domingo, 31 de octubre de 2021

La gran maldad de Edom (Abdías 10-14)

 

“Por la injuria a tu hermano Jacob te cubrirá vergüenza, y serás cortado para siempre. El día que estando tú delante, llevaban extraños cautivos su ejército, y extraños entraban por sus puertas, y echaban suertes sobre Jerusalén, tú también eras como uno de ellos. Pues no debiste tú haber estado mirando en el día de tu hermano, en el día de su infortunio; no debiste haberte alegrado de los hijos de Judá en el día en que se perdieron, ni debiste haberte jactado en el día de la angustia. No debiste haber entrado por la puerta de mi pueblo en el día de su quebrantamiento; no, no debiste haber mirado su mal en el día de su quebranto, ni haber echado mano a sus bienes en el día de su calamidad. Tampoco debiste haberte parado en las encrucijadas para matar a los que de ellos escapasen; ni debiste haber entregado a los que quedaban en el día de angustia”.

Abdías 10-14

INTRODUCCIÓN

               Edom fue una nación que creyó que sus maldades nunca la alcanzarían, especialmente porque hubo un tiempo donde llego a prospera y sus fortalezas la engañaron para creerse inconquistables, lo cual lo lleno de mucha soberbia, pero Dios, a través de su profeta Abdías les demuestra lo contrario. En estos versículos encontramos mas a detalle en qué consistió la maldad de Edom, el haber traicionado a su propio hermano. Se espera que entre la familia exista cierta lealtad, pero a Edom eso no le importo y no tuvo misericordia de los judíos cuando estos más lo necesitaron, por ello ahora el Señor los juzgaba.


Edom-maldad
La gran maldad de Edom


EDOM TRAICIONÓ A SU HERMANO

“Por la injuria a tu hermano Jacob te cubrirá vergüenza, y serás cortado para siempre. El día que estando tú delante, llevaban extraños cautivos su ejército, y extraños entraban por sus puertas, y echaban suertes sobre Jerusalén, tú también eras como uno de ellos”.

Abdías 10-11

                Aquí tenemos el gran pecado que Edom cometió delante de Dios: Por la injuria a tu hermano Jacob te cubrirá vergüenza. La Nueva Traducción de la Biblia traduce este versículo de la siguiente manera: “A causa de la violencia con la que trataste a tus parientes cercanos de Israel…”, (Abdías 10, NTV). El pecado de Edom consistió en traicionar a su hermano Israel participando de la injuria y violencia con la que Babilonia los había tratado: El día que estando tú delante, llevaban extraños cautivos su ejército, y extraños entraban por sus puertas, y echaban suertes sobre Jerusalén, tú también eras como uno de ellos. Edom fue cómplice al unirse a los babilonios durante la destrucción de Jerusalén y lo que hace más infame el pecado de ellos es que ambas naciones estaban emparentadas ya que sus antepasados fueron hermanos, hijos de Isaac y Rebeca: “Cuando se cumplieron sus días para dar a luz, he aquí había gemelos en su vientre. Y salió el primero rubio, y era todo velludo como una pelliza; y llamaron su nombre Esaú. Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado su nombre Jacob. Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los dio a luz”, (Génesis 25:24-26). Israel descendía de Jacob, mientras que Edom de Esaú, sin embargo, esto no les importo a los habitantes de Edom los cuales se unieron a los babilonios en la opresión en contra de los judíos.

 

EL TERRIBLE ATREVIMIENTO DE EDOM

“Pues no debiste tú haber estado mirando en el día de tu hermano, en el día de su infortunio; no debiste haberte alegrado de los hijos de Judá en el día en que se perdieron, ni debiste haberte jactado en el día de la angustia. No debiste haber entrado por la puerta de mi pueblo en el día de su quebrantamiento; no, no debiste haber mirado su mal en el día de su quebranto, ni haber echado mano a sus bienes en el día de su calamidad. Tampoco debiste haberte parado en las encrucijadas para matar a los que de ellos escapasen; ni debiste haber entregado a los que quedaban en el día de angustia”.

Abdías 12-14

                  En estos versículo entendemos un poco mejor el terrible pecado que Edom cometió al traicionar a su hermano Israel y para ello el profeta Abdías lo hace a través de ocho “no debiste”, que expresan hasta donde su maldad le permitió hacer violencia y agravio en contra de su propio hermano. A través de estos ocho “no debiste”, el Señor refleja la infame y desleal actitud de Edom, lo cual también describe la terrible condición de un hombre sin Dios que lo impulsa a beneficiarse incluso del mal de su prójimo. Las palabras, “no debiste”, se traducen de una sola palabra hebrea que es al (אַל), la cual expresa la total negativa de Dios ante las maldades e injusticias que el hombre comete ante su prójimo. Hoy en día vivimos en un mundo donde las personas sufren violencias y agravios de otras personas sin escrúpulos, muchas de estas personas malas se burlan y alegran del mal que hacen; pero no saben que Dios esta en contra de las acciones de ellos. Consideremos en qué consistió la actitud infame de Edom.

 

            Edom vio con insensibilidad el mal de su hermano.

“Pues no debiste tú haber estado mirando en el día de tu hermano, en el día de su infortunio…”

Abdías 12

En primer lugar, Dios les dice a Edom: Pues no debiste tú haber estado mirando en el día de tu hermano, en el día de su infortunio. La palabra “mirando” se traduce del hebreo raá (רָאָה), que expresa la idea de alguien que observa con especial detenimiento algo que quiere comprender muy bien. En este sentido, Edom vio todo lo que le estaba ocurriendo a Judá, pero eso no lo movió a misericordia. Hoy en día muchas personas son como Edom, que miran el mal que viene sobre las personas, pero no les importa, son totalmente insensibles ante el día del infortunio de sus semejantes.  Edom permaneció insensible ante el día del infortunio de su hermano Judá, y esto desagrado al Señor.

 

            Edom se burló del mal de su hermano.

“… no debiste haberte alegrado de los hijos de Judá en el día en que se perdieron…”

Judas 12

En segundo lugar, Edom no solo vio con indiferencia la angustia de su hermano, sino también se burló de él: no debiste haberte alegrado de los hijos de Judá en el día en que se perdieron. La palabra “alegrado”, se traduce del hebreo samákj (שָׂמַח), la cual expresa el gran contentamiento que a Edom le dio que su hermano Judá pasara por ese terrible infortunio. Muchas personas hoy en día son como Edom, se alegran de ver el mal de su prójimo y se regocijan de ello, por eso, David exclamo en uno de los salmos: “Pero ellos se alegraron en mi adversidad, y se juntaron; se juntaron contra mí gentes despreciables, y yo no lo entendía; me despedazaban sin descanso; como lisonjeros, escarnecedores y truhanes, crujieron contra mí sus dientes. Señor, ¿hasta cuándo verás esto? Rescata mi alma de sus destrucciones, mi vida de los leones”, (Salmo 35:15-17). Los que hacen tal cosa están en contra de la voluntad de Dios quien es grande en misericordia con los humildes y sabe rescatarlos de todos sus males, pero con los malvados, los juzga y paga conforme sus obras.

 

Edom se jacto delante de su hermano cuando este estaba en un terrible mal.

“… ni debiste haberte jactado en el día de la angustia…”

Abdías 12 

En tercer lugar, Edom se jacto con arrogancia delante de su hermano al verlo en semejante desgracias: ni debiste haberte jactado en el día de la angustia. La Nueva Traducción Viviente de la Biblia traduce este versículo de la siguiente manera: “…No debiste hablar con arrogancia en ese terrible tiempo de angustia”, (Abdías 12, NTV). Las palabras hebreas que se traducen como “hablar con arrogancia” son gadal pe (פֶּה גָּדַל), y resalta la acción de abrir la boca para hablar arrogantemente en contra de una persona. Judá se encontraba en gran calamidad y Edom en lugar de ofrecerle su ayuda, se jacto enfrente de él, hablándole arrogantemente y burlándose del mal que les había acontecido. Hasta donde llega la maldad del hombre, que no solo hace el mal, sino se complace en burlarse de su calamidad y jactarse con arrogancia en medio de aquellos que están atravesando terribles angustias, definitivamente, esto es totalmente desagradable ante el Señor.

 

Edom se aprovechó del mal de su hermano para saquearlo.

“No debiste haber entrado por la puerta de mi pueblo en el día de su quebrantamiento; no, no debiste haber mirado su mal en el día de su quebranto, ni haber echado mano a sus bienes en el día de su calamidad”.

Abdías 13

Los siguientes “no debiste”, están relacionados con el hecho de que Edom se aprovechó del mal en el cual se encontraba su hermano Judá para saquearlo y enriquecerse a costa de su desgracia: No debiste haber entrado por la puerta de mi pueblo en el día de su quebrantamiento; no, no debiste haber mirado su mal en el día de su quebranto, ni haber echado mano a sus bienes en el día de su calamidad. Que terrible pecado cometió aquí Edom ya que no solo se había burlado de la situación crítica y angustiosa por la cual estaba pasando Judá, sino que también, tomó ventaja de manera muy maliciosa para saquear sus bienes en un momento donde se encontraba vulnerable. La Nueva Versión Internacional de la Biblia traduce este versículo de la siguiente manera: “No debiste entrar por la puerta de mi pueblo en el día de su calamidad. No debiste recrear la vista con su desgracia en el día de su calamidad. No debiste echar mano a sus riquezas en el día de su calamidad”, (Abdías 13, NVI). De acuerdo a estos versículos, Edom cometió tres acciones viles al enterarse que su hermano estaba pasando una calamidad. Primero, entro por las puertas de la ciudad justo en el día de su calamidad. Segundo, una vez adentro, observo con alegría y burla la desgracia que estaba pasando Judá evaluando cómo podía tomar ventaja de eso. Finalmente, vio que podía tomar ventaja y sacar provecho de eso y decidió saquearlo, robando los bienes de su hermano y haciendo de la calamidad, algo más difícil para Judá. Cuanta personas son tan malvadas como lo fue Edom, los cuales no solo se jactan y burlan del mal de otros, sino buscan sacar un provecho o incluso enriquecerse a costa de la desgracia de su prójimo.

Edom se unió a los enemigos de su hermano para contribuir en su ruina.

“Tampoco debiste haberte parado en las encrucijadas para matar a los que de ellos escapasen; ni debiste haber entregado a los que quedaban en el día de angustia”.

Abdías 14

Finalmente, el pecado de Edom se agravó cuando estos decidieron unirse a los enemigos de su hermano para ayudarles a matarlos a espada y entregar a sus captores a aquellos que huían de ellos: Tampoco debiste haberte parado en las encrucijadas para matar a los que de ellos escapasen; ni debiste haber entregado a los que quedaban en el día de angustia. Con esto la maldad de Edom llego a su límite, ya que no se compadecieron de aquellas personas angustiadas que huían de su calamidad, sino que a unos mataron a espada y a otros, en lugar de ayudarlos a esconderse y apoyarlos para calmar su angustia, los capturaron para entregarlos en manos de sus enemigos.

Cuanto odia existía en el corazón de Edom para llegar a estos extremos, pero no debemos sorprendernos porque lamentablemente esta es la condición de muchas personas que no consideran a Dios en sus caminos, son personas llenas de arrogancia y maldad, dispuestos a hacer todos estos agravios en contra de sus prójimos, sin embargo, Dios está en contra de ellos y a favor de los desposeídos: “No intentes mal contra tu prójimo que habita confiado junto a ti. No tengas pleito con nadie sin razón, si no te han hecho agravio. No envidies al hombre injusto, ni escojas ninguno de sus caminos. Porque Jehová abomina al perverso; más su comunión íntima es con los justos. La maldición de Jehová está en la casa del impío, pero bendecirá la morada de los justos”, (Proverbios 3:29-33). Si bien es cierto que todo esto que le estaba pasando a Judá era por causa de sus propios pecados, sin embargo, eso no significaba que Edom debió haberse alegrado de su castigo, al contrario, debió haber mostrado misericordia porque eran descendiente del hermano de su antepasado. Muchas personas malvadas como Edom piensan que sus pecados jamás los alcanzaran, pero no debemos olvidar que Dios es justo y el culpable no quedara sin castigo y que aquellos que se humillen delante de Él alcanzaran su misericordia.

 

domingo, 24 de octubre de 2021

Jesús en Getsemaní (Mateo 26:26-46)

 

“Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro. Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo. Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú. Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad. Vino otra vez y los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño. Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras. Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya, y descansad. He aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. Levantaos, vamos; ved, se acerca el que me entrega”.

Mateo 26:26-46 

INTRODUCCIÓN

             

                 Antes de enfrentar el martirio y muerte en la cruz, nuestro Señor se retira a un lugar apartado para prepararse para enfrentar el inevitable momento para el cual había venido a esta tierra. Getsemaní nos muestra la faceta humana del sufrimiento de nuestro Señor Jesús, especialmente porque ya no había más tiempo, el momento estaba a solo un par de horas de ocurrir y la tensión en nuestro Señor creció más que nunca, por lo cual decide retirarse a un lugar a solas, junto con sus discípulos, para buscar en oración a su Padre y desahogar su alma angustiada. Este evento es narrado por los 3 evangelios sinópticos, aunque con leves diferencias, pero definitivamente nos trae una gran enseñanza que no debemos desaprovechar.

 

Jesús-Getsemaní
Jesús en Getsemaní

GETSEMANÍ

 

“Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní…”

Mateo 26:26


            El Getsemaní era un huerto ubicado a los pies del monte de los Olivos y al este del torrente de Cedrón a donde Jesús solía retirarse para orar y estar a solas. La palabra Getsemaní es de origen arameo que se translitera en el griego como Gezesmané (Γεθσημανῆ), y literalmente significa prensa de aceite, y como su significado lo sugiere, era donde se prensaba el fruto del olivo o las aceitunas para extraer el aceite. De alguna manera, el hecho de someter a presión las aceitunas para poder extraerle todo su aceite es un símbolo de la enorme presión a la cual nuestro Señor Jesús fue sometido antes de ser glorificado, ya que es aquí donde vemos a nuestro Señor sometido a gran angustia, donde enfrenta la traición de uno de sus doce discípulos y la captura de sus enemigos. Es muy probable que el dueño de este huerto de Getsemaní fuera amigo de Jesús, porque pareciera que era uno de los lugares favoritos de nuestro Señor para retirarse a orar, estar a solas y descansar, sin embargo, ahora, era el lugar donde en oración buscaría al Padre para finalmente enfrentar aquello por lo cual había venido a este mundo.

 

LA ANGUSTIA DEL SEÑOR

 

“… y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro. Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo”.

Mateo 26:36-38


              Al llegar el Getsemaní, el Señor le dijo a sus discípulos que se sentaran en un lugar especifico mientras el se retiraba a solas a orar a un lugar más apartado, sin embargo, antes, tomó consigo a los tres discípulos de mayor confianza que lo habían acompañado en otras ocasiones especiales, estos eran, Pedro, Jacobo y Juan, que habían estado a su lado mientras que el resto de los 12 permanecía apartados, así lo vemos cuando sanó a la hija de Jairo: “Entrando en la casa, no dejó entrar a nadie consigo, sino a Pedro, a Jacobo, a Juan, y al padre y a la madre de la niña”, (Lucas 8:51), o durante su transfiguración: “Seis días después Jesús tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó a una montaña alta, donde estaban solos. Allí se transfiguró en presencia de ellos”, (Marcos 9:2). Y ahora, Pedro, Jacobo y Juan lo acompañan en este momento tan decisivo de su ministerio: y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro. Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo. En estos versículos podemos ver la gran tristeza y la enorme angustia que se apoderó de nuestro Señor Jesús al momento de enfrentar el martirio que le esperaba: comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. Durante todo este tiempo hemos visto a Jesús con un carácter fuerte e inquebrantable, siempre calmado y asertivo en todo lo que hacía, nunca se ve preocupado, aun en momentos donde sus enemigos los rodeaban para tenderle trampas; sin embargo, ahora vemos a nuestro Señor con gran preocupación de angustia, muy triste hasta la muerte y por eso les pide a tres discípulos que le ayuden a orar: comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera ¿Por qué vemos ahora a nuestro Señor tan angustiado como para pedirle a sus discípulos que le ayuden a orar? ¿Qué era lo que tanto le preocupaba a Jesús como para angustiarlo y entristecerlo? Jesús se enfrentaba a varias situaciones difíciles con las cuales tenia que luchar. En primer lugar, Jesús enfrentaría la traición de uno de sus discípulos, uno de aquellos que había permanecido a su lada durante todo el tiempo de su ministerio. En segundo lugar, enfrentaría el abandono de sus demás discípulos, incluyendo la negación de Pedro. Estas dos cosas debieron representar una carga emocional para nuestro Señor, el hecho de saber que aquellas personas que habían prometido que lo apoyarían aun a costa de sus propias vidas lo abandonarían y que uno de ellos era el traidor era suficiente carga emocional. En tercer lugar, Jesús enfrentaría el vituperio de sus enemigos. Sería capturado, acusado falsamente, insultado, abofeteado, escupido, azotado y pondrían una corona de espinas en su cabeza, y en general, enfrentaría un gran martirio. Finalmente, los pecados de la humanidad recaerían sobre Jesús. En el Antiguo Testamento se acostumbraba ofrecer sacrificios de animales para expiar los pecados de los hombres y existían leyes que hablaban acerca de la forma de como los israelitas tenían que expiar sus pecados. Estaba en la ley la celebración del día de la expiación que era una vez al año donde se expiaban los pecados de todo el pueblo: “Y sobre sus cuernos hará Aarón expiación una vez en el año con la sangre del sacrificio por el pecado para expiación; una vez en el año hará expiación sobre él por vuestras generaciones; será muy santo a Jehová”, (Éxodo 30:10). Y así, dependiendo de las fiestas que se realizaban o de los pecados cometidos, se establecían diferentes sacrificios con el fin de quitar de los ojos de Dios el pecado cometido. Durante el tiempo de la ley, todos estos corderos eran sacrificados como sustitutos por los pecados cometidos, sin embargo, todos estos no eran suficientes para quitar el pecado, solo lograban cubrirlos: “Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan. De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado. Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados; porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados”, (Hebreos 10:1-4). En este sentido, los pecados de las personas eran cubiertos a través de ofrecer un cordero que fungía como un sustituto que pagaba por nuestros pecados, y de esta forma, los pecados de la persona recaían sobre el cordero. Ahora bien, Jesús fue el Cordero perfecto el cual tenia que ofrecer su vida en rescate por la vida de aquellos que creen, y siendo así, los pecados de la humanidad recaerían sobre Él: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”, (2 Corintios 5:21). Ahora, tratemos de entender lo que realmente significa que los pecados de la humanidad recayeron sobre Jesús ya que, como Dios, aborrece el pecado y por primera vez en la historia, el Hijo de Dios tendría que hacerse pecado para que nosotros pudiésemos tener vida eterna. Así que esto debió traer gran angustia a su corazón. Por todo esto, nuestro Señor estaba triste y angustiado en gran manera y les pidió a sus discípulos que le ayudaran a velar en oración aquella noche: quedaos aquí, y velad conmigo.

 

LA ORACIÓN, LA RESPUESTA A LA ANGUSTIA

 

“Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú. Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad. Vino otra vez y los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño. Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras”.

Mateo 26:39-44

 

             Ante la angustia, nuestro Señor acudió a la oración: Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú. Jesús se adelanto un poco más de donde había dejado a sus tres discípulos, y allí busco en oración la ayuda de su Padre. En su oración, Jesús mostro su humanidad al desear no enfrentar el terrible martirio que enfrentaría, sin embargo, dejaba claro que, ante sus deseos pedía que prevaleciera la voluntad de su Padre. Después de orar, fue y buscó a sus discípulos a los cuales les pidió que le ayudaran a velar, pero lamentablemente no habían podido hacerlo: Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Por Lucas sabemos que los discípulos estaban tan tristes por lo que le estaba pasando a nuestro Señor que a lo mejor por la depresión se dejaron vencer por el sueño: “Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza”, (Lucas 22:45), y en Marcos se nos dice que sus ojos estaban muy cargados de sueño que no lograron velar con Él: “Al volver, otra vez los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño; y no sabían qué responderle”, (Marcos 14:40). Al final, sus discípulos no lograron ayudarle a orar ya que el sueño los vencía, pero en las palabras de Jesús encontramos una verdad espiritual importante: Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. Definitivamente, Jesús nos está enseñando la forma de cómo nosotros debemos pelear nuestras batallas, especialmente aquellas que provocan el desanimo y la profunda tristeza en nuestro corazón, y es a través de la oración. Aquella noche nuestro Señor enfrentó la lucha más terrible de todo su ministerio y tan grande fue que se volvió a la oración dos ocasiones más: Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad. Vino otra vez y los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño. Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras. En Lucas se muestra la extrema agonía que nuestro Señor experimento durante la oración: “Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra”, (Lucas 22:41-44). De acuerdo al evangelista, tan grande era la angustia que su cuerpo estaba tan estresado que su sudor era excesivo y parecía como grandes gotas de sangre, sin embargo, en medio de su angustia, al orar, su Padre envió un ángel para que lo fortaleciera. De igual forma nosotros, debemos saber que nuestra carne es débil y si no somos responsable con nuestra vida espiritual y oramos frecuentemente, especialmente en momento de gran angustia, podemos decaer, pero si oramos fervientemente, Dios nos fortalecerá para que en su poder podemos vencer cualquier prueba.

 

LA HORA HABÍA LLEGADO

 

“Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya, y descansad. He aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. Levantaos, vamos; ved, se acerca el que me entrega”.

Mateo 26:45-46


             Finalmente, la hora había llegado: Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya, y descansad. He aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. Levantaos, vamos; ved, se acerca el que me entrega. Después de 3 años de ministerio, el momento de enfrentar la hora por la cual había venido a esta tierra había llegado, Jesús se fortaleció a través de la oración y se decidió con gran valor para enfrentar a sus enemigos y ser entregado al martirio que le esperaba. Nuestro Señor nos enseña cómo debemos enfrentar los desafíos que esta vida nos presenta, muchas veces temeremos o nuestro corazón se angustiara, pero, seamos valientes y busquemos la fortaleza en la oración, que Dios nos ayudara y podremos cumplir su voluntad.

 

 




domingo, 3 de octubre de 2021

El Consejo Noutético

 

“Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, de que vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podéis amonestaros los unos a los otros”.

Romanos 15:14 (RV60)

 

INTRODUCCIÓN


                La consejería noutética es un concepto relativamente nuevo en el cristianismo en cuanto al uso técnico del vocablo, pero su aplicación es tan antigua que se rastrea desde el tiempo de la iglesia primitiva y que fue utilizada principalmente por el apóstol Pablo. El termino fue popularizado por el pastor reformado Jay E. Adams, escritor de más de 100 libros, muchos de ellos orientados al arte de la consejería, y que, defendió su postura de que la psicología tradicional no es capaz de resolver los problemas de los hombres que ven sus trastornos mentales como una enfermedad, cuando la realidad es que la raíz del problema es el pecado y, por ende, solo el consejo bíblico con la ayuda del Espíritu Santo pueden ayudarlo a resolverlo. En esta oportunidad vamos a considerar la consejería noutética, como una herramienta más que tiene su fundamento en la Biblia y que podemos usar en el arte de aconsejar con el fin de hacerle ver a las personas su conducta errada y conducirlas al camino de Dios.

 

consejo-noutético
El Consejo Noutético


¿QUÉ ES EL CONSEJO NOUTÉTICO?

 

                 El termino técnico, noutético, proviene de una palabra que el apóstol Pablo utilizo en algunas ocasiones y está la podemos encontrar en su carta a los Romanos: “Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, de que vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podéis amonestaros los unos a los otros”, (Romanos 15:14, RV60). La palabra “amonestaros” se traduce de la palabra griega nouzetéo (νουθετέω), literalmente significa “poner en la mente”, y generalmente se traduce como amonestar, exhortar, corregir o instruir. La consejería noutética pretende ofrecer un método en la consejería cristiana que gira alrededor de tres elementos principales que la componen: la preocupación genuina por el bienestar de la persona, la confrontación amorosa y el cambio, y a su vez esta se auxilia del uso de la Biblia, como fuente de sabiduría y salvación, el respaldo del Espíritu Santo como ayudador en el proceso de restauración y la oración. La introducción de este método fue impulsado por Jay E. Adams, el cual no vio cómo se puede armonizar el uso de la psicología en un proceso de consejería y por ello establece un método que este alineado con los principios bíblicos y que realmente conduzca al hombre a la solución de todos sus problemas, a Cristo, el dador de la vida eterna. Esta afirmación ha sido muy debatida hasta la fecha ya que tanto la psicología como otros eruditos cristianos no ven como inútil las herramientas que esta disciplina pueda proveer.

 

LOS TRES ELEMENTOS DE LA CONSEJERÍA NOUTÉTICA

             

            Como ya lo vimos, la consejería noutética pretende introducir un método bíblico en la consejería cristiana, dejando a un lado la psicología que tiene muchas afirmaciones que están en contra de la palabra de Dios y no reconoce la importancia de la oración y la ayuda del Espíritu Santo en el proceso de restauración. La consejería noutética se caracteriza por tres elementos principales: la preocupación genuina por el bienestar de la persona, la confrontación amorosa y el cambio. Consideremos por separado cada uno de estos.

 

La preocupación genuina por el bienestar de la persona.

 

“No escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros como a hijos míos amados”.

1 Corintios 4:14 (RV60).

 

Para que el consejero cristiano sea eficaz en su trabajo debe sentir un interés genuino de ayudar a las personas a las cuales aconsejara. Lo peor que le puede pasar a una persona que busca ayuda es tener sesiones de consejería con un consejero que lo hace solo como un simple trabajo, que se dedica a escuchar solo por hacerlo y le recomienda lo que el libro le dice de acuerdo al caso que evalúa. En este caso, el resultado no será muy eficaz. El consejero cristino debe ser, no solo una persona apta para tal tarea, muy preparada en el arte de aconsejar, sino también, una persona que se preocupe por el bienestar de las almas. Un buen ejemplo de esto fue el apóstol Pablo: No escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros (nouzetéo) como a hijos míos amados. El apóstol les decía a los corintios que no les amonestaba, no con el fin de avergonzarlos públicamente, sino porque los quería como a hijos amados lo cual mostraba el gran interés en su bienestar. Cuando el aconsejado se da cuenta de que el interés del consejero es genuino, los consejos son mejor recibido, aun cuando a veces la amonestación puede ser dura.

 

La confrontación amorosa

 

“Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno”.

Hechos 20:31 (RV60)

 

                 El otro elemento importante del consejo noutético es la confrontación amorosa. La confrontación significa hacerle ver cara a cara sus oportunidades a las personas con el fin de que las corrijan. Es obvio que a la mayoría de personas no nos gusta que se nos hagan ver nuestros errores y de allí que esta confrontación debe hacerse en amor, porque de lo contrario, esta puede no ser eficaz en el momento que se realiza. Una vez más, Pablo es un gran ejemplo de confrontación amorosa a tal punto que este la realizaba a veces con lágrimas en sus ojos: Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar (nouzetéo) con lágrimas a cada uno. Ahora bien, sabemos que del amor se desprenden otras grandes virtudes que ayudan a que el consejero sea más eficaz en este noble trabajo, virtudes como la bondad, el conocimiento cimentado en la palabra de Dios y la sabiduría. Así, por ejemplo, en Romanos, el apóstol Pablo decía: Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, de que vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podéis amonestaros (nouzetéo) los unos a los otros, (Romanos 15:14, RV60). Aquí el apóstol agrega que aquellos que son aptos para amonestar están llenos de bondad y de conocimiento, de tal forma que esta debe salir de una persona buena y llena de sabiduría: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos (nouzetéo) unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales”, (Colosenses 3:16). Aquí encontramos más elementos que nos ayudan a comprender en qué consiste el consejo noutético, nos dice que en el corazón del consejero cristiano debe abundar la palabra de Dios, como la fuente principal de sabiduría, esto con el fin de enseñar la forma correcta de proceder en las diferentes áreas de la vida y de amonestar a manera de exhortación a tal punto que el aconsejado se sienta desafiado y animado a corregir sus errores y vivir a la altura del evangelio, adorando a su Señor y Salvador Jesucristo. En este sentido vemos cómo la confrontación es amorosa, llena de sabiduría y desafiante que impulsa al aconsejado a buscar la respuesta a sus problemas y necesidades en Cristo Jesús.

 

El cambio.

 

El tercer elemento en la consejería noutética es el cambio y este cambio debe estar influenciado por algunos agentes que le ayudaran al aconsejado a abandonar su pecado y resolver sus problemas, estos agentes son:

 

1.       El consejero que se auxilia de la palabra de Dios como fuente de sabiduría: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”, (2 Timoteo 3:16-17, RV60).

2.       La oración que es una fuente de ayuda indispensable en este proceso de restauración del aconsejado: “SEÑOR, ¡oye mi oración! ¡Escucha mi ruego! No te alejes de mí en el tiempo de mi angustia. Inclínate para escuchar y no tardes en responderme cuando te llamo”, (Salmo 102:1-2, NTV). 

3.         El poder regenerador del Espíritu Santo que lo guía a lo largo de todo su proceso de restauración: “Él nos salvó, no por nuestras propias obras de justicia sino por su misericordia. Nos salvó mediante el lavamiento de la regeneración y de la renovación por el Espíritu Santo”, (Tito 3:5, NVI).

 

LA EFICACIA DEL CONSEJO NOUTÉTICO


                  La eficacia del consejo noutético depende de la misericordia de Dios en abrir el corazón del aconsejado para recibir la palabra de amonestación y permitir que esta lo redarguye y lo guíe a un arrepentimiento donde reconozca su error y abrace la salvación que solo Cristo le puede ofrecer. Tenemos el ejemplo de David que recibió la amonestación del profeta Natán, cuando este le hizo ver su pecado de adulterio: “Entonces Natán le dijo a David: —¡Tú eres ese hombre! Así dice el Señor, Dios de Israel: “Yo te ungí como rey sobre Israel, y te libré del poder de Saúl. Te di el palacio de tu amo, y puse sus mujeres en tus brazos. También te permití gobernar a Israel y a Judá. Y por si esto hubiera sido poco, te habría dado mucho más. ¿Por qué, entonces, despreciaste la palabra del Señor haciendo lo que me desagrada? ¡Asesinaste a Urías el hitita para apoderarte de su esposa! ¡Lo mataste con la espada de los amonitas!... —¡He pecado contra el Señor! —reconoció David ante Natán. —El Señor ha perdonado ya tu pecado, y no morirás —contestó Natán—. Sin embargo, tu hijo sí morirá, pues con tus acciones has ofendido al Señor”, (2 Samuel 12:7-9, 13-14, NVI). Como vemos, David recibió de la mejor manera la amonestación de Natán ya que procedió al arrepentimiento para que Dios lo restaurara, aunque esto no quito que tuviera que enfrentar las consecuencias de sus pecados. En este caso, el consejo noutético fue eficaz. Sin embargo, no siempre el consejo noutético es eficaz ya que depende del corazón de la persona que lo recibe y lamentablemente muchos se niegan a ser corregido y abandonar sus pecados. En la Biblia tenemos un ejemplo más, pero en este caso de una persona que no recibió el consejo noutético y se trata del joven rico: “Jesús miró al hombre y sintió profundo amor por él. —Hay una cosa que todavía no has hecho —le dijo —. Anda y vende todas tus posesiones y entrega el dinero a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Después ven y sígueme. Al oír esto, el hombre puso cara larga y se fue triste porque tenía muchas posesiones”, (Lucas 10:21-22, NTV). Aquí vemos a un joven muy rico que amaba más a sus riquezas que ha Jesús y cuando fue confrontado por el Señor para vender todos sus bienes, darlo a los pobres y seguirlo a Él, este rechazo la amonestación y decidió seguir su camino, en este caso el consejo noutético no fue efectivo en el aconsejado. Así que la eficacia del consejo noutético depende en gran manera de la misericordia de nuestro Dios para abrir el corazón de aquellas personas que están perdidas en sus pecados, debemos orar a Dios para que estos estén dispuestos a permitir que el consejo de la palabra de Dios los transforme y permitir así que el Espíritu Santo haga su obra.