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martes, 30 de marzo de 2021

Elementos para una consejería eficaz


“Les ruego, por tanto, que me escuchen; yo también tengo algo que decirles. Mientras hablaban, me propuse esperar y escuchar sus razonamientos; mientras buscaban las palabras, les presté toda mi atención. Pero no han podido probar que Job esté equivocado; ninguno ha respondido a sus argumentos”.

Job 21:11-13 (NVI)

INTRODUCCIÓN


               La consejería cristiana debería verse como un arte, ya que en la medida que estudiamos las diferentes técnicas relacionadas con ella y la practicamos podemos llegar a desarrollarla de la mejor manera posible. La necesidad de aconsejar siempre ha existido, sin embargo, no todas las personas son capaces de dar un consejo acertado. En el libro de Job podemos encontrar un buen ejemplo de lo que es un consejero eficaz, este es Eliú, el joven que cayó durante los discursos de Job y sus tres amigos, al final, la dura prueba y las injustas acusaciones de sus amigos había llevado a Job a declarar lo injusto que estaba siendo Dios en su caso y cuando parecía que nadie podía contradecirlo, el joven Eliú intervino con toda sabiduría para mostrarle a Job el error de sus palabras y conducirlo al clímax de su encuentro con Dios que lo liberaría de todos sus males: Les ruego, por tanto, que me escuchen; yo también tengo algo que decirles. Mientras hablaban, me propuse esperar y escuchar sus razonamientos; mientras buscaban las palabras, les presté toda mi atención. Pero no han podido probar que Job esté equivocado; ninguno ha respondido a sus argumentos. Como cristianos y líderes en nuestras congregaciones debemos estar siempre listos para poder aconsejar a las personas de tal forma que les ayudemos a identificar y reconocer la raíz de sus problemas, para luego ser capaces de guiarlos por medio de la instrucción de la palabra de Dios a solucionarlos, todo con el fin de ayudarles a mejorar su relación con el Espíritu Santo. En esta ocasión consideraremos tres elementos importantes para que se dé una consejería eficaz: Un buen consejero, una persona que pida un consejo y un buen método de aconsejamiento. Veamos en qué consiste cada uno.


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Elementos para una consejería eficaz


UNA CONSEJERÍA EFICAZ DEMANDA BUENOS CONSEJEROS


                 Una consejería eficaz demanda de un buen consejero. Lo primero no se podrá dar a menos que el consejero reúna una serie de características que lo capaciten para guiar eficazmente al aconsejado a la solución de su problema y mejorar su relación con Dios, para ello es importante que los consejeros cristianos se preparen para realizar tal tarea. Podríamos clasificar las características que debería reunir un buen consejero en tres áreas de formación: la formación espiritual, su formación académica y formación como persona apta para aconsejar. Veamos en qué consiste cada una de ellas.

 

            Formación espiritual.


Un buen consejero cristiano debe pasar por una buena formación espiritual ya que no debemos olvidar que si bien es cierto la formación académica y estudios de temas relacionados a la psicología o comportamiento humano pueden ser de ayuda, pero nunca serán efectivos si dejamos a un lado nuestra vida espiritual y no se realiza esta tarea a la luz de la palabra de Dios y el respaldo del Espíritu Santo. el Dr, Gary Collins en su libro: “Consejería Cristiana Efectiva” reconoce dos características indispensables en el consejero cristiano: “El consejero cristiano efectivo debe poseer credenciales espirituales. En primer lugar, debe ser un cristiano que haya experimentado personalmente el nuevo nacimiento (Juan 3:3) al creer que el Cristo resucitado es el Hijo de Dios. Además, como en los días de Moisés, el consejero cristiano debe ser capaz, temeroso de Dios y honesto; debe estar disponible y dispuesto a buscar ayuda cuando encuentra casos difíciles. El consejero también debe ser estudioso de la Biblia y estar profundamente familiarizado con la Palabra de Dios, y ser una persona que procura seguir a Cristo, Cuyo nombre es “Admirable Consejero” (Isaías 9:6)”. Dos cosas resaltan, la primera es que el consejero cristiano haya experimentado una verdadera conversión a Cristo. Esto es indispensable y sin ello no se puede realizar esta noble tarea de aconsejar a las almas a solucionar sus problemas y guiarlos a mejorar su relación con Dios. En segundo lugar, todo consejo debe fundamentarse en la sabiduría de la palabra de Dios: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”, (2 Timoteo 3:16-17). Como vemos, las Sagradas Escrituras son inspiradas por Dios y, por tanto, útiles para enseñar, redargüir, corregir e instruir en justicia al hombre para que sea perfecto delante de Dios y capacitarlo para realizar buenas obras, por ello, los consejos deben fundamentarse en la palabra de Dios y esto implica que el consejero cristiano debe formarse en el estudio de la Biblia. El consejo bíblico debe considerar a la luz de la palabra de Dios al menos los siguientes elementos:


1.       El consejo debe mostrarle que la causa raíz de todo problema humano es el pecado: “El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él”, (Ezequiel 18:20).

2.        El consejo debe mostrarle a la persona que en Dios encontrara la misericordia y consuelo para la situación que está viviendo: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios”, (2 Corintios 1:3-4).

3.       El consejo debe mostrar que cuando las actitudes pecaminosas han conducido a la persona a situaciones difíciles en la vida, el camino es el reconocimiento de ello y el arrepentimiento que conducirá a un cambio de actitud: “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio”, (Hechos 3:19).

4.       El consejo debe proveer a víctimas de diferentes sufrimientos el camino a su restauración y sanidad total: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”, (Mateo 11:28-30).

5.       El consejo debe mostrar que la obediencia a la palabra conduce a la verdadera bienaventuranza: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra, pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace”, (Santiago 1:22-25).


A parte de que la formación espiritual implica que el consejero debe ser una persona que haya experimentado una verdadera conversión y debe poseer una buena formación bíblica, también debe desarrollar una profunda relación y dependencia con el Espíritu Santo. Es clave que el consejero cristiano viva en el Espíritu Santo, renunciando a los deseos de la carne y obedeciendo al Espíritu: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”, (Romanos 8:1). Además, debe depender del poder del Espíritu Santo para realizar su obra: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”, (Hechos 1:8). Desarrollar el fruto del Espíritu como sus principales características personales y no las obras de la carne: “En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas. Los que son de Cristo Jesús han crucificado la naturaleza pecaminosa, con sus pasiones y deseos”, (Gálatas 5:22-24, NVI). aprender a buscar la dirección del Espíritu Santo en oración: “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos”, (Efesios 6:18). En general, debe depender de la dirección del Espíritu Santo para tomar sus decisiones y actuar en su obra: “Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia; y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió. Y pasando junto a Misia, descendieron a Troas. Y se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos. Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio”, (Hechos 16:6-10). Por tanto, podemos concluir que la formación espiritual debe considerar al menos una verdadera conversión, el estudio de la palabra y aprender a depender de la guía del Espíritu Santo.

 

Formación académica.


Luego, es importante que el consejero cristiano se forme académicamente en el área de la consejería efectiva, conociendo temas relacionados con la psicología, trastornos mentales, abuso de niños y mujeres, diferentes problemas familiares, el desarrollo humano y las diferentes conductas que aparecen en las diferentes edades que atraviesa el ser humano. Su formación puede estar fundamentada no solo en información secular, sino también en libros de autores cristianos que han escritos temas referentes a matrimonio, crianza de hijos, la vida adolescente, consejería pastoral y una serie de literatura que se apoya en la palabra de Dios. Ahora bien, toda esta formación debe realizarse filtrándolo con lo que la Biblia dice, todo con el fin de no comprometer las verdades de Dios con conceptos antibíblicos que se usan en el mundo secular y sabiendo escoger aquellos conceptos e información que nos pueden dar mejor entendimiento al momento de ejercer la consejería, por ello, Larry Crabb Jr., en su libro, “El Arte del Aconsejar” nos dice: “Debemos desarrollar un método sólidamente bíblico para aceptar en el arte de aconsejar, un método que tenga en cuenta los avances de la psicología sin traicionar los principios de la Biblia, que sepa encarar con todo realismo y en toda su hondura los problemas de la gente, así como la probabilidad de éxito y la importancia que su solución tiene para la existencia personal y lo que es más importante, con una fe inquebrantable y apasionada en la inerrancia de la Biblia y en la completa suficiencia de Jesucristo”.

 

Su formación como persona apta para aconsejar.


Cuando hablamos de la formación del consejero como una persona apta para aconsejar nos referimos a desarrollar todas aquellas cualidades humanas que lo capacitan para crear una verdadera relación de confianza con el aconsejado con el fin de guiarlo a la solución de su problema y mejorar su relación con Dios. Quizás el primer paso para convertirse en una persona apta para aconsejar a los demás es que exista un genuino interés en el consejero de ayudar a las personas. El Dr. Gary Collins en su libro: “Consejería Cristiana Efectiva” dice: “Un sincero deseo de ayudar a las personas es una razón válida para convertirse en consejero”. Sin este deseo, es imposible poder ayudar a las demás personas y desarrollar otras habilidades y características que distingue a un buen consejero. Pablo Hoff, en su libro, “El Pastor Consejero”, dice: “El pastor-asesor debe ser tratable, social y accesible. Las personas acuden a alguien que las conozca, y a quien ellas a su vez conocen y aprecian. De otro modo, no se sentirían cómodas relatándole sus problemas y exponiéndole su corazón. Es necesario demostrar amigabilidad e interés en las personas”. Como una persona interesada en ayudar a los demás en una consejería eficaz debe desarrollar las siguientes habilidades y características:


 1.       Debe saber escuchar: “Es necio y vergonzoso responder antes de escuchar”, (Proverbios 18:13, BAD).

2.       Debe tener amor fraternal: “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios”, (1 Juan 4:7).

3.       Debe ser empático tratando de comprender la situación de cada persona desde la perspectiva de ella: “Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran”, (Romanos 12:15).

4.       Deber tener un corazón compasivo: “Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”, (Mateo 9:36).

5.       Debe tener pasión por salvar almas: “… el que gana almas es sabio”, (Proverbios 11:30).

6.       Ser prudente: “Yo, la sabiduría, habito con la cordura, y hallo la ciencia de los consejos”, (Proverbios 8:12).

7.       Debe hablar con tacto y sabiduría de tal forma que sus palabras edifiquen y no destruyan: “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno”, (Colosenses 4:6).


PARA TENER UNA CONSEJERÍA EFECTIVA, LA PERSONA DEBE QUERER RECIBIR UN CONSEJO Y ACEPTAR QUE TIENE UN PROBLEMA


Para poder tener una consejería eficaz es importante que la persona desee recibir un consejo y esté dispuesto a reconocer su problema, de lo contrario sería en vano iniciar cualquier proceso de consejería. La Biblia nos enseña lo inútil que es aconsejar a alguien que no acepta el consejo sabio: “El camino del necio es derecho en su opinión; más el que obedece al consejo es sabio”, (Proverbios 12:15). Al respecto de esto, Pablo Hoff, en su libro, “El Pastor Consejero”, dice: “La condición primera e indispensable para aconsejar es que la persona sienta la necesidad de buscar ayuda. Si no la siente, es poco probable que esté dispuesta a ser asesorada. También si la persona no quiere cooperar con el pastor o tiene poco interés en cambiar su conducta, no queda esperanza de ayudarla”. Por tanto, si la persona no desea un consejo o no acepta que tiene un problema, no vale la pena iniciar un proceso de consejería.


PARA TENER UNA CONSEJERÍA EFECTIVA SE NECESITA UN BUEN MÉTODO PARA ACONSEJAR


              Cuan importante es saber aconsejar, pero antes de llegar a hacerlo, hay que saber cómo hacerlo. En la Biblia encontramos muchos ejemplos de personas que fungieron como grandes consejeros, por ejemplo, vemos a nuestro Señor Jesús siendo un verdadero consejero, así supo aconsejar a Nicodemo para que reconociera la necesidad de nacer de nuevo (Juan 3), también hablando con la mujer samaritana, supo guiarla a través de su conversación a la realidad de su pecado y la necesidad de beber de la fuente de agua que salta para vida eterna (Juan 4), y en repetidas ocasiones aconsejo a sus discípulos, mostrándoles el camino que tenían que seguir y resolviendo todas sus dudas (Juan 13-16). Tenemos también el ejemplo de Pablo, basta leer sus cartas para darnos cuenta que fue un gran consejero, así en 1 Corintios lo vemos abordando diferentes problemas que la congregación atravesaba y el consejo que les daba para cada caso. También podemos leer sus cartas pastorales para ver cómo de manera magistral aconsejaba a sus colaboradores en su tarea ministerial, personas como Timoteo, Tito y Filemón fueron guiados por los consejos de Pablo. Para nuestro caso veremos el ejemplo de Eliú, el joven que aparece en el libro de Job, el cual se caracterizó por ser el único que supo comprender el caso de Job y le respondió con mucha sabiduría.


            El método de Eliú para aconsejar.


“Al ver los tres amigos de Job que éste se consideraba un hombre recto, dejaron de responderle. Pero Eliú hijo de Baraquel de Buz, de la familia de Ram, se enojó mucho con Job porque, en vez de justificar a Dios, se había justificado a sí mismo. También se enojó con los tres amigos porque no habían logrado refutar a Job, y sin embargo lo habían condenado”.

Job 32:1-3 (NVI)


La historia de Job es muy conocida y en ella podemos ver como el justo Job fue sometidos a una prueba difícil, donde Satanás atacó su vida sin ninguna misericordia. Prácticamente Job lo perdió todo, perdió a sus hijos, perdió su riqueza, perdió el respeto de su esposa, perdió su salud y una terrible enfermedad llego a atormentarlo y sus tres amigos llegaron a juzgarlo diciéndole que su situación era debido a pecados ocultos que él no quería confesar. Es a través de esta situación que la paciencia de Job fue llevada al máximo y en su desesperación de no comprender las cosas llego a pensar que Dios era injusto en su trato con él, pero es aquí que Eliú interviene para hacerle ver a Job su error y guiarlo a su encuentro con Dios. Veamos basado en el ejemplo de Eliú el método que uso en aconsejar.


1.       Antes de hablar, Eliú escuchó.


“Les ruego, por tanto, que me escuchen; yo también tengo algo que decirles. Mientras hablaban, me propuse esperar y escuchar sus razonamientos; mientras buscaban las palabras, les presté toda mi atención. Pero no han podido probar que Job esté equivocado; ninguno ha respondido a sus argumentos”.

Job 32:11-13 (NVI)


Para ser un buen consejero, es importante saber escuchar. En un proceso de consejería, el consejero debe saber escuchar, sin interrumpir, todo lo que el aconsejado tiene que decir con respecto a su situación, esto con el fin de entender perfectamente todas las circunstancias que rodean al problema de este. Es importante comprender perfectamente el problema del aconsejado, aparte que, durante la consejería, el dejar hablar al aconsejado le sirve de desahogo y muchas veces las personas necesitan ser escuchadas y liberar todo lo que hay en su corazón. El Dr. Gary Collins, en su libro Consejería Cristiana Efectiva recomienda al momento de dar consejería: “El consejero debe tratar de prestar completa atención al aconsejado… No hay que permitir que la mente divague, ni caer en el error de hablar o aconsejar en exceso”.

 

2.       Eliú entendió el problema de Job.


Les presté toda mi atención. Pero no han podido probar que Job esté equivocado; ninguno ha respondido a sus argumentos”.

Job 32:12-13 (NVI)


Para ser un buen consejero es importante prestar toda nuestra atención con el fin de entender todas las circunstancias relacionadas con el problema del aconsejado. Es obvio que, para llegar a esto, es necesario haber escuchado con mucha atención al aconsejado, sin interrumpir, haciendo solo las preguntas necesarias para entender mejor el problema, anotando todos los datos referentes a su caso, mientras este relata todos los antecedentes de su problema. Al respecto de esto, Wayne A. Mack, en el libro “Consejería” de John MacArthur, dice: “Job sufrió un malentendido similar. Sus consejeros, que no le hicieron preguntas ni reunieron información, creían conocer su problema desde el principio mismo. Aunque Job procuró corregir sus errores con verdades pertinentes, ellos se aferraron tercamente a sus teorías. No podían interpretar el problema de Job con exactitud por falta de información al respecto y, por tal razón, sus consejos sólo empeoraron la situación y agravaron los sufrimientos. Debemos ser muy cuidadosos de no caer en el mismo error en nuestra consejería. Si intentamos interpretar los problemas de la gente antes de reunir los datos adecuados, sólo vamos a agravar sus dificultades en lugar de aliviarlas”. Por tanto, es importante que el consejero escuche al aconsejado sin interrumpir, a menos que sea para hacer preguntas necesarias, que sea empático, tratando de entender el problema desde la perspectiva del aconsejado, que analice y anote las cosas más relevantes que le ayudaran a comprender mejor la naturaleza del problema.

 

3.       Después de escuchar y entender, Eliú confrontó el problema de Job.


“Estoy a punto de abrir la boca, y voy a hablar hasta por los codos. Mis palabras salen de un corazón honrado; mis labios dan su opinión sincera. El Espíritu de Dios me ha creado; me infunde vida el hálito del Todopoderoso. Contéstame, si puedes; prepárate y hazme frente. Ante Dios, tú y yo somos iguales; también yo fui tomado de la tierra”.

Job 33:3-7 (NVI)


También podemos ver que Eliú no se apresuró a abrir su boca para criticar a Job, ni tampoco emitió un juicio injusto en contra de su persona, antes, entendió su problema: El justificarse delante de Dios y considerarlo injusto por permitir todo lo que le pasaba. Fue hasta este momento que decidió confrontarlo. Confrontar significa hacerle ver al aconsejado la causa raíz de su problema, el pecado que está detrás de su situación difícil, así como reconocer las consecuencias del mismo. Es importante que esto se haga con espíritu de mansedumbre y la gracia de Dios. De igual forma, es importante que el consejero cristiano no emita juicios equivocados o critique al aconsejado, ya que lo menos que necesitan es que alguien los juzgue, antes bien, necesitan ser guiados a solucionar su problema por medio de Cristo, mostrándonos empáticos, carismáticos y totalmente interesados en ayudarles. 


La confrontación es sumamente importante, esta debe realizarse de manera eficaz y es necesario que el aconsejado comprenda que sus problemas son consecuencia de que vivimos en un mundo de maldad, el pecado es la causa raíz de todo el mal, ya sea que haya sido victima de una injusticia o este sufriendo las consecuencias de su maldad, el aconsejado necesita entender que todo es por causa del pecado. Larry Crabb Jr., en su libro, “El Arte del Aconsejar” nos dice: “La Sagrada Escritura pone repetidamente en claro que todo correcto pensar acerca de los problemas de la gente debe comenzar por el reconocimiento de que el ser humano no está ahora en una condición normal; ha fallado en cumplir la norma; ha errado el blanco; es un pecador”. Por todo esto, necesitamos entender que la consejería cristiana no solo está orientada a escuchar y entender el problema de las personas, sino, hacerle ver que la causa raíz de los problemas en la vida de las personas es debido al pecado y confrontarlos con ellos para que sean capaces de reconocer el error.


 

4.       Eliú enseñó a Job cómo resolver su problema.


“Y si no, óyeme tú a mí; calla, y te enseñaré sabiduría”.

Job 33:33 (NVI)


              Después de confrontar el problema, Eliú enseñó a Job como debía resolver su problema y por ello le conduce por un dialogo donde le muestra la omnipotencia y soberanía de Dios, lo cual seria el clímax para prepararlo para su encuentro con su Creador. Ahora bien, para esto es importante mostrarle a la luz de la palabra de Dios no solo las consecuencias del pecado, sino también el remedio de ello. De alguna manera, el consejero cristiano es un educador ya que debe ser capaz de instruir al aconsejado en el camino que lo llevara a resolver su problema. En psicología se hablan de dos técnicas que podemos aplicar, quizás no al 100% de todos sus principios, pero si nos pueden ayudar al momento de dirigir a las personas en la solución de sus situaciones. La primera es conocida como la técnica directiva. Pablo Hoff, en su libro, “El Pastor Consejero”, nos dice respecto a esta técnica: “El miembro describe su problema y el pastor formula preguntas, reúne información, hace el diagnóstico y le ofrece el remedio. La única responsabilidad del asesorado es cooperar con el pastor y llevar a cabo su consejo”. En la técnica directiva, prácticamente el consejero le dice al aconsejado cómo debe actuar para resolver su problema. La otra es conocida como la técnica no directiva y al respecto de ella, Pablo Hoff, en su libro, “El Pastor Consejero”, nos la describe de la siguiente manera: “En la técnica no directiva, el asesorado es la figura central; habla libremente de su problema y de sus sentimientos. El asesor le escucha, reflexiona y responde. No es juez ni consejero con todas las respuestas. El asesorar es «una relación interpersonal en la cual dos personas se concentran en esclarecer los sentimientos y problemas de una, y se ponen de acuerdo en que eso es lo que tratan de hacen. El consejero ayuda al asesorado a comprenderse a sí mismo, a encontrar el problema, a ver las alternativas, a tomar su propia decisión, ya llevarla a cabo. No trata de manipular la entrevista haciendo preguntas directas, ofreciendo interpretaciones y respuestas de cliché, e imponiéndole sus soluciones. Más bien, ayuda al asesorado a ayudarse a sí mismo”. Si nos damos cuenta, aquí el consejero no le dice al aconsejado lo que tiene que hacer, sino escucha y deja que la persona exprese todo lo que siente, reflexiona con él y permite que a través del dialogo, el aconsejado llegue a una solución, en ningún momento le sugiere qué tiene que hacer.

            Como consejeros cristianos podríamos auxiliarnos de ambas técnicas, pero debemos estar consientes de sus limitantes. En la técnica directiva podría suprimirse el hecho de escuchar detenidamente el problema del aconsejado, y el consejero cristiano podría equivocarse al momento de diagnosticar su problema y decirle lo que tiene que hacer. En todo caso, una mala directriz no resolverá el problema y conducirá al aconsejado a la frustración. Por otro lado, la técnica no directiva ayuda al aconsejado a liberar sus sentimientos negativos a través del dialogo, lo cual en la mayoría de los casos produce un alivio, mas no la cura, sin embargo, en muchas ocasiones el aconsejado no será capaz de tomar una decisión que lo ayude a escapar de su problema y el consejero cristiano no solo puede limitarse a escuchar y reflexionar, a veces necesitará decirle a la luz de la palabra de Dios lo que debe hacer para solventar su situación.

Larry Crabb Jr., en su libro, “El Arte del Aconsejar”, nos dice que la mejor manera de enseñarle al aconsejado como resolver su problema es mostrándole el camino a la restauración de su alma: “A veces los consejeros animan al paciente a desembuchar todos sus sentimientos, abrigando la ilusión optimista de que, cuantos más sentimientos negativos vomite la persona, más libre se verá de sus problemas emocionales… Otros consejeros tratan de hallar la causa de dichos sentimientos en alguna circunstancia externa, sobre la que recaiga la responsabilidad de producir y fomentar una emoción negativa… Ninguno de los dos métodos me parece ajustado a la Palabra de Dios. Pablo asegura que nuestra transformación se realiza mediante la renovación, no de los sentimientos ni de las circunstancias, sino de nuestro entendimiento”. Las personas necesitan entender que para solventar sus problemas necesita renovar su entendimiento respecto a sus circunstancias actuales. Pablo nos dice que no debemos amoldarnos a los principios pecaminosos de este mundo de maldad que solo provoca sufrimientos en la vida de las personas, antes debemos renovar nuestra mente con los principios del evangelio lo cual nos llevara a comprobar cual es la buena voluntad de Dios: “No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta”, (Romanos 12:2, NVI). Por tanto, después de confrontar, debemos enseñarle al aconsejado, a la luz de la palabra de Dios, el por qué se encuentra sufriendo, las consecuencias del pecado y el camino que debe recorrer para poder alcanzar la restauración de su vida.

 

5.       Eliú dirigió a Job a Dios.


“¿Crees tener la razón, Job, cuando afirmas: “Mi justicia es mayor que la de Dios”?, y cuando te atreves a preguntarle: “¿En qué te beneficias si no peco?”  Pues bien, voy a responderles a ti y a tus amigos”.

Job 35:3-5 (NVI)


Después de confrontar a Job y enseñarle en qué consistía su pecado, Eliú no solo le aconsejo cómo podría resolverlo, sino lo dirigió a Dios. Para que el aconsejado encuentre la verdadera restauración de su alma, es indispensable que el consejero cristiano lo conduzca a los caminos de Dios. Larry Crabb Jr., en su libro, “El Arte del Aconsejar”, nos dice cual es el objetivo de todo consejero cristiano: “El objetivo del consejero bíblico consiste en ayudar a una persona a cambiar de dirección y procurar parecerse a Cristo”. La verdadera solución a cualquier problema que el ser humano se encuentra en conocer a Cristo, a buscar primeramente la salvación de su alma y luego entrar en un proceso de transformación a través del poder del Espíritu Santo, la lectura de la Biblia y la oración. Definitivamente, como consejeros cristianos no podemos hacer a un lado estos elementos cruciales ya que el evangelio es suficiente para conducir a las personas a una vida plena, lejos de la maldición del pecado y con una promesa de vida eterna.

 

 

domingo, 21 de marzo de 2021

¿Psicología y Consejería Cristiana?

 

“La exposición de tus palabras nos da luz, y da entendimiento al sencillo”.

Salmo 119:130 (NVI) 

INTRODUCCIÓN


               Vivimos en un mundo turbado por el pecado, un mundo lleno de personas con problemas emocionales y mentales como consecuencia de sus pecados, sin embargo, la Biblia nos enseña que la instrucción de su palabra nos puede dar luz y entendimiento para salir de estos problemas: La exposición de tus palabras nos da luz, y da entendimiento al sencillo. Lamentablemente muchas personas en lugar de buscar la ayuda en el consejo de la palabra de Dios prefieren buscar la solución a sus problemas en otras opciones que el mundo ofrece entre las que se encuentra la psicología. Hoy en día hay una gran polémica entre la psicología y la consejería cristiana. Por un lado, se ha abusado haciendo uso de la psicología contemporánea y muchos seudo consejeros cristianos la han utilizado para su interés personal, compartiendo mensajes motivacionales y de superación personal que conducen a la gente a un verdadero entretenimiento de sus almas y el descuido de su salvación. Por otro lado, utilizan conceptos propios de la psicología que están en contra de los principios bíblicos, negando así la realidad del pecado y del castigo eterno del alma de aquellos que nunca se arrepiente de ellos. Ahora bien, ¿será acaso que la psicología puede usarse en el ámbito cristiano?, o ¿debería desecharse totalmente? Consideremos este tema en esta oportunidad.

 

Psicología-Cristianismo
¿Psicología y Consejería Cristiana?


¿PUEDE LA CONSEJERÍA CRISTIANA APOYARSE DE LA PSICOLOGÍA?


                La palabra psicología viene de dos palabras compuestas en el griego, psujé o psiké (ψυχή) que significa alma, y logía (λoγία) que significa estudio, por lo cual, psicología ligeramente significa estudio del alma. Sin embargo, la psicología no reconoce la existencia del alma en el sentido que la Biblia la describe, como la esencia del ser humano pensante y consciente de sí mismo el cual dará cuenta de todo lo que hizo en la eternidad delante de Dios, más bien, sustituyen el concepto bíblico del alma y todas sus funciones con el de la mente y su relación con el cerebro. En este sentido se dice que la psicología es una ciencia del pensar, una profesión y una disciplina académica que estudia la conducta humana y los procesos mentales del hombre. Ahora bien, ¿puede apoyarse la consejería cristiana de la psicología considerando que esta niega la existencia del alma en el sentido bíblico que nosotros los cristianos entendemos? El problema con la psicología es que algunas personas han tratado de sustituir la consejería cristiana y bíblica por las técnicas y terapias propias de esta disciplina y que en muchas ocasiones son contrarias a los principios de la Biblia, han sustentado que la Biblia, la oración y el poder del Espíritu Santo son insuficientes para ayudarle al ser humano a superar sus problemas, así como han proliferado muchos consejeros que ven la consejería dentro de la iglesia como un medio para obtener ganancias, cobrando así por sus servicios. El pastor John MacArthur, en su libro, “La Consejería”, niega la creencia que la psicología debería practicarse en la consejería cristiana a través de las siguientes palabras: “La palabra psicología significa literalmente «el estudio del alma». Un verdadero estudio del alma no lo pueden hacer los incrédulos. Después de todo, sólo los cristianos cuentan con los recursos para comprender la naturaleza del alma y cómo se puede transformar. La disciplina secular de la psicología está basada en suposiciones ateas y fundamentos evolucionistas y es capaz de tratar con la gente sólo superficialmente y a nivel temporal. Sigmund Freud, padre de la psicología moderna, fue un humanista incrédulo que urdió la psicología como sustituto de la religión”. De acuerdo a la perspectiva de MacArthur, el estudio del alma antes de Sigmund Freud era exclusivo de la teología bíblica, pero después de Freud se introdujo una nueva disciplina que llegaría a ofrecer un sustituto de cómo entender los problemas del hombre que realmente tienen su origen en el pecado, para así sustituir el concepto del alma por el de la mente. No obstante, existen otros estudiosos bíblicos que no consideran la psicología como algo inútil y que debería excluirse totalmente de la consejería cristiana. Larry Crabb Jr., en su libro, “El Arte del Aconsejar” da unos puntos a favor de la psicología: “Los psicólogos han venido ejercitando durante años sus mentes y han acumulado un gran acervo de información útil y técnicas provechosas, como las pruebas de inteligencia y los métodos para curar a los tartamudos. Han contribuido enormemente a comprender cosas como el por qué la gente reacciona a ciertas clases de estímulo de la manera que lo hace, cómo piensa el hombre y la relación que existe entre el pensar y la acción o la emoción, así como las etapas de desarrollo por las que pasa un niño”. Desde su perspectiva, podríamos considerar que el estudio de la psicología podría ayudarnos a entender mejor cómo se generan algunos procesos mentales y del comportamiento humano, así como algunas técnicas que utilizan para ayudar a las personas a superar sus problemas, todo esto sin olvidar que la raíz de todos los problemas del hombre se encuentra en el pecado y mientras no se le enseñe al aconsejado a abandonarlos en completo arrepentimiento, jamás lograra experimentar la verdadera restauración de su alma a través del poder del Espíritu Santo. Es importante que al estudiar las teorías y posiciones de la psicología se tenga un buen cimiento de la teología bíblica, para no caer en el error de usar técnicas o principios que son antibíblicas. Estudiemos entonces algunos de los principales representantes de la psicología y sus enunciados, así como lo que la Biblia dice al respecto.


            Sigmund Freud.


Sigmund Freud (1856-1939), austriaco, conocido como el padre del psicoanálisis, introdujo una nueva disciplina en cuanto al entendimiento de los problemas del hombre, no desde un perspectiva médica o espiritual, sino de la mente. Uno de los aportes de Freud es que antes de sus enunciados muchos de los problemas mentales que atravesaban las personas se les atribuía o a los demonios o a problemas de salud. Él postulo su teoría donde afirmaba que los humanos están compuestos por tres partes: el Yo, el Ego y el Superyó.


1.       El Yo: Es la identidad del ser humano. Freud ve la identidad del hombre como la expresión de sus impulsos primitivos que buscan ser expresados y satisfechos.

2.       El Superyó: Es la conciencia del hombre y es socializado por las influencias externas tales como los padres, las religiones o los maestros.

3.       El ego: es el arbitro en el Yo y el Superyó que están en conflicto por expresar sus impulsos primitivos.


Sigmund Freud fue un descendiente de judíos que negó la religión del judaísmo y se declaró ateo y si vemos su postulado del Yo, el Superyó y el Ego, no es más que una sustitución de los conceptos bíblicos, tales como la conciencia que un cristiano posee que dicta al alma del ser humano lo bueno y lo malo, y cómo esta termina escogiendo una opción. Además, Freud creía que los problemas mentales de los hombres giraban alrededor de satisfacer los deseos sexuales y de poder, de tal forma que si no se satisfacen esto los lleva a experimentar problemas. El problema con esto es que las terapias estarían orientadas a permitir que el sujeto satisfaga sus deseos pudiendo caer en muchos casos en el hedonismo (una tendencia a satisfacer los deseos y disfrutar la vida sin límites).  Consideremos las posiciones de Freud y lo que la Biblia enseña al respecto.

 

Concepto

Posición de Sigmund Freud

La Biblia

El Hombre

El hombre no es responsable por sus acciones, mas bien es victima de su ambiente o sociedad donde vive. Él lucha con sus experiencias pasadas que vienen desde su niñez

El hombre es responsable de sus acciones: “En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos tienen la dentera, sino que cada cual morirá por su propia maldad; los dientes de todo hombre que comiere las uvas agrias tendrán la dentera”, (Jeremías 31:29-30)

El Problema

El hombre vive en una lucha constante entre sus impulsos primitivos y el Superyó o conciencia. Estas luchas provienen de su pasado, de la influencia y vida que experimento con sus padres, maestros, religión etc.

La naturaleza del hombre natural es pecaminosa: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”, (Romanos 5:12)

La Solución

El hombre debe regresar a su pasado por medio de hipnosis para confrontar su pasado para remover valores o ideas represivas de lo bueno y lo malo

El hombre necesita ser regenerado: “Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo”, (Tito 3:5)

 

B. F. Skinner.


Burrhus Frederic Skinner es conocido como el padre del condicionamiento operante, teoría que afirma que el comportamiento que es reforzado tiende a ser repetido, mientras el comportamiento que no es reforzado tiende a debilitarse. Para Skinner, el hombre era como un animal que estaba condicionado por el ambiente que lo rodeaba, veía al humano como un ser ni bueno ni malo, sino un ser fatalista, víctima de su entorno. Esto contrasta totalmente con el concepto antropológico bíblico del hombre, el cual es creación de Dios, responsable de sus pecados y necesitado de la redención de Dios. Además de esto, Skinner creía que la mejor forma de entender el comportamiento es ver las causas de una acción y sus consecuencias.


 

Concepto

Posición de B.F. Skinner

La Biblia

El Hombre

El hombre es como un animal que puede ser enseñado o entrenado para actuar de cierta manera.

El hombre es diferente al animal: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”.

Génesis 1:27

El Problema

El hombre no es responsable, el ambiente condiciona su comportamiento. El mal comportamiento es resultado de malas influencias o condiciones.

El hombre posee una naturaleza pecaminosa: “Porque sabemos que la ley es espiritual; más yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí”, (Romanos 7:14-17).

La Solución

El hombre puede cambiar a través de un sistema de recompensas y castigos

Solamente naciendo de nuevo el hombre puede cambiar: “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”, (Juan 3:3).

 

Carl Rogers.


            De acuerdo con Carl Rogers, el ser humano es un ser totalmente bueno y creativo, capaz de alcanzar sus metas y deseos en la vida y podrá encontrar en este mundo los recursos necesarios para que alcance a satisfacer todas sus necesidades. Es obvio que su creencia de que el ser humano es totalmente bueno está errada de acuerdo a las Escrituras. Entre sus mayores aportaciones tenemos la psicología no directiva la cual enfocaba al terapeuta en construir una relación de confianza con su paciente en lugar de solo dar una serie de pasos a seguir para curar la enfermedad mental por la cual estaban siendo atendidos. Este principio es de construir una verdadera relación de confianza es de gran ayuda aun en la consejería cristiana.


 

Concepto

Posición de Carl Rogers

La Biblia

El Hombre

El hombre nace bueno y en su interior está todo lo que necesita para ser exitoso.

El hombre es pecador por naturaleza, aun desde el vientre de su madre: “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre”, (Salmo 51:5).

El Problema

En ocasiones el hombre no ve cuan importante y capaz es de realizar grandes cosas.

El hombre es incapaz de resolver sus propios problemas: “Como está escrito:

    No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”, (Romanos 3:10-12).

La Solución

El hombre es capaz de encontrar la solución a sus propios problemas.

Solamente a través de Jesús el hombre puede encontrar el camino correcto: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”, (Juan 14:6).

 

LA PSICOLOGÍA PUEDE APORTAR EN LA CONSEJERÍA CRISTIANA, PERO NUNCA REEMPLAZAR EL MÉTODO BÍBLICO PARA SOLUCIONAR EL VERDADERO PROBLEMA DEL HOMBRE


                Cuando el cuido del alma tiene como propósito cambiar las actitudes y características de la persona, se dice que pasamos de la consejería pastoral a la psicología pastoral, aun así, muchos cristianos prefieren no anteponerle a este proceso de consejería el termino psicología. Sin embargo, así como los cristianos no podemos desechar los avances de la ciencia médica y tecnológicas para ayudar a nuestra vida, no debería desechar totalmente algunos principios psicológicos que nos podrían ayudar a entender los comportamientos o trastornos mentales que los humanos atraviesan. Pero es clave que todo esto pase el filtro de la Biblia y no ser confundidos con conceptos filosóficos anticristianos. Ahora bien, lo que no debemos olvidar es que, ante un proceso de consejería cristiana, es clave hacerle ver al aconsejado que la causa principal de todos sus problemas es el pecado, que el camino para superarlos es el reconocer y arrepentirse, que solo el poder transformador del Espíritu Santo puede ayudarle a obtener una vida de victoria. Cuando en la consejería pastoral se olvida esto y se usa otro enfoque, caemos en un terrible error: “No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta”, (Romanos 12:2, NTV). No debemos permitir que las costumbres y conductas del mundo dicten nuestro comportamiento, mas bien, debemos permitir que Dios haga en nosotros su proceso de regeneración, transformando todo nuestro ser a través del poder de Espíritu Santo, la lectura de la Biblia y la oración. Al respecto de esto último, el Dr. Gary Collins en su libro Consejería Cristiana Efectiva dice: “Es de suma importancia que los guías reconozcan la inspiración y la autoridad de la Biblia, tanto como el estándar con el cual toda psicología debe ser probada, y como la Palabra escrita de Dios con la cual toda consejería válida debe concordar. La iglesia debe recobrar su confianza en los recursos espirituales que Dios provee. Debemos regresar a la convicción de que solamente la Escritura es “inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:16). Los evangélicos deben redescubrir la consejería bíblica y reinstaurar la Palabra de Dios en el lugar que le corresponde como la autoridad suprema que discierne y corrige los pensamientos y las intenciones del corazón”. En consecuencia, a todo lo que hemos considerado, no deberías desechar todo lo que la psicología puede enseñarnos respecto a las teorías del comportamiento humano, o el desarrollo de la personalidad a través de las diferentes etapas de su edad o incluso, las características de los trastornos mentales que no debería confundir con casos de posesiones demoniacas. Todo esto podría ser de ayuda al consejero cristiano, pero todo filtrado con la palabra de Dios sin olvidar que la causa raíz del problema humano es el pecado no confesado.


¿Problemas espirituales, de la salud o emocionales?


Quizás uno de los aportes importantes de la psicología es la introducción del concepto de salud emocional. Antes de Sigmund Freud, los males que la humanidad sufría se asociaban a trastornos de la salud física o a problemas de carácter espiritual, pero no se hablaba del tema de la salud emocional. Lo cierto es que cualquier problema en la vida del hombre se debe a las consecuencias del pecado, pero con el fin de ayudar a veces es bueno clasificarla dentro de un campo en específico. Así podríamos hablar de problemas de carácter espiritual, así como problemas de la salud como problemas emocionales, y aquí se vuelve importante poder identificarlos. Por ejemplo, en algunas ocasiones alguien podría sufrir una enfermedad por causa de un pecado no confesado, pero seria un error decir que toda persona enferma esta sufriendo una enfermedad por un juicio divido debido a un pecado no confesado: “A su paso, Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: —Rabí, para que este hombre haya nacido ciego, ¿quién pecó, él o sus padres? —Ni él pecó, ni sus padres —respondió Jesús—, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida”, (Juan 9:1-3, NVI). De igual forma, Dios podría darle a una persona la convicción de que lo sanara sin la necesidad de tomar algún medicamento que la ciencia médica recomienda, pero sería un error afirmar que una persona que toma medicina tiene falta de fe y exhortarla a abandonar sus medicamentos, cuando Santiago recomienda el combinar la oración con el ungimiento de aceite en los enfermos (en la antigüedad se le atribuía al aceite propiedades medicinales y por ello se ungían los enfermos con este): “¿Está enfermo alguno de ustedes? Haga llamar a los ancianos de la iglesia para que oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor. La oración de fe sanará al enfermo y el Señor lo levantará. Y si ha pecado, su pecado se le perdonará”, (Santiago 5:14-15). De igual forma, algún problema podría ser de carácter espiritual y en la Biblia encontramos algunos ejemplos de estos, por ejemplo, fue un espíritu maligno atormentaba a Saúl rey de Israel: “El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová”, (1 Samuel 16:14). También tenemos el caso de los endemoniados gadarenos los cuales presentaban un caso de aparente demencia mental, pero esta era provocada por la influencia demoniaca. La Biblia los describe como feroces y violentos a tal punto que nadie podía pasar por aquel lugar: “Cuando llegó a la otra orilla, a la tierra de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, feroces en gran manera, tanto que nadie podía pasar por aquel camino”, (Mateo 8:28). También los tres evangelistas nos dicen que estas personas vivían entre los sepulcros: “Y cuando salió él de la barca, en seguida vino a su encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo, que tenía su morada en los sepulcros”, (Marcos 5:2-3). Aparte de eso, estos endemoniados experimentaban por obra de los espíritus malos una fuerza sobrenatural: “Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, más las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos; y nadie le podía dominar”, (Marcos 5:4). El comportamiento de estos endemoniados era aterrador: “Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras”, (Marcos 5:5). Y de acuerdo a Lucas andaban desnudos y tenían ya mucho tiempo de vivir en esta terrible condición: “Al llegar él a tierra, vino a su encuentro un hombre de la ciudad, endemoniado desde hacía mucho tiempo; y no vestía ropa, ni moraba en casa, sino en los sepulcros”, (Lucas 8:27). Al final, el estado de estos hombres no se debía a un trastorno mental, sino a una posesión demoniaca. No obstante, seria un error confundir un problema de esquizofrenia con una posesión demoniaca. Por tanto, es importante pedirle dirección y sabiduría a Dios para poder ayudar a las personas aconsejadas a encontrar la solución a su problema.

 

            Salud Emocional. 


Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud emocional se define como el estado de bienestar, entiéndase bienestar como la situación que le permite a las personas ser conscientes de sus auto capacidades, gestionar las dificultades normales de la vida diaria y llevar a cabo trabajos productivos. Las personas con salud emocional son capaces de conocer y controlar sus propias emociones y las de otras personas dando paso así a la inteligencia emocional. Ahora bien, La salud emocional es una parte importante de la salud general ya que las personas que son emocionalmente saludables tienen el control de sus pensamientos, sentimientos y comportamientos, así como son capaces de hacer frente a los desafíos de la vida. Pueden mantener los problemas en perspectiva y recuperarse de los contratiempos. Hoy en día muchas personas carecen de inteligencia emocional al no ser capaces de superar situaciones estresantes y problemas que afectan su personalidad trayendo conductas como la ira, los resentimientos, la culpa, el temor, la envidia y otros que afectan su comportamiento y felicidad. Sin embargo, el deseo de Dios es que no permitamos que las situaciones difíciles de la vida afecten nuestro estado emocional y por ello Pablo dice: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”, (2 Timoteo 1:7). Todos estos datos e incluso la realidad están indicando que hay un problema de base: la falta de enseñanza e interés en lo que a salud emocional se refiere. Por un lado, la sociedad debe tomar conciencia del peso significativo que tiene el aprendizaje del conocimiento de las emociones y las habilidades sociales. En segunda instancia la familia debe saber que es de ahí donde nacen y crecen individuos que tendrán que enfrentarse con las emociones tanto individuales como propias y, por último, cada individuo es responsable de su desarrollo y proceder en la vida. Un proverbio africano dice: “El niño que no sea abrazado por su tribu, cuando sea adulto quemará la aldea para poder sentir su calor”.

¿Cómo seríamos los humanos si nunca nos emocionáramos? Quizás vendríamos a ser como los robots, respondiendo a todas las situaciones con lógica y nunca con emociones. Pero Dios nos creó a su imagen, y las emociones de Dios se revelan en las Escrituras, por lo tanto, Dios nos creó seres emocionales. A veces, nuestras emociones son vivencias agradables, y a veces no. A veces, nuestras emociones están fundadas en la verdad, y a veces son "falsas" ya que se basan en premisas erróneas. Es importante que aprendamos acerca del manejo de las emociones, en lugar de permitir que nuestras emociones nos manejen. Nuestras emociones, al igual que nuestra mente y cuerpo, están influenciadas en gran medida por la caída de la humanidad en el pecado. En otras palabras, nuestras emociones están manchadas por nuestra naturaleza pecaminosa, y esa es la razón por la cual es necesario controlarlas. La Biblia nos dice que tenemos que ser controlados por el Espíritu Santo (Romanos 6; Efesios 5:15-18; 1 Pedro 5:6-11), y no por nuestras emociones. Si reconocemos nuestras emociones y las llevamos ante Dios, entonces podemos presentar nuestros corazones ante Él y permitirle que haga su obra en nuestros corazones y que dirija nuestras acciones. A veces, esto puede significar simplemente que Dios nos consuela, nos reafirma y nos recuerda que no debemos temer. Otras veces, puede que Él nos lleve a perdonar o pedir perdón. El libro de los Salmos es un excelente ejemplo del manejo de las emociones y de cómo traer nuestras emociones a Dios. Muchos Salmos están llenos de emociones puras, pero éstas se derraman delante de Dios en un intento de buscar su verdad y justicia. Por tanto, es importante estudiar esta parte de la psicología, así como otros que nos pueden dar luz en los problemas emocionales que las personas atraviesan, todo con el objetivo de conducirlos en una sana relación con Cristo Jesús.