¿Cómo calmar las tormentas en nuestra vida? (Jonás 1:14-16)


“Entonces clamaron a Jehová y dijeron: Te rogamos ahora, Jehová, que no perezcamos nosotros por la vida de este hombre, ni pongas sobre nosotros la sangre inocente; porque tú, Jehová, has hecho como has querido. Y tomaron a Jonás, y lo echaron al mar; y el mar se aquietó de su furor. Y temieron aquellos hombres a Jehová con gran temor, y ofrecieron sacrificio a Jehová, e hicieron votos”.
Jonás 1:14-16

INTRODUCCIÓN


            De entre todos los profetas de Dios, quizás Jonás es uno de los más conocidos, especialmente porque todos conocemos su historia de rebelión en contra de la orden de Dios de ir y predicar a Nínive. Muchos creen que la razón por la cual el profeta desobedeció la orden de Dios fue por su odio a la nación de Nínive. Nínive era la capital de Asiria, una nación temida por sus conquistas a otras naciones, eran despiadados y posiblemente Jonás deseaba que Dios los castigara porque ellos habían destruido a Israel, la nación norte y habían llevado a muchos israelitas al cautiverio. Él sabía que si les predicaba existía la posibilidad que se arrepintieran y Dios los perdonara, así que para que eso no pasara decidió embarcarse rumbo a Tarsis huyendo de la presencia de Dios y es allí donde el Señor levanta una enorme tempestad.

Jonas-gran-pez
Jonás y el gran pez

I.                   LAS TORMENTAS QUE ATRAVESAMOS POR CAUSA DE NUESTROS PECADOS.


“Pero Jehová hizo levantar un gran viento en el mar, y hubo en el mar una tempestad tan grande que se pensó que se partiría la nave. Y los marineros tuvieron miedo, y cada uno clamaba a su dios; y echaron al mar los enseres que había en la nave, para descargarla de ellos. Pero Jonás había bajado al interior de la nave, y se había echado a dormir”.
Jonás 1:4-5

            En este relato encontramos a Jonás huyendo de la presencia de Dios simplemente porque no quería obedecer su voluntad de ir a Nínive a predicar. Por causa de su rebeldía Dios desato una terrible tormenta que azoto el barco donde iba y tan terrible era la tempestad que parecía que el navío se hundía. Esta historia bíblica hace un perfecto símil con las tempestades que se levantan en la vida por causa de nuestras rebeliones. Todos aquellos que practican el pecado están condenados a pagar el precio de sus acciones, por ello vemos tanta maldad, sufrimientos e injusticia que se viven en la actualidad. Cuando aquella tormenta arreciaba más y más aquellos hombres clamaron cada uno a sus dioses, e hicieron todo lo posible por mantener la nave a flote, pero la tormenta se imponía sobre ellos. Ante las tempestades de la vida el hombre actual también clama a sus dioses falsos, y se esfuerza por superar la situación a través de sus propias fuerzas, pero todo esto le resulta vano.

II.                LA NECEDAD DEL HOMBRE DE NO ACEPTAR EL PLAN DE DIOS.


“Y le dijeron: ¿Qué haremos contigo para que el mar se nos aquiete? Porque el mar se iba embraveciendo más y más. Él les respondió: Tomadme y echadme al mar, y el mar se os aquietará; porque yo sé que por mi causa ha venido esta gran tempestad sobre vosotros. Y aquellos hombres trabajaron para hacer volver la nave a tierra; mas no pudieron, porque el mar se iba embraveciendo más y más contra ellos”.
Jonás 1:11-13

            Aquellos marineros entendieron que aquella gran tempestad era por causa de la rebelión de Jonás, y por ser un profeta de Dios decidieron preguntarlo que tenían que hacer para que el mar se aquietara, y Jonás les dijo que solo su sacrificio calmaría el mar: Tomadme y echadme al mar, y el mar se os aquietará. Pero a los marineros no les pareció la opción que les daba por lo que decidieron seguir trabajando por sus propios medios para salvarse: Y aquellos hombres trabajaron para hacer volver la nave a tierra; mas no pudieron, porque el mar se iba embraveciendo más y más contra ellos. Como aquellos marineros el hombre toma la misma actitud, ya que aunque se les presenta el mensaje del evangelio y la solución de sus problemas y vida eterna a través de la fe en Cristo, muchos la rechazan, y creen que por medio de sus buenas obras, su esfuerzo o religiones ganaran el favor de Dios. Pero lamentablemente por mucho que el hombre se esfuerce jamás  los podrá heredar la vida eterna así como aquellos marineros no pudieron hacer volver la nace a tierra: “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo”, (Tito 3:5).

III.             PARA SALVARNOS HAY QUE ACEPTAR EL SACRIFICIO.


“Entonces clamaron a Jehová y dijeron: Te rogamos ahora, Jehová, que no perezcamos nosotros por la vida de este hombre, ni pongas sobre nosotros la sangre inocente; porque tú, Jehová, has hecho como has querido. Y tomaron a Jonás, y lo echaron al mar; y el mar se aquietó de su furor. Y temieron aquellos hombres a Jehová con gran temor, y ofrecieron sacrificio a Jehová, e hicieron votos”.
Jonás 1:14-16

            Por mucho que los marineros se esforzaron por hacer volver la nave a tierra no pudieron, por lo que decidieron obedecer el concejo de Jonás y echarlo al mar, y cuando esto paso, el mar se aquieto. El resto de la historia todos la conocemos ya que Jonás fue tragado por un gran pez y luego el pez lo arrojo a tierra y el profeta cumplió con su misión. Pero volviendo a la historia original vemos el increíble paralelo que hay entre el sacrificio de Jonás para salvar a los marineros y el sacrificio de Cristo para salvarnos a nosotros. Si queremos heredar la vida eterna, y salvar nuestras vidas de las consecuencias del pecado debemos aceptar el único sacrificio agradable al Padre: el sacrificio de Cristo.

            CONCLUSIÓN.



            En la vida cotidiana el hombre está expuesto a enfrentarse a grandes tempestades en su vida que amenazan con hundirlo en la condenación eterna, y esto es así por causa del pecado. Solamente el aceptar el sacrificio de Cristo puede salvarlo ya que cualquier esfuerzo que haga por salvarse será en vano.

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