La Vid Verdadera (Juan 15:1)



“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador”.
Juan 15:1

INTRODUCCIÓN


              Llegamos hoy al capítulo 15 del evangelio según Juan, y este es un gran capítulo, porque aquí encontramos una alegoría muy conocida, la alegoría de la Vid verdadera. La Biblia esta llena de figuras literarias que embellecen aun más su contenido. Aquí podemos encontrar fabulas, símil, prosopopeyas, poesía hebrea con sus paralelismos y acrósticos, hipérboles, ironías, paradojas, parábolas y hoy llegamos a una alegoría. Una alegoría es un conjunto de metáforas, y una metáfora es una figura literaria que se auxilia de formas humanas, animales, de la naturaleza o de cosas de la vida cotidiana para compararlas con una verdad que se pretende dar a conocer, y ahora, nuestro Maestro la usa para mostrarles a sus discípulos, y por ende a nosotros, una verdad esencial en el evangelio… ¡separados de Cristo nada podemos hacer! Comencemos hoy el estudio de esta alegoría considerando el primer versículo de este capítulo 15.

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La Vid Verdadera


EL SÉPTIMO GRAN YO SOY


“Yo soy la vid verdadera…”
Juan 15:1

               El capítulo 15 de este evangelio inicia con la declaración de séptimo gran “Yo Soy”. Como ya lo vimos allá en el capítulo 6 donde aparece el primer gran “Yo Soy”, dicha expresión se ha convertido en una declaración del carácter divino de Jesús. El pronombre Yo es enfático y el verbo “soy” en el tiempo presente expresa el eterno ser divino, y para los judíos esta expresión era muy conocida ya que la relacionaban con la auto existencia del Dios todo poderoso la cual había sido revelada a Moisés en la zarza que ardía: “Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros”, (Éxodo 3:14), por tanto, al usarla Jesús para sí mismo se hacía igual a Dios. Considerando todo esto, Jesús ha utilizado ya 6 veces esta declaración y se ha presentado como: el pan de vida (Juan 6:35), la luz del mundo (Juan 8:12), la puerta de las ovejas (Juan 10:7), el buen pastor (Juan 10:11), la resurrección y la vida (Juan 11:25), el camino, la verdad y la vida (Juan 14:6), y ahora aquí en Juan 15:1 se presenta como la Vid verdadera, dándonos un aspecto mas de su gloriosa persona divina. En este caso, Jesús se presenta como la Vid verdadera. Las vides son un género de planta muy conocidas por los judíos que produce uvas y de donde se obtiene el vino, una bebida tradicional en el medio oriente antiguo. Como ya lo hemos visto, cada declaración del gran “Yo Soy”, esta relacionada con un aspecto de la historia, cultura y religión judía. Por ejemplo, el pan de vida estaba relacionada con el maná que cayo del cielo, la luz del mundo estaba relacionada con la luz de los candelabros que se encendían en el templo durante la fiesta de los tabernáculos, la puerta de las ovejas y el buen pastor estaban relacionados con una de los oficios mas antiguos de los hebreos, el cuido de ovejas, la resurrección y la vida estaban relacionadas con una esperanza de su religión, el camino, la verdad y la vida, estaban relacionados con aspectos de su religión, y hoy, la vid verdadera nos enseña aun más al respecto. Es increíble cómo Jesús tomo todos estos aspectos importantes de su religión y vida judía, y les mostró como su persona es superior y mas que suficiente para darles todas las cosas.

LA VID VERDADERA Y EL LABRADOR



“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador”.
Juan 15:1

                  En este primer versículo vemos claras dos cosas. La primera es que la vid verdadera es Jesús y que el labrador del campo donde esta cultivada la vid es su Padre, Dios. Desde el Antiguo Testamento el Señor a usado la figura de la vid con el propósito de mostrar como en su gran amor sacó a Israel de la esclavitud para hacer de ellos una nación de reyes y sacerdotes que vivieran para Él. Así tenemos la parábola que aparece en Isaías donde se muestra esto: “Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres. Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad ahora entre mí y mi viña. ¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres? Os mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña: Le quitaré su vallado, y será consumida; aportillaré su cerca, y será hollada. Haré que quede desierta; no será podada ni cavada, y crecerán el cardo y los espinos; y aun a las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella. Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta deliciosa suya. Esperaba juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí clamor”, (Isaías 5:1-7). Podemos ver aquí la enorme comparación de cómo Dios muestra su gran amor al momento de sacar a Israel de la esclavitud para darles la tierra prometida, y esperando hallar en ellos frutos agradables, no los halló. En este caso, el labrador es Dios el cual trabajo duro para llegar a tener su viña, hizo una ladera fértil, la cercó y despedregó, planto su viña y edifico allí una torre de vigía y un lagar que era el lugar donde se pisaban las uvas para extraer el jugo de ellas y poder elaborar el vino. Lamentablemente, después de mucho tiempo la vid no dio uvas dulces, sino uvas silvestres que eran amargas. De igual forma, el Señor esperaba que Israel fuese su nación santa que le adorara, pero estos en lugar de eso se volvieron a los dioses falsos y por ello fueron consumidos por sus pecados, tal y como lo vemos en Ezequiel: “Tu madre fue como una vid en medio de la viña, plantada junto a las aguas, dando fruto y echando vástagos a causa de las muchas aguas. Y ella tuvo varas fuertes para cetros de reyes; y se elevó su estatura por encima entre las ramas, y fue vista por causa de su altura y la multitud de sus sarmientos. Pero fue arrancada con ira, derribada en tierra, y el viento solano secó su fruto; sus ramas fuertes fueron quebradas y se secaron; las consumió el fuego. Y ahora está plantada en el desierto, en tierra de sequedad y de aridez. Y ha salido fuego de la vara de sus ramas, que ha consumido su fruto, y no ha quedado en ella vara fuerte para cetro de rey. Endecha es esta, y de endecha servirá”, (Ezequiel 19:10-14). Por eso, en algunos otros pasajes el Señor expresa su dolor al decir como esta vid que era Israel no le dio el fruto que esperaba y su fin fue amargo: “Te planté de vid escogida, simiente verdadera toda ella; ¿cómo, pues, te me has vuelto sarmiento de vid extraña?”, (Jeremías 2:21).

Jesús durante los últimos días de su ministerio también hizo uso de esta comparación de la viña del Señor y de cómo los judíos religiosos habían fallado en su misión de cuidar para Dios esta viña para que cuando Él regresara encontrara un fruto agradable: “Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos. Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon. Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera. Finalmente les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad. Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron. Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores? Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo”, (Mateo 21:33-41). Con esta parábola, el Señor retomaba mucho del contenido que vemos en el Antiguo Testamento y expresa como Israel había fracasado en el hecho de producir para Dios un fruto agradable en su viña, y aun habiendo enviado sus profetas y a su Hijo amado, estos no obedecieron sino terminaron dando muerte al mismo Hijo de Dios, por ello fueron destruidos y la viña se terminó dándoselas a otros, y estos otros son todos aquellos que conforman la iglesia del Señor. Ante el fracaso del Israel de cuidar la viña del Señor y producir frutos agradables en su vid, Dios el Padre se preparo una nueva vid que es su mismo Hijo amado, nuestro Señor Jesús. Estaba claro que no existe ningún ser humano que pudiera cuidar la viña del Señor, pero en consecuencia de la incapacidad humana para tal fin, se provee de otra vid que sí producirá fruto sin la posibilidad de fracaso, y esta vid verdadera es Jesús: Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. El apóstol Pablo en su carta a los Romanos nos habla un poco acerca de como Israel, al haber fracasado en el hecho de dar buenos frutos, fueron desgajados del olivo verdadero y en lugar de ellos fueron injertados los olivos silvestres que son los gentiles que han creado en el Señor Jesucristo: “Si las primicias son santas, también lo es la masa restante; y si la raíz es santa, también lo son las ramas. Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo, no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti. Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese injertado. Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme”, (Romanos 11:16-20). De esta forma, hoy en Cristo Jesús nosotros que en otro tiempo éramos ramas del olivo silvestre hoy podemos estar injertados en el olivo original y vivir por medio de su sabia, y en Juan se nos muestro como Jesús ha venido a ser hoy en día la vid verdadera y nosotros los pámpanos que se alimentan del tronco para producir frutos agradables al Señor. Por ello, hoy nosotros podemos dar muchos frutos, y frutos agradables al Señor, si permanecemos unidos a esta vid, porque solo así podremos agradar a Dios.





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