La tragedia de un monarca (1 Samuel 28:7-14)



“Entonces Saúl dijo a sus criados: Buscadme una mujer que tenga espíritu de adivinación, para que yo vaya a ella y por medio de ella pregunte. Y sus criados le respondieron: He aquí hay una mujer en Endor que tiene espíritu de adivinación. Y se disfrazó Saúl, y se puso otros vestidos, y se fue con dos hombres, y vinieron a aquella mujer de noche; y él dijo: Yo te ruego que me adivines por el espíritu de adivinación, y me hagas subir a quien yo te dijere. Y la mujer le dijo: He aquí tú sabes lo que Saúl ha hecho, cómo ha cortado de la tierra a los evocadores y a los adivinos. ¿Por qué, pues, pones tropiezo a mi vida, para hacerme morir? Entonces Saúl le juró por Jehová, diciendo: Vive Jehová, que ningún mal te vendrá por esto. La mujer entonces dijo: ¿A quién te haré venir? Y él respondió: Hazme venir a Samuel. Y viendo la mujer a Samuel, clamó en alta voz, y habló aquella mujer a Saúl, diciendo: ¿Por qué me has engañado? pues tú eres Saúl. Y el rey le dijo: No temas. ¿Qué has visto? Y la mujer respondió a Saúl: He visto dioses que suben de la tierra. Él le dijo: ¿Cuál es su forma? Y ella respondió: Un hombre anciano viene, cubierto de un manto. Saúl entonces entendió que era Samuel, y humillando el rostro a tierra, hizo gran reverencia”.
1 Samuel 28:7-14

INTRODUCCIÓN

           
Saúl llego a ser el primer rey sobre Israel, Dios lo eligió y estaba dispuesto a afirmar su reino, pero lamentablemente su desobediencia y corazón duro lo llevaron por otro camino hasta perecer en sus pecados. Esta es la triste historia de un monarca y los versículos anteriores narran sus últimos días de desesperación en este mundo.


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Saúl consulta a una adivina

                                I.            LA TRÁGICA SITUACIÓN DE UN REY.


                   En estos versículos vemos la trágica situación de un rey, Saúl. Saúl era rey en Israel y se encontraba rodeado de sus enemigos, ya Samuel, el profeta que lo había ungido había muerto y Dios ya no le hablaba a tal punto que el temor se apoderó de él, especialmente porque sus enemigos los filisteos lo rodeaban: “Ya Samuel había muerto, y todo Israel lo había lamentado, y le habían sepultado en Ramá, su ciudad. Y Saúl había arrojado de la tierra a los encantadores y adivinos. Se juntaron, pues, los filisteos, y vinieron y acamparon en Sunem; y Saúl juntó a todo Israel, y acamparon en Gilboa. Y cuando vio Saúl el campamento de los filisteos, tuvo miedo, y se turbó su corazón en gran manera. Y consultó Saúl a Jehová; pero Jehová no le respondió ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas”, (1 Samuel 28:3-6). Por esta causa Saúl tomo una decisión alocada, buscar consultar una adivina.

                             II.            ¿CÓMO LLEGO SAÚL A ESTA SITUACIÓN?


Ahora bien, ¿cómo llego Saúl a esta situación? La respuesta es por su desobediencia. Saúl fue elegido por Dios para ser rey sobre Israel y estaba dispuesto a afirmar su reino, lamentablemente por su falta de carácter y constantes desobediencias fue desechado por Dios: “Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey. Entonces Saúl dijo a Samuel: Yo he pecado; pues he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí a la voz de ellos. Perdona, pues, ahora mi pecado, y vuelve conmigo para que adore a Jehová. Y Samuel respondió a Saúl: No volveré contigo; porque desechaste la palabra de Jehová, y Jehová te ha desechado para que no seas rey sobre Israel”, (1 Samuel 15:22-26). A todo esto le agrego un pecado más al perseguir a David para quitarle la vida. Al final, Saúl jamás se arrepintió de todos sus pecados y su obstinación lo condujo a su propio fin.

                          III.            LA ÚLTIMA FALTA DE UN REY DESESPERADO.


Después de todos sus días de desobediencia su fin llego a su vida, sus enemigos lo habían rodeado y aunque procuro consultar a Dios por todos los medios conocidos, el Señor no le respondió, y fue allí en su desesperación que cometió la última desobediencia, consultar una adivina que le hiciere traer el alma de Samuel para consultarle, lo cual era prohibido por la ley: “No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos”, (Deuteronomio 18:10-11). Para ello Saúl se disfrazó y con dos de sus hombres buscó de noche a una adivina a la cual le pidió que hiciera volver de la muerte a Samuel, y esta accedió, aunque con mucho miedo porque Saúl había exterminado a todos los adivinos, pero este le prometió que no moriría.

                          IV.            ¿ERA SAMUEL O UN DEMONIO?


“Y Samuel dijo a Saúl: ¿Por qué me has inquietado haciéndome venir? Y Saúl respondió: Estoy muy angustiado, pues los filisteos pelean contra mí, y Dios se ha apartado de mí, y no me responde más, ni por medio de profetas ni por sueños; por esto te he llamado, para que me declares lo que tengo que hacer”.
1 Samuel 28:15

            Este pasaje es muy controversial ya que muchos discuten si fue Samuel o un demonio que se le apareció a Saúl. Muchos afirman que fue un demonio, tal y como ocurre hoy en día con los que practican el espiritismo donde un médium es poseído supuestamente por el espíritu de la persona muerta y esta al hablar le revela a sus familiares cosas que solo ellos sabían, incluso en algunos casos fingen hasta la voz del difunto; pero todos sabemos que son demonios porque de acuerdo a la historia del rico y Lázaro, nadie puede volver del mas allá para hablar con los vivos: “Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá… Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos”, (Lucas 16:26, 31). Sin embargo, algunos opinan que Dios hizo una excepción permitiendo que Samuel regresara de entre los muertos ya que la adivina se asustó al ver que realmente este apareció e identifico rápidamente a Saúl: Y viendo la mujer a Samuel, clamó en alta voz, y habló aquella mujer a Saúl, diciendo: ¿Por qué me has engañado? pues tú eres Saúl. Sin embargo, todos sabemos que Dios ha prohibido esta práctica y Él jamás viola su propia ley, aun siendo soberano, además todo lo que Samuel le dijo eran cosas obvias que se podían deducir al observar la vida de desobediencia que Saúl había traído y al momento que había llegado.

                             V.            EL TRÁGICO FINAL DE UN REY.


“Entonces Samuel dijo: ¿Y para qué me preguntas a mí, si Jehová se ha apartado de ti y es tu enemigo? Jehová te ha hecho como dijo por medio de mí; pues Jehová ha quitado el reino de tu mano, y lo ha dado a tu compañero, David. Como tú no obedeciste a la voz de Jehová, ni cumpliste el ardor de su ira contra Amalec, por eso Jehová te ha hecho esto hoy. Y Jehová entregará a Israel también contigo en manos de los filisteos; y mañana estaréis conmigo, tú y tus hijos; y Jehová entregará también al ejército de Israel en mano de los filisteos. Entonces Saúl cayó en tierra cuán grande era, y tuvo gran temor por las palabras de Samuel; y estaba sin fuerzas, porque en todo aquel día y aquella noche no había comido pan”.
1 Samuel 28:16-20

A Saúl se le dice que Dios se ha apartado de él y era su enemigo, que será entregado a sus enemigos y su reino será entregado a David. Cuando él escucho estas palabras su corazón desfalleció sin ninguna esperanza. Qué triste historia de un monarca que pudo haber tenido un gran reino bendecido por Dios, pero aun en esta situación no se humillo delante del Señor, sino solo se resignó a pagar por sus pecados. La verdad es que Dios no es enemigo de nadie, pero por nuestras acciones nos enemistamos con Él, al final, Saúl no busca la ayuda de Dios, no pidió perdón por sus pecados, sino continuo en su desesperanza y fue vencido por sus enemigos, quitándose la vida durante la batalla: “Los filisteos, pues, pelearon contra Israel, y los de Israel huyeron delante de los filisteos, y cayeron muertos en el monte de Gilboa. Y siguiendo los filisteos a Saúl y a sus hijos, mataron a Jonatán, a Abinadab y a Malquisúa, hijos de Saúl. Y arreció la batalla contra Saúl, y le alcanzaron los flecheros, y tuvo gran temor de ellos. Entonces dijo Saúl a su escudero: Saca tu espada, y traspásame con ella, para que no vengan estos incircuncisos y me traspasen, y me escarnezcan. Mas su escudero no quería, porque tenía gran temor. Entonces tomó Saúl su propia espada y se echó sobre ella. Y viendo su escudero a Saúl muerto, él también se echó sobre su espada, y murió con él. Así murió Saúl en aquel día, juntamente con sus tres hijos, y su escudero, y todos sus varones”, (1 Samuel 31:1-6).

CONCLUSIÓN.



Esta es la triste historia que narra la tragedia de un monarca, un hombre que pudo ser grande en Israel pero lamentablemente no aprovecho la oportunidad que Dios le dio, sino decidió vivir en desobediencia hasta perecer en sus pecados. Hoy en día esta historia se repite en muchas personas que no obedecen la palabra de Dios, el Señor desea salvarnos de nuestros pecados, bendecir nuestras vidas y darnos la salvación de nuestras almas.

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