Los primeros frutos de Samaria (Juan 4:39-42)

“Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho. Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días. Y creyeron muchos más por la palabra de él, y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo”.
Juan 4:39-42

INTRODUCCIÓN



            Llegamos al final de esta maravillosa historia exclusiva del Evangelio según Juan. Después del pequeño paréntesis Juan vuelve pronto a enlazarnos con el desenlace de la historia de la mujer samaritana. Parece que sus palabras: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega (Juan 4:35), eran un preludio profético que anunciaban la gran obra de salvación que estaba a punto de ocurrir en Samaria. Podemos imaginarnos la multitud de samaritanos que se veían a lo lejos en las colinas de Samaria corriendo hacia Jesús la fuente de agua viva. Ciertamente los campos estaban ya listos para la siega. Con esto quedará claro el carácter universal del ministerio de nuestro Señor Jesucristo, el cual no hace distinción de sexo, nacionalidad, raza o clase social.

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Los primeros frutos  de Samaria

LOS PRIMEROS FRUTOS DE SAMARIA


“Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho. Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días. Y creyeron muchos más por la palabra de él, y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído…”
Juan 4:39-42

               Después del testimonio de la mujer samaritana, muchos samaritanos decidieron ir al encuentro de Jesús con el fin de comprobar sus palabras. Si somos justos, podemos decir que el primer misionero enviado a Samaria fue esta mujer, y fue ella la que puso los primeros cimientos de lo que un día llegaría a convertirse en la iglesia de Samaria. Muchos fueron los que creyeron en Jesús aquel día, solo basto el testimonio de la mujer para esto, no fue necesario la realización de señales o sanidades para que creyeran en Jesús, lo que nos muestra la gran necesidad espiritual que estos samaritanos tenían. Como Jesús lo dijo los campos ya estaban blancos, listos para la siega, así muchas personas están listas para creer, solo necesitan que alguien les predique la palabra, alguien que como la mujer samaritana testifique lo que Dios ha hecho en su vida. Pablo lo dijo de esta manera: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!”, (Romanos 10:14-15). Si hay un privilegio grande es ser predicador de la palabra de Dios, el llevar esa palabra de esperanza a las personas necesitadas y ofrecerles a Cristo como el Señor y Salvador de sus vidas. Pablo lo sabía muy bien, y solo dos cosas eran necesarias, el que envía a predicar (que es Dios) y el que acepta. Tanta fue la aceptación de los samaritanos hacia Jesús al reconocerlo como Mesías que no les importo que fuese judío, todas sus ideas tradicionales quedaron atrás y se centraron en la revelación de Dios a través de la persona de Jesús. Al final le pidieron que se quedase con ellos Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días.

                Es interesante ver dos detalles más en este relato. Primero, no les vasto el testimonio de la mujer samaritana, sino indagaron por sí mismo más en la persona de Jesús y así crecieron aún más: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído. Es interesante considerar las palabras griegas que se utilizan para referirse a lo dicho por la mujer acerca de Cristo, versus el testimonio del propio Cristo. La palabra dicho (que corresponde al testimonio de la mujer) se traduce del griego lalía (λαλιά), la cual puede ser considerada como una charla o palabras expresadas, sin embargo, para referirse al propio testimonio que Jesús daba de sí mismo se utiliza logos (λόγος), la cual es una palabra más autoritaria al mismo tiempo que hace referencia a la propia palabra de Dios. Los samaritanos creyeron al inicio por lo dicho por la mujer, pero no se quedaron allí, corrieron al Maestro el cual les testifico personalmente para mayor edificación de sus vidas. Si el creyente quiere crecer y madurar necesita establecer una relación personal con Cristo, no quedarse con la experiencia inicial de la salvación, sino seguir conociendo más de Él. En segundo lugar, después que se quedó en Samaria por dos días más, continúo anunciando el mensaje del evangelio logrando que el número de creyentes en aquel lugar creciese, demostrándonos que su enfoque en esta tierra siempre estuvo en ganar la mayor cantidad de almas posibles: Y creyeron muchos más por la palabra de él.

EL SALVADOR DEL MUNDO


“… y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo”.
Juan 4:42


              Finalmente, el apóstol Juan presenta aquí a Jesús con el título del Salvador del mundo. El termino salvador es un título que se le atribuía a Dios en el Antiguo Testamento: “He aquí que Jehová hizo oír hasta lo último de la tierra: Decid a la hija de Sion: He aquí viene tu Salvador; he aquí su recompensa con él, y delante de él su obra”, (Isaías 62:11), y aquí se le da a Jesús. Este título exclusivo aparece solamente dos veces en el Nuevo Testamento, y es el mismo Juan que lo utiliza para referirse a Jesús. Aparece por primera vez aquí en Juan 4:42, y también en 1 Juan 4:14: “Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo”. Si hay alguien que merece ese título es nuestro Señor, lo vemos en estos versículos, y en general en los cuatro evangelios que describen su incansable ministerio a favor de las ovejas perdidas y su obra redentora en la cruz del Calvario. Por eso, Jesús, el Cristo, es el Salvador del mundo.


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