La suerte fue echada (Juan 19:23-24)


 

“Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo. Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice: Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes. Y así lo hicieron los soldados”.

Juan 19:23-24

 

INTRODUCCIÓN

             La escena en la cruz continua, Jesús está crucificado y de acuerdo a los evangelios sinópticos muchas personas se burlaban de él, mientras que otros hacían lamentación. Por los siguientes versículos, entendemos que Juan, el discípulo amado, estaba allí a la par de María, la madre de Jesús (Juan 19:25-27), y desde allí contempla todo lo que está pasando, de tal forma que las escenas que se narran aquí quedaron grabadas en su mente, tanto así que narra es su evangelio esta escena presentada en los versículos que van del 23 al 24 donde unos insensibles y sádicos soldados romanos echan suerte sobre la túnica del Señor, mientras éste moría en la cruz. No obstante, Juan vio en todo esto, un cumplimiento de las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento.


echaron-suerte
echaron suerte sobre sus vestidos


LA SUERTE FUE ECHADA SOBRE SU TÚNICA 

“Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo. Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será…”

Juan 19:23-24

               De acuerdo a la costumbre romana, eran cuatro los soldados que acompañaban al condenado a muerte hasta el lugar de su ejecución, donde le crucificaban, de tal forma que les era permitido al final de la ejecución repartirse las ropas del crucificado, por ello dice Juan: Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo. De acuerdo a Juan, los soldados tomaron sus vestidos, esta palabra proviene del griego jimátion (ἱμάτιον), la cual literalmente hace referencia a cualquier prenda de vestir y no necesariamente a alguna en específico, de allí que para los judíos existían 5 prendas de vestir básicas para un hombre: calzado, turbante, cinto, túnica y manto exterior. Si esto es así, significa que se dividieron cuatro de ellas entre los cuatros, es decir, uno se llevo el calzado, el otro el turbante, el otro el cinto y el otro el manto exterior, quedando la túnica para ser echada a la suerte para saber quién se la llevaría. El problema con esto es que es difícil creer para algunos teólogos que Jesús pudiera llevar todavía su turbante porque se le había puesto una corona de espinas, además que cuando su azotado, los soldados debieron haberlo desnudado para tal castigo, y a lo mejor ya no llevaría su cinto, sino a lo sumo, su túnica que era su ropa interior y a lo sumo, su calzado. Sin embargo, otros opinan que, si bien es cierto, Jesús fue desnudado antes de ser azotado, también pudo volver a ser vestido después del cruel castigo, para no presentarlo totalmente desnudo ante Pilato, no obstante, hoy se nos hace difícil determinar con exactitud cuales son las cuatro prendas que los soldados romanos se repartieron entre sí, pero lo que si dice la Escritura es que los soldados echaron suerte sobre la quinta prenda de vestir de Jesús que era su túnica: Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. La palabra griega que se traduce como túnica es jitón (χιτών), la cual hace referencia a la ropa interior que un judío usaba, este era una túnica blanca que se extendía desde los hombros hasta las rodillas o en ocasiones hasta los tobillos. Era la primera prenda que vestían y luego, encima de ella vestían su manto exterior que amarraban a la cintura con el cinto. Es interesante ver que esta túnica era una sola pieza tejida a mano y no el resultado de la unión de varias piezas. Generalmente, las túnicas del sumo sacerdote se tejían en una sola pieza lo cual es un simbolismo de Jesucristo como nuestro gran Sumo Sacerdote: “Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación”, (Hebreos 9:11). Ahora bien, el hecho de que la túnica haya sido una pieza de un solo tejido sorprende ya que para elaborarla una o varias mujeres tardarían varios días en elaborarlos. Hay una tradición que dice que antes de partir a su ministerio, cuando Jesús tenia 30 años de edad, María, su madre, se la tejió, y ahora veía como aquella túnica que ella con tanto amor le había elaborada era sorteada entre los soldados romanos que le habían crucificado a su hijo. Otros opinan que las mujeres que le acompañaban en su ministerio fueron las que se la elaboraron: “Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes”, (Lucas 8:1-3). Como haya sido, aquel manto pareció una gran pieza a los soldados romanos que no quisieron partirlo en cuatro partes, así que decidieron echar suerte en él para ver quién se lo llevaría.

                En cuanto al simbolismo de este manto, se han sugerido muchas interpretaciones alegóricas a lo largo del tiempo. Por ejemplo, ya vimos cómo algunos ven en el manto de una solo pieza de tejido, el simbolismo de Jesús como Sumo Sacerdote, ya que Josefo, el historiador judío, daba testimonio que así se elaboraban en aquel entonces las túnicas del sumo sacerdote. Otros ven el simbolismo de la unidad de los discípulos que se tuvo después de su muerte, mientras otros como Cipriano de Cartago vio la unidad de la iglesia en el manto que fue tejido de manera continua y sin ninguna añadidura. Para Orígenes, uno de los padres de la iglesia primitiva, el manto hecho de una sola pieza representaba la unidad y complementariedad de la enseñanza bíblica y así otros han afirmado teorías similares.

 

EL CUMPLIMIENTO DE UNA PROFECÍA MESIÁNICA

“Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice: Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes. Y así lo hicieron los soldados”.

Juan 19:24

              Ahora bien, en medio de esta escena cruel, de unos soldados romanos insensibles que echaban suertes sobre la túnica de una persona agonizante en la cruz, se da el cumplimiento de una de las grandes profecías que hablaban acerca del Mesías: Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice: Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes. Y así lo hicieron los soldados. Es increíble ver cómo Dios cumplía las profecías del Mesías en la vida de su Hijo Jesús y aun en medio de esta terrible escena, estas se cumplieron, aun en los detalles más pequeños como el echar suerte sobre la túnica de Jesús. Esta profecía aparece en uno de los Salmos: “Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes”, (Salmo 22:18). Juan que observo esta escena debió recordar esta parte de las Escritura por lo que quedo grabada en su mente y al escribir su evangelio no duda en registrarlo. El comentarista bíblico del Nuevo Testamente, William Barcley, mira en esta escena donde los soldados echan suerte sobre la túnica de Jesús, como otra suerte era echada en el manto del destino de la humanidad, es decir, Cristo había apostado su vida a favor de los pecadores y las suertes se habían echado, solo que todo fue a favor de nuestro Señor, ya que Él era el ganador definitivo en este plan de redención que traería vida eterna al pecador que se arrepintiera. De esta forma cada detalle de esta cruel escena era el cumplimiento exacto de las profecías del Antiguo Testamento y con ello nuestro Señor consumaría su gran victoria sobre la muerte y el imperio de Satanás.

 

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