La Perfecta Comunión (Juan 14:18-24)



“No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él. Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo? Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió”.

Juan 14:18-24

INTRODUCCIÓN


            Continuando con el discurso de nuestro Señor Jesucristo a sus discípulos, antes de ser capturado por sus enemigos, llegamos a otra gran promesa, la promesa de la perfecta comunión. Si hay algo que diferencia enormemente al evangelio de otras religiones es la perfecta comunión que este establece con el hombre y Dios, de allí que se dice que el evangelio no es una religión sino una relación con Dios, y hoy en estos versículos el Señor Jesús les promete a sus discípulos, y por ende a nosotros, que nunca estaremos solos, sino mantendremos una perfecta comunión con Él y seremos templo y morada del Espíritu Santo.


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La Perfecta Comunión

 

NO OS DEJARÉ HUÉRFANOS


“No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis”.
Juan 14:18-19

              Jesús les confirma una vez más a sus discípulos que no se desanimen porque no los dejaría solos: No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. Los discípulos estaban a punto de presenciar la partida de su Señor, ellos verían como Jesús iba a ser capturado y crucificado, y eso, definitivamente iba a ser un golpe tremendo a su vida, pero a través de estas palabras Jesús esperaba que ellos no desmallaran ante el pánico de quedarse solos porque ciertamente no los dejaría huérfanos. La palabra huérfanos se traduce del griego orfanós (ὀρφανός), que literalmente significa “sin padre”, y nos enseña la gran promesa que nuestro Señor les estaba diciendo, ya que después de su partida, ellos no quedarían como unos niños abandonados y desamparados, sino el vendría a ellos nuevamente. Ciertamente después de su muerte los discípulos esperarían con fe el cumplimiento de esta promesa: Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis, y así ocurrió después de su resurrección. Que hermosa comunión tenemos los cristianos, una relación personal que el mundo no puede tener, porque no le puede percibir, porque no son suyos, pero nosotros los cristianos, tenemos esta preciosa verdad, la comunión perfecta con Dios.

UNA COMUNIÓN COMPLETA

En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros”.
Juan 14:20

               Aquí encontramos una gran bienaventuranza para todos nosotros los cristianos, y es la perfecta comunión que existe en la divinidad y, en consecuencia, con nosotros. Jesús les dijo a sus discípulos, que aquel día, el día en el que ellos creyeran, llegarían a comprender la perfecta comunión que el Padre tiene con el Hijo y, por consiguiente, todas las obras del Hijo estaban respaldadas por el Padre y ambos eran uno en comunión: En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. De igual forma, así como la comunión entre el Padre y el Hijo es perfecta, así a través de Jesús el que cree llega a establecer una perfecta comunión con Dios de tal manera que nosotros conocemos a nuestro Señor y gozamos de esta hermosa relación personal con su persona, y le conocemos de tal forma que nuestra fe no está basada en el cumplimiento externo de normas religiosas, sino en una amistad y confianza, donde podemos comunicarnos con libertad con Él y conocerlo cada día más, por ello decimos una vez más que el evangelio consiste en establecer una relación con Dios.

 LA PERFECTA COMUNIÓN ESTA BASADA EN EL AMOR Y LA OBEDIENCIA A SU PALABRA



“El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él”.
Juan 14:21

          Esta comunión con Dios es perfecta porque esta basada en el verdadero amor y el amor se manifiesta en la obediencia en su palabra: El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama. Una vez mas el apóstol Juan nos dice que el que ama lo demuestra obedeciendo su palabra, y esta es la única razón por la cual nosotros los cristianos debemos obedecer sus mandamientos. Debemos estar conscientes que la paga del pecado es muerte y nadie que lo practique se librara de las consecuencias de él, así como debemos respetar su santidad y de allí que en el Nuevo Testamento se nos dice que debemos andar en temor y temblor delante de Dios: “Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor”, (Filipenses 2:12). Sin embargo, la principal razón por la cual los creyentes vivimos en santidad, obedeciendo su palabra es porque le amamos, y no queremos ofender su santidad pecando en contra de su presencia. De esta forma, la obediencia a su palabra revela nuestro verdadero amor a Él, y al mismo tiempo aquel que lo ama es amado lo cual es una evidencia de una verdadera comunión y a este se le manifiesta Jesús: Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor.

LA COMUNIÓN CON DIOS ES PERFECTA PORQUE MORA EN NOSOTROS


“Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo? Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió”.
Juan 14:22-24

          Aquí vemos a otro de sus apóstoles hacer una pregunta, este es Judas, no el Iscariote, sino Judas Tadeo o Judas el hermano de Jacobo, el hijo de Alfeo (Mateo 10:2-4, Marcos 3:16-19, Lucas 6:14-16, Hechos 1:13). Judas Tadeo pregunta: Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo? La verdad es que a los discípulos les costaba entender cómo era que Jesús se manifestaría a ello y no al mundo, no entendían que la relación que establecerían con Él seria espiritual, no lo verían, pero lo sentirían, porque habitaría espiritualmente con ellos: Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió. Aquel que ama a Dios, su palabra guarda, y aquel que anda en sus mandamientos tiene una verdadera relación con Él y su comunión es perfecta, porque el Señor mora con en él. Ciertamente esta verdad bíblica establece una enorme diferencia con cualquier religión del mundo, ya que todas estas han construido templos o catedrales donde los hombres van con el propósito de tener un encuentro con sus dioses ya que piensan que ellos habitan allí, pero nosotros los cristianos tenemos el privilegio de tener un Dios que hoy no habita en un templo, sino en aquellos que creen en su Hijo, y en esto consiste el evangelio, en establecer una perfecta comunión con Dios, siendo limpiados de todas nuestras maldades a través de la sangre de Cristo y convirtiéndonos en el templo y morada de su Espíritu Santo. Esta gloriosa promesa es solo para los cristianos, el mundo no lo puede recibir, porque no le conocen y viven en pecado, pero nosotros hemos sido justificados por Jesús y hoy Dios mora en nuestro corazón manteniendo una verdadera relación personal con nosotros de tal manera que le amamos y este amor se manifiesta en que guardamos sus mandamientos.




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