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sábado, 31 de marzo de 2018

Ciegos que no saben leer las señales del cielo (Mateo 16:1-4)



“Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo. Mas él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles. Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡más las señales de los tiempos no podéis! La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Y dejándolos, se fue”.
Mateo 16:1-4

Introducción


             Avanzando por este glorioso evangelio llegamos al capítulo 16 donde Mateo nos seguirá mostrando la increíble oposición que el ministerio de Jesús está experimentando en este último año de ministerio. Anteriormente Jesús había estado afuera de las fronteras de Israel, había estado recorriendo los contornos de Decápolis, donde vimos que realizo muchos milagros, y justo antes de abandonar la región realizo un milagro que ya anteriormente había realizado, la multiplicación de siete panes y unos cuantos peces con los cuales alimento a 4, 000 personas. Ahora, nuestro Señor está de regreso en Israel, y una comitiva de líderes religiosos ha llagado para oponerse a su ministerio.

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Ciegos que no saben leer las señales del cielo

Una Coalición en contra de Jesús


“Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo”.
Mateo 16:1

               Poco después de que Jesús hubiera puesto un pie en las fronteras israelitas, una comitiva llega a recibirlo no con el fin de darle la bienvenida, sino para oponerse a su ministerio. En este versículo vemos dos grupos religiosos importantes de los tiempos de Jesús, dos grupos que siempre habían tenido sus diferencias pero que ahora se habían unido con el fin de tentar a nuestro Señor, los fariseos y saduceos. Los fariseos (φαρισαῖος) eran una secta cuyo nombre significa “separados” debido a la manera diferente de vivir a la del común de la gente, su nombre fariseo aparece por primera vez en el contexto de los reyes MACABEOS en el 150 a.C., en el libro de Josefo, Antigüedades XIII. Como grupo particular, los fariseos lograron destacarse durante el reinado de Juan Hircano (135-104 a.C.), al oponerse al deseo de este de extender su poder político y militar. En el reinado de Alejandro Janneo (103-76 a.C.) la oposición alcanzó tal magnitud que este la suprimió brutalmente, crucificando a ochocientos de los líderes fariseos (Antigüedades, XIII). Cobraron nueva importancia bajo Alejandra Salomé (76-67 a.C.), pero pronto perdieron su influencia directa en la vida política del país. Su vida se basaba en cumplir estrictamente la ley de Moisés y las tradiciones judías, creían en los profetas, la resurrección de los muertos, los ángeles y la restauración de Israel a manos de un Mesías. Al principio este grupo surgió con buenas intenciones ya que deseaban preservar la cultura judía y enfocarse en guardar la ley y los profetas, pero lamentablemente le dieron más importancia a las tradiciones y cosas externas que al amor, misericordia y justicia que era el verdadero espíritu de la ley, por ello Jesús los recrimina de su hipocresía en el capítulo 23 de Mateo: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, más por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia”, (Mateo 23:27). En cambio los saduceos, eran miembros de una secta minoritaria pero de gran poder en los tiempos de Jesús, por lo general constituían un núcleo de personas altamente privilegiadas, por ejemplo, comerciantes ricos y funcionarios gubernamentales. Josefo se refiere por primera vez a los saduceos en su libro de Antigüedades XIII, donde describe la decisión de Hircano I, rey macabeo de los judíos (135-105 a.C.) de aliarse con ellos. De allí se ve que la secta existía antes de dicho reinado. Se llegó a creer el nombre se había derivado del sacerdote Sadoc, contemporáneo de David y Salomón (2 Samuel 15:27; 19:11; 1 Reyes 1:8), cuyos descendientes eran considerados como la línea pura sacerdotal, pero no se está totalmente seguro de que esta aseveración sea cierta. Otros como T.W. Manson proponen que su origen puede rastrearse al considerar el origen de la palabra griega de donde deriva su nombre, ya que es saddoukaios (Σαδδουκαῖος), el cual era un título que se le daba a las autoridades fiscales en Atenas en el siglo IV a.C., por lo que sugieren que los saduceos también controlaban los impuestos en Israel. Contrario a los fariseos, los saduceos solo creían en la ley de Moisés, fuera de eso no aprobaban ningún otro inscrito inspirado como los profetas y los salmos, también creían que después de la muerte no había nada más y eso los llevaba a creer que no existía la resurrección de los muertos, no creían en los ángeles y sostenían la creencia de un reinado teocrático, donde ellos eran los principales regentes, de allí que la idea de un Mesías que reinaría para siempre iba en contra de sus intereses, de hecho, eran los saduceos los que se encontraban en el poder, ya que uno de ellos era el sumo sacerdote y su poder lo ejercían desde el mismo sanedrín: “Y le llevaron primeramente a Anás; porque era suegro de Caifás, que era sumo sacerdote aquel año”, (Juan 18:13). Por tanto, podemos ver que las diferencias teológicas de estos dos grupos eran tan opuestas que en cierta ocasión Pablo la utilizo en su favor para ponerlos en contra los unos con los otros: “Entonces Pablo, notando que una parte era de saduceos y otra de fariseos, alzó la voz en el concilio: Varones hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo; acerca de la esperanza y de la resurrección de los muertos se me juzga. Cuando dijo esto, se produjo disensión entre los fariseos y los saduceos, y la asamblea se dividió. Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; pero los fariseos afirman estas cosas. Y hubo un gran vocerío; y levantándose los escribas de la parte de los fariseos, contendían, diciendo: Ningún mal hallamos en este hombre; que si un espíritu le ha hablado, o un ángel, no resistamos a Dios. Y habiendo grande disensión, el tribuno, teniendo temor de que Pablo fuese despedazado por ellos, mandó que bajasen soldados y le arrebatasen de en medio de ellos, y le llevasen a la fortaleza”, (Hechos 23:6-10). A pesar de sus marcadas diferencias e intereses, estos dos grupos se unen en esta ocasión solo para tentar a nuestro Señor: Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo. Estos hombres le pedían a Jesús una señal, pero esta pregunta era hasta cierto punto ridícula, porque que más señal que las muchas sanidades y milagros que nuestro Señor había realizado. De hecho, esta no es la primera vez que sus enemigos le hacen esta petición, ya los fariseos y escribas lo habían hecho anteriormente: “Entonces respondieron algunos de los escribas y de los fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal”, (Mateo 12:38). Estos hombres trataban de negar los milagros y señales que Jesús hacía, y luchaban con auto-convencerse de que Satanás estaba detrás de todas sus obras, por ello pedían un señal más, pero esta vez le piden una señal del cielo, es decir, un acto milagroso del cielo que confirme que Dios estaba con Él, parecida a la señal del maná que descendió del cielo que respaldó a Moisés (Éxodo 16), o cuando Josué hizo detener el sol y la luna (Josué 10:12-14), o cuando hubieron relámpagos y rayos que atemorizo al ejercito de los filisteos en tiempos del profeta Samuel como respuesta a su oración (1 Samuel 7:10), o cuando la sombra retrocedió 10 grados en respaldo a la palabra de Isaías (2 Reyes 20:10-11), o cuando Elías hizo caer fuego del cielo (1 Reyes 18:30-40). Pero Jesús no estaba dispuesto a hacerles otra señal, sino solamente la del profeta Jonás.

Ciegos que no distinguían las señales del cielo


“Más él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles. Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡más las señales de los tiempos no podéis!”.
Mateo 16:2-3

               Jesús recrimina la ceguera espiritual de estos hombres que le pedían una señal del cielo. Por un lado Jesús había realizado muchas señales sanando y realizando toda clase de milagros, habían visto el cumplimiento de la ley, los profetas y los salmos en su persona y aun así se atrevían a pedirle una señal más. Por otro lado, estos hombres eran unos expertos para distinguir las señales del tiempo para pronosticar el tiempo, pero eran incapaces de distinguir las señales del cielo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles. Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡más las señales de los tiempos no podéis! Hoy en día muchas personas son como estos fariseos y saduceos, incapaces de leer las señales de la pronta venida de nuestro Señor Jesús y del fin que se avecina a este mundo, Jesús nos dijo que antes de su venida habría muchas señales: “Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores”, (Mateo 24:4-8). Hoy en día la tecnología y ambiente político proyecta a un mundo que prepara el camino para el surgimiento del anticristo, la apostasía que hoy vivimos va rumbo al falso profeta, y el hecho de que la higuera ha florecido nos anuncian que Cristo viene pronto: “De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”, (Mateo 24:32-35). En 1948 con la proclamación de Israel como nación soberana e independiente se cumplió esta profecía y la higuera comenzó a florecer y Jesús dijo que no pasaría esta generación sin que los acontecimientos apocalípticos que Él describe en Mateo 24 se cumplan. Una generación está compuesta por 70 años, 80 en los más robustos: “Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años”, (Salmo 90:10). Si contamos veremos que en el 2018 se cumplirán los 70 años, y en el 2028 los 80 años, por lo que el tiempo para el cumplimiento de lo que ha de venir está muy próximo. De esta forma hoy en día muchas señales pueden avisarnos que el fin de este mundo se acerca y debemos ser sabios para reconocerlas y aferrarnos en fe a nuestro Señor Jesús el cual puede perdonarnos de nuestros pecados y salvarnos de la destrucción que viene para este mundo que agoniza. Estos hombres no eran capaces de leer las señales referentes al cumplimiento de las profecías en cuanto a la primera venida del Señor que ocurrían en sus propias narices, y hoy en día debemos tener cuido de no cometer el mismo error al no ser capaces de ver las señales que anuncian que su segunda venida y la gran tribulación están cerca.

La señal del profeta Jonás


 “La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Y dejándolos, se fue”.
Mateo 16:4

              Finalmente, nuestro Señor acusa a estos líderes religiosos de ser una generación mala y adultera: La generación mala y adúltera demanda señal. Ellos eran malos porque sus intenciones eran perversas a tal punto que querían matar a Jesús, eran una generación adultera, porque aunque ya no se inclinaban ante ídolos, sus corazones estaban muy alejados del Señor, ya que ponían sus tradiciones humanas antes que a Dios. Por esta razón el Señor se negó a hacerles una señal, sino la única seria la señal del profeta Jonás. Como vimos anteriormente en el capítulo 12 de este evangelio la señal del profeta Jonás se refiere a su resurrección, de tal forma que la única señal que les dejaría a estos hombres de su autoridad como Mesías sería el hecho de que resucito de los muertos. Así como Jonás estuvo tres días en el vientre del gran pez, así nuestro Señor descendió al Hades después de morir y ser sepultado, pero al tercer día resucito de entre los muertos, lo cual es la señal inequívoca de su autoridad y el sello de su victoria. La señal de Jonás es exclusiva de nuestro Señor Jesucristo ya que ningún hombre antes o después de Él ha sido capaz de vencer a la muerte, ni Moisés, ni Josué, ni David, ni los profetas fueron capaces de resucitar, ni siquiera Mahoma, o Buda, o Confucio y ninguno de los lamas del Tíbet ha sido capaz de semejante obra, todos los grandes siervos de Dios gozaron de gran respaldo y a algunos los acompañaron grandes señales; pero a ninguno se le dio el derecho de resucitar de entre los muertos, por ello la resurrección ha sido uno de los principales temas del evangelio: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras”, (1 Corintios 15:3-4). Hoy en día la resurrección de entre los muertos es el sello de divinidad que Jesús tiene, ya que ningún hombre o mujer de esta tierra ha sido capaz de tal obra.


Creados para la eternidad (Eclesiastés 3:11)

“Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin”.
Eclesiastés 3:11


INTRODUCCIÓN


            De acuerdo al texto de Eclesiastés Dios nos ha creado para ser eternos. Desde el momento que nacemos comenzamos a existir, y de allí en adelante jamás dejaremos de existir: Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin. Por esta razón es importante que cada uno de nosotros comprendamos bien todo lo relacionado a este tema porque de ello depende en dónde pasaremos la eternidad.

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Creados para la eternidad


                               I.            MUCHOS TIENEN UN CONCEPTO EQUIVOCADO DE LA ETERNIDAD.


“Más el hombre morirá, y será cortado; perecerá el hombre, ¿y dónde estará él?”.
Job 14:10

Desde muy antiguo el hombre ha tenido la incertidumbre de ¿A dónde pasara la eternidad? ¿Qué hay después de la muerte? El mismo libro de Job, el libro más antiguo de la Biblia se hacia esta pregunta: Más el hombre morirá, y será cortado; perecerá el hombre, ¿y dónde estará él? Ante esta interrogante el hombre a planteado muchas teorías las cuales no son ciertas, por ejemplo, algunos creen en la aniquilación total que habla acerca de que cuando el hombre muere su ser es aniquilado totalmente y deja de existir, otros piensan que existe un lugar intermedio donde se puede purgar nuestros pecados llamado purgatorio, otros creen en la reencarnación, que aquellos que mueran pueden reencarnar a otra vida, otros piensan que al paraíso se entra por hacer buenas obras y sacrificios personales, y otros piensan que no existe infierno y que Dios no castigara a nadie en la eternidad. Sin embargo, todas estas creencias en cuanto a la eternidad están erradas, pero en la Biblia podemos encontrar las respuestas correctas.

                            II.            SOLO HAY DOS LUGARES DONDE PASAR LA ETERNIDAD.


“Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. El entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos”.
Lucas 16:13-31

La historia del rico y Lázaro es una buena referencia bíblica donde el mismo Señor Jesús nos explica todo lo referente a la eternidad. En este texto podemos aprender muchas cosas en cuanto a la eternidad. Veamos lo que esta historia nos enseña.

1.      Todos tendremos que enfrentar la muerte.


“Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo… y murió también el rico, y fue sepultado…”

Lo primero que aprendemos de esta historia es que todos tendremos que enfrentar la muerte. A excepción de Enoc y Elías, y aquellos creyentes que serán arrebatados el día del rapto de la iglesia, todos sin excepción enfrentaremos la muerte: “Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad. Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo”, (Eclesiastés 3:19-20). Al final, tanto el rico como el mendigo murieron, el problema fue a dónde fue su alma después de la muerte.

2.      Los justos irán al paraíso.


“Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham…”.

Después que Lázaro murió la Biblia dice que llegaron unos ángeles que lo condujeron al paraíso, al seno de Abraham donde le esperaba el descanso eterno. La Biblia nos enseña que para todos los justos está reservado un lugar de descanso eterno, tal y como el libro de Apocalipsis nos lo describe: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo”, (Apocalipsis 21:1-7). De acuerdo a esta visión que el apóstol Juan recibió podemos aprender algunas cosas respecto al cielo. En primer lugar, nos espera una eternidad de verdadera gloria que no se compara a nada de este mundo, no habrá más llanto ni dolor, y el mismo Dios habitara con su pueblo. Esto es lo que les espera a todos aquellos que sean salvos por la fe en Cristo.

3.      Los pecadores irán a condenación eterna.


“Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento”.
Lucas 

También es importante que todos sepamos que existe un lugar de condenación eterna donde irán todos los pecadores que no se arrepintieron. Podemos ver que cuando el rico murió abrió sus ojos en un lugar de tormentos, y en esta historia podemos ver algunos de los terribles tormentos que se viven en el infierno:

1.      Las necesidades físicas continúan activas en ese lugar: el hambre, cansancio, sed, entre otras, sin poder satisfacerse: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua.
2.      El dolor físico de las quemaduras se experimentara sin descanso: porque estoy atormentado en esta llama.
3.      Los recuerdos de nuestra vida nos atormentaran: Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado.
4.      La sensación de no poder escapar abate nuestra alma: Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.
5.      La angustia por los familiares y amigos que aún no han muerto y no son salvos: Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento.

            Por esta causa la Biblia nos advierte acerca de este terrible lugar, pero ¿cómo hacerlo?, en este mismo texto la Biblia nos da la respuesta.

            4.      Hoy en día se predica a todo hombre que escape del infierno.


“Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. El entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos”.

Cuando el rico le pidió a Abraham que enviara a Lázaro a casa de su padre para que le predicara a sus hermanos a fin de que estos no tuvieran su mismo destino, Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. La clave es escuchar y obedecer la palabra de Dios y esta nos exhorta a ser salvos por medio de la fe en Jesús, lamentablemente muchos rechazan a Jesús sin saber que les espera la condenación eterna.

CONCLUSIÓN.


Dios nos ha creado para ser eternos, y solo hay dos lugares para pasar la eternidad, o en el paraíso con Dios, o en el infierno, en condenación eterna. Solamente aquellos que se arrepientan de sus pecados pueden ser salvos de las llamas del infierno, por ello es importante creer en Jesucristo para ser salvos y heredar la vida eterna.

Cristo todo lo hace nuevo (Isaías 43:19)



“He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad”.
Isaías 43:19

INTRODUCCIÓN

           
La sensación de adquirir nuevas cosas es siempre un sentimiento de mucha alegría, especialmente porque somos seres humanos que les gusta probar y experimentar cosas nuevas. En la Biblia hay una profecía que habla acerca de lo que Dios deseaba hacer en el futuro, hacer algo nuevo en nuestras vidas: He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad. Si hay alguien que puede hacer nuevas todas las cosas en nuestra vida es Cristo Jesús y en esta ocasión veremos cómo y qué es lo que Él hace nuevo.

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En Cristo todo es nuevo


                               I.            EN CRISTO JESÚS SOMOS NUEVA CRIATURA.


“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.
2 Corintios 5:17

En primer lugar, la primera obra que Cristo hace en nuestra vida es hacernos nueva criatura, tal y como Pablo lo dice en su segunda carta a los corintios: De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. El ser hecho nueva criatura es el mayor milagro que Dios puede obrar en un ser humano ya que literalmente lo convierte en un ser con una nueva naturaleza. El ser humano lucha con vencer vicios, cambiar su carácter o incuso cambiar toda su vida, pero no lo logra. Muchos buscan ayuda en instituciones con el objetivo de cambiar, instituciones como alcalices anónimos, neuróticos anónimos, o en la psiquiatría o psicología; pero nada de esto puede cambiarlo totalmente, ya que el problema es interno, del corazón, y la vieja naturaleza impide que abandonemos el pecado; pero es allí donde Dios obra a favor de los que creen: “Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne, para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios”, (Ezequiel 11:19-20). Solo el poder de Dios a través del Espíritu Santo hace que el hombre cambie su corazón duro, y crea en él un nuevo espíritu, es decir, una nueva naturaleza convirtiéndole en hijo de Dios: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”, (Juan 1:12). Es a partir de este glorioso milagro que el hombre es salvo y literalmente se convierte en nueva criatura.

                            II.            EN CRISTO JESÚS TENEMOS UN NUEVO PACTO.


“He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová”.
Jeremías 31:31-32

En segundo lugar, en Cristo Jesús hay un nuevo pacto. Cuando Dios hizo el primer pacto con Israel, estos eran responsables de cumplir toda la ley, pero lamentablemente ellos no lograron cumplirlo, y realmente no hay nadie que pudiera vivir por la ley, y esto invalida el primer pacto: “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas”, (Gálatas 3:10). En este sentido el pacto  era difícil y hasta imposible guardarlo porque no hay nadie que pudiera cumplir toda la ley, por ello Dios decidió hacer un nuevo pacto: He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Este nuevo pacto se cumple en Cristo ya que gracias a su sacrificio se inició un nuevo pacto, no basado en la ley, sino en la gracia: “Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados”, (Mateo 26:27-28). Antes de Cristo el pacto era muy riguroso ya que a través de guardar la ley se vivía, pero hoy en el nuevo pacto, por medio de la gracia podemos ser salvos de todos nuestros pecados.

                         III.            EN CRISTO JESÚS HEREDAREMOS CIELO NUEVO Y TIERRA NUEVA.


“Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento”.
Isaías 65:17

Finalmente, en Cristo tendremos nuevos cielos y nueva tierra, y esto fue profetizado desde el Antiguo Testamento: Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento. El apóstol Juan tuvo el privilegio de ver en visión el cumplimiento de esta profecía y darse cuenta de lo glorioso que es el lugar que Dios tiene preparado para nosotros: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda”, (Apocalipsis 21:1-8). Gracias a Cristo Jesús hoy en día podemos llegar a heredar este glorioso lugar.

CONCLUSIÓN.


Por tanto, en Cristo Jesús podemos lograr hacer nuevas todas las cosas, algo que en el mundo jamás lograremos, ni con la religión, ni con la psicología o cualquier tipo de terapia humana. No obstante, gracias a Cristo podemos llegar a ser:

1.      Nuevas criaturas, lo cual nos convierte en hijos de Dios.
2.      Herederos de un nuevo pacto, no basado en el cumplimiento de la ley, sino en la gracia.
3.      Herederos de cielos nuevos y tierra nueva.



Los que no aceptaron la gran invitación (Lucas 14:15-24)



“Oyendo esto uno de los que estaban sentados con él a la mesa, le dijo: Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios. Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado. Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir. Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Vé pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos. Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar. Dijo el señor al siervo: Vé por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa. Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena”.
Lucas 14:15-24

INTRODUCCIÓN


            A lo largo de la historia se han realizado grandes fiestas y bodas, donde muchos de los convidados se sienten horrados por tal privilegio, pero lo cierto es que hoy en día Dios también nos hace una gran invitación a ser salvos y participar de la cena de las bodas del Cordero en la eternidad. Lamentablemente, muchos como en esta parábola rechazan la invitación que Dios les realiza. Esta parábola nos ilustra muy bien todo esto y de ella podemos aprender a no rechazar esta gran invitación que Dios nos hace.

gran-cena
Los invitados a la gran cena


                               I.            ISRAEL CREÍA QUE EN EL MILENIO SE REALIZARÍA UNA GRAN CENA DONDE ELLOS ESTABAN INVITADOS.


“Oyendo esto uno de los que estaban sentados con él a la mesa, le dijo: Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios”.

En cierta ocasión uno de los que habían estado en la mesa junto con Jesús escuchando sus enseñanzas dijo: Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios. Los judíos creían que ellos estaban invitados a una gran cena que Dios realizaría en el milenio, por otro lado creían que todos los gentiles estaban excluidos. Ellos creían que durante el milenio se sentarían a comer junto con los patriarcas y los profetas en una gran mesa donde los platillos principales sería el leviatán y el behemot, dos monstruos que aparecen en el libro de Job. Leviatán era descrito como un monstruo marino muy temible: “¿Sacarás tú al leviatán con anzuelo, o con cuerda que le eches en su lengua? ¿Pondrás tú soga en sus narices, y horadarás con garfio su quijada? ¿Multiplicará él ruegos para contigo? ¿Te hablará él lisonjas? ¿Hará pacto contigo para que lo tomes por siervo perpetuo? ¿Jugarás con él como con pájaro, o lo atarás para tus niñas? ¿Harán de él banquete los compañeros? ¿Lo repartirán entre los mercaderes? ¿Cortarás tú con cuchillo su piel, o con arpón de pescadores su cabeza? Pon tu mano sobre él; Te acordarás de la batalla, y nunca más volverás. He aquí que la esperanza acerca de él será burlada, porque aun a su sola vista se desmayarán”, (Job 41:1-9). Por otro lado behemot es descrito como un enorme animal con una cola como de cedro: “He aquí ahora behemot, el cual hice como a ti; hierba come como buey. He aquí ahora que su fuerza está en sus lomos, y su vigor en los músculos de su vientre. Su cola mueve como un cedro, y los nervios de sus muslos están entretejidos. Sus huesos son fuertes como bronce, y sus miembros como barras de hierro. Él es el principio de los caminos de Dios; el que lo hizo, puede hacer que su espada a él se acerque. Ciertamente los montes producen hierba para él; y toda bestia del campo retoza allá. Se echará debajo de las sombras, en lo oculto de las cañas y de los lugares húmedos. Los árboles sombríos lo cubren con su sombra; los sauces del arroyo lo rodean. He aquí, sale de madre el río, pero él no se inmuta; tranquilo está, aunque todo un Jordán se estrelle contra su boca”, (Job 40:15-23). Los judíos creían que estos dos animales serian el platillo principal durante el milenio y que ellos eran los invitados especiales, pero no era así porque a través de sus acciones se estaban excluyendo de dicho festejo milenial.

                            II.            MUCHOS DE LOS INVITADOS LO RECHAZARON ASÍ COMO HOY EL HOMBRE RECHAZA LA GRAN INVITACIÓN DE DIOS.


“Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado. Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir”.

En la mente judía se encontraba bien arraigada la idea de que ellos eran los únicos que estaban convidados al gran banquete que se realizarían en el milenio, pero a través de sus acciones rechazaban la invitación que Dios les hacía a participar de él. En esta parábola vemos como Jesús lo ilustra con una ingeniosa parábola: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado. Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir. Como en esta parábola así muchos hoy en día rechazan la gran invitación que el evangelio les hace de venir a Cristo y ser salvos de la ira venidera. Algunos están ocupados con sus vidas laborales, o su vida familiar, sus proyectos personales, sus estudios o negocios, o simplemente hundidos en sus pecados, de tal forma que cuando se les realiza la invitación del evangelio para venir a Cristo, estos la rechazan por estar ocupados en su vida. Como estos judíos muchas personas quedaran excluidas de la vida eterna, y lo peor de todo es que mucho creen que serán salvos, así como estos judíos pensaban, pero están equivocados y por ello Jesús les dijo: “Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos; más los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes”, (Mateo 8:11-12).

                         III.            SI NO APROVECHAMOS LA INVITACIÓN OTROS LO HARÁN.


“Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Vé pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos. Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar. Dijo el señor al siervo: Vé por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa. Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena”.

En esta parábola podemos ver como el señor se ofendió con ante la ingratitud de aquellos que fueron invitados pero lo rechazaron porque tenían otras cosas “más importantes que hacer”. Por ello aquel señor envió a sus siervos por las plazas y las calles de la ciudad invitando a los pobres, mancos, cojos y ciegos para que viniesen a su fiesta, y aun a algunos los forzó a entrar. Luego, después de todo eso aún había mucho lugar y el señor le ordeno que continuara con la invitación, pero aquellos hombres que al principio habían sido invitados jamás gustarían de su cena. Hoy en día el evangelio hace la invitación a todos aquellos que quieran aceptarlo, sin importar que sean nobles o personas que el mundo ve con desprecio, por ello Pablo decía: “Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; más para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios. Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia”, (1 Corintios 1:23-29).

A través del mensaje del evangelio Dios realiza la mayor de todas invitaciones, el aceptar a Cristo como Señor y Salvador, porque hay una gran cena que se está preparando y esa es la boda del Cordero: “Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina! Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos. Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios”, (Apocalipsis 19:6-9).

CONCLUSIÓN.


Por tanto, hoy en día se realiza una gran invitación a todos los hombres a aceptar a Jesús como Señor y Salvador, a participar de la cena de las bodas de Cordero, pero como en esta parábola muchos la rechazan porque están ocupados con su vida laboral, familiar o sus proyectos personales o porque no quieren abandonar sus pecados. Pero todo aquel que crea participara de la vida eterna y de esta gloriosa cena en la eternidad, pero lo que la rechacen serán condenados al infierno.







sábado, 24 de marzo de 2018

El amor, la mayor de todas las virtudes (Cantares 8:7)


“Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos. Si diese el hombre todos los bienes de su casa por este amor, de cierto lo menospreciarían”.
Cantares 8:7

INTRODUCCIÓN

           
El amor es definitivamente uno de los mas nobles y sublimes de las virtudes humanas, como el libro de Cantares lo describe es un don incalculable que nadie puede extinguir, sin embargo, hoy en día vivimos en un mundo carente de él, aunque en muchos países se celebra el san Valentín, es decir, el mes del amor y la amistad, este mundo esta lejos de amar ya que esta lleno de injusticias, sufrimientos, violencias, guerras y odio. A pesar de esto muchas personas buscan experimentar el verdadero amor, pero ¿qué es el amor? El mejor lugar donde podemos encontrar una respuesta satisfactoria es en la Biblia. Veamos primero aquellos sentimientos o emociones a las cuales el mundo le llama amar y como estas son propensas a fallar.


Amor
El amor la mayor de todas las virtudes

                               I.            LAS FORMAS DE CÓMO EL HOMBRE AMA.




Hoy en día se habla de mucho de amor o de amar, pero muy pocos entienden la implicación de estas palabras ya que el verdadero amor es un concepto que la cristiandad impulso, a tal punto que cuando se escribió el Nuevo Testamento se definió una palabra exclusiva para hacer referencia a esta magnífica virtud. Ahora bien, en el griego existen al menos 4 palabras con las cuales se describe los diferentes tipos de amor, y de alguna manera nos enseñan los diferentes amores que el hombre busca experimentar, pero como veremos todos ellos son imperfectos, porque solamente el amor de Dios es perfecto. Veamos cada uno de ellos.

1.      El amor Eros.


La primera palabra griega que se utilizaba para referirse al amor es eros, y con ella se hacía referencia a aquel sentimiento que provoca una pasión como resultado de la atracción física que alguien siente por otra persona. En la Biblia encontramos un buen ejemplo de ellos. En 2 Samuel se nos describe que había uno de los hijos de David llamado Ammón el cual se enamoro perdidamente por su media hermana Tamar que hasta enfermo: Aconteció después de esto, que teniendo Absalón hijo de David una hermana hermosa que se llamaba Tamar, se enamoró de ella Ammón hijo de David. Y estaba Amnón angustiado hasta enfermarse por Tamar su hermana, pues por ser ella virgen, le parecía a Amnón que sería difícil hacerle cosa alguna”, (2 Samuel 13:1-2). Tanta fue la obsesión que este hombre desarrollo que enfermo y un amigo lo noto, el cual lo aconsejo que se fingiese enfermo y le pidiera a su padre David que ella le sirviera en su cama, y así paso, pero termino abusando sexualmente de ella y aborreciéndola: “Y cuando ella se las puso delante para que comiese, asió de ella, y le dijo: Ven, hermana mía, acuéstate conmigo. Ella entonces le respondió: No, hermano mío, no me hagas violencia; porque no se debe hacer así en Israel. No hagas tal vileza. Porque ¿adónde iría yo con mi deshonra? Y aun tú serías estimado como uno de los perversos en Israel. Te ruego pues, ahora, que hables al rey, que él no me negará a ti. Mas él no la quiso oír, sino que pudiendo más que ella, la forzó, y se acostó con ella. Luego la aborreció Amnón con tan gran aborrecimiento, que el odio con que la aborreció fue mayor que el amor con que la había amado. Y le dijo Amnón: Levántate, y vete. Y ella le respondió: No hay razón; mayor mal es este de arrojarme, que el que me has hecho. Mas él no la quiso oír, sino que llamando a su criado que le servía, le dijo: Échame a ésta fuera de aquí, y cierra tras ella la puerta. Y llevaba ella un vestido de diversos colores, traje que vestían las hijas vírgenes de los reyes. Su criado, pues, la echó fuera, y cerró la puerta tras ella”, (2 Samuel 13:11-18). Si nos damos cuenta este amor es egoísta, solo piensa en satisfacerse sin mayor compromiso y esta basado a en la pura atracción física.

2.       El amor storge.


La otra palabra es storge, y este amor es un tipo de cariño que se desarrolla de manera natural entre los miembros de una familia. Realmente este cariño se desarrolla de manera natural, especialmente entre padres e hijos; pero aun este tipo de amor no es perfecto ya que puede fallar. En la Biblia encontramos un buen ejemplo de eso, y es en la familia de Isaac: “Y crecieron los niños, y Esaú fue diestro en la caza, hombre del campo; pero Jacob era varón quieto, que habitaba en tiendas. Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob”; (Génesis 25:27). Si nos damos cuenta esta familia tenía serios problemas ya que por un lado el padre amaba más al hijo que era cazador porque comía de su caza, mientras que la madre amaba más al otro porque era quieto y le ayudaba con los quehaceres de la casa. Aunque también uno puede encontrar buenos ejemplos de este tipo de amor, pero aun así este puede fallar, tal y como hoy en día les pasan a muchas personas que les han fallado a sus familiares.

3.      El amor Filia.


Filia es la otra palabra griega de define un tipo de amor, y este se refiere al afecto de gran aprecio que se desarrolla entre los amigos. Quizás hoy en día el mejor ejemplo de amor entre amigos sea el de David y Jonatán: “Aconteció que cuando él hubo acabado de hablar con Saúl, el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo. Y Saúl le tomó aquel día, y no le dejó volver a casa de su padre. E hicieron pacto Jonatán y David, porque él le amaba como a sí mismo”, (1 Samuel 18:1-3). Todas las personas que conocen esta historia pueden ver el enorme afecto que estos dos hombres llegaron a desarrollar convirtiéndose en grandes amigos que nunca se fallaron, aun muerto Jonatán, David procuro honrarlo buscando si tenía un descendiente y así encontró a Mefi-boset a quien le hizo misericordia por amor a Jonatán, (2 Samuel 19:1-13). Lamentablemente hoy en día vivimos en un mundo donde no se cree en la amistad, un mundo acostumbrado a la hipocresía y el interés propio.

                            II.            ÁGAPE: EL AMOR DE DIOS ES PERFECTO.


Todos estos amores son imperfectos, propensos a fallar y son producto de una respuesta de lo que otros han hecho por nosotros, sin embargo, el verdadero amor solamente lo encontramos en Dios, su ser, su carácter es en esencia amor. En Dios podemos llegar a experimentar el más sublime de todos los gozos y misericordias, su amor nos ha entregado todos los mas sublimes privilegios, por amor somos hemos hijos de Dios, por amor envió a su Hijo unigénito para que todo aquel que en El cree no se pierda, más tenga vida eterna, por su amor hemos sido herederos de su reino celestial, por su amor participaremos de la resurrección de los muertos para vida eterna, por su amor tenemos acceso a tantas promesas, promesas de sanidad, de protección, de consuelo, de prosperidad, de aliento y de victoria ante las más duras adversidades, por su amor el Espíritu Santo ha sido derramado en nuestro corazón, por su amor tenemos acceso al verdadero lugar santísimo, a su misma presencia, por su amor todas nuestras oraciones son contestadas y en general, por su amor podemos dar testimonio de cuan grandes cosas el Señor a hecho por nosotros. Díganme donde podemos llegar a encontrar un mas sublime y glorioso amor sino es a los pies de nuestro Señor Jesucristo.


Ahora bien, veamos a la luz de la Biblia porque el amor de Dios es perfecto.

1.      El perfecto amor es el cumplimiento de toda la ley.


“Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas.
Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos”.
Marcos 12:28-31

En primer lugar, decimos que el amor de Dios es perfecto porque es el cumplimiento de la ley. Agustín de Hipona dijo: “ama y haz lo que quieras”. Dijo esto porque alguien que verdaderamente a aprendido a amar como Dios lo hace, huirá del pecado y se esforzara por cumplir sus mandamientos. La razón por la cual nosotros los cristianos deberíamos huir del pecado no es porque tenemos miedo del castigo divino, sino porque amamos a Dios y no queremos ofenderlo, por ello, nuestro Señor Jesús supo resumir toda la ley y los profetas en esta sentencia: amar a Dios sobre todas las cosas y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Por esto mismo el apóstol Pablo dijo: “Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor”, (Romanos 13:9-10).

2.      El perfecto amor nos ayuda a estar en comunión con nuestros semejantes.


“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”.
Juan 13:34-35

En segundo lugar, el amor de Dios es perfecto porque nos ayuda a estar en comunión con nuestros hermanos. Hoy en día muchas personas viven con raíces de amargura, odiando a sus prójimos o simplemente no se llevan bien con ellos, pero el Señor nos ha llamado a estar en comunión y para ello debemos aprender a amarnos los unos a los otros. Por esta razón Jesús decía que si queremos ser sus discípulos necesitamos amar a nuestros hermanos: Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. La Biblia es clara al enseñarnos que entre la familia de la fe no pueden existir divisiones o pleitos, y que si queremos ser llamados hijos de Dios debemos aprender a amar, y esto se afirma de manera muy clara en 1 Juan: “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano”, (1 Juan 4:20-21).

3.      El perfecto amor es la fuente de motivación para desarrollar nuestros dones.


“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo
para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve”.
1 Corintios 13:1-3

En tercer lugar, el amor de Dios es perfecto porque es la fuente de motivación para desarrollar nuestros dones y ministerio. Pablo decía que de nada servia el habla en lengua o interpretarlas, o profetizar, o el llegar a dominar toda la ciencia y aun entregar nuestro cuerpo al sacrificio repartiendo todos nuestros bienes, sin amor nada sirve. Esto es así porque cualquier cosa que hagamos sin amor tiene otras motivaciones. Un buen ejemplo de esto eran los fariseos de los tiempos de Jesús los cuales ayunaban, daban limosnas e incluso oraban, pero no lo hacían porque amaran a Dios o a sus prójimos, sino porque querían ser vistos por los demás: “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos”, (Mateo 6:1). Hacer cosas buenas por las motivaciones incorrectas no tienen valor delante del Señor. Alguien podría desear desarrollar sus dones o incluso algún ministerio porque desea ser popular, o porque desea ganar dinero, o porque algún otro beneficio obtendrá; pero todo esto es incorrecto. La verdadera razón que nos debe motivar a desarrollar nuestros dones y ministerios debe ser el amor a Dios y su pueblo, debe existir en nuestro corazón un genuino deseo de servir y ayudar a los demás, y esto solo se logra cuando aprendemos a amar.

4.      El perfecto amor es la fuente donde manan todas las grandes virtudes cristianas.


“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.
1 Corintios 13:4-7

            Finalmente, el amor de Dios es perfecto porque de el manan todas las grandes virtudes. Pablo enumera algunas de las grandes virtudes que caracterizan a aquellos que aman: El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Realmente, el que ama lo logra todo ya que por amor es paciente, santo, humilde, fiel, constante, bondadoso, benigno, pacifico, generoso, perseverante, servicial, amable, considerado y en general, una persona que a sabido mostrar al mundo la obra perfecta que Dios ha hecho en su vida. Como cristianos es clave que cada uno de nosotros nos esforcemos por producir delante de Dios todos los frutos que Él espera, ya que no podemos seguir en nuestra vida cristiana sin reflejar a través de nuestro carácter la obra perfecta que el Espíritu Santo produce en nosotros donde la plataforma es el amor: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”, (Gálatas 5:21-22).

CONCLUSIÓN.


Por tanto, el amor es considerado como una de las mas grandes virtudes cristianas y solo a través de la obra del Espíritu Santo podemos aprender a amar, algo que en el mundo jamás encontraremos. Decimos que el amor de Dios es perfecto porque:

1.      Es el cumplimiento de toda la ley.
2.      Nos ayuda a estar en comunión con nuestros prójimos.
3.      Es la fuente motivación para desarrollar nuestros dones.
4.      Porque de el manan todas las grandes virtudes.