sábado, 6 de agosto de 2022

La Elección del Sucesor de Judas (Hechos 1:15-26)

 

“En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos (y los reunidos eran como ciento veinte en número), y dijo: Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús, y era contado con nosotros, y tenía parte en este ministerio. Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron. Y fue notorio a todos los habitantes de Jerusalén, de tal manera que aquel campo se llama en su propia lengua, Acéldama, que quiere decir, Campo de sangre. Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su habitación, Y no haya quien more en ella; y: Tome otro su oficio. Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección. Y señalaron a dos: a José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías. Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido, para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar. Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles”.

Hechos 1:15-26

INTRODUCCIÓN

                Hemos llegado al final del capítulo uno del libro de Hechos de los Apóstoles y hasta el momento resulta este libro inspirado por el Espíritu Santo más que fascinante ya que como lo dijimos al principio del estudio, Lucas continua el relato, a manera de segunda parte, de la historia que quedo en continuación es los evangelios. La obra de Jesús en esta tierra no había terminado con su ascensión a los cielos, sino continuaría por medio de su iglesia respaldada por el Espíritu Santo y ahora vemos a los primeros creyentes organizándose para elegir al sucesor de Judas.

 

elección-de-Matías
La Elección del Sucesor de Judas

UNA IGLESIA QUE ESPERA EN DIOS

“En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos (y los reunidos eran como ciento veinte en número) …”

Hechos 1:15

                 El historiador Lucas nos da el detalle del número de discípulos que estaban reunidos esperando la promesa del Espíritu Santo: … y los reunidos eran como ciento veinte en número. Es increíble pensar una vez más en este grupo, porque de acuerdo a Pablo en 1 Corintios, después de su resurrección el Señor se le apareció a más de 500 personas: “Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen”, (1 Corintios 15:6). A parte de estos, sabemos que el Señor se les apareció a las mujeres que visitaban su sepulcro el día de su resurrección, los 11 apóstoles, los discípulos que iban camino a Emaús, a Pablo y Santiago, por tanto, quizás podríamos entender que las personas que presenciaron la resurrección de Jesús a lo mejor llegaban a los 600 o 700 personas. Pero de todos estos, solo 120 perseveraban esperando que se cumpliesen las promesas de su Señor. Ahora bien, estos esperaban unánimes en oración, tal y como lo vimos en los versículos anteriores y reflexionando en las Escrituras, por lo que Pedro decide levantarse y hablarles a sus hermanos lo que tenían que hacer en conformidad a las Escrituras: En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos. Es interesante que la palabra griega que en este versículo 15 se traduce como hermanos es mazetes (μαθητής), cuya mejor traducción quizás sería discípulo, mientras que la palabra hermano que se usa en el versículo 14 para referirse a los hermanos de Jesús es adelfos (ἀδελφός), palabra exclusiva para referirse a hermanos de consanguineidad.

 

LA INFLUENCIA DE PEDRO EN LA IGLESIA

“… y dijo: Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús, y era contado con nosotros, y tenía parte en este ministerio. Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron. Y fue notorio a todos los habitantes de Jerusalén, de tal manera que aquel campo se llama en su propia lengua, Acéldama, que quiere decir, Campo de sangre. Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su habitación, y no haya quien more en ella; y: Tome otro su oficio”.

Hechos 1:15-20

                  Vemos en estos versículos la influencia que Pedro tenia sobre los creyentes al tomar la iniciativa de levantarse y hablarles a sus hermanos acerca de lo que tenían que hacer para prepararse para cumplir la misión que su Señor les había encomendado. En Hechos vemos cómo Pedro llego a desempeñar una función muy importante en los inicios de la iglesia como el primer portavoz del mensaje de evangelio tanto a los judíos como a los gentiles. Veremos que Pedro fue el primero en predicarle a los judíos en el día de Pentecostés y así son muchos los que se convierten (Hechos 2), de allí que su influencia como apóstol en Jerusalén fue importante, aunque al final de su vida no permaneció en Jerusalén y fue Jacobo, el hermano de Jesús, quien llego a convertirse en el principal líder de la iglesia en Jerusalén. Luego, vemos que fue Pedro el que inicio la iglesia gentil a obedecer al Espíritu Santo y predicarle el evangelio a Cornelio y su familia (Hechos 10). Todo esto nos recuerda a las palabras de Jesús dirigidas a Pedro: “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos”, (Mateo 16:19). Definitivamente, Pedro abrió las puertas del evangelio tanto a los judíos como a los gentiles porque a él se le otorgaron las llaves del reino de Dios.

            Ahora, Pedro, basado en las Escrituras, quiere organizar a los creyentes en los pasos que tenían que dar para prepararse para desempeñar la misión que Jesús les había encomendado: … y dijo: Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús, y era contado con nosotros, y tenía parte en este ministerio. Para Pedro, la traición de Judas fue parte del cumplimiento de las Escrituras y al hacerlo ver así, les muestra a sus hermanos que todo estaba ocurriendo de acuerdo a la voluntad de Dios. El apóstol relata el final de Judas: Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron. Pareciera que en esta parte tenemos una contradicción con lo que Mateo dice en cuanto al suicidio de Judas: “Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú! Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó. Los principales sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre. Y después de consultar, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de los extranjeros. Por lo cual aquel campo se llama hasta el día de hoy: Campo de sangre”, (Mateo 27:3-8). Algunos ven aquí una contradicción entre los relatos de Mateo y Lucas, otros lo explican afirmando que existían dos tradiciones orales en cuanto al suicidio de Judas. Por otro lado, podemos armonizar el pasaje de la siguiente manera: Lucas dice que Judas adquirió el campo con su salario de iniquidad, ahora, según Mateo los sacerdotes al ver Judas les había arrojado las piezas de plata arrepentido por lo que había hecho, no se atrevieron a echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque sabían que eran precio de sangre, por lo que decidieron comprar el campo del alfarero para sepultura de los extranjeros, lugar donde es probable que el mismo Judas se ahorco y fue llamado Campo de Sangre. Es obvio que el lugar no se uso para sepultar judíos, sino extranjeros, por haber sido el lugar donde el traidor Judas se ahorco y los sacerdotes debieron comprarlo en nombre de Judas y no de ellos, para que nadie los asociara con la traición de Judas. Además, Mateo nos dice que Judas se ahorco, pero Lucas dice que cayó de una gran altura reventándose la cabeza, partiéndose en dos y todas las entrañas se le salieron. Esto pudo haber ocurrido después de ahorcarse, ya sea que la cuerda se reventara, o la rama de donde se colgó se quebró o alguien después de ahorcarse cortarse la cuerda y provocara que el cuerpo cayese y se reventase al chocar con el suelo. De esta forma ambos pasajes pueden armonizarse. Lo cierto es que este acontecimiento fue tan notorio en Jerusalén que llamaron al campo Acéldama, que en arameo significa Campo de Sangre: Y fue notorio a todos los habitantes de Jerusalén, de tal manera que aquel campo se llama en su propia lengua, Acéldama, que quiere decir, Campo de sangre. Al final, para Pedro todo esto era el cumplimiento de las Escritura y por ello cita dos pasajes del Antiguo Testamento que se encuentran el los Salmos: Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su habitación, y no haya quien more en ella; y: Tome otro su oficio. Prácticamente el apóstol está citando los siguientes Salmos: “Sea su palacio asolado; en sus tiendas no haya morador”, (Salmo 69:25) y “Sean sus días pocos; tome otro su oficio”, (Salmo 109:8). Por tanto, lo ocurrido a Judas, su traición y suicidio no ocurrió que un acontecimiento fatal, sino de acuerdo a las Escrituras, sin embargo, era necesario que su oficio fuese tomado por otro hombre digno de continuar con la misión que el Señor había predeterminado.

 

LOS REQUISITOS PARA ELEGIR AL SUCESOR DE JUDAS

“Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección. Y señalaron a dos: a José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías”.

Hechos 1:21-23

                  Para Pedro, era importante elegir al sucesor de Judas y que este se les sumase para conformar los 12 apóstoles del Señor, ya sea porque creía que al restaurar el reino les concedería sentarse en los doce tronos para juzgar a las tribus de Israel: “Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel”, (Mateo 19:28) o porque creía que era necesario completar el numero 12 por ser un número simbólicos de las 12 tribus de Israel. Como sea, nos llama la atención los requisitos que Pedro colocó para elegir al sucesor de Judas. No cabe duda que servirle al Señor es un gran honor y poder edificar una vida de servicio en su obra es lo mejor que podemos hacer, y Matías hizo de su servicio una verdadera vocación de la cual podemos aprender.

 

El requisito de la perseverancia.

En primer lugar, el sucesor de Judas debía ser una persona que haya permanecido fiel al discipulado, desde los tiempos de Juan el bautista, hasta el tiempo actual: Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección. Esto nos habla de la importancia de la perseverancia para crecer en la obra del Señor. Es increíble pensar en Matías, un hombre que había permanecido fiel, desde los tiempos de Juan el bautista, luego se convirtió en un discípulo de Jesús, posteriormente Jesús eligió a los 12 y Matías no fue seleccionado, pero esto no lo detuvo para no seguir a su Señor, posiblemente estuvo entre los 70 discípulos que Jesús envió de dos en dos a predicar y hacer milagros en su nombre (Lucas 10:1-12). Después de su resurrección, Matías debió ser uno de los discípulos que posiblemente vio entre aquellos 500 a su Señor resucitado, luego, persevero hasta este día, junto con los 120 que fielmente esperaban la promesa del Espíritu Santo. Podemos ver a este hombre sencillo, pero fiel y perseverante, que actuaba en el anonimato, sin buscar reconocimientos, pero que buscaba servirle a su Señor por amor a su nombre. Cuan grande ejemplo es Matías para nosotros ya que debemos aprender a perseverar, que los años pasen, pero que estos no nos hagan menguar nuestro amor y servicio por Dios: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”, (1 Corintios 15:58).

 

El requisito del Buen Testimonio.

En segundo lugar, el sucesor de Judas tenía que ser una persona de buen testimonio entre los creyentes: Y señalaron a dos: a José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías. Es interesante ver que al final, entre los 120 solo dos cumplían el requisito, pero llama la atención el sobrenombre que uno de ellos tenia, Juan, llamado Barsabás, tenia por sobrenombre Justo. Su sobrenombre nos sugiere que era un hombre que vivía en santidad delante de Dios, justo y fiel a las promesas de Dios, tanto así que los demás creyentes lo apodaron: Justo, es decir, un hombre de buen testimonio. Cuan importante es el buen testimonio para ejercer nuestro servicio en la obra del Señor, de hecho, la iglesia primitiva lo consideraba una característica indispensable al momento de elegir sus servidores, así vemos que los primeros 7 diáconos fueron hombres de buen testimonio: “Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo”, (Hechos 6:3), luego, para los obispos era necesario que estos fuesen irreprensibles: “Pero es necesario que el obispo sea irreprensible…”, (1 Timoteo 3:2), y de la misma manera Pablo señala esto mismo para los diáconos: “Y éstos también sean sometidos a prueba primero, y entonces ejerzan el diaconado, si son irreprensibles”, (1 Timoteo 3:10). Por tanto, nosotros esforcemos por servirle al Señor con perseverancia, hasta el fin de nuestras vidas en esta tierra y con buen testimonio.

 

EL MÉTODO DE ELECCIÓN DEL SUCESOR DE JUDAS

“Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido, para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar. Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles”.

Hechos 1:24-26

                   Aquí vemos la forma en la cual eligieron al sucesor de Judas: Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido, para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar. Y les echaron suertes. Vemos que, junto con la oración, recurrieron a echar suertes para elegir al sucesor de Judas. Esta es la ultima vez que vemos que se use el método de la suerte para elegir la voluntad de Dios, en el Antiguo Testamento se veía que era una forma común que se practicaba. Así, repartieron por suertes la tierra prometida a cada tribu de Israel: “Pero la tierra será repartida por suerte; y por los nombres de las tribus de sus padres heredarán”, (Números 26:55); también Josué utilizo el echar suerte para encontrar quien era el anatema que estaba en medio de ellos: “Os acercaréis, pues, mañana por vuestras tribus; y la tribu que Jehová tomare, se acercará por sus familias; y la familia que Jehová tomare, se acercará por sus casas; y la casa que Jehová tomare, se acercará por los varones”, (Josué 7:14); de igual forma, Samuel utilizó el método de echar suertes para encontrar al hombre que Dios había elegido para ser el primer rey de Israel: “Y haciendo Samuel que se acercasen todas las tribus de Israel, fue tomada la tribu de Benjamín. E hizo llegar la tribu de Benjamín por sus familias, y fue tomada la familia de Matri; y de ella fue tomado Saúl hijo de Cis. Y le buscaron, pero no fue hallado”, (1 Samuel 10:20-21). Después de Pentecostés la iglesia aprendió a depender más del Espíritu Santo el cual habitaba en ellos, de allí que a través de la oración el Señor les confirmaba su voluntad y no se volvió a utilizar este método de echar suertes para conocer su voluntad. Al final, la suerte cayó sobre Matías: Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles. Hay algunos que opinan que el ministerio de Matías como apóstol no funciono y que fue elegido por los hombres y no por Dios, ya que para algunos Pablo fue elegido como el apóstol sucesor de Judas, pero no nosotros no creemos así. La verdad es que este hombre que nunca busco popularidad, el Espíritu Santo lo honro al presentarnos su historia aquí. Fue un hombre que había perseverado en silencio desde tiempos de Juan el bautista hasta este momento, un hombre reconocido por su comunidad cristiana, de buen testimonio y según Lucas, a partir de aquí fue contado entre los 11, de hecho, mas adelante se nos dice que eran los 12, es decir, los 11 con Matías, lo que tomaban las decisiones: “Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas…”, (Hechos 6:2). Y de acuerdo a la tradición Matías cumplió su ministerio, tal y como John Fox lo relata en su libro, Los Mártires: “Matías, que rellenó la docena, atracó en Etiopía, primeramente, y después... de haber llevado las multitudes a Cristo, con ánimo valeroso, recibió la corona del martirio”.

 

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