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sábado, 22 de agosto de 2015

Los pecados de Israel en el desierto (1 Corintios 10:6-11)


“Más estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar. Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil. Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes. Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor. Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos”.
1 Corintios 10:6-11

INTRODUCCIÓN


                  En este capítulo Pablo dirige su mensaje a los fuertes en la fe advirtiéndoles la importancia de vivir con mucho cuidado su salvación ya que el hecho de que participen de las ordenanzas del bautismo y la santa cena, o el hecho que han llegado a adquirir un gran conocimiento bíblico no es garantía que su salvación está asegurada. El apóstol les ilustra este hecho con el ejemplo de Israel en sus años de peregrinaje en el desierto. Este pueblo a pesar de haber presenciado con sus propios ojos el despliegue del poder de Dios al liberarlos de Egipto y de gozar de sus bendiciones como el mana y el agua de la roca no lograron entrar en la tierra prometida, al contrario se extraviaron y cayeron en muchos pecados. El apóstol nos describe a continuación estos pecados con el fin de que esto nos sirva de ejemplo a todos los cristianos: Más estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros.

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EL PECADO DE LA CODICIA


“Más estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron”.
1 Corintios 10:6

                 La finalidad de Pablo es mostrarles a sus lectores que a pesar de su confesión de fe y su participación en los privilegios del cristianismo, deben examinarse a fin de encontrarse en la verdadera profesión de Cristo y no en una religión falsa. La palabra “ejemplo”, proviene del griego túpos (τύπος) de donde proviene la palabra española tipo. Un tipo es una figura literaria que simboliza a través de sus características presentes un hecho que ocurrirá en el futuro. En este caso, el pueblo de Israel es un tipo de la iglesia, y su éxodo en el desierto es un tipo del peregrinar en la vida cristiana. El primer pecado que recalca Pablo es el de codiciar la cosas malas. Esto ocurrió cuando Israel comenzó a menospreciar la libertad que Dios les había dada y comenzaron a extrañar las cosas que tenían en Egipto: “Y la gente extranjera que se mezcló con ellos tuvo un vivo deseo, y los hijos de Israel también volvieron a llorar y dijeron: ¡Quién nos diera a comer carne! Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos”, (Números 11:4-6). Podemos ver lo ilógico en la palabras de Israel, ya que si bien es cierto en Egipto podían tal vez disfrutar de estas comidas; pero allí vivían como esclavos sin privilegios y bajo el látigo del capataz, sin ningún derecho. Como cristianos podemos caer en este terrible error, olvidando de donde nos sacó Dios, podemos comenzar a quejarnos de las circunstancias que nos rodean en lugar de valorar lo que Él ha hecho en nosotros hasta llegar a codiciar las cosas de este mundo olvidándonos que antes éramos esclavos del pecado camino al infierno. Esta actitud desagrado tanto al Señor que termino dándoles codornices para comer en lugar del mana, pero luego trajo una plaga terrible que castito duramente al pueblo blasfemo: “Aún estaba la carne entre los dientes de ellos, antes que fuese masticada, cuando la ira de Jehová se encendió en el pueblo, e hirió Jehová al pueblo con una plaga muy grande”, (Números 11:33). Como hijos de Dios debemos cuidarnos de no cometer este mismo error ya que podríamos encontrarnos pecando contra Dios a través de nuestras continuas quejas y esto llevarnos a la codicia de las cosas mundanas.

EL PECADO DE LA IDOLATRÍA

“Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar”.
1 Corintios 10:7

                En esta ocasión Pablo les advierte a los corintios que no sean idolatras: Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar. Esta vez la referencia bíblica se encuentra en Éxodo 32 donde después que Moisés ascendió al monte Sinaí para recibir el decálogo el pueblo se degenero pidiéndole a Aarón que les construyera un becerro de oro el cual fue adorado y se entregaron a comer, beber y se degenero en una fiesta pagana: “Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido… él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición. Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto… Y al día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron ofrendas de paz; y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a regocijarse”, (Éxodo 32:1,4, 6). Esta era una advertencia directa a los corintios ya que alrededor de ellos la idolatría era muy fuerte. Lo más seguro es que algunos de los creyentes que habían adquirido el conocimiento de que los ídolos no eran nada y por tanto podían comer de lo sacrificado a los ídolos, llegaban al extremo de participar de sus banquetes en los templos paganos. El problema con todo esto es que después del banquete le acompañaba una fiesta pagana con bailes eróticos que terminaban en fornicación. Obviamente ellos no estaban aplicando correctamente su conocimiento. Si hay un pecado muy aborrecido por Dios es el de la idolatría. De hecho su segundo mandamiento prohíbe la adoración a estas imágenes: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos”, (Éxodo 20:4-6). Como consecuencia la ira del Señor se manifestó consumiendo a muchos de ellos: “Y aconteció que cuando él llegó al campamento, y vio el becerro y las danzas, ardió la ira de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las quebró al pie del monte. Y tomó el becerro que habían hecho, y lo quemó en el fuego, y lo molió hasta reducirlo a polvo, que esparció sobre las aguas, y lo dio a beber a los hijos de Israel… Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés; y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres”, (Éxodo 32:19-20, 28). J. D. Douglas y Merrill C. Tenney definen la idolatría como la adoración a otros dioses diferentes a Jehová y la adoración de Jehová a través de imágenes. Un ídolo es cualquier cosa que toma el lugar de Dios. En este sentido un ídolo no necesariamente puede ser una imagen de madera, piedra o hierro; sino que también el dinero, el sexo, la televisión, nuestra familia, incluso nuestras metas y deseos si nos apartan de Dios y nuestras decisiones giran alrededor de ellas, esas se convierten en un ídolo. Como creyentes debemos examinar nuestras vidas y asegurarnos de que no haya un ídolo en nuestra vida.

EL PECADO DE LA FORNICACIÓN 

“Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil”.
1 Corintios 10:8

               El tercer caso se refiere a un hecho que ocurrió cuando estaba por terminar el viaje de Israel por el desierto y Moab asesorados por Balaam deciden alejar al pueblo de su Dios haciéndolos caer en el pecado de la fornicación: “Moraba Israel en Sitim; y el pueblo empezó a fornicar con las hijas de Moab, las cuales invitaban al pueblo a los sacrificios de sus dioses; y el pueblo comió, y se inclinó a sus dioses. Así acudió el pueblo a Baal-peor; y el furor de Jehová se encendió contra Israel”, (Números 25:1-3). El problema inicio cuando los israelitas se acercaron a fornicar con las hijas de Moab, éstas los impulsaron a adorar a sus ídolos encendiendo la ira del Señor. Desde el principio esto ha sido un verdadero problema para el pueblo de Dios. Ocurrió con los hijos de Set la cual se contamino cuando se unieron con las hijas de Caín, dando a luz una descendencia perversa: “Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas”, (Génesis 6:1-2). También las mujeres extranjeras provocaron que el mismo Salomón se perdiera en la idolatría: “Pero el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres extranjeras; a las de Moab, a las de Amón, a las de Edom, a las de Sidón, y a las heteas… Y cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David”, (1 Reyes 11:1,4). Fue Jezabel, una mujer sidonia que domino la voluntad de Acab para que este se alejara de Dios y se prestase a todo lo malo: “Porque le fue ligera cosa andar en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, y tomó por mujer a Jezabel, hija de Et-baal rey de los sidonios, y fue y sirvió a Baal, y lo adoró”, (1 Reyes 16:31). En general, la unión con matrimonios mixto fue un verdadero problema después de la deportación a Jerusalén, tal y como lo podemos ver en los libros de Nehemías y Esdras, aun Malaquías los amonesta por esto: “Prevaricó Judá, y en Israel y en Jerusalén se ha cometido abominación; porque Judá ha profanado el santuario de Jehová que él amó, y se casó con hija de dios extraño”, (Malaquías 2:11).

                Este terrible pecado provoco la ira de Dios a tal punto que trajo una terrible mortandad sobre Israel: “Y murieron de aquella mortandad veinticuatro mil”, (Números 25:9). Al considerar las palabras de Pablo: y cayeron en un día veintitrés mil, encontramos una discrepancia entre lo que el texto dice en Números. Algunos han llegado a negar la inspiración de esta carta basada en esta diferencia numérica; sin embargo, algunas teorías podrían explicar esta discrepancia. El numero de 24, 000 encuentra apoyo en la versión de la Septuaginta y en otros documentos rabínicos. Para poder explicar esta diferencia algunos se lo han atribuido a la memoria de Pablo ya que antiguamente no se contaba con muchas copias escritas como hoy y al citarlo pudo haber cometido el error. Juan Calvino decía que la discrepancia se debía a que Pablo daba un número aproximado mínimo de israelitas que murieron en esa mortandad al decir que al menos eran 23, 000 los que cayeron. Otros dicen que Pablo pudo haber indicado el número para un solo día, en lugar del número total de muertos.  Otra explicación puede ser que Pablo habla del número de muertos por la plaga y no incluye a los muertos a espada ni a los ahorcados.  Sea cual sea la respuesta esto no resta la veracidad de la palabra de Dios ya que al final el numero identifica la gran cantidad de personas que cayeron por causa de este pecado, y esto debe ser una fuerte advertencia a nosotros a abstenernos de este pecado sexual tal y como las Escrituras lo declaran: “Porque ya sabéis qué instrucciones os dimos por el Señor Jesús; pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios”, (1 Tesalonicenses 4:2-5). También la Biblia nos manda a no unirnos en matrimonio con los incrédulos: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?”, (2 Corintios 6:14). Los corintios tenían que guardarse de este tipo de pecado y la iglesia de hoy debe guardar este mandamiento.

EL PECADO DE TENTAR AL SEÑOR

“Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes”.
1 Corintios 10:9

                     El cuarto pecado que Pablo menciona es el de tentar al Señor. Esta parte de la Escritura que cita: Ni tentemos al Señor tiene una variación entre los diferentes manuscritos griego. El texto alejandrino utiliza la palabra kurios (κύριος) y por eso esta traducción presenta la palabra Señor; mientras que el texto occidental que es más antiguo la traducen como Cristo, ya que presenta la palabra Jristos (Χριστός). Como sea sabemos que se refiere a Jesús. El pecado de Israel radico en poner a prueba las promesas de Dios para ver si las cumple, dudando de ellas en lugar de caminar por fe. La referencia bíblica se encuentra en Números donde después de haber derrotado al rey de Arad, el pueblo de Israel se puso arrogante, rehusando rodear el reino de Edom. Se pusieron impacientes, blasfemaron contra Dios, acusaron a Moisés, rechazaron el maná y clamaron por agua: “Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano”, (Números 21:5). Como consecuencia Dios los castigo enviando serpientes que los mordían y posteriormente permitió que Moisés construyera una serpiente de bronce para que todo aquel que la viera se salvara: “Y Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel… Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre un asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá”, (Números 21:6, 8). Cuando los corintios asistían a los templos paganos a comer carne de los ídolos y se exponían deliberadamente a la tentación del libertinaje confiando que Dios los protegía estaban tentando al Señor. Cuando ponemos a prueba las promesas del Señor imprudentemente estamos tentando a Dios. Satanás intento engañar a nuestro Señor al querer que pusiera a prueba las promesas de su Padre: “y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios”, (Mateo 4:6-7). Como cristianos debemos ser cuidadosos de no poner a prueba las promesas de Dios para ver si realmente Él las cumple, ya que nuestro caminar siempre debe ser por fe.

EL PECADO DE MURMURAR

“Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor”.
1 Corintios 10:10

                    Al observar la historia de Israel durante su éxodo nos daremos cuenta que tenían el vicio de murmurar contra Dios, Moisés y Aarón. Por la falta de más información no es tan fácil identificar el evento al cual Pablo se refiere ya que el pueblo murmuro muchas veces. A la luz de todo el versículo, hay dos incidentes que podrían ser considerados. Primero, después de haber oído el informe de los espías que volvieron de la tierra prometida, la comunidad entera murmuró contra Moisés y Aarón: “Y se quejaron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la multitud: ¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o en este desierto ojalá muriéramos!”, (Números 14:2). Pero Pablo dice que algunos de ellos murmuraron, y esta afirmación concuerda con el relato de Números 14:37–38. La plaga sólo mató a los diez que difundieron el informe negativo acerca de la tierra prometida. Sólo ellos murieron en forma instantánea, mientras que Caleb y Josué vivieron. La segunda posibilidad es el relato que describe el motín de Coré, Datán, Abiram y On, quienes junto a 250 líderes se rebelaron contra Moisés: “Coré hijo de Izhar, hijo de Coat, hijo de Leví, y Datán y Abiram hijos de Eliab, y On hijo de Pelet, de los hijos de Rubén, tomaron gente, y se levantaron contra Moisés con doscientos cincuenta varones de los hijos de Israel, príncipes de la congregación, de los del consejo, varones de renombre. Y se juntaron contra Moisés y Aarón y les dijeron: ¡Basta ya de vosotros! Porque toda la congregación, todos ellos son santos, y en medio de ellos está Jehová; ¿por qué, pues, os levantáis vosotros sobre la congregación de Jehová?”, (Números. 16:1–3). No sólo murió toda esta gente, sino que debido a la murmuración de toda la comunidad, 14,700 personas murieron por la plaga que Dios les envió. El problema con ambos textos es que en ninguno de ellos se nos habla del destructor, aunque en otras secciones de las Escrituras se nos habla de esto (Éxodo 12:23; Hebreos 11:28; 2 Samuel 24:16 y 1 Crónicas 21:15). Con el tiempo los rabinos llegaron a creer en la existencia de un ángel destructor quien se encargaba de ejecutar los juicios de Dios y posiblemente Pablo alude a él en este pasaje.

                Este pecado es muy grave y los corintios tenían que cuidarse de no caer en la murmuración. Posiblemente al prohibirles que se abstuvieran de comer de lo sacrificado de los ídolos enfrente de los débiles en la fe podía causarles disgusto y esto los llevaría a murmurar en contra de Dios y el apóstol Pablo, al hacerlo así estarían cometiendo el mismo pecado de Israel. Hoy en día debemos cuidarnos de no murmurar en contra del Señor y sus ministros ya que este pecado es completamente aborrecible delante de su presencia.

UNA ADVERTENCIA FINAL

“Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos”.
1 Corintios 10:11


                     Pablo les ha advertido a los corintios el cuidado que deben tener al usar su libertad en Cristo y el discreción que deben tener al poner en práctica el conocimiento que han alcanzado. Ellos vivían en una ciudad contaminada por la idolatría, la fornicación y el libertinaje por lo que debían vivir con mucho cuidado entendiendo que no por el hecho de haber realizado ya una profesión de fe y haber participado de los sacramentos les aseguraba su salvación. Pablo les hace ver atrás a la historia de Israel a fin de que no comentan los mismos pecados, ya que a pesar que gozaron de la liberación de su esclavitud de Egipto y sus bendiciones, su falta de discernimiento espiritual y dureza de corazón los impulsaron a cometer pecados como la codicia, la idolatría, la fornicación, tentaron al Señor y murmuraron, por lo que perecieron en el desierto y no entraron en la tierra prometida. Si no ponemos atención a la historia estamos condenados a repetir los mismos errores y como creyentes debemos cuidar nuestra vida piadosa para no vernos en algunos de estos pecados.

El cumplimiento del rito no es garantía de nuestra salvación (1 Corintios 10:1-5)



Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo. Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto”.
1 Corintios 10:1-5

INTRODUCCIÓN

            Cuando llegamos al capítulo 10 uno podría pensar que se rompe el hilo del pensamiento que se viene desarrollando desde el capítulo 8 referente a lo sacrificado a los ídolos ya que en este se presentan una serie de analogías respecto al pueblo de Israel en el desierto, sus pecados y el fin que tuvieron. Si recordamos el capítulo 8 retoma una de las preguntas que los corintios le habían hecho al apóstol concerniente a que si era lícito comer de lo sacrificado a los ídolos ya que algunos creyentes que habían adquirido un conocimiento superior a otros lo estaban haciendo. Sin embargo, Pablo les dice a estos que se abstengan de tales cosas por amor a los débiles en la fe ya que esa conducta estaba dañando sus débiles conciencias y algunos podían tropezar en la fe. Posteriormente en el capítulo 9 Pablo pone su ejemplo personal de cómo ha renunciado a sus derechos de apóstol con tal de contribuir aún más con la efectividad de la proclamación de la palabra de Dios, y como se hace a los libres, esclavos, judíos o gentiles para ganarlos a Cristo. Finaliza este capítulo poniendo el ejemplo de la disciplina y negación de los atletas que compiten por un premio terrenal, así el cristiano tiene que considerar su conducta y disciplinar su vida negándose a algunas cosas si quiere alcanzar la meta de ganar a muchos para Cristo y llegar al cielo. Ahora llegamos al capítulo 10 donde enlaza su enseñanza del dominio propio y la disciplina para alcanzar la meta final con algunos ejemplos del Antiguo Testamento de personas que gozaron de la oportunidad y bendiciones de Dios para entrar en la tierra prometida pero no lo lograron. Es muy seguro que los fuertes en la fe habían llegado a la convicción de que los ídolos no eran nada y por eso comían de lo que se sacrificaba a los dioses paganos, pero otros habían llegado al extremo de participar de los grandes banquetes que se realizaban en Corinto donde había borracheras y orgias contaminándose que esta maldad. Pablo quiere advertirles el cuidado que como cristianos deben tener al guardarse de estas contaminaciones y no pensar que por el hecho de ser miembro de la iglesia o participar de sus ceremonias o sacramentos son salvos.

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Israel en el desierto

UNA ALEGORÍA ENTRE ISRAEL Y LA IGLESIA


Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo”.
1 Corintios 10:1-4

                  La palabra “porque” hace un enlace directo con lo que se viene hablando en el capítulo anterior. Los fuertes en la fe no estaban considerando lo serio que era que sus hermanos débiles tropezaran de la fe por sus comportamientos externos al comer de lo sacrificado de los ídolos, y algunos de ellos confiando en sus conocimientos posiblemente habían caído en el extremo de hasta contaminarse en los festines paganos. Ellos posiblemente creían que porque pertenecían a la iglesia y participaban en los sacramentos ya tenían su salvación asegurada; pero Pablo los insta a considerarlo seriamente. Con las palabras: no quiero, hermanos, que ignoréis, se introduce en el ejemplo del pueblo de Israel. No se trata aquí de que los corintios no conociesen la historia, más bien el énfasis del apóstol está en que comprendan la enseñanza espiritual que hay detrás de ella. Él les habla acerca de nuestros padres, considerando que en Cristo todos somos ahora un solo pueblo: “Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz”, (Gálatas 2:14-15). Les recuerda como los israelitas estuvieron bajo la nube durante su peregrinaje a través del desierto y Dios no se apartó de ellos dirigiéndolos con una columna de nube en el día y una columna de fuego en la noche: “Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche. Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego”, (Éxodo 13:21-22). A parte de esto Pablo dice que les dividió el mar rojo para que pasaran en seco cuando huían del faraón: “Y los hijos de Israel fueron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas por muro a su derecha y a su izquierda”, (Éxodo 14:29).

                Ahora bien, viene Pablo y hace una comparación entre las bendiciones y privilegios que Israel tenia versus los que tiene la iglesia. El enfoque principal de esta sección es mostrar un paralelo entre la salvación del Éxodo y la que hoy Cristo Jesús ofrece. Pablo comienza a hacer su analogía al decir que en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, en donde la palabra bautizados viene del griego baptídso (βαπτίζω) la cual significa sumergir o teñir. En este sentido Israel estuvo sumergido literalmente en la nube que los rodeaba así como cuando pasaron el mar rojo llegaron a estar cubiertos por las paredes de agua que les permitieron pasar en seco. Con esto el apóstol ilustra el acto divino que Dios uso para recordarle a Israel que obra salvífica al liberarlos para siempre de Egipto. De igual forma la iglesia de Corinto practicaba el bautismo en agua, una ordenanza para todo cristianos que simboliza la muerte, sepultura y resurrección de Cristo, así como un testimonio público que morimos a la antigua vida y la iglesia en Corinto podía sentirse segura por el simple hecho de haberlo practicado. También Israel fue alimentado durante su travesía por el desierto: y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual. El alimento espiritual al cual se refiere Pablo es el mana del cielo: “E hizo llover sobre ellos maná para que comiesen, y les dio trigo de los cielos”, (Salmo 78:24); y la bebida espiritual de la cual habla es el agua que Moisés hizo brotar de la roca en Horeb: “He aquí que yo estaré delante de ti allí sobre la peña en Horeb; y golpearás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo. Y Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel”, (Éxodo 17:6). Con esta agua sacio la sed de los israelitas y de sus bestias: “Toma la vara, y reúne la congregación, tú y Aarón tu hermano, y hablad a la peña a vista de ellos; y ella dará su agua, y les sacarás aguas de la peña, y darás de beber a la congregación y a sus bestias”, (Números 20:8) Cuando dice: porque bebían de la roca espiritual que los seguía, alude a una tradición rabínica que aseguraba que durante el éxodo de Israel en el desierto esta roca los siguió por todas partes proveyéndoles el agua para calmar su sed y la de sus bestias y Pablo afirma que esta roca era Cristo: y la roca era Cristo. Así como Israel tenían su comida y bebida espiritual también la iglesia tiene la santa cena cuyos elementos son el pan y el vino los cuales representan el cuerpo y sangre de Cristo. Los cristianos corintios se sentían orgullosos por practicar este sacramento pero Pablo está a punto de decirles que no se confíen ya que Israel ni aun con todos estos privilegios se salvó.

LAS BENDICIONES PRESENTES Y SACRAMENTOS NO SON GARANTÍA DE NUESTRA SALVACIÓN


“Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto”.
1 Corintios 10:5


A pesar que Israel gozo de estos privilegios y vieron mover la mano de Dios no se salvaron debido a su gran incredulidad: Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto. Cuando estaban en Cades-barnea a punto de entrar a la tierra prometida Moisés envió doce espías los cuales al ver a sus habitantes se atemorizaron y comenzaron a murmurar en contra de Moisés y el Señor (a excepción de Josué y Caleb): “Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano y juré que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone, y a Josué hijo de Nun. Pero a vuestros niños, de los cuales dijisteis que serían por presa, yo los introduciré, y ellos conocerán la tierra que vosotros despreciasteis. En cuanto a vosotros, vuestros cuerpos caerán en este desierto”, (Números 14:30-32). Esta actitud desagrado tanto a Dios que ninguno de ellos entre en la tierra prometida. Así Pablo aconseja a los corintios que no se confíen ya que solo porque sean bautizados y participen de la cena del Señor no significa que ya son salvos. Cada cristiano tiene que vivir consiente de su salvación sin embargo eso no significa que no deber cuidarse de no contaminarse de este mundo ya que las mismas Escrituras nos exhortan a vivir en temor y temblor delante del Señor: “Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor”, (Filipenses 2.12). El apóstol Pablo estaba consciente de la seguridad de su salvación, pero al mismo tiempo sabía que su libertad estaba condicionada a vivir en completa santidad: “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?”, (Romanos 6:1-2). Los corintios tenían que considerar bien sus acciones velando de no contaminarse con el paganismo y fornicación que en los sacrificios a los ídolos ocurría y eso es algo que todos nosotros debe considerar también. Como hijos de Dios debemos cuidar nuestra santidad como una preciosa joya.


Luchando por alcanzar la meta (1 Corintios 9:24-27)


“¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado”.
1 Corintios 9:24-27

INTRODUCCIÓN


             Llegamos al final del capítulo 9 donde el apóstol Pablo ilustra a través de una metáfora la razón por la cual había renunciado a sus derechos. Hasta el momento ha sido muy claro al decir que la razón por la cual había renunciado a sus derechos era para ser más efectivo al momento de alcanzar su suprema meta: alcanzar a muchos para Cristo. Ahora refuerza aún más este punto poniendo un ejemplo sacado de los deportes donde los atletas renuncian a muchas cosas y se someten a una vida de disciplina con tal de alcanzar una corona corruptible. La ilustración está tomada directamente de los deportes, algo que para los habitantes de Corinto era muy conocido ya que era allí donde cada dos años realizaban los juegos ístmicos en honor al dios Poseidón. Los juegos ístmicos eran los segundos más famosos después de los Olímpicos entre los griegos, y Corinto era la ciudad donde estos se celebraban.

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Luchando por alcanzar la meta

CORRIENDO DE TAL FORMA QUE SE OBTENGA EL PREMIO


“¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis”.
1 Corintios 9:24

                   Las carreras eran un deporte común entre los corintios y Pablo utiliza ese ejemplo para exhortar a los creyente a correr la carrera que se tiene por delante. Obviamente, en las competencia ya se sabe que solo uno será el ganador, sin embargo, el apóstol nos dice que todos los cristianos debemos correr como si solo uno alcanzara la salvación. La vida cristiana requiere de esfuerzo, dedicación y sacrificio, por lo que como los atletas debemos esforzarnos cada día por llegar a nuestra meta final ejercitando nuestra parte espiritual: “Desecha las fábulas profanas y de viejas. Ejercítate para la piedad; porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera”, (1 Timoteo 4:7-8). En nuestra vida debemos apartarnos del pecado, y correr legítimamente como verdaderos hijos de Dios: “Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente”, (2 Timoteo 2:5).

CON LA MIRADA EN EL PREMIO


“Corred de tal manera que lo obtengáis…”
1 Corintios 9:24

              En esta carrera es importante tener la mirada en el premio supremo, ya que de lo contrario podríamos desviarnos de nuestro destino y perderlo totalmente. El autor a los Hebreos compartía este pensamiento y les decía a sus lectores que corrieran la carrera cristiana con perseverancia, despojándose de todo peso del pecado que los asediara, inspirándose en la vida de los campeones de la fe que fueron antes que ellos y con la mirada en el supremo premio: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”, (Hebreos 12:1-2). Este premio es una herencia celestial que no tiene sin igual en esta tierra: “para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros”, (1 Pedro 1:4).

BUSCANDO DISCIPLINAR NUESTRO CUERPO

“Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire”.
1 Corintios 9:25-26

            Una vez más el apóstol usa otro ejemplo extraído de estas competencias, y es el boxeo. Para poder estar en una buena condición física, el atleta tiene que abstenerse de muchas cosas, someterse a dietas especiales, horarios para dormir y ejercitarse y para ello se necesita disciplina. La palabra abstenerse se traduce del griego agonídsomai (ἀγωνίζομαι), de donde proviene la palabra española agonizar. En este sentido, la disciplina del creyente debe ser tal que someta completamente su cuerpo a todo aquello que lo obligue a la obediencia de Cristo, aunque esto provoque la insatisfacción de su carne: “porque si vivís conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis”, (Romanos 8:13). Por eso el apóstol renunciaba a sus privilegios con tal de ganar para Cristo a muchas personas ya que su mirada estaba en la meta suprema y todas sus acciones estaban orientadas a ello: Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire.

APRENDIENDO A NEGAR NUESTRA CARNE

“sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado”.
1 Corintios 9:27


                  Así como los atletas aprenden a negarse a sí mismos con tal de mantener su buena condición física, también los cristianos debemos aprender a hacerlo. La palabra servidumbre proviene del griego doulagogéo (δουλαγωγέω) lo cual literalmente significa poner nuestro cuerpo en completa esclavitud. Con todo esto el apóstol no está sugiriendo practicar el ascetismo o la autoflagelación, sino más bien sujetar nuestra carne para obedecer al Espíritu: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis”, (Gálatas 5:16-17). Si no nos cuidamos de todo esto y buscamos la disciplina y negación, al final el diablo puede sacarnos del juego completamente y después de haber exhortado a otros a correr esta carrera, nosotros seamos vergonzosamente descalificados: no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.



La vida que el pecado ofrece (Jueces 6:11-16)


“Y vino el ángel de Jehová, y se sentó debajo de la encina que está en Ofra, la cual era de Joás  abiezerita; y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas.  Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente.  Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los madianitas. Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a
Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo?  Entonces le respondió: Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre.  Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre”
Jueces 6:11-16

INTRODUCCIÓN

            Vivimos en un mundo donde muchas personas están insatisfechas por la vida que llevan y aunque sean muchos los que se esfuercen por lograrlo, muy pocos la alcanzan. Nuestra malas decisiones, la escasez de recursos, nuestras propias debilidades y en general el pecado que practiquemos son la causas de todo ello. No obstante, Dios no desea que esto sea así. Israel es un buen ejemplo para nuestras vidas ya que el Señor los libero de la esclavitud de Egipto para introducirlo en una tierra fértil, les prometió bendecirlos y ponerlos por cabeza de todas las naciones sin tan solo obedecía su palabra. Pero lamentablemente no fue así. Israel se desvió y por causa de su pecado Dios levanto otras naciones que los hostigaban a tal punto que los obligaron a vivir sometidos a ellos lejos de las promesas divinas. Esto es lo que el pecado nos ofrece, una vida de limitaciones y sufrimiento; pero el Señor desea algo diferente para nosotros.

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Gedeón sacudiendo el trigo

       I.            UNA VIDA CONDENADA POR EL PECADO.


“Y vino el ángel de Jehová, y se sentó debajo de la encina que está en Ofra, la cual era de Joás  abiezerita; y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas”.

Aquí encontramos al ángel de Jehová observando la vida de un hombre que por causa del pecado estaba destinado a llevar una vida trágica. La Biblia nos enseña que por sus maldades Dios había castigado a Israel enviando a los madianitas para que los azotaran. Estos los habían obligado a hacer cuevas en los montes y lugares fortificados y no podían sembrar en el campo libre ya que sus enemigos los saqueaban constantemente. A pesar de que eran herederos de la tierra que Dios les había prometido no podían disfrutar de ella por causa del pecado. Muchas personas hoy en día no disfrutan de lo mejor que la vida les puede dar, viven con grandes limitaciones y circunstancias adversas porque sencillamente se alejaron de Dios. El pecado, aunque produce un placer temporal,  solo nos traerá males y en la eternidad el infierno y por eso Salomón lo considero algo vano: “Dije yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes. Mas he aquí esto también era vanidad”, (Eclesiastés 2:1), y Pablo las llama obras infructuosas: “Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas”, (Efesios 5:11).

II.            LA PERSPECTIVA DE DIOS HACIA NOSOTROS.


“Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente“.

            A pesar que en ese momento Gedeón se encontraba en una situación precaria y a los ojos de los hombres y posiblemente para el mismo, no era nada, para Dios valía mucho. Él lo llama: varón esforzado y valiente, a pesar de que en ese momento huía de escondite en escondite, pero si algo tiene Dios es que ve la obra que Él puede hacer en nosotros independientemente de lo arruinado que nos encontremos.

 III.            DOS ACTITUDES ERRÓNEAS ANTE LAS DIFICULTADES.



Ante las dificultades las personas tendemos a tomar la actitud equivocada, y en este pasaje Gedeón nos muestra dos de ellas.

1.      Culpar a Dios por las circunstancias.


“Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los madianitas”.

            Gedeón fue arrogante al responderle al ángel de Jehová al insinuar que Dios tenía la culpa de la situación que estaba pasado, cuando realmente la principal razón por la cual se encontraban mal era porque ellos se habían alejado del Señor. Muchas personas hoy en día pueden quejarse de las circunstancias trágicas que nos envuelven, pero la verdad es que la razón de tanto sufrimiento e injusticias tiene que ver con la maldad del hombre, y al alejarnos del Señor quedamos expuesto a los cardos de este mundo.

2.      No creerle a Dios y mirar más nuestras limitantes.


“Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a
Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo?  Entonces le respondió: Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre”.

            Después de escuchar el reproche de Gedeón Dios le anima a ir y liberarse por sus propios medios prometiéndole que salvaría al pueblo, sin embargo, Gedeón no creyó, ya que vio más sus limitaciones y lo imponente del ejército madianita que intimidaba a muchos: “Y los madianitas, los amalecitas y los hijos del oriente estaban tendidos en el valle como langostas en multitud, y sus camellos eran innumerables como la arena que está a la ribera del mar en multitud”, (Jueces 7:12). Muchas personas viven como Gedeón, lamentándose de su condición, intimidados por las circunstancias adversas no creen que Dios pueda darles la victoria.

  IV.            LA ÚNICA GARANTÍA DE NUESTRA VICTORIA.


“Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre”.

Dios le da a Gedeón el secreto del éxito ante cualquier situación: la continua presencia del Espíritu Santo en la vida. El secreto del éxito de Gedeón no radico en su astucia militar, ni en sus armas o la cantidad de hombres que lo apoyaban, estaba en el respaldo divino: Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo. Si queremos ser exitosos a lo largo de toda nuestra vida necesitamos estar en comunión con Dios; pero si vivimos lejos de Él y llevamos una vida de pecado, podemos estar seguros que solo nos espera el fracaso.

            CONCLUSIÓN


            El pecado solo nos ofrece una vida de pecado, pero cuando tenemos una verdadera comunión con Dios las cosas son diferentes. La paga del pecado es muerte, jamás lograremos salvarnos si vivimos lejos del Señor y sus gloriosas promesas.




El fundamento equivocado (Malaquías 1:4)


“Cuando Edom dijere: Nos hemos empobrecido, pero volveremos a edificar lo arruinado; así ha dicho Jehová de los ejércitos: Ellos edificarán, y yo destruiré; y les llamarán territorio de impiedad, y pueblo contra el cual Jehová está indignado para siempre.”.
Malaquías 1:4

INTRODUCCIÓN

            Cuando hablamos de fundamento nos referimos a aquellos principios, fortalezas, destrezas  y cosas materiales en las cuales ponemos nuestra confianza para asegurar nuestra felicidad y seguridad en la vida. Como seres humanos todos deseamos lo mejor para nosotros mismos y luchamos por edificar una vida que nos sea satisfactoria y de éxito. Generalmente las cosas como el dinero, el poder, la influencia y nuestras fortalezas son el fundamento de ello, pero la realidad es que todo esto sin Cristo es vano. Hoy veremos una nación que desde su antepasado fundamento su vida en cosas vanas que no aseguraron su destino.

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                               I.            EL FUNDAMENTO EQUIVOCADO.


El padre de esta nación fue Esaú y desde el principio su vida estuvo fundamentada en cosas efímeras y falsas que no aseguraron su futuro, y su descendencia siguió su mismo ejemplo. Veamos sus errores y los de su descendencia.

1.      No valorar las promesas divinas.


“Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado, dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom. Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura. Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura. Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura”.
Génesis 25:29-34

            Si hubo algo que caracterizo a esta nación y al mismo Esaú fue su falta de capacidad para no valorar las cosas espirituales. Fue Esaú quien menosprecio su primogenitura y por ende las promesas de Dios hacia el descendiente de Abraham, por un plato de lentejas. Así muchas personas hoy en día menosprecian las promesas de Dios por las cosas de este mundo sin darse cuenta del terrible error que cometen. Piensan que la verdadera felicidad se encuentra en los placeres temporales de este mundo rechazando así la vida plena que el Señor puede darles lejos del pecado. Su terrible error es amar más las cosas de este mundo que a Dios mismo.

     2.      Confiar en las cosas de este mundo.


“Visión de Abdías. Jehová el Señor ha dicho así en cuanto a Edom: Hemos oído el pregón de Jehová, y mensajero ha sido enviado a las naciones. Levantaos, y levantémonos contra este pueblo en batalla. He aquí, pequeño te he hecho entre las naciones; estás abatido en gran manera. La soberbia de tu corazón te ha engañado, tú que moras en las hendiduras de las peñas, en tu altísima morada; que dices en tu corazón: ¿Quién me derribará a tierra?”
Abdías 1-3

Otro de los errores terribles de esta nación fue confiar en su propia fortaleza y creer que no necesitaba nada más para vencer en este mundo. Edom se consideraba inconquistable debido a que estaba ubicado entre grandes peñascos de piedra que hacían que la ciudad se viera inconquistable, pero se equivocó ya que finalmente fue destruida y sus habitantes esparcidos por todo el mundo hasta desaparecer. Muchas personas hoy en día están fundamentando su vida en falsas confianzas. Algunos confían en sus propias fuerzas o habilidades, tal vez en sus riquezas o personas, pero se equivocan al no poner su confianza primeramente en Dios.

                            II.            EL FINAL DE LOS QUE NO PONEN SU CONFIANZA EN DIOS.


“Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia. Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores; pues que a su amado dará Dios el sueño”.
Salmo 127:1-2

La Biblia es clara al enseñarnos que si Dios no está incluido en nuestras vidas, todo proyecto y hasta nuestra propia existencia carece de significado y están destinados al fracasa. Esaú fue todo esto y muchos más, no supo valorar las promesas divinas, amando más al mundo puso su confianza en las cosas terrenales, y su descendencia, Edom, lo imito en esto siendo su final trágico:

“No sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura. Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas”.
Hebreos 12:16-17

                         III.            EL FUNDAMENTO MÁS SEGURO: CONFIAR EN EL SEÑOR.


“Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto”.
Jeremías 17:7-8

            Definitivamente, la confianza en el Señor es nuestra única garantía en este mundo. Cuando esto es así, aunque atravesemos por problemas y dificultades jamás pereceremos. Cuando los árboles se plantan a la orilla de los ríos sus hojas siempre están verdes ya que sus raíces se extienden hacia las profundidades humedecidas por el agua. Aun en tiempos de gran calor su color verde se mantiene y su fruto no falta. No es así con los árboles que se encuentran lejos de los ríos ya que en tiempos de sequías su hoja cae y se marchitan. Aun en medio de los peores tiempos de angustia, el Señor promete bendecir y fortalecer la vida de sus hijos porque han puesto su confianza en Él; mas no será así con los impíos.

            CONCLUSIÓN.


1.      Cuando nuestra confianza está puesta en nuestras fortalezas o habilidades estamos destinado a fracasar.

2.      Si nuestra confianza esta puesta en Dios, aun en las peores situaciones nuestra vida será de éxito.