domingo, 21 de agosto de 2022

El día de Pentecostés (Hechos 2:1-4)

 

“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen”.

Hechos 2:1-4

INTRODUCCIÓN

               Hemos llegado al capítulo 2 del libro de los Hechos de los Apóstoles, y este capítulo es importante para el cristianismo porque, por un lado, nos habla del cumplimiento de la promesa de Cristo para sus discípulos: “He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto”, (Lucas 24:49), y por otro, para muchos es considerado el día en el que oficialmente nació la iglesia del Señor. La verdad, es un gran pasaje de la Biblia y aunque esta relatado en un libro donde el estilo literario que predomina es histórico, pero lo cierto es que, aparte de aprender de los orígenes y primeros pasos de la iglesia, podemos entender verdades doctrinales fundamentales que lejos de ser simples dogmas, debe ser principios de vida que nos lleven a experimentar la plenitud de la presencia de Dios en nuestras vidas.

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El día de Pentecostés

 

EL DÍA DE PENTECOSTÉS

“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos”.

Hechos 2:1

           De acuerdo a Lucas, los discípulos aun seguían unánimes esperando la promesa del Espíritu Santo en Jerusalén: Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Aunque el texto no lo dice, es de suponerse que aun los 120 que se mencionan en el capitulo 1 permanecían unidos, posiblemente, la casa donde se reunían estaba cerca del Templo ya que el estruendo que sucedería en breves minutos llamó la atención de mucha gente que se acerco a ver qué es lo que estaba pasando. Ahora, la venida de la promesa del poder del Espíritu Santo vino en el día de Pentecostés, pero, ¿qué era el día de Pentecostés? Para los judíos habían tres fiestas muy importantes que fueron establecidas por Dios en los libros de la ley de Moisés, estas eran la fiesta de la Pascua, a la cual le seguía la fiesta de los panes sin levadura, luego, la fiesta del Pentecostés o las primeras cosechas y finalmente la fiesta de los tabernáculos o las cabañas: “La fiesta de los panes sin levadura guardarás; siete días comerás pan sin levadura, según te he mandado, en el tiempo señalado del mes de Abib; porque en el mes de Abib saliste de Egipto… También celebrarás la fiesta de las semanas, la de las primicias de la siega del trigo, y la fiesta de la cosecha a la salida del año. Tres veces en el año se presentará todo varón tuyo delante de Jehová el Señor, Dios de Israel”, (Éxodo 34:18, 22-23). La palabra Pentecostés se traduce del griego penteekosté (πεντηκοστή), la cual literalmente significa quincuagésimo y se refiere a una fiesta solemne de los judíos que se celebraba cincuenta días después de la Pascua. También a esta fiesta se le conocía como la fiesta de las semanas, porque lo judíos solían contar siete semanas después de la pascua para realizarla: “Y harás la fiesta solemne de las semanas a Jehová tu Dios; de la abundancia voluntaria de tu mano será lo que dieres, según Jehová tu Dios te hubiere bendecido”, (Deuteronomio 16:10). Es interesante considerar el día que Dios escogió para derramar su Espíritu Santo sobre la vida de los discípulos, ya que de alguna manera, la fiesta de Pentecostés recordaba el tiempo en el cual Israel estuvo en el monte Sinaí donde se les dieron las leyes y estatutos, además que vieron la gloria de Dios que reposaba sobre el monte y escucharon su voz: “Todo el monte Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego; y el humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía en gran manera. El sonido de la bocina iba aumentando en extremo; Moisés hablaba, y Dios le respondía con voz tronante. Y descendió Jehová sobre el monte Sinaí, sobre la cumbre del monte; y llamó Jehová a Moisés a la cumbre del monte, y Moisés subió”, (Éxodo 19:18-20). Fue durante esta fiesta importante para los judíos que Dios decidió enviar sobre sus vidas el poder del Espíritu Santo, y estos, de acuerdo a Lucas, permanecían unánimes juntos. Posiblemente se refiere a los 120 discípulos que perseveraron después de la resurrección de Cristo, ahora, estos serian los primeros miembros de la iglesia cristiana. En cuanto al momento donde nació la iglesia cristiana, existen dos posiciones que son las más comunes. Un grupo afirma que la iglesia nació desde el momento en el cual Jesús resucitó, desde allí cuentan los días en los que la iglesia inicio, sin embargo, aun durante este tiempo la promesa del Espíritu Santo aún no había venido sobre ellos y, por tanto, no tenían la autoridad y poder para dar testimonio del evangelio; de allí que surge la segunda posición en cuanto al día en el que la iglesia fue fundada, el día de pentecostés. Lo cierto es que, a partir de Pentecostés, la iglesia inicia su labor evangelizadora con todo el respaldo y poder del Espíritu Santo.

 

EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO DESCIENDE SOBRE LOS DISCÍPULOS

“Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen”.

Hechos 2:2-4

                 Lucas nos dice que de repente ocurrió la venida del Espíritu Santo sobre los creyentes y para ello lo describe con palabras que aun ahora nos cuenta entender el maravilloso, sobrenatural e impactante que fue este evento: Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Lucas trata de describir lo que paso utilizando un lenguaje que describen fenómenos naturales que se asemejan a lo que paso aquel día. En primer lugar, dice que: vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba. Es decir, vino del cielo como una especia de fuerte ráfaga de viento muy violento y esto no significa que un viento haya soplado, sino que lo que aconteció fue algo parecido a una fuerte y violenta ráfaga de viento que soplo repentinamente. En segundo lugar, Lucas nos dice que esto que aconteció llenó toda la casa donde estaban reunidos los discípulos: el cual llenó toda la casa donde estaban sentados. Finalmente, la espera de los discípulos había terminado y estaban experimentando un hecho único y sobrenatural que había venido sobre ellos. En tercer lugar, Lucas dice que todos comenzaron a hablar en otras lenguas: y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos… y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. Aquí la palabra “lenguas” se traduce del griego glossa (γλω̂σσα), que, en su sentido original, significa lengua, el órgano por medio del cual hablamos y así se traduce en muchos pasajes que hacen referencia a este pequeño órgano, pero en otro sentido, también se refiere a idioma, es decir, hablar otro idioma que no es el natal. En este caso, Lucas nos dice que los discípulos comenzaron a hablar en otros idiomas que no eran el natal de ellos y que no conocían, pero lo hacían por obra del Espíritu Santo. Además, es interesante como Lucas lucha por encontrar las palabras que describan lo que paso ese día ya que dice que ese día se les aparecieron a los discípulos, lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Lo que experimentaron aquel día los discípulos que fueron visitados por el Espíritu Santo para literalmente bautizarlos con su poder fue algo parecido a una especie de fuego que se asentó en su cabeza y de allí que Lucas utiliza estas palabras para describir la gloriosa experiencia que los discípulos habían experimentado. En cuarto lugar, Lucas afirman que aquel día, todos los discípulos fueron llenos del poder del Espíritu Santo, cumpliéndose así la promesa que Jesús les había hecho: Y fueron todos llenos del Espíritu Santo.

 

sábado, 6 de agosto de 2022

La Elección del Sucesor de Judas (Hechos 1:15-26)

 

“En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos (y los reunidos eran como ciento veinte en número), y dijo: Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús, y era contado con nosotros, y tenía parte en este ministerio. Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron. Y fue notorio a todos los habitantes de Jerusalén, de tal manera que aquel campo se llama en su propia lengua, Acéldama, que quiere decir, Campo de sangre. Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su habitación, Y no haya quien more en ella; y: Tome otro su oficio. Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección. Y señalaron a dos: a José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías. Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido, para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar. Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles”.

Hechos 1:15-26

INTRODUCCIÓN

                Hemos llegado al final del capítulo uno del libro de Hechos de los Apóstoles y hasta el momento resulta este libro inspirado por el Espíritu Santo más que fascinante ya que como lo dijimos al principio del estudio, Lucas continua el relato, a manera de segunda parte, de la historia que quedo en continuación es los evangelios. La obra de Jesús en esta tierra no había terminado con su ascensión a los cielos, sino continuaría por medio de su iglesia respaldada por el Espíritu Santo y ahora vemos a los primeros creyentes organizándose para elegir al sucesor de Judas.

 

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La Elección del Sucesor de Judas

UNA IGLESIA QUE ESPERA EN DIOS

“En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos (y los reunidos eran como ciento veinte en número) …”

Hechos 1:15

                 El historiador Lucas nos da el detalle del número de discípulos que estaban reunidos esperando la promesa del Espíritu Santo: … y los reunidos eran como ciento veinte en número. Es increíble pensar una vez más en este grupo, porque de acuerdo a Pablo en 1 Corintios, después de su resurrección el Señor se le apareció a más de 500 personas: “Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen”, (1 Corintios 15:6). A parte de estos, sabemos que el Señor se les apareció a las mujeres que visitaban su sepulcro el día de su resurrección, los 11 apóstoles, los discípulos que iban camino a Emaús, a Pablo y Santiago, por tanto, quizás podríamos entender que las personas que presenciaron la resurrección de Jesús a lo mejor llegaban a los 600 o 700 personas. Pero de todos estos, solo 120 perseveraban esperando que se cumpliesen las promesas de su Señor. Ahora bien, estos esperaban unánimes en oración, tal y como lo vimos en los versículos anteriores y reflexionando en las Escrituras, por lo que Pedro decide levantarse y hablarles a sus hermanos lo que tenían que hacer en conformidad a las Escrituras: En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos. Es interesante que la palabra griega que en este versículo 15 se traduce como hermanos es mazetes (μαθητής), cuya mejor traducción quizás sería discípulo, mientras que la palabra hermano que se usa en el versículo 14 para referirse a los hermanos de Jesús es adelfos (ἀδελφός), palabra exclusiva para referirse a hermanos de consanguineidad.

 

LA INFLUENCIA DE PEDRO EN LA IGLESIA

“… y dijo: Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús, y era contado con nosotros, y tenía parte en este ministerio. Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron. Y fue notorio a todos los habitantes de Jerusalén, de tal manera que aquel campo se llama en su propia lengua, Acéldama, que quiere decir, Campo de sangre. Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su habitación, y no haya quien more en ella; y: Tome otro su oficio”.

Hechos 1:15-20

                  Vemos en estos versículos la influencia que Pedro tenia sobre los creyentes al tomar la iniciativa de levantarse y hablarles a sus hermanos acerca de lo que tenían que hacer para prepararse para cumplir la misión que su Señor les había encomendado. En Hechos vemos cómo Pedro llego a desempeñar una función muy importante en los inicios de la iglesia como el primer portavoz del mensaje de evangelio tanto a los judíos como a los gentiles. Veremos que Pedro fue el primero en predicarle a los judíos en el día de Pentecostés y así son muchos los que se convierten (Hechos 2), de allí que su influencia como apóstol en Jerusalén fue importante, aunque al final de su vida no permaneció en Jerusalén y fue Jacobo, el hermano de Jesús, quien llego a convertirse en el principal líder de la iglesia en Jerusalén. Luego, vemos que fue Pedro el que inicio la iglesia gentil a obedecer al Espíritu Santo y predicarle el evangelio a Cornelio y su familia (Hechos 10). Todo esto nos recuerda a las palabras de Jesús dirigidas a Pedro: “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos”, (Mateo 16:19). Definitivamente, Pedro abrió las puertas del evangelio tanto a los judíos como a los gentiles porque a él se le otorgaron las llaves del reino de Dios.

            Ahora, Pedro, basado en las Escrituras, quiere organizar a los creyentes en los pasos que tenían que dar para prepararse para desempeñar la misión que Jesús les había encomendado: … y dijo: Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús, y era contado con nosotros, y tenía parte en este ministerio. Para Pedro, la traición de Judas fue parte del cumplimiento de las Escrituras y al hacerlo ver así, les muestra a sus hermanos que todo estaba ocurriendo de acuerdo a la voluntad de Dios. El apóstol relata el final de Judas: Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron. Pareciera que en esta parte tenemos una contradicción con lo que Mateo dice en cuanto al suicidio de Judas: “Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú! Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó. Los principales sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre. Y después de consultar, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de los extranjeros. Por lo cual aquel campo se llama hasta el día de hoy: Campo de sangre”, (Mateo 27:3-8). Algunos ven aquí una contradicción entre los relatos de Mateo y Lucas, otros lo explican afirmando que existían dos tradiciones orales en cuanto al suicidio de Judas. Por otro lado, podemos armonizar el pasaje de la siguiente manera: Lucas dice que Judas adquirió el campo con su salario de iniquidad, ahora, según Mateo los sacerdotes al ver Judas les había arrojado las piezas de plata arrepentido por lo que había hecho, no se atrevieron a echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque sabían que eran precio de sangre, por lo que decidieron comprar el campo del alfarero para sepultura de los extranjeros, lugar donde es probable que el mismo Judas se ahorco y fue llamado Campo de Sangre. Es obvio que el lugar no se uso para sepultar judíos, sino extranjeros, por haber sido el lugar donde el traidor Judas se ahorco y los sacerdotes debieron comprarlo en nombre de Judas y no de ellos, para que nadie los asociara con la traición de Judas. Además, Mateo nos dice que Judas se ahorco, pero Lucas dice que cayó de una gran altura reventándose la cabeza, partiéndose en dos y todas las entrañas se le salieron. Esto pudo haber ocurrido después de ahorcarse, ya sea que la cuerda se reventara, o la rama de donde se colgó se quebró o alguien después de ahorcarse cortarse la cuerda y provocara que el cuerpo cayese y se reventase al chocar con el suelo. De esta forma ambos pasajes pueden armonizarse. Lo cierto es que este acontecimiento fue tan notorio en Jerusalén que llamaron al campo Acéldama, que en arameo significa Campo de Sangre: Y fue notorio a todos los habitantes de Jerusalén, de tal manera que aquel campo se llama en su propia lengua, Acéldama, que quiere decir, Campo de sangre. Al final, para Pedro todo esto era el cumplimiento de las Escritura y por ello cita dos pasajes del Antiguo Testamento que se encuentran el los Salmos: Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su habitación, y no haya quien more en ella; y: Tome otro su oficio. Prácticamente el apóstol está citando los siguientes Salmos: “Sea su palacio asolado; en sus tiendas no haya morador”, (Salmo 69:25) y “Sean sus días pocos; tome otro su oficio”, (Salmo 109:8). Por tanto, lo ocurrido a Judas, su traición y suicidio no ocurrió que un acontecimiento fatal, sino de acuerdo a las Escrituras, sin embargo, era necesario que su oficio fuese tomado por otro hombre digno de continuar con la misión que el Señor había predeterminado.

 

LOS REQUISITOS PARA ELEGIR AL SUCESOR DE JUDAS

“Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección. Y señalaron a dos: a José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías”.

Hechos 1:21-23

                  Para Pedro, era importante elegir al sucesor de Judas y que este se les sumase para conformar los 12 apóstoles del Señor, ya sea porque creía que al restaurar el reino les concedería sentarse en los doce tronos para juzgar a las tribus de Israel: “Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel”, (Mateo 19:28) o porque creía que era necesario completar el numero 12 por ser un número simbólicos de las 12 tribus de Israel. Como sea, nos llama la atención los requisitos que Pedro colocó para elegir al sucesor de Judas. No cabe duda que servirle al Señor es un gran honor y poder edificar una vida de servicio en su obra es lo mejor que podemos hacer, y Matías hizo de su servicio una verdadera vocación de la cual podemos aprender.

 

El requisito de la perseverancia.

En primer lugar, el sucesor de Judas debía ser una persona que haya permanecido fiel al discipulado, desde los tiempos de Juan el bautista, hasta el tiempo actual: Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección. Esto nos habla de la importancia de la perseverancia para crecer en la obra del Señor. Es increíble pensar en Matías, un hombre que había permanecido fiel, desde los tiempos de Juan el bautista, luego se convirtió en un discípulo de Jesús, posteriormente Jesús eligió a los 12 y Matías no fue seleccionado, pero esto no lo detuvo para no seguir a su Señor, posiblemente estuvo entre los 70 discípulos que Jesús envió de dos en dos a predicar y hacer milagros en su nombre (Lucas 10:1-12). Después de su resurrección, Matías debió ser uno de los discípulos que posiblemente vio entre aquellos 500 a su Señor resucitado, luego, persevero hasta este día, junto con los 120 que fielmente esperaban la promesa del Espíritu Santo. Podemos ver a este hombre sencillo, pero fiel y perseverante, que actuaba en el anonimato, sin buscar reconocimientos, pero que buscaba servirle a su Señor por amor a su nombre. Cuan grande ejemplo es Matías para nosotros ya que debemos aprender a perseverar, que los años pasen, pero que estos no nos hagan menguar nuestro amor y servicio por Dios: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”, (1 Corintios 15:58).

 

El requisito del Buen Testimonio.

En segundo lugar, el sucesor de Judas tenía que ser una persona de buen testimonio entre los creyentes: Y señalaron a dos: a José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías. Es interesante ver que al final, entre los 120 solo dos cumplían el requisito, pero llama la atención el sobrenombre que uno de ellos tenia, Juan, llamado Barsabás, tenia por sobrenombre Justo. Su sobrenombre nos sugiere que era un hombre que vivía en santidad delante de Dios, justo y fiel a las promesas de Dios, tanto así que los demás creyentes lo apodaron: Justo, es decir, un hombre de buen testimonio. Cuan importante es el buen testimonio para ejercer nuestro servicio en la obra del Señor, de hecho, la iglesia primitiva lo consideraba una característica indispensable al momento de elegir sus servidores, así vemos que los primeros 7 diáconos fueron hombres de buen testimonio: “Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo”, (Hechos 6:3), luego, para los obispos era necesario que estos fuesen irreprensibles: “Pero es necesario que el obispo sea irreprensible…”, (1 Timoteo 3:2), y de la misma manera Pablo señala esto mismo para los diáconos: “Y éstos también sean sometidos a prueba primero, y entonces ejerzan el diaconado, si son irreprensibles”, (1 Timoteo 3:10). Por tanto, nosotros esforcemos por servirle al Señor con perseverancia, hasta el fin de nuestras vidas en esta tierra y con buen testimonio.

 

EL MÉTODO DE ELECCIÓN DEL SUCESOR DE JUDAS

“Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido, para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar. Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles”.

Hechos 1:24-26

                   Aquí vemos la forma en la cual eligieron al sucesor de Judas: Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido, para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar. Y les echaron suertes. Vemos que, junto con la oración, recurrieron a echar suertes para elegir al sucesor de Judas. Esta es la ultima vez que vemos que se use el método de la suerte para elegir la voluntad de Dios, en el Antiguo Testamento se veía que era una forma común que se practicaba. Así, repartieron por suertes la tierra prometida a cada tribu de Israel: “Pero la tierra será repartida por suerte; y por los nombres de las tribus de sus padres heredarán”, (Números 26:55); también Josué utilizo el echar suerte para encontrar quien era el anatema que estaba en medio de ellos: “Os acercaréis, pues, mañana por vuestras tribus; y la tribu que Jehová tomare, se acercará por sus familias; y la familia que Jehová tomare, se acercará por sus casas; y la casa que Jehová tomare, se acercará por los varones”, (Josué 7:14); de igual forma, Samuel utilizó el método de echar suertes para encontrar al hombre que Dios había elegido para ser el primer rey de Israel: “Y haciendo Samuel que se acercasen todas las tribus de Israel, fue tomada la tribu de Benjamín. E hizo llegar la tribu de Benjamín por sus familias, y fue tomada la familia de Matri; y de ella fue tomado Saúl hijo de Cis. Y le buscaron, pero no fue hallado”, (1 Samuel 10:20-21). Después de Pentecostés la iglesia aprendió a depender más del Espíritu Santo el cual habitaba en ellos, de allí que a través de la oración el Señor les confirmaba su voluntad y no se volvió a utilizar este método de echar suertes para conocer su voluntad. Al final, la suerte cayó sobre Matías: Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles. Hay algunos que opinan que el ministerio de Matías como apóstol no funciono y que fue elegido por los hombres y no por Dios, ya que para algunos Pablo fue elegido como el apóstol sucesor de Judas, pero no nosotros no creemos así. La verdad es que este hombre que nunca busco popularidad, el Espíritu Santo lo honro al presentarnos su historia aquí. Fue un hombre que había perseverado en silencio desde tiempos de Juan el bautista hasta este momento, un hombre reconocido por su comunidad cristiana, de buen testimonio y según Lucas, a partir de aquí fue contado entre los 11, de hecho, mas adelante se nos dice que eran los 12, es decir, los 11 con Matías, lo que tomaban las decisiones: “Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas…”, (Hechos 6:2). Y de acuerdo a la tradición Matías cumplió su ministerio, tal y como John Fox lo relata en su libro, Los Mártires: “Matías, que rellenó la docena, atracó en Etiopía, primeramente, y después... de haber llevado las multitudes a Cristo, con ánimo valeroso, recibió la corona del martirio”.

 

viernes, 5 de agosto de 2022

¿Por qué los hijos de Dios no deben pecar? (1 Juan 3:3-10)

 

“Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro. Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley. Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo. El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios”.

1 Juan 3:3-10

 

INTRODUCCIÓN

                 Para el apóstol Juan, el vivir en santidad era un requisito indispensable para todo creyente, por lo tanto, no concebía cómo una persona a la cual se le hubiesen perdonado sus pecados pudiese perseverar en la maldad, ya que como Dios es luz se espera que los creyentes andemos en luz. Ahora, en estos versículos, el apóstol continuo con el tema de que somos hijos de Dios y nos da algunas razones por las cuales no debemos perseverar en el pecado.

 

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¿Por qué los hijos de Dios no deben pecar? 

EL HIJO DE DIOS NO PECA PORQUE NO SOPORTA SU NUEVA NATURALEZA NO SOPORTA LA IMPUREZA

“Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro”.

1 Juan 3:3

                  El verdadero hijo de Dios, aquel que ha experimentado una verdadera conversión, es incapaz de permanecer en el pecado, porque su naturaleza espiritual lo impulsa a buscar siempre la pureza: Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro. Desde el momento en el cual nos convertimos a Cristo, el Señor nos otorga una nueva naturaleza que contraria al viejo hombre, no soporta permanecer en el pecado. El apóstol Pedro nos ofrece un ejemplo algo rudo o grotesco, pero práctico que nos puede reforzar esta afirmación: “Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno”, (2 Pedro 2:22). Hablando de aquellos que en un tiempo conocieron a Dios se vuelven a su pecado, Pedro dice que son como el perro que vuelve a comerse su propio vomito, o la puerca, la cual, estando limpia, corre desesperadamente al lodo. Esto es así, porque tanto la naturaleza del perro como la de la puerca es así y no se puede esperar nada diferente. Sin embargo, los que hemos sido lavados de nuestros pecados y andamos con nuestras vestiduras limpias, cómo correríamos de regreso a ensuciarlas con el pecado, si nuestra misma nueva naturaleza busca la limpieza de su alma.

 

EL HIJO DE DIOS NO PECA PORQUE INFRINGE SUS MANDAMIENTOS

“Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley”.

1 Juan 3:4

               Otra de las razones por las cuales el hijo de Dios no debe pecar es porque al hacerlo infringe la ley de Dios: Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley. De alguna manera el versículo nos ofrece una buena definición de lo que es el pecado, y el pecado es eso, es infringir la ley de Dios. Cómo hijos de Dios estamos obligados a vivir de acuerdos a sus preceptos y mandamientos, aunque sabemos que nadie se salvará a través de observar la ley, pero, por otro lado, el verdadero hijo de Dios ama a su Señor y desea vivir de acuerdo a su voluntad, de acuerdo a su ley morar y pone su esperanza en sus gloriosas promesas, de allí, el pecado le es aborrecible porque es una infracción directa a su perfecta ley.

 

EL HIJO DE DIOS NO PECA PORQUE EL PRECIO DE SU SALVACIÓN ES EL SACRIFICIO DE JESÚS

“Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él”.

1 Juan 3:5

                 Juan nos da otra razón por la cual los hijos de Dios no debemos pecar: Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. El hijo de Dios no peca, porque sabe que el precio de su salvación es el sacrificio de Jesús en la cruz del Calvario y que por esto vino a esta tierra, para que a través de su sacrificio expiatorio pudiésemos ser salvos: “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación”, (1 Pedro 1:18-19).

 

EL HIJO DE DIOS NO PECA PORQUE LE CONOCE

“Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido”.

1 Juan 3:6

               Una razón más por la cual el hijo de Dios no peca es porque le conoce: Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. Cuando tenemos la oportunidad de conocer a alguien, conocemos las cosas que le gustan y le desagradan, y así es con Dios. Al establecer una verdadera comunión con el Espíritu Santo, le conocemos, buscamos la forma de agradarle y nos apartamos del pecado, porque sabemos que Dios es santo: “Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios”, (Colosenses 1:10).

 

EL HIJO DE DIOS NO PECA PORQUE ES HIJO DE DIOS Y NO HIJO DEL DIABLO

“Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo. El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios”.

1 Juan 3:7-10

                 Con su tono amoroso, pero firme, el apóstol Juan va a la razón principal por la cual el cristiano no debe pecar, esta es, porque es hijo de Dios y no hijo del diablo. El apóstol afirma: Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo. El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Dios es santo y se espera que nosotros como sus hijos también lo seamos, porque todo aquel que persevera en el pecado sin mayor remordimiento es del diablo, porque el diablo peca desde antes del principio de la humanidad. Hay personas que se regocijan en su maldad, esto definitivamente no han conocido a Dios, pero los hijos de Dios han conocido a su Señor y han nacido a una nueva vida, una vida santa y pura, una vida que le agrade a Dios: Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. El hombre puede romper las cadenas de su pecado por medio de Jesús y a través de un verdadero arrepentimiento nacer a una nueva vida y ser una simiente engendrada por Dios y no por voluntad humana: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”, (Juan 1:12). Por tanto, el hijo de Dios no peca porque su Padre es Dios y así como Dios es justicia y santidad, así el hijo de Dios vive en justicia y santidad: En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios.

 

jueves, 4 de agosto de 2022

El Unitarismo

 

“La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén”.

2 Corintios 13:14

INTRODUCCIÓN

              En su segunda carta a los corintios el apóstol Pablo dirige su saludo final deseándoles que la gracia de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo sea con ellos y tengan plena comunión: La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén. Este es uno de los versículos en donde encontramos a las tres personas de la Trinidad divina, tres personas diferentes, un solo Dios. Para nosotros los cristianos, el tema de la Trinidad es una doctrina fundamental, sin embargo, esta ha sido atacada casi desde el principio del surgimiento de la iglesia y hoy por hoy podemos encontrar sectas que niegan el tema de la Trinidad y son conocidos como unitarios.

Unitarismo
Uno de los símbolos universal del Unitarismo


ORIGEN DEL UNITARISMO

               El unitarismo es una corriente teológica que cree en un Dios unipersonal y de este se han desprendido varias corrientes. Uno de sus primeros precursores fue Theodotus el curtidor, filosofo de Bizancio, en el siglo II d.C. proclamó sus ideas acerca de Jesús que no fue hasta su bautismo que Jesús había sido bautizado por el espíritu de Cristo y antes de eso había sido un hombre común y corriente, pero santo. Sus posiciones teológicas erradas dieron lugar a la herejía conocida como el Adopcionismo la cual sostiene que Dios le otorgó poderes a Jesús durante su bautismo y después lo adoptó como un Hijo. Posteriormente en el siglo III d.C. estas ideas del Adopcionismo continuaron extendiéndose con Pablo de Samosata un obispo de Antioquía en Siria. Luego, en el siglo IV surgió el Arrianismo, con Arrio, obispo de Alejandría, el cual sostenía que sólo Dios el Padre era eterno y demasiado puro e infinito para aparecer en la tierra, por lo tanto, Dios produjo a Cristo el Hijo de la nada como la primera y la más grande creación y el Hijo a su vez creó el universo para posteriormente ser adoptado. De acuerdo a Arrio, aunque Cristo era una creación tenía una gran posición y autoridad, él estaba para ser adorado y aún para ser mirado como a Dios. Tanto el Adopcionismo como el Arrianismo fueron condenados como herejías por la iglesia cristiana del siglo IV. Luego, durante los siglos II y III d.C. también surgió otra herejía conocida como el Monarquianismo el cual afirmaban que solo había un solo Dios y negaba la Trinidad. De este, había dos divisiones. En primer lugar, estaba el Monarquianismo Dinámico que enseñaba que Dios es el Padre y que Jesús es sólo un hombre, negando la subsistencia personal del Logos y que el Espíritu Santo es una fuerza o presencia de Dios el Padre. En segundo lugar, estaba el Monarquianismo Modal que enseñaba que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son sólo modos de la única persona la cual es Dios. Posteriormente, en el siglo XIX surgió el Modalismo, el cual Negaba la doctrina de la Trinidad, y establecen que Dios es una sola persona, quien, a través de la historia bíblica, se ha revelado a Sí Mismo en tres modalidades o formas, estas modalidades o formas son consecutivas y nunca son simultáneas, de tal forma que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo nunca existen todos al mismo tiempo, sólo uno después de otro.

De esta forma el Unitarismo fue avanzando y hoy por hoy existen algunas sectas u organizaciones religiosas que se caracterizan por:

 1.      Negar la Trinidad, generalmente consideraran al Padre, Hijo y Espíritu Santo como manifestaciones del mismo Jehová.

2.      No usan la formula bautismal (En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo), sino bautizan en el nombre de Jesús y algunos creen que el bautismo es necesario para la salvación.

 Algunas organizaciones religiosas de carácter unitario son: Iglesia Pentecostal Unida Internacional (UPCI), Iglesia Pentecostal Unida Nacional (IPUN), la Verdadera Iglesia de Jesús de China, los Cristadelfianos, Iglesia Evangélica Apostólica del Nombre de Jesús o la Iglesia Apostólica de la Fe en Cristo Jesús.

 

UNA DEFENSA A LA DOCTRINA DE LA TRINIDAD

               La Trinidad es un solo Dios que existe simultáneamente en tres personas. Cada una es igual, poderosa y eterna con el otro. Cada persona, Padre, Hijo y Espíritu Santo no es la otra; si faltara uno de los tres, no habría Dios; todos comprenden el mismo Dios. Muchas han tratado de comprender el tema de la Trinidad comparándola con el H20, por ejemplo, que se puede manifestar en esta tierra en tres estados, liquido, solido y gaseoso, otro han usado el ejemplo de un objete que posee tres dimensiones diferentes, ancho, largo y profundidad, pero al final es el mismo objeto, el hombre puede llegar a ser a la vez, esposo, padre e hijo, pero el mismo hombre y en fin, muchas otras más, todo con el objetivo de que el ser humano trate de entender lo que significa la Trinidad, tres personas diferentes, un solo Dios. El problema con todo esto es que tratamos de entender a Dios desde nuestra percepción y experiencia humana y ese ya es un problema, porque realmente, no existe ningún otro ser, sea humano, ángel, animal, vegetal o mineral que posea las características de Dios de existir en tres personas diferentes pero un mismo Dios. De allí que esto les parece difícil de creer a algunas personas y afirman que es ilógico creer en la Trinidad, pero el hecho de que nuestra mente limitada y finita no logre comprender a un ser tan supremo que posee una naturaleza que no tienen igual a nada de lo que conocemos, esto no significa que no exista. A parte de esta objeción, algunos dicen que la creencia de la Trinidad es de origen pagana; pero esto es falso ya que no conocemos ninguna religión pagana donde se haya presentado este concepto. En las religiones paganas podemos ver triadas de dioses, como en el caso del hinduismo que presenta su triada divina, Shiva, Visnú y Brahmá, pero no el concepto de tres personas diferentes y un mismo Dios a la vez. Otra objeción que presentan las personas que no creen en la Trinidad es que dicha palabra no aparece en la Biblia, sin embargo, el hecho de que no aparezca no significa que no existe, así tenemos otras palabras que no aparecen en la Biblia, pero du doctrina se puede comprobar en la Biblia como por ejemplo el rapto de la iglesia. Consideremos los diferentes pasajes bíblicos que confirman la doctrina de la Trinidad.

 

Pasajes Bíblicos que confirman la doctrina de la Trinidad en el Antiguo Testamento.

               Nuestra fuente de autoridad, la Biblia, presenta evidencias que confirman la doctrina de la Trinidad divina, sin embargo, no hay que olvidar que no estamos hablando de tres dioses, Dios es solo uno y no hay otro a parte de Él, tal y como las Escrituras lo testifican: “Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí”, (Isaías 43:10). En este sentido el cristianismo es monoteísta, pero también se entiende que es un solo Dios que existe en tres personas diferentes que conforman la misma divinidad y en el Antiguo Testamento podemos ver algunos versículos que desde la antigüedad nos decían la pluralidad de personas en Dios.

 1.      En primer lugar, la palabra Elohim, es uno de los nombres usados para Dios en el Antiguo Testamento, pero Elohim es una palabra en plural: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”, (Génesis 1:1). Aquí la palabra Dios se traduce del hebreo Elohim(אֱלֹהִים), el plural de Eloah (אלוח). Es interesante que a través de esta palabra que es uno de los nombres que recibe Dios en el Antiguo Testamento, el Señor anunciaba la pluralidad de personas.

2.      En segundo lugar, tenemos otros pasajes en el Antiguo Testamento donde vemos a la divinidad hablando entre las personas que lo conforman, así por ejemplo lo vemos en el día de la creación del ser humano: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza…”, (Genesis 1:26), también cuando confundió las lenguas en la Torre de Babel: “Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero”, (Génesis 11:6-7). O podemos citar también el versículo donde le hace el llamamiento a Isaías para que sea su profeta: “Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? ...”, (Isaías 6:8). Esta forma de hablar de Dios demuestra que ya existía la pluralidad de personas en Dios.

 

Pasajes Bíblicos que confirman la doctrina de la Trinidad en el Nuevo Testamento.

Fue a los autores del Nuevo Testamento que Dios reveló cada una de las personas de la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Así tenemos algunos versículos que nos enseñan esto y los vamos a considerar.

 1.      Tenemos las indicaciones de Jesús en cuanto a nombre de quién deben bautizarse los cristianos, en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo Trinidad: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”, (Mateo 28:19).

2.      En 1 Corintios, el apóstol Pablo nos enseña como la Trinidad participa en la repartición de dones espirituales, ministerios y privilegios en la iglesia: “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo”, (1 Corintios 12:4-6).

3.      Pablo se despide de sus lectores en 2 Corintios deseándoles que la gracias y comunión de la Trinidad sea con ellos: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén”, (2 Corintios 13:14).

4.      También en el libro de Apocalipsis encontramos el saludo de la Trinidad a sus lectores: “Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono; y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra…”, (Apocalipsis 1:4-5). En este caso, el que es y que era y que ha de venir es una referencia al Gran Yo Soy, el auto existente y eterno, el Padre, nombre con el cual Dios se le revelo a Moisés: “Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY…”, (Éxodo 3:14). Los siete espíritus hacen referencia al Espíritu Santo y finalmente saluda Jesucristo, el Hijo. 

Por medio de estos versículos del Nuevo Testamento la Biblia demuestra la existencia de las tres personas de la Trinidad divina.

 

La deidad de la Trinidad.

En el Nuevo Testamento podemos encontrar versículos que afirman que cada una de las personas de la Trinidad es Dios. Así tenemos que el Padre es Dios: “Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo”, (Filipenses 1:2). También tenemos versículos que afirman que el Hijo es Dios: “Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre”, (Juan 20:31). Finalmente, la Biblia enseña que el Espíritu Santo es Dios: “Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios”, (Hechos 5:3-4) Aquí Pedro esta amonestando a Ananías por haberle mentido al Espíritu Santo acerca del precio con el que vendió una de sus propiedades, afirmándoles que no le había mentido a hombre alguno, sino a Dios, es decir, el Espíritu Santo.


Cada miembro de la Trinidad es una persona.

Cada miembro de la Trinidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo es un mismo Dios, pero cada miembro de la Trinidad es una persona diferente que están unidos y existen al mismo tiempo. En la Biblia podemos encontrar versículos que nos muestran que cada miembro de la Trinidad es una persona porque poseen características de una persona, como inteligencia, emociones, voluntad, etc.

En la Biblia podemos ver que tanto el Padre como el Hijo tienen voluntad propia e independiente: “Diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”, (Lucas 22:42). De igual forma, el Espíritu Santo tiene voluntad como cualquier persona: “Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere”, (1 Corintios 12:11). Como vemos, el Espíritu Santo reparte los dones del Espíritu a cada creyente como a Él le parece, de acuerdo a su voluntad.

Otras características de una persona son sus emociones e inteligencia, así vemos al Padre expresar amor por su Hijo: “Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”, (Mateo 3:17). También el Padre experimenta agrado: “Sí, Padre, porque así te agradó”, (Mateo 11:26), posee inteligencia para revelar verdades espirituales: “Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos”, (Mateo 16:17). De igual forma, no hay duda a través de los evangelios, que Jesús es una persona ya que sintió enojo: “Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana”, (Marcos 3:5). También sintió regocijo: “En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó”, (Lucas 10:21). Sintió compasión: “Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”, (Mateo 9:36). Experimento la aflicción de espíritu: “Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora”, (Juan 12:27), Y hasta lloró: “Jesús lloró”, (Juan 11:35). Además, el Espíritu Santo tiene características que solo una persona puede tener, así, como ser inteligente el Espíritu Santo posee una mente que lo conoce todo y sabe interceder por los creyentes como mejor conviene: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos”, (Romanos 8:26-27). De igual forma el Espíritu Santo es capaz de escudriñar los corazones de los creyentes, algo que solo hace un ser inteligente: “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios”, (1 Corintios 2:10). También es capaz de enseñar: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”, (Juan 14:26). Además, vemos que el Espíritu Santo se enoja: “Mas ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar su santo espíritu; por lo cual se les volvió enemigo, y él mismo peleó contra ellos”, (Isaías 63:10). También puede ser contristado por el pecado del creyente: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención”, (Efesios 4:30). De esta forma queda demostrado que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres personas diferentes, con su propia voluntad, inteligentes y que poseen emociones y sentimientos.

 

¿EL BAUTISMO EN EL NOMBRE DE JESÚS?

                 Junto con la cena del Señor, el bautismo es una de las dos ordenanzas que Jesús dejó establecida para que la iglesia practicara y en este sentido, ambos son practicas espirituales que el cristiano está obligado a practicar.  En el caso del bautismo, este solo ocurre una sola vez, pero, ¿qué es el bautismo? La palabra bautismo se traduce del griego baptisma (βάπτισμα), que literalmente significa sumergir, y en este sentido, el bautismo es el hecho de ser sumergido en aguas después de la conversión: “Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús. Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó”, (Hechos 8:35-38). Aquí vemos bien cómo debería ser el proceso para bautizarse. El etíope había creído al mensaje del evangelio que Felipe le había compartido, de allí no había nada que le impidiere ser bautizado, por tanto, el único requisito previo para esto es que la persona se halla convertido a Cristo. Ahora, ¿qué significado tiene entonces el bautismo?

 1.      El bautismo es una ordenanza o mandato que Jesús dejó establecida y que todo cristiano tiene que obedecer: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”, (Mateo 28:19).

2.      El bautismo es un símbolo de la muerte (cuando se desciende al agua), sepultura (cuando está sumergido) y resurrección (cuando emerge del agua) de Cristo: “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?”, (Romanos 6:3).

3.      El bautismo es un acto de testimonio público al mundo que hemos muerto a la vieja vida y hemos nacido a una nueva. “Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva”, (Romanos 6:4). 

¿El bautismo es necesario para la salvación?

Ahora bien, ¿salva del bautismo? Algunas sectas de carácter unitario creen que sí, pero la verdad es que no es así: “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre”, (Hechos 22:16). En este versículo Pablo relata aquella ocasión cuando estando ciego, el Señor envió a Ananías para que orase por él y recobrara la vista, luego, inmediatamente le exhorta a que se bautice y lave sus pecados, no bautizándose, sino invocando el nombre de Jesús, porque el bautismo no salva o perdona pecados. De igual forma, cuando Jesús les encomienda a los discípulos la Gran Comisión les dice: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; más el que no creyere, será condenado”, (Marcos 16:15-16). Algunos entienden que como Jesús dijo: El que creyere y fuere bautizado, será salvo; el bautismo es necesario para ser salvo, pero esto no es así, porque de lo contrario la siguiente parte del mismo versículo dijera: “más el que no creyera y no fuese bautizado, será condenado”; sin embargo, dice: más el que no creyere, será condenado, dejando claro que lo que condena es no creer en Jesús y no el bautismo. De allí, hay un versículo que los unitarios usan para hacer ver que el bautismo salva, este es: “Los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua. El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo”, (1 Pedro 3:20-21). Los unitarios afirman que Pedro está diciendo que el bautismo salva; pero realmente no es así, porque en paréntesis aclara que el bautismo no nos salva de la condenación eterna al quitar el pecado o las inmundicias de la carne, sino nos salva de tener una consciencia acusada por no obedecer una ordenanza del Señor y testificar públicamente que hemos nacido a una nueva vida: no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios. Además, si quitamos la parte que está entre paréntesis, entendemos que nos salva por medio de la resurrección de Cristo, es decir, gracias a su sacrificio expiatorio: nos salva … por la resurrección de Jesucristo. Debido a que la versión Reina Valera es una traducción literalista, tiende a traducir todo literalmente, tal y como el autor lo escribió y aparece en el lenguaje original, sin embargo, otro método de traducción de Biblias es el dinámico, donde se tiende a traducir dándole el significado que el autor quiso darle a nuestro idioma actual, así vemos que la Nueva Versión Internacional de la Biblia traduce este mismo versículo como: “Que en los tiempos antiguos, en los días de Noé, desobedecieron, cuando Dios esperaba con paciencia mientras se construía el arca. En ella solo pocas personas, ocho en total, se salvaron mediante el agua, la cual simboliza el bautismo que ahora los salva también a ustedes. El bautismo no consiste en la limpieza del cuerpo, sino en el compromiso de tener una buena conciencia delante de Dios. Esta salvación es posible por la resurrección de Jesucristo”, (1 Pedro 3:20-21, NVI). Vemos que traduce la última parte como: El bautismo no consiste en la limpieza del cuerpo, sino en el compromiso de tener una buena conciencia delante de Dios. Esta salvación es posible por la resurrección de Jesucristo. Luego, tenemos la Nueva Traducción Viviente de la Biblia que traduce este versículo de la siguiente forma: “Esos que desobedecieron a Dios hace mucho tiempo, cuando Dios esperaba con paciencia mientras Noé construía su barco. Solo ocho personas se salvaron de morir ahogadas en ese terrible diluvio. El agua del diluvio simboliza el bautismo que ahora los salva a ustedes—no por quitarles la suciedad del cuerpo, sino porque responden a Dios con una conciencia limpia—y es eficaz por la resurrección de Jesucristo”, (1 Pedro 3:20-21, NTV). Tanto la NVI como la NTV hablan que el bautismo habla de tener una limpia conciencia, la pregunta es, ¿cómo ayuda el bautismo a tener una limpia consciencia? Se espera que el creyente proceda a bautizarse después de su conversión, pero cómo podría seguir siendo cristiano si se niega a bautizarse y este, como ya vimos, es un testimonio publico de que ahora a muerto a su vieja vida y ha nacido a una nueva, será que se avergüenza de eso, a parte que el que se niega a bautizarse después de su conversión esta desobedeciendo una ordenanza del Señor y de allí que el creyente que prosiga en su vida cristiana sin bautizarse debería tener una conciencia que le acuse por desobedecer.

 

Fórmula bautismal.

En el evangelio según Mateo se nos da la formula bautismal: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”, (Mateo 28:19). Esta es la forma en la cual se debe bautizar, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; sin embargo, algunos grupos unitarios afirman que no debe bautizarse de esta forma, sino en el nombre de Jesús basándose en algunos versículos de Hechos de los Apóstoles, entre ellos: “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”, (Hechos 2:38). Sin embargo, cuando Pedro ordenó a los recién convertidos a bautizarse, no estaba dando una fórmula bautismal, sino diciéndoles en el bautismo de quién tendrían que bautizarse, porque para este momento ya existía el bautismo de Juan el Bautista, otros dicen que algunas sectas judías bautizaban a sus seguidores, y en este sentido, Pedro les dice que se bauticen en el nombre del Jesucristo, es decir, se bauticen con el bautismo que Jesús ordenó, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Ahora, si estas palabras de Pedro en Hechos 2:38 fueron dichas con el objetivo de establecer una formula bautismal, debiera repetirse en otras partes del mismo libro, pero aparecen de forma diferente. Por ejemplo, en Hechos 2:38 se dice: “En el nombre de Jesucristo”; pero en Hechos 8:16 se dice “En el nombre de Jesús”: “Porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús”, (Hechos 8:16) y, en Hechos 19:5 dice “En el nombre del Señor Jesús”: “Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús”, (Hechos 19:5). Por tanto, no podemos decir que en el libro de los Hechos se está estableciendo una fórmula bautismal, porque no es una forma constante, sino lo que se está haciendo es afirmar bajo que autoridad y bajo qué tipo de bautismo se tenían que bautizar los recién convertidos.

 

martes, 2 de agosto de 2022

Pequeños comienzos (Hechos 1:12-14)

 

“Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama del Olivar, el cual está cerca de Jerusalén, camino de un día de reposo. Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo. Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos”.

Hechos 1:12-14

INTRODUCCIÓN

                Hoy por hoy la iglesia es una organización que se ha extendido a lo largo de todo el mundo con millones y millones de miembros, pero es increíble pensar que tuvo sus inicios de una forma muy humilde que cualquiera que la hubiese visto nunca se podría imaginar que pronto llegaría a extenderse por todo el mundo. Después que Jesús ascendió, sus discípulos obedecieron sus ordenes y se retiraron a Jerusalén, ha esperar la promesa del Espíritu Santo que habría de venir sobre ellos, y es así que ahora los vemos a todos reunidos, como 120 personas en total.

 

Pequeños comienzos

DE REGRESO A JERUSALÉN

 “Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama del Olivar, el cual está cerca de Jerusalén, camino de un día de reposo”.

Hechos 1:12

                 Sin su Maestro en forma corporal en esta tierra, los discípulos decidieron obedecer por fe sus palabras cuando les pidió que fuesen a Jerusalén: “Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí”, (Hechos 1:4). Podemos imaginar las expectativas que tenían acerca del futuro, especialmente porque emprenderían una misión que aún no entendían perfectamente ya que no imaginaban que iniciarían un movimiento llamado iglesia que consideraría no solo a los judíos, sino también a los gentiles. En este sentido, los discípulos regresan a Jerusalén: Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama del Olivar, el cual está cerca de Jerusalén, camino de un día de reposo. Lucas nos dice que regresaron desde el monte del Olivar a Jerusalén y recorrieron una distancia equivalente al camino de un día de reposo. La distancia de un camino de un día de reposo equivalía a 2,000 codos, lo cual corresponde aproximadamente a 900 metros. De esta forma llegaron a Jerusalén y de acuerdo a Lucas eran como 120 personas que se reunieron aquel día: “En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos (y los reunidos eran como ciento veinte en número) …”, (Hechos 1:15). Ahora, ¿quiénes eran estas 120 personas que iniciaron con lo que se convertiría en la iglesia del Señor? Veamos.

 

LOS QUE ESTABAN EN EL APOSENTO ALTO

“Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo. Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos”.

Hechos 1:13-14

                   Lucas dice que todos los que se reunieron aquel día subieron primeramente al aposento alto: Y entrados, subieron al aposento alto. Cuando las Escrituras dicen que subieron al aposento alto, se refiere a la doble planta que generalmente los judíos construían en sus casas. La mayoría de los hogares de la gente del pueblo se constituía de una sola pieza o cuarto, el techo se construía con vigas de madera que se extendían de pared a pared, luego se ponía una capa de pasto y ramas poniéndose sobre estas una capa de tierra o arcilla; luego se regaba sobre ella arena y gravilla, pasándose luego sobre ella un rodillo de piedra para afirmarlo y volverlo resistente. Curiosamente los techo no se usaban para vivir, sino para retirarse a orar, almacenar cosas, para descansar o tomar una siesta o para hacer reuniones como estas donde los discípulos se congregaban para orarle al Señor. En algunos casos a estos techos le construían paredes y techos y las escaleras se encontraban afuera de la vivienda. Muchos creen que este aposento alto donde ahora se encuentran reunidos los discípulos es el mismo en donde el Señor celebro la ultima pascua antes de morir e instituyo la cena del Señor. Al considerar a los discípulos que se encontraban reunidos en este lugar resaltan algunos grupos interesantes.

 

            Los 11 estaban reunidos en este lugar.

Aquí encontramos a los 11 apóstoles del Señor reunidos junto con otras personas: donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo. Tenemos el Primer grupo, Pedro, Jacobo y Juan de los cuales los evangelios hablan bastante y se considera como el grupo de mayor confianza de nuestro Señor Jesucristo. Luego tenemos ha Andrés, quien fue discípulo de Juan el bautista junto con Juan, antes de seguir a Cristo, y fue quien llevo a su hermano Pedro a Jesús: “Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús.  Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro)”, (Juan 1:40-42). Luego aparecen Felipe, Tomás Bartolomé. El llamamiento de Felipe y Bartolomé (conocido también como Natanael) aparece en Juan: “El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme. Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro. Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve. Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel. Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás”, (Juan 1:43-50). También vemos a Felipe pidiéndole a Jesús que les mostrara el Padre: “Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?”, (Juan 14:8-9). Luego, Tomás, llamado también Dídimo (Juan 20:24), caracterizado por su dificultad para creer. Él necesitaba pruebas para creer, una vez pidió a su Maestro que le mostrara de manera más clara el camino que decía que los hombres tenían que tomar para ir al Padre: “Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”, (Juan 14:5-6). Llego a tal punto que cuando le dijeron que su Maestro había resucitado dijo: “Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré”, (Juan 20:25). Pero cuando lo vio exclamo: “¡Señor mío, y Dios mío!”, (Juan 20:28). Luego, tenemos en el listado a Mateo, conocido como Leví, hijo de Alfeo (Marcos 2:14), el cual era un publicano y se le atribuye la autoría del Evangelio según Mateo y que recibe su llamamiento en Mateo (Mateo 9:9-13). El noveno apóstol que aparece es Jacobo hijo de Alfeo, el cual algunos lo identifican con el hijo de María una mujer que seguía a Jesús donde es llamado por Marcos 15:40 “Jacobo el Menor”, lo cual algunos interpretan como “Jacobo el más joven”, pero otros como “Jacobo el pequeño en estatura”, pero no tenemos mayor información acerca de él. El décimo apóstol que aparece en este listado es Simón el Zelote, el cual es presentado en el listado de los 12 apóstoles de Mateo 10:2-4 y Marcos 3:16-19 como Simón el cananista. El termino Zelote hace referencia a que pertenecía a un grupo de guerrillas que luchaba en contra del imperio romano por la liberación de Israel. Finalmente, aparece Judas hermano de Jacobo. En cuanto a la traducción de este segmento bíblico, en el griego literalmente dice: “Judas de Jacobo” y no “Judas hermano de Jacobo”, de allí que la Reina Valera 1960 decide traducirlo como Judas hermano de Jacob, aunque probablemente la Nueva Versión Internacional de la Biblia ofrece la traducción más probable: “… y Judas hijo de Jacobo”, (Hechos 1:13, NVI). En los listados de los 12 apóstoles de Mateo 10:2-4 y Marcos 3:16-19 es llamado Tadeo y en Juan lo vemos haciéndole una petición a Jesús: “Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?”, (Juan 14:22). Vemos como los 11 apóstoles del Cordero obedecieron al Señor y esperaban en Jerusalén la promesa del Espíritu Santo.

 

Las mujeres que sirvieron a Jesús.

Aparte de los 11 apóstoles, también las mujeres que le habían servido a Jesús estaban reunidas en el aposento alto: Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres… Durante el ministerio de Jesús podemos ver cómo algunas mujeres lo seguían para servirle: “Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes”, (Lucas 8:1-3). Aun durante su muerte en la cruz del Calvario vemos a las mujeres siguiendo a Jesús: “Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo”, (Mateo 27:50-56). Es increíble ver cómo después de todo esto, estas mujeres fieles estaban en el aposento alto y serian parte de los primeros miembros de la iglesia cristiana.

 

María la madre Jesús.

Aparte de los 11 apóstoles y las mujeres que le habían servido a Jesús, se encontraba María, la madre de Jesús: Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego… con María la madre de Jesús. Esta es la ultima vez que en las Escrituras se menciona a María, la mujer que Dios uso para que el Hijo de Dios pudiese encarnarse en esta tierra. El hecho de que se encuentre entre los primeros hombres y mujeres que verían nacer la iglesia nos enseña que reconoció su necesidad del Cristo que salva y como toda pecadora arrepentida deposito en vida su fe en el Señor, reconociéndolo como Dios.

 

Los hermanos de Jesús.

            A parte de todos estos, también se encontraban los hermanos de Jesús: Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego… con sus hermanos. Es interesante ver entre este pequeño grupo a los hermanos de Jesús, especialmente porque al principio no creían en Él. Las Escrituras nos enseñan que los hermanos de Jesús, hijos de José y María, no creían que fuese el Mesías: “Porque ni aun sus hermanos creían en él”, (Juan 7:5). En los Evangelios se nos presentan los nombres de los hermanos de Jesús: “Y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban, y decían: ¿De dónde tiene éste está sabiduría y estos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas?”, (Mateo 13:54-55). Sin embargo, después de su resurrección estos creyeron en Él. Las Escrituras nos dicen que después de resucitar se le apareció a Jacobo, que tradicionalmente se conoce como Santiago: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí”, (1 Corintios 15:3-8). Antes de su muerte y resurrección Jacobo no creía en Jesús como el Cristo, pero por esta misma razón se le apareció a su hermano después que había resucitado. Un evangelio apócrifo, el evangelio de los Hebreos, relata como supuestamente sucedió este evento: “Mas el Señor, después de haber entregado su lienzo al siervo del sacerdote, fue a donde Santiago y se le apareció. Porque Santiago había hecho un voto de que no comería pan desde la hora en que bebió de la copa del Señor hasta tanto que le fuera dado verle de nuevo resucitado de entre los muertos y, de nuevo, un poco más tarde, dice: Traed la mesa y el pan, dijo el Señor. E inmediatamente se añade: Trajo pan y lo bendijo y lo partió y se lo dio a Santiago el Justo y le dijo: Hermano mío, come tu pan, porque el Hijo del Hombre ha sido resucitado de entre los muertos”. Lo cierto es que después que el Señor se le apareció a Jacobo, este y sus hermanos creyeron en Él y en el caso de Jacobo se volvió un líder principal de la iglesia en Jerusalén: “Y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión”, (Gálatas 2:9). Más adelante, Jacobo y Judas, hermanos de Jesús, escribirían también las epístolas de Santiago y Judas, y estos formaron parte de los primeros miembros de la iglesia.

 

PEQUEÑOS INICIOS

                Al final, los 11 apóstoles, las mujeres que le habían servido al Señor, María y los hermanos de Jesús, entre otros conformaron los primeros miembros de lo que sería la iglesia del Señor, como 120 personas en total: “… y los reunidos eran como ciento veinte en número …”, (Hechos 1:15). Es interesante ver cómo este pequeño grupo, que en su principio debió haber sido insignificante en medio de Jerusalén llegaría a ser un movimiento espiritual que crecería más allá de sus fronteras. En cierta ocasión nuestro Señor relató una parábola que explica el crecimiento del reino de Dios en esta tierra: “Otra parábola les refirió, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo; el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas”, (Mateo 13:31-32). Así son a veces los comienzos en la obra del Señor, pudiese ser la obra más insignificante a los ojos de los hombres, pero si Dios está en medio de ella, esta prosperará y crecerá, engrandeciendo así el reino de Dios en esta tierra.