MB

MB

domingo, 19 de septiembre de 2021

Todos se escandalizarán de mí (Mateo 26:31-35 )

 

“Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas. Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. Respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré. Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.”.

Mateo 26:31-35 

INTRODUCCIÓN


                  Después de haber tomado la cena pascual y haber instituido la cena del Señor que la iglesia celebraría hasta su regreso, cantaron unos salmos y salieron de aquel lugar donde estaban reunidos dirigiéndose a monte Getsemaní donde nuestro Señor se prepararía en oración para recibir a sus captores. Hoy más que nunca el momento de enfrentar su martirio y muerte estaba muy cerca. Esta historia se encuentra relatada, ya sea en parte, en los cuatro evangelios, así encontramos detalles de Mateo 26:31-35 en Marcos 14:27-31; Lucas 22:31-34 y Juan 13:36-38. Hay una pequeña variación en la forma de como la relatan los evangelios sinópticos con respecto a Juan, ya que, según Juan, Jesús dirigió estas palabras estando aun en el aposento alto donde tomo la cena pascual y fue una respuesta que dio como consecuencia de una pregunta que le realizo Pedro: “Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; más me seguirás después. Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti. Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces”, (Juan 13:36-38). No obstante, según los sinópticos, estas palabras fueron una advertencia de Jesús dada a sus discípulos de lo que pasaría en las siguientes horas y ocurrió después de haber tomado la cena pascual: “Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos”, (Mateo 26:30). Al parecer Juan establece el detalle de la negación de Pedro en el discurso introductorio que Jesús dio a sus discípulos en cuanto al acto de traición de uno de ellos y la negación de Pedro, para luego, al salir del aposento alto, enfocarse en las instrucciones finales que prepararía a los discípulos para la partida de Cristo y la misión que les habría de encomendar; mientras que los sinópticos se enfocan más en la institución de la cena del Señor, algo que Juan no hace y deja los demás acontecimientos relacionados a la escandalizarían de los discípulos para después de haber salido del aposento donde tomaron la cena pascual. Sin embargo, independientemente de esta pequeña discrepancia, el texto nos deja una gran enseñanza.

 

Todos-se-escandalizarán-de-mí
Todos se escandalizarán de mí


TODOS SE ESCANDALIZARÁN DE MI


“Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas”.

Mateo 26:31

               Después de cantar los himnos, Jesús sale del lugar en donde habían tomado la cena pascual, consciente de que su hora se acercaba cada día más y es allí donde les advierte de que todos se iban a escandalizar de Él en esa misma noche: Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche. La palabra escandalizar se traduce de la palabra griega skandalídso (σκανδαλίζω), la cual sugiere la acción no solo de escandalizarse por alguien, sino también, de provocar el tropiezo en alguien. En este sentido, lo que le pasaría a Jesús, no solo provocaría que sus discípulos se escandalizaran de Él, sino los haría tropezar, porque al huir de Él, estarían abandonándolo y traicionando la promesa de nunca abandonarlo. Ahora bien, todo esto era necesario para que se cumpliera una de las profecías del Antiguo Testamento: porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas. Estas palabras a las que Jesús hace referencia corresponden a una profecía de Zacarías: “Levántate, oh espada, contra el pastor, y contra el hombre compañero mío, dice Jehová de los ejércitos. Hiere al pastor, y serán dispersadas las ovejas; y haré volver mi mano contra los pequeñitos”, (Zacarías 13:7). Los enemigos de Jesús sabían que, si se deshacían de Jesús sus discípulos se esparcieran y el movimiento que Él había levantado no continuaría, sin embargo, no pasaría así, porque esto no terminaría con su muerte, sino que su resurrección marcaría el inicio de todo.

 

PACIENCIA Y AMOR AUN EN MEDIO DE NUESTRAS DEBILIDADES


“Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. Respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré. Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo”.

Mateo 26:32-35

              Es increíble ver aquí la gran paciencia y amor que nuestro Señor Jesucristo muestra hacia nuestras vidas, aun estando consciente de todas nuestras imperfecciones y debilidades que muchas veces nos impulsan a fallarle. Este detalle se puede ver en este pasaje: Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. Jesús sabia que todos ellos se iban a escandalizar el Él y que lo abandonarían cuando sus enemigos vinieran a capturarlo, todos saldría huyendo, temerosos de sus vidas y olvidando el juramento que le habían hecho, cualquier otro ser humano se hubiera decepcionado de ellos y los hubiera olvidado, pero Jesús no hizo así, sino que les dijo que después de todo esto, resucitaría e iría nuevamente por ello a Galilea. Aunque los discípulos pudieran afirmar que jamás lo abandonarían, Jesús les hacia ver que tropezarían, pero Pedro, siendo una persona con carácter impulsivo, le insistía a su Maestro que, aunque le pasara a los demás, jamás le pasaría a él, sin embargo, Jesús le dice que no solo lo abandonaría aquella noche, sino lo negaría: Respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré. Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Lamentablemente Pedro no escucho a su Maestro, de haberlo hecho, a lo mejor se hubiera preparado mejor para enfrentar el momento de la prueba y tal vez eso hubiese hecho que la situación fuese diferente, pero, Pedro insistió en no escuchar y se obstinó en ser renuente a la advertencia del Señor, y no solo él, sino también todos los demás discípulos: Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo. Muchas veces nosotros podemos cometer el mismo error que los discípulos, debemos estar atentos siempre al consejo de su palabra, ser obedientes y vivir sujetos al Espíritu Santo, cualquier descuido puede desviarnos del propósito de Dios y cometer errores, y muchas veces lo hacemos, pero que hermoso es considerar que cuando lo hacemos, aun Dios sigue esperando por nosotros, para restaurar nuestro corazón arrepentido. Lo cierto es que una prueba difícil les esperaba a los discípulos, una prueba donde experimentarían el temor y los haría tambalear en su fe y nosotros tendremos que atravesar pruebas similares donde nuestra fe será probada, pero debemos confiar en Dios y no descuidar nuestra vida espiritual, para que cuando el momento difícil llegue, podamos resistir el día malo y nuestra fe, una vez probada, sea mas valiosa de el mismo oro: “En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo”, (1 Pedro 1:6-7).


miércoles, 15 de septiembre de 2021

La institución de la cena del Señor (Mateo 26:26-30)

 

“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre. Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos”.

Mateo 26:26-30

 

INTRODUCCIÓN

                  Nos encontramos en uno de los pasajes del evangelio Según Mateo que nos narran la ultima cena pascual que Jesús tomó con sus discípulos justo antes de ser capturado por sus enemigos e ir a la muerte en la cruz del Calvario, ahora, continuando con este relato, nuestro Señor Jesús instituye una de las ceremonias más importantes que los cristianos continúan celebrando hasta la fecha, la cena del Señor. En el cristianismo solo tenemos dos ordenanzas o ceremonias que los creyentes celebran, el bautismo en agua y la cena del Señor, y en estos versículos podemos ver como nuestro Señor Jesús, antes de su muerte, la instituye. A lo largo del tiempo la interpretación de este pasaje y el entendimiento del significado del pan y del vino que Jesús uso durante su ultima cena pascual a sido muy polémica y nosotros trataremos de entender esto desde la mejor perspectiva bíblica.

 

cena-pascual
Jesús instituye la cena del Señor


UNA CELEBRACIÓN QUE DEBE REALIZARSE

 “Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados”.

Mateo 26:26-28

                 Como vimos anteriormente, durante la cena pascual se solían beber cuatro copas a lo largo de toda la comida y la cuarta se bebía justo al final, antes de la entonación del cantico de unos salmos. Fue justo antes de beber la cuarta copa que nuestro Señor Jesús en lugar de beber la ultima copa de la forma tradicional decide hacerlo de forma diferente: Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. Aquí nuestro Señor constituye lo que hoy conocemos como la cena del Señor donde se comparte el pan y el vino los cuales son símbolos de su sacrificio expiatorio. Para este momento Judas ya había salido del lugar donde todos estaban reunidos, por lo cual no participo de la institución de la cena, luego, los otros discípulos a lo mejor debieron haberse sorprendido que Jesús de repente rompiera con la tradición con nuevas palabras. En Lucas se nos da mayores detallen en cuanto a este evento: “Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama”, (Lucas 22:19-20). La celebración de la cena del Señor se realiza en dos partes, la primera, la partición del pan, el cual es un símbolo de su cuerpo que fue entregado como sacrificio expiatorio para el perdón de pecado. En segundo lugar, tenemos la copa de vino, la cual es un símbolo de su sangre que era derramada para instaurar un nuevo pacto que traería salvación a muchos. A lo largo de la historia se ha discutido el verdadero significado de los elementos de la cena del Señor, el pan y el vino. En primer lugar, tenemos la interpretación que la iglesia católica y las iglesias ortodoxas le dan al pan y al vino, esta es la teoría de la transubstanciación la cual afirma que durante la ceremonia el pan y el vino se transforman literalmente en el cuerpo y la sangre de Cristo. En segundo lugar, durante el tiempo de la reforma, surgió la teoría de la consubstanciación, abrazada por la iglesia luterana, la cual afirma que el pan y el vino no se transforman literalmente en el cuerpo de Cristo, pero sí, la sustancia divina de Cristo coexiste con el pan y el vino. La tercera posición en cuanto al significado de los elementos de la cena del Señor es la teoría de la presencia espiritual real de Cristo, de Juan Calvino, la cual afirma que el pan y el vino no se transforman literalmente en el cuerpo y sangre de Cristo, ni tampoco coexisten para ser un solo elemento, sino que la presencia de Cristo envuelve los elementos que se comparten durante la ceremonia. En cuarto lugar, tenemos la teoría de Urlico Zwinglio que está en armonía con la creencia de las iglesias evangélicas que afirman que el pan y el vino de la cena del Señor son símbolos del sacrificio de Cristo.

                Ahora bien, ¿qué significado tiene la cena del Señor? El apóstol Pablo nos responde esta pregunta: “Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo, tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga, (1 Corintios 11:23-26). De acuerdo a Pablo, la cena del Señor es celebrada por la iglesia para recordar los padecimientos de Cristo en la cruz del Calvario y considerar la gran obra expiatoria que realizo a favor de nosotros, expresando así nuestro agradecimiento a Él. El otro significado que la cena del Señor tiene es que anuncia la muerte del Señor hasta que Él venga a esta tierra, de tal forma, que a diferencia del bautismo en aguas que es únicamente una vez en la vida, después de nuestra conversión, la cena del Señor es una ordenanza que la iglesia debe realizar periódicamente no solo para recordar sus padecimientos, sino para anunciarle al mundo la muerte de Cristo como un medio expiatorio por sus pecados hasta su regreso.

 

NO VOLVERÉ A BEBER MÁS DE ESTA COPA HASTA QUE ESTEMOS EN EL REINO DE MI PADRE

“Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre. Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos”.

Mateo 26:29-30

              De esta forma Jesús instituyo la cena del Señor y esta escena debió haber quedado grabada en la memoria de los discípulos y como ya vimos, Jesús había estado desando participar de esta ultima cena pascual antes de partir de esta tierra: “Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios”, (Lucas 22:15-16). Desde el principio Jesús sabia que su momento estaba cerca y por lo tanto no volvería a participar de la cena pascual con sus discípulos, por ello, antes de finalizar, decidió cambiar un poco el final de esta ceremonia ancestral que los judíos realizaban año tras año y constituyo lo que nosotros conocemos como la cena del Señor para que su iglesia la celebrara recordando sus padecimientos al momento de participar del pan y del vino que son símbolos de su cuerpo y sangre que anuncia su muerte expiatoria, así como anunciarle esto al mundo hasta su regreso, por ello aquí en Mateo vuelve a decir: Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre. De acuerdo al libro de Apocalipsis, nuestro Señor establecerá su reino de mil años aquí en la tierra y es de esperarse que aquí se cumplan estas palabras donde el Señor vuelva a gustar del fruto de la vid junto con todos sus escogidos. Al final de esta ceremonia se solían cantar algunos salmos: Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos. Habiéndose cumplido todo esto, Jesús partió al monte de los Olivos, al Getsemaní, donde se prepararía para recibir a sus captores.