Los Primeros Hijos de Adán y Eva (Génesis 4:1-15)



“Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón. Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra”.
Génesis 4:1-2

INTRODUCCIÓN


                  En el capítulo 4 del libro de Génesis vemos el inicio de la primera familia, la de Adán y Eva. No olvidemos que Génesis es conocido como el libro de los comienzos, y hasta el momento hemos visto el comienzo de la vida, el comienzo del hombre, el comienzo de su vida en este planeta, el comienzo del pecado, la primera profecía mesiánica y hoy nos presenta el comienzo de la primera familia en esta tierra y los primeros hombres en nacer, Caín y Abel. También estos versículos presentan el primer registro de ofrendas dedicadas al Señor, así como el primer asesinato.


Caín-Abel
Los primeros hijos de Adán y Eva

 

LA PRIMERA FAMILIA EN ESTA TIERRA


“Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón. Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra”.
Génesis 4:1-2

                  De acuerdo con los primeros dos versículos de este capítulo vemos que después que Adán y Eva fueron expulsados del huerto del Edén procrearon sus primeros hijos. No hay ninguna sugerencia bíblica para creer que Adán y Eva tuvieron hijos antes de su caída en pecado. La Biblia usa el eufemismo “conocer” para referirse a las relaciones sexuales, y vemos a la pareja viviendo juntos y procreando sus primeros hijos. En estos dos versículos vemos el propósito divino que el matrimonio tiene para la humanidad. Por un lado, vemos el propósito de la ayuda mutua cumplida en esta familia ya que Eva permaneció como compañera idónea de Adán después que fueron expulsados, tal y como fue el propósito original al momento de ser creada: “Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre.  Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; más para Adán no se halló ayuda idónea para él”, (Génesis 2:18-20). También vemos en estos versículos el propósito divino de satisfacer las necesidades sexuales a través del matrimonio. Uno de los pecados que el hombre practica es la fornicación, es decir, tener relaciones sexuales fuera del matrimonio, y de acuerdo a la Biblia solo se puede practicar estando en el honroso estado de matrimonio: “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios”, (Hebreos 13:4). El deseo de Dios en el matrimonio es que el hombre huya de la fornicación y que satisfaga todos sus deseos sexuales con su esposa: “Bebe el agua de tu misma cisterna, y los raudales de tu propio pozo. ¿Se derramarán tus fuentes por las calles, y tus corrientes de aguas por las plazas? Sean para ti solo, y no para los extraños contigo. Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud, Como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre. ¿Y por qué, hijo mío, andarás ciego con la mujer ajena, y abrazarás el seno de la extraña?”, (Proverbios 5:15-20). Finalmente, vemos la orden de Dios de fructificarse y multiplicarse. El libro de Génesis nos enseña que Eva dio a luz y tuvo su primer hijo al cual llamo Caín, cuyo nombre proviene del hebreo Cayín (קַיִן), el cual algunos opinan que significa posesión, en el sentido que Eva lo valoro sobre todas las cosas que hasta ese momento poseía por ser su primer hijo, de allí que ella comenta respecto a su primer hijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón. Luego tiene a su segundo hijo al cual llamó Abel, cuyo nombre en hebreo es Jével (הֶבֶל), el cual algunos opinan que significa vanidad ya que Eva recordó la miseria que su pecado había traído a la humanidad, y de hecho no hay mayor comentario de parte de Eva al momento de tener a su segundo hijo: Después dio a luz a su hermano Abel. Ambos hijos escogieron dos oficios que han sido tan antiguos como el mismo hombre en esta tierra, la agricultura y la ganadería, y que posiblemente Adán los practicó: Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra. Por ejemplo, cuando Adán se encontraba en el huerto del Edén se dedicó a labrar la tierra: “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase”, (Génesis 2:15), y cuando pecó Dios le dijo que la tierra ya no le daría sus productos tan fácil, sino con el sudor de su frente la ganaría: “Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás”, (Génesis 3:18-19). Por tanto, Adán se dedicó a las labores de la agricultura tanto antes como después de su caída y su hijo Caín siguió sus mismos pasos en este oficio. Por otro lado, Adán tuvo a su cuidado las bestias del campo ya que si recordamos él fue el que les puso nombre: “Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre. Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo”, (Génesis 2:19-20). Aunque al principio el hombre no comía carne sino después del diluvio, Dios le dio la potestad de gobernar sobre todos los animales siendo su dieta 100% vegetariana: “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer”, (Génesis 1:28-29). Ahora bien, dice la Biblia que Abel se dedicó a ser pastor de ovejas, posiblemente porque de allí sacaban la lana para hacer sus vestidos. Así inició la primera familia sobre esta tierra, con dos hijos: Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra.

LAS PRIMERAS OFRENDAS DEDICADAS A DIOS


“Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda;  pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante”.
Génesis 4:3-5

Caín-Abel
Las ofrendas de Caín y Abel

                En estos dos versículos encontramos la primera referencia a ofrendas dedicadas a Dios. Una vez más Génesis que es el libro de los comienzos nos muestra los primeros hombres que presentaron sus ofrendas a Dios. Esta historia es muy conocida y aun es enseñada en las aulas de escuela bíblica y nos muestra a Abel y Caín que llevaron sus ofrendas al Señor, pero cada una recibió una aceptación diferente por parte de Él. En estos versículos la palabra ofrenda se traduce del hebreo minkjá (מִנְחָה), lo cual hace referencia a algo que se aparta de una porción más grande para dedicársela a Dios en ofrenda de agradecimiento. Si vemos tanto Caín como Abel la trajeron, cada uno la escogió de lo que Dios les había dado: Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. De acuerdo a la forma de cómo se relata cada ofrenda vemos una diferencia en la calidad de la misma, ya que mientras Caín se limitó a traer del fruto de la tierra, Abel trajo de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas, lo mejor, y esto indica que la ofrenda de Abel a diferencia de la de Caín fue rebuscada de entre lo mejor, y esto provocó que el Señor viera con más agrado su ofrenda que la de su hermano Caín: Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda;  pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. ¿Por qué Dios no miró con agrado la ofrenda de Caín? Algunos opinan que la razón fue porque no ofreció un sacrificio de sangre como su hermano Abel, ya que desde el momento que Dios sacrifico  animales para cubrir con sus pieles la desnudez del hombre se estableció que sin derramamiento de sangre no podía haber remisión de pecados: “Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió”, (Génesis 3:21), de allí que el autor de la carta a los Hebreos dijese: “Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión”, (Hebreos 9:22). Algunos creen que el error de Caín fue ofrecer una ofrenda a Dios a su manera y no como al Señor le agrada. Dios ha establecido en cada dispensación la forma de cómo el hombre tiene que acercarse a Él. Si vemos la época patriarcal nos daremos cuenta que todos ellos solían ofrecer sacrificios de corderos u ovejas delante del Señor, y en la dispensación de la ley vemos que Dios estableció que Israel tenía que acercarse a Él en el tabernáculo y allí ofrecer sus sacrificios, luego Salomón edifico el Templo, único lugar que Dios había establecido para que su pueblo lo buscara y ofrecieran allí sus ofrendas, y hoy en tiempos de la iglesia, la única forma de acercarnos delante del Padre y ofrecerle una verdadera adoración en espíritu y verdad es a través del Hijo, Jesucristo. Los que se apoyan en esta idea hacen referencia también a un versículo de la carta de Judas donde se describe el carácter de los falsos maestros: “¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré”, (Judas 11). ¿Cuál es el camino de Caín? El camino que busca adorar a Dios a su propia manera sin un corazón verdaderamente quebrantado y sincero, sin ofrecer una verdadera ofrenda conforme a su voluntad.

Ahora bien, hay otros que opinan que la razón por la cual Dios rechazó la ofrenda de Caín no fue porque provenía del producto de la tierra, porque de hecho algunas ofrendas que se habían establecido en tiempos de la ley eran de flor de harina: “Cuando alguna persona ofreciere oblación a Jehová, su ofrenda será flor de harina, sobre la cual echará aceite, y pondrá sobre ella incienso”, (Levítico 2:1), y también se ofrecían las primicias del fruto de la tierra: “Las primicias de los primeros frutos de tu tierra llevarás a la casa de Jehová tu Dios”, (Levítico 34:26). Más bien, el desagrado de Dios estuvo en el espíritu con el cual se escogieron, ya que mientras Abel escogió de lo mejor de sus ovejas, de sus primogénitos y lo más gordo, Caín no se preocupó por escoger lo mejor para su Señor: Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda;  pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Así aquel día Abel fue exaltado por su fe al ofrecer la mejor ofrenda que provenía de un corazón agradecido: “Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella”, (Hebreos 11:4). Lamentablemente esto desagrado tanto a Caín que lo llevaría a cometer un terrible pecado, el primer homicidio: Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. Si nos damos cuenta dos cosas resalta este texto en cuanto a la actitud que Caía tomo: Se ensañó y decayó su semblante. La palabra enseñó viene del hebreo kjará (חָרָה), lo cual literalmente significa: “alguien que arde de cólera y celos”. También se nos dice que el decayó su semblante y estas palabras vienen del hebreo panín nafál (פָּנִים נָפַל), lo cual sugiere que su estado de ánimo se derrumbó totalmente. Por tanto, podemos ver como Caín tomo de la peor forma la reprensión de Dios, ya que permitió que su ser se llenara de ira y celos hacia su hermano y su estado de ánimo se derrumbó totalmente, en lugar de humillarse delante del Señor, pedir perdón y corregir su error. Lo cierto es que cada uno de nosotros debemos aprender a recibir y aceptar la reprensión del Señor porque es para nuestro propio bien.

EL PRIMER HOMICIDIO


“Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante?  Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él. Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató”.
Génesis 4:6-8

                 Aquí encontramos el primer pecado de homicidio. El homicidio es uno de los pecados más terribles ya que a diferencia de los demás no solo desagrada a Dios, sino atentan contra la integridad y vida del ser humano, el cual es imagen y creación de Dios. Si revisamos un versículo atrás nos damos cuenta que antes de cometer este pecado, Caín desarrollo cierta clase de sentimientos y pensamientos que lo llevaron al homicidio: “Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante”, (Génesis 4:5). Ya vimos que con la palabra ensañó se nos sugiere que Caín se llenó de celos porque la ofrenda de su hermano había sido mejor, y esto lo condujo a la ira que conduce a la violencia. Tanto se turbó el espíritu de Caín que su semblante decayó ya que su estado de ánimo se derrumbó. En este versículo uno puede ver que detrás del homicidio se encuentran los peores sentimientos que ven con desagrado y desdén la vida humana, prácticamente en ellos no existe amor: “Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros. No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas. Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os aborrece. Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte. Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él”, (1 Juan 3:11-15). Los homicidas no aman a sus prójimos y mucho menos el hacer el bien, están bajo el control del diablo y sus obras son malas.

Caín-Abel
Los sentimientos asesinos de Caín

                    Ahora bien, Dios que lo conoce todo comprende los sentimiento de Caín y por ello le reprende con el fin de que este recapacite de su errado comportamiento:
Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante?  Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él. Para poder comprender mejor estos versículos podemos ver cómo los traducen otras versiones, por ejemplo, la Biblia de las Américas los traducen: “Entonces el SEÑOR dijo a Caín: ¿Por qué estás enojado, y por qué se ha demudado tu semblante? Si haces bien, ¿no serás aceptado? Y si no haces bien, el pecado yace a la puerta y te codicia, pero tú debes dominarlo”, (Génesis 4:6-7, LBLA).  El enojo de Caín era tan evidente que el semblante de su rostro lo mostraba claramente. Dios le dice que si acepta su reprensión y decide hacer el bien será enaltecido, pero sino el pecado lo acecha como lo hace una fiera con su presa con el propósito de prenderlo y hacerlo su esclavo, con todo él tenía que decidir si se arrepentía de su actitud o si pecaba. Aquí aparece por primera vez la palabra pecado, y en sí el pecado es una de las doctrinas fundamentales de la fe cristiana. La palabra pecado que aparece en este texto proviene de la palabra hebrea kjattaá (חַטָּאָה), la cual tiene su raíz en otro verbo que literalmente significa “errar”, y de allí que tanto en hebreo como en griego se le dé a la palabra pecado un significado literal de “errar el blanco”. Pecar es el peor error que el hombre comete, es errar completamente el blanco ya que este conduce a la muerte, pero aquel que obedece a Dios es bendecido: Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él. Debido  la caída de Adán el pecado entro al mundo, antes de eso nadie era tentado, pero por su desobediencia el pecado tienta al hombre con el fin de que este seda ante él y lo conduzca a la muerte, pero si logra vencerlo este es exaltado. En todo esto vemos cómo Dios decide reprenderlo por su actitud, lamentablemente Caín no atendió con humildad a reconocer su error, y esto hizo que su corazón se llenara de tanto odio que al final lo condujo a asesinar a su hermano: Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató. En este versículo se ve por primera vez la muerte de un ser humano, y de acuerdo a la palabra hebrea que se tradujo como “mató”, que es jarág (הָרַג), se entiende que Caín mato de forma violenta y a golpes a su hermano. Ignorar la reprensión de Dios es siempre un error ya que siempre que lo hace quiere disciplinarnos para nuestro bien y por ello el libro de los Proverbios nos dice lo prudente que es atender su disciplina: “El oído que escucha las amonestaciones de la vida, entre los sabios morará. El que tiene en poco la disciplina menosprecia su alma; más el que escucha la corrección tiene entendimiento. El temor de Jehová es enseñanza de sabiduría; y a la honra precede la humildad”, (Proverbios 15:31-32). Escuchar y atender la disciplina de Señor con toda humildad trae salvación y bendiciones a nuestras vidas; pero lo contrario solo conduce a la destrucción del alma. En Hebreos también se nos dice la importancia que debemos tomarle a la disciplina del Señor: “Y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados”, (Hebreos 12:5-11). Aquí vemos la importancia de atender la disciplina de Dios, de hecho en el griego original esta palabra disciplina se traduce de paideúo (παιδεύω), la cual literalmente significa educar a un niño, y de esta raíz viene nuestra palabra española pedagogía, que es la ciencia que estudia la metodología y las técnicas que se aplican a la enseñanza y la educación. Por ello, cada vez que Dios nos amonesta debemos atender sus palabras y someternos a su disciplina porque su deseo es enseñarnos el camino correcto y evitar nuestro fracaso espiritual.

Caín-Abel
Caín mató a su hermano Abel

EL CASTIGO DE CAÍN


“Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra. Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado. He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará. Y le respondió Jehová: Ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado. Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara”.
Génesis 4:9-15

                  Después que Caín mato a su hermano Abel, Dios le habla preguntándole por él: Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? La razón por la cual le pregunto no fue porque quería saber dónde estaba Abel, ya que Dios es Omnisciente, sino más bien porque quería confrontar a Caín con su pecado, no obstante, este decide evadir el tema y sarcásticamente le responde al Señor: Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? Su respuesta nos enseña su insensibilidad y falta de arrepentimiento que tenía, por ello Dios le hizo saber que en este mundo no había nada que estaba oculto a sus ojos, y que la sangre inocente clamaba por justicia desde su tumba: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. Aunque en este mundo hay muchos inocentes que sufren a manos de personas perversas, estas tienen un Dios que observa y toma venganza por todas las injusticias que les hacen. Uno lo ve aquí, donde Abel fue asesinado injustamente, también lo vemos cuando el Señor vio la aflicción de su pueblo en tierra de Egipto y por esto castigo a toda la nación: “Aconteció que después de muchos días murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre. Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Y miró Dios a los hijos de Israel, y los reconoció Dios”, (Éxodo 2:23-25). Él se hace llamar Padre de huérfanos y defensor de viudas, dos grupos asociados con los más necesitados: “Padre de huérfanos y defensor de viudas es Dios en su santa morada”, (Salmo 68:5). El castigo a Babilonia por la forma de cómo maltrato a su pueblo: “Así ha dicho Jehová: He aquí que yo levanto un viento destruidor contra Babilonia, y contra sus moradores que se levantan contra mí. Y enviaré a Babilonia aventadores que la avienten, y vaciarán su tierra; porque se pondrán contra ella de todas partes en el día del mal. Diré al flechero que entesa su arco, y al que se enorgullece de su coraza: No perdonéis a sus jóvenes, destruid todo su ejército. Y caerán muertos en la tierra de los caldeos, y alanceados en sus calles. Porque Israel y Judá no han enviudado de su Dios, Jehová de los ejércitos, aunque su tierra fue llena de pecado contra el Santo de Israel”, (Jeremías 51:1-5). Los mártires de la gran tribulación clamaran a Dios para que vengue su sangre: “Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían. Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?”, (Apocalipsis 6:9-10). Y así Dios ve las injusticias que el hombre hace sobre esta tierra y la forma de como oprimen a los indefensos e inocentes, y por ello siempre está dispuesto a vengar la sangre de los inocentes que clama desde sus tumbas.


Caín-Abel
Caín errante

                   
Por esta causa el Señor le dijo a Caín: Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra. Esta es la primera vez que Dios maldice a una persona, y en este texto la palabra utilizada es arar (אָרַר), y en este sentido Dios está declarando duros juicios sobre la vida de Caín los cuales eran: convertirse en un errante y la tierra no le volvería a dar el fruto cuando la trabajara. Anteriormente Dios había maldecido a la serpiente: “Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida”, (Génesis 3:14), y a la tierra: “Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida”, (Génesis 3:17), pero ahora está maldiciendo a Caín. Ante esta maldición Caín exclama lo duro que es su castigo: Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado. He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará. Caín temía que yendo errante por la tierra alguien lo encontrase y lo matara, pero Dios no lo permite ya que lo sella con una marca la cual anunciaba el juicio que había sobre su vida: Y le respondió Jehová: Ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado. Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara. Realmente no sabemos qué tipo de señal fue la que Dios le puso a Caín, ni tampoco en qué lugar, algunos opinan que fue en su frente, pero eso no lo dice el texto bíblico, lo que si es cierto es que este hombre cargaba una señal visible que testificaba a todo aquel que lo veía el grave pecado que había cometido y su castigo por ello. Así fue la historia de los primeros dos hombres nacidos en esta tierra, así Abel es recordado por su gran y excelente sacrificio y como el primer justo que murió sobre esta tierra: “Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella”, (Hebreos 11:4). En contraste, Caín es recordado como el primer homicida cuyas obras eran malas y por ello fue marcado de por vida: “No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas”, (1 Juan 3:12). 


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