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miércoles, 25 de octubre de 2017

Lo que realmente contamina al hombre (Mateo 15:10-20)



“Y llamando a sí a la multitud, les dijo: Oíd, y entended: No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre. Entonces acercándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se ofendieron cuando oyeron esta palabra? Pero respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada. Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo. Respondiendo Pedro, le dijo: Explícanos esta parábola. Jesús dijo: ¿También vosotros sois aún sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la letrina? Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre”.
Mateo 15:10-20

Introducción


            Después de su altercado con los fariseos y escribas en cuanto a lo que verdaderamente significa la pureza espiritual, nuestro Señor Jesucristo les explicara a sus discípulos qué es lo que realmente contamina al hombre. Los fariseos y escribas creían que al cumplir sus tradiciones y ritos religiosos podían mantener limpios de toda impureza espiritual, sin embargo, Jesús les ha hecho ver que realmente no era el comer sin lavarse las manos o tocar cualquier objeto inmundo lo que contamina al hombre. En esta sección el apóstol Mateo nos presentara otro de los maravillosos mensajes de nuestro Señor Jesucristo donde se enseña lo que realmente contamina al hombre, el corazón perverso, y de allí se desprenderá la importancia de guardarlo de todo pecado, ya que, si este es malo, sus obras serán malas, pero si es bueno, de él manaran solo buenas obras. El pasaje es muy importante porque en el aprenderemos la importancia de tener un buen corazón ya que es el centro que gobierna todas nuestras emociones y sentimientos que posteriormente se transforman en acciones.

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Lo que realmente contamina al hombre 


Lo que Contamina al Hombre


“Y llamando a sí a la multitud, les dijo: Oíd, y entended: No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre”.
Mateo 15:10-11

                  En estos versículos nuestro Señor Jesús dirige sus palabras a sus discípulos y a la gente que los rodeaba, ya que anteriormente la discusión estaba dirigida a los fariseos y escribas que habían venido de Jerusalén. Nuestro Señor quiere que esto lo escuchen bien y lo entiendan por lo que los llamo: Y llamando a sí a la multitud, les dijo: Oíd, y entended. Por la tradición los judíos tenían un concepto errado en cuanto a lo que verdaderamente contamina al hombre, pero ahora Jesús está a punto de contradecir una tradición de cientos de años: No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre. Estos hombres creían que si comían sin antes haber realizado el rito del lavamiento de las manos quedaban inmundos, y no solo eso, aun la misma ley de Moisés establecía la prohibición de comer ciertos animales llamados por ellos como inmundos como el cerdo, conejo y otros animales de rapiña (Levítico 11:1-23); aunque como vimos anteriormente, posiblemente el espíritu de la ley estaba enfocado más a prevenir enfermedades que estos animales provocan que aseverar que alguien podía alcanzar la pureza espiritual absteniéndose de ciertos animales. Lo cierto es que los judíos creían que a través de ritos de lavamientos de manos y abstención de ciertos alimentos se alcanzaba la pureza espiritual, pero Jesús lo desmintió y les dijo que no era lo que entra en el hombre lo que lo contamina, sino lo que sable de su boca. Realmente lo que Jesús quería afirmar que es lo que está en lo más profundo de su ser lo que contamina al hombre, lo que hay en su corazón.

Plantas desarraigadas y ciegos que caen en el hoyo


“Entonces acercándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se ofendieron cuando oyeron esta palabra? Pero respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada. Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo”.
Mateo 15:12-14

             Al parecer los fariseos y escribas que oyeron estas palabras se ofendieron en gran manera y por ello sus discípulos se lo hacen saber a su Señor: Entonces acercándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se ofendieron cuando oyeron esta palabra? Sin embargo, Jesús no estaba preocupado por esto ya que sabía que estos hombres jamás creerían en sus palabras porque no habían sido enviados por su Padre celestial: Pero respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada. Que triste es saber que hay hombres que por la dureza de su corazón no creen en el evangelio y por tal motivo vienen a ser como plantas que el Padre celestial no plantó y por tanto tiene que ser arrancadas y echadas al fuego eterno. Esto nos recuerda a la parábola del trigo y la cizaña donde vemos como los hijos del malo crecen junto con los hijos de Dios, pero al final se hará diferencia entre ambos: “Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? Él les dijo: No, no sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero”, (Mateo 13:24-30). No solo aquí podemos encontrar como Dios dice que hará diferencia entre los suyos y los impíos, por ejemplo, Malaquías dice que hará diferencia entre el que le sirve y el que no lo hace: “Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre. Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve. Entonces os volveréis, y discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve”, (Malaquías 3:16-18). El mismo Jesús dijo que en el juicio final habrá una diferencia entre ovejas y cabritos: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos”, (Mateo 25:31-32). Como vemos hay un día donde se hará una clara diferencia entre el trigo y la cizaña, entre las plantas que el Padre celestial sembró y la que no, entre el que le sirve y el que no le sirve, entre la oveja y el cabrito. Al final, los suyos irán a la vida eterna, más los otros a condenación eterna. Esto es así porque lamentablemente estos hombres están ciegos espiritualmente y no quieren ver la verdad del evangelio y como un ciego guían a otros ciegos y todos caen en el mismo hoyo: Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo. Cuantas personas no quieren obedecer a la verdad y prefieren seguir en sus religiones, creyendo en tradiciones de hombres y lo peor aún, siguiendo a otros ciegos que los conducen al mismo hoyo de condenación.

El Corazón del Hombre es Fuente de Bendición o Contaminación


“Respondiendo Pedro, le dijo: Explícanos esta parábola. Jesús dijo: ¿También vosotros sois aún sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la letrina? Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre”.
Mateo 15:15-20

          Finalmente, ante la duda de Pedro, Jesús explica de forma más detallada lo que quiere que sus discípulos comprendan y es que todo lo que el hombre come no lo contamina porque va al vientre y posteriormente es echado en la letrina, pero lo que si lo contamina es lo que sale del corazón. Realmente, el mayor problema del hombre está en su corazón porque este es malo. Aunque para la ciencia el corazón no es más que un enorme musculo que bombea la sangre hacia todas las partes del cuerpo, en la Biblia se nos dice que este es aquella parte del hombre donde nacen todas las intenciones y sentimientos del hombre, de tal forma que, si este es malo, todas sus acciones también lo serán. Por eso Proverbios dice que dependiendo de cómo sea el corazón del hombre así será este en su exterior: “Como en el agua el rostro corresponde al rostro, así el corazón del hombre al del hombre”, (Proverbios 27:19). De allí que la Biblia nos pida que lo cuidemos ya que de él mana la vida: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”, (Proverbios 4:23). Por causa del pecado nuestro corazón se encuentra influenciado por el pecado, de allí que este es engañoso y no podemos confiarnos de él ya que todos daremos cuenta delante de Dios por todas nuestras obras: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras”, (Jeremías 17:9-10). Si nuestro corazón es malo, todas nuestras acciones serán malas y nos conducirán al infierno, y nada de lo que hagamos agradará a Dios ya que de un mal corazón salen todas las obras del pecado que es lo que realmente contamina al hombre: Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre. Por ello es importante limpiar nuestro corazón para que nuestras obras sean buenas ya que nadie que sea impuro entrará en el reino de los cielos: “¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño”, (Salmo 24:3-4). Hoy en día los cristianos entendemos la importancia que nuestra santificación tiene: “… pues la voluntad de Dios es vuestra santificación”, (1 Tesalonicenses 4:3), y por ello es importante acudir a Cristo pues es el único que nos puede limpiar de toda inmundicia: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros”, (1 Juan 1:8-10). De igual forma, el guardar su palabra nos ayuda a limpiarnos de cualquier contaminación de este mundo porque nos muestra el camino correcto a seguir: “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra”, (Salmo 119:9). Lamentablemente aquellos fariseos y escribas no quisieron creer en las palabras de Jesús sino prefirieron buscar agradar a Dios a través de sus tradiciones, pero eso no les ayudo, sino que como ciegos cayeron en el hoyo de la condenación. Nosotros debemos atesorar en nuestro corazón las palabras de Jesús porque solamente a través de la fe podemos ser salvos y limpios de toda contaminación del pecado.




La verdadera pureza espiritual (Mateo 15:1-9)




“Entonces se acercaron a Jesús ciertos escribas y fariseos de Jerusalén, diciendo: ¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Porque no se lavan las manos cuando comen pan. Respondiendo él, les dijo: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: el que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. Pero vosotros decís: Cualquiera que diga a su padre o a su madre: Es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte, ya no ha de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición. Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; más su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres”.
Mateo 15:1-9

Introducción


                En los primeros versículos del capítulo 15 del Evangelio según Mateo podemos ver como la confrontación de Jesús contra los líderes religiosos de los judíos sigue avivándose poco a poco. No olvidemos el capítulo anterior donde Jesús había tratado de apartarse a un lugar solitario con sus discípulos para descansar, pero le fue imposible ya que las multitudes lo había seguido al otro lado a donde se había retirado y fue allí donde comenzó a sanarlos y enseñarles, pero avanzada la hora del día hizo el milagro de la multiplicación de los cinco panes y dos peses lo cual provoco la euforia de la gente que quería declararlo como su rey a tal punto que tuvo que calmarlos enviando a sus discípulos en una barca mientras Él se quedó despidiendo a la gente y luego subió a un monte a orar. Luego vimos a Jesús caminando sobre las aguas y calmando la tempestad para finalmente llegar a Genesaret donde sanó a muchos enfermos. Después de todos estos acontecimientos los fariseos y escribas envían a unos delegados desde Jerusalén con el fin de observar más de cerca el ministerio de Jesús y realmente su objetivo es desacreditarlo como verdadero Maestro en Israel por lo que critican el hecho de que no obedecen las tradiciones de los ancianos.


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La verdadera pureza espiritual

Las Tradiciones Judías


“Entonces se acercaron a Jesús ciertos escribas y fariseos de Jerusalén, diciendo: ¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Porque no se lavan las manos cuando comen pan”.
Mateo 15:1-2

                  En estos versículos podemos ver como los líderes religiosos continúan sus esfuerzos por oponerse al ministerio de Jesús a tal punto que al enterarse que se encontraba en las regiones de Galilea decidieron enviar  a ciertos escribas y fariseos desde Jerusalén. Es muy posible que estos hombres fueran versados en la ley y las tradiciones judías a tal punto que su objetivo era encontrar razones para desacreditar el ministerio de nuestro Señor: Entonces se acercaron a Jesús ciertos escribas y fariseos de Jerusalén. El propósito de estos hombres era demostrar que Jesús no era un verdadero Maestro porque no se sujetaba a las tradiciones judías y Marcos nos explica que ellos tenían muchas tradiciones a parte de la de lavarse las manos antes de comer: “Se juntaron a Jesús los fariseos, y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalén; los cuales, viendo a algunos de los discípulos de Jesús comer pan con manos inmundas, esto es, no lavadas, los condenaban. Porque los fariseos y todos los judíos, aferrándose a la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen. Y volviendo de la plaza, si no se lavan, no comen. Y otras muchas cosas hay que tomaron para guardar, como los lavamientos de los vasos de beber, y de los jarros, y de los utensilios de metal, y de los lechos”, (Marcos 7:1-4). Para los judíos del tiempo de Jesús se tenían dos fuentes de autoridad divina, una era la ley que realmente consideraba la observancia de toda la palabra de Dios escrita hasta ese momento (la ley de Moisés, los profetas y los otros Escritos). La otra fuente de autoridad que los judíos consideraban era la tradición que no era más que ciertas enseñanzas que se habían transmitido por medios orales que trataban acerca de ciertas interpretaciones de la ley. El problema con esto era que Jesús estaba allí para obedecer la ley y no la tradición. Generalmente las religiones acostumbran crear tradiciones que con el tiempo se vuelven tan fuertes que son elevadas al mismo nivel que la palabra de Dios, y esto ocurre aun en nuestro tiempo. Por ejemplo, la iglesia católica afirma tener tres fuentes de autoridad divina: la Biblia, la tradición y la voz del papa. Las religiones hindúes están llenas de tradiciones que se consideran reglas divinas, al igual que en el budismo, el islam y aun si no tenemos cuidado esto puede pasar dentro de la iglesia evangélica. Nuestra iglesias evangélicas están llenas de tradiciones las cuales varían de congregación a congregación, como por ejemplo, hay iglesias que acostumbran cantar los himnos parados mientras que otras iglesias acostumbran hacerlo estando sentados, otras acostumbran leer la Biblia puestos de pie cuando el predicador lee el texto a meditar, mientras que otras no hacen que la gente se ponga de pie, otras acostumbran bautizar en los ríos donde el agua fluye mientras que otros lo hacen en cualquier lugar donde haya suficiente agua e incluso en lugares fabricados dentro de su misma congregación, otros cantan usando solo himnario mientras que otros no lo hacen, otras recogen la ofrenda después de la alabanza antes del mensaje, mientras que otras lo hacen al final de la predicación, y así pueden haber muchas tradiciones que la iglesia practica pero debemos tener cuidado de no ponerlos al nivel de la autoridad que tiene la palabra de Dios. El problema con estos fariseos y escribas es que enseñaba a la gente a respetar las tradiciones como si fueran la verdadera palabra de Dios y en ocasiones se ponían por encima de esta.

Realmente la tradición surgió de forma oral de tres fuentes principales que eran: las leyes orales supuestamente dadas por Moisés, aparte de la ley escrita; los observaciones que los jueces pronunciados sobre distintos aspectos de la vida; y unas interpretaciones y explicaciones de los maestros más destacados, pero con el pasar del tiempo los judíos vieron la necesidad de escribirlos y fue así como a finales del siglo II el rabino Yehudah Hanasí las compilo en una obra conocida con el nombre de Mishná, la cual en hebreo significa “repetición”. Durante varios siglos, los rabinos judíos estudiaron la Mishná en las academias de Palestina y Babilonia. Sus discusiones fueron recogidas en el Talmud (siglo VI d. C.). Estas discusiones incluyen una gran variedad de temas que tienen que ver con la ley judía (Halajá), con ética, filosofía e historia, además de una amplia gama de temas y puntos de vista. Por eso para este tiempo los fariseos y escribas se molestaban en gran manera con Jesús porque no respetaba sus tradiciones y en esta ocasión su molestia fue que los discípulos no se lavaban las manos al momento de comer: ¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Porque no se lavan las manos cuando comen pan. Lavarse las manos era una tradición que surgió como consecuencia de una de las leyes levítica que Dios le dio a Israel de mantenerse ceremonialmente puros: “Asimismo la persona que hubiere tocado cualquiera cosa inmunda, sea cadáver de bestia inmunda, o cadáver de animal inmundo, o cadáver de reptil inmundo, bien que no lo supiere, será inmunda y habrá delinquido”, (Levítico 5:2). A parte de la prohibición de tocar cadáver también la ley prohibía comer algunos animales: “Habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciéndoles: Hablad a los hijos de Israel y decidles: Estos son los animales que comeréis de entre todos los animales que hay sobre la tierra. De entre los animales, todo el que tiene pezuña hendida y que rumia, éste comeréis. Pero de los que rumian o que tienen pezuña, no comeréis éstos: el camello, porque rumia pero no tiene pezuña hendida, lo tendréis por inmundo. También el conejo, porque rumia, pero no tiene pezuña, lo tendréis por inmundo. Asimismo la liebre, porque rumia, pero no tiene pezuña, la tendréis por inmunda. También el cerdo, porque tiene pezuñas, y es de pezuñas hendidas, pero no rumia, lo tendréis por inmundo. De la carne de ellos no comeréis, ni tocaréis su cuerpo muerto; los tendréis por inmundos. Esto comeréis de todos los animales que viven en las aguas: todos los que tienen aletas y escamas en las aguas del mar, y en los ríos, estos comeréis. Pero todos los que no tienen aletas ni escamas en el mar y en los ríos, así de todo lo que se mueve como de toda cosa viviente que está en las aguas, los tendréis en abominación. Os serán, pues, abominación; de su carne no comeréis, y abominaréis sus cuerpos muertos. Todo lo que no tuviere aletas y escamas en las aguas, lo tendréis en abominación. Y de las aves, éstas tendréis en abominación; no se comerán, serán abominación: el águila, el quebrantahuesos, el azor, el gallinazo, el milano según su especie; todo cuervo según su especie; el avestruz, la lechuza, la gaviota, el gavilán según su especie; el búho, el somormujo, el ibis, el calamón, el pelícano, el buitre, la cigüeña, la garza según su especie, la abubilla y el murciélago. Todo insecto alado que anduviere sobre cuatro patas, tendréis en abominación. Pero esto comeréis de todo insecto alado que anda sobre cuatro patas, que tuviere piernas además de sus patas para saltar con ellas sobre la tierra; estos comeréis de ellos: la langosta según su especie, el langostín según su especie, el argol según su especie, y el hagab según su especie. Todo insecto alado que tenga cuatro patas, tendréis en abominación”, (Levítico 11:1-23). Si nos damos cuenta la prohibición estaba enfocada a no comer ciertos animales y no tanto a lavarse las manos,  y lo más seguro es que el trasfondo de esta ley era contribuir a la buena salud de los israelitas más que volverlos espiritualmente puros. De hecho el Dr. Randle Short en su libro la Biblia y la medicina moderna nos comenta acerca el beneficio que estas leyes traían a la salud de los israelitas: “Cierto que hoy en día comemos cerdo, conejo y liebre; pero esos animales son propensos a infecciones parasitarias, y son casi inofensivos solo si están bien cocinados. El cerdo come cosas inmundas, y puede albergar dos gusanos, la triquina y la solitaria, que pueden contagiarse al ser humano. El peligro es mínimo en los países civilizados, pero tiene que haber sido muy grave en la antigua Palestina, por lo que era mejor evitar esas carnes”. Lo cierto es que nunca Dios hablo de lavarse las manos, pero la cultura judía había exagerado en su afán de cumplir estas leyes lo que provocó que con el tiempo ellos establecieran reglas que les hacían creer que los mantenían puros ceremonialmente, reglas que se enfocaban más en lo externo que lo interno, y una de esas consistía en lavarse las manos cada vez que comían siguiendo una serie de pasos que les hacía creer que estaban limpios, pero la verdadera limpieza espiritual viene de guardar la palabra del Señor y no de guardar las tradiciones: “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra”, (Salmo 119:9).

Las Tradiciones Jamás Superarán a la Ley Divina


“Respondiendo él, les dijo: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: el que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. Pero vosotros decís: Cualquiera que diga a su padre o a su madre: Es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte, ya no ha de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición. Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; más su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres”.
Mateo 15:3-9


              En estos versículos Jesús ratifica que nunca las tradiciones religiosas estarán por encima de la ley divina, la palabra de Dios: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? El rito de lavarse las manos no se hacía tanto con el objetivo de higiene sino porque ellos creían que si lo hacían bien esto los mantenía ceremonialmente puros ya que creían que podían quedar inmundos si comían alimentos que a su juicio podían estar contaminados por tocar algunas cosas impuras. El rito de lavarse las manos tenía todo un procedimiento a seguirse. En primer lugar, las jarras de agua se tenían preparadas para su uso antes de las comidas. El agua se derramaba primero sobre las dos manos manteniendo las puntas de los dedos hacia arriba, y tenía que correr hasta la muñeca, desde donde ya se vertía, porque para entonces ya era impura por haber tocado las manos impuras, y si volvía a pasar otra vez por los dedos los contaminaría. El proceso se repetía con las manos en la posición contraria, con las puntas de los dedos hacia abajo; y luego, ya por último, se limpiaba cada mano restregándola con el puño cerrado de la otra. Un judío verdaderamente estricto hacía todo esto, no sólo antes de cada comida, sino también entre cada dos platos. Como esta, la vida religiosa de los judíos estaba llena de tradiciones que solo se enfocaban en la apariencia externa, pero jamás ayudaba a purificar lo interno, el corazón que es lo que más le interesa a Dios, por ello Jesús los recrimino porque lo peor de todo era que por estos ritos invalidaban a la misma palabra de Dios: Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: el que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. Pero vosotros decís: Cualquiera que diga a su padre o a su madre: Es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte, ya no ha de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición. Con su tradición invalidaban uno de los mandamiento de Dios que dice: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da”, (Éxodo 20:12). Y otro mandamiento advertía la pena de muerte para los que lo violaran: “Igualmente el que maldijere a su padre o a su madre, morirá”, (Éxodo 21:17). Si los padres de algún judío quedaban desprovistos de la manutención era obligación de los hijos ayudarles para que no quedaran expuestos a ser unos mendigos porque esto era no honrarlos; no obstante, a veces por la tradición se invalidaba este mandamiento ya que si alguien consagraba sus bienes a Dios este podía faltar a su obligación para con sus padres: “Pero vosotros decís: Basta que diga un hombre al padre o a la madre: Es Corbán (que quiere decir, mi ofrenda a Dios) todo aquello con que pudiera ayudarte”, (Marcos 7:11). El término que Marcos usa, corbán, es una palabra en hebreo que significa ofrenda, de tal forma que un judío podía acudir a la tradición para no ayudar a sus padres invalidando así la palabra de Dios. Por todo esto Jesús les dice a estos fariseos y escribas: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; más su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres. Jesús llama a estos hombres hipócritas, una palabra que viene del griego jupokrites (ὑποκριτής), que también se puede traducir como alguien que finge ser otra persona, o alguien que solo actúa ser otra persona. Eso era lo que estos hombres hacían, solo fingían ser hombres piadosos y temerosos de Dios porque practicaban con fidelidad todas sus tradiciones religiosas que se enfocaban en lo externo, pero descuidaban lo interno, el cuidado del espíritu, la limpieza del corazón y por ello les cita al profeta Isaías quien en su tiempo recrimino a los judíos de alabar a Dios solo de apariencias externas pero su corazón estaba lejos de Él: “Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado”, (Isaías 29:13). Todos nosotros debemos tener cuidado que nuestra vida cristiana no esté basada en puras apariencias, creyendo que por el hecho de llevar una vida religiosa estamos agradando a Dios, habiéndonos olvidado de vivir confiando en nuestra fe en Cristo y teniendo la palabra de Dios como nuestra única fuente de autoridad divina.



lunes, 23 de octubre de 2017

Un mundo enfermo (Zacarías 7:8-12)


Y vino palabra de Jehová a Zacarías, diciendo: Así habló Jehová de los ejércitos, diciendo: Juzgad conforme a la verdad, y haced misericordia y piedad cada cual con su hermano; no oprimáis a la viuda, al huérfano, al extranjero ni al pobre; ni ninguno piense mal en su corazón contra su hermano. Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos”.
Zacarías 7:8-12

INTRODUCCIÓN


Se dice que una enfermedad es una alteración leve o grave del funcionamiento normal de un organismo o del cuerpo lo cual provoca que este no se desempeñe bien y en ocasiones que sufra. De manera metafórica podríamos decir que este mundo está enfermo ya que si bien es cierto Dios lo creo perfecto, hoy en día el pecado lo ha corrompido. Este mundo que habitamos se encuentra enfermo de tanta maldad y agoniza en espera de su restauración, así lo declaran las Escrituras: “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora”, (Romanos 8:19-22). Hoy en día vasta volver a ver todas las injusticias y pecados terribles que se practican para ver como la maldad corrompe y ensucia la hermosa creación que Dios creo perfecta, como una terrible enfermedad terminal este mundo padece como un enfermo. En Zacarías vemos como Israel es exhortado a ser una nación justa y temerosa de Dios porque fueron sus pecados pasados los que provocaron su ruina. Si vemos detenidamente podemos encontrar al menos tras enfermedades que hoy en día pueden estar afectando a nuestro mundo tal y como lo hicieron con Israel.

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Un mundo enfermo


I.            UN MUNDO ENFERMO DE INJUSTICIA SOCIAL.


“Y vino palabra de Jehová a Zacarías, diciendo: Así habló Jehová de los ejércitos, diciendo: Juzgad conforme a la verdad, y haced misericordia y piedad cada cual con su hermano; no oprimáis a la viuda, al huérfano, al extranjero ni al pobre; ni ninguno piense mal en su corazón contra su hermano”.

En primer lugar, este mundo está enfermo de injusticia social. Una de las razones por las cuales Dios recrimino a su pueblo Israel fue por la injusticia social que había en su nación. Por ello en Zacarías Dios le pedía que ejercieran la justicia con verdad, el hacer misericordia con su prójimo, a no oprimir a los más necesitados y no pensar en hacerle daño a nadie. Hoy en día vivimos en un mundo lleno de injusticia, donde los funcionarios y autoridades no ejercen la ley a favor de los pobres, donde no existe piedad ni misericordia en las calles al ver tanto homicidios y delitos que día a día se comente, un mundo donde los pobres no tienen oportunidades y son oprimidos por los fuertes impuestos, un mundo donde el corazón de las personas está lleno de tanta maldad. Dios aborrece toda injusticia social y hoy en día nuestra sociedad está contaminada con este mal: “El que justifica al impío, y el que condena al justo, ambos son igualmente abominación a Jehová”, (Proverbios 17:15).

II.            UN MUNDO ENFERMO DE SORDERA ESPIRITUAL.


“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír…”

En segundo lugar, este mundo está enfermo de sordera espiritual. Hoy en día vivimos en medio de una sociedad que no atiende la palabra de Dios, consientes muchos de sus pecados hacen caso omiso de ella para seguir en sus maldades y no convertirse a Dios. Este terrible mal realmente es provocado por Satanás: “Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”, (2 Corintios 4:3-4). Una terrible ceguera espiritual ha sido provista por parte del diablo para que esta humanidad no vea la realidad de su pecado y escapa de él y esto realmente es muy grave porque si la persona llega a morir en este estado su alma partirá directo al infierno. Por esta razón la iglesia del Señor tiene que seguir realizando su obra evangelizadora especialmente porque en estos últimos tiempos las personas no toleraran el mensaje de verdad sino que preferirán un mensaje más positivo que los haga sentir bien pero que los conducirá a la condenación eterna: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas”, (2 Timoteo 4:3-4).

III.            UN MUNDO ENFERMO DE TODO SU CORAZÓN.


“… y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos”.

En general, este mundo está enfermo de todo su corazón. Realmente, el mayor problema del hombre está en su corazón porque este es malo. Aunque para la ciencia el corazón no es más que una enorme musculo que bombea la sangre hacia todas las partes del cuerpo, en la Biblia se nos dice que este es aquella parte del hombre donde nacen todas las intenciones y sentimientos del hombre, de tal forma que si este es malo, todas sus acciones también lo serán. Por eso Proverbios dice que dependiendo de como sea el corazón del hombre así será este en su exterior: “Como en el agua el rostro corresponde al rostro, así el corazón del hombre al del hombre”, (Proverbios 27:19). De allí que la Biblia nos pida que cuidemos de él: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”, (Proverbios 4:23). Ahora bien el problema con tener un mal corazón es que de él manan todas las obras de la carne: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias”, (Mateo 15:19). Y con el tiempo el corazón del hombre se vuelve insensible a la palabra de Dios ya que se endurece completamente: y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos. Y este endurecimiento trae la condenación eterna para el hombre: “Esta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios.  Y los de junto al camino son los que oyen, y luego viene el diablo y quita de su corazón la palabra, para que no crean y se salven”, (Lucas 8:11-12). Por tanto, podemos ver como el endurecimiento del corazón es el mayor de los problemas de ser humano ya que debido a él no obedece la palabra de Dios, no abandona sus pecados y va rumbo a la condenación eterna.

CONCLUSIÓN.



Si nos damos cuenta vivimos en un mundo lleno de injusticia social, un mundo que ha cerrado sus oídos a la palabra de Dios y se deleita en la maldad provocando mucho sufrimiento y donde el mal corazón del hombre es la causa raíz de todo. Sin embargo, Dios nos ofrece esperanza y nos promete hacernos resplandecer aun en medio de tantas tinieblas: Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria, (Isaías 60:1-2). Solamente Cristo puede transformar nuestra vida y ayudarnos en este mundo enfermo de tanta maldad, por ello debemos huir de él y entregar nuestra vida a Cristo Jesús.


viernes, 20 de octubre de 2017

Pasos hacia la restauración (1 Samuel 2:8)


El levanta del polvo al pobre, y del muladar exalta al menesteroso, para hacerle sentarse con príncipes y heredar un sitio de honor. Porque de Jehová son las columnas de la tierra, y él afirmó sobre ellas el mundo”.
1 Samuel 2:8

INTRODUCCIÓN


Cuantos miles de casos se escuchan a lo largo de la vida de personas que arruinan su futuro, ya sea por el adulterio, la drogadicción, el alcoholismo, el libertinaje, la codicia, la inmoralidad sexual, la ambición de dinero fácil, y tanto pecados más que conducen a los que la practican a su ruina total. Muchas veces vemos como estas personas descienden a las situaciones más inimaginables que la mente puede concebir, completamente destruidos y en situaciones de extrema angustias, ya sea al perder su familia, su trabajo, su dignidad moral y esclavizados de muchos pecados que los arrastran al infierno. Pero que bueno es saber que sin importar hasta donde el hombre haya descendido, aun de los niveles más despreciable, Dios tiene poder para restaurar su vida: El levanta del polvo al pobre, y del muladar exalta al menesteroso, para hacerle sentarse con príncipes y heredar un sitio de honor. No obstante, ¿cómo ocurre esta restauración? ¿Qué pasos podemos seguir para ir camino a la restauración? Veamos a la luz de la Biblia tres pasos sencillos:

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Pasos hacia la restauración

                                I.            RECONOCER LA NECESIDAD DE SALVACIÓN QUE TENEMOS.


“Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, más con la carne a la ley del pecado”.
Romanos 7:22-25

La primera cosa que tenemos que hacer para iniciar el camino hacia la restauración es reconocer la necesidad que tenemos de que Dios nos salve de nuestros pecados. Alguien dijo en cierta ocasión que mientras una persona no reconozca que tiene un problema jamás lo resolverá, y eso es cierto aun para alcanzar la salvación porque mientras no entendamos lo terrible que es nuestra condición de pecado, jamás buscaremos a Jesús. Es por causa del pecado que el hombre se deteriora y poco a poco destruye su vida, inmerso en tantos vicios, inmundicias y maldad esta humanidad perece porque esto es lo único que puede hacer el pecado: “Prenderán al impío sus propias iniquidades, y retenido será con las cuerdas de su pecado. El morirá por falta de corrección, y errará por lo inmenso de su locura”, (Proverbios 5:22-23). Si hubo un hombre que reconoció su propia necesidad de ser salvado de su pecaminosa naturaleza fue Pablo: Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Pablo reconocía su miseria y cómo esta lo arrastraba al infierno, pero también sabía que podía ser salvo por medio de la fe en Jesús: Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Si perseveramos en nuestros pecados pereceremos en ellos, pero si queremos iniciar nuestro camino hacia la restauración el primer paso es reconocer nuestra necesidad de salvación y que solamente Jesús nos puede ayudar en ello.

                             II.            CONFESAR Y APARTARNOS DE NUESTROS PECADOS.


“El que encubre sus pecados no prosperará; más el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia”.
Proverbios 28:13

El segundo paso hacia la restauración es confesar nuestros pecados y apartarnos de ellos: El que encubre sus pecados no prosperará; más el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia. La Biblia no ensaña la importancia de la confesión de nuestros pecados ya que para hacerlo es necesario antes haber reconocido nuestra maldad, confesar nuestros pecados significa pedirle perdón a Dios por todas nuestras maldades, confesar nuestros pecados significa reconocer que por su misericordia alcanzaremos la misericordia de Dios: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros”, (1 Juan 1:8-10). Para que la restauración de nuestra vida comience es importante confesar nuestros pecados como consecuencia de haber experimentado un verdadero arrepentimiento y así permitir que el poder del Espíritu Santo venga a nuestra vida: “Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que, justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna”, (Tito 3:3-7). El Espíritu Santo juega un papel muy importante en nuestro proceso de restauración ya que su presencia en nosotros nos da el poder para vencer las fuerzas malignas de Satanás y sujetar a nuestra naturaleza pecaminosa, pero para permitirle al Espíritu hacer esta obra es necesario limpiar nuestro corazón de toda la maldad, y al arrepentirnos y confesar nuestros pecados confiando en la obra redentora de Cristo lo estamos logrando: “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”, (Romanos 10:9-10).

                          III.            ADHERIRSE A LA VID VERDADERA.


“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”.
Juan 15:5

Finalmente, el siguiente paso para restaurar totalmente nuestra vida es adherirnos a la vid verdadera que es Cristo: Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. Lo cierto es que para no volver atrás después de nuestra conversión necesitamos unirnos íntimamente a la única fuente de vida, que es Cristo. Por eso Él les decía a sus discípulos que Él era la vid verdadera y que ellos los pámpanos, es decir, las ramas que mientras están unidas a troco son nutridas por la rica sabia, así nosotros los cristianos debemos mantenernos adheridos a nuestro Señor la única fuente de agua viva, pero realmente cómo podemos lograrlo. La Biblia nos enseña cómo hacerlo:

1.       Mantener la comunicación con Cristo a través de la oración: “Esta es la confianza que tenemos en él, que, si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho”, (1 Juan 5:14-15).
2.       Alimentarse constantemente de la palabra de Dios: “Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación”, (1 Pedro 2:2).
3.       Desarrollar el hábito de congregarnos para gozar de la comunión con santos: “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”, (Hebreos 10:24-25).
4.       Permanecer constantes creciendo en la obra del Señor siempre: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”, (1 Corintios 15:58).

CONCLUSIÓN.


                  Por causa del pecado muchas personas han llegado a una ruina total en su vida, sin embargo, Dios tiene poder para restaurarnos sin importar que tan bajos hayamos descendidos y en la Biblia encontramos el camino hacia la restauración:

1.       Reconozca la necesidad que Cristo lo salve de sus pecados (Romanos 7:22-25).
2.       Confiese y apártese de sus pecados (Proverbios 28:13).
3.       Adhiérase a la vid verdadera que es Cristo, fuente de toda vida (Juan 15:5).



miércoles, 18 de octubre de 2017

El día sábado en la Biblia (Génesis 2:1-3)



“Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación”
Génesis 2:1-3

INTRODUCCIÓN


               El día sábado es un concepto tan antiguo que se remonta a la primera semana que este mundo tuvo al momento de ser creado. De acuerdo a Génesis 2:1-3 Dios creo los cielos y la tierra, todo ser viviente incluyendo al hombre y al séptimo día descanso. Con el tiempo en Israel se constituyó el cuarto mandamiento con la finalidad de santificar este día apartándose de toda faena diaria y posteriormente con el surgimiento de la iglesia cristiana la costumbre de apartar un día para el Señor paso al domingo. El día de reposo o sábado ha sido un tema de discusión por la iglesia a lo largo de la historia y aún hoy crea bastante polémicas. Hay muchos que alegan que es un mandamiento que todos debemos obedecer a tal punto que enseñan que se debe guardar el séptimo día de la semana, otros por el contrario dicen que es un mandamiento solo para los judíos o que el domingo, el primer día de la semana, ha venido a sustituirlo. Pero ¿qué dicen las Sagradas Escrituras al respecto? Veamos lo que la Biblia nos enseña.

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Séptimo día

EL DÍA DE REPOSO EN LA CREACIÓN


“Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación”
Génesis 2:1-3

                  El libro de Génesis, atribuido tradicionalmente a Moisés, nos narra la creación de los cielos y la tierra, de todo ser viviente y del hombre en el transcurso de seis días, aclarando que fue en el séptimo día que Dios descanso de toda su obra dándonos así una semana de 7 días la cual es utilizada hasta nuestros días. En el texto original las palabras hebreas yom shibihí (יוֹם שְׁבִיעִי) se traducen como séptimo día enfatizando que fue una semana de siete días en el que Dios completó toda su obra y reposo, es decir, shabát (שָׁבַת) de toda su obra en él. Cuando el texto sagrado nos habla de que Dios reposó de toda su obra, no lo dice en el sentido de que se agotó o se cansó, ya que como Isaías dice: “¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance”, (Isaías 40:28), sino más bien de que cesó de toda su obra ya que la palabra shabát (שָׁבַת) tiene su significado en acabar o hacer cesar, consumir o finalizar y es un antropomorfismo que Dios utiliza para trasmitirnos esta idea. Muchos estudiosos de la Biblia han hecho especial enfoque en el hecho que en referencia al séptimo día el texto bíblico no menciona la tarde, como lo hace con el resto de días al decir “fue la tarde y mañana”, lo que les indica un día que llegaría a su fin el cual fue santificado, es decir cadásh (קָדַשׁ), cuya raíz nos da la idea de algo que se ha separado, apartado o consagrado para Dios. Agustín dice: “el séptimo día no tiene tarde ni ocaso porque lo santificaste para que permanezca eternamente”. En este sentido muchos desprenden el verdadero significado del séptimo día en la creación. Cuando Dios consumo su obra, vio que era buena en extrema y la bendijo el séptimo día haciendo que tanto el hombre como toda la creación entrara en su descanso, es decir, el shabát (שָׁבַת) el cual permaneció al menos hasta el día que el hombre peco en contra de Dios y la tierra fue maldecida por su causa. Ahora bien, esto no significa que el séptimo día no haya llegado a su fin y se hada dado lugar al octavo día, sino más bien debemos entenderlo como un periodo donde el hombre gozaba de un verdadero reposo de las obras de la carne, de toda enfermedad y dolor que el pecado trae: “Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida”, (Génesis 3:17).

Con el tiempo el shabát (שָׁבַת) paso a ser el nombre con el cual se conoció el séptimo día de la semana judía, el cual corresponde al sábado en los países de habla española, y este concepto cuya raíz etimológica significa “cesación”, introduce en la humanidad el concepto de tener al menos un día a la semana en el cual el hombre debe descansar de todas sus obras. Nuestro cuerpo físico y mortal se va desgastando conforme los días pasan y necesita un día en el cual pueda recuperar las fuerzas para continuar con sus tareas diarias. Por tanto, la bendición y santificación del séptimo día se refería sin duda alguna al día sábado, el cual habría de ser guardado en el futuro por Israel, pero no debemos pensar que su institución teocrática se dio aquí.

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El Hombre disfrutando de un reposo interminable

EL DÍA DE REPOSO EN LA ÉPOCA PATRIARCAL



                   Después de la expulsión de Adán y Eva del paraíso y posteriormente en la época patriarcal, no hay evidencias que nos sugiera que el shabat o sábado fueran guardados, todo lo contrario, pareciera que no fue guardado, al menos hasta que la ley es dada a Israel en el monte Sinaí. Sin embargo, que estos comenzaron a observar semanas de siete días y así encontramos algunas referencias a dicha semana en el Antiguo Testamento, por ejemplo:

 “Y sucedió que al séptimo día las aguas del diluvio vinieron sobre la tierra”.
Génesis 7:10

“Esperó aún otros siete días, y volvió a enviar la paloma fuera del arca”.
Génesis 8:10

“Cumple la semana (del hebreo shabúa - שָׁבוּעַ- que literalmente significa: hecho de siete) de ésta, y se te dará también la otra, por el servicio que hagas conmigo otros siete años”.
Génesis 29:27

                Por tanto, la semana de siete días fue introducida por la cultura judía desde tiempos antiguos por medio de la voluntad divina al crear los cielos y la tierra y todo ser viviente en seis días y descansar al séptimo. Muchos han querido negar el hecho de que la introducción de la semana de siete días no es de origen hebrea, sino babilónica, ya que la raíz shabát posee un parecido con el término babilónico shûabbatum, no obstante, nada puede estar más alejado que esta afirmación. Para empezar, se ha descubierto que los babilonios tenían una semana de cinco días y no de siete. Se han encontrado tablillas que contenían contratos donde se revela que los días designados shûabbatum no había un día de cesación del trabajo. Hay contratos de Mari (Tell el-Hariri) que indican que se trabajaba, a veces durante un período de varios días, sin interrupción alguna. Por tanto, el concepto del sábado es completamente de origen bíblico. Cuando Dios libera a su pueblo de Egipto, durante su viaje al Monte Sinaí donde les daría la ley, comienza a preparar a Israel para que comience a comprender el concepto de guardar el séptimo día ordenándoles que un día antes del Shabat, debieran recoger el doble de la porción de maná que solían recoger a diario: “Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no. Mas en el sexto día prepararán para guardar el doble de lo que suelen recoger cada día”, (Éxodo 16:4-5). La liberación de Israel de Egipto y su llegada al Monte Sinaí iniciaría el comienzo de un pacto que Dios realizaría con este pueblo donde el gobierno sería puramente teocrático y legislado por aproximadamente 613 leyes, entre ellas la observancia del sábado.

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El sexto día Israel recogía el doble de mama para prepararse para el Shabat

EL DÍA DE REPOSO EN EL TIEMPO DE LA LEY



“Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó”.
Éxodo 20:8-11

                   En estos versículos encontramos el cuarto de diez mandamientos que establece por primera vez el concepto de guardar el sábado como una ordenanza para Israel. El mandamiento comienza diciéndole a Israel que recuerde siempre este día para santificarlo. La palabra que usa para “santificarlo”, es cadásh (קָדַשׁ), la cual significa apartar o separar, y en ese sentido, Israel debería apartar el día sábado para Dios. La ordenanza es clara al establecer que tanto los israelitas como sus siervos y siervas y los extranjeros que habitasen en sus tierras no debían realizar ninguna obra o trabajo. Una de las razones de esto se describe al considerar el hecho de que en seis días Dios creo los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; pero la razón de más peso es porque Dios bendijo este día. Si consideramos todo el Pentateuco, Génesis presenta el concepto del sábado, pero los otros cuatro libros del presentan su legislación mostrando así la importancia que este día tenía para Israel a tal punto que todo habitante debía guardarlo y su desobediencia se castigaba con la muerte. “Así que guardaréis el día de reposo, porque santo es a vosotros; el que lo profanare, de cierto morirá; porque cualquiera que hiciere obra alguna en él, aquella persona será cortada de en medio de su pueblo”, (Éxodo 31:14).

La violación del cuarto mandamiento se pagaba con la muerte.


En el libro de Números encontramos un caso de un hombre que violo este día y fue muerto por ello:

“Estando los hijos de Israel en el desierto, hallaron a un hombre que recogía leña en día de reposo. Y los que le hallaron recogiendo leña, lo trajeron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación; y lo pusieron en la cárcel, porque no estaba declarado qué se le había de hacer. Y Jehová dijo a Moisés: Irremisiblemente muera aquel hombre; apedréelo toda la congregación fuera del campamento. Entonces lo sacó la congregación fuera del campamento, y lo apedrearon, y murió, como Jehová mandó a Moisés”.
Números 15:32-36

Aunque pareciera dura la sentencia hay que considerar algunos puntos cruciales: primero ya Dios había establecido este día como santo y había decretado la pena por violarlo. Segundo, la persona que decidió violarlo, lo hizo a plena luz del día, desafiando públicamente a las autoridades y a Dios mismo. Tercero, se esperaba que fuera un día que los israelitas consagraran a su Dios. Finalmente, la resolución fue dada por el mismo Dios: Irremisiblemente muera aquel hombre; apedréelo toda la congregación fuera del campamento.

El día de reposo se convirtió en un día festivo.


Aparte de esto el día de reposo o sábado era la primera fiesta en el calendario judío. Su propósito era recordar a su Creador ya que descanso de todas sus obras en él (Éxodo 20:8-11). También en este día debían recordar que Jehová su Dios los había liberado de la esclavitud en Egipto y ahora podían dedicarle un día a la semana a tal punto que no solo los israelitas tenían que guardarlo, sino también sus siervos.

“Guardarás el día de reposo para santificarlo, como Jehová tu Dios te ha mandado. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo a Jehová tu Dios; ninguna obra harás tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ningún animal tuyo, ni el extranjero que está dentro de tus puertas, para que descanse tu siervo y tu sierva como tú.  Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido; por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día de reposo”.
Deuteronomio 5:12-15

                En cuanto a la clase de trabajo que no se podía hacer en el día de reposo, la ley dada en Éxodo 20:8-11 y Deuteronomio 5:12-15 es muy general y no nos da mayores detalles. Sin embargo, queda claro que esta ordenanza de guardar el sábado perpetuamente era exclusivamente para los israelitas como una señal entre ellos y Dios.

“Guardarán, pues, el día de reposo los hijos de Israel, celebrándolo por sus generaciones por pacto perpetuo. Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó”.
Éxodo 31:16-17

Israel falló al no guardar el día de reposo.


                Sin embargo, Israel fallo al no guardar su pacto, incluyendo el guardar el sábado por tal motivo trajo la ruina primeramente sobre Israel, y posteriormente sobre Jerusalén. El profeta Jeremías expresa el error de Israel al no guardar su pacto: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová”, (Jeremías 31:31-32). El pecado de Israel creció tanto que sus festividades, incluyendo el sábado, perdieron su verdadero significado y se convirtieron en simples tradiciones que hombres pecadores practicaban: “No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes”, (Isaías 1:13). Los profetas del Antiguo Testamento recriminaron a los Israelitas por su conducta pecaminosa que incluía la explotación de los pobres, las injusticias, los matrimonios mixtos, el homicidio, la violación del sábado, entre otros. Por tal motivo los exhortaba a abandonar su pecado y caminar rectamente guardando el sábado como el Señor demandaba: “Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado”, (Isaías 58:13-14). Lamentablemente Israel y Judá pecaron en contra de Dios y ambas ciudades cayeron y fueron deportadas, siendo la ciudad de Jerusalén la última en ser destruida por los babilonios, y los judíos fueron deportados comenzando así la era de los gentiles.

                Después de 70 años de la deportación, durante el reinado persa, la observancia del sábado volvió a aparecer en las Sagradas Escrituras. Por ejemplo, Nehemías les hablo a los judíos que no tenían que realizar ninguna transacción comercial el día de reposo: “Asimismo, que, si los pueblos de la tierra trajesen a vender mercaderías y comestibles en día de reposo, nada tomaríamos de ellos en ese día ni en otro día santificado; y que el año séptimo dejaríamos descansar la tierra, y remitiríamos toda deuda”, (Nehemías 10:31). También les hizo la misma amonestación en otra ocasión: “En aquellos días vi en Judá a algunos que pisaban en lagares en el día de reposo, y que acarreaban haces, y cargaban asnos con vino, y también de uvas, de higos y toda suerte de carga, y que traían a Jerusalén en día de reposo; y los amonesté acerca del día en que vendían las provisiones. También había en la ciudad tirios que traían pescado y toda mercadería, y vendían en día de reposo a los hijos de Judá en Jerusalén. Y reprendí a los señores de Judá y les dije: ¿Qué mala cosa es esta que vosotros hacéis, profanando así el día de reposo?”, (Nehemías 13:15-17). Durante el periodo inter-testamentario la observancia del sábado cobro gran importancia para los judíos a tal punto que era el día que ellos visitaban las sinagogas para estudiar su ley, y así permaneció hasta la primera venida de Cristo.

EL DÍA DE REPOSO EN LOS TIEMPOS DE JESÚS


“Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo”.
Marcos 2:28

                 Durante la primera venida de Jesús los judíos acostumbraban guardar el sábado de una manera muy estricta; sin embargo, esta observancia se había alejado de su verdadero significado. En el Mishna los rabinos habían establecido al menos 39 reglamentos que regulaban dicha ley. Por ejemplo, se prohibía que se llevaran zapatos clavados (porque el clavo era una carga), que un solo hombre cargara pan (se permitía que lo cargaran dos hombres), que se usara muleta, que la mujer cargara bolsa, que llevara aguja en la ropa, y aun discutían si era lícito llevar pierna de madera o dientes postizos. Otra de las cosas que no se permitía hacer en día sábado era sanar a los enfermos ya que se consideraba un trabajo a tal punto que si alguien sufría una lesión grave solo se le podía asistir poniendo paños y no se permitía aplicar ungüentos u otros medicamentos, lo único que se podía hacer era evitar que el paciente muriera para que aguantara hasta el siguiente día. Una de las cosas que los judíos recriminaban a Jesús fue el hecho de que quebrantaba estas ordenanzas, pero les enseñaba que el mayor énfasis de esta ley estaba en la compasión y justicia que en cargar a los hombres con pesadas cargas:

“Aconteció que al pasar él por los sembrados un día de reposo, sus discípulos, andando, comenzaron a arrancar espigas. Entonces los fariseos le dijeron: Mira, ¿por qué hacen en el día de reposo lo que no es lícito? Pero él les dijo: ¿Nunca leísteis lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y sintió hambre, él y los que con él estaban?; ¿cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiatar sumo sacerdote, y comió los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino a los sacerdotes, y aun dio a los que con él estaban? También les dijo: El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo. Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo”.
Marcos 2:23-28

                Vemos en estos versículos la preocupación de los fariseos por la violación del día sábado queriendo así reflejar una falsa piedad al considerarse celosos de sus ritos ceremoniales y normas religiosas, ya que el espigar se consideraba un trabajo. Ellos estaban más preocupados por cumplir con sus normas religiosas que la satisfacción de una necesidad física de su prójimo. Por ello Jesús los confronta por su falsa piedad al enseñarles como David cuando tuvo necesidad comió de los panes de la mesa de la proposición el cual era dedicado a Dios y que según la ley solo los sacerdotes podían comer: “Y tomarás flor de harina, y cocerás de ella doce tortas; cada torta será de dos décimas de efa. Y las pondrás en dos hileras, seis en cada hilera, sobre la mesa limpia delante de Jehová. Pondrás también sobre cada hilera incienso puro, y será para el pan como perfume, ofrenda encendida a Jehová. Cada día de reposo lo pondrá continuamente en orden delante de Jehová, en nombre de los hijos de Israel, como pacto perpetuo. Y será de Aarón y de sus hijos, los cuales lo comerán en lugar santo; porque es cosa muy santa para él, de las ofrendas encendidas a Jehová, por derecho perpetuo”, (Levítico 24:5-9).  Este pan era renovado cada día y solo podía ser comido por los sacerdotes, pero un día llego David huyendo de Saúl y tenía necesidad de alimento y lo único que había era el pan de la propiciación y el sacerdote Ahimelec se lo dió porque ante cualquier rito la necesidad humana tiene prioridad: “Así el sacerdote le dio el pan sagrado, porque allí no había otro pan sino los panes de la proposición, los cuales habían sido quitados de la presencia de Jehová, para poner panes calientes el día que aquéllos fueron quitados”, (1 Samuel 21:6). En este caso se antepuso la necesidad de un ser humano ante las leyes ceremoniales y es por tal motivo Jesús les aclara: El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo. Ante esto William Barclay comenta: “El ser humano no fue creado para ser la víctima y el esclavo de las reglas y normas sabáticas, que se hicieron en un principio para hacerles la vida mejor y más fácil a las personas. El hombre no debe ser un esclavo del sábado, que existe realmente para su bien”. Esto nos enseña que el verdadero significado de la ley radica en glorificar a Dios y ayudar al prójimo. Obviamente había una interpretación diferente de la observancia del sábado entre Jesús y los judíos. En otra ocasión los judíos ortodoxos se molestaron con Jesús por sanar en sábado: “Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día de reposo; y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios. Pero el principal de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese sanado en el día de reposo, dijo a la gente: Seis días hay en que se debe trabajar; en éstos, pues, venid y sed sanados, y no en día de reposo. Entonces el Señor le respondió y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en el día de reposo su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber?  Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo?”, (Lucas 13:10-16). En su desacuerdo con los fariseos y escribas nuestro Señor hizo ver a los judíos que lo que ellos entendían acerca del cumplimiento de los mandamientos estaba completamente equivocado. Habían tratado de hacer más rigurosa la observancia del sábado que lo que Dios había mandado. No estaba prohibido comer el sábado, aun cuando fuera necesario cortar espigas para ello. Tampoco estaba prohibido hacer el bien el sábado y mucho menos curar o liberar a una persona de todas sus dolencias.

EL DÍA DE REPOSO EN LA DISPENSACIÓN DE LA IGLESIA


“Cuidémonos, por tanto, no sea que, aunque la promesa de entrar en su reposo sigue vigente, alguno de ustedes parezca quedarse atrás”.
Hebreos 4:1

                 Después del día de pentecostés la iglesia cristiana comienza a crecer rápidamente en Jerusalén bajo un ambiente totalmente judío, de hecho todos sus miembros al inicio eran judíos. Este ambiente hace que al principio los primeros cristianos no piensen en el cristianismo como algo diferente al judaísmo por lo que aún continúan yendo al templo a orar a las horas acostumbradas: “Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración”, (Hechos 3:1), y en general cumpliendo la ley de Moisés: “Cuando ellos lo oyeron, glorificaron a Dios, y le dijeron: Ya ves, hermano, cuántos millares de judíos hay que han creído; y todos son celosos por la ley. Pero se les ha informado en cuanto a ti, que enseñas a todos los judíos que están entre los gentiles a apostatar de Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos, ni observen las costumbres. ¿Qué hay, pues? La multitud se reunirá de cierto, porque oirán que has venido. Haz, pues, esto que te decimos: Hay entre nosotros cuatro hombres que tienen obligación de cumplir voto. Tómalos contigo, purifícate con ellos, y paga sus gastos para que se rasuren la cabeza; y todos comprenderán que no hay nada de lo que se les informó acerca de ti, sino que tú también andas ordenadamente, guardando la ley”, (Hechos 21:20-24). Sin embargo, con el surgimiento de la iglesia gentil y los aportes del apóstol Pablo a la teología de la salvación por gracia se dieron cuenta que no era necesario seguir cumpliendo la ley para ser salvo: “Entonces toda la multitud calló, y oyeron a Bernabé y a Pablo, que contaban cuán grandes señales y maravillas había hecho Dios por medio de ellos entre los gentiles. Y cuando ellos callaron, Jacobo respondió diciendo: Varones hermanos, oídme. Simón ha contado cómo Dios. visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre. Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar, Para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre, dice el Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos. Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre”, (Hechos 15:12-20).

La iglesia cristiana ha reconocido que ya no está obligada a guardar el sábado, pero si cumplir la ley moral.


Por tanto, la observancia del sábado como otras leyes de origen ceremonial se vieron como no necesarias de seguir practicándose ya que la salvación que Jesús ofrece es por gracia. Es importante comprender también que cuando se habla de la ley se está refiriendo a 613 mandamientos que se dividían en las leyes ceremoniales (fiestas, forma de realizar los sacrificios, vestuario de los sacerdotes, etc.), las leyes civiles y la ley moral, esta última aún vigente en nuestro tiempo. Si uno lee el Nuevo Testamento se dará cuenta que la ley moral aún se encuentra vigente, tal y como lo menciona Pablo al decir que el cumplimiento de estos mandamientos se encuentra en el amor: “Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, (Romanos 13:9). En el siguiente cuadro podemos ver cómo el Nuevo Testamento valida la vigencia de los diez mandamientos a excepción del cuarto:

MANDAMIENTO
ANTIGUO TESTAMENTO
NUEVO TESTAMENTO
Primer Mandamiento
“No tendrás dioses ajenos delante de mí”
Éxodo 20:3
“Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al
Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás”.
Mateo 4:10
Segundo Mandamiento
“No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy
Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos”.
Éxodo 20:4-5
“… sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre”, (Hechos 15:20).
Tercer Mandamiento
“No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano”.
Éxodo 20:6
“Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas… Pero vosotros habéis afrentado al pobre. ¿No os oprimen los ricos, y no son ellos los
mismos que os arrastran a los tribunales? ¿No blasfeman ellos el buen nombre que fue invocado sobre vosotros?”.
Santiago 2:1, 6-7
Cuarto Mandamiento
“Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; más el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó”.
Éxodo 20:8-11
No hay referencia en el Nuevo Testamento que los cristianos tengamos que guardar este día.
Quinto Mandamiento
“Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da”.
Éxodo 20:12
“Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu
madre, que es el primer mandamiento con promesa”.
Efesios 6:1-2
Sexto Mandamiento
“No matarás”.
Éxodo 20:13
“Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
Romanos 13:9
Séptimo Mandamiento
“No cometerás adulterio”.
Éxodo 20:14
Octavo Mandamiento
“No hurtarás”.
Éxodo 20:15
Noveno Mandamiento
“No hablarás contra tu prójimo falso testimonio”.
Éxodo 20:16
Décimo Mandamiento
“No codiciarás…”
Éxodo 20:17

El concepto de apartar un día para Dios ha pasado al domingo.


Por tanto, entendemos que la iglesia cristiana ya no está obligada a guardar el día sábado ya que era un mandamiento asociado con la ley ceremonial de los judíos. Por otro lado, se observa que la iglesia primitiva dejo de reunirse el día sábado para hacerlo el domingo. Si uno revisa la Biblia hay una indicación de Pablo a los corintios de apartar sus ofrendas el domingo tal y como lo había enseñado a las iglesias de Galacia: “En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia. Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas”, (1 Corintios 16:1-2). De igual forma, si revisamos la literatura de la iglesia de los primeros tres siglos nos damos cuenta de que hay evidencia que los cristianos se reunían el día domingo. Por ejemplo, una de las obras del primer siglo muy famosa entre los cristianos de ese tiempo llamada la Didajé, o la Doctrina de los Doce Apóstoles, que fue uno de los primeros manuales de cultos y enseñanza cristiana dice: “El Día del Señor nos reunimos y partimos el pan” (Didajé 14:1). De igual forma, Ignacio de Antioquía, un padre de la iglesia primitiva escribió en su carta a los magnesios de la siguiente forma: “ya no viven para el sábado, sino para el Día del Señor” (Epístola a los Magnesios, 9:1). Otro escritor antiguo llamado Melitón de Sardes escribió un tratado Acerca del Día del Señor. Así vemos cómo de alguna manera el concepto de apartar un día para dedicarlo a las cosas del Señor ha prevalecido en la iglesia cristiana solo que ya no es el sábado, sino el domingo, y no se hace como mandamiento y ni porque guardándolo vamos a ser salvos.

Los cristianos no guardamos el sábado ni ningún otro día porque Cristo es nuestro reposo.


Por otro lado, también se entiende que los cristianos ya no necesitamos guardar el sábado porque nuestro reposo es Cristo, quien nos ha hecho descansar de todas nuestras obras y de la carga del pecado, así lo declara el autor de la carta a los Hebreos: “Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día. Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas. Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia”, (Hebreos 4:8-11). Para entender bien estos versículos hay que comprender todo el contexto de lo que ha venido hablando dicho autor. Desde el capítulo 3 se nos viene hablando de la superioridad de Jesús sobre Moisés, y de cómo Moisés intento introducir a Israel a la tierra prometida no lo logro por causa de su incredulidad, por ello no entraron en su reposo (el reposo de su esclavitud en la tierra prometida), sino vagaron 40 años en el desierto: “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, donde me tentaron vuestros padres; me probaron, y vieron mis obras cuarenta años. A causa de lo cual me disgusté contra esa generación, y dije: Siempre andan vagando en su corazón, y no han conocido mis caminos. Por tanto, juré en mi ira: No entrarán en mi reposo”, (Hebreos 3:8-11). Ni siquiera Josué logro darle el reposo de todas sus obras a Israel, sino fue Cristo el cual a través de la fe puede hacernos entrar en el verdadero reposo: Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día. Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas. Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia. Esto significa que el reposo ya no es un día como el sábado, sino es Cristo mismo, nuestra preciosa fe que nos hace descansar de todas nuestras obras y de la carga del pecado. Por ello hoy en día los cristianos ya no guardamos el sábado, porque fue un día dado a los judíos donde tenían que apartarse de todas sus obras y meditar en el Señor, día que a su vez era una sombra de lo que habría de venir, el descanso de nuestras obras y la carga del pecado por medio de la fe en Cristo: “Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas…”, (Hebreos 10:1). Hoy en día el concepto de apartar un día de la semana para dedicárselo a Dios aún existe y por ello la iglesia procura apartarse de todas sus tareas y compromisos para ir al templo los domingos. Finalmente, Cristo es nuestro verdadero reposo, porque nos ha librado de la carga del pecado.