El tiempo oportuno para nuestras vidas (Eclesiastés 3:1-8)



“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz”.
Eclesiastés 3:1-8

INTRODUCCIÓN


Se ha dicho popularmente que la Biblia dice: “Para todo hay tiempo”; sin embargo, la Biblia no dice así, lo que si dice la Biblia en el libro de Eclesiastés es que “Todo tiene su tiempo”. Ahora bien, en el hebreo la para que aquí se traduce como tiempo es zemás (זְמָן), y significa no solo tiempo, sino, ocasión, estación o momento oportuno, de allí que la NVI traduce este primer versículo como: “Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo”, (Eclesiastés 3:1). Esto nos hace pensar en que en la vida todo tiene un momento oportuno, es decir, un momento adecuado para experimentar o vivir cada detalle de nuestras existencias.

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El tiempo oportuno para nuestras vidas


                   I.                        TODO TIENE UN MOMENTO OPORTUNO PARA EXPERIMENTAR CADA DETALLE DE LA VIDA.


“Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz”.
Eclesiastés 3:1-8

Salomón nos explica que todo tienen su momento oportuno para ocurrir. Hay un momento oportuno para nacer, y otro para morir, un tiempo para sembrar y otro para cosechar, hay un momento para sufrir y otro para disfrutar, tiempo para ser soltero y tiempo para casarse, y aun para las cosas más triviales de la vida hay un momento oportuno. Todo eso es así porque realmente Dios lo ha determinado, en su infinita y soberana voluntad definió el día que naceríamos, así como el día que moriríamos, y en este sentido Dios tiene un plan definido para cada uno de nosotros y lo mejor que podemos hacer es sujetarnos a su voluntad.

                II.                        EL SER HUMANO QUIERE EXPERIMENTAR MUCHAS COSAS ANTES QUE SEA EL MOMENTO OPORTUNO.


Como ya lo decimos, Dios tiene un plan para especial para cada uno de nosotros, la clave para ser feliz y tener una vida de verdadera complacencia es encontrarnos en esa voluntad; lamentablemente el ser humano no desea esperar el momento oportuno para que las cosas en su vida ocurran en el tiempo de Dios, sino se adelantan y apresuran para que ocurran. Cuantas personas por andar apresurándose y no esperar el momento oportuno inician relaciones o proyectos en sus vidas que no les convienen y fracasan totalmente en la vida, porque jamás consideran incluir a Dios en sus decisiones y permitir que sus vidas sean direccionadas por Él. El apóstol Pablo le decía a los atenienses que era por la voluntad de Dios que existíamos y había definido el tiempo de nuestra existencia en esta tierra y aun los limites de nuestra habitación, y todo esto es así por el Señor desea que el ser humano le busque: “Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros”, (Hechos 17:26-27). Si nos damos cuenta Dios ha definido el orden de los tiempos del ser humano y en este sentido, todo tiene su tiempo en la vida, y si sabemos esperar en Dios, aquellas cosas que tanto que tanto necesitamos vendrán en el momento de Dios, pero si hay algo que es importante experimentar en la vida es conocer a Dios y tener una relación personal con Dios.

             III.                        EL MEJOR MOMENTO OPORTUNO PARA CONOCER A DIOS ES HOY MISMO.


Todo tiene su tiempo en la vida, y lo mejor es saber esperar el tiempo de Dios para que todo ocurra en el momento oportuno que Él ha decidido; pero si hay algo que no puede esperar mucho tiempo es tener un encuentro personal con Dios a través de su Hijo Jesucristo. Por ello la Biblia nos exhorta a aceptar su invitación cuando la recibamos y no endurecer nuestro corazón: “Entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación. ¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés? ¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad”, (Hebreos 3:15-19). Aquí se nos habla de aquellos que escucharon su llamamiento a ser su pueblo para entrar en el momento cuando les daría la tierra prometida, pero lamentablemente no supieron aprovechar la oportunidad, sino fueron incrédulos y quedaron excluido de la tierra prometida. También tenemos el caso de los judíos de Jerusalén de los días de Jesús, cuando él hizo su entrada triunfal, profetizada por Miqueas, pero lamentablemente ellos no supieron identificar el tiempo oportuno de su visitación y no recibieron a Jesús como su Mesías y Rey: “Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación”, (Lucas 19:41-44). De esta forma los habitantes de Jerusalén perdieron su momento de recibir a su Rey Mesías y entrar a su reino tan ansiado. Así hoy hay personas que pierden su mejor momento al rechaza a Cristo como el Señor de sus vidas, y buscan la forma de triunfar en la vida por medio de sus propias fuerzas o recursos, pero lo cierto es que si no recibimos a Cristo y permitimos que sea Él quien controle nuestras vidas, estas serán un total fracaso y lo peor de todo es que nuestra alma se condenará.

CONCLUSIÓN.


En la vida todo tiene su momento, y esto es así porque Dios lo ha determinado y lo mejor es esperar el momento oportuno para recibir aquellas cosas que el Señor a determinado para nuestro bien, pero muchas veces queremos adelantarnos en obtener o experimentar cosas en nuestra vida y por ello fracasamos. Lo mejor es encontrarnos en su voluntad y permitir que todo ocurra en el momento oportuno de Dios, pero hay un momento oportuno para conocer a Dios y recibir a su Hijo como Salvador, es hoy mismo, ya que de eso depende el resto de nuestra vida y eternidad.





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