sábado, 18 de julio de 2015

La suprema meta de Pablo: Ganar muchos para Cristo (1 Corintios 9:19-23)

“Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número. Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley. Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos. Y esto hago por causa del evangelio, para hacerme copartícipe de él”.
1 Corintios 9:19-23

INTRODUCCIÓN


                A continuación el apóstol nos brindara una importante lección de cómo usar nuestra libertad en Cristo sin dañar la conciencia de los débiles a través de su ejemplo personal. No olvidemos que lo que desencadeno todo este discurso fue la pregunta que los corintios le hicieron a través de una carta referente a comer de lo sacrificado a los ídolos ya que algunos creyentes que habían adquirido cierto conocimiento en cuanto a que un ídolo no era nada y comían de esta carne, pero al mismo tiempo estaban dañando la conciencia de los débiles hasta el punto de hacerlos tropezar de la fe. Pablo concluirá con su ejemplo personal de cómo el cristiano tiene que manejar su libertad con el fin de contribuir a la salvación de las almas y la edificación de la iglesia.


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La suprema meta de Pablo: Ganar muchos para Cristo

SIENDO LIBRE SOY ESCLAVO DE TODOS


“Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número…”
1 Corintios 9:19

             En este versículo Pablo retoma el tema de la libertad que inicio al principio del capítulo. En los tiempos de Pablo existían dos clases sociales bien diferenciadas, los esclavos y los libres. Pablo por ser un ciudadano romano era un hombre libre y no estaba sujeto a ningún tipo de servidumbre, y en estos tiempos era inconcebible ver a un hombre libre trabajando con sus propias manos ya que esta tarea era exclusiva de los esclavos. Sin embargo, por amor a la iglesia y por no poner ningún obstáculo a su predicación, el apóstol había decidido renuncia a su derecho de recibir una compensación económica por su servicio y trabajar para auto sostenerse. En lugar de comportarse como un hombre libre había decido convertirse en un servidor de la iglesia: Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos. Con esta actitud el apóstol estaba cumpliendo con las palabras de Jesús a sus discípulos de convertirse en el servidor de los demás: “Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”, (Mateo 20:25-28). Con convertirse en el servidor de los demás Pablo sabía que podía ganar más fácil la confianza de la gente y así anunciarles con mayor efectividad el mensaje del evangelio. Todo esto era parte de su estrategia para ganar a mayor numero personas para Cristo: para ganar a mayor número.

A LOS JUDÍOS COMO JUDÍO


“Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley…”
1 Corintios 9:20

        A continuación el apóstol vuelve a hacer una aplicación de como renuncia a su libertad de la ley por el conocimiento de la gracia que había recibido y se sujeta a ella con tal de ganar a los judíos para Cristo. Por nacimiento Pablo era un verdadero judío y como tal en el pasado estuvo sujeto a la ley, pero al conocer la gracia de Cristo su perspectiva cambio y se convirtió en un gran defensor de la salvación por gracia sin las obras de la ley: “Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado”, (Gálatas 2:16). Sin embargo, en ocasiones Pablo estaba dispuesto a cumplir con los requerimientos de la ley con tal de ganar la confianza de los judíos y testificarles el mensaje del evangelio. Cuando aquí se habla de ley, nomos (νόμος) en griego, se refiere específicamente a la ley ceremonial y civil que los judíos practicaban, tal y como la ley sabática, el lavado de manos, los ritos de purificación como el de nazareo, la observancia a las leyes dietéticas como no comer cerdo o el no entrar en casa de gentiles. Pablo sabía que tales cosas ya no eran necesarias obedecerlas desde el momento que se viene a Cristo, pero tampoco condenaban a alguien realizarlas, por lo que en ocasiones estuvo dispuesto a hacerse a los judíos como un judío para ganarlos para Cristo: Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley. Podemos verlo en la Biblia cuando por estrategia permitió que Timoteo, el cual tenía sangre judía por parte de su madre,  fuera circuncidado y así alejar las murmuraciones de los judíos: “Quiso Pablo que éste fuese con él; y tomándole, le circuncidó por causa de los judíos que había en aquellos lugares; porque todos sabían que su padre era griego”, (Hechos 16:3). También realizo un voto de nazareo en Corinto para expresar su agradecimiento a Dios: “Mas Pablo, habiéndose detenido aún muchos días allí, después se despidió de los hermanos y navegó a Siria, y con él Priscila y Aquila, habiéndose rapado la cabeza en Cencrea, porque tenía hecho voto”, (Hechos 18:18). Además acepto el consejo de Santiago y los ancianos de la iglesia de Jerusalén de participar en una ceremonia de purificación y pagarles el rito a 4 varones para no escandalizar a los judíos por su visita: “Haz, pues, esto que te decimos: Hay entre nosotros cuatro hombres que tienen obligación de cumplir voto. Tómalos contigo, purifícate con ellos, y paga sus gastos para que se rasuren la cabeza; y todos comprenderán que no hay nada de lo que se les informó acerca de ti, sino que tú también andas ordenadamente, guardando la ley”, (Hechos 21:23-24). Todo esto lo hacía Pablo para ganar la confianza de los judíos y poderles testificar del amor de Cristo y así ganar sus almas para Dios: para ganar a los que están sujetos a la ley. No obstante, muchas veces no logro su objetivo ya que generalmente era rechazado por los de su propia nación.

A LOS GENTILES COMO GENTIL


“…a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley…”
1 Corintios 9:21

              Ahora el apóstol nos brinda un tercer ejemplo de cómo hace uso de su libertad y el conocimiento pleno de las Escrituras que tenía para acercarse a los que están sin ley: a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley. La palabra griega anomos (ανόμος) se traduce aquí como sin ley y se refiere específicamente a los gentiles. El ministerio de Pablo se enfocó principalmente en los gentiles a tal punto que se ganó el título de apóstol de los gentiles: “Porque a vosotros hablo, gentiles. Por cuanto yo soy apóstol a los gentiles, honro mi ministerio”. (Romanos 11:13). Cuando dice que se comporta delante de ellos como si estuviera sin ley: como si yo estuviera sin ley, se refiere específicamente al cumplimiento de la ley ceremonial y civil, y no a la moral. Los judío solían apegarse al cumplimiento riguroso de una serie de rituales de purificación y días festivos pero el apóstol había comprendido que en la gracia de Cristo esto ya no era necesario por lo que no les exigía su cumplimiento. Una de las cosas que se vio en el concilio de Jerusalén fue lo difícil que iba ser ponerles a los gentiles convertidos al cristianismo estas imposiciones, algo que ni siquiera los mismos judíos habían podido cumplir, y por tal motivo llegaron a la conclusión de no hacerlo: “Y cuando ellos callaron, Jacobo respondió diciendo: Varones hermanos, oídme. Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre. Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar, Para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre, dice el Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos. Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios,  sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre”, (Hechos 15:13-20). Sin embargo, muchas veces se ignoraron estas recomendaciones a tal punto que se les imponían a los gentiles convertidos la observancia de la ley algo que Pablo constantemente combatió: “¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado? Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?... Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá”, (Gálatas 3:1-2, 11). En algunas ocasiones tuvo que contender contra la actitud de los judíos cristianos que querían judaizar a los gentiles, tal y como lo hizo con Tito: “Mas ni aun Tito, que estaba conmigo, con todo y ser griego, fue obligado a circuncidarse; y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas, que entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud, a los cuales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros”, (Gálatas 2:3-5). También reprendió a Pedro por su actitud hipócrita ante los gentiles, ya que cuando estaba a solas con ellos comía con los judíos, pero cuando llegaban los cristianos judíos se alejaba de ellos: “Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos. Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?”, (Gálatas 2:11-14). Por tanto, Pablo nunca obligo a los gentiles a sujetarse a estas leyes ceremoniales y civiles enseñándoles que en la gracia de Cristo esto no es necesario para agradar a Dios, más que solo la fe. Ahora  bien, esto no significa que el apóstol no estuviese sujeto a ninguna ley, si lo estaba: no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo. La ley a la que se refiere es la moral y como cristianos estamos obligados a vivir en santidad obedeciendo los mandamientos y ordenanzas que lo regulan. Al final todo esto lo hacía para ganar a Cristo a los gentiles: para ganar a los que están sin ley.

SIENDO FUERTE ME HE HECHO DÉBIL


“Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles…”
1 Corintios 9:22

            Ahora Pablo retoma el tema de los cristianos de débil conciencia. No olvidemos lo que desencadeno toda esta discusión. En Corinto existía un problema que se estaba originando entre la iglesia del Señor ya que algunos que habían alcanzado cierto nivel de conocimiento entendían que los ídolos no eran nada y por tanto, el comer de lo sacrificado a ellos no los contamina; el problema era que no en todos estaba este conocimiento y cuando uno de estos los observaba comer de lo sacrificado a los ídolos su débil conciencia se perturbaba y en ocasiones los hacían tropezar de la fe lo cual ya era muy grave. Obviamente el apóstol estaba entre el grupo de los fuertes, pero hacia discreción de su conocimiento evitando comer de lo sacrificado de los ídolos para no trastornar la conciencia de los débiles y de allí que dice: Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles. En su carta a los Romanos insiste a los cristianos fuertes el tener consideración de sus hermanos débiles: “Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones. Porque uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, come legumbres. El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido. ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme. Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios. Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí”, (Romanos 14:1-7). Aquí Pablo se extiende un poquito más en su temática referente a los fuertes y débiles y les exhorta a estos primeros a recibir a los débiles con mucho cuidado evitando entrar en discusión por la práctica de algunas cosas que no son determinantes para la salvación del alma. Muy probable que se dirige a aquellos que se habían desligado por completo de la ley ceremonial que los judaizantes enseñaban. El punto radica en no entrar en discusión por cuestiones de dietas u observancia de días especiales, al final cada quien debe estar plenamente convencido en su propia mente que lo que hace o no hace es para el Señor y Él será quien habrá de juzgar cada una de nuestras obras. Al final, el fuerte en la fe tiene mayor responsabilidad que el débil ya que por el conocimiento que ha alcanzado se espera que sepa edificar en el amor de Cristo a sus hermanos: “Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos”, (Romanos 15:1).

LA META FINAL RADICA EN SALVAR ALMAS


“…. a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos. Y esto hago por causa del evangelio, para hacerme copartícipe de él”.
1 Corintios 9:22-23

              Pablo nos comparte la forma de como su pleno conocimiento en las Escrituras y el amor lo llevaba a manejar su libertad para alcanzar a los perdidos: a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos. Con esto el apóstol no está diciendo que toleraba prácticas mundanas o pecaminosas, sino cuestiones de opiniones que al final no arrastran al infierno. Esto tampoco significa que su actitud podía considerarse hipócrita ya que su único fin era compartir el mensaje del evangelio y si algunas cuestiones teológicas podían estremecer la conciencia de las personas recién convertidas o de aquellos que aún no habían alcanzado este nivel, se mantenía a raya con tal de no poner una barrera entre ellos y Cristo. Al final su lema era: Y esto hago por causa del evangelio, para hacerme copartícipe de él.





El Significado del Ministerio para Pablo (1 Corintios 9:15-18)


“Pero yo de nada de esto me he aprovechado, ni tampoco he escrito esto para que se haga así conmigo; porque prefiero morir, antes que nadie desvanezca esta mi gloria. Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio! Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada. ¿Cuál, pues, es mi galardón? Que predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el evangelio”.
1 Corintios 9:15-18

INTRODUCCIÓN

               Continuando con su temática el apóstol nos llevara más allá para que comprendamos la razón por la cual se había negado a disfrutar de los derechos que tenía como apóstol. En Corinto existía un grupo que negaba el apostolado de Pablo y aseguraban que la razón por la cual no cobraba era porque no tenía un genuino ministerio. Por ello Pablo después de haberles dejado claro sus derechos como apóstol y que como hombre libre estaba en plena disposición para renunciar a ellos nos explica el motivo para ello mostrándonos lo que el ministerio significaba para él.

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El Significado  del Ministerio para Pablo

EL MINISTERIO ES UN PRIVILEGIO


“Pero yo de nada de esto me he aprovechado, ni tampoco he escrito esto para que se haga así conmigo; porque prefiero morir, antes que nadie desvanezca esta mi gloria”.
1 Corintios 9:15

                Después de haber dejado claro que también él era merecedor de los derechos de un apóstol, les recalca a los corintios que su decisión final era no demandarlos ya que no quería provocarles una carga mayor; pero al mismo tiempo su deseo no era que después de esta carta se sintieran en la obligación de ayudarle económicamente: Pero yo de nada de esto me he aprovechado, ni tampoco he escrito esto para que se haga así conmigo.  Esto era así porque para Pablo el ministerio que Jesús le había otorgado era todo un privilegio y estaba dispuesto a realizarlo sin la necesidad de cobrar un centavo por ello. Definitivamente sus adversarios en Corinto habían desacreditado su ministerio y al no poderlo acusar que predicaba por dinero lo acusaron de ser un falso apóstol ya que ni siquiera tenía el valor de cobrar por sus servicios. Pero la verdad es que Pablo amaba tanto su servicio a Dios, que decidió mantenerse así mismo trabajando con sus propias manos, y llevar a cabo la gloriosa tarea de anunciar el evangelio. Por ello, prefería morir antes que esta su gloria humana se desvaneciera: porque prefiero morir, antes que nadie desvanezca esta mi gloria. Para todos nosotros el ministerio que Dios nos ha otorgado debe ser un gran privilegio y no una carga o algo que debamos hacer a cambio de un beneficio extra y por ello el apóstol dice que prefería morir antes que alguien le quitase su glorioso privilegio.

EL MINISTERIO ES UNA COMISIÓN RECIBIDA DE CRISTO


“Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio! Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada”
1 Corintios 9:16-17

                 A parte de ser un privilegio, el ministerio para Pablo era también una comisión. Si bien es cierto que se gozaba en su tarea de anunciar el evangelio por otro lado era un deber que tenía que realizar: Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad. Cuando Jesús se le apareció en el camino a Damasco lo comisionó para que predicara su palabra a los gentiles: “Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados”, (Hechos 26:16-18). La palabra comisión significa orden y capacidad que una persona da por escrito a otra para que ejecute algún encargo o participe en alguna actividad y por ello Pablo decía: porque me es impuesta necesidad. Él sabía que el encargo de esta tarea la había recibido del mismo Señor y que no podía evitarla y por eso dice: ¡ay de mí si no anunciare el evangelio! Como Pablo, muchos siervos de Dios sintieron esta necesidad de anunciar su palabra y no pudieron renunciar a ello. Amós hablaba de lo imposible que era para un profeta callar cuando Dios hablaba: “Si el león ruge, ¿quién no temerá? Si habla Jehová el Señor, ¿quién no profetizará?”, (Amós 3:8), Jeremías no pudo dejar de anunciar la palabra de Dios aun cuando tenía problemas por hacerlo: “Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude”, (Jeremías 20:9) y los apóstoles decidieron obedecer el llamamiento de Dios a predicar el evangelio a cerrar sus bocas por miedo a las amenazas de los judíos: “Llamándolos, les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús. Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído”, (Hechos 4:18-20). Por ello Pablo había obedecido y cumplido diligentemente con su comisión “Y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo”, (Hechos 20:20-21). Para el apóstol su ministerio era un verdadero privilegio que cumplía sin esperar una paga, pero por el otra lado estaba consiente que este era una comisión que había recibido y estaba obligado a hacerlo: Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada.

EL MINISTERIO CONSISTE EN PREDICAR EL EVANGELIO


“¿Cuál, pues, es mi galardón? Que predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el evangelio”.
1 Corintios 9:18


             El versículo 18 parece ser el cierre que el apóstol usa para concluir con la discusión que trae respecto a su decisión de no cobrar por su servicio. Su recompensa al no cobrar era la de presentar el mensaje del evangelio a las personas: ¿Cuál, pues, es mi galardón? Que predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el evangelio. Debido a ello Pablo había comprendido que la tarea principal de su ministerio era predicar la palabra de Dios. El ministerio siempre ha girado alrededor de presentar el mensaje del evangelio. Así lo habían comprendido los apóstoles durante los primeros días de la iglesia al  entregarse de completo a la predicación y oración: “Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra”, (Hechos 6:4). De igual forma el apóstol Pablo se dedicó con toda su alma a esta tarea: “Y cuando Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo estaba entregado por entero a la predicación de la palabra, testificando a los judíos que Jesús era el Cristo”, (Hechos 18:5). En una de sus cartas Pablo exhorta a Timoteo a que anuncie el evangelio de Dios: “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina”, (2 Timoteo 4:1-2). Y a Tito le encarga que busque hombres idóneo para esta tarea: “Retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen”, (Tito 1:9). Por tanto, el ministerio se enfoca principalmente en la enseñanza y predicación de la palabra de Dios y Pablo había comprendido esto a la perfección.


Esperanza para el angustiado (Salmo 130:1-6)


“De lo profundo, oh Jehová, a ti clamo.  Señor, oye mi voz; estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica.  JAH, si mirares a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado. Esperé yo a Jehová, esperó mi alma; en su palabra he esperado.  Mi alma espera a Jehová más que los centinelas a la mañana, más que los vigilantes a la mañana”.
Salmo 130:1-6

INTRODUCCIÓN


            Desde su nacimiento el ser humano es un ser expuesto a muchas adversidades que pueden llegar a angustiar su alma. Aunque el hombre busca su seguridad y felicidad en las cosas de este mundo como el dinero, la fama, el poder o los deleites, nada de esto lo librara de pagar las consecuencias de su pecado no lo apartara de la maldad e injusticias de este mundo. Sin embargo, el salmista nos enseña que aun así, todavía existe esperanza para el ser humano.

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Esperanza para el angustiado

                               I.            TODOS LOS SERES HUMANOS ESTAMOS EXPUESTOS AL SUFRIMIENTO.


“El hombre nacido de mujer,  corto de días, y hastiado de sinsabores, sale como una flor y es cortado, y huye como la sombra y no permanece”.
Job 14:1-2

            Cuando Dios creo al hombre lo hizo perfecto, sin debilidades y nada que lo aquejase; sin embargo, por causa del pecado todo eso cambio y hoy está expuesto a sufrir de muchas maneras. Por eso Job habla de cómo éste está expuesto a un sinfín de sinsabores y es un ser completamente efímero.  Desde desilusiones, fracasos, injusticias o enfermedades el ser humano está expuesto a sufrir, pero el salmista nos da la receta para buscar el consuelo para nuestra alma angustiada.

                            II.            LA RECETA DEL SALMISTA PARA ESCAPAR DEL SUFRIMIENTO.


1.      Acudir únicamente a Dios en oración.


“De lo profundo, oh Jehová, a ti clamo…”

            Lo primero que el ser humano tiene que hacer es acudir a Dios en medio de sus angustias. Generalmente los hombres tendemos a tratar de resolver las cosas por nuestros propios medios, pero el Señor desea que nuestra confianza este plenamente en Él. La expresión del salmista denota una pasión que sale de lo más íntimo de su corazón. Así todas nuestras peticiones tienen que salir de lo profundo de nuestro corazón con toda sinceridad y humildad.

2.      Tener la certeza que Dios nos escucha.


“Señor, oye mi voz; estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica…”

            Para poder recibir de parte de Dios la respuesta a nuestras necesidades también necesitamos estar plenamente seguros que el escucha nuestro ruego.  El salmista podía estar seguro que los oídos del Señor estaban atentos a sus suplicas y en la Biblia se nos aseverara que Dios oye a su pueblo.
“Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho”.
1 Juan 5:14-15

3.      Reconocer nuestra maldad y solicitar el perdón de nuestros pecados.


“JAH, si mirares a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado…”

En tercer lugar, si queremos recibir la paz y bendiciones de Dios en medio de este mundo de angustias debemos reconocer nuestra maldad y pedirle perdón por nuestros pecados ya que de lo contrario nuestra alma jamás alcanzara la paz que solo Cristo sabe dar.

“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.  Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.
1 Juan 1:8-9

4.      Saber esperar en Dios.


“Esperé yo a Jehová, esperó mi alma; en su palabra he esperado.  Mi alma espera a Jehová más que los centinelas a la mañana, más que los vigilantes a la mañana”.

            Una de las cosas que debemos saber hacer es esperar en Dios. Muchas veces lo difícil de las pruebas y el tiempo de espera puede provocar que nos apresuramos y los hechos y cometamos más errores.  El no ver de inmediato la respuesta de Dios generalmente desespera a muchos y deciden alejarse de sus promesas. Pero el salmista nos exhorta a confiar enteramente en Él. Así como los centinelas que guardan las puertas de una ciudad esperan ansiosamente los primeros rayos de la mañana, así nuestra alma debe esperar pacientemente hasta ver el rayo de justicia que ilumine nuestra vida.

            CONCLUSIÓN


            El ser humano está expuesto a pasar por muchas dificultades que pueden provocarle grandes angustias, pero la Biblia nos enseña que aun en medio de las más terribles pruebas el hombre puede tener un rayo de esperanza si decide confiar en Dios entregando toda su vida a Él.





¿En cuál resurrección participarás? (Daniel 12:2)


“Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”.
Daniel 12:2

INTRODUCCIÓN

            Una doctrina irrefutable en la Biblia es la resurrección de nuestros cuerpos en el futuro. Muchas religiones no creen en ella, sin embargo, todos sin excepción moriremos y un día nuestro cuerpo resucitara de entre los muertos, la diferencia será la razón por la cual vamos a resucitar. O resucitamos para vida eterna, o resucitamos para condenación. El profeta Daniel nos da vislumbre de lo que esto será.

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La resurrección de los muertos

                               I.            LA PROFECÍA MÁS ANTIGUA DE LA RESURRECCIÓN.


“Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”.

            Antes de cerrar su libro el profeta Daniel nos da una profecía que miraba al futuro: la resurrección de los muertos. Aquí se utiliza la palabra dormir para hacer referencia a la muerte y nos especifica que los muertos serán resucitados, unos para vida eterna, y otros para condenación.  Al leerlo pareciera que ambas resurrecciones, de buenos y malos, será al mismo tiempo, pero no es así.

                            II.            CRISTO TAMBIÉN HABLO DE DOS RESURRECCIONES.


“No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; más los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación”.
Juan 5:28-29

            Pareciera que Jesús utiliza el texto de Daniel para basar sus palabras ya que son en muchos detalles similares. Se nos dice que llegara el momento cuando los muertos oirán su voz desde su sepulcro y su destino girara alrededor de dos opciones: los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; más los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.  Tanto este pasaje como el de Daniel nos hablan de dos tipos de resurrecciones, una de justos y otra para los impíos, pero no especifican el momento en el que ocurrirán. Pareciera por los textos que ambas ocurren al mismo tiempo, pero no es así. Veamos por separado cada una de ellas.

                         III.            LA RESURRECCIÓN DE LOS JUSTOS.


“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados  juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras”.
1 Tesalonicenses 4:16-18

            En este pasaje el apóstol Pablo nos enseña que la primera resurrección será la de los justos y ocurrirá el día del arrebatamiento de la iglesia. Para esta época los tesalonicenses estaban esperando con ansias la venida del Señor pero muchos de ellos habían muerto por causa de la persecución y es ahí donde Pablo los alientan a no sentirse triste por sus compañeros muertos como el mundo lo hace: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él”, (1 Tesalonicenses 4:13-14). Así como Cristo resucito de entre los muertos, los cristianos también lo haremos y dice que ocurrirá el día del rapto: Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados  juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Estas palabras escritas por el apóstol representan la gran esperanza de la iglesia al saber que un día ocurrirá este glorioso evento: Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras. En 1 Corintios el apóstol nos explica que al momento de la resurrección nuestro cuerpo corruptible y mortal será transformado completamente.

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?”.
1 Corintios 15:51-55

                          IV.            LA RESURRECCIÓN DE LOS MALOS.


“Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años”.
Apocalipsis 20:4-6

            En este pasaje de Apocalipsis nos dice cuál será la otra resurrección: la de los malos. En su visión Juan vio tronos y sentados sobre ellos los que habían sido facultados para juzgar a los pecadores en el día del juicio final. Obviamente estos que se sentaron son la iglesia del Señor la cual fue arrebatada antes de la gran tribulación por el Señor: “¿Osa alguno de vosotros, cuando tiene algo contra otro, ir a juicio delante de los injustos, y no delante de los santos? ¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas?”, (1 Corintios 6:1-2). También entre ellos se encuentras los salvos de la gran tribulación que pagaron con su vida el mantenerse en la fe. Luego después de ellos menciona a otros muertos los cuales no volvieron a vivir hasta el final del milenio y estos son los que resucitaran para el día del juicio del gran trono blanco:

“Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego”.
Apocalipsis 20:11-13

            Este juicio tendrá lugar después del milenio, la tierra será destruida y los santos vivirán en la Nueva Jerusalén, pero los muertos en pecado resucitaran, el Hades o Infierno entregara sus cuerpos para ser juzgados y arrojados al lago de fuego y azufre donde seguirán siendo atormentados por la eternidad. Por eso la Escritura declara: Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años. Actualmente los impíos descienden al Hades o Infierno donde sus almas son atormentadas por sus pecados, pero un día saldrán de ahí para recibir el castigo final.

            CONCLUSIÓN.


Comprendiendo esto podemos preguntarnos: ¿en cuál resurrección participaremos?  Todos demos escapar de la condenación eterna, es importante que comprendamos que nuestros pecados nos arrastraran al infierno y en la eternidad solo nos esperara la segunda muerta donde después de resucitar nuestro cuerpos serán lanzados al lago de fuego. La única manera de escapar es arrepintiéndonos de nuestros pecados y haciendo a Cristo el Señor y Salvador de nuestras vidas.





La Paga del Pecado (2 Crónicas 21:19)


“Y aconteció que al pasar muchos días, al fin, al cabo de dos años, los intestinos se le salieron por la enfermedad, muriendo así de enfermedad muy penosa. Y no encendieron fuego en su honor, como lo habían hecho con sus padres”.
2 Crónicas 21:19

INTRODUCCIÓN


            Su nombre era River Phoenix, un hombre que desde temprana edad se entregó a una vida de incesto y drogas, su vida estuvo llena de altibajos y libertinaje. Esta vida de pecado lo llevo a la muerte cuando el 31 de Octubre del 1993 fallece a causa de una sobredosis la cual, según estudios forenses, contenía importantes cantidades de cocaína y heroína; también se le hallaron restos de marihuana y Valium. Esta historia nos muestra el triste fin que tienen aquellos que se dedican a una vida abierta de pecado olvidando que su fin es la muerte. La vida de Joram rey de Judá nos brinda un buen ejemplo de como una vida de maldad puede destruirnos mostrándonos la paga del pecado.

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La paga del pecado

                               I.            LA VIDA DE REBELIÓN DE JORAM.


“Fue elevado, pues, Joram al reino de su padre; y luego que se hizo fuerte, mató a espada a todos sus hermanos, y también a algunos de los príncipes de Israel… Y anduvo en el camino de los reyes de Israel, como lo hizo la casa de Acab; porque tenía por mujer a la hija de Acab, e hizo lo malo ante los ojos de Jehová”.
2 Crónicas 21:4,6

            Joram fue hijo de Josafat un rey piadoso y temeroso de Dios en Judá, sin embargo, no siguió el ejemplo de su padre sino que se desvió del buen camino matando primeramente a sus hermanos y algunos príncipes, andando en los pecados de los reyes de Israel (posiblemente idolatría y adivinación) y casándose con la hija de Acab y la pagana Jezabel. Muchas personas son como Joram los cuales seducidos por los placeres de este mundo se entregan a toda clase de inmundicia convirtiéndose sus pecados en grandes ídolos que los separan de Dios. El problema con esto es que ignoran que la paga del pecado es la muerte tal y como lo podemos ver en la vida de Joram.

                            II.            LA PAGA DEL PECADO DE JORAM.


“Y aconteció que al pasar muchos días, al fin, al cabo de dos años, los intestinos se le salieron por la enfermedad, muriendo así de enfermedad muy penosa. Y no encendieron fuego en su honor, como lo habían hecho con sus padres”.
2 Crónicas 21:19

            Como consecuencia de su pecado Dios le advirtió de todos los males que le vendrían y así fue.  Comenzó perdiendo territorios que sus padres habían conquistado en el pasado: “No obstante, Edom se libertó del dominio de Judá, hasta hoy. También en el mismo tiempo Libna se libertó de su dominio, por cuanto él había dejado a Jehová el Dios de sus padres”, (2 Crónicas 21:10). También vino el mal sobre su pueblo y familia: “he aquí Jehová herirá a tu pueblo de una gran plaga, y a tus hijos y a tus mujeres, y a todo cuanto tienes”, (2 Crónicas 21:14). Pero sobre todo le vino una enfermedad terrible que le duro dos años y le provocó la muerte: Y aconteció que al pasar muchos días, al fin, al cabo de dos años, los intestinos se le salieron por la enfermedad, muriendo así de enfermedad muy penosa. Aparte de eso su memoria no fue honrada como la de los demás reyes: Y no encendieron fuego en su honor, como lo habían hecho con sus padres. Este triste fin nos muestra lo que les pasara a todos aquellos que decidan perseverar en el pecado ya que la Biblia es clara al advertirnos de las consecuencias del pecado.

                         III.            UNA ADVERTENCIA PARA NUESTRA VIDA.


 “El camino de los impíos es como la oscuridad; no saben en qué tropiezan”.
Proverbios 4:19
Las Escrituras nos declaran cuales son las consecuencias de practicar el pecado y compara la vida de los impíos como una oscuridad que nos les permite visualizar los obstáculos donde tropezaran. Así muchas personas están ciegas por causa del pecado no percibiendo que el camino que llevan los conducen a la condenación eterna: “El alma que pecare, esa morirá…” (Ezequiel 18:20). El profeta Ezequiel nos brinda una contundente advertencia en cuanto a las consecuencias del pecado y en el Nuevo Testamento se nos recalca la misma idea: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”, (Romanos 3:23). Por tanto, el pecado nos lleva a estar destituidos de la gloria de Dios y nos arrastra al infierno donde nuestra alma será atormentada: “Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno”, (Lucas 16:23).

Por todo esto el hombre debe estar consiente que la paga del pecado es fracaso, destrucción y muerte eterna, pero dios desea que todos nos alejemos de ese camino y nos arrepintamos de nuestros pecados para heredar la vida eterna por medio de su hijo Jesús.

“Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”.
Romanos 6:23

            CONCLUSIÓN.


            En conclusión, todos debemos estar conscientes que la paga del pecado es la destrucción de nuestra vida y en la eternidad la condenación en el infierno, sin embargo, por medio de Jesucristo hoy podemos escapar de ese terrible fin arrepintiéndonos de nuestros pecados y haciéndolo el Señor de nuestras vidas.

jueves, 2 de julio de 2015

Los derechos de un Apóstol (1 Corintios 9:1-14)


“¿No soy apóstol? ¿No soy libre? ¿No he visto a Jesús el Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor? Si para otros no soy apóstol, para vosotros ciertamente lo soy; porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor. Contra los que me acusan, esta es mi defensa: ¿Acaso no tenemos derecho de comer y beber? ¿No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas? ¿O sólo yo y Bernabé no tenemos derecho de no trabajar? ¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta viña y no come de su fruto? ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño? ¿Digo esto sólo como hombre? ¿No dice esto también la ley? Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, o lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto. Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material? Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros? Pero no hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo. ¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio”.
1 Corintios 9:1-14

INTRODUCCIÓN


               Llegamos al capítulo 9 de 1 Corintios el cual parece ser un paréntesis en el pensamiento central que el apóstol viene desarrollando desde el capítulo anterior y que se retoma nuevamente en el 10, comer de lo sacrificado a los ídolos. No obstante, esto no es así. Pablo da continuación aquí al tema de la libertad en Cristo que menciono en el capítulo 8 y le muestra a los corintios que la única razón por la cual no gozaba de este privilegio era por amor de la misma iglesia ya que su fin era la edificación de la misma. Debido a esto algunas personas negaban el apostolado de Pablo por lo que les responde con una serie de preguntas retóricas cuya respuesta contundente es ¡sí!

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Los derechos de un  Apóstol

EL SELLO APOSTÓLICO DE PABLO


“¿No soy apóstol? ¿No soy libre? ¿No he visto a Jesús el Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor? Si para otros no soy apóstol, para vosotros ciertamente lo soy; porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor”.
1 Corintios 9:1-2

              Pablo comienza con cuatro interrogantes retóricas que tiene una respuesta afirmativa en cuanto a su vida y apostolado. ¿No soy apóstol? Definitivamente sí. Posiblemente en Corinto se había levantado un grupo que negaba el ministerio apostólico de Pablo, sin embargo, su llamamiento por el Señor era algo incuestionable: “Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón”, (Hechos 9:3-5). Aquel día en Damasco marco la vida de Pablo para siempre convirtiéndose de un perseguidor de la iglesia a su perito arquitecto. El mismo Señor Jesús lo confirmo con sus palabras a Ananías, el discípulo que envió a orar por él para que recibiese la sanidad de su ceguera: “El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre”, (Hechos 9:15-16). Y más tarde, el Espíritu Santo confirmaría su apostolado para que iniciase su ministerio: “Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado”, (Hechos 13:2). Todo esto era una prueba indubitable que realmente Pablo era un apóstol genuino. Luego pregunta: ¿No soy libre? Como ciudadano romano y judío de nacimiento era un hombre libre. Aparte de eso también gozaba de su libertad en Cristo Jesús y como tal podía disfrutar de los privilegios de la vida y estar libre de las pesadas regulaciones de la ley. Esta segunda pregunta se enlaza con su enseñanza en el capítulo 8 donde les enseña a los fuertes en la fe a no usar su libertad para comer de lo sacrificado a los ídolos enfrente de los débiles, ya que estos por su débil conciencia podían tropezar de la fe. Por esta razón Pablo en ocasiones había renunciado a su libertad de hacer cuanto le pareciera bien de acuerdo a su pleno conocimiento en la gracia de Cristo, al contrario, se abstenía de su libertad si esto provocaba un tropiezo en otros creyentes que no habían alcanzado esta comprensión. Luego vuelve a preguntar: ¿No he visto a Jesús el Señor nuestro? Desde la elección de Matías, el discípulo que sustituyo a Judas Iscariote en el apostolado, se estableció una premisa que para ser un apóstol se había tenido que ver a Jesús:

“Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección. Y señalaron a dos: a José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías. Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido, para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar. Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles”.
Hechos 1:21-26 

                Algunas personas negaban que Pablo fuese apóstol por el hecho de que no había estado junto a Jesús durante su ministerio en esta tierra y por ende no podía ser llamado apóstol. No obstante, en las Escrituras encontramos a otros hombres que se les conoció con este título, tales como Bernabé (“Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus ropas, y se lanzaron entre la multitud, dando voces”, Hechos 14:14), Junias y Andrónico (“Saludad a Andrónico y a Junias, mis parientes y mis compañeros de prisiones, los cuales son muy estimados entre los apóstoles, y que también fueron antes de mí en Cristo”, Romanos 16:7), y Santiago, el hermano de Jesús (“Pero no vi a ningún otro de los apóstoles, sino a Jacobo el hermano del Señor”, Gálatas 1:19). Pese a todo esto, también Pablo podía afirmar el haber visto con sus ojos al Señor, ya que fue este el que se le apareció en una visión y lo comisiono como el apóstol de los gentiles: “Y me aconteció, vuelto a Jerusalén, que orando en el templo me sobrevino un éxtasis. Y le vi que me decía: Date prisa, y sal prontamente de Jerusalén; porque no recibirán tu testimonio acerca de mí. Yo dije: Señor, ellos saben que yo encarcelaba y azotaba en todas las sinagogas a los que creían en ti; y cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo mismo también estaba presente, y consentía en su muerte, y guardaba las ropas de los que le mataban.  Pero me dijo: Ve, porque yo te enviaré lejos a los gentiles”, (Hechos 21:7-21). Finalmente, el último sello de su apostolado eran los corintios mismos ya que ellos eran el resultado de su obra apostólica durante su segundo viaje misionero (Hechos 18:1-21): ¿No sois vosotros mi obra en el Señor? Si para otros no soy apóstol, para vosotros ciertamente lo soy; porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor”.

LA DEFENSA DE PABLO


“Contra los que me acusan, esta es mi defensa: ¿Acaso no tenemos derecho de comer y beber? ¿No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas? ¿O sólo yo y Bernabé no tenemos derecho de no trabajar? ¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta viña y no come de su fruto? ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño? ¿No dice esto también la ley? Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, o lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto. Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material? Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros? Pero no hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo. ¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio”.
1 Corintios 9:3-14

                 Parece que a partir del versículo 3 hay una división con el pensamiento central de este capítulo ya que dice que respecto a los que lo acusan, esta es su defensa; pero realmente no es así. La verdad es que es una continuación de la defensa de su apostolado que nos conducirán al punto principal de esta sección: no colocar ningún obstáculo que provoque la caída del hermano débil. Como en los dos versículos anteriores, el apóstol usa una serie de preguntas retoricas cuya respuesta contundente es ¡sí! Los argumentos de Pablo van dirigidas contra sus acusadores: Contra los que me acusan, esta es mi defensa. La palabra griega que se traduce como defensa es apología (ἀπολογία) la cual era una palabra técnica usada en los tribunales cuando alguien presentaba sus argumentos en contra de los que lo acusaban de un delito. Así Pablo presenta su apología delante de aquellos que afirmaban que él no era un apóstol genuino.

                LOS DERECHOS DE UN APÓSTOL.


“¿Acaso no tenemos derecho de comer y beber? ¿No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas? ¿O sólo yo y Bernabé no tenemos derecho de no trabajar? ¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta viña y no come de su fruto? ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño?”.

Primeramente el apóstol inicia argumentando en contra de aquellos que basaban sus falsas acusaciones en el hecho que Pablo no hacía uso de los derechos que gozaban los otros apóstoles. Al preguntarles ¿Acaso no tenemos derecho de comer y beber?, no se refiere tanto a comer de lo sacrificado de los ídolos, sino más bien al derecho que como apóstol fundador de la iglesia de Corinto tenia de comer y beber mediante la ayuda de ellos. Seguramente en Corinto existían otros ministros que vivían de las ofrendas de la iglesia, pero Pablo había renunciado a ello, solo por eso no significaba que no tenía derecho a ellas. También dice que no por el hecho de no tener una esposa como lo tiene otros apóstoles no significa que no sea un auténtico apóstol: ¿No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas? A lo mejor Pablo consideraba su ministerio tan importante que quería invertirle el máximo de su tiempo y esfuerzo como un hombre soltero y quien sabe que también no quería atar a nadie a su lado que padeciese sus martirios por causa de su ministerio. Sin embargo, algunos decían que por el hecho de no estar casado no podía desempeñar su ministerio. Además de esto, algunos concluían en que Pablo sabía que no era un apóstol genuino ya que no se atrevía a vivir de las ofrendas de la iglesia y por ello se veía en la necesidad de trabajar: ¿O sólo yo y Bernabé no tenemos derecho de no trabajar? Aquí menciona a Bernabé otro apóstol con quien inicio sus viajes misioneros, y les dice a sus lectores que ambos tenían derecho a no trabajar para dedicarse de completo a la obra del Señor. No obstante, Pablo había decidido trabajar, y fue precisamente en Corinto donde conoció a otros dos discípulos con los cuales se dedicó a la fabricación de tiendas: “Y halló a un judío llamado Aquila, natural del Ponto, recién venido de Italia con Priscila su mujer, por cuanto Claudio había mandado que todos los judíos saliesen de Roma. Fue a ellos, y como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas”, (Hechos 18:2-3). Pablo comienza a establecer un principio básico que rige la vida de los seres humanos para defender su posición en cuanto a su derecho de recibir un salario de la iglesia, y este es que el obrero es digno de su salario y presenta tres ejemplos muy conocidos en su tiempo. El primero es el soldado el cual recibía un salario de parte del gobierno romano: ¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? También dice que los que trabajan en el campo no lo hacen por diversión o de gratis, sino que esperan recibir un pago por el fruto que cosechan: ¿Quién planta viña y no come de su fruto? Finalmente, los que apacientan a los rebaños reciben un salario por ello: ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño? En este sentido, es de esperarse que los que trabajan en el campo espiritual reciban una justa retribución por su esfuerzo. Para los griegos, era despreciable que un hombre libre trabajara, eso era para los esclavos, además los judíos acostumbraban sostener a sus rabinos y sacerdotes a través de los diezmos y ofrendas del templo, de igual manera el ministro del evangelio tiene derecho a este privilegio; pero Pablo había decidido no reclamar este derecho y no por ello se hacía menos apóstol que los demás.

EL AMPARO BÍBLICO DE SU DEFENSA.


“¿No dice esto también la ley? Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, o lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto. Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material? Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros?”.

El apóstol está decidido a demostrar que como ministro del evangelio tiene derecho a vivir de él, tal y como lo hace un soldado, un agricultor y un ganadero, pero ahora lo va a recalcar con el texto bíblico que ampara su defensa. Su fundamento bíblico está basado en lo que la ley establece referente al buey que trabaja en el arado: ¿No dice esto también la ley? Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. Específicamente el apóstol se refiere a Deuteronomio 25:4: “No pondrás bozal al buey cuando trillare”. Aunque es cierto que Dios se refiere primeramente al animal y trata de proteger su integridad, como Pablo podemos darle un significado más profundo. En Israel mientras el animal araba la tierra se le permitía comer de los granos que se esparcían y era completamente prohibido ponerle un bozal ya que el buey o caballo que participaba de este arduo trabajo tenía también derecho a comer de lo que hacía. Ahora bien, si Dios tiene tanto cuidado de que se respeten los derechos de un animal, cuanto más de los seres humanos que son imagen y semejanza de Él: ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, o lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto. Su misericordia es tan grande que cuida de todos los animales. Dios le provee a los leones su alimento: “Los leoncillos rugen tras la presa, y para buscar de Dios su comida”, (Salmo 104:21), y a toda bestia de la tierra: “El da a la bestia su mantenimiento, y a los hijos de los cuervos que claman”, (Salmo 147:9). Aun con los más insignificantes ante los ojos del hombre la protección de Dios está con ellos: “¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre”, (Mateo 10:29) y los alimenta: “Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?”, (Mateo 6:26). Y si Dios tiene cuidado con los animales cuánto más lo hará con sus hijos. Por tanto, todo aquel que participa en el trabajo espiritual tiene derecho a recibir lo material: Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material? Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros?

LA DECISIÓN DE PABLO DE NO PARTICIPAR DE ESTE DERECHO


“Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros? Pero no hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo. ¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio”.

Al parecer existían en Corinto otros ministros que se beneficiaban de la contribución económica de la iglesia, pero Pablo había decidido no hacerlo aunque como el fundador tenia mayor derecho: Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros? Con esta decisión el apóstol quería evitarles cualquier carga ya que lo único que le preocupaba era la edificación de la iglesia misma y jamás permitiría que sus derechos o libertad fuese un obstáculo para ello: Pero no hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo. Finalmente, el apóstol les recalca que así como en Israel los sacerdotes eran sostenidos de las ofrendas y diezmos del pueblo, también los ministros de Cristo tienen que serlo: ¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio. Esta última aseveración posiblemente proviene de las mismas palabras que Jesús expreso y están registradas en los evangelios aunque para este tiempo que el apóstol escribe esta carta ninguno se habían escrito, lo más seguro es que había escuchado sus dichos por transmisión oral: “porque el obrero es digno de su alimento”, (Mateo 10:10).