Jesús es cruelmente azotado (Juan 19:1-5)

 

“Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó. Y los soldados entretejieron una corona de espinas, y la pusieron sobre su cabeza, y le vistieron con un manto de púrpura; y le decían: ¡Salve, Rey de los judíos! y le daban de bofetadas. Entonces Pilato salió otra vez, y les dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él. Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre!”.

Juan 19:1-5

 

Jesús-azotado
Jesús es cruelmente azotado

INTRODUCCIÓN

               El capítulo 19 del evangelio según Juan continua el relato del juicio de Jesús ante Pilato. Los judíos han conspirado para entregar a Jesús a la muerte, ha sido llevado ante Poncio Pilato, el gobernador de Judea que Roma había puesto para este tiempo, sin embargo, Pilato no encuentra un motivo para dejarlo libre. Al principio no se intereso en ver el caso ya que les pidió que ellos mismos lo se encargaran y lo juzgaran según sus leyes; pero estos se niegan porque quieren la pena máxima para Jesús, que es la muerte (Juan 18:29-31). Luego, después de interrogar a Jesús, Pilato no encuentra motivos para condenarlo a muerte y aunque intenta dejarlo libre, los líderes religiosos judíos se oponen y por ello toma ventaja de la tradición de la pascua donde se libera un prisionero y les da a escoger entre un asesino y ladrón llamado Barrabás y Jesús (Juan 18:38-40). Quizás pensó que los judíos encontrarían más razonable liberar a Jesús, pero la verdad es que pidieron que Barrabás quedara libre. Así llegamos hoy a los versículos de este día donde será entregado a ser azotado y sufrir una gran humillación.

 

JESÚS ES AZOTADO

“Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó”.

Juan 19:1

               El relato de Juan nos muestra que Jesús es azotado inmediatamente después que los judíos eligen a Barrabás: Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó. Con respecto al momento en el cual Jesús es azotado se presenta un pequeño problema de tiempo. Según Mateo y Marcos, Jesús es azotado después que es condenado por Pilato y antes de la crucifixión: “Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros. Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos. Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado”, (Mateo 27:24-26). No obstante, Lucas y Juan colocan el momento en el que Jesús es azotado antes de la sentencia de morir crucificado: “Le soltaré, pues, después de castigarle. Y tenía necesidad de soltarles uno en cada fiesta. Mas toda la multitud dio voces a una, diciendo: ¡Fuera con éste, y suéltanos a Barrabás! Este había sido echado en la cárcel por sedición en la ciudad, y por un homicidio. Les habló otra vez Pilato, queriendo soltar a Jesús; pero ellos volvieron a dar voces, diciendo: ¡Crucifícale, crucifícale!”, (Lucas 23:18-21). Esta dificultad de querer ubicar en el tiempo el momento donde Jesús es azotado se ha tratado de resolver por algunos estudiosos de las Escrituras. Unos afirman que Mateo y Marco aciertan en el hecho de que Jesús fue azotado después de que fue condenado y justo antes de ir la crucifixión, esta conclusión basada en el hecho de que la costumbre romana solía azotar primero a los prisioneros que habían sido condenados a la crucifixión. Por otro lado, otros opinan que Juan y Lucas aciertan en el hecho de ubicar el momento en el que Jesús es azotado antes de ser condenado a muerte. Esta afirmación la respaldan en el hecho de que posiblemente Poncio Pilato que quería evitar la muerte de Jesús decidió mandar a azotarlo como un escarmiento con el fin de apaciguar los deseos de los judíos de matarlo, a lo mejor pensó que al verlo totalmente flagelado por el castigo que infringía la litigación ellos quedarían complacidos y desistirían de su deseo de ver a Jesús muerto, tal y como Lucas lo dice: “Le soltaré, pues, después de castigarle”, (Lucas 23:24). Si consideramos ambas posiciones veremos que las dos tienen puntos de peso para creer en ellas, por hoy, pareciera que tenemos un anacronismo, es decir, un problema de tiempo para ubicar correctamente los eventos ocurridos, sin embargo, nosotros no le prestaremos mayor importancia a esto.

                Lo que si es cierto es que Jesús fue entregado para ser azotado, un castigo bastante cruel que en ocasiones terminaba en la muerte del castigado. Este castigo estaba prohibido para mujeres y romanos, por eso Pablo uso de su derecho como ciudadano romano cuando le era conveniente. Por ejemplo, los magistrados de Filipos quedaron preocupados cuando se enteraron que Pablo, a quien habían azotado, era ciudadano romano: “Cuando fue de día, los magistrados enviaron alguaciles a decir: Suelta a aquellos hombres. Y el carcelero hizo saber estas palabras a Pablo: Los magistrados han mandado a decir que se os suelte; así que ahora salid, y marchaos en paz. Pero Pablo les dijo: Después de azotarnos públicamente sin sentencia judicial, siendo ciudadanos romanos, nos echaron en la cárcel, ¿y ahora nos echan encubiertamente? No, por cierto, sino vengan ellos mismos a sacarnos. Y los alguaciles hicieron saber estas palabras a los magistrados, los cuales tuvieron miedo al oír que eran romanos”, (Hechos 16:35-38). En otra ocasión, cuando Pablo estaba a punto de ser azotado uso su derecho de ciudadano romano para evitarlo: “Mandó el tribuno que le metiesen en la fortaleza, y ordenó que fuese examinado con azotes, para saber por qué causa clamaban así contra él. Pero cuando le ataron con correas, Pablo dijo al centurión que estaba presente: ¿Os es lícito azotar a un ciudadano romano sin haber sido condenado? Cuando el centurión oyó esto, fue y dio aviso al tribuno, diciendo: ¿Qué vas a hacer? Porque este hombre es ciudadano romano”, (Hechos 22:24-26). Por tanto, este castigo cruel no era para mujeres y ciudadanos romanos. El castigo era bastante cruel y brutal, el prisionero solía amarrarse de pie en un tronco, de pie, desnudo y las áreas a azotar eran la espalda, las piernas y glúteos. El instrumento que se utilizaba era un látigo corto que solía terminar en tres trenzas, en cuyas trenzas amarraban huesos o bolas de plomo que solían infringir gran daño al momento de golpear a la víctima, daños como desgarramientos de piel y heridas profundas donde incluso se veían viseras u órganos internos del cuerpo. En la siguiente figura podemos ver cómo era la crueldad de este castigo, así como el instrumento que se usaba.

Jesús-azotado
Castigo romano de azote

Podemos imaginarnos lo terrible que fue este castigo que Jesús enfrento. Consideremos que para este momento ya Jesús había atravesado por otros situaciones que físicamente lo tenían agotado, por ejemplo, el estrés emocional de enfrentar la muerte, su angustia en el Getsemaní, el hecho que sus discípulos lo habían abandonado, no había dormido toda la noche, las abofeteadas y golpes que los judíos le proporcionaron en casa de Caifás antes de llevarlo con Pilato, el camino de recorrido, del Getsemaní a casa de Caifás, de Caifás al pretorio, donde Poncio Pilato, luego este lo envía a Herodes Antipas que se encontraba en Jerusalén, pero este se niega a juzgarlo y lo manda de regreso a Pilato, todo este ir y venir podemos creer que fatigo a nuestro Señor, para luego ser azotado, recibiendo un total de 39 azotes que debieron haberlo flagelado totalmente, causando gran dolor y profundas heridas.


LOS SOLDADOS ROMANOS HUMILLAN A JESÚS

“Y los soldados entretejieron una corona de espinas, y la pusieron sobre su cabeza, y le vistieron con un manto de púrpura; y le decían: ¡Salve, Rey de los judíos! y le daban de bofetadas”.

Juan 19:2-3

                 Definitivamente la crueldad de los soldamos romanos se deje ver en estos versículos, influenciados por el odio de Satanás, estos soldados romanos llegaron a las más viles y despiadadas acciones. Cualquier humano hubiese tenido suficiente con el castigo que se le había infringido a Jesús, ya que después de ser azotado, su cuerpo debió haber quedado totalmente ensangrentado, lleno de heridas profundas y físicamente agotado, su cuerpo sin fuerzas; cualquier ser humano debió haber sentido compasión; pero estos soldados romanos, influenciados por el diablo, lejos de sentir compasión, decidieron añadir a su sufrimiento la humillación, ya que en su retorcida y maligna imaginación, entretejieron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza y luego le vistieron con un manto purpura para burlarse del Él, llamándolo rey de los judíos: Y los soldados entretejieron una corona de espinas, y la pusieron sobre su cabeza, y le vistieron con un manto de púrpura; y le decían: ¡Salve, Rey de los judíos! y le daban de bofetadas. Evaluemos la crueldad de estas burlas. La corona de espinas debió romper la piel de su cabeza, penetrando en ella y provocando fuertes dolores y hemorragias, además de las bofeteadas que le daban. De esta forma, nuestro amado Señor no solo tuvo que sufrir por los dolores terribles que el castigo físico le infringía, sino que también soportó las burlas y golpes de los soldados romanos.

 

¡HE AQUÍ EL HOMBRE!

“Entonces Pilato salió otra vez, y les dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él. Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre!”.

Juan 19:4-5

              Después de toda esta tortura, Pilato debió haberse sorprendido de semejante crueldad infringida contra un hombre, por ello, creyendo que los judíos se compadecerían al ver a Jesús en tal condición apelo a su compunción recordándoles que no había hallado en Él ningún delito: Entonces Pilato salió otra vez, y les dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él. Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Tal escena debió impactar a Pilato, tanto que en frente de los judíos exclamó unas palabras que quedaron grabadas en este glorioso evangelio: ¡He aquí el hombre! Con respecto a esta exclamación algunos opinan que Pilato lo hizo en tono de burla, pero otros como nosotros creemos que cuando Pilato exclamo estas palabras estaba totalmente impactado de ver a un hombre que enfrentaba las torturas, el dolor y las burlas con gran convicción y determinación. Ciertamente Jesús es el Hombre, el único Hombre en el que se cumplían todas las profecías mesiánicas, el único Hombre en quien el Padre se complacía, el único Hombre en quien reposaba la plenitud del poder del Espíritu Santo, el único Hombre que se ofrecía como cordero perfecto, el único Hombre en quien podemos encontrar la vida eterna, el único Hombre perfecto y a la vez Dios perfecto, el único Hombre que cumplió la voluntad de Dios y que ahora estaba dispuesto a cumplir su misión de redención sin importar el sufrimiento que le esperaba, esto lo hizo por amor a nosotros confirmando así sus nobles palabras: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos”, (Juan 15:13). Por ello, las palabras de Pilato cobran gran significado para nosotros cuando dijo, ¡He aquí el Hombre!

                Pilato creía que a lo mejor los judíos quedarían satisfechos con ver la crueldad con la que había sido castigado, creía que estos desistieran de su intención de que muriera, pero no fue así, ya que estos insistían en que debía morir lo cual conduciría a su crucifixión. Nosotros al considerar los sufrimientos de nuestro Señor Jesucristo no podemos más que entender el gran amor con el cual nos ha amado, ya que se entrego por nosotros para sufrir en lugar nuestro el castigo por todos nuestros pecados, para que ahora nosotros podamos recibir vida eterna. 


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