La Torre de Babel (Génesis 11:1-9)

 

“Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras. Y aconteció que cuando salieron de oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar, y se establecieron allí. Y se dijeron unos a otros: Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y les sirvió el ladrillo en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla. Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra. Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres. Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero. Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad. Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra”.

Génesis 11:1-9

 

INTRODUCCIÓN

                En esta oportunidad iniciamos el estudio del capitulo 11 del libro de los orígenes, Génesis. El capítulo podría resumirse en tres grandes temas. El origen del primer gran imperio organizado que se rebela contra Dios (Génesis 11:1-9), el origen de los descendientes de Sem (Génesis 11:10-26) y el origen de los descendientes de Taré (Génesis 11:27-32), de donde vendrá Abraham y posteriormente Israel. La vida después del diluvio está comenzando a darse en la nueva tierra, todos sus habitantes son descendientes de los hijos de Noé y hoy consideraremos el tema de la torre de Babel y como los hombres se organizaron en plena rebelión en contra de Dios para construirla junto a una gran ciudad.


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La torre de Babel

LA VIDA DE LOS PRIMEROS POSTDILUVIANOS 

“Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras. Y aconteció que cuando salieron de oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar, y se establecieron allí. Y se dijeron unos a otros: Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y les sirvió el ladrillo en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla. Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra”.

Génesis 11:1-4

               Después del diluvio el hombre a comenzado a multiplicarse sobre la faz del nuevo mundo que ha quedado y esta nueva humanidad descienden de los tres hijos de Noé, Sem, Jafet y Cam. El tiempo ha transcurrido y obviamente los tres hijos de Noé han muerto, pero sus descendientes se han multiplicado en gran manera, obedeciendo así el mandamiento de Dios: “Bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra”, (Genesis 9:1). Estos primeros versículos nos pueden enseñar como comenzó a ser la vida de los primeros habitantes de la tierra después del diluvio y así aprender algunos detalles concernientes a ella.

 

Tenían una sola lengua.

“Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras…”.

Génisis 11:1 

La primera cosa que aprendemos es que tenían una solo lengua, es decir, un mismo idioma. Ante esto muchos se preguntan: ¿Qué idioma era el que se hablaba al principio? No lo sabemos, pero lo que si nos dice la Biblia es que al principio existía un solo idioma. Ahora bien, la ciencia nos puede ayudar a corroborar que al principio de los tiempos existía un solo idioma. Hoy por hoy los estudios de lenguas antiguas demuestran que todos los idiomas actuales poseen una fuente antigua en común. Por ejemplo, los idiomas modernos como el español, el inglés, el galés, el francés y el italiano poseen una base lingüística de tres lenguas antiguas, el sánscrito de la India, el idioma latín y el griego. En el caso del latín, esta es una lengua muerta que se usa solo para designar algunos términos técnicos en medicina o jurisprudencia, así como en algunas misas de la iglesia católica.  También podemos ver algunas similitudes entre algunas lenguas antiguas en cuanto a su ortografía mostrándonos que esta lengua antigua fue la base de otros idiomas. Por ejemplo, el idioma fenicio, una lengua semítica, que se hablo en las regiones de Lidia y Siria, muestra a través de su códice de letras que fue el origen del alfabeto hebreo, griego, árabe, del abecedario latino y español.

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Influencia del fenicio en otros idiomas

Todo esto que hemos evaluado nos muestra que todas las lenguas modernas apuntan a que tuvieron un origen antiguo en común, sin embargo, difícilmente podría rastrearse cual fue el primer idioma que se habló, o cual era el idioma que se hablaba en los tiempos de Babel ya que otra característica de los idiomas es que se modifican en cuanto a su escritura y pronunciación con el largo del tiempo, algunas palabras o letras caen en desuso y así sucesivamente. Ejemplo de esto es el idioma griego por ejemplo que ha estado cambiando entre el griego Jónico, el griego dórico, el griego eólico, el griego clásico, el griego Koiné (que fue el griego en el cual se escribió el Nuevo Testamento) entre otros muchos dialectos que evolucionaron a lo que hoy conocemos como el griego moderno. De igual forma, el español a cambiado mucho. Por ejemplo, leamos Génesis 1:1-5 de la versión La Biblia del Oso, de 1569, de Casiodoro de Reina: “En el principio crio Dios los cielos, y la tierra. Y la tierra eſtaua deſadornada y vazia, y las tinieblas eſtauan ſobre la haz del abiſmo, y el eſpiritu de Dios ſe mouia ſobre la haz de las aguas. Y dixo Dios, Sea la luz: y fue la luz. Y vido Dios que la luz era buena: y apartó Dios à la luz de las tinieblas. Y llamó Dios à la luz Dia, y à las tinieblas llamó Noche: y fue la tarde y la mañana Vn dia”, (Génesis 1:1-3, VBO). Ahora leamos los mismos versículos de la versión Reina Valera 1906: “En el principio crió Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la haz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la haz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz: y fué la luz. Y vió Dios que la luz era buena: y apartó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios á la luz Día, y á las tinieblas llamó Noche: y fué la tarde y la mañana un día”, (Génesis 1:1-5, RV1906). Ahora leamos la versión Reina Valera 1960: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día”, (Génesis 1:1-5, RV60).  Ahora, leamos la versión Reina Valera Contemporánea: “Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra. La tierra estaba desordenada y vacía, las tinieblas cubrían la faz del abismo, y el espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas. Y dijo Dios: «¡Que haya luz!» Y hubo luz. Y vio Dios que la luz era buena, y separó Dios la luz de las tinieblas; a la luz, Dios la llamó «Día», y a las tinieblas las llamó «Noche». Cayó la tarde, y llegó la mañana. Ése fue el día primero”, (Génesis 1:1-5 RVC). Si nos damos cuenta, el español ha cambiado de 1569 a la fecha en acentuación, redacción, dicción y aun de algunos caracteres. Por tanto, sería difícil afirmar cual fue el primer idioma que la humanidad hablo, pero si podemos estar seguros de que al principio hubo un idioma que todos hablaban.

 

                Comienzan a construir las primeras ciudades.

“Y aconteció que cuando salieron de oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar, y se establecieron allí. Y se dijeron unos a otros: Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y les sirvió el ladrillo en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla”.

Génesis 11:2-3

Después que el hombre se hubo multiplicado, la Biblia nos dice que se ubicaron al oriente, en una llanura en la tierra de Sinar. Esta llanura estaba ubicada entre los ríos Tigris y Éufrates, en Mesopotamia, y fue aquí donde Nimrod, el primer gobernador de estas tierras construyo grandes ciudades: “Y Cus engendró a Nimrod, quien llegó a ser el primer poderoso en la tierra. Este fue vigoroso cazador delante de Jehová; por lo cual se dice: Así como Nimrod, vigoroso cazador delante de Jehová. Y fue el comienzo de su reino Babel, Erec, Acad y Calne, en la tierra de Sinar. De esta tierra salió para Asiria, y edificó Nínive, Rehobot, Cala, y Resén entre Nínive y Cala, la cual es ciudad grande”, (Génesis 10:8-12). Podemos ver la cantidad de ciudades que estos hombres edificaron durante este periodo y que dieron lugar a grandes naciones como Asiria, Babilonia, Media y Persia. También es notorio como el ingenio arquitectónico del hombre comienza a resurgir: Y se dijeron unos a otros: Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y les sirvió el ladrillo en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla. Esta técnica les ayudaba a ya no utilizar la roca para crear infraestructuras simples, sino hacían ladrillo cosido en fuego y el asfalto les ayudaba a fijarlos como la mezcla lo hace ahora. De acuerdo con la arqueología, los primeros ladrillos fueron hechos de una mezcla de arcilla, lodo y paja; estos eran formados en moldes que se dejaban secar al sol o los cocían en fuego tal y como se nos sugiere en este versículo. Lo cierto es que fue en esta enorme planicie, en Mesopotamia, que la humanidad tuvo su cuna como civilización, construyendo grandes ciudades y obras arquitectónicas que hoy en día se han descubierto en Iraq y que dan testimonio de esto.

 

El hombre comienza a rebelarse en contra de Dios.

“Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra”.

Génesis 11:4

Debido a la grandeza que llego a manifestarse debido a la unión de todos estos hombres, el orgullo debió apoderarse de ellos convirtiéndolos en personas arrogantes que creían que no necesitaban depender de y por ello decidieron que lo mejor era no separarse, sino continuar unidos para mantener su fortaleza en medio de esta alianza y para ello decidieron construirse una gran ciudad, así como una torre, cuya cúspide llegara lo mas cercana al cielo, y así hacerse de un nombre, es decir, de una reputación que testificara de la grandeza de su poder: Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra. Así que aquí vemos el pecado de estos hombres:


1.       Su deseo de permanecer unidos construyendo una gran ciudad y torre que iban en contra del mandamiento que Dios les había dado de multiplicarse y poblar toda la tierra.

2.       El deseo de hacerse de un nombre nos habla de la arrogancia de ellos al creer que no necesitan a Dios para que gobernara sus vidas.


Es curioso que cuando se estudia este tema se habla mucho de la torre de Babel, sin embargo, el texto nunca la menciona como la torre de Babel, sino simplemente la llama torre, pero si nos dice que deseaban construir no solo la torre sino una ciudad. Ahora bien, esta torre que querían hacer realmente era un tipo de construcción que hoy es conocida como zigurat, una construcción de origen sumerio y asirio que consistía en una torre piramidal que era escalonada, de base cuadrada, con terraza, muros inclinados y soportados por contrafuertes revestidos de ladrillo cocido la cual culminaba en un pequeño templo dedicado a algún dios pagano. De esta forma, la gran ciudad ubicada en aquella gran planicie en el valle del Sinar, poseía este gran zigurat, que se elevaba posiblemente en medio de ella con el fin de que todo ciudadano la viera y se sintiera orgulloso del poder y grandeza que habían alcanzado.

 

DIOS CONFUNDE LAS LENGUAS

“Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres. Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero. Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad. Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra”.

Génesis 11:5-9

                El texto nos dice que Dios desciende a la cuidad para observar la obra que estaban haciendo: Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres. Esta palabra que se usa aquí, “descendió”, es un antropomorfismo que nos sugiere que Dios en su omnisciencia y omnipresencia conocía la intención firme que los hombres tenían de edificar la ciudad y la torre: Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. Dios sabia que estos hombres estaban determinados a finalizar esta obra, por ello decide poner fin a su unidad, y para ello confunde sus lenguas: Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero. Podemos ver como Dios mantiene una conversación con las personas de la Trinidad, sugiriéndonos desde el libro de los comienzos que eran más de una persona, Padre, Hijo y Espíritu Santo. En general, Dios confundió sus lenguas, es decir, provoco que los idiomas que hablaban cada uno fuese diferente a tal punto que ya no pudieron ponerse de acuerdo y vieron que su unión ya era imposible por lo que decidieron separarse: Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad. Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra. Al confundir las lenguas Dios puso fin a esta rebelión y el hombre se vio obligado a separarse y poblar diferentes partes de la tierra cumpliéndose así la voluntad de Dios, a tal punto que aquel lugar fue llamado Babel. La palabra Babel se traduce del hebreo Babel (בָּבֶל), que significa confusión, y prácticamente eso es lo que les espera a aquellas naciones que cegadas por su poderío y majestad se olvidan de Dios y deciden gobernar sus países sin considerar el consejo de la palabra del Señor. La construcción de la torre de Babel ilustra el rechazo continuo del hombre de depender de Dios y obedecer el propósito divino para la humanidad. Sin embargo, para evitar que el hombre de este tiempo persistiera aun más en su pecado y esto los condujera a su destrucción total, el Señor confundió sus lenguas y estos se vieron obligados a desistir de su intento de construir aquella gran ciudad y torre, comenzando así, la población del nuevo mundo.

 

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