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domingo, 23 de febrero de 2020

¿Cómo dar mucho fruto? (Juan 15:2-6)



“Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden”.
Juan 15:2-6

INTRODUCCIÓN


             Continuamos estudiando el capítulo 15, ya la ultima vez estudiamos como Dios había comparado su enorme amor al sacar a Israel de la esclavitud y darle una tierra donde fluía leche y miel, con el hecho de plantar una viña y plantar allí una vid con el objetivo de obtener un fruto agradable: “Hiciste venir una vid de Egipto; echaste las naciones, y la plantaste. Limpiaste sitio delante de ella, e hiciste arraigar sus raíces, y llenó la tierra. Los montes fueron cubiertos de su sombra, y con sus sarmientos los cedros de Dios. Extendió sus vástagos hasta el mar, y hasta el río sus renuevos”, (Salmos 80:8-11). Lamentablemente Israel no dio el fruto de obediencia que Dios quería y por ello sus pecados los destruyeron: “Israel es una frondosa viña, que da abundante fruto para sí mismo; conforme a la abundancia de su fruto multiplicó también los altares, conforme a la bondad de su tierra aumentaron sus ídolos. Está dividido su corazón. Ahora serán hallados culpables; Jehová demolerá sus altares, destruirá sus ídolos”, (Oseas 10:1-2). Al no poder producir el fruto que Dios esperaba debido a la incapacidad humana, Dios decidió darle la viña a la iglesia del Señor y en este caso la vid verdadera es Jesucristo. Hoy vamos a estudiar cómo podemos llevar mucho fruto en el Señor.

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¿Cómo dar mucho fruto? 


PARA DAR FRUTO DEBEMOS SER LIMPIADOS


“Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado”.
Juan 15:2-3

                El pámpano son los sarmientos o ramas donde nacen las uvas y en estos versículos podemos encontrar una de las cosas que debemos hacer para dar mucho fruto, y esto es, ser limpiados: Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. La palabra limpiará puede traducirse también como podar, tal y como aparece en otras versiones de la Biblia como la Biblia de las Américas: “Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo quita; y todo el que da fruto, lo poda para que dé más fruto”, (Juan 15:2, LBLA), y el proceso de podar se realiza con el propósito de recortar algunas ramas con el fin de que la planta pueda producir un mejor fruto. Obviamente este proceso suena doloroso, pero es necesario para producir el fruto deseado, de hecho, la palabra griega de donde se traduce limpiar o podar tiene este trasfondo. En el griego original, la palabra que se traduce como limpiar o podar es kazaíro (καθαίρω), la cual podría traducirse también como purgar, tal y como lo hace la antigua versión en inglés, la King James Vesion: “Every branch in me that beareth not fruit he taketh away: and every branch that beareth fruit, he purgeth it, that it may bring forth more fruit”, (Juan 15:2). Por tanto, podemos entender que este proceso de podar o limpiar o incluso purgar, producirá dolor en nuestras vidas, y este proceso esta dirigido especialmente a aquellas áreas de nuestra vida que no están en armonía con la voluntad de Dios y no hemos querido corregir, o a moldear ciertas áreas de nuestro carácter para llegar a ser la persona que Dios desea. Muchas veces el proceso de poda en nuestras vidas vendrá con el propósito de moldear nuestro carácter y prepararnos para recibir grandes cosas de parte de Dios, tal y como paso con José, quien sufrió mucho al ser odiado por sus hermanos y vendido a Egipto como esclavo, al ser acusado de un crimen injustamente y ser condenado en una cárcel. Fue gracias a este proceso de dolor que Dios preparo a José para llegar a convertirlo a sus 30 años de edad en el gobernador de Egipto y traer el socorro oportuno a su familia cuando el hambre cubrió toda la tierra, preservando así la vida de ellos, y por tal razón José dijo: “Y les respondió José: No temáis; ¿acaso estoy yo en lugar de Dios? Vosotros pensasteis mal contra mí, más Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo”, (Génesis 50:19-20). A veces el proceso de poda en nuestras vidas contribuye a este fin, moldear nuestro carácter, acrecentar nuestra fe y desarrollar nuestros dones para cumplir el propósito de Dios en nuestras vidas. En otras ocasiones, el proceso de poda viene a nuestras vidas con el proceso de disciplinarnos en aquellas áreas que no queremos cambiar y que no agradan a Dios. En la Biblia se nos enseña que Dios disciplina a aquellos a quien ama con el propósito de mantenerlos en el camino correcto y así producir el furto que desea en sus vidas: “Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados”, (Hebreos 12:7-11). Por tanto, Dios realiza este proceso de poda donde moldea nuestro carácter y nos disciplina para que lleguemos a producir muchos frutos, un fruto agradable al Señor. En su carta a los Gálatas el apóstol Pablo dice en qué consiste el fruto del Espíritu: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”, (Gálatas 5:22-23). Así que a través del proceso de poda el Señor nos limpia para llegar a producir un fruto agradable al Señor.

                Ahora bien, el versículo 3 nos dice que es a través de su palabra que nosotros ´podemos ser limpios: Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Es la palabra de Dios la que nos limpia y prepara para andar conforme a su voluntad: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”, (2 Timoteo 3:16-17).

PARA DAR FRUTO DEBEMOS PERMANECER EN ÉL


“Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”.
Juan 15:4-5

             En segundo lugar, para dar mucho fruto debemos permanecer en Él: Permaneced en mí, y yo en vosotros. Así como el pámpano no puede dar fruto por si mismo si no esta unido a la vid, así el creyente si no permanece unido a Cristo no puede dar fruto: Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. Solamente estando unidos a Cristo podremos vencer y dar el fruto que a Dios tanto le agrada.

EL QUE NO PRODUCE FRUTO ES ECHADO AL FUEGO


“El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden”.
Juan 15:6

             Finalmente, vemos el final de aquellos que no están unidos a Cristo y no son limpiados por Él: El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Cuando un pámpano no da fruto lo que se hace es cortarlo y echarlo al fuego, ni siquiera su leña sirve para otro propósito, por su naturaleza fibrosa y deforme. De igual forma, aquellos que lamentablemente rechazan a Cristo, rechazan la vida y como consecuencia su alma es condenada en el infierno. Sin embargo, nosotros los cristianos debemos permanecer unidos a Cristo que es la vid verdadera y persistir que a través de su palabra seamos limpios y así producir un fruto agradable al Señor.





La Vid Verdadera (Juan 15:1)



“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador”.
Juan 15:1

INTRODUCCIÓN


              Llegamos hoy al capítulo 15 del evangelio según Juan, y este es un gran capítulo, porque aquí encontramos una alegoría muy conocida, la alegoría de la Vid verdadera. La Biblia esta llena de figuras literarias que embellecen aun más su contenido. Aquí podemos encontrar fabulas, símil, prosopopeyas, poesía hebrea con sus paralelismos y acrósticos, hipérboles, ironías, paradojas, parábolas y hoy llegamos a una alegoría. Una alegoría es un conjunto de metáforas, y una metáfora es una figura literaria que se auxilia de formas humanas, animales, de la naturaleza o de cosas de la vida cotidiana para compararlas con una verdad que se pretende dar a conocer, y ahora, nuestro Maestro la usa para mostrarles a sus discípulos, y por ende a nosotros, una verdad esencial en el evangelio… ¡separados de Cristo nada podemos hacer! Comencemos hoy el estudio de esta alegoría considerando el primer versículo de este capítulo 15.

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La Vid Verdadera


EL SÉPTIMO GRAN YO SOY


“Yo soy la vid verdadera…”
Juan 15:1

               El capítulo 15 de este evangelio inicia con la declaración de séptimo gran “Yo Soy”. Como ya lo vimos allá en el capítulo 6 donde aparece el primer gran “Yo Soy”, dicha expresión se ha convertido en una declaración del carácter divino de Jesús. El pronombre Yo es enfático y el verbo “soy” en el tiempo presente expresa el eterno ser divino, y para los judíos esta expresión era muy conocida ya que la relacionaban con la auto existencia del Dios todo poderoso la cual había sido revelada a Moisés en la zarza que ardía: “Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros”, (Éxodo 3:14), por tanto, al usarla Jesús para sí mismo se hacía igual a Dios. Considerando todo esto, Jesús ha utilizado ya 6 veces esta declaración y se ha presentado como: el pan de vida (Juan 6:35), la luz del mundo (Juan 8:12), la puerta de las ovejas (Juan 10:7), el buen pastor (Juan 10:11), la resurrección y la vida (Juan 11:25), el camino, la verdad y la vida (Juan 14:6), y ahora aquí en Juan 15:1 se presenta como la Vid verdadera, dándonos un aspecto mas de su gloriosa persona divina. En este caso, Jesús se presenta como la Vid verdadera. Las vides son un género de planta muy conocidas por los judíos que produce uvas y de donde se obtiene el vino, una bebida tradicional en el medio oriente antiguo. Como ya lo hemos visto, cada declaración del gran “Yo Soy”, esta relacionada con un aspecto de la historia, cultura y religión judía. Por ejemplo, el pan de vida estaba relacionada con el maná que cayo del cielo, la luz del mundo estaba relacionada con la luz de los candelabros que se encendían en el templo durante la fiesta de los tabernáculos, la puerta de las ovejas y el buen pastor estaban relacionados con una de los oficios mas antiguos de los hebreos, el cuido de ovejas, la resurrección y la vida estaban relacionadas con una esperanza de su religión, el camino, la verdad y la vida, estaban relacionados con aspectos de su religión, y hoy, la vid verdadera nos enseña aun más al respecto. Es increíble cómo Jesús tomo todos estos aspectos importantes de su religión y vida judía, y les mostró como su persona es superior y mas que suficiente para darles todas las cosas.

LA VID VERDADERA Y EL LABRADOR



“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador”.
Juan 15:1

                  En este primer versículo vemos claras dos cosas. La primera es que la vid verdadera es Jesús y que el labrador del campo donde esta cultivada la vid es su Padre, Dios. Desde el Antiguo Testamento el Señor a usado la figura de la vid con el propósito de mostrar como en su gran amor sacó a Israel de la esclavitud para hacer de ellos una nación de reyes y sacerdotes que vivieran para Él. Así tenemos la parábola que aparece en Isaías donde se muestra esto: “Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres. Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad ahora entre mí y mi viña. ¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres? Os mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña: Le quitaré su vallado, y será consumida; aportillaré su cerca, y será hollada. Haré que quede desierta; no será podada ni cavada, y crecerán el cardo y los espinos; y aun a las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella. Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta deliciosa suya. Esperaba juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí clamor”, (Isaías 5:1-7). Podemos ver aquí la enorme comparación de cómo Dios muestra su gran amor al momento de sacar a Israel de la esclavitud para darles la tierra prometida, y esperando hallar en ellos frutos agradables, no los halló. En este caso, el labrador es Dios el cual trabajo duro para llegar a tener su viña, hizo una ladera fértil, la cercó y despedregó, planto su viña y edifico allí una torre de vigía y un lagar que era el lugar donde se pisaban las uvas para extraer el jugo de ellas y poder elaborar el vino. Lamentablemente, después de mucho tiempo la vid no dio uvas dulces, sino uvas silvestres que eran amargas. De igual forma, el Señor esperaba que Israel fuese su nación santa que le adorara, pero estos en lugar de eso se volvieron a los dioses falsos y por ello fueron consumidos por sus pecados, tal y como lo vemos en Ezequiel: “Tu madre fue como una vid en medio de la viña, plantada junto a las aguas, dando fruto y echando vástagos a causa de las muchas aguas. Y ella tuvo varas fuertes para cetros de reyes; y se elevó su estatura por encima entre las ramas, y fue vista por causa de su altura y la multitud de sus sarmientos. Pero fue arrancada con ira, derribada en tierra, y el viento solano secó su fruto; sus ramas fuertes fueron quebradas y se secaron; las consumió el fuego. Y ahora está plantada en el desierto, en tierra de sequedad y de aridez. Y ha salido fuego de la vara de sus ramas, que ha consumido su fruto, y no ha quedado en ella vara fuerte para cetro de rey. Endecha es esta, y de endecha servirá”, (Ezequiel 19:10-14). Por eso, en algunos otros pasajes el Señor expresa su dolor al decir como esta vid que era Israel no le dio el fruto que esperaba y su fin fue amargo: “Te planté de vid escogida, simiente verdadera toda ella; ¿cómo, pues, te me has vuelto sarmiento de vid extraña?”, (Jeremías 2:21).

Jesús durante los últimos días de su ministerio también hizo uso de esta comparación de la viña del Señor y de cómo los judíos religiosos habían fallado en su misión de cuidar para Dios esta viña para que cuando Él regresara encontrara un fruto agradable: “Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos. Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon. Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera. Finalmente les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad. Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron. Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores? Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo”, (Mateo 21:33-41). Con esta parábola, el Señor retomaba mucho del contenido que vemos en el Antiguo Testamento y expresa como Israel había fracasado en el hecho de producir para Dios un fruto agradable en su viña, y aun habiendo enviado sus profetas y a su Hijo amado, estos no obedecieron sino terminaron dando muerte al mismo Hijo de Dios, por ello fueron destruidos y la viña se terminó dándoselas a otros, y estos otros son todos aquellos que conforman la iglesia del Señor. Ante el fracaso del Israel de cuidar la viña del Señor y producir frutos agradables en su vid, Dios el Padre se preparo una nueva vid que es su mismo Hijo amado, nuestro Señor Jesús. Estaba claro que no existe ningún ser humano que pudiera cuidar la viña del Señor, pero en consecuencia de la incapacidad humana para tal fin, se provee de otra vid que sí producirá fruto sin la posibilidad de fracaso, y esta vid verdadera es Jesús: Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. El apóstol Pablo en su carta a los Romanos nos habla un poco acerca de como Israel, al haber fracasado en el hecho de dar buenos frutos, fueron desgajados del olivo verdadero y en lugar de ellos fueron injertados los olivos silvestres que son los gentiles que han creado en el Señor Jesucristo: “Si las primicias son santas, también lo es la masa restante; y si la raíz es santa, también lo son las ramas. Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo, no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti. Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese injertado. Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme”, (Romanos 11:16-20). De esta forma, hoy en Cristo Jesús nosotros que en otro tiempo éramos ramas del olivo silvestre hoy podemos estar injertados en el olivo original y vivir por medio de su sabia, y en Juan se nos muestro como Jesús ha venido a ser hoy en día la vid verdadera y nosotros los pámpanos que se alimentan del tronco para producir frutos agradables al Señor. Por ello, hoy nosotros podemos dar muchos frutos, y frutos agradables al Señor, si permanecemos unidos a esta vid, porque solo así podremos agradar a Dios.





sábado, 22 de febrero de 2020

La importancia de las reuniones en las casas (Filemón 1-2)



“Pablo, prisionero de Jesucristo, y el hermano Timoteo, al amado Filemón, colaborador nuestro, y a la amada hermana Apia, y a Arquipo nuestro compañero de milicia, y a la iglesia que está en tu casa”.
Filemón 1-2

INTRODUCCIÓN


En este saludo de Pablo al hermano Filemón resalta un punto importante, y es la iglesia que se reunía en su casa. Hoy en día, en muchos países alrededor del mundo, la iglesia suele reunirse al menos un día a la semana en las casas de los creyentes con el propósito de compartir el mensaje del evangelio con los incrédulos y tener un momento de comunión con los hermanos, sin embargo, este método no es algo nuevo, sino desde el mismo principio de la iglesia primitiva se acostumbro tal cosa. No olvidemos que al principio no existían templos en donde la iglesia se pudiera reunir, es más, era una iglesia perseguida, por lo que reunirse en las casas fue determinante para su avance y crecimiento. Veamos desde el punto de vista bíblico como las reuniones de casa contribuyeron al crecimiento y propósito de Dios en las vidas de los creyentes.

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La importancia de las reuniones en las casas


                   I.                        LA FUNCIÓN PRINCIPAL DE LAS REUNIONES EN LAS CASAS ES LA EVAGINACIÓN.


“Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento”.
Hechos 28:30-31

Una de las razones por las cuales la iglesia comenzó a reunirse en las casas fue con el propósito de usarlas para reunir a las personas y compartir el mensaje del evangelio con ellos, tal y como vemos que Pablo hizo en este pasaje: Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento. La principal función de las reuniones familiares es a evangelización y está íntimamente relacionada con la Gran Comisión. Cuando pensamos en la Gran Comisión se nos vienen dos pasajes importantes de la palabra de Dios.

1.       Anunciar el evangelio a los perdidos para que se conviertan de sus pecados: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; más el que no creyere, será condenado”, (Marcos 16:15-16).
2.       Discipulado, es decir, enseñar y guiar a los creyentes en su crecimiento espiritual y uso de dones para provecho de la iglesia: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”, (Mateo 28:19-20).

Si consideramos esto, nos daremos cuenta que las reuniones en las casas cumplen perfectamente ambas funciones, tanto la evangelización como el discipulado de nuevos creyentes.

                II.                        LAS REUNIONES EN LAS CASAS PROMUEVEN LA COMUNIÓN ENTRE HERMANOS.


“Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”.
Hechos 2:46-47

Otros de los propósitos de la iglesia primitiva al reunirse en las casas era compartir un momento de comunión con los demás hermanos. Según este pasaje bíblico, a parte de ir al Templo judío para el momento de la oración, también solían reunirse libremente en las casas, y allí podían expresar libremente su fe a través de:

1.       Partían el pan en las casas, posiblemente es una referencia a celebrar la cena del Señor, y así podían recordar los padecimientos del Señor y su pronto regreso
2.       Comían juntos con alegría y sencillez de corazón, es decir, mantenían un espíritu de verdadera comunión entre ellos, sus vidas eran sencillas y se mantenían unidos en el vínculo del amor fraternal.
3.       Alababan a Dios, o sea, se reunían en las casas para adorar con libertad al Señor, especialmente porque en algunos lugares la iglesia fue perseguida y no se le permitía reunirse públicamente.
4.       Finalmente, tenían favor con todo el pueblo, es decir, gozaban de un buen testimonio delante de todo el pueblo, y así los incrédulos notaban una enorme diferencia en la manera de vivir de los cristianos que la del resto del mundo, esto era un poderoso testimonio del poder transformador de Dios.

             III.                        LAS REUNIONES EN LAS CASAS CONTRIBUYEN AL DESARROLLO DE LOS CREYENTES EN LA OBRA DEL SEÑOR.


“Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús, que expusieron su vida por mí; a los cuales no sólo yo doy gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles. Saludad también a la iglesia de su casa. Saludad a Epeneto, amado mío, que es el primer fruto de Acaya para Cristo. Saludad a María, la cual ha trabajado mucho entre vosotros. Saludad a Andrónico y a Junias, mis parientes y mis compañeros de prisiones, los cuales son muy estimados entre los apóstoles, y que también fueron antes de mí en Cristo. Saludad a Amplias, amado mío en el Señor. Saludad a Urbano, nuestro colaborador en Cristo Jesús, y a Estaquis, amado mío. Saludad a Apeles, aprobado en Cristo. Saludad a los de la casa de Aristóbulo. Saludad a Herodión, mi pariente. Saludad a los de la casa de Narciso, los cuales están en el Señor. Saludad a Trifena y a Trifosa, las cuales trabajan en el Señor. Saludad a la amada Pérsida, la cual ha trabajado mucho en el Señor. Saludad a Rufo, escogido en el Señor, y a su madre y mía. Saludad a Asíncrito, a Flegonte, a Hermas, a Patrobas, a Hermes y a los hermanos que están con ellos. Saludad a Filólogo, a Julia, a Nereo y a su hermana, a Olimpas y a todos los santos que están con ellos. Saludaos los unos a los otros con ósculo santo. Os saludan todas las iglesias de Cristo”.
Romanos 16:3-16

Finalmente, las reuniones en las casas contribuyen al desarrollo de los creyentes en la obra del Señor. Una parte importante del desarrollo del creyente en su vida cristiana es el poder servirle al Señor en alguna área especifica dentro de la iglesia, y las reuniones en las casas propician dicho propósito. Si revisamos el saludo del apóstol Pablo en su carta a los Romanos podremos ver como los creyentes que se reunían en la casa de Priscila y Aquila participan en el servicio a Dios. Estudiemos a detalle este saludo:

1.       En primer lugar, vemos que había una reunión en la casa de Priscila y Aquila, y el hecho de que se mencione primero el nombre de Priscila y no el de Aquila nos sugiere que la líder de dicha reunión era la mujer: Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús, que expusieron su vida por mí; a los cuales no sólo yo doy gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles. Saludad también a la iglesia de su casa.
2.       Vemos como esta reunión en la casa de Priscila y Aquila servía para recibir a los recién convertidos y que estos pudiesen desarrollarse en el Señor: Saludad a Epeneto, amado mío, que es el primer fruto de Acaya para Cristo.
3.       Vemos como las mujeres tenían un protagonismo muy importante en la obra del Señor: Saludad a María, la cual ha trabajado mucho entre vosotros… Saludad a Trifena y a Trifosa, las cuales trabajan en el Señor. Saludad a la amada Pérsida, la cual ha trabajado mucho en el Señor.
4.       También vemos como Pablo saluda a dos apóstoles que aparentemente también trabajaban en esta casa donde se realizaban las reuniones para el Señor: Saludad a Andrónico y a Junias, mis parientes y mis compañeros de prisiones, los cuales son muy estimados entre los apóstoles, y que también fueron antes de mí en Cristo. Algunos no logran ponerse de acuerdo en cuanto al nombre de Junias, ya que para algunos es un nombre femenino, pero para otros es masculino.
5.       Curiosamente, en esta casa también se reunía Rufo, el cual era el hijo de Simón de Cirene, aquel hombre a quien obligaron a cargar la cruz de Cristo: “Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, a que le llevase la cruz”, (Marcos 15:21). Posiblemente aquel encuentro que Simón de Cirene tuvo con Cristo impacto toda su vida ya que llego a entender que aquel a quien estaban crucificando era el Mesías, y definitivamente esto sirvió para que el se convirtiera y así llevara a su familia el mensaje del evangelio.
6.       En general, esta reunión que se celebraba en la casa de Priscila y Aquila servía como un lugar donde se reunían muchos cristianos para adorar al Señor: Saludad a Amplias, amado mío en el Señor. Saludad a Urbano, nuestro colaborador en Cristo Jesús, y a Estaquis, amado mío. Saludad a Apeles, aprobado en Cristo. Saludad a los de la casa de Aristóbulo. Saludad a Herodión, mi pariente. Saludad a los de la casa de Narciso, los cuales están en el Señor… Saludad a Asíncrito, a Flegonte, a Hermas, a Patrobas, a Hermes y a los hermanos que están con ellos. Saludad a Filólogo, a Julia, a Nereo y a su hermana, a Olimpas y a todos los santos que están con ellos. Saludaos los unos a los otros con ósculo santo. Os saludan todas las iglesias de Cristo.

CONCLUSIÓN.


Las reuniones en las casas tienen un trasfondo bíblico, hoy en día muchas congregaciones tienen la costumbre de reunirse en ellas, algunos las llaman reuniones familiares, otros grupos de crecimiento, o células cristianas, y así sucesivamente. Si observamos la Biblia podemos ver como las reuniones en las casas de los creyentes ayudan a cumplir el propósito de Dios en su iglesia:

1.       Las reuniones en las casas contribuyen al cumplimiento de la gran comisión, evangelizar y discipular (Hechos 28:30-31).
2.       Lar reuniones en las casas contribuyen a la edificación y vida en comunión con todos los creyentes (Hechos 2:46-47).
3.       Las reuniones en las casas contribuyen al desarrollo de los creyentes en la obra de Dios (Romanos 16:3-16).     


sábado, 8 de febrero de 2020

El problema de la Jactancia (Jeremías 9:23-24)



“Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Más alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová”.
Jeremías 9:23-24

INTRODUCCIÓN


La jactancia es la acción de hacer alarde o reconocer públicamente de una manera desmedida las cualidades, habilidad o logros alcanzados por una persona. La jactancia es una actitud pecaminosa ya que aquellos que la practican muestran una actitud de no humildad, piensan que por su propio esfuerzo y medios han logrado todo lo que tienen en su vida y por ello piensan que no necesitan a Dios en sus vidas. Por ello en el libro del profeta Jeremías exhorta a los hombres a no ser jactanciosos.

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El problema de la Jactancia

 

                   I.                        LAS COSAS POR LAS CUALES EL HOMBRE SE JACTA.


“Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas”.

En el versículo 23 de este capítulo aparecen algunas cosas de las cueles el hombre se suele jactar. En primer lugar, se nos dice que el hombre no debe jactarse en su sabiduría. Muchas personas hoy en día se creen superiores a los demás por la inteligencia o sabiduría que creen que haber adquirido. Otros se jactan por su valentía. En el hebreo original, la palabra que se traduce en la RV60 como valentía, también puede ser traducida al español como poder. Muchas personas han llegado a adquirir poder en nuestra sociedad, ya sea en sus cargos como funcionarios públicos, o en alguna organización o incluso en la iglesia, y algunos de ellos llegan a engrandecerse tanto que se consideran superiores a los demás y se alaban así mismo como grandes. Finalmente, el Señor dice que no hay que jactarse en las riquezas. Muchas personas se jactan por las riquezas que tienen, por sus enormes y lujosas casas, por sus bienes materiales y demás posesiones. De esta forma, hoy en día existen muchas personas que se jactan de sus riquezas, su poder o su supuesta sabiduría; sin saber, que todo lo que tienen lo han recibido de Dios y Él puede quitárselos.

                II.                        LOS JACTANCIOSOS SON CONDUCIDOS A SU RUINA.


En la Biblia se nos deja muy claro que todos los jactanciosos están destinados ir a la ruina, y quizás el mejor ejemplo de ello es Nabucodonosor. A través del sueño que Daniel le revelo, Dios le había dado a conocer que su jactancia y crueldad no era aceptable y que si persistía en ello iba a ser humillado, sin embargo, Nabucodonosor continuo en su actitud arrogante creyendo que su fuerza y poder le había dado todo lo que tenía, hasta que Dios le mostro lo contrario: “ Al cabo de doce meses, paseando en el palacio real de Babilonia, habló el rey y dijo: ¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad? Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando vino una voz del cielo: A ti se te dice, rey Nabucodonosor: El reino ha sido quitado de ti; y de entre los hombres te arrojarán, y con las bestias del campo será tu habitación, y como a los bueyes te apacentarán; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien él quiere. En la misma hora se cumplió la palabra sobre Nabucodonosor, y fue echado de entre los hombres; y comía hierba como los bueyes, y su cuerpo se mojaba con el rocío del cielo, hasta que su pelo creció como plumas de águila, y sus uñas como las de las aves”, (Daniel 4:29-33). Aquel día, aquel hombre soberbio fue humillado, y durante 7 años paso creyéndose un animal del campo; pero Dios fue misericordioso y le devolvió su razón, y Nabucodonosor reconoció que toda la gloria y alabanza debe ser para Dios únicamente: “Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades. Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces? En el mismo tiempo mi razón me fue devuelta, y la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí, y mis gobernadores y mis consejeros me buscaron; y fui restablecido en mi reino, y mayor grandeza me fue añadida. Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia”, (Daniel 4:34-37).

              III.                        DE LO ÚNICO DE LO QUE EL HOMBRE PODRÍA ENORGULLECERSE.


“Más alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová”.

Si hay algo en lo que se debe sentir orgulloso el ser humano, o en lo que podría hacer alarde por así decirlo, es en entender y conocer al Señor. El hombre necesita entender que el único ser soberano es Dios y que nosotros somos seres finitos que hemos recibido de su bondad todo lo que tenemos. Él es el Dios que hace misericordia, juicio y justicia, y esto debe ser comprendido por el hombre.

CONCLUSIÓN.


El verdadero conocimiento del Señor trae el temor a Jehová y una vida humillada a su presencia que reconoce que todo lo que es y tiene es consecuencia de su misericordia y bondad. Ahora bien, el primer paso para conocer a Dios es rendirnos a los pies de Cristo, venir a Él en completo arrepentimiento y ser restaurados de nuestra antigua manera de vivir, solo allí comenzaremos una vida en completa obediencia y dependencia de Cristo.





domingo, 2 de febrero de 2020

Voy al Padre (Juan 14:28-31)



“Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo. Y ahora os lo he dicho antes que suceda, para que cuando suceda, creáis. No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí. Mas para que el mundo conozca que amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago. Levantaos, vamos de aquí”.
Juan 14:28-31

INTRODUCCIÓN


              Con estas palabras llega a su fin el capitulo 14 del evangelio según Juan. Este gran discurso que esta siendo dado por nuestro Señor Jesucristo a sus discípulos es transcendental en gran manera. Recordemos que son las ultimas palabras de Jesús a sus discípulos antes de morir en la cruz, y será después de su resurrección que volverá a estar con ellos, por ello, sus palabras son de una importancia tal que determinante que prácticamente los prepararían para el momento que estaban a punto de sufrir, la muerte de su Maestro. Ahora nuestro Señor afirma que su momento de estar con el Padre se acerca y por consiguiente su victoria final.


voy-al-Padre
Voy al Padre


JESÚS VA AL PADRE Y ESTO ES MOTIVO DE REGOCIJO PARA AQUELLOS QUE LE AMAN


“Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado…”.
Juan 14:28

            Una vez más Jesús recalca la verdad que ya les ha anunciado, Él va al Padre, pero regresaría por ellos: Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. El Señor iba camino al Padre y este camino era a través de la muerte, esto definitivamente entristecía en gran manera a sus discípulos, porque ellos ignoraban que resucitaría y volvería a estar con ellos, pero todo lo que estaba pasando era necesario para que se cumpliese las Escrituras. Por ello, cuando Jesús resucitó y se le apareció, les abrió el entendimiento para que comprendiesen que todo esto había ocurrido para cumplimiento de las Sagradas Escrituras: “Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas”, (Lucas 24:45-48). Sus discípulos aun no comprendían todo lo que estaba ocurriendo, es más, deseaban que el Señor evitase la muerte para que siguiese con ellos, pero posteriormente lo comprenderían y se alegrarían por El ya que a través de su muerte conquistaría la victoria final por medio de su resurrección, por ello les dijo: Si me amarais, os habríais regocijado.

JESÚS VA AL PADRE PORQUE ESA ES SU VOLUNTAD


“… porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo”.
Juan 14:28

              Además de todo esto, Jesús les recalca a sus discípulos que va camino a su Padre porque también esa era su voluntad, y Él estaba para sujetarse a su voluntad:  porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo. Jesús afirma que el Padre es mayor a Él, no en el sentido de que fuese un ser inferior a Dios, porque es Dios, sino porque mientras estuvo en esta tierra en su misión terrenal se sujeto a la voluntad de su Padre, y por ello estaba allí: “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió”, (Juan 6:38). Y esta voluntad consistía que dar a su Hijo Jesucristo en rescate de muchos pecadores que habrían de arrepentirse de sus pecados: “Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”, (Juan 6:40). Definitivamente nuestro Señor vía solo para hacer la voluntad del Padre, y el Padre mostro su enorme amor por nosotros que envió a su Hijo a morir por nuestros pecados y esta era la voluntad de Jesús tenia que cumplir.

ESTAS PALABRAS LES AYUDARAN A CREER EN EL FUTURO


“Y ahora os lo he dicho antes que suceda, para que cuando suceda, creáis”.
Juan 14:29

            He aquí una vez más la razón por la cual Jesús les vuelve a repetir estas palabras: Y ahora os lo he dicho antes que suceda, para que cuando suceda, creáis. Jesús está repitiendo una y otra vez que está allí en Jerusalén para morir e ir al Padre, y aunque estas palabras entristecían muchos a sus discípulos, quería que les quedaran bien grabadas en sus mentes todas sus promesas porque cuando resucitara se cumplirían y así la fe de ellos crecería. Lo cierto es que los discípulos fueron testigos presenciales de todo esto que le ocurrió a nuestro Señor Jesucristo, ellos vieron como las Escrituras se cumplieron en su vida, muerte y resurrección, esto los lleno de fe y los convirtió en los mejores testigos, por ello Juan, ya anciano a lo mejor, afirmaba que hablaba aquello que había presenciado junto con sus demás compañeros: “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido”, (1 Juan 1:1-4).

EL MUNDO CONOCERÍA QUE JESÚS HIZO LA VOLUNTAD DE SU PADRE


“No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí. Mas para que el mundo conozca que amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago. Levantaos, vamos de aquí”.
Juan 14:30-31

         Ya Jesús casi que lo había dicho todo, y no volvería a repetirlo, el momento de hablar estaba casi por terminar, y Satanás entraría en escena actuando maléficamente a través de Judas iscariote y los sacerdotes y principales de los judíos: No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí. Por ello cuando atraparon a Jesús les recrimino que mientras anduvo a pleno día haciendo la voluntad de su Padre, nadie le prendió, pero cuando llego el momento de que las tinieblas tuvieron su oportunidad para actuar, ellos conducidos por el príncipe de este mundo, el cual es Satanás, se convirtieron en su instrumento maligno: “Y Jesús dijo a los principales sacerdotes, a los jefes de la guardia del templo y a los ancianos, que habían venido contra él: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y palos? Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; más esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas”, (Lucas 22:52-53). Ellos estaban prendiéndole, pero no era la primera vez que lo intentaban, pero a diferencia de las otras oportunidades, ellos estaban obteniendo lo que querían porque las tinieblas del mal los respaldaban, sin embargo, todo eso era necesario para que se cumpliera la Escritura y el Mesías fuera entregado en manos de pecadores y muriera por nuestros pecados, así un día resucitaría obteniendo la victoria final y el mundo supiese que él había amado a su Padre obedeciéndole hasta la muerte: Mas para que el mundo conozca que amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago. Por ello Juan llegaría a plasmar esta maravillosa verdad en su evangelio en las palabras que han transformado e impactado a millones de personas a lo largo de todos los tiempos: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”, (Juan 3:16). Ciertamente el mundo conocería cuanto su Hijo lo amaba al obedecer su voluntad hasta la muerte, todo para que todo aquel que en Él creyera no se pierda más tenga vida eterna. Así nuestro Señor se dirigía a sus discípulos y después de dirigir estas palabras les pidió que se retiran a otro lugar donde continuaría con sus ultimas enseñanzas: Levantaos, vamos de aquí.