeta advirtió claramente: cuídense en su espíritu. Una actitud ligera hacia el divorcio era un síntoma del problema en la actitud del corazón de la persona hacia el Señor.

ECINISMO DEL PUEBLO


“Ustedes han cansado al Señor con sus palabras. Y encima preguntan: ¿En qué lo hemos cansado? En que dicen: Todo el que hace lo malo agrada al Señor, y él se complace con ellos, y murmuran: ¿Dónde está el Dios de justicia?”.
Malaquías 2:17

                Llegamos al final del capítulo 2 y cierra la sección de los pecados del pueblo con otra pregunta que ellos hacían y que no era más que un retrato de su indiferencia espiritual: ¿En qué lo hemos cansado?  Dios está cansado de la gente que, en lugar de someterse a Él, discute en contra de su voluntad justificando su actitud pecaminosa con su errada conclusión: Todo el que hace lo malo agrada al Señor, y él se complace con ellos. Esta era una manera hablar en contra de Dios expresando su disgusto al no ver las respuestas que tanto estaban esperando: la restauración del reino de Israel Ellos decían: Es mejor ser malo ya que nadie saca provecho de ser justo y a los impíos les va mejor. Ante las injusticias de la vida decían de manera sarcástica: ¿Dónde está el Dios de justicia? Cuando llegue la justicia, lamentarán haber hecho ese tipo de planteamientos.