viernes, 14 de octubre de 2022

Características de los nacidos de Dios (1 Juan 5:1-5)

 

“Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?”.

1 Juan 5:1-5

INTRODUCCIÓN

                Hemos llegado al último capítulo de esta maravillosa carta que el apóstol Juan escribió y antes de finalizar vuelve a tocar el temas referentes al amor, la obediencia a su palabra y la fe, las cuales a su vez son una característica de aquellos que son nacidos de Dios. Para poder ser cristianos es necesario nacer de nuevo y esto se logra únicamente a través de experimentar un verdadero arrepentimiento de nuestros pecados que provoquen una autentica conversión y es gracias a esto que a partir de este momento pasamos a ser parte de la familia de Dios.


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Características de los nacidos de Dios


LOS QUE SON NACIDOS DE DIOS

“Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios…”

1 Juan 5:1

               He aquí una verdad que el Nuevo Testamento nos enseña: Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios. el nuevo nacimiento es un tema que Juan desarrolla en sus escritos, pero: ¿a qué se refiere? Podríamos decir que el nuevo nacimiento es la obra sobrenatural que opera en el pecador arrepentido por medio del Espíritu Santo para otorgarle una nueva naturaleza que lo capacita para relacionarse de una mejor manera con Dios, naturaleza totalmente opuesta al viejo hombre la cual esta viciada por el pecado y lo introduce en la familia de Dios como hijo de Dios. Alla en su evangelio nos dice: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”, (Juan 1:12-13). Todos hemos tenido un nacimiento natural, pero este solo nos provee una naturaleza pecaminosa, tendiente a hacer lo malo, lo cual a su vez nos condena al infierno, pero cuando creemos en Cristo y decidimos arrepentirnos de nuestros pecados, la fe nos introduce en la familia de Dios para experimentar una nueva vida: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos,”, (1 Pedro 1:3). Qué bueno es saber que esta vida a la cual hemos sido renacidos es para tener una esperanza viva, de tal forma que nuestro corazón puede regocijarse ante semejante promesa de gloria.

 

EL QUE HA NACIDO DE NUEVO AMA AL QUE LO ENGENDRO Y A LOS QUE SON ENGENDRADOS POR ÉL

“… y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos”.

1 Juan 5:1-3

                Toda aquel que ha nacido de nuevo ama a Dios, quien es el que lo engendro y esta ama también a todos aquellos que han sido engendrados por Él, es decir, sus hermanos en la fe: “… y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él. En su condición natural el hombre es incapaz de amar como Dios lo hace, solo a través de un nuevo nacimiento podemos experimentar el verdadero amor y amar a los demás, no como el mundo ama, sino como Jesús lo hace, de hecho, el amor es un fruto que solo el Espíritu Santo puede producir y en este sentido solo aquellos que andan conforme al Espíritu pueden manifestarlo: “Mas el fruto del Espíritu es amor…”, (Gálatas 5:22). Juan nos ha hablado mucho del amor y podemos entender que el amor es una característica que debe distinguir a los hijos de Dios, una virtud introducida por el cristianismo no es un amor comprometido por las circunstancias o limitado a cierto grupo de personas, sino es un amor incondicional, eterno y que no depende de nuestros méritos, sino de su gracia e infinita misericordia. Por ellos, como hijos de Dios debemos amar a nuestro Padre Celestial y a nuestros hermanos en la fe: “Permanezca el amor fraternal”, (Hebreos 13:1).

 

EL QUE HA NACIDO DE NUEVO OBEDECE SU PALABRA POR AMOR A DIOS

“En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos”.

1 Juan 5:2-3

               Ahora, todo aquel que ha nacido de nuevo debe vivir de acuerdo con su voluntad, obedeciendo su palabra: En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. Aquellos que hemos nacido de nuevo, obedecemos su palabra no por obligación o por temor, sino porque le amamos y sus mandamientos realmente no nos son gravosos o molestos, sino, como dice el salmista, son una delicia para nosotros: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche”, (Salmos 5:1-2). Por tanto, todos deberíamos desear conocer sus mandamientos, estos no deberían ser un misterio para nosotros, de hecho, Pedro nos dice que, así como un niño recién nacido desea la leche materna, también nosotros debemos desear el alimentarnos con la palabra de Dios: “Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación”, (1 Pedro 2:2). Definitivamente la palabra de Dios es nuestro alimento y debemos esforzarnos por ponerla por obra y no ser oidores olvidadizos: “Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, este será bienaventurado en lo que hace”, (Santiago 1:25).

 

EL QUE HA NACIDO DE NUEVO HA VENCIDO EL MUNDO POR MEDIO DE SU FE

“Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?”.

1 Juan 5:4-5

                 Finalmente, tenemos la fe, el fundamento de nuestra esperanza y por medio de ella hemos vencido el mundo: Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. En esta vida el hombre se esfuerza por superarse y vencer varios retos y algunos lo logran, pero todos estos son victorias materiales, pero las espirituales nadie las podrá conquistar a través de su esfuerzo humano, nadie se salvara por obra, aun los que hemos creído en Cristo alcanzamos las bendiciones del reino de Dios y sus promesas con la ayuda del Espíritu Santo, pero el fundamento de todo esto es la fe, la fe en Cristo Jesús: ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Nuestro Señor nos dijo: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”, (Juan 16:33). He aquí nuestra victoria, Cristo, porque Él venció la muerte y por medio de su resurrección nos ha dado la victoria, por ello nuestro corazón debe vivir confiado de que nuestra vida esta escondida en Dios y esta es nuestra fe, nuestra esperanza en Él y por ello somos mas que vencedores: “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”, (Romanos 8:37).

 

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