Evidencias de un cristiano que ama (1 Juan 3:11-18)


 

“Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros. No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas. Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os aborrece. Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte. Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él. En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad”.

1 Juan 3:11-18 

INTRODUCCIÓN

              Al llegar a esta sección de versículos de 1 Juan, el apóstol nos habla un poco más acerca de uno de los temas que trata en esta carta, el amor. Definitivamente el apóstol Juan concebía a una persona que se llamara así misma cristiana y no practicara el amor. Ahora bien, ¿qué características posee una persona que ha aprendido a amar? En estos versículos Juan nos enseña algunas características que deben evidenciarse en la persona que ama por lo que los consideraremos en esta oportunidad.


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Evidencias de un cristiano que ama


EL QUE AMA A SU PRÓJIMO LO HACE PORQUE AMA A DIOS Y EN OBEDIENCIA A SU PALABRA

 “Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros”.

1 Juan 3:11

                La primera característica que encontramos en la vida de un cristiano que ha aprendido a amar a su prójimo es que lo hace por amor a Dios y en obediencia de su palabra. Jesús dijo en cierta ocasión: “Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, (Mateo 22:35-39). Jesús explicó que la ley se resumía en el cumplimiento de dos mandamientos principales, el amar a Dios y el amar al prójimo, luego, el apóstol Pablo nos enseña que el amor al prójimo se resume en cumplir sus mandamientos: “Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor”, (Romanos 13:9-10). Por lo que podemos decir que una característica del cristiano que ama a su prójimo es que obedece la palabra de Dios y en ella encontramos muchos mandamientos que nos exhortan a ser generosos, pacientes, gentiles, compasivos, humildes, fieles y a desarrollar una serie de virtudes que nos ayudan a relacionarnos con nuestro prójimo, a practicar el amor fraternal y alejarnos de aquellos pecados en contra de nuestro prójimo que pueden dañarlos.

 

EL QUE AMA A SU PRÓJIMO ES ABORRECIDO POR ESTE MUNDO

 “No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas. Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os aborrece”.

1 Juan 3:12-13

               Paradójicamente, aquel que ha aprendido a amar es aborrecido por este mundo y Juan explica el por qué: No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas. ¿Cómo puede ser que un cristiano que ha aprendido a amar a su prójimo es aborrecido por este mundo? Bueno, prácticamente porque el mundo es malo y persevera en el pecado y el verdadero hijo de Dios no. Esta fue la causa por la cual Caín mato a Abel, porque las obras de su hermano eran justas y mejores que las de él, por esta razón y movido por la envidia e ira, lo mató: “Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante”, (Génesis 4:3-5). Muchas veces así pasara con las personas que viven en el pecado y no entiende por qué los cristianos no siguen su mismo camino de desenfreno, para muchos será totalmente inaceptable y los verán como persona fanáticas o anticuadas: “A éstos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan”, (1 Pedro 4:4). Como cristianos debemos estar conscientes de esta realidad, pero eso no nos tiene que detener de seguir amando a nuestro prójimo porque al final el amor prevalecerá y trascenderá más allá de esta vida.

 

EL QUE AMA A SU PRÓJIMO HA NACIDO DE NUEVO

 “Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte”.

1 Juan 3:14

                  Otra característica de aquella persona que ama a su prójimo es que lo hace porque ha nacido de nuevo y pasado de muerte a vida eterna: Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte. Una de las obras que Dios hace en nuestras vidas cuando venimos a Él en total arrepentimiento y nos convertimos es que crea en nosotros una nueva naturaleza la cual nos permite dejar atrás nuestra antigua manera de vivir y nos permite perseverar en todo aquello que es agradable a la voluntad de Dios: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”, (2 Corintios 5:17). Es gracias a esta nueva naturaleza que nos permite transformar nuestra vida y seguir la piedad y practicar el verdadero amor, y no solo eso, sino que también nos da la seguridad de nuestra salvación: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, más ha pasado de muerte a vida”, (Juan 5:24). Por ello, cualquiera que no ha aprendido a amar a su prójimo permanece en condenación eterna y tendría que evaluar la condición de su vida ya que seguramente necesita convertirse a Dios para que sea transformado por el amor perfecto de Dios.

 

EL QUE AMA A SU PRÓJIMO NO ODIA A NADIE

“Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él”.

1 Juan 3:15

                  Para Juan, todo aquel que odia a su hermano es parecido a un homicida: Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él. Muchas personas consideraran el homicidio un terrible pecado, tan grave que en cualquier país civilizado es condenado por las leyes estatales, sin embargo, el odio no se ve así, pero realmente lo es, porque el odio puede llevar al homicidio, tal y como Caín hizo. De hecho, Jesús elevó el pecado del odio al mismo nivel de gravedad que del homicidio: “Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.”, (Mateo 5:21-24). Por tanto, aquel que ama no puede guardar resentimientos ni odio en su corazón y permitir que el amor de Dios sane todas sus heridas y aprender a orar aun por sus enemigos: “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen”, (Mateo 5:23).

 

EL QUE AMA A SU PRÓJIMO SIGUE EL EJEMPLO DE SU MAESTRO 

“En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos”.

1 Juan 3:16

                 Por otro lado, el verdadero amor es practicado por el cristiano porque sigue el ejemplo de su Maestro: En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Por amor Jesús murió por nosotros, para que a través de su sacrificio pudiésemos ser salvos, de igual forma, nosotros como discípulos de Él debemos seguir su ejemplo y enseñanzas: “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante”, (Efesios 5:1-2).

 

EL QUE AMA A SU PRÓJIMO NO ES INDIFERENTE A SU SUFRIMIENTO

 “Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad”.

1 Juan 3:17-18

                  Finalmente, el verdadero amor al prójimo se demuestra ayudando a aquellos que lo necesitan: Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?. Dios espera que nuestro amor fraternal nos impulse a tener misericordia de aquellos que están en dificultades y necesitan de nuestra ayuda, lo peor que nos puede pasar es que nos volvamos cristianos insensibles: “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma”, (Santiago 2:14-17). Para Santiago la verdadera fe no era solo de palabras, sino que también tenía que demostrarse por medio de las obras las cuales eran testimonio y evidencia de su salvación. Difícilmente podríamos decir que alguien a aprendido a amar si no le interesa el sufrimiento de los necesitados, por ello Juan también dice: Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad. Nuestro amor y fe debe demostrarse a través de los hechos y no solo de palabra.

 


1 comentario:

  1. Hermoso estudio de gran bendición, gracias hermano walter

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